Nota: A partir de éste capítulo se narrará sobre hechos ocurridos en los años 3433 y 3434 de la Segunda Edad del Sol.

Capítulo 2.- Una Elfa en Mordor

Corría el mes de Mayo del año 3433 de la Segunda Edad del Sol. En Imladris todos se encontraban en estado de alerta, pues la amenaza de Sauron estaba patente, día a día había batallas, y sabían que en cualquier momento éstas se podrían convertir en una verdadera guerra que arrasara con toda la Tierra Media.

En ese entonces los Tres Anillos élficos permanecían escondidos, y sólo los Guardianes conocían la identidad de los portadores, ya que su función era custodiarlos, además de dirigir los ejércitos contra Sauron. El Anillo del Fuego, Narya, portado por Círdan, el carpintero de barcos; su Guardián era Feanaro. El Anillo del Agua, Nenya, portado por la Dama Galadriel; su Guardián era Aerandir. El Anillo del Aire, Vilya, portado por Lord Elrond, su Guardiana era Wilwarin. Pero además existía una cuarta Guardiana: Lalie, ella no era custodia de los anillos, pero al igual que sus compañeros dirigía una de las compañías del ejército de la Última Alianza; y lo que muy pocos sabían, era que Lalie era en realidad Selene, hija de Lord Elrond y Lady Celebriant, y hermana menor de Lady Arwen, la Doncella de Imladris.

Sauron sabía que alguno de los Anillos Élficos era portado por alguno de los altos elfos. Siendo Elrond uno de los principales Sauron pensó que una de las mejores formas de obtener alguno era coaccionándolos a entregarlo. Tal vez a cambio de alguno de sus hijos. Arwen no era opción, ya que al ser la princesa estaba demasiado protegida; Los hijos eran guerreros, podrían intentar escapar; Pero Selene era vulnerable, siempre escapándose de los guardias.

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Fue así como Selene fue emboscada mientras se dedicaba a recoger las flores que usaba para hacerle guirnaldas a su hermana mayor, y fue llevada a Mordor, las tierras de Sauron. Fue tratada con bastante respeto, puesto que era un rehén, y fue encerrada en un calabozo normal con dos guardias.

"Demasiado sencillo" pensó Selene.

Con un hechizo abrió la puerta y derrotó a sus guardias a pesar de que éstos estaban armados y ella no.

Podía caminar silenciosamente, el problema era que su vestido élfico color blanco llamaba demasiado la atención.

Fue así como Gothmog la vio y después de seguirla silenciosamente por un par de minutos le colocó un cuchillo en el cuello mientras la agarraba por la cintura desde la espalda.

-Yo que tú no me movería. –le dijo él en tono amenazante.

-Pero no eres yo. –dijo Selene a la vez que le propinaba un codazo en el estómago.

Gothmog, que no estaba preparado para semejante ataque, la soltó dándole oportunidad de que ella con una patada le quitara el cuchillo.

Esto hizo que Gothmog sonriera de placer. Le gustaban los retos. Se quitó el cinturón con su espada para estar al mismo nivel de Selene.

Ella sonrió esta vez.

Si hubiesen sabido contra quien peleaban, ninguno hubiera sonreído, pero ambos usaban cascos en las batallas y sólo por los emblemas se reconocerían.

Selene no solía atacar primero, pero al ver que su contrincante dudaba, inició la pelea.

Ambos tenían buenos estilos. Los golpes de Selene eran menos fuertes y efectivos, pero su agilidad era superior a la de Gothmog.

Sin embargo, él logro dominarla, puesto que tenía más técnica y con una llave volvieron a la misma posición anterior pero sin el cuchillo y Selene con un brazo en la espalda.

-Eres buena, pero no lo suficiente. –dijo él con superioridad. –Camina

"Derrotada por un soldado," se dijo Selene. "No puedo creerlo."

Gothmog la fue empujando, sin soltarla, hasta llegar a la sala principal de la Fortaleza Oscura.

-Mira lo que encontré corriendo por el pasillo. –dijo Gothmog en Balrog empujando a Selene

Fue por esto que ella cayó de rodillas ante Sauron.

-Vaya, es más dura de lo que parece. –dijo Sauron disimulando su asombro al ver que la princesa había logrado escapar de su prisión.

-Gracias. -replicó ella en lengua común, puesto que a pesar de que podía entender Balrog no se atrevía a pronunciarlo.

Esto sólo asombro más a Sauron.

-Creo que te he subestimado. –admitió él pensativamente.

-Ni que lo digas, Padre. Me dio bastantes problemas. –dijo Gothmog.

Así que ese era Gothmog, el hijo de Sauron.

"Con razón" pensó Selene poniendo los ojos en blanco. "Nunca lo hubiera imaginado. Es muy lindo para ser un balrog. Es más, parece más elfo que yo."

-Tal vez deberíamos encerrarla en el laberinto, en tu habitación. Así no habrá riesgo de que se escape otra vez. –dijo Sauron.

Gothmog no pareció estar muy de acuerdo con la decisión. Arrugó el ceño, pero no dijo nada.

-¿Porqué me habéis hecho prisionera? -preguntó Selene

-Sé que alguien de tu familia tiene uno de Anillos Élficos simplemente pretendo canjearte. –dijo Sauron con burla.

Selene rió, pero el efecto que causó en Sauron no fue nada reconfortante, más bien hiriente

-Mi familia sabe que prefiero morir a que ellos entreguen el anillo. –dijo ella alzando la cabeza con orgullo.

-Tal vez, pero ¿está dispuesta tu familia a perderte? –repuso Sauron.

Selene no supo responder

-Eso pensé. –dijo Saurón. Volteó a ver a Gothmog. –Llévatela y vigílala.

Selene fue guiada con todo lujo de violencia por varios pasillos y escaleras. En un principio intentó llevar la cuenta de los lugares por donde pasaba.

"Así en cuanto tenga oportunidad podré escapar." Se había dicho ella.

Pero pronto se dio cuenta que era más fácil decir las cosas que hacerlas, porque no tardó en perder la cuenta de las bifurcaciones y marearse con tantas escaleras que había que subir y bajar; y después vino el laberinto, largo y confuso.

"Puedo sentir un gran poder maligno." Pensó Selene mientras caminaba por el laberinto, conducida por Gothmog y dos guardias orcos. "Éste laberinto fue hecho con una magia negra muy fuerte."

Finalmente, y después de mucho caminar llegaron a una puerta. Gothmog hizo a Selene pasar, despidió a los guardias y entró él cerrando la puerta.

Lo primero que asombró a Selene fue la habitación de su captor. Era muy fría y oscura, sí, pero estaba increíblemente ordenado. Incluso tenía buen gusto.

-¿Duermes aquí? –preguntó ella al ver la cama.

-No, -replicó Gothmog con sequedad. –Aquí trabajo. Sólo duermo en las tardes.

Selene se tiró en la cama con confianza y brincó un poco en ella.

-No esta mal. –comentó. –Aunque creo que pasaré algo de frío.

Gothmog se dirigió en silencio hacia el armario, abrió la última gaveta, saco una cobija negra y se la ofreció a Selene.

Ella se asombró del gesto, pero tomó la cobija y sonrió ante la amabilidad del Balrog.

-Gracias. –dijo ella con dulzura.

Él la miro perplejo.

-¿Por qué sonríes?, -le preguntó seriamente. –Eres prisionera de guerra.

-Sonrío para agradecer tu amabilidad. –dijo ella con tranquilidad. –Además no lo puedo evitar. –su sonrisa se amplió. –Me gusta sonreír.

Él la miro poco convencido.

–No revises mis cosas o lo lamentarás. –dijo con voz profunda y mirada dura.

Mirada que Selene sostuvo con decisión.

Finalmente él la dejó sola.

No valía la pena vigilarla, no había forma de hallar una salida en el laberinto y no podía cortarlo aunque supiera magia, puesto que había sido creado con el poder del anillo único.

"Extraño, realmente Extraño" pensó Selene mientras observaba la puerta por donde acababa de salir el balrog.

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Días después, una junta se celebró en Imladris.

-No, mi señor, Lord Elrond. –Decía uno de los heraldos. –No encontramos ninguna otra señal de la princesa Selene.

-¡¿Es que cómo pudo pasar?! –gritó un elfo de cabellera negra y ojos grises.

-Cálmate Elrohir, hermano. –Dijo Arwen entrando. –Yo también me siento mal de que hayan secuestrado a Selene, sobre todo porque sé que las flores que recolectaba eran para mí. –Se notaba una gran tristeza en su voz.

-No vas a lograr nada con tu furia hermano. –Dijo Elladan, su gemelo. –Es bien sabido que Selene se escapa de sus guardias y se marcha sola. Y a decir verdad, ella de lo que menos necesita son de guardias. ¿No es ella acaso la gran Guerrera Lalie, la cuarta Guardiana?

-Sí, -dijo otro elfo, de cabellera de un rubio oscuro, casi castaño, y ojos miel. –Pero ella nunca ha enfrentado al Sr. de las Sombras sola.

-Y no lo hará Aerandir. –Dijo Elrohir, volteó a ver a Elrond. –Padre, debemos enviar a un ejército a rescatarla cuanto antes, yo mismo iré al frente.

-No se precipite joven príncipe. –Dijo un heraldo.

-Calma hijo mío. –Intervino Celebriant. –Esta situación es lamentable para todos. Pero debemos pensar las cosas.

-La princesa Selene está viva. –Una mujer de cabello rubio muy claro y ojos de un azul-grisáceo se atrevió a hablar.

-¿Qué dices? –preguntó Arwen volteando a verla. –Habla Wilwarin, dinos lo que sabes.

-La princesa Selene está viva. –Repitió Wilwarin. –He podido sentir su presencia en los terrenos de Mordor.

-Mayor razón para ir en su búsqueda antes que esos bastardos le hagan daño. –Dijo Elrohir con furia contenida.

-Eso no va a ser tan fácil. –Intervino Galadriel, estaba ahí de visita.

-¿Qué dices? –preguntó Celebriant. –Explícate madre, te lo ruego.

-Sauron, él secuestro a Selene por una sencilla razón. –Dijo Galadriel con calma.

-Quiere los Anillos Élficos. –Completó Elrond.

Todos los presentes voltearon a verse, en silencio.

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Mientras tanto, en Mordor, Selene se iba acostumbrando poco a poco a la rutina. Por la mañana ella comía lo que unos sirvientes le enviaban, y después se dormía, a medio día volvían a llevarle alimentos, y justo cuando retiraban los trastes Gothmog llegaba a acostarse; mientras tanto ella se bañaba, de ésta manera él no la veía a ella, y ella no lo tomaba desprevenido (lo cual de todos modos era algo imposible en alguien tan experimentado en la guerra como él). Por la noche Gothmog despertaba y se ponía a trabajar en los planos para el próximo ataque, y Selene lo miraba trabajar en silencio, de vez en cuando entreteniéndose con las estrellas. Al amanecer él se marchaba, y después de desayunar ella podía dormir tranquilamente, y así todo se volvía a repetir.

No era a lo que ella estaba acostumbrada, pero no había otra opción, pues aunque no se había arriesgado a intentarlo estaba segura que si entraba en el laberinto nunca saldría.

Un día en especial Selene acababa de terminar de comer, sabía que en cualquier momento llegaría Gothmog y esa sería su señal para meterse al baño.

Pero lo que ella no imaginaba, era como iba a llegar él.

-Grrrrrr. –refunfuño Gothmog entrando con furia a la habitación. –Me fastidia que haga eso.

Se sentó en su escritorio y se calmó observando un plano de las zonas de batalla.

-¿Te encuentras bien? -preguntó Selene con precaución.

-No. –gruñó él sin mirarla

-¿No quieres hablar de ello? –preguntó ella a la vez que se inclinaba para verlo más de cerca. –A veces te sientes mejor si simplemente lo dices.

-¿Qué diablos te importa? Soy tu enemigo. –dijo Gothmog exasperado

-No me gusta ver a la gente enojada. –dijo Selene sonriendo

Esa sonrisa. Como le molestaba esa sonrisa.

-Nada. –dijo Gothmog con terquedad. –Niñerías mías.

-¿Te peleaste con tu padre? –preguntó Selene, inclinándose hacia atrás nuevamente.

Finalmente Gothmog giró para verla directamente.

-¿Cómo lo sabes? –preguntó él intrigado

-Siempre reacciono así después de una pelea con mi padre. –explicó ella.

Ella esperó a que él agregara algo.

Él no dijo nada, sino que simplemente se recargó en la silla de su escritorio, realmente se le veía muy molesto.

-¿Y bien? ¿Qué pasó? –preguntó al ver que él no se decidía a hablar.

-Nada. Evité que los soldados mataran a un grupo de niños. Él dice que no debo mostrar misericordia, pero son sólo unos niños –él hizo una pausa a la vez que con su brazo hacía un ademán violento en el aire, antes de refunfuñar y recargarse en la silla nuevamente. -¿Por qué le importa tanto?

Selene lo miró con renovado respeto.

-Gracias. –le dijo ella con un ligero movimiento de cabeza.

-¿Por qué? –preguntó él confundido.

-Gracias de parte de esos niños. –explicó ella.

-¿Por qué? –volvió a preguntar él. -¿Qué te importan esos niños? Ni siquiera eran de tu raza.

-¿Te gustaría que alguien te hubiera matado sin razón aparente? –preguntó ella.

-No, pero… -comenzó él.

-A mí tampoco, -lo interrumpió ella. –Entonces no quiero que nadie pase por eso, no importa de que raza sea.

-Mientes, -dijo él con calma, mirándola directamente. –Te encantaría que alguien entrara por esa puerta y me matara

-Matar, no. Dejarte inconsciente, tal vez. –dijo ella riendo

-Es una guerra. La gente muere. –dijo él recuperando su seriedad.

-Sí, pero nosotros no iniciamos esta guerra. Nos defendemos. Nosotros no vamos a sus ciudades y matamos a sus niños. Nos defendemos. –dijo Selene con paciencia.

Entonces vio una sombra de duda en los ojos de Gothmog que duró sólo unos instantes.

-No sabes lo que dices mujer. –dijo Gothmog volviendo a concentrarse en los planos

-De todas maneras, gracias. –insistió Selene.

Y con una sonrisa ella abandonó la recámara y se metió al baño.

Lo que ninguno de los dos imaginaba en ese momento, era que esa plática era apenas la primera de muchas por venir, y lo que éstas iban a traer en un futuro.

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Los días pasaron, y Selene seguía cautiva en la habitación de Gothmog. Ya no habían vuelto a platicar como ese día, pero de todos modos ella no le había dado mucha importancia.

Para contrariedad de Gothmog, ella se comportaba con toda tranquilidad, no se le veía triste, ni desesperada.

Cualquiera que la viera pensaría que estaba de invitada en Barad-dur y no como prisionera.

Y es que ella en ningún momento perdía su carácter alegre y despreocupado, que amenazaba con llevar a Gothmog al límite en cualquier momento.

Un día en especial, ella había salido de bañarse y se había sentado en su cama a verlo trabajar como siempre, y mientras lo hacía se comía un bocadillo que unos sirvientes habían llevado para él pero de todos modos él nunca se comía.

-Baja los codos de la mesa. –dijo por enésima vez Gothmog sin levantar la vista de lo que escribía en el escritorio. -¿No sabes las normas de etiqueta?

-En teoría sí, pero tengo dificultades con la práctica. –dijo ella después de comer el bocado que tenía en la boca. –Al menos no hablo con la boca llena. ¿Qué haces de todas maneras?

Se levantó un poco de su posición en la cama para ver lo que él escribía

-Hey, no leas. –dijo él molesto.

Pero ya era tarde, Selene le había quitado el ¿Dibujo? Y era un dibujo muy bueno en realidad. Era un dibujo de Gondor, la ciudad de los hombres.

-Está precioso ¿Tienes más? –preguntó Selene admirándolo.

-Sí, pero no te los voy a enseñar. Y dame eso. –dijo Gothmog tratando de arrebatarle el dibujo

-Entonces no te importa que me quede con éste. –dijo ella con una sonrisa traviesa y poniendo el dibujo detrás de su espalda.

-Selene dame ese dibujo. –dijo Gothmog con seriedad, adoptando la expresión que solía asustar a sus vasallos.

Pero Selene sólo sonrió

-¿Es que no te intimido en lo absoluto? –preguntó él, molesto. –Mis soldados ya se hubieran arrodillado pidiendo clemencia.

-Sí, pero no te ven como yo. –explicó ella sonriéndole. –Ellos cuando te ven, ven a un superior enojado.

-Y ¿tú que ves? –inquirió él.

-Veo demasiada bondad en tus ojos como para temerte. –respondió ella con calma.

Había cometido un error.

Gothmog golpeó con la mano derecha la traquea de Selene, que se arrodilló perdiendo el aire y la voz momentáneamente.

-No te atrevas a volver a decir eso. –dijo él con furia. –Yo soy el hijo de Sauron. Señor de la oscuridad. Fuego y Sombras. Recuérdalo

-Lo siento. –dijo Selene con la voz aún ronca. –No fue mi intención insultarte, al contrario.

-¿Por qué diablos te disculpas? Eres uno de los altos elfos ¿Es que acaso no tienes orgullo? –dijo Gothmog exasperado.

-¿Orgullo? –La mirada de Selene perdió su amabilidad para dar paso a furia contenida. -¿Orgullo? ¿Cómo el de un rey que pone en peligro a su pueblo por orgullo? ¿Cómo el del que pierde a un amigo porque su orgullo le impidió disculparse? No importa de qué raza sea, una persona orgullosa es como un árbol que se enfrenta a la tormenta y termina derrumbándose y luego pudriéndose sin que nadie lo recuerde. Yo prefiero ser como la hierba que se inclina a favor del viento y se reproduce cubriéndolo todo sin ser jamás olvidado por el jardinero que se afanara en tratar de arrancarla. Pero también tengo algo de orgullo. Estoy orgullosa de lo que soy y eso es más de lo que Tú, Señor de la Oscuridad, puedes decir.

Gothmog pudo observar como Selene le dirigía una mirada de reproche y luego salía de la habitación encerrándose en el baño.

¿Por que se sentía tan mal? Sólo había estado allí dos semanas y ya le había trastornado la vida ¿Cómo alguien podía hacerlo dudar tanto?

Tomó el dibujo que Selene había dejado caer del enojo y tomó el lápiz. Después de dudar por unos instantes escribió "lo siento", dejó el dibujo en la mesa y salió de la habitación.

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Al día siguiente, casi al mediodía, Gothmog se debatía consigo mismo en la puerta de su habitación. ¿Debía entrar o no?

¿Por qué sentía esa necesidad de verla? ¿Por qué no simplemente se iba? ¿Por qué?

Finalmente se decidió y giró el pomo de la puerta.

Gothmog entró como siempre

-Buenos días. –lo saludó Selene con alegría.

Ya debía haber olvidado el incidente de ayer

-Pensaba que estabas enojada. –dijo Gothmog tratando de que no sonara como que le importaba.

-Pensé que tú también. –fue la respuesta de ella.

Sí, al fin y al cabo él debía estar enojado con ella

-¿Por qué no estoy enojado? –se dijo pensando en voz alta

-Porque…Los amigos deben perdonar. –dijo Selene tratando de adivinar

-¿Amigos? –preguntó él como si fuera una broma. –No creo en tal cosa. Las cursilerías como el amor y la amistad te hacen vulnerable y débil.

-Totalmente equivocado. –dijo ella negando con la cabeza.

-A ver. –dijo Gothmog tomando asiento. –Ilústrame. ¿Por qué estoy equivocado? ¿Qué fortaleza te puede dar estar siempre preocupado por alguien, cuidándolo, matándote por él?

-Bien, -dijo Selene acomodándose en la cama, empezó a explicar. –Para empezar, ser amado por alguien te da fuerzas. Fuerzas para continuar en la dura vida, fuerzas para seguir luchando. Por otro lado amar profundamente a alguien te da valor ¿Por qué crees que nuestra gente sigue peleando aunque lleva las de perder? Porque aman a su tierra, a su gente. En cambio, tu gente cuando la cosa se ve dura salen corriendo como cobardes. No tienen una razón para pelear.

Gothmog miró a Selene con duda.

-Pero he oído hablar cosas horribles del tal Amor. –dijo él con una mirada inquisitiva.

-El amor, al igual que todo en esta vida no es perfecto. –dijo Selene con una sonrisa cálida. –Se sufre mucho pero la recompensa lo vale. Es hermoso y horrible a la vez.