Los días que sucedieron a la discusión fueron de lo más fastidiosos, me dediqué a aburrirme entre páginas de libros que ya había leído y sin leer nada al mismo tiempo ya que no conseguía concentrarme. A cada párrafo que leía resonaban en mi mente las últimas palabras de Kenren: "Cuando quieras hablar de mí y de Lysa llámame…" pero ya habían pasado tres días y no me había sentido con fuerzas.
Me desparramé en el sofá dejando caer el libro a un lado y buscando el paquete de cigarrillos que ya había tirado al suelo hace rato, la habitación estaba hecha un desastre pero podía pasar. Encendí el cigarrillo y di una calada lenta y profunda tratando de saborear el humo con ese amargo sabor a tabaco al que ya era adicto.
-Has cometido un error, Tenpou… No deberías haberle preguntado.- Me dije a mí mismo abatido.
Lo que más me frustraba de todo aquello era que había sido derrotado sin ni siquiera empezar a luchar y sin conocer a mi contrincante, la tal Lysa seguía siendo una desconocida pero aún así me había arrebatado a Kenren, ¿pero de qué manera lo había hecho? ¿Qué era Lysa y qué quería ser yo en la vida de Kenren? Si seguía pensando en ello me iba a estallar la cabeza.
De repente el sonido del teléfono me sobresaltó, me levanté a todo correr para descolgar el auricular ya que seguramente era Kenren para darme una explicación, para decirme que no estaba enfadado y que todo volvería a la normalidad. Sonreí antes de descolgar el auricular pensando que era totalmente imposible que eso sucediera.
-¿Ten-chan?- La voz aniñada de Goku sonó al otro lado.- ¿Eres Ten-chan?
-Claro que soy yo, Goku ¿querías algo? Espero que te estés portando bien y no hagas travesuras.
-¡Yo me porto bien todos los días!- la indignación de Goku fue notable.- Konzen me lo dice a veces… ¿tú te portas bien todos los días?
La imprevista pregunta me cogió desprevenido.
-No, yo me porto bien "casi" todos los días. Pero no tomes ejemplo de mí, ¿vale? Tú tienes que ser bueno.
-¿Te portaste mal con Kenren? Hoy le ha dicho a Konzen que eres tonto…
Así que por eso llamaba el pequeño, seguramente a hurtadillas de su tutor se había ocupado de hacer una llamada preocupado por sus dos amigos. Me pareció enternecedor, Goku era un joven de nobles sentimientos.
-Hemos tenido una pelea,-reí entre dientes.- una pelea de amigos. Pero no te preocupes, Goku, los amigos se pelean pero luego hacen las paces.
-¿Qué haces Goku? ¡Eso no es un juguete!
Y tras la enfurruñada voz de Konzen se cortó la llamada, la escena que se estaba montando al otro lado del auricular en esos momentos sería de risa, desde luego esos dos no tenían tiempo para aburrirse.
En unos minutos estaba preparado con el abrigo puesto para salir de casa, había comprendido que la forma de solucionar las cosas no era por teléfono sino a la cara, y más temprano que tarde. Me encendí otro cigarrillo, no recordaba cuándo me había acabado el último pero no me importaba, lo único que me relajaba en esos momentos era fumar compulsivamente.
Salí de casa y miré el cielo nublado, parecía que iba a llover y hacía frío así que lo mejor era apresurarse a casa de Kenren. Recorrí las calles una a una hasta llegar a mi destino descubriéndome a mí mismo ansioso por verle.
Una vez ante la puerta respiré hondo, había meditado perfectamente las palabras adecuadas, me había prometido que no me dejaría llevar y permitiría a Kenren dar una explicación lógica a todo. Pulsé el timbre y esperé a que se abriera la puerta.
-¿Quién es?- Oí su voz aproximándose desde el interior de la vivienda, decidí no contestar.- Estaba durmiendo…
Se paró en seco dejando la puerta a medio abrir en cuanto me vio, luego sonrió y por acto reflejo le devolví la sonrisa. Quizás todo saldría bien.
-Hola.-dije al mismo tiempo que me colaba dentro.
-¿Te has dejado los modales en casa? –No esperó respuesta.- Parece que un pajarito se ha chivado.
-¡Lo sabía, fue a propósito! Preocupaste a Goku sabiendo que me lo iba a decir.
-¿Qué querías que hiciera? Konzen me preguntó por ti, el crío estaba delante y le dije que eras rematadamente idiota y tenías un humor de perros. Si Goku no te decía algo, no ibas a ser capaz de espabilar.
Lo había subestimado después de todo, sin duda había estado bastante intranquilo y tenía tantas ganas de hablar conmigo como yo con él.
-Me voy poniendo cómodo, tengo entendido que nos espera una larga charla. –Le guiñé un ojo pasando por su lado y yendo directamente a su estudio, donde ya habíamos hablado en otras ocasiones.
A diferencia de toda mi casa en general, las habitaciones de la de Kenren estaban impolutas, y como no, el estudio era también un ejemplo de ello: un escritorio ordenado, silla colocada, suelos relucientes, sofá a un lado sin una arruga y estanterías ordenadas. Sentí envidia pero de todas maneras era demasiado vago como para aplicarme el ejemplo.
-¿Empiezo yo?-preguntó Kenren poniéndose cómodo en la silla y girándola para estar de frente al sofá.
-Bueno, preferiría tomar la primera palabra.- Hice una pausa mientras que me acoplaba en el sofá.- Creo que te debo una disculpa…
-Disculpa aceptada.- me interrumpió en ese audaz que había empleado en tantas ocasiones.
-Pero si aún no me has dejado hablar…-me quité el abrigo nervioso dejándolo sobre mis rodillas.
-Por así decirlo, en cierto modo comprendo tu enfado, así que te perdono si me perdonas tú por no haberte contado lo de Lysa.
Otra vez el dichoso nombre de la desconocida apareció pero decidí seguir con lo que me había prometido y mantener la calma, tras lo cual me dispuse a hacer las preguntas que tan cuidadosamente había seleccionado.
-¿Ella es muy importante para ti, cierto? Tú y yo nos lo contamos prácticamente todo, por eso me chocó no saber esto.
Kenren sopesó durante unos instantes su respuesta y su mirada distraída viajó por diferentes puntos de la habitación.
-Sí, la llevo cuidando dos años, ¿sabes? El mundo inferior es muy inestable y peligroso, si le pasase algo malo no me lo podría perdonar a mí mismo.
La esperanza de ser "ese algo importante" para Kenren fallecía lentamente, ya había ocupado ese lugar Lysa, y ahora que el lugar que muy interiormente había deseado para mí estaba ocupado no podía sentir nada más que pesar.
-Comprendo…- continué.- Debe de ser duro, estáis en dos mundos diferentes. Además, has debido tener en cuenta la prohibición de tener una relación estrecha con habitantes del mundo inferior…
-Sí, lo llevo ocultando todo este tiempo pero he continuado aún sabiendo que alguien se podría enterar.- Me miró con complicidad.- ¿Quién te lo ha dicho? Tu no sospechabas nada, ¿cierto?
-No puedo decirte quién me lo ha dicho, no haríamos nada más que complicar el asunto más. No sospeché nada de nada.- no pude seguir manteniéndole la mirada, era doloroso.
-Ahora me toca a mí preguntar, ¿a qué vino todo ese revuelo, porqué te lo tomaste tan mal?
-Cuando me enteré entendí que había… malinterpretado nuestra relación.- lo solté, ya no tenía sentido callarse nada, lo mejor era admitirlo tanto por él como por mí.- Creía que entre los dos había una especie de complicidad que nos hacía de estar unidos, no sé cómo explicarlo… Que aunque entre tú y yo evidentemente no hay nada que nos ate hay un compromiso mutuo de estar juntos, porque creía que ambos sentíamos lo mismo pero no nos atrevíamos a dar el paso… Al menos eso era por mí parte…
Los ojos de Kenren se abrieron como platos y su rostro enrojeció, se tapó la boca con una mano para contener una risa nerviosa.
-¿Estás hablando de una relación amorosa entre tú y yo?
-Sí, bueno… Una relación amorosa en la que ninguno da el paso, no sé cómo llamarlo a esto…- bajé la vista y las mejillas me empezaron a arder, evitaba llorar pero el calor se extendía hacia mis ojos dejando vía libre al llanto.- Yo te quiero y supuse que tú también lo hacías, pero por cobardía preferí seguir siendo solo amigos, y ahora te he perdido…
Las lágrimas se fueron a estrellar en mis rodillas, entonces sentí las firmes manos de Kenren sujetándome el rostro y obligándome a levantar la mirada y estar frente a él. Lo miré y lo único que encontré en él fue determinación.
-Lysa no es mi amante, ni novia, ni nada. Todo este tiempo que he estado junto a ti ha sido por algo, idiota.
Las lágrimas se transformaron en lágrimas de alegría y me abalancé a abrazarle, por fin podía estar a su lado y desaparecía el miedo al rechazo. Sin embargo, aún quedaba una importante pregunta por resolver, ¿quién era Lysa?
