Capítulo 3

Si alguien decidía acusar a Bilbo de estar haciendo su mejor esfuerzo por evitar al rey de Erebor, probablemente tuviera razón. Pero, en su defensa, él tenía razones para ello, como el hecho de que Thorin era demasiado atractivo y Bilbo no quería terminar completamente enamorado de él. Por supuesto, era ridículo, no podía enamorarse en unos cuantos días… sólo tenía que resistir hasta que llegara el momento de marcharse y regresar a su aburrida vida de siempre, para ya no regresar a Erebor otra vez.

Sí, era un buen plan.

Por lo menos eso era lo que estaba pensando mientras estaba sentado en su habitación, sin embargo, Dis entró rápidamente anunciándole que lo iban a llevar al mejor restaurante de la ciudad. Y, mientras se cambiaba de ropa, Bilbo comenzó a preguntarse si ese apuesto rey los acompañaría también. No era que aquello le interesara, sino que deseaba no verlo el resto del día, porque no creía que su plan podría realizarse como quería si volvía a poner sus ojos sobre él.

Suspiró, resignado, pensando que tal vez ya se encontraba en serios problemas.

Cuando volvió a bajar las escaleras, encontró a Fili y a Kili en la sala, por alguna razón sonrieron de manera extraña en el momento en que lo vieron. Bilbo le preguntó que si ellos también los acompañarían a comer.

-¡Por supuesto! –respondió Kili, entusiasmado-. No nos vamos a perder ninguna de los platillos que prepara Bombur por nada en el mundo.

Y cuando Bilbo le dirigió una mirada confundida, Kili le explicó que Bombur y Bofur eran los dueños del restaurante y que eran buenos amigos de la familia Durin durante muchos años.

-Thorin no nos va a acompañar –dijo entonces Fili, cuando su hermano terminó de hablar. A Bilbo no le gustó nada la mirada que le dirigía el príncipe cuando dijo eso-. No ha salido en todo el día de su oficina, creo que está malhumor.

-Así que estábamos pensando –continuó Kili, colocando un brazo alrededor de los hombros de Bilbo-, que tal vez tú podrías ir a convencerlo…

-No creo que su tío tenga tiempo para mí, probablemente soy la persona que menos quiere ver en estos momentos. No entiendo que les hace pensar que si no les hizo caso a ustedes… -pero Bilbo se interrumpió cuando se dio cuenta de las miradas de los dos hermanos. Frunció el ceño, sinceramente ya se estaba cansando de todo eso. ¿Qué era lo que estaba pasando?

-Te sorprenderías –dijo Kili, guiñándole un ojo.

-Confiamos en tu poder de convencimiento.

-De ninguna manera voy a… -pero tuvo que volver a interrumpirse cuando se escuchó que alguien tocaba la puerta principal. Bilbo se preguntó cómo era que esa persona habría cruzado la reja, pero tal vez se trataría de alguien que ya conocía la casa.

Otra cosa que pudo observar, mientras los príncipes corrían hacia la puerta principal, es que la familia real no tenía sirviente o mayordomo que hiciera esas tareas sencillas por ellos. Y, sin saber exactamente por qué, aquello le agradó bastante.

-¡Tío! –exclamaron los jóvenes al unísono y por un momento Bilbo sintió que se quedaba petrificado. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que se referían a la persona que se encontraba en el umbral de la entrada. Y cuando ese hombre entró completamente y Bilbo lo pudo ver mejor, se dio cuenta de que se parecía mucho a Thorin… sólo que el cabello de él era rubio.

Bilbo tuvo que reprimir un resoplido de frustración, ¿por qué todos en esa familia tenían que ser tan atractivos? Porque ese hombre, sin duda, tendría que ser Frerin, de quien Dis hablaba tanto.

-Así que me ausento unos días y finalmente pasa algo interesante en esta casa –comenzó a decir, sonriendo-. Vine inmediatamente porque su madre me dijo lo que pasó… aunque, debo admitir, al principio no podía creer cuando me dijo que Thorin…

Sin embargo, Kili lo interrumpió bruscamente diciéndole algo en Khuzdul, y Frerin parpadeó y giró su cabeza hasta que sus ojos se fijaron en la figura de Bilbo, de pie, cerca de ellos.

-Oh –fue todo lo que salió de su boca. Después se acercó a él y sonrió ampliamente-. Así que tú eres el elegido…

-¿Disculpa? –Bilbo lo observó con confusión, así como se dio cuenta de que Fili ponía los ojos en blanco y tiraba de la camisa de su tío.

Sin embargo, Frerin no parecía hacerles mucho caso ahora que su atención estaba en el hombre de cabello rizado. Se acercó un poco más hasta quedar completamente frente a él y Bilbo pudo notar con mayor detenimiento las semejanzas y diferencias que tenía con Thorin. Frerin no era tan alto, aunque tenía la misma sonrisa, sólo que él parecía alguien más alegre que su hermano, por lo que ese gesto se dibujaba con mayor frecuencia en sus labios…

-Siempre me han dicho que me parezco mucho a Thorin –comentó Frerin, observando a Bilbo con diversión.

Bilbo se ruborizó tanto, que estaba seguro que el color rojo llegaba hasta el nacimiento de su cabello. No podía creer que hubiese dicho eso en voz alta… ¿Qué más habría dicho en voz alta sin darse cuenta?

Frerin se acercó más.

-Entonces… ¿me consideras atractivo? –dijo arqueando sus cejas rubias.

Bilbo quería desaparecer en ese momento.

-¡No! Es decir… Sí… lo que quiero decir es que todos son atractivos, bueno… en realidad yo sólo… -pero se rindió, sintiendo como si su sangre latiera dentro de sus orejas-. Oh, por Dios…

-¿También nosotros somos atractivos, Bilbo? –Fili arqueó una ceja hacia él.

-Creo que es suficiente, dejen a mi invitado tranquilo –interrumpió Dis, bajando las escaleras, acompañada de su marido. Bilbo se alegró al verlos.

-Lo que quiero saber, hermana –dijo Frerin sin dejar de observar al hombre con el rostro completamente encendido frente a él-, es por qué habías tardado tanto en traer a esta criatura tan adorable a la casa.

Entonces Bilbo sintió dos poderosos brazos a su alrededor. Fue levantado del suelo bruscamente.

-Así que… Bilbo, ¿todos los ingleses son tan adorables como tú? –preguntó Frerin, todavía sosteniéndolo firmemente.

Por supuesto, él no sabía qué responder a eso, afortunadamente, no tuvo que hacerlo ya que se escuchó el ruido de una puerta y un gruñido que pareció articular algo en otro idioma. Frerin se rió y dejó a Bilbo en el suelo. Lo siguiente de lo que fue consciente Bilbo, era de que Thorin se las había arreglado para ponerse en medio de los dos y ahora tenía los brazos cruzados firmemente sobre su pecho y el ceño fruncido que se dibujaba en su rostro parecía indicar que no estaba del todo contento de ver a su hermano.

-Dis me dijo que no querías ver a nadie… hermano. Dime, ¿qué fue lo que te hizo salir de tu caverna? –preguntó Frerin, sin dejar de sonreír.

-Escuché la voz de Bilbo… -pero el rey pareció interrumpirse en ese momento, por su expresión parecía que las palabras hubiesen salido por sorpresa de su boca.

-Ya veo, ya veo –dijo su hermano, tratando de reprimir una risita.

Thorin frunció aún más el ceño y no perdió su compostura, aunque a Bilbo le pareció que su rostro comenzaba a ruborizarse.

-Lo que quise decir es que… salí porque sabía que Bilbo estaba aquí y necesito hablar con él –aclaró, como si el asunto no tuviera gran importancia.

Dis se rió y Bilbo trató de reprimir un gemido, ya que lo que menos deseaba en ese momento era estar a solas con Thorin.

-Pues lo lamento mucho, hermano, porque yo tengo que hablar contigo primero –dijo Frerin tomando el brazo de Thorin y alejándolo de Bilbo-. Además, me parece que mi hermana tiene planeado llevar a su invitado a comer.

El rey parecía querer protestar, pero fue arrastrado de regreso a su oficina y Bilbo sintió que su corazón volvía a latir normalmente.


El lugar a donde llevaron a Bilbo era sorprendente, las cortinas y el estilo en la madera que adornaba los marcos de las puertas le daban un toque antiguo; todavía no había probado la comida, pero hasta ese momento le gustaba mucho aquel restaurante. Fueron Bofur y Bombur los que los llevaron a su mesa y les ofrecieron algo de tomar mientras esperaban al resto de las personas que los iban a acompañar; de acuerdo con Dis, Frerin se reuniría en unos minutos con ellos.

Bombur tuvo que despedirse rápidamente, ya que tenía que regresar a la cocina, pero Bofur los acompañó un rato más; se sentó junto a Bilbo y, ya que él era el único que no lo conocía oficialmente, se presentó ante él y le estrechó la mano.

-Si yo fuera tú, Bofur, cuidaba dónde ponía mis manos –sonrió Kili.

-¿A qué te refieres? –preguntó el hombre, arqueando las oscuras cejas.

-Sólo digamos que no puedes ser tan "cordial" con…

Pero Dis interrumpió a Fili lanzándole una mirada de advertencia.

-No les hagas caso, Bofur, todavía son unos niños.

-¿Qué? –protestaron los dos jóvenes-. ¡Ya tenemos la mayoría de edad!

-Entonces dejen de comportarse como si tuvieran doce años –insistió Dis y los dos hermanos se acomodaron en su asiento. Vili trató de reprimir una sonrisa.

Después de unos momentos, Bilbo por qué Bofur era tan buen amigo de la familia Durin; parecía ser alguien agradable, además, siempre los hacía reír y tenía la educación suficiente de parecer interesado en lo que Bilbo le contaba sobre su trabajo. Y entonces se le ocurrió que, si pudiera quedarse más tiempo en Erebor, Bofur sería definitivamente alguien en quien podría confiar y hasta considerar uno de sus amigos también. Aunque, por supuesto, él no pensaba quedarse tanto tiempo.

Sin embargo, se olvidó un momento de aquellos pensamientos amargos y se permitió reír un rato con los demás, por lo menos hasta que Bofur se quedó completamente petrificado por la sorpresa; sus ojos observaban fijamente hacia la entrada.

-Hace mucho tiempo que el rey no venía aquí –comentó y Bilbo sintió que todo su cuerpo reaccionaba ante aquellas palabras. Muy a su pesar giró la cabeza en la misma dirección en la que Bofur estaba mirando.

-En realidad, hacía mucho tiempo que Thorin no salía de la casa –dijo Dis y sonrió-. Supongo que podríamos considerar eso una mejoría.

Aunque Thorin no parecía muy feliz de encontrarse en ese lugar; su mirada estaba fija en la mesa en la que estaban sentados, pero estaba frunciendo el ceño. A su lado, Frerin estaba observándolo como si fuese lo más divertido que hubiese visto en años.

Bofur entonces dijo algo en Khuzdul, parecía un poco nervioso. Kili le respondió algo rápidamente, y el hombre se alejó de Bilbo como si quemara y dijo que se retiraría a la cocina a ayudar a Bombur.

Frerin se acercó a ellos primero, ignorando deliberadamente la silla vacía que había quedado al lado de Bilbo y sentándose a un lado de Fili. Sin embargo, Thorin no se sentó en ese momento, sino que observó a Bilbo fijamente.

-Quiero hablar un momento contigo –le dijo.

Bilbo se mordió el labio, pero asintió y se puso de pie, siguiendo al rey hasta la salida del restaurante; de pronto le pareció que todos los observaban.

Thorin se cruzó de brazos, completamente ajeno a todas aquellas personas que pasaban en la calle y les dirigían miradas fijas de curiosidad. Bilbo supuso que ese era el precio de estar junto a alguien que era de la realeza. No estaba seguro si le gustaba aquel grado de atención que recibían. Sin embargo, tenía que soportarlo, sabía que Thorin no iba a dejarlo tranquilo hasta no haber hablado con él.

-Dime qué fue lo que hice o dije mal para poder remediarlo –dijo Thorin, después de un rato.

Bilbo lo observó, confundido.

-¿Perdón?

-La otra vez… en la cocina, cuando te fuiste –trató de explicar Thorin-. ¿Dije o hice algo que te ofendió?

-¿Qué? ¡No, por supuesto que no! –exclamó Bilbo inmediatamente. ¿Por qué Thorin pensaba eso?

-¿Entonces por qué has estado evitándome? –preguntó el rey y Bilbo no pudo evitar ruborizarse ante la acusación.

-No te he estado evitando –dijo y sintió cómo su lengua ardía con la mentira.

Thorin frunció el ceño.

-¡Por supuesto que lo haces! ¡Lo has hecho todo el día! –soltó Thorin, como si no pudiera soportarlo más-. Me ignoras constantemente, pero sí pasas tiempo con mi familia, incluso Bofur… -pero el rey se interrumpió al decir ese nombre y a Bilbo le pareció que el rey casi gruñía al decirlo.

¿Qué tenía que ver Bofur en todo esto? ¿Y por qué…? Entonces Bilbo sintió que su mandíbula se cerraba con fuerza cuando un pensamiento cruzó su mente… No, era absolutamente ridículo… Thorin no podía estar… él no podía sentirse así, debía de haber otra explicación para ello. Sólo que en esos momentos no se le ocurría nada más.

-Te la has pasado huyendo de mí desde el momento en que nos conocimos y es verdaderamente frustrante –dijo el rey, observando a Bilbo fijamente. Ya no se veía molesto, simplemente muy serio y el hombre rubio sintió que su corazón latía en respuesta a esa mirada.

-Tienes razón, yo no he sido muy educado contigo… así que, ¿qué tal si olvidamos eso? Yo prometo comportarme mejor a partir de ahora –ofreció, aunque sabía que era una mala idea. Pero… ¿qué más podía hacer? No era como si pudiese evitar al rey de Erebor durante esos días… además, una parte de él no quería hacerlo. Tal vez podría controlarse aquellos días, después de todo, la presencia de Thorin no podría afectarle tanto… ¿o sí?

-Me gusta la idea –dijo Thorin y entonces sonrió ampliamente y Bilbo sintió que su corazón daba una sacudida en su pecho, porque ese maldito rey debía estar consciente lo que provocaba su sonrisa en simples personas como él. Y no sólo ello, sino que tomó su mano y comenzó sus nudillos con el pulgar, haciendo que Bilbo se estremeciera de pies a cabeza.

¿Qué demonios le ocurría? Era un adulto, no un adolescente cuyas hormonas no podían controlarse.

-¿Prometes que ya no vas a huir de mí? –preguntó Thorin con aquella hermosa voz profunda. Y Bilbo no quiso responder a ello, porque justo en esos momentos quiso sacudirse la mano de Thorin y correr hacia cualquier otra dirección. Sin embargo, trató de controlarse, sintiendo que su rostro se encendía.

-Lo prometo –soltó y no le gustó que su voz sonara tan inestable.

Thorin sonrió y besó su mano. Entraron juntos al restaurante y se sentaron fingiendo que nadie de los que se encontraban ahí los observaba con profunda curiosidad. A partir de ese momento, el humor de Thorin cambió drásticamente y Bilbo casi extrañaba al hombre gruñón, porque este rey divertido y sonriente era demasiado atractivo para sus ojos sensibles.

Fue cuando estaban pidiendo los postres que Frerin hizo un comentario en Khuzdul, a lo que todos sonrieron de forma extraña, como trataran de no reírse. Entonces Bilbo vio que Thorin fruncía el ceño y se ruborizaba. Le pareció ver que hacia un movimiento y de pronto Frerin soltaba un quejido de dolor. Bilbo estaba seguro que Thorin había pateado a su hermano debajo de la mesa, sólo que no tenía idea de qué había dicho él para merecer aquello. Y tenía el presentimiento de que era mejor no averiguarlo.

-Bilbo, quiero que vengas conmigo esta noche a ver la Vereda de las Fuentes –dijo Thorin, de pronto-. Creo que te va a gustar.

-A nosotros también nos gustaría ir, hermano, gracias por invitarnos también –intervino Frerin, de pronto-. Porque, por si no te has dado cuenta, todavía seguimos aquí, sentados en esta misma mesa…

Frerin volvió a quejarse de dolor y Bilbo supo que Thorin lo había pateado otra vez. Sin embargo, el hermano del rey no se veía molesto, parecía como si aquel fuera el día más divertido de su vida.

-Es un lugar hermoso, Bilbo –Dis se giró hacia él, mientras Thorin y Frerin comenzaban a hablar en rápido Khuzdul-, te va a encantar, te lo prometo.

Bilbo asintió, porque le creía, hasta ahora, lo poco que había visto de Erebor le había fascinado, los lugares eran impresionantes… sin embargo, en esos momentos lo que más le preocupaba era algo completamente diferente, algo ante lo que probablemente estuviese perdiendo poco a poco a juzgar por el ritmo en que latía su corazón en esos momentos.