(Card Captor Sakura y sus personajes son propiedad de CLAMP)

Mentir por Amor

Capítulo 2

Lo que no significa nada

(Sakura)

La música inunda mis oídos en cuanto empieza a sonar. Es, realmente, una melodía deliciosa y pegadiza, que provoca en mi cuerpo, unas ganas increíbles de bailar. Llevamos más o menos una hora ensayando los pasos; quitando, poniendo y mejorando ciertos aspectos de la coreografía que no acaban de convencernos. Puede que parezca algo estresante, pero a mí me gusta.

Me relaja bastante estar en el club de animadoras, a pesar del duro trabajo que eso supone. Para mí, es algo maravilloso tener la sensación de sentir el control de mi propio cuerpo volando en el aire. Y cuando las cosas salen bien, es todavía más alucinante, porque siento que podría comerme el mundo con mis bailes y con la alegría que reflejo con cada movimiento. Me siento creativa, importante y a gusto conmigo misma y con mi propio mundo. Cuando bailo, me siento como en casa. Como en mi antiguo hogar… Aquel en el que Nadeshiko me despertaba entre besos y cosquillas que desencadenaban sonrisas a las siete de la mañana. Aquel en el que para desayunar siempre había un bizcocho casero sobre la mesa, recién horneado y listo para comer. Aquel en el que Touya seguía metiéndose conmigo pero que a mí no me importaba tanto. Aquel en el que papá siempre llegaba pronto a casa riendo y contando los descubrimientos realizados en las nuevas excavaciones…

Sin embargo, todo eso había quedado atrás desde que mamá se marchó, cambiado nuestras vidas sin ningún motivo aparente. Desapareció sin más y adiós muy buenas, si te he visto no me acuerdo. Y lágrimas sin consuelo, días grises a pesar de que brillaba el sol, noches eternas y nuevas lágrimas. Mamá se había ido, nadie sabía adónde exactamente, pero teníamos la certeza de que ya nunca regresaría. Y en medio te todo aquello estaba yo, con un hermano obsesionado en protegerme a toda costa y un padre demasiado ocupado con su trabajo como para descansar en casa más de dos semanas seguidas.

Chiharu salta por encima de Naoko mientras seguimos el ritmo de la música en una sincronización perfecta. ¡Todo es maravilloso! Y esta tarde lo será aún más… No se me quita de la cabeza la idea de darle una sorpresa a Yukito. Faltan sólo unas horas, pero tengo la sensación de que ya no puedo esperar más. Quién sabe, si las cosas salen bien, puede que incluso se olvide de ir a la estúpida fiesta de la Facultad y se quede conmigo. ¿Por qué no?

Ahora me toca a mí… Cojo carrerilla y me inclino suavemente mientras avanzo, apoyando las manos en el suelo mientras realizo un par de volteretas laterales para acabar saltando en el aire y caer al suelo sobre mis dos piernas. Y sigo bajando, así, lentamente, extendiendo los brazos hacia atrás, puente y nuevo salto, justo igual que el resto de mis compañeras, y la música deja de sonar, dando por finalizada la coreografía. Perfecto.

—¡Muy bien, chicas! —exclama Naoko muy contenta— ¡En los campeonatos del Seijô lo vamos a hacer genial! Me muero por ver a las animadoras del instituto Toryo, no serán capaces de superarnos. Este año todos nuestros equipos se llevarán la victoria.

Todas asentimos con la cabeza, gritando y riendo, mientras comenzamos a recoger todo el material empleado durante el entrenamiento.

—¡Buen trabajo, Sakura! —me felicita Chiharu Mihara guardando sus cosas en su bolsa de deporte y sacando un espejito. Empieza a colocarse el cabello castaño, recogido en dos graciosas trenzas sujetas con una cinta roja. Cuanto termina de retocarse me mira de nuevo, como si no hubiera hecho nada más— Has estado genial.

—¡Gracias, Chiharu! Tú también has estado estupenda, de verdad.

Chiharu sonríe y mira su reloj analógico. Su rostro cambia de expresión inmediatamente.

—¡Oh, no! —se queja algo apenada— ¡He quedado con Yamazaki en una hora y aún tengo que ducharme y dejar la mochila en casa! ¡No me dará tiempo!— Chiharu echa un vistazo a su alrededor. Naoko y las demás chicas se están marchando del patio en dirección a los vestuarios del gimnasio. Vuelve a mirar el reloj con angustia— Perdona, Sakura, pero me tengo que ir ya. No puedo llegar tarde otra vez o Takashi me dejará por tenerle a la puerta esperando.

—No te preocupes. —digo yo haciendo un gesto con la mano, como restando importancia al asunto— Nos vemos, Chiharu.

—Sí, nos vemos. ¡Adiós!

Y se marcha. Alegre y risueña, como ella es y lo ha sido siempre. Lleva saliendo con Takashi Yamazaki desde hace unos seis meses, pero parece que están juntos desde que el mundo es mundo. Muchas veces siento envidia… envidia por no poder pasar el tiempo que ellos comparten, con Yukito, envidia por esas miradas que se lanzan el uno al otro cuando creen que nadie los mira. No sé… envidia. Envidia a todo y al mismo tiempo a nada.

Un escalofrío recorre mi espalda, recordándome que es 15 de noviembre y que no hace precisamente calor. Temblando, extraigo de mi mochila una chaqueta de franela de color blanco y me la pongo sobre los hombros, quitando algo de ese frío tan repentino que ha sacudido mi cuerpo y que por alguna extraña razón he sentido como un presentimiento… No malo pero sí extraño.

Me doy la vuelta con la mochila colgando bajo el brazo y observo la situación a mi alrededor, muy atenta a todo lo que me rodea. Las animadoras que se marchan a los vestuarios, Naoko que se coloca las gafas, Rika que llega de su clase de piano, las nubes que amenazan tormenta, el viento que sigue soplando, la música que ya no suena, alguien que pronuncia mi nombre… y un idiota que se acerca…

(Shaoran)

—¡Kinomoto! —grito saliendo del seto hacia el patio donde las animadoras más rezagadas están terminando de recoger sus cosas. Algunas se quedan mirándome con curiosidad, comentando a saber qué palabras que quisiera que no tuvieran nada que ver conmigo. En cambio, otras pasan de largo sin ni siquiera volver la vista atrás.

Sakura da media vuelta y me observa con el entrecejo fruncido mientras yo sigo avanzando hacia su posición, maquinando, improvisando, pensando en cómo demostrar a mis amigos que yo no he cambiado en nada, que se equivocan.

¿Y por qué precisamente Sakura Kinomoto?

Eso mismo quiero yo saber. Quién sabe, supongo que porque Ryuo le ha dado el visto bueno y Eriol ha continuado la broma, como siempre.

Sakura deja su mochila en el suelo y se frota las manos con insistencia, se las lleva a la boca y echa su cálido aliento sobre ellas. Es entonces cuando me paro a observarla detenidamente. Calza unas zapatillas blancas con unos calcetines que le llegan hasta las rodillas. Sigo ascendiendo por sus piernas desnudas hasta alcanzar el bajo de la falda tableada y roja que se agita con el viento y que acaba donde empieza una chaqueta, también de color blanco, cuyas mangas ella se esfuerza en estirar hasta cubrir sus finos dedos. Lleva el pelo suelto, a excepción de dos coletillas recogidas con unos graciosos coleteros que me recuerdan a dos pares de brillantes cerezas rojas. Sus ojos verdes vuelven a mirarme, intuitivos, esperando una explicación que yo no puedo dar.

—¿Qué quieres, Li? —pregunta acariciándose los brazos para intentar entrar en calor bajo ese extraño frío de mediados de noviembre. La pobre está tiritando. No me explico cómo puede entrenar ataviada de esa manera cuando el invierno está por dar comienzo— Tengo algo de prisa y además me estoy congelando…

Disimuladamente me giro hacia los arbustos en donde están escondidos Eriol, Yamazaki y Ryuo, observando la escena con los ojos bien abiertos, para no perder detalle de ella. Me pregunto qué quieren que haga y sólo se me ocurre una cosa… Lo que ya no soy capaz de imaginar es si podré llevarla a cabo.

Sin darle demasiadas vueltas innecesarias al asunto, desabrocho por completo la cremallera de mi cazadora de cuero y me la quito, colocándola sobre los hombros de Kinomoto y atrayéndola un poco más hacia mí. Entonces, la cara de Sakura resulta ser de lo más divertida en medio de toda aquella confusión, sobre todo porque no he apartado mis manos del bajo de la cazadora, como si la estuviera abrazando pero sin llegar a tocarla. Perfecto, necesito que ella al menos intuya mis intenciones.

—Gracias, Li —susurra un tanto ruborizada (¿por el frío?) y por fin me sonríe, confirmando que yo no iba a ser, ni mucho menos, la única excepción — Pero, ¿por qué…?

—¿Mejor? —interrumpo antes de que pueda terminar de formular esa pregunta innecesaria. Sencillamente porque no creo que quiera saber la respuesta.

Sakura asiente enérgicamente con la cabeza y dirige su mirada hacia donde descansan mis manos, aún sosteniendo la cazadora de cuero. Tal vez está incómoda, pero decido no soltarla.

—Bueno, Li, como te he dicho antes, tengo algo de prisa… —comenta algo azorada— Así que si quieres decirme algo, dímelo ya.

Improvisa, improvisa, improvisa…

—No quiero nada en especial —digo a sabiendas de que son las primeras palabras que suelta mi boca antes incluso de pensarlas— Simplemente quería comentarte que he estado viendo tu entrenamiento y has estado fabulosa. Y luego te he visto así, congelada, y no he podido evitar acercarme y darte la cazadora. Perdona si te ha extrañado…

Debe de pensar que soy estúpido o algo parecido, pero mejor empezar con buen pie si quiero conseguir lo que me he propuesto

—Ah, era eso —dice divertida sonriendo aún más— Pues muchas gracias… También por la cazadora. Si te digo la verdad, sí que me ha extrañado, pero no importa —aparta mis manos con delicadeza y recoge su mochila del frío suelo de tierra seca— Si me esperas cinco minutos, me cambio de ropa y te la devuelvo ahora mismo.

Y se marcha sin más… O más bien lo intenta, pues antes de que haya dado un par de pasos, la sujeto por las muñecas, impidiendo su avance.

—¡Espera!

Sakura me vuelve a mirar sin entender nada mientras yo me siento verdaderamente imbécil… Pero con estilo, algo así diría Ryuo en una situación como ésta. La diferencia es que él no tiene que pasar por ella.

—¿Se puede saber qué quieres, Li? De verdad que me tengo que ir ya…

Suspiro. Creo que no se me puede ocurrir nada peor.

—¿Sabes? Me encantan los días como hoy —digo sin más— ¿a ti no?

De acuerdo… Ahora sí que debe de pensar que soy estúpido…

Sakura me clava la mirada muy desconcertada. Una sombra extraña se ha dibujado en sus bonitos ojos verdes, oscureciéndolos, por algún motivo que prefiero no averiguar. Pero finalmente lo dice.

—No, los días grises y lluviosos… No me gustan, son tristes… para mí. ¿Por qué me preguntas todo esto? Tú… no eres así. Al menos conmigo nunca lo has sido.

Será porque nunca te he hablado. Al menos, no más de lo estrictamente necesario.

Me da la espalda tan pronto como acaba de pronunciar esas palabras, aunque yo sigo haciendo una débil presión sobre su muñeca derecha que ella decide no romper. Las palabras de Yamazaki acuden a mi memoria y entonces siento incluso miedo de la verdad que guardan encerradas…

Es inocente hasta para ti, Shaoran. No tendrías ningún problema en meterla en tu cama, créeme.

Sacudo la cabeza de un lado para otro y acabo rindiéndome. Mi amigo, efectivamente, tiene razón, Sakura es demasiado inocente hasta para mí.

—Muy bien, tú ganas —susurro seriamente mientras tiro de su brazo acercando su cuerpo al mío— ¿Quieres saber lo que realmente quiero de ti? ¿No te lo imaginas?

Obviamente, Sakura no comprende nada de todo eso, así que niega con la cabeza. En su mirada puedo ver un montón de dudas, arremolinadas todas juntas, dudas que quieren y temen saber respuestas de un extraño. Al fin y al cabo, eso es lo que soy yo.

—Sígueme el juego, ¿de acuerdo? —digo contra su oído intentando sonar muy inocente.

—¿El… juego?

—Sí, venga… ¿A que me das un beso… aquí? —y señalo con el dedo índice mis labios, algo cortados por el viento, intentando parecer un niño inocente pidiendo una piruleta. Pero son dos cosas distintas, para qué engañarnos.

—¡¿Qué?! —exclama Sakura, que no da crédito a mis palabras— ¡¿Te has vuelto loco?! Ni en broma pienso hacer eso…

—Vamos, si no va a significar nada… ¿Qué es un beso entre amigos?

—Es que Li, a ver cómo te lo digo… —parece titubear— tú y yo no somos amigos. Ahora, si me sueltas…

Aumento la fuerza en su brazo, impidiendo su escapatoria, y paso la mano que me queda libre por detrás de su cintura, de modo que ella no puede retroceder ni un solo paso más.

—¿Y si no quiero?

—¡Me pondré a gritar y alguien vendrá! Las chicas están en el vestuario, seguro que me oyen —dice revolviéndose para zafarse de mi agarre. Es inútil que lo intente, no pienso soltarla— ¡Suéltame!

—¿Ah, sí? ¿Te pondrás a gritar? —me burlo como si no creyera ni una palabra de lo que me dice, al tiempo que me sigo acercando a su rostro— Pues adelante, grita si te atreves.

Y Sakura despega sus labios y abre la boca. No obstante, antes de que pueda estallar en gritos, acabo con la distancia que nos separa y la beso con fuerza, decidido, sin miedo, sin saber tampoco qué hacer después. Kinomoto no deja de moverse entre mis brazos, golpeando mi pecho, intentando escapar sin éxito, intentando no corresponder a ese beso robado. Pero lo hace, vaya si lo hace…

No entiendo por qué la gente es tan dramática a la hora de hablar del primer beso. Yo no esperaba que fuera gran cosa, aunque no sé. Quizás esperaba que sintiera algo, pero nada. Nuevamente vuelvo a comprobar que todo eso son cursilerías que se inventan las chicas por tener un tema del que hablar.

Sorprendentemente y a pesar de que me tachen de insensible o inhumano, aquella es una sensación como otra cualquiera, no tiene nada de especial, solo es una más entre un millón. Igual que Sakura, la víctima seleccionada única y exclusivamente para no perder a mis amigos, para demostrarles que no están en lo cierto. Quién sabe por qué pienso así, supongo que con el tiempo me he ido endureciendo o más bien han sido las circunstancias, porque no es normal que a un crío de siete años le encomienden una misión que ni él mismo es capaz de cumplir.

Y la sigo besando, mientras ella parece que empieza a relajarse. O eso creo, porque después vuelve a revolverse inquieta. Finalmente nuestras bocas se separan y yo me giro hacia los arbustos en donde se esconden Eriol, Ryuo y Yamazaki. Hago un rápido corte de mangas en su dirección. ¿Que yo he cambiado? ¡Anda ya!

Puedo verlos a la perfección. Están ahí, con los labios rozando el suelo de la sorpresa y los ojos abiertos de par en par.

¿No creíais que fuera capaz de hacerlo? ¡Nuevamente equivocados!

Y me siento importante, más que ellos. ¡Prueba superada!

—Muchas gracias, Kinomoto, me has sido de gran ayuda —digo encarándola y estrechando su mano un par de segundos, únicamente para soltarla después. Tiene las mejillas como dos manzanas dulcemente coloreadas y su respiración se agita al compás de los latidos de su corazón acelerado, demasiado acelerado. — Cuando quieras repetimos ¿eh? Ya sabes que no significa nada, así que no te enfades. ¡Ciao!

Y comienzo a caminar hacia donde se encuentran mes amis, orgulloso de mí mismo y de mi atrevimiento, orgulloso por haber superado la prueba, con una sonrisa que no cabe en mi rostro.

De pronto, noto unos suaves toquecitos en el hombro izquierdo. Unos toquecitos que, al darme la vuelta, se convierten en un fuerte puñetazo que se estampa en la comisura de mis labios. No me lo esperaba… Y de hecho, me pilla tan de sorpresa que caigo de bruces contra el suelo.

—¡Ni se te ocurra volver a hacer algo como eso, imbécil! —grita Sakura despojándose de la cazadora de cuero y arrojándomela a la cara. Acto seguido recupera su mochila y desaparece en dirección a los vestuarios, con la faldita del equipo de animadoras rozando sus piernas y la cara roja de ira, o qué sé yo…

Mis amigos cruzan el patio a todo correr y me rodean entre risas. No me doy cuenta de que están allí hasta que Yamazaki posa su mano sobre mi hombro, pues todavía tengo metida entre ceja y ceja la imagen de Kinomoto alejándose a la carrera.

—¡Vaya golpe, Shaoran! —exclama Ryuo ayudándome a levantarme del suelo —No creí que Sakura pudiese golpear tan fuerte.

Le sostengo la mirada por unos segundos mientras él evita su propia sonrisa. ¿Por qué todo me tiene que pasar a mí?

—Así que inocente hasta para mí, ¿no, Yamazaki? —ronroneo de mal humor— Ya…

Inmediatamente Takashi elimina de su rostro cualquier expresión du júbilo y mueve las manos hacia los lados a una velocidad de espasmo.

—Bueno… Cuando Chiharu y yo hemos quedado con ella parecía más pacífica…

Eriol no aguanta más la risa y estalla en sonoras carcajadas que incluso incrementan el dolor del golpe que esa chica me ha propinado con la fuerza que no tiene. ¡Lo que me faltaba! Hiiraguizawa niega con la cabeza y se encoge de hombros. Luego se acerca y examina mi mejilla.

—Patético —dice con malicia— Pero sólo ha sido el primer intento, en la fiesta de mañana podrás continuar tu labor de seducción…

—¡Qué dices! —exclamo enfadado— ¡Yo a ésa no la vuelvo a meter mano en lo que me quede de vida! —añado palpando la zona golpeada con la mano— Además, en ningún momento pretendía nada de eso. Únicamente quería demostrar que no he cambiado y que puedo hacer las mismas tonterías que hacéis vosotros.

—Pero nosotros obtenemos otros resultados, ¿verdad? —se burla Eriol, aunque cambiando su tono de voz. Ahora sólo está bromeando.

Ryuo sonríe divertido.

—Oye, al menos has conseguido besarla y algo es algo ¿no? ¡Lo que hubiera dado yo por estar en tu lugar!

—¿Por esto? —bromeo y señalo la comisura de mis labios, donde se ha estampado el golpe de Sakura— No lo creo…

—Por eso no, tienes razón. Pero reconoce que el beso te ha gustado. ¡Hasta parecía que Sakura te lo estaba devolviendo! ¿Qué tal besa? ¿Es buena? Por cierto… — Yamazaki comienza a caminar hacia la salida del instituto Seijô y todos lo seguimos entre risas, bromas, interrogatorios y nuevas risas— tienes sangre ahí…

Me detengo de pronto y deslizo rápidamente los dedos de la mano por toda mi boca. Efectivamente, justo ahí queda el rastro de un hilito de sangre fresca y brillante. Maldita sea, sí que pega fuerte esta Kinomoto…

—¡Mierda! ¿Tenéis un pañuelo?

Y más risas, bromas e interrogatorios mientras Eriol extrae un paquete de pañuelitos de papel del bolsillo de su pantalón y me lo ofrece a la par que reanudamos nuestros pasos. Yo ahora no soy capaz de prestar atención a todo eso, como si las voces de mis amigos se escucharan muy lejanas, casi perdidas… Una pregunta recorre mi mente o más bien son varias… Preguntas que intento ignorar y sin embargo no puedo, no lo consigo.

Reconoce que el beso te ha gustado.¿Qué tal besa? ¿Es buena?

Vuelvo a palpar mis labios mientras una idea, no tan abstracta como yo quisiera, se dibuja en mi cabeza. Así, despacio, muy lentamente. Son sus ojos, esos ojos coloreados de un verde intenso, que me miran, que se clavan en los míos con un puñado de sentimientos entremezclados que no puedo distinguir, al menos no todos. Pero sí puedo ver confusión, alegría, miedo, enfado… Y una estúpida sonrisa acude a mi rostro sin saber ni siquiera el porqué. Sólo tengo ganas de… no, no, eso es imposible, eso sí que no. Entonces, alcanzo la herida en mis labios que, poco a poco, deja de sangrar y una rabia desconocida se apodera de mí. Sí, es rabia, ira, frustración.

Yo, el Gran Shaoran Li, a quien nunca nadie se había atrevido a ponerle un dedo encima, a quien todos respetaban por miedo al manejo de mi espada, a quien jamás le reprochaban nada por ese mismo temor sin sentido, había sido golpeado. Y no por un gran rival, que digamos, no… Por una chica de diecisiete años. Una chica que tiene nombre y apellido, Sakura Kinomoto. Ella se había atrevido y había sido la única que lo había hecho.

¿Qué tal besa? ¿Es buena?

Mi sonrisa desaparece de mi rostro mientras lo pienso. Pienso en ese beso, en mi boca contra la suya y en su intención de corresponderme, intención que, por cierto, ha acabado en un rotundo fracaso. Luego recuerdo el golpe que me ha dado y entonces, ya no sé qué responder.

Sólo tengo una cosa clara, que quiero saber por qué un chica tan corriente como ella me ha rechazado. ¡A mí! Sólo eso… Y un nuevo objetivo se vislumbra en mi mente, un objetivo oculto, disfrazado por no querer reconocer lo evidente... Haré cualquier cosa para averiguarlo.

¿Normal?

No lo sé, ni quiero saberlo. No necesito encontrar esa respuesta.

Pero, para qué negarlo, Ryuo, si tienes toda la razón del mundo. Tengo ganas de… besarla otra vez …

(Sakura)

El agua fría se desliza por mi cuerpo y baja por cada recoveco hasta perderse en el plato de la ducha. Estoy tan alterada, ¡tan nerviosa! que ni siquiera me he dado cuenta de poner el calentador, tan torpe, tan despistada, tan inocente y tan ilusa…

Completamente desnuda abandono la ducha. Un giro de llave en ese rinconcito de los vestuarios en donde descansa el calentador y listo, ya tengo agua caliente. Luego contemplo mi imagen en uno de los espejos situados sobre los lavabos y oculto mi boca tras las manos. Mis labios… ¡Parece que queman!

Me ha besado, me ha besado, me ha besado…

¡No puedo creerlo!

Un escalofrío recorre mi piel, recordándome que la ducha o más bien el agua calentita, me reclama y que no estoy en condiciones de quedarme desnuda en los fríos vestuarios del instituto a finales de otoño, por mucho tiempo.

¿Por qué? ¿Por qué lo ha hecho?

No puedo pensar en ninguna otra cosa. ¡Maldita sea! Ya decía yo que era muy extraño que se acercara para hablarme con la barata excusa de que parecía que me había visto con frío y venía a ofrecerme amablemente su cazadora negra de cuero. ¡Idiota, soy una idiota! Li nunca habla conmigo, sencillamente porque nunca habla con nadie. Se limita a sentarse en el pupitre situado detrás de mí, a prestar atención a las clases que le interesan mientras se escabulle en las de Japonés… o sencillamente a juguetear con ese maldito lápiz de madera que siempre me presta porque a mí se me olvida continuamente. Un saludo, una despedida y algo más entre medias. Pero nunca superar lo estrictamente necesario. ¡Y ahora hay un beso de por medio! Ahí está, molestando, convirtiéndose en una estúpida mancha dentro de mi expediente impoluto de fidelidad eterna. Perdóname, Yukito… He besado a otro que no eres tú… Porque le he besado, eso es cierto. Podría haberme escapado muy fácil y rápidamente, pero no. A la hora de actuar me he quedado completamente paralizada sin saber qué demonios hacer. Y como soy medio idiota, a la par que ingenua, he correspondido a ese beso a saber por qué oscuro motivo.

¿Por ser diferente?

Sí, puede… era diferente. No tan suave como los de Yukito, ni tan cálido ni perfecto. Pero sí llevaba fuerza y un millón de cosas desconocidas a las que no estoy acostumbrada.

¡Maldición! ¡Yo no quería que el imbécil de Shaoran Li me besara!

Golpeo los azulejos de la pared con rabia mientras vuelvo a maldecirme a mí misma una y otra vez. Finalmente me dejo caer hasta quedar sentada en el plato de la ducha. Las gotas de agua caliente siguen resbalando por mi piel, perdiéndose en el desagüe. Ojalá pudieran arrancar el último de mis recuerdos con esa misma facilidad, pero sencillamente no pueden y saberlo es aún más frustante.

Veinte minutos después salgo de los vestuarios a toda prisa, ataviada con el uniforme blanco del Seijô y el pelo todavía mojado.

Tomoyo me espera unos metros más adelante, con su cartera entre las manos enguantadas y una cálida sonrisa en el rostro, una sonrisa de bienvenida cargada de amabilidad.

—¡Hola, Sakura! ¿Qué tal el entrenamiento?— saluda alegre mientras la tomo del brazo y la obligo a caminar hacia la salida del instituto a todo correr. No quisiera encontrarme otra vez con Li— ¿A qué viene tanta prisa?

—No es nada, vamos…

Simplemente no cuela. Tomoyo me conoce demasiado bien como para obviar que no ocurre nada.

No obstante, se calla y seguimos caminando. Ella siempre ha sido así, no insiste en los temas de los que no quiero hablar. Aunque al final siempre consigue averiguar lo que me sucede. No tengo ninguna duda de que esta vez, también pasará lo mismo.

Así calle, tras calle, llegamos al Parque Pingüino, un lugar donde jugábamos de pequeñas sin que nos importara el resto del mundo, sin preocupaciones, sin tiempo para pensar en tonterías. Nuestra infancia, ella y yo. Nada más.

Y como tantas y tantas veces, allí estábamos una tarde más, la tarde del viernes 15 de noviembre, sentadas sobre esos columpios chirriantes y molestos, pero infinitamente divertidos y, lo más importante, testigos de todos nuestros secretos, preparados para compartir uno más.

Tomoyo me mira intuitiva mientras yo jugueteo con las cadenas mirando al cielo de vez en cuando, en busca de las palabras adecuadas para empezar con mis explicaciones, porque no hace falta que le diga a mi amiga que lo anterior era mentira y que en realidad ha pasado algo. No, no hace falta, ella ya lo sabe.

—Pues verás… —titubeo— cuando el entrenamiento ha terminado Li…

Y se lo cuento. Sus tontas excusas, mi inocencia, su provocación, mis dudas, su boca contra la mía, todo.

Tomoyo escucha atentamente aquella historia que no tiene ni pies ni cabeza, asintiendo de vez en cuando y cambiando de expresión en las partes que más impresión le causan.

Cuando acabo de relatar la última hora de mi vida, aún permanece callada, pensando en algo que decirme. Finalmente sonríe.

—¿Ya? ¿Tan pronto? —pregunta.

La miro sin entender ese comentario.

—¿A qué te refieres con eso?

—Me refiero a que sólo estamos en el segundo capítulo de este fanfic, sin contar con el prólogo, y Li ya te ha besado. ¿No te parece que es un poco repentino? Sobre todo porque esta historia va a ser larga, ya lo sabes.

Al principio pienso que a Tomoyo le ha dado un arrebato de locura y no me dice más que tonterías. Después reflexiono sus palabras… Y sigo pensando lo mismo. Lo único que consigue con ese añadido es afirmar que cada día es más rara que el anterior.

—¿Fanfic? ¡¿Pero de qué me estás hablando?! Tomoyo, por favor, esto es serio. Mi vida no es una historia colgada en Internet para que otros puedan fisgonear en ella.

Tomoyo se encoge de hombros.

—A saber, sólo bromeaba…

Suspiro con resignación, intentando recuperar el hilo de la conversación.

—Entonces, ¿tú qué piensas?

—Lo único que se me ocurre es que se trate de una especie de apuesta o algo parecido.

—¿Una apuesta?

—Sí, ya sabes que muchos chicos se pican entre ellos y al final acaban haciendo estupideces. Además, dices que Li no dejaba de mirar en dirección a los arbustos, ¿cierto? Me juego lo que quieras a que sus amigos estaban escondidos ahí. Si no, ¿por qué te iba a besar y luego hacer ese corte de mangas a la nada?

Me quedo sopesando esa posibilidad. Y puesto que es la única a la que veo con más lógica, decido aceptarla sin más, con la seguridad aplastante de que, si sólo se trata de eso, no tengo de qué preocuparme.

—Supongo que entonces no hay problema. Me refiero a que si se trata de una simple apuesta, no tengo que darle más vueltas, ¿verdad?

Tomoyo asiente con la cabeza, abandonando el columpio y caminando hacia la salida del parque.

—Claro, no le des importancia. Te ha besado, sí. Pero ha sido sólo eso, un beso. No significa nada más. Venga, vámonos. ¿Tú no ibas a darle una sorpresa a Yukito Tsukishiro?

—Sí —afirmo alcanzando a mi amiga— Pero me sabe mal por él…

Tomoyo y yo caminamos despacio por la calle, sin dejar de hablar del tema. A decir verdad no es algo fácil de olvidar.

—¿Por quién? —pregunta. ¿Hace falta que responda?— ¿Por Li?

—¡¡Por supuesto que no!! —exclamo tomando la broma de mi amiga por algo que no es— ¡No quiero tener nada que ver con ése! Lo que a él le suceda a mí me da exactamente igual. ¡Lo decía por Yukito, tonta! Por si no te has dado cuenta, he besado otros labios distintos a los suyos…

—Punto uno —dice pasándose una mano por el pelo— ya sabía que se trataba de Tsukishiro, sólo te estaba tomando el pelo. Y punto dos, ¿a qué vienen tantas explicaciones? Parece que tú misma intentas convencerte. Ni que te hubiera gustado ese beso…

—¿Eh?

Me detengo en mitad de la acera, entre varias personas que caminan a mi alrededor y a quienes no les importa esa parada tan repentina. Sí, Tomoyo tiene razón, siempre la tiene… Ni que me hubiera gustado…

Porque no te ha gustado, ¿verdad Sakura?

Niego con la cabeza un par de veces y continúo avanzando en silencio junto a mi amiga, hasta que finalmente alcanzamos la esquina en donde nuestros caminos se separan. ¡Qué tontería! ¿Cómo va a gustarme, por Dios? No, no y no.

—Bah, déjalo ya, Sakura. Sólo piensa en la tarde que te espera junto a Yukito. Mira que si las cosas salen bien, es posible que se olvide de ir a la fiesta de la Facultad y acabéis desayunando juntos.

Me da una palmadita en la espalda sin perder su sonrisa, contagiándome de su alegría a mí también.

—Sí, tienes razón.

Tomoyo me abraza con fuerza.

—Vamos, no es para tanto. —dice mientras yo correspondo a su abrazo. Luego decide cambiar de tema— ¿Vendrás mañana a la fiesta?

—¿Qué fiesta? —pregunto. Nadie me ha comentado nada de ninguna fiesta.

—¿Qué crees? ¿Que tu novio es el único que tiene derecho a divertirse? Claro que no... Eriol Hiiraguizawa ha organizado una fiesta mañana por la tarde en su casa y parece ser que ha estado llamando por teléfono a todos los compañeros de clase para que se apunten. Vendrás, ¿no?

Una fiesta organizada por Eriol… A la que sin lugar a dudas acudirán sus amigos, es decir, que Shaoran Li estará rondando por los alrededores. Y aunque no debería preocuparme por ello, soy incapaz de evitarlo. No hay que ser demasiado listo para no caer en las intenciones que tiene Hiiraguizawa con esa fiesta. Casi puedo imaginarme el panorama. Y a decir verdad, no me gusta nada la idea.

—No creo, Tomoyo. Sabes que Eriol no me cae demasiado bien —Tomoyo frunce el ceño, parece apenada. ¿Yo qué le voy a hacer? Si hay algo que no soporto, son las mentiras de Eriol— Pero tú ve, estás colada por Hiiraguizawa y sabes que si quieres, mañana puedes conseguir algo. Llevas mucho tiempo detrás de él, así que ya es hora de que ocurra, ¿no? Mañana es tu oportunidad.

Tomoyo no cambia su expresión compungida. ¿No sabe que no puede convencerme? No claro que no… Los sentimientos que tiene hacia Eriol Hiiraguizawa son tan fuertes que le impiden ver nada más. Para ella sólo existe él, pero él ni siquiera la ve, ni sabe que siempre estará ahí. ¿Qué ha podido encontrar para enamorarse así? Es algo que no logro comprender. ¿Qué tiene Eriol de especial? ¿Que miente más que habla? No me lo explico…

—Sin ti no va a ser lo mismo. —suplica juntando ambas manos y poniendo carita de niña buena e inocente. Lo siento, Tomoyo, pero ese es mi papel— Por favor, ven tú también. Seguro que te lo pasas bien y olvidas este tema.

—No puedo… Y si te soy sincera tampoco quiero. Además, yo ya he quedado con Yukito para mañana, ¿recuerdas? Ve sin mí. Ya me contarás cómo ha ido.

Finalmente se da por vencida.

—Bueno, como tú quieras, pero si cambias de opinión, llámame. O me lo dices mañana en clase y me cuentas si ha pasado algo con Tsukishiro…

Pícara, sonríe como ella sola sabe hacer y yo asiento enérgicamente con la cabeza una y otra vez hasta convencer a Tomoyo.

Cinco minutos después, ya se ha perdido entre la multitud de personas que avanzan en su misma dirección, ocupadas en sus asuntos, que no prestan atención a nada más. Ni a ella ni a mí, que camino en dirección opuesta en busca de un plan para crear una velada perfecta con Yukito. Algo romántico, que le ayude a olvidarse de todo lo demás, quizás algo picante, con lo que pueda mantener la cabeza ocupada única y exclusivamente con mi imagen para después acabar jugando entre las sábanas. Que se olvide del tiempo y de todo lo demás, que solo piense en mí, que solo me ame a mí, así como yo a él. Un sentimiento que jamás cambiará.

Necesito algo, cualquier cosa que sea el detonante a mi bomba. Sí, cualquier cosa, un pequeño detalle que desencadene todo lo demás. Una caricia, un beso, un te quiero y así sin más, una caída sobre la cama o sobre el sofá o donde sea, pero una caída en donde, sin miedos ni tapujos, demos rienda suelta a nuestra imaginación.

De pronto detengo mis pasos frente a una tienda de regalos, algo capta mi atención detrás del escaparate. Son dos llaveros plateados con detalles azules unidos por un imán, de tal manera que al juntar las dos mitades se obtiene un bonito caramelo, con un envoltorio extraño, en forma de medialuna. Se parece al que Yukito me ha dado esta mañana, ese caramelo que recibo todos los días desde hace unos siete años. ¿De dónde saca Yukito tantos caramelos? Es un misterio sin resolver…

Decidida, entro en la tienda con la cartera llena de dinero y salgo con los dos llaveros envueltos en un bonito papel de regalo y los bolsillos algo más vacíos.

El detonante está preparado y yo también lo estoy, lista para afrontar lo que sea. Porque de hoy no pasa, no… Lo que ha ocurrido al final del entrenamiento no me va a cortar las alas, aunque ni con esa mentalidad consigo quitarme los labios de Shaoran Li de la cabeza. Sí, sus labios pegados a los míos. Nuevamente… ¡Maldición!

Hoy es 15 de noviembre, viernes… Un día que, sin saberlo, ha comenzado a ser especial…

Y así, mis pasos me guían hacia la casa de Yukito, con los nervios a flor de piel, la ilsión volando sobre el cielo y los sentimientos palpitando al son de mi corazón.

Ahora soy incapaz de saber nada, pero ese pequeño regalo, el llavero que ambos deberíamos compartir y que aprieto fuertemente contra mi pecho como si se fuera a escapar volando, jamás colgará de las llaves de Yukito Tsukishiro.


Nota de la autora:

Lo primero de todo...

¡¡Feliz Navidad!!

Y ahora sí vamos con el capitulo... Lo prometido es deuda, y dije que actualizaría esta semana, por ello estoy aquí con el segundo capítulo (tercero en realidad, con el prólogo) de Mentir por Amor ¿Qué os ha parecido? Es algo más cortito que el anterior, pero como dice Tomoyo (no pude resistir escribir esa parte del diálogo), esta historia es algo larga o al menos, mi intención es que lo sea. Nuevamente no quería cortarlo ahí, pero tampoco consideré necesario adelantar demasiadas cosas, me lo reservo para el capítulo siguiente.

¿No creéis que Shaoran es algo frío y distante? Supongo que es normal, porque como dijo Eriol en el capítulo anterior, le robaron la infancia y es normal que ahora tenga miedo de perder todo lo que para él es importante, como lo son sus amigos. Por eso actúa de esa manera con Sakura. Es un personaje que evoluciona a lo largo del fanfic, ya lo veréis. Me encanta escribir sobre él. En general, me gusta (aunque ninguno de los personajes de CCS sean de mi propiedad) crear personajes misteriosos, independientes e inclusos carentes de sentimientos para luego cambiar ciertos aspectos de sus personalidades. Shaoran Li es uno de ellos.

Quería comentar para este capítulo que muchos colegios japoneses tienen clase los sábados, aunque el horario es más reducido. Estuve revisando el manga y el anime de CCS para comprobar si las CLAMP habían puesto a la escuela Tomoeda y al instituto Seijô dentro de esta categoría y parece ser que así es, razón por la cual yo también lo he hecho.

En fin, hasta aquí la nota de este capítulo...

¡Muchas gracias a todos los que me dejaron reviews con sus opiniones en los capítulos anteriores! Espero que esta vez también pueda leer nuevos reviews sobre este capítulo!

¡Un abrazo a todos!

Ess-chan

PD: Intentaré subir el siguiente capítulo en la próxima semana, pero ya sabéis que estas fechas son algo complicadas entre tanta cena, familia y trabajos pendientes por hacer, así que no prometo nada, pero lo intentaré ^^

PD 2: Nuevamente vuelvo a preguntar, ¿alguien sabe cómo acivar la función de dejar más de un review por persona si es que se puede?