Disclaimer: La historia es mía, los personajes de Meyer.


You Belong With Me

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Por Primaveral

Al día siguiente, Tanya fue hacia la clase que le tocaba a Edward, sonriendo mientras buscaba con la mirada a Bella, hasta que la encontró.

Totalmente acurrucada en su silla, leyendo y con cascos de música mientras Edward hablaba con Tyler y señalaba a Bella, encogiéndose de hombros sin saber qué hacer para llamar la atención de aquella que era totalmente indiferente a él.

Cuando Tanya llegó, empujó la silla de Bella hacia delante, haciendo que la mirase con los ojos entrecerrados y volviese a su lectura tras ello.

—Hola. —Tanya se sentó en su regazo y pasó sus brazos por su cuello antes de besarlo en los labios. Se acercó a su cuello y lo besó allí. — ¿Has hablado con ella? —susurró.

—No. —Dijo negando con la cabeza.

Para sorpresa de Edward, Tanya gruñó y se fue de él sin decirle adiós. ¿Qué demonios le pasaba? Edward miró a Tyler, que se encogió de brazos y miró a Bella, que también se había sorprendido por la reacción de Tanya sin haberse enterado de la cuestión.

Cuando la clase empezó, Bella se guardó los cascos y el libro sin mirar a Edward, que estaba algo inquieto por cómo empezar su relación con Bella. Había preguntado a Mike, únicamente le dijo que trabajaba en su casa cuidando a su abuela cuando se iban y también habló con otros alumnos, de los cuáles paneas había sacado información.

¿Es que acaso nadie sabía nada de ella?

Cuando la clase terminó, Bella fue la primera en levantarse. Siguiéndola, se dio cuenta de que llevaba en una bolsa ropa y se metía en el cuarto de baño de las chicas. Bufando, se dio la vuelta, encontrándose con Ángela.

Le miraba con una delgada y negra ceja alzada mientras Edward pensaba qué decirle. Se encogió de hombros y a los tres pasos, se paró, ¿no era ella la mejor amiga de Bella? Sonriendo, fue corriendo hacia Ángela antes de que entrase en el baño.

Cogiéndola del brazo, Ángela le miró con el ceño fruncido.

— ¿Edward? —Preguntó sorprendida.

—Hm… Necesito que me ayudes en algo. —Dijo encogiéndose de hombros.

— ¡Edward Cullen queriendo mi ayuda! —Dijo con ironía. — ¿Y a qué debo ese placer?

—Qué me puedes contar de Bella.

Ángela frunció el ceño, después cambió el peso de su cuerpo incómoda mientras tocaba con los dedos un mechón de su coleta negra. Está nerviosa, ¿por qué?

— ¿Y bien?

— ¿Por qué quieres saber algo de ella? Nunca te ha importado y no pienso participar en tus juegos.

Cuando iba a darse la vuelta, Edward volvió a cogerla del delgado brazo, haciendo que Ángela suspirase y se cruzase de brazos mientras a puerta del baño permanecía medio abierta. Edward se pasó las manos por el pelo mientras pensaba qué podría decirle.

—No voy a hacerle nada malo.

—Ya. —Dijo sin creerle.

—Mira… Tengo que hacer un trabajo con Bella…

— ¿Quién tiene qué hacer un trabajo conmigo?

Edward vio como Bella salía del cuarto de baño con una ropa totalmente distinta a la que solía tener antes puesta en la clase. Llevaba unos pantalones verdes y una camisa igual, en la izquierda de la camisa estaba la señal de un restaurante al que Edward había ido alguna vez con Tanya.

Llevaba el pelo recogido en una coleta y le miraba con una ceja alzada, aunque sin pizca de humor en el rostro.

Dios… ¿Cuándo acepté a hacer esto?

— ¿Y bien? —Insistió Bella mientras se agachaba a guardar la bolsa en la mochila, dándole a Edward una buena vista de su culo. Ángela carrasqueó, haciendo que Edward mirase a Ángela, que tenía una mueca.

—Necesito que me des clases Bella. —Dijo Edward rápidamente.

Bella se levantó y le miró con una ceja alzada.

— ¿Por qué no se lo pides a otra?

—Te pagaría. —Dijo diciendo cualquier cosa.

—Claro que me pagarías si yo te diese clases, pero no lo voy a hacer. —Dijo dándose la vuelta con Ángela.

Edward dudaba entre dejar la maldita apuesta por dejar de ver a aquella mosquita muerta o por su honor.

¡A la mierda con la noche de Victoria y Tanya! Nadie me rechaza.

Avanzó hacia ella y cogió del brazo a Bella, que se giró y dio un tirón al verlo. Ángela le susurro unas palabras a Bella antes de desaparecer, dejándolos totalmente solos. Los ojos de Bella estaban oscurecidos, y tenía más ojeras que ayer.

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Bella entró rápidamente en el baño, tendría que saltarse las tres últimas horas para poder ir al bar. Dios… ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella? Últimamente no podía dormir, su padre parecía cada vez más enfermo de cansancio y ella cada día deseaba irse del instituto.

Sabía perfectamente que si no sacaba las notas adelante, tendría que irse, no podría permitirse otro año más en el instituto. Se encerró en el baño, empezó a quitarse rápidamente la ropa mientras acaba de la bolsa el uniforme del trabajo.

Escuchó la voz de Ángela hablando con alguien y parecía discutir.

Se terminó de arreglar, se cogió una coleta y cuando fue a abrir la puerta, escuchó las palabras de Edward Cullen.

— ¿Quién tiene qué hacer un trabajo conmigo? —Dijo Bella cerrando la puerta a sus espaldas.

Bella se mordió los labios para no reírse por la cara de apuros que tenía Edward en ese instante. Aunque Bella ya estuviese totalmente acostumbrarse a deslumbrarse por Edward, esta vez tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no mirarle como hacían todas.

Sus ojos verdes parecían brillar más que otras veces y le miraban a ella fijamente. Lo que más amaba de Edward eran sus ojos, parecían estar siempre atentos y el verde parecía como el musgo. Luchó por las ganas de mirar su cabello, su cuerpo, pero se cruzó de hombros.

— ¿Y bien? —Dijo.

—Necesito que me des clases, Bella. —dijo Edward sin apartar los ojos de ella.

Bella alzó una ceja.

— ¿Y por qué no se lo pides a otra?

—Te pagaría. —Dijo Edward, sorprendiendo a Bella.

—Claro que me pagarías si yo te diese clases, pero no lo voy a hacer. —Dijo dándose la vuelta con Ángela.

Bella sabía que su amiga la estaba mirando con una ceja alzada, totalmente preguntándole con la mirada qué estaba pasando, pero ni siquiera ella lo sabía, únicamente sabía que si estaban cerca de ella, era por algo malo.

Cuando se acercaban hacia la salida, alguien la cogió del brazo, dándole la vuelta.

Bella, al darse cuenta de quién era, se desprendió de su brazo con rapidez, como si le quemase su tacto. Ángela le susurró algo y Bella asintió con la cabeza antes de mirar a Edward, que parecía estar buscando las palabras perfectas para hablarle.

—Qué quieres Edward. —Gruñó Bella. —Hay gente que no es tan rica como tú y tiene que trabajar. —Dijo sonriendo.

Edward hizo una mueca.

—He dicho que te pagaría.

—No quiero nada de ti.

— ¿Por qué? —Dijo frunciendo el ceño.

—No quiero nada de ti ni de tu maldito grupo. —Dijo intentando parecer serena.

—Yo tampoco quiero nada de ti. —Dijo Edward lentamente, haciendo que Bella se volviese a cruzar de hombros. —Únicamente quiero que me des clases, te pagaré.

—Edward, hay muchísimas chicas que te darían clases sin tener que pagarlas. —Dijo Bella.

—Quiero que me las des tú.

— ¿Por qué? Dame una razón lógica y acepto. —Bella sonrió, triunfante por sus palabras.

La cara de Edward palideció, claramente no tenía ninguna razón lógica excepto querer acostarse con ella. Edward, por una vez en su vida, intentó pensar en algo lógico. Bella le miraba fijamente, su sonrisa se enchinaba cada vez más, sabiendo perfectamente que dentro de unos segundos Edward se encogería de hombros.

Aunque una parte de ella se moría de ganas por darle clases, por pasar más tiempo juntos… Sacudió la cabeza.

—Porque sé que tú serías la única que no se quedaría embobada mirándome fijamente. —Susurró.

Jaque mate.

Bella parpadeó sorprendida y su corazón saltó en su pecho cuando Edward sonrió con arrogancia, con esa torcida sonrisa que siempre le hacía parpadear como una idiota sin tener solución. Sin poder decir nada, Bella únicamente asintió con la cabeza mientras Edward se acercaba a ella cada vez más con pasos seguros.

Antes de que estuviese demasiado cerca, Bella colocó su mano en su pecho, estremeciéndose por dentro, sintiendo un rayo por su columna.

—Quieto Edward, porque vaya a darte clases no significa que seamos amigos o aún menos que tengas derecho a tratarme como tal.

La sonrisa de Edward no disminuyó, pero la inseguridad estaba ahí, aunque volvía a ser el arrogante, testarudo y sensual Edward Cullen.

—Bien profesora, ponga los horarios, el dinero y los días, estoy a toda tu disposición. —Ronroneó.

Bella rodó los ojos mientras soportaba la batalla perdida, al menos ganaría dinero… Pero tener que pasar más tiempo con él no era precisamente lo que necesitaba ahora, cruzándose de brazos, le alejó de un empujón, haciendo que entre ellos hubiese más distancia.

—Bien, se hará como yo diga. —Edward asintió.

Sin poder hacer nada, Bella sentía que una parte de ella se alegraba por poder pasar más tiempos juntos.

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Edward estaba en su habitación con Tanya encima, besándole y pasando repetidamente sus manos por su erección aún cubierta por sus pantalones. Edward apretaba sus pechos mientras seguía besándola. Lo disfrutaba, pero estaba algo confuso.

¿Por qué Tanya se había enfadado con él sin hablarle cuando no había conseguido nada?

¿Por qué después de decirle lo que había pasado de había echado encima de ella?

Le daba igual, mientras pudiese estar con ella no le importaba.

Edward hizo que él quedarse encima, levantándole la camisa mientras Tanya le besaba cada vez más fuerte, mordiéndole los labios y rozándose repetidas veces contra su erección.

Tanya paró rápidamente, haciendo que Edward frunciese el ceño.

— ¿Pasa algo? —Dijo mientras Tanya se levantaba y el quedaba sentado en la cama.

—Cariño, hoy no pudo acostarme contigo, tengo planes con Victoria y me llevaría demasiado tiempo. —Dijo sonriendo mientras se agachaba entre sus piernas. —Pero pudo hacerte una rica mamada rápidamente antes de irte.

— ¿No quieres disfrutar? —Dijo aturdido. — ¿Estas juntos?

—Podemos estar más tarde, o mañana. —Dijo mientras le bajaba la cremallera de los pantalones, mirándole fijamente con aquellos ojos azules cristalinos. —Esta es tu recompensa.

Edward únicamente pudo gemir cuando Tanya sacó su erección y empezó a acariciarlo y a lamerlo. Era el paraíso, y cuando engañase a Bella, volvería a hacerlo con tal de sentir lo que estaba sintiendo en ese momento, sus manos rodeaban el cabello de Tanya fuertemente, a ella no le importaba.

Pensaba en otras cosas mientras tanto.

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Cuando Bella legó de trabajar, su padre estaba en el sillón, totalmente dormido y roncando. Bella sonrió cansada y se hizo un sándwich rápidamente.

Se fue al salón con su padre y puso la tv, al escucharla Charlie se despertó.

Bella se preocupó al ver a su padre más pálido de lo normal y totalmente despeinado. Tenía un moratón en la mejilla, haciendo que Bella se preocupase cada vez más.

—Tranquila Bella. —Dijo Charlie sonriendo.

— ¿Qué te ha pasado?

—Ya sabes, una pelea callejera. —Bostezó. —Ya soy demasiado mayor para peleas.

—Te conservas como un joven. —Dijo Bella sonriendo. —Tengo dinero, acabo de venir de trabajar. También le voy a dar clases a un alumno del instituto, me va a pagar las clases.

Charlie suspiró y asintió, sintiendo que las palabras lo abandonaban cuando más lo necesitaba. Bella sintió una punzada de dolor cuando Charlie se levantó y se fue hacia su habitación susurrándole ¨buenas noches¨

¿Cuánto tiempo podría seguir con esta situación?


¡Hola mis niñas!

Se preguntarán por qué tardé tanto… Chicas, como sabrán –o si no les cuento –en España se lleva una malísima situación económica en la cual yo me encuentro también como muchos españoles. Aunque trabaje en el bar de mi tío y mi marido también, necesitamos más… Las cosas subvén y cada vez nos vemos más ahogados, por eso ahora tengo trabajos por las noches en otros bares o cáterin.

Y ese es el único motivo, hay poco Money jaja.

Lo sé, no hace gracia… Pero no le podemos hacer nada, intentaré subir mañana, muchísimas gracias por los reviews, ¡20 he recibido! muchísisisimas gracias, no saben lo feliz que me hacen.

Creo haber respondido todos los reviews y los anónimos que me dejaron sus correros, recuerden que si quieren que les conteste -a los anónimos -déjenme su correro separado en espacios, gracias.

Déjenme sus reviews, prometo subir pronto :)