¿Qué más podía hacer si llamaba a mi puerta con esa intensidad? ¿Qué más podía hacer si juzgarla no conseguiría que entendiera su dolor? ¿Qué más podía hacer para calmar sus lágrimas? Una mujer como aquella no debía permitirse siquiera que sus ojos se humedecieran, no debía permitirse por un segundo arrugar la frente. El error fue mío al pensar que ella siempre sonría sin importar que pasara, su imagen, la imagen que tenía de Hikari se fue derrumbando poco a poco ¿Y qué culpa tenía yo si la imagen de hikari que tenía frente a mí era incluso más perfecta que la que se había destruido? ¿Por qué veía belleza en cada una de sus lágrimas?

Una parte de mí quería limpiar las gotas de su mejilla, mientras la otra deseaba quedarse mirándola cada segundo de mi vida durante toda eternidad.

Podías perderte en su sonrisa pero sus lágrimas eran verdaderos agujeros negros.

Me quedé mirando como cada gota caía lentamente de su barbilla a su pecho y no era capaz de decir ni una palabra, de apartar mi mirada de ella. Hasta que finalmente y sin obedecer a mi cerebro, mi cuerpo se movió solo. La estaba besando y aun así mis manos no eran capaces de tocarla. La besé de tal forma que ni mis labios rozaron alguna de sus lágrimas y poco a poco dejó de llorar, sin separar su boca de la mía, sin moverse, sin reaccionar. ¿Qué había hecho? ¿Por qué lo había hecho?

Latido.

Dolor en el pecho.

Eso que sentía… ¿Era amor?

Me había enamorado de la Hikari frágil, en cuestión de segundos, con solo un par de lágrimas. Mi cuerpo buscó el suyo… No, mi cuerpo fue atraído como un imán, mi alma había caído en el agujero negro de su alma que se había abierto frente a mí, estaba siendo tragado por la oscuridad de su cuerpo. Lo peor es que no me desagradaba para nada estar allí.