Otra vez más, siento tanto haberos hecho esperar. Espero que os guste :)
2
Gracias por la ayuda, chocobo
Rikku y Gippal
Rikku fue al puente y se sentó en el suelo, cerca de donde Gippal pilotaba el barco que los llevaría a ambos a Bikanel. El viaje se le estaba haciendo eterno, ya que sólo estaban ellos dos, y Gippal estaba pilotando, por lo que ella se aburría muchísimo.
- ¿Qué te pasa, hija de Cid?-preguntó el chico cuando Rikku suspiró, poco después.
- Estoy aburrida. Muy aburrida-comentó la rubia-. Y tengo un nombre.
Gippal sólo soltó una carcajada y siguió pilotando. Luego, y con la única intención de entretener a la que un día fuera su mejor amiga, dijo:
- ¿Te acuerdas de aquella vez en la que Jev y yo te tiramos en el oasis?
- Como para olvidarlo. Os odié desde ese mismo instante.
- Lo hicimos con la única intención de que no estuvieras tan aburrida. Y teniendo en cuenta lo aburrida que estás… ¿quieres que te tire del barco?
- No, gracias-contestó la chica con una sonrisa-. Prefiero llegar entera para poder ganar el torneo.
- Ganaremos.
- Lo sé…
Cuando llegaron, decidieron no dividirse, ya que había sido avistado un monstruo muy poderoso, y empezaron a explorar las zonas a las que podían acceder. Primero exploraron la zona oeste, luego la zona sur, y a continuación la zona este. El problema llegó cuando llegaron a la zona norte, y se las tuvieron que ver con un Gusano de Arena, que no parecía muy dispuesto a dejarles pasar.
Entre los dos pudieron acabar con él, pero cuando el gusano murió cayó encima de Rikku, haciendo que esta quedara atrapada entre la ardiente arena del desierto y el viscoso cuerpo del monstruo. Y, por supuesto, Gippal lo disfrutó bastante.
- Ayúdame a salir de aquí, imbécil-gritó desde su posición Rikku, intentando mover el pesado cuerpo del gusano. Gippal se reía de ella desde una posición no muy lejana.
- La situación se repite. ¿Lo recuerdas?
- Sí, pero aquella vez eras tú el que me aplastabas.
- No me refería a mí-dijo él con una sonrisa, sin molestarse lo más mínimo por el comentario-. Me refería a aquel pequeño gusanito.
- Escúchame, pequeño gusanito. Era más grande que tu y que yo juntos, y sólo tenía diez años. Ahora, sácame de aquí.
- Está bien, está bien.
Gippal ayudó a Rikku a apartar el pesado cuerpo del monstruo de encima de ella, y cuando terminaron, se detuvieron unos minutos a descansar. Llevaban todo el día caminando, excavando y buscando, y todavía no habían encontrado nada.
Rikku intentó hablar con su prima por telesfera, pero el aparato no daba señal, por lo que Rikku llamó a Tidus, que sí contestó.
- Hola, Rikku. ¿Qué tal?
- Esto es un infierno. ¿No quieres cambiarme de pareja? O mejor, nos vamos tú y yo juntos.
- Si sólo fuera por ti me lo pensaría, pero no quiero dejar a Yuna con Gippal.
- ¿Estás celoso? Por favor, ni que Gippal resultara atractivo para alguien.
- Para ti sí, hija de Cid-se oyó gritar a Gippal.
- Esto es una conversación privada-gritó la rubia en respuesta-. ¿Seguro que no quieres pensártelo?
- Venga ya, si estás genial conmigo-volvió a gritar Gippal, esta vez acercándose a donde Rikku se encontraba-. Y yo que tú cortaba pronto la comunicación. Como se enteren de que estás hablando con otros participantes van a descalificarte. Y me prometiste que íbamos a ganar.
- Te prometí que yo iba a ganar-dijo la rubia recalcando el "yo"-. Si se enteran, te echaré la culpa.
- Qué diabólica-susurró el chico burlándose mientras que se alejaba.
- Tiene razón, tengo que irme. Nos vemos pronto.
- Claro. Adiós.
Cuando cortaron la comunicación, Rikku y Gippal volvieron al campamento base y desde allí fueron en hover hasta la zona central. Allí, una mujer les ofreció la posibilidad de ir en chocobo, que era lo que se hacía desde que las gaviotas habían mandado chocobos desde la granja de Clasko. Rikku aceptó enseguida, y subiéndose al chocobo, hizo una seña hacia Gippal indicándole que hiciera lo mismo. Él, sin embargo, negó con la cabeza y dijo:
- ¿En serio vas a ir en chocobo? No sabía que fueras tan cobarde, hija de Cid.
- No se trata de cobardía, se trata de cansancio y comodidad. Si no quieres venir en chocobo, está bien, ves andando. Pero yo no te voy a esperar.
Dicho eso, le indicó a su chocobo que podía empezar el largo camino, y este empezó a caminar a paso ligero. Gippal, negando en dirección al chocobo que iba a ser suyo y a la mujer que se lo ofreció, empezó a caminar hacia donde Rikku y el chocobo habían empezado a excavar.
No fue tan sencillo como él pensó. Estaba cansado, y se le hizo muy complicado terminar el camino. Lo peor era ver que Rikku estaba tan fresca como una lechuga, y que además se burlaba de él cada vez que se encontraban. A pesar de los años que habían pasado desde que se conocieron, Gippal seguía sin comprender como podía almacenar en un cuerpo tan pequeño tanta energía. Aun así, no le importaba. Su vitalidad era uno de sus encantos.
Al final, tanta búsqueda fue para nada. No consiguieron encontrar nada, y el largo camino había dejado a Gippal y al chocobo exhaustos. Sin embargo, Rikku, que no estaba para nada cansada, obligó a Gippal a levantarse y a revisar el campamento base. Cuando habían revisado cada pequeño rincón de él y Gippal ya se había tirado al suelo, rendido, Nadhala se les acercó y les dijo:
- Sé que no debería hacer esto, pero os tengo aprecio, a los dos, y Gippal está casi desmayado, Rikku. Lo tratas muy mal.
- No te preocupes, Nadhala. Me ha prometido que luego me va a dar un baño de espuma.
- Debí hacerlo borracha-dijo Rikku sentándose al lado del chico.
- No os puedo dar la localización exacta de la esfera, pero puedo daros una pista-cuando dijo eso, ambos miraron atentos a la chica que tan amablemente se había compadecido de ellos-. La esfera se encuentra en el único lugar en el que no habéis mirado. En el lugar en el que hay agua y que os gustaba tanto hace unos años.
En cuanto les dijo eso, se marchó. Rikku y Gippal adivinaron enseguida a qué lugar se estaba refiriendo Nadhala, por lo que se pusieron de pie de inmediato. Gippal no pudo sostener siquiera su propio peso, y habría caído al suelo de no ser por Rikku, que lo sujetó por un brazo con fuerza.
- Menos mal que sólo tienes dieciocho años. Habrá que verte cuando tengas treinta. ¡Chocobo!-llamó la rubia. Un chocobo se acercó a ellos, y Rikku hizo que Gippal se subiera a lomos del enorme pájaro. Luego se dirigieron al hover y pidieron que los llevaran al oasis.
- Gracias por la ayuda, chocobo-dijo Rikku cuando el pájaro dejó caer a Gippal sobre la ardiente arena del desierto.
Allí, no les costó mucho encontrar la esfera, y cuando la encontraron, y antes de volver a Luca, se dieron un buen baño en las aguas que ambos tanto habían extrañado. Las aguas del oasis en el que ambos se bañaban desde que eran apenas niños y que habían sido testigo de cómo aquellos dos chicos habías sido mejores amigos y, en una ocasión, algo más…
¿Qué os ha parecido? Espero que me lo comentéis.
Besos
