Alexander Copyright © Warner Bros·Dirección:Oliver Stone.
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Megas Alexandros
Capítulo III.
por:ddeı


El grito que les daba la orden de iniciar reverberó entre los jadeos y golpes secos ajenos pero cercanos, a sólo pasos de sus cuerpos entumecidos por la tensión mental ejercida. Alejandro sintió la adrenalina correr por sus extensiones engarrotando cada uno de sus músculos.

Observó el pecho de Hefestión, su respirar acelerado, sus ojos felinos evaluando cada uno de sus movimientos. Las gotas de sudor surcaban su cuello tensado por la emoción y sus piernas temblaban levemente al igual que su labio inferior.

Ambos esperaban el ataque del otro.

Simultáneamente se lanzaron al cuerpo contrario atrapando entre sus manos la muñeca de Hefestión y el hombro de Alejandro. Rodilla contra rodilla presionándose para tumbar al contrario, furia animal, fuerza de niño, todo unido en un encuentro brutal aunque amistoso.

Forcejearon con furor, la excitación les estaba consumiendo, las ansias por vencer se hicieron insoportables y como resultado el castaño se decidió. Hefestión con una agilidad innata movió su cuerpo permitiendo que el esfuerzo y peso ejercido por Alejandro se viera en su contra. El futuro rey macedonio trastabillo sin soltar la muñeca de su amigo más no fue necesario; al estampar su cuerpo contra la arena el peso de Hefestión cayó sobre él inmovilizándolo por completo.

—¡Una vez más el vencedor es Hefestión! —el coro de gritos y risas burlonas se dejo escuchar.

Los observadores celebraban pagándose apuestas, ignorando el momento íntimo que compartían ambos jóvenes.

Hefestión se levanto ignorando aquél mundo a su alrededor y al igual que él Alejandro le acompañó. Estrecharon sus manos bajo una sonrisa cómplice.

—Te ganaré la próxima vez —expresó seguro.

—Ya lo veremos, Alejandro.

Ambos soltaron una carcajada porque aquél era su ritual una forma diferente de compenetrarse, entenderse, unirse.

Cuando Alejandro se sentía afligido, ahogado por el peso que su hermosa madre Olimpia dejaba sobre sus hombros y los rumores constantes de ser el hijo de Zeus, Hefestión le otorgaba la calma. Le tumbaba al suelo sin problema alguno y le demostraba que él sólo era un niño que estaba creciendo. Dentro de todo aquellas derrotas hacían feliz a Alejandro, porque ante él quien era realmente un dios era Hefestión, bendecido con belleza, inteligencia, agilidad, era su complemento.

El mundo que aquellos; los amigos de su padre, sus mentores, los brujos de su madre, le entregaban no era real. Sólo ellos dos jugando entre risas era el mundo de Alejandro. Porque Hefestión era su ancla, su paz, su calma.


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!βeta r: No está beteado.
!título: Victoria.