Sentado en el pasto, el viento removía sus rubios cabellos, era una inmensa paz, un silencio acompañado por las risas lejanas de aquellas tres chicas, que corrían de un lado a otro lanzándose deku nuts cómo niñas pequeñas.

Aún no sabía que debería hacer, o porqué la princesa lo quería en el castillo. ¿Cómo debería actuar en tal situación? ¿Cómo debería tratar a los empleados del castillo? No quería hacer el ridículo ni tampoco ser abusivo… Entonces…

- Tiempo sin verte, chico. -se volteó al escuchar esa suave voz.

- ¡Princesa Agitha! –sonrió.

- Estás algo tenso. –Observó al ver su sonrisa.- lo notó en ti, es raro verte sentado haciendo nada.- sonrió y se hincó frente a él.

- Sólo pensaba un poco.- desvió la mirada mientras suspiraba.

- ¿En qué? –preguntó curiosa con su sonrisa inocente.

- Bien… -se recostó en el césped mirando el cielo ahora rojizo.- ¿Crees que sería conveniente que alguien como yo viva en el castillo?

- Claro que sí. –Respondió sin dudar.- ¡Es más, eso debió de ser hace mucho tiempo!

Ahora que lo pensaba, todos estaban de acuerdo con la princesa y felices de su traslado, pero él aún no se acostumbraba a la idea, volvió a sentarse.

- ¡Joven Link! – gritó Hanna acercándose rápidamente hacia él cayéndole encima.

- ¡Nyaaa! ¿Pero qué haces Hanna? – Kili se acercó furiosa a ambos.

- ¡Tú tienes la culpa! –abrazó a Link mientras su rostro hacía un puchero.- Joven Link, Kili lleva rato molestándome…

- … -sonrió con una gota en la sien.- Chicas, se está haciendo tarde… Necesito reportarme con la princesa Zelda.

Hanna y Agitha se pusieron en pie sonriendo, la princesita de los insectos hizo una pequeña reverencia, levantando brevemente su vestido y se inclinó; Link le respondió inclinándose.

- Lo olvidaba, chico… un par de libélulas se me escaparon de nuevo ¿Podrías ayudarme con ellas como la última vez?

- Claro que sí. Pasaré por los dominios de los Zoras, no te preocupes…

- ¡Muchas gracias, chico! –su sonrisa se amplió más y corrió hacia la entrada de la ciudadela.

- Es divertido pasear a lado del joven Link.- Misha se acercó tomando a Kili y Hanna de las manos.- ¡Gracias por lo de hoy!

Se despidió de ellas sonriendo, mientras agitaba levemente su mano.

Otra vez solo, se puso de pie y tomó sus cosas del suelo. Observó a Epona por un momento y la tomó de las riendas; a causa del gran alboroto que ha causado últimamente, le tocó entrar por la puerta del sur.

Entró a la ciudadela con discreción, mirando alrededor halando su yegua, ya era tarde y no había casi nadie. Caminó hasta la fuente donde guardias del castillo lo vieron pasar y tomaron las riendas de Epona.

- ¿Pero que…?

- ¡Su caballo debe estar en el establo del castillo, señor!

- Pero…

- Debe descansar, señor Link… -posó su mano en su espalda empujándolo levemente.- Entre al castillo.

- B-bien… -se resignó a forcejear, ya no tendría sentido, así que obedeció.

No vio a la princesa en toda la noche, ni siquiera a la hora de la cena, comió en completo silencio junto con las mucamas a un lado de su asiento y el mayordomo. Esto era deprimente…

El sonido del reloj de plata en la pared de la biblioteca y el cómodo sillón en el que se encontraba sentado mientras leía un libro de literatura antigua, le hicieron dar un largo bostezo cerrando los ojos.

- ¿Desea retirarse a descansar, joven amo? – cerró el libro, poniéndose de pie volteó para ver al mayordomo.

- Por favor… -sonrió dejando el libro devuelta en uno de los estantes.

- Sígame. –En seguida se volteó y Link lo siguió.

Al salir de la biblioteca su sorpresa fue enorme al ver a la princesa en la entrada de ésta, al parecer tenía intenciones de entrar.

- Alteza… -susurró y se inclinó levemente.

- ¡Link! –sonrió al encontrarlo aún despierto. Sin saber por qué, estuvo ansiosa toda la tarde esperando al héroe, lastimosamente tenía una reunión con algunos sacerdotes, así que tuvo que dejar el palacio.- yo… -suspiró y esbozó una sonrisa.- Bienvenido.

Un sonrojo apareció en sus mejillas, la princesa siempre era tan amable. Por alguna razón esa única palabra, acompañada de esa singular sonrisa, se sintió tan bien, tan especial, tan… cálida.

- G-gracias, princesa… -intentos mediocres de sonreír no surtieron tanto efecto, pero lo suficiente para provocar cierta gracia a Zelda.

- Descansa… -pronunció en medio de pequeñas risitas tapadas por su mano.- Mañana deberás levantarte temprano.

Se inclinó de nuevo para retirarse siguiendo al mayordomo, hasta su habitación.

- En el armario está su ropa de dormir, joven amo; si necesita algo oprima el interruptor junto a su cama, que tenga dulces sueños. –inclinó su cabeza mientras cerraba la puerta de la habitación.

Abrió el armario, pero no sólo encontró su ropa de dormir, sino ropa formal, ropa de combate, ropa casual, todo armario de un rey… Suspiró y tomó lo que necesitaba, colocándolo en la cama, mientras se desvestía.

¿Bañera o regadera?

El agua corría por todo su escultural cuerpo, años de entrenamiento con Rusl y combates contra enormes bestias, no era para menos, posó su mano en la blanca pared de cerámica. Ahora que lo pensaba… ¿Viviría en el mismo lugar que su majestad? ¿La vería tan seguido? Ver esas cálidas sonrisas todos los días sería algo que realmente deseaba.

La princesa era una mujer muy hermosa, dulce y carismática, no era vanidosa ni egoísta, en lo absoluto, era el modelo perfecto a seguir… Pero, recordó haber sentido algo más al momento de apreciar esa sonrisa, la calidez de sus pómulos, ¿por qué? No sólo en él, parecía que ella también lo tenía ¿acaso ella era tan tímida como él?

- ¡Basta! ¡Deja de pensar en tonterías! –se recriminó a sí mismo cubriendo sus ojos con sus manos.

Si sólo se concentraba en cerrar los ojos y dormir un poco, todo estaría bien, pero… No fue así.

- ¿Estás segura que puedo acompañarlos? –una voz bajo los pies de Zelda se hacía sonar algo susurrante.

- Claro que sí. Será mejor darnos prisa, Link nos espera en la oficina de administración.- pensar en ello hacía que su paso se acelerara.

- Zelda... Te noto… ¿ansiosa? –su voz cambió, su tono denotaba algo de tristeza.

- S-supongo… -admitió.- Creo que pienso en Link, como alguien de confianza, alguien que sé que nunca me fallará, otro amigo ¡Como tú Midna! –su sonrisa apareció.

- Eso creo.- En otra situación eso la hubiera alegrado, pero tratándose de Link…

- ¡Buenos días, Link! –no se dio cuenta cuando, pero su mejor amiga ya había entrado a la habitación.

- Buen día, princesa… -se puso de pie, y se inclinó.

Zelda miró al guardia que se encontraba en la habitación y le hizo señas para que saliera.

- Pero… su alteza… -no se encontraba tan convencido, podría ser que se tratara del joven Link, pero aún así…

- Retírate, por favor… -pidió con firmeza.

- Como usted ordene… -salió de la habitación.

Link se encontraba mirando en silencio a la princesa, de nuevo solicitaba hablar con él en privado, la verdad eso le agradaba. La vio dar un suspiro seguido de una sonrisa, hizo que su corazón palpitara un poco más acelerado hasta arrancar de él un sonrisa como respuesta. La princesa caminó hasta las cortinas rojizas y las cerró con cuidado, dejando una habitación brevemente oscura, la clara sombra de la princesa comenzó a moverse, hasta formar un cuerpo humano.

- Midna… -susurró, y su sonrisa se alargó más.

- Buenos días, Link. –Link lo notó, estaba algo decaída, su mirada no era tan brillante como antes y su voz sonaba apagada.

- ¿Te sietes bien? –se acercó a ella mientras ésta levantaba el rostro y daba una sonrisa arrogante, un rápido cambio.

- ¿Crees que soy tan débil como tú y Zelda? No me hagas reír.- en efecto, volvía a ser ella.

- Link, necesito hablar contigo… -volteó a ver a la princesa de Hyrule, aún se encontraba de espaldas algo alejada de ellos.- En tu estadía aquí, necesito que nos ayudes con la seguridad del reino, es más que seguro que eres el mejor guerrero.- volteó a mirarlo, sus ojos brillaban ante las sombras de toda la habitación, haciéndolo perderse en ellos por un rato.- Necesito que entrenes con el capitán Russell. Muchos bulblins han aparecido y los goblins están cada vez más agresivos.- bajó la mirada.- muchas bestias han evolucionado, y hay reportes de muchos gorons y zoras desaparecidos…

- ¿Ser de la guardia real? ¡Un ascenso! –bromeó Midna apoyándose en el escritorio y cruzando los brazos.

- ¿Puedes? –preguntó Zelda.

- Será un honor… -llevó su mano izquierda a su pecho y se inclinó con una sonrisa.- Iré en seguida… -volteó y se dispuso a salir.

- Link. – antes de que el rubio abriera la puerta, su amiga le habló haciendo que se detuviera pero sin voltear.- vete a dormir primero… -dijo seguido de una risa.

En seguida, Zelda abrió con sorpresa los ojos ¿de qué rayos hablaba? Eso, hasta que escuchó al joven reír y después voltear con una sonrisa.

- Te ves horrible.- volvió a comentar Midna, mientras éste sencillamente la miraba con una gran sonrisa mostrando su línea perfecta de dientes blancos.

- ¿Princesa? –preguntó antes de hacer cualquier cosa.

- Ah… C-claro, ve a descansar.-dijo algo atónita.

¿Cómo pudo no haberlo notado? Ahora que lo veía de nuevo en sus ojos se notaba un insoportable cansancio y estrés, junto con un par de grandes ojeras bajo sus ojos… Acaso… ¿Había sido culpa de ella? ¿Él se sentía mucho mejor en su aldea? Pero… Aunque quisiera, no podía hacer eso, lo necesitaba al frente de la guardia real, no por ella sino por todo el reino; Ordon estaba un poco alejado, estando en el palacio tendría mayor facilidad de contactarlo…

Pensando bien las cosas… ¿Realmente lo estaba haciendo por el bien del reino? Link los terminaba salvando sin importar dónde esté ¿Estaba buscando excusas para mantenerlo cerca? Eso sonaba con excesivo egoísmo, eso no era propio de ella definitivamente ¿qué le estaba ocurriendo? A pesar de saber que estaba haciendo mal, no se arrepentía de su decisión. Estaba sola, no tenía amigos aparte de Midna, pero… ¿ella estaría siempre con ella? La princesa del Crepúsculo también tenía un mundo al cual regresar, sabía que su visita era temporal, quien sabe, tal vez se había escapado; de Midna se podía esperar lo que sea.

Link parecía estar rodeado por muchas personas, muchos lo conocían no por tener un alto título, él resultaba tan carismático con todos… Cómo deseaba ser como él, tener una pequeña oportunidad de poder hacer las cosas a su modo. Ser libre, eso era lo que deseaba, mucho más evitar la soledad a toda costa.

¿Quién era ella para ser amiga de ese joven? No lo conocía en absoluto. Si Midna no lo hubiese mencionado nunca habría notado el estado de éste, sin embargo no perdía las esperanzas, llevaba sólo un día en el castillo, tendría mucho tiempo para conocerlo mucho mejor que cualquier otro.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

Continuará...

Gracias por las críticas, la verdad ya había notado algunas de ellas, gracias por recalcarlas.

Me alegro que lo hayan disfrutado! (creo yo... T.T)