Los Juegos del Hambre y sus personajes pertenecen a Suzanne Collins. Éste fic participa en el reto de marzo del Torneo entre distritos en la Arena del foro "Hasta el final de la pradera".


Finch Heliodore, 12 años.

Según dicen, uno de los cumpleaños más importantes es el número once. El que marca el final de la infancia. El principio de la pubertad.

Tonterías.

Quizá en el Capitolio, donde los niños no tienen que preocuparse por que su nombre salga de una urna que los condene a muerte sea así. Tal vez incluso en los distrito donde saben que si su nombre sale, alguien va a ir presto a ocupar su lugar también lo sea, pero en el resto de distritos las cosas no funcionan así. Aquí hay dos cumpleaños importantes, el de los 19 y el de los 12. El primero porque significa que todas tus papeletas son retiradas de la urna. Los más afortunados deberían tener tan sólo siete pero otros chicos tienen más de cien o incluso se ha hablado de gente con cerca de doscientas. Ver sacar tus cientos de participaciones de ahí debe ser como volver a nacer. Normalmente se hace una fiesta a la que asiste mucha gente y hay mucho alcohol, comida y música.

Luego está el duodécimo cumpleaños. El cual es importante porque podría ser el último que un niño pase con su familia y amigos. Los niños de doce años son los que menos participaciones tienen. Pero de vez en cuando uno sale elegido.

La puerta tras el mostrador se abre y una funcionaria sale de ella con la pequeña libreta en la mano. La I.D de adulto donde están toda la información sobre mí habida y por haber.

—¡Ahí tienes, Finch! —dice la mujer, que ya me conoce—. ¿Te gustaría pedir algunas teselas ya que estás aquí?

—No, gracias.

—Este año tenemos azúcar.

Azúcar... eso cambia las cosas.

Normalmente las teselas sólo dan aceite y harina. Pero cada año se le otorga un producto más al distrito más productivo, uno algo más lujoso. He probado el azúcar varias veces en mi vida. No es algo completamente necesario, pero sin duda hace las cosas más sabrosas. Le endulza a uno la vida.

—No lo hagas —me susurra Paloma, mi mejor amiga.

Serían dos participaciones las que tendría en la Cosecha. Dos en lugar de una. No parece tanto... ¿verdad? Y si no aprovecho ahora puede que pierda la oportunidad para siempre. Podríamos usarla en la taberna. Podríamos hacer mucho dinero con ese azúcar...

—No, gracias —repito—. Que tenga un buen día.

Sé que yo lo tendré porque mis abuelos, tíos y primos van a estar todos en mi fiesta, además de mis amigos. Papá ha estado ahorrando mucho para ello. Reservaba un poco de tequila de cada botella que recibíamos en otra botella vacía y lo sustraído lo rellenaba con agua. Así, poco a poco y a lo largo de los años ha conseguido juntar algunas. También ha encargado un barril entero de cerveza y un cerdo vivo, el cual ya hemos sacrificado y despiezado con ayuda del carnicero del distrito.

—Por un momento pensé que lo ibas a hacer —dice Paloma.

—Yo también. Pero a mamá no le habría gustado. Las teselas son como una ruleta rusa y no quiero añadir más balas al tambor de las que ya hay.

Ella sonríe, pasándome el brazo por el hombro y juntas nos vamos a la taberna, donde un par de horas después la fiesta empezará.


Como ven en el Distrito 5 sí que saben montárselo bien. Se pueden permitir un poco de exceso, aunque no mucho. No son un distrito rico pero tampoco se especifica que sea pobre, al menos no como los periféricos 10, 11 y 12. También decidí darle un poco de vidilla al sistema de teselas y hacerlo algo más completo para tentar a la gente a pedir algo más lujoso. Ah, y con la Comadreja como protagonista. Finch no es un nombre canon exactamente, pero es como la llama Caesar en la película y los créditos. Así que me quedo con él.