Capítulo 3: Un giro inesperado

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Comentarios a los reviews:

Serena: Veo que la actitud de Aoshi te ha traumatizado, jajaja. No te preocupes que ya recapacitará XD

Kaoruca: Sí, sí… que Misao tiene muy interiorizado lo de casarse… ajá… XD . En cuanto a Aoshi y sus sentimientos, como os estoy comentando a todas (en realidad he empezado con los reviews de Misao XD), la relación de Aoshi/Misao-Tutor/Protegida es complicada. Hay posibilidad de que tengan conflicto en sus sentimientos y manejar eso es complicado.

Sobre el «adora a Aoshi» en el original estaba puesto XD . Si bien la conversación está muuuuuy reformada (prácticamente la hice de nuevo entera), el argumento de Okina diciéndole que podría preferirle por ser su tutor estaba ya ahí. Pero sí, ya sabes que para mí, lo que Misao siente por Aoshi no es amor verdadero; es una idealización, un amor platónico, pero no amor de verdad. Pero bueno… aquí «aceptaremos barco como animal acuático» XD

Uchiha: Su gran determinación es en la lucha XD . No tiene problemas con enfrentar a un enemigo. Pero las cuestiones del corazón son otra historia. La situación en la que están Aoshi y Misao no es fácil, ni tampoco tan sencilla de manejar »_«. Pero bueno, hace lo que puede XD

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Notas del capítulo:

Lo primero, deciros que si me he retrasado en subirlos (pretendía haberlos tenido para la semana pasada) ha sido por culpa de Aoshi. Sí, toda de él. Lo siento pero reformar este capítulo me llevó días. El de Misao lo he terminado en un rato ayer y otro hoy, pero el de Aoshi… días »_«. No sé si es suerte o desgracia que podáis leer este fic, pero os puedo asegurar que si no llega a estar escrito hace diez años, no existiría un fic de ellos escrito por mí. Lo siento pero a día de hoy soy incapaz de ver esta pareja. He reescrito el capítulo entero porque me daba de cabezazos con lo escrito de entonces, y puesto que no veo a la pareja, escribir una historia para estos dos se me hizo casi misión imposible.

Pero bueno, seguí la guía argumental que hice y por fin salió algo. Espero que os guste cómo ha quedado ^_^º

Gracias a todas por vuestros reviews *o*

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Capítulo 3: Un giro inesperado

Una suave mano y una dulce voz despertaron a Aoshi aquella mañana. Estaba en el templo y el hombre se sintió algo desorientado por no saber qué hacía realmente allí.

—Señor Aoshi, despierte.

Era Misao. Estaba radiante aunque con un deje de tristeza en su rostro. Aun así, era la visión más hermosa que había visto —en toda su vida— nada más despertarse. No sabía a qué había ido hasta allí.

—Misao, ¿ocurre algo? —replicó él desconcertado.

—No, es sólo que Okina está reuniendo a los miembros del Aoiya para anunciar a mi futuro marido.

Y su visión perfecta se fue al traste recordándole la realidad… otra vez. Aoshi decidió que tenía que terminar con todo aquello. Cuanto antes acabaran, antes podría largarse lejos de allí. De modo que se levantó y anduvo con paso rápido hacia el Aoiya.

—¡Espere, señor Aoshi! —gritó Misao que se había quedado a su espalda. Ella corrió tras él pero Aoshi no se detuvo en su marcha. Tenía decidido que cuanto antes pasara todo, antes podría empezar a recuperarse.

—¡Señor Aoshi! —volvió a llamarle, pero no quería atender. Porque seguro que quería hablarle de cuál era el hombre que había elegido. ¿No era acaso su tutor y su deber era estar al tanto de ello?

Pero no quería saberlo. Aoshi sólo quería llegar al Aoiya, estar presente en la toma de decisión y para el mediodía estar fuera de Kioto. Okina podría encargarse de todo sin ningún problema.

—¡Quédate donde estás, Aoshi! —exclamó Misao enfadada.

Aoshi se detuvo en las escaleras con el pecho encogido cuando le llamó esta vez. Porque parecía condenado a que sólo le tratara con cercanía cuando estaba enojada con él. Al primero de sus pretendientes le había costado conseguirlo el tiempo de una cena. Aoshi la conocía desde niña y desde hacía cuatro años habían convivido en el mismo lugar. Pero él seguía siendo el único con el que ponía distancia.

Que la mujer que quería le tratara con tanta deferencia, no era una situación agradable para él.

Soltando un largo suspiro se giró hacia ella.

—¿Qué quieres? —Pretendía decirlo en su habitual tono calmo, pero sus emociones le traicionaron porque fue una mezcla entre beligerante y dolido. A Misao, por supuesto, aquello la sorprendió.

Ella se acercó hasta él bajando algunos escalones para poder quedar a su altura.

—Okina me ha dicho que necesito tu aprobación acerca del prometido que he elegido.

Por un momento tuvo ganas de darle golpes al viejo. De modo que como él no había hablado voluntariamente con ella, se metía en medio y hacía que Misao fuese la que le hablara. Pero Aoshi no tenía humor para una conversación sobre las cualidades y defectos de sus candidatos, y menos, contrastar su elección con una posible de él buscando su aprobación. ¡Por supuesto que no tenía su aprobación!

—La tienes —dijo en contradicción a sus pensamientos.

—¡Pero si no te he dicho quién es! —se quejó sorprendida ella.

—Es el que tú has decidido y a mí me parece bien —replicó con serenidad.

Aoshi esperaba que aquello zanjara la conversación y se giró para retomar su camino de vuelta al Aoiya. Sin embargo, fue evidente que para Misao, la conversión no había terminado.

—Es Ryusei —soltó sin más preámbulos—. He decidido casarme con él.

No es que no lo esperara, pero a Aoshi le dolió igualmente. Hizo un asentimiento con la cabeza y se puso en camino.

Misao le siguió apresurada corriendo escaleras abajo.

—¡Espera! ¿No vas a decir nada? —No, no lo iba a hacer y quería dejar el tema ahí—. ¿Te parece bien? —siguió ella a su espalda—. A lo mejor prefieres otra opción para mí… ¿Hay alguno que te haya gustado más?

Aoshi se detuvo y se giró en el acto, encontrándose con que Misao tuvo que guardar el equilibrio para no chocarse contra él. Sabía que no era su intención, pero empezaba a estar molesto con ella porque, ¿qué demonios pretendía que le dijera? «¿No, me parece muy mal tu elección y aunque cambies por otro seguiré pensando lo mismo?».

Misao le miró con cierto recelo pues algo debía estar viendo en su semblante.

—¿Qué quieres que te diga? —la recriminó al fin, y Misao abrió los ojos como platos por su tono—. ¡Has elegido al que más crees que te conviene! ¿Por qué necesitas que yo te lo confirme? ¿Qué importa en realidad si estoy de acuerdo o no?

Misao se quedó lívida.

—¿No estás de acuerdo con mi decisión? —preguntó con voz temblorosa.

—¡Por supuesto que no!

Eso último no había querido decirlo y se irguió en cuanto se escuchó él mismo. Vio cómo en cuestión de segundos a Misao se le humedecieron los ojos y se echó a llorar. Aoshi se sintió el hombre más miserable del mundo y recordó que hacía dos eternas semanas, había pensado que preferiría verla así, llorando y maldiciendo su situación. Pero no era verdad. Le dolía verla sufrir.

Con una mano, Aoshi retiró sus lágrimas y disfrutó del contacto de su piel. Era tan suave…

—¿A quién… —dudó Misao— prefieres tú?

¿Qué le iba a decir ahora? Aoshi no había pensado en nadie. No podía decirle uno al azar para confundirla cuando ella ya había escogido al que creía conveniente para ella.

Por alguna extraña razón, pasó fugazmente por su cabeza las conversaciones con Kenshin y Okina. Y recordó cómo habían terminado las dos. ¿No debería ser Misao la que decidiese? Cierto era que podía estar coaccionándola, pero del mismo modo, también podría ser que prefiriera estar con él que ya le conocía a estar con alguien desconocido por completo. De todas formas, ¿qué podría perder? Tenía pensamiento de marcharse de allí en pocas horas; no era que tuviese que vivir con la incomodidad de encontrársela por los pasillos.

—En realidad, no estoy seguro de que quieras saberlo.

—Yo tampoco… —susurró ella con aprensión.

Sin añadir más, Aoshi la arrimó a él y la besó. No la apresó fuerte, pero sí fue firme. Ésta podría ser la única vez que la besara y quería al menos poder llevarse eso. Quería sentirla; tenerla por una vez agarrada a él.

Sin embargo, para su completa sorpresa, Misao se afianzó a él y correspondió titubeante a ese beso de pequeños roces de labios. Fue suave y Aoshi no pretendió en ningún momento que fuese muy íntimo. Si la estaba obligando en ese beso, tampoco quería presionarla a uno apasionado como le hubiera gustado.

Cuando se separó, los dos estaban con la respiración agitada más por las emociones de ese momento que por falta de aire. Misao tenía las mejillas sonrojadas y le miraba con clara incredulidad. Si tal y como sospechaba, Misao no albergaba sentimientos románticos hacia él, esa escena tenía que ser muy violenta para ella. Aoshi retiró sus manos de ella y la dejó libre.

—Lo siento, Misao —se disculpó cuando vio que no agregaba nada. Ella se había quedado muda en el proceso. Parecía querer decir algo, pero ningún sonido salió de su boca—. No quer… —Pero se retractó. Aoshi iba a decir que no quería hacerlo, pero eso no era cierto. Había querido besarla y por eso lo había hecho—. No debí hacerlo, discúlpame.

Misao continuó mirándole con evidente incredulidad, como si no entendiera sus palabras.

—¿No querías o no debías hacerlo?

Aoshi debía admitir que le sorprendió esa pregunta. De todo lo que había pasado, se esperaba algún tipo de recriminación por haberse tomado licencias sobre ella. De modo que la pregunta sobre con qué intención la había besado le dejó desconcertado.

—No debí hacerlo —contestó con sinceridad.

Misao se tambaleó y Aoshi tuvo que sujetarla para evitar que pudiera caer escaleras abajo. Sin embargo, comprobó que sólo se le habían doblado las piernas posiblemente de la impresión que le había dado, y la ayudó a quedarse sentada sobre el escalón en el que estaba.

El mayor problema para Aoshi fue que Misao se echó a llorar otra vez y él comenzó a ponerse nervioso. No estaba seguro de si aquello era un disgusto o no para ella.

—Entonces, ¿me quieres? —preguntó entre lágrimas.

Aoshi se separó un poco en cuanto Misao le sacó su correcta deducción a relucir. Sin embargo, el tono esperanzado que usó le animó a confirmárselo asintiendo con la cabeza. Misao volvió a llorar con más fuerza afianzando el agarre en sus antebrazos.

—Pero no como a una hija, ¿verdad? —Aoshi se sintió bastante ofendido con esa pregunta.

—¿Crees que a mi hija la besaría así? —Misao negó dejando escapar una risa entre sus sollozos y Aoshi pudo serenarse viendo que ese punto había quedado claro—. Sé que siendo tu tutor puede resultarte una situación extraña, pero puedo ser un mejor marido para ti que ellos; porque yo siempre haré todo lo que esté en mi mano para que seas feliz.

Aoshi se preocupó mucho cuando vio que Misao no dejaba de llorar y a cada segundo que transcurría iba a peor. La idea de haber malinterpretado su tono y que en realidad estuviera sintiendo aquello como una coacción empezó a atenazarle el pecho. Pero entonces, Misao se abrazó a su cuello con tanto ímpetu que casi le tiró hacia atrás rodando por las escaleras.

—¡Gracias, Dios mío… gracias por escucharme!

Aoshi correspondió su abrazo apretando su cuerpo contra el de él y sintiéndola como nunca lo había hecho. Casi suspiró de alivio, porque Misao no se alegraría tanto ni le abrazaría como si la vida le fuese en ello si no le prefiriera sobre los cinco hombres que le habían presentado.

—Misao…

—Te quiero, Aoshi —le interrumpió ella—. Toda mi vida lo he hecho y lo seguiré haciendo hasta el fin de mis días.

Aoshi la abrazó sin poder creerse sus palabras. Porque una cosa era ser el mejor de los males y otra muy distinta ser lo que ella realmente quería.

—Misao… —repitió en un susurro.

Ella se separó para verlo como si lo hiciera por primera vez en la vida y, acariciándole el rostro, sonrió feliz. Esta vez, cuando Aoshi la besó, no se anduvo con miramientos. Aunque de inicio fuese suave para evitar asustarla, pronto la instó a abrir sus labios para besarla profundamente. Aunque reticente, más por inexperiencia que por recelo, Misao correspondió a su beso de la mejor forma que pudo. Aoshi no necesitó de muchos roces para saber que era el primer hombre al que Misao besaba. Pero ella, fiel a su carácter explorador, no se amilanó en ningún momento y se enfrentó a él en su pulso de caricias.

Aoshi se separó de ella cuando recordó que los integrantes del Aoiya les esperaban para saber quién sería el futuro marido de Misao.

Se sintió tan feliz con ese giro inesperado que incluso le empezaron a temblar las manos mientras le acariciaba las mejillas. Si bien su amor no era tan largo en el tiempo como el de ella, había sido muy intenso para él. Sobre todo porque le había pillado de imprevisto. Siempre sumergido en las peleas, el único apego que había tenido eran sus compañeros a los cuales había perdido. Nunca se había enamorado de una mujer, y por su carácter no esperaba hacerlo nunca. Pero había vuelto al Aoiya y la forma de ser tan opuesta a la suya de Misao le había atraído como la luz a una polilla.

—Tenemos que hablar con Okina sobre esto.

—Tienes razón —dijo en tono divertido—, aunque ahora me has hecho dudar. ¿Qué hago con mi elección? La medité durante días… —se quejó en falso.

Aoshi era consciente de que Misao estaba bromeando. Imaginaba que era su forma de descargar la tensión. Si —tal como aseguraba— le quería desde hacía tanto tiempo, aquellas dos semanas se le habrían hecho igual de infernales que a él. Había tenido que elegir a un hombre desconocido por marido no sólo con la inconveniencia de no quererle, sino que encima, lo hacía estando enamorada de otro.

—Eres una mujer muy lista; seguro que podrás dar con una solución rápida al añadirme como factor.

Misao le miró asombrada.

—¿Eso es una broma? —Se empezó a reír pasmada—. ¡Es una broma!

Aoshi se la quedó mirando mientras Misao reía pletórica ante algo tan sencillo. Sabía que había intentado hacer divertida su vida desde que llegó. Por desgracia, tenía un ánimo más oscuro que ella y no podía darle el gusto como quisiera. Pero lo intentaría de ahora en adelante, pues acababa de prometerle que haría cualquier cosa que estuviera en su mano para hacerla feliz.

—Pero tienes razón: he llegado a una elección rápida en cuanto has entrado en juego.

Aoshi se levantó y ayudó a Misao a ponerse en pie. La cogió de la mano y regresó con ella al Aoiya. Lo hicieron en silencio pero la felicidad de Misao no decayó en ningún momento. Estaba radiante mientras caminaban hacia casa y él no pudo hacer otra cosa que disfrutar de ser el causante de ello. Apenas podía creérselo; estaba convencido de que en cualquier momento despertaría para encontrarse en el templo de nuevo.

En cuanto llegaron, Misao se soltó y corrió hacia la entrada del comedor. Cuando Aoshi la alcanzó, vio cómo intentaba cambiar su semblante para poner uno más serio. Le costó varios intentos porque al poco volvía a sonreír feliz. Por supuesto, a Aoshi le desconcertó ese comportamiento. Sin embargo, no dijo nada y esperó paciente a lo que demonios tenía pensado hacer.

—No me mires o me dará la risa —dijo de pronto. Aoshi ni siquiera reaccionó. Misao siempre había hecho cosas extrañas y no iba a empezar ahora a comprenderlas.

Abrió la puerta y entró. Estaban todos hablando cuando cruzaron la puerta, pero en cuanto les vieron, se hizo un silencio incómodo en la estancia. Misao se sentó y Aoshi la siguió ocupando un lugar a su lado.

—No creo que haga falta que os diga por qué estamos aquí —empezó con todos los ojos clavados en ella—. Abuelo, quiero que les comuniques a los no elegidos que ha estado muy reñido y que me ha costado decidirme. —Continuó el silencio porque Okina simplemente asintió a sus palabras aunque su tensión era visible—. También te doy las gracias por haber hecho que hablara con el señor Aoshi sobre esto, pues después de meditar mucho y contrarrestar todos los pros y contras de los cinco creía haber llegado a una conclusión, pero me ha hecho darme cuenta de mi error.

—¿Error? —susurró desconcertado el anciano.

Aoshi sintió cómo todas esas miradas que habían estado centradas en Misao pasaron a él en cuestión de segundos. Cuando echó un vistazo por la habitación, pudo ver, además, que no lo hacían con buenas caras. Él único que le analizaba con cierta expectación era Okina, el cual pronto volvió su atención a su nieta.

Aoshi se quedó imperturbable ante el escrutinio pues por fin entendió a qué estaba jugando Misao. Estaba haciéndoles sufrir por su respuesta sabiendo la importancia que tenía aquello para todos. Si quería divertirse después de tantos días de inquietud, él no iba a arruinarle el momento. De modo que se dedicó a pasar su sombría mirada de uno a otro.

—Sí, creo que tiene razón, y por eso he decidido elegir por esposo al hombre que me ha propuesto.

Para desgracia de Misao, se filtró cierta emoción en su tono de voz que no pasó desapercibido para las chicas.

—Misao, ¿por qué te…? —interrogó Okon, pero no terminó la frase. Miró a Misao con suspicacia y luego posó su vista en Aoshi. Retornó a Misao y abrió los ojos como platos—. ¡Ay, Dios! ¿No me digas que…? —Otra vez sus ojos pusieron su atención en Aoshi sólo que esta vez no fue la única—. ¡Ay, Dios! —repitió entusiasmada.

Misao asintió confirmando sus sospechas.

—Sí, Aoshi me ha propuesto casarme con él y he aceptado.

Las dos mujeres chillaron a la vez poniéndose de pie y lanzándose contra Misao para abrazarla. Se le echaron encima y acabaron con ella en el suelo, mientras seguían con sus gritos de júbilo y le decían un montón de cosas que no llegó a entender. En el proceso, pero más comedidos, los hombres también les felicitaron y Okina se acercó a él con el alivio pintado en su rostro.

—Has hecho bien, hijo —le felicitó el anciano—. Confiaba en que al final se lo propusieras, aunque he de reconocer que ayer empecé a tener mis dudas —recriminó por su tardanza en decidir tomar partido—. Sus padres estarían muy contentos; te la confiaron para que cuidases de ella y no sólo vas a hacer eso… mírala: está radiante de felicidad.

Aoshi miró a Misao que seguía abrazada con sus amigas. Okina tenía razón en eso. Había vuelto la vitalidad y alegría que siempre desbordaba por todos sus poros. Aún le costaba asimilar aquello. Le costaba entender cómo alguien como Misao podía realmente amar a alguien con un carácter tan frío y distante como era el de él.

Sin embargo, tenía claro que eso debía cambiar con ella, porque era la única persona a la que de verdad quería demostrarle lo importante que era en su vida.

—¡Esto hay que celebrarlo! —gritó Okina uniéndose al grupo feliz.

Era muy temprano y por eso Aoshi supuso que habían preparado el desayuno para servirlo mientras se daba aquella reunión, aunque estaba convencido de que no se esperaban que se desarrollara así.

Pronto, todos estaban involucrados en todos los platos ya preparados para un desayuno colectivo, pero Misao se separó un momento y se acercó a él sentándose a su lado.

—Ayer estuviste todo el día fuera —dijo sin venir a cuento. Aoshi esperó a que siguiera con lo que fuese que la tenía preocupada—. Y ahora creo entender por qué. Si hubiera concretado el compromiso con Ryu, ¿habrías seguido aquí?

Aoshi pasó su vista por los platos que ya estaban ante ellos en la mesa colectiva y respondió con sinceridad.

—No. Había pensado marcharme tras esta reunión.

Misao se mostró titubeante pero al final cogió su mano y sonrió cuando la tuvo entrelazada a la suya.

—¿Te molesta que te toque? —preguntó insegura.

—Tú siempre podrás tocarme —respondió con firmeza.

—¿Eso incluye abrazarte? —dijo esperanzada.

—Por supuesto.

Misao sonrió y se recostó contra él. Aoshi apartó el brazo y la rodeó con él para pegarla a su cuerpo. Ella suspiró feliz y su pecho dio un vuelco en reacción.

—He esperado tanto por este día que ya ni pensaba que llegaría. El hombre del que estoy enamorada me quiere. ¿Puede haber algo mejor?

—Supongo que poder vivir una vida con él —comentó pensativo.

Misao rio y afianzó el agarre a su cuerpo.

—Sí, tienes razón. —Misao levantó el rostro y le miró con seriedad—. Creo que me harán falta varios días para hacerme a la idea de que no es un sueño. He deseado tanto esto… Siempre has sido el único hombre de mi vida —confesó emocionada—. Quiero que seas tan feliz como yo en este momento.

—Créeme que lo soy —replicó al instante para que no tuviera dudas—. Eres lo que más quiero, Misao. Nunca dudes de ello.

Misao asintió y volvió a recostar su cabeza contra él. A su alrededor, el resto de integrantes del Aoiya terminaron de traer todo y se sentaron con ellos. Y aunque uno a uno todos les echaron miradas divertidas de vez en cuando mientras comían, a los dos les costó todavía un rato abandonar su confortable lugar en los brazos del otro.

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Notas finales:

Y aquí le pongo el punto y final. En realidad, este capítulo seguía hasta que terminaban los dos yéndose a dormir y con el último pensamiento de cómo sus vidas habían cambiado con «un giro inesperado». Pero a partir de ahí empezaría la segunda parte de este fic que es «la vida conjunta» de ellos y que ya dije que no iba a corregir. Lo más «transcendental» del fic son estos tres primeros capítulos así que está reformado para darle un final conclusivo aquí.

Espero que os haya gustado la historia y cómo ha quedado. Las que leísteis el original ya os habréis dado cuenta de que es como leer un fic nuevo porque sigue la línea argumental pero poco más ^_^º

Pero en fin, aquí queda mi aportación de esta pareja (y que si volviese a tocar tendrían que pasar otros diez años porque en serio, no les veo juntos. No me pegan ni con pegamento industrial »_«).

Como siempre, leo vuestros reviews, y si tenéis cuenta aquí os contestaré por MP.

¡Hasta otra!