Título: Aplaudo tu determinación... ¡SLYTHERIN! [Capítulo 2 - Quidditch clandestino.]

Pareja: Harry/Draco


[Capítulo 2 - Quidditch clandestino.]

Llevaban aproximadamente dos meses en Hogwarts cuando Harry consiguió verse a sí mismo rodeado de lo que nunca habría imaginado tener. Amigos.

Aunque realmente, lo que más le había sorprendido durante los primeros días era el calamar gigante que había en el lago negro. Desde las cristaleras de Slytherin podía verse con claridad aquel bicho gigantesco pasar de vez en cuando, y como si se tratase de una tradición de la que nadie hablaba, todo el mundo dejaba de hacer lo que tenían entre manos para observarlo.

Quizá los Slyhterin no eran tan malos después de todo lo que Ron le había hecho creer. Aunque quizá Harry fuese malo y todavía no lo supiese. "¿Habría alguna voz que le avisase cuando se hubiese vuelto malvado completamente?"

Harry salió de su ensoñación cuando la voz de Malfoy interrumpió sus pensamientos.

— Potter, parece que vas bien vestido hoy.

El moreno no se esperaba un piropo por parte del rubio dando por hecho que se pasaban gran parte del tiempo discutiendo, no de forma hiriente, pero discutiendo de todas formas.

— Mhm...— Harry titubeó.— Gracias, tú también...

El ojiverde se volvió a ver interrumpido por la voz del rubio platino, que con un tono jocoso le dijo:

— ¿Ya has vuelto a robarme la ropa?— Draco, al ver que Harry no parecía reírse con su chiste, se acercó a él y le dio un leve codazo.— Es una broma, Potter.

Harry no dijo nada y aprovechó el momento de cercanía del que parecía estar convirtiéndose en su mejor amigo para revolverle el pelo y murmurar:

— Ahora somos gemelos; yo bien vestido y tú por fin con un pelo normal para tener once años.— Draco gruñó ante el comentario de Harry y se fue rodando los ojos. No se lo había esperado. Estúpido Harry con respuestas para todo.

Los dos chicos tenían una relación bastante peculiar, para ser amigos se estaban peleando casi todo el tiempo, y para odiarse, se llevaban demasiado bien. El resto de los Slytherin ya ni siquiera le daba importancia al drama que siempre tenían montado los otros dos; según un Hufflepuff, se parecían a sus abuelos, casados desde hacía 52 años.

Todo lo que se decían parecía ser un insulto bastante claro para el otro, no había quién los entendiese.

Cuando Harry insinuaba que Draco era un niño mimado el rubio prometía que su padre se enteraría, lo que no hacía más que confirmar la teoría de Harry de que Draco era un niño mimado; sin embargo, ni Draco le decía eso realmente a su padre ni Harry insinuaba que fuera un niño mimado para hacerle daño.

Y es que para pelearse la cantidad de veces que ellos lo hacían, casi nunca estaban el uno sin el otro.


— ¿Qué te parece aquí? Nadie puede encontrarnos. Es perfecto.

— ¿Detrás del reloj de la torre de Astronomía? ¿En serio, Draco? — A Harry le parecía una idea horrible, sobre todo después de haber escuchado durante el inicio de curso en Hogwarts que el castillo era un lugar seguro donde la mayoría de las cosas, sitios y criaturas podían matarte. Sí, muy seguro.

—Mi padre venía aquí con sus amigos cuando estaba en Hogwarts, no va a pasar nada. Además, fue él quien me recomendó que trajese aquí a Crabbe y Goyle.

— ¿Y por qué estoy aquí yo en vez de Crabbe y Goyle?

— Porque si esos dos zoquetes no saben casi ni leer, menos van a saber como guardar un secreto.— Draco estaba exasperado, de una forma u otra quería demostrarle a Harry que era de fiar y que no era tan mala persona como el moreno podía haberse imaginado el día que dejó al Weasley por el suelo; pero se lo merecía, se había reído de él; nadie se ríe de un Malfoy, y menos si es una sucia comadreja.— Pero puedo confiar en que este va a ser nuestro secreto, ¿verdad?

Harry asintió, no podía creerse nada de lo que estaba pasándole. Tenía amigos, era un mago, rico, famoso y tenía un lugar secreto al que ir con su nuevo mejor amigo, o mejor dicho, con su primer mejor amigo.


—No puedo creerme que Harry dudase ser mi amigo, es decir, mírame Pansy. No habría encontrado a un amigo mejor que a mi; pero claro, como es el elegido... Maldito Potter, con su escoba y su cicatriz y como ahora también es jugador de Quidditch... Estúpido.

Pansy llevaba escuchando a Draco la última media hora y no podía creerse que este siguiera hablando de Potter, por Merlín, no se callaba. Un rato después Pansy empezó a hacer oídos sordos y simplemente asentía y decía que sí a cualquier cosa que Draco propusiera; cuando notó que Draco había parado de hablar dejó de limarse las uñas y escudriñó su cara.

—¿Me estás haciendo caso?—le había preguntado el rubio con un tono recriminatorio en la voz.

—Por supuesto—mintió ella con la mejor cara de póker que sabía poner y continuó arreglando sus uñas.

—¿Y entonces?

—Lo solucionarás, Draco, siempre lo haces. —Los chicos se conocían desde que eran pequeños, sus familias eran muy amigas además del hecho de que ambas eran muy poderosas y Pansy había aprendido que cuando no quería que Draco se pusiera más pesado de lo que ya era usualmente sólo tenía que darle la razón. A Draco le encantaba tener la razón.—Y ahora vamos, llegaremos tarde.—dijo la chica mientras se quitaba las mantas de encima porque, mierda, en invierno las mazmorras eran frías; podrías haberlo deducido por el mero hecho de que si en invierno entrabas a la sala común de Slytherin, lo único que podrías observar eran cuerpecillos debajo de toneladas de mantas o un fuego más avivado de lo normal en la chimenea.

Llegaban tarde al partido clandestino de Quidditch que hacían los fines de semana a media noche y cuando no hacía buen tiempo simplemente se reunían en una de las salas comunes para jugar a cualquier cosa; Dumbledore decía que nunca había visto a las casas tan unidas como aquel año y que no se explicaba por qué. Todos los estudiantes rezaban para no encontrarse a ningún profesor por los pasillos y los gemelos Weasley les ayudaban a conseguirlo, ¿que cómo lo hacían? Nadie se lo explicaba, pero siempre salía bien. Además, las pinturas y los fantasmas los avisaban cuando se acercaba un profesor; y no olvidemos a Peeves, ¿los alumnos escabulléndose por la noche? Él tenía que formar parte de eso; cuando se acercaba un profesor él hacía lo posible por mortificarlo y que se fuera por donde había venido.

Como era de esperar Harry y Draco eran los buscadores de los equipos que se formaban con miembros de todas las casas y a Hermione la habían designado árbitra; nadie mejor que ella para seguir las normas al pie de la letra ¿no? La única norma que se permitía no cumplir era la de las vestimentas; todos iban en pijama, y aunque algunos (Malfoy) se quejaban de que aquello no era forma de jugar correctamente se divertía como nunca antes.

—¿De verdad vas a jugar al Quidditch con ese pijama de seda? Vas a resbalarte...

—¿Y cómo quieres que juegue, Potter? ¿Desnudo?—contestó Draco molesto, no tenía pijamas que no fueran de seda; los pijamas se usaban para dormir, no para jugar al Quidditch, y menos a media noche.

—Te dejaré uno de los míos, espera.—Harry le llevó uno de sus pijamas azules, Draco se veía realmente ridículo, (pues por aquel entonces Harry era más alto que él, lo que involucraba que su ropa le quedara como una cortina) pero le daba igual, iba a ganar este partido y le enseñaría a Harry quién era el mejor buscador de Hogwarts aunque él llevase un pijama que le quedaba un par de tallas más grande.

Hagrid siempre va a ver los partidos y anima a todos por igual; los elfos domésticos saben que las casas se reúnen los viernes por la noche y sin decir nada a nadie, les preparan comida para después de los partidos.

Se había convertido en una especie de tradición entre las casas jugar al Quidditch los viernes por la noche; y si el tiempo no estaba bien simplemente se reunían en una de las salas comunes. Muchas veces también lo hacían después de los partidos y como todos estaban tan cansados como para irse a su propia casa simplemente se quedaban a dormir en donde hubiese sido el encuentro, así que podía observarse cómo debajo de todas las camas de todas las casas o en los baúles de los alumnos habían mantas extra para sus amigos.

Hogwarts estaba más unido que nunca, los alumnos se ayudaban siempre que podían y como una piña intentaban esconder de los profesores lo que estos ya sabían, pero que actuaban como si no lo hicieran.

Después de los Merodeadores el profesorado de Hogwarts se esperaba cualquier cosa, y partidos y fiestas para unir a las casas era probablemente lo más inofensivo que habían visto hacer a los alumnos a altas horas de la noche mientras se escondían de los profesores.


¡Hola otra vez!

Si te ha gustado deja un comentario.

Un fav nunca viene mal.

Si tienes alguna duda, MD.

[Creo que voy entendiendo este sitio poco a poco.]