DISCLAIMER: Como se sabe las PPG no me pertenecen, lo hago sin fines de lucro y para matar el aburrimiento ya sea el mío o el de ustedes.


Peligrosa Tentación

.

II

Primus Monitis

.


Cada vez más se iba acercando el momento de poner en marcha ese tratado que, varios años atrás, habían acordado con ese sujeto… Ese hombre, al igual que los demás quería ser amado por la persona que deseaba tener e incluso quería poder y riquezas. Pobre y estúpido humano, su maldita envidia y ambición lo llevó a realizar un pacto del cual sus sucesores lo pagarían caro.

Recordaba la mirada cargada de miedo de aquel viejo. Los había invocado a él y a sus dos hermanos sin tener en cuenta que funcionaría, pero sus mismas y fervientes aspiraciones fueron suficientes para llamarlos y traerlos ante su patética presencia. Y es que nada era mejor que un débil e iluso mortal que tuviera ese tipo de deseos oscuros, solo su necesidad de poseer lo que anhelaba importándole poco si afectaba a terceros lo hacía apto para hacer funcionar el ritual. Era en definitiva un egoísta, un hombre demasiado injusto que velaba por sus propios intereses.

Se sentía orgulloso por saber que aún había ese tipo de gente en la tierra de las cuales poderse aprovechar, jugar con ellos, reírse de ellos, y no hay que olvidar su parte favorita… el poseer unas cuantas almas sucias por el pecado para usarlas y así poder volverse más fuerte.

La impaciencia de ese peculiar demonio era ya muy insoportable. Ansiaba tener la energía vital del próximo primogénito cuyo apellido era Utonio. Mas pronto lo conseguiría y se aseguraría de que no tuviera ningún percance.

—Será interesante…—había dicho el maligno ser de mirada rojiza, quien se encontraba ya algo sereno en aquel desolado lugar que bien podía llamar su hogar.

—Te ves muy emocionado—mencionó una criatura de cabellera rubia, su hermano menor quien irrumpía la gran estancia entrando por las enormes puertas, rompiendo así la concentración del demonio pelirrojo.

— ¿Y por qué no ha de estarlo? —Interrogó otra presencia que había entrado junto con el demonio de ojos azules. Otro hermano, de aspecto lascivo, conocido como uno de los peores del infierno—Entre más caigan, mayor será nuestra fuerza… ¿O no es así?

El pelinegro se dirigió al mayor con esa característica superioridad. Era arrogante y no le importaba si le hablaba a su superior.

—Por supuesto—le contestó éste para desviar la vista de ambos demonios y fijarla al gran ventanal que mostraba un panorama exterior donde solo se veía perdición, oscuridad eterna y un sufrimiento inigualable.

—Será divertido—siguió diciendo aquel demonio moreno de mirada verde y penetrante—. Algo me dice que será muy entretenido…

—Espero y estés preparada… Bombón—dijo para sí mismo el pelirrojo—, ya que te espera un trágico y muy exquisito final.

Se le formó una retorcida y macabra sonrisa, al mismo tiempo en sus ojos expresaba algo aterrador, algo horrible. Él tenía planes y para su propio beneficio. La dulce chica de mirada rosa sería la elegida para llevarlos a cabo, ésta no se imaginaba lo que llegaría...

Todo apenas comenzaba.

.

.


En un cuarto donde apenas se adentraba la luz de la luna, una chica estaba durmiendo plácidamente, pero la calma y sus sueños fueron interrumpidos por los gritos de su hermana menor. Como consecuencia abrió sus ojos de golpe y no dudó ni un segundo más para levantarse rápidamente de la cama e ir hacía la habitación de Burbuja.

Sus habitaciones estaban algo retiradas, la única ventaja es que se ubicaban en el mismo pasillo. Ella continuó caminando con paso veloz y descalzo, recorriendo los pisos alfombrados, pasando de lado por los cuadros y jarrones antiguos hasta llegar a la alcoba de la rubia.

Al entrar observó que ahí ya se encontraba Bombón consolando a la chica.

— ¿!Qué ha pasado aquí?! —Preguntó Bellota muy alterada acercándose hacía sus hermanas para sentarse en seguida de la chica de ojos azules.

—Ha tenido una pesadilla—contestó la mayor con un tono serio y de preocupación.

— ¿Una pesadilla? —Ahora la preocupación también la tenía la morena lo que la impulsó a insistir— ¿Burbuja qué fue lo que soñaste?

—Yo… no sé… no lo recuerdo muy bien…—dijo Burbuja mientras cubría su rostro con sus manos tratando de contener las lágrimas.

—Tranquila, todo está bien ahora. Fue solo un mal sueño—trató de ayudar Bombón pero la menor se encontraba demasiado consternada, incluso, algo ausente.

—Sí, Burbuja, lo que sea que hayas soñado no se hará realidad pues nos tienes a nosotras para cuidarte—apoyó ahora Bellota y no perdió tiempo para abrazar a la susodicha.

—Lo sé, pero… es solo que… siento como si algo malo fuera a suceder, y no podamos evitarlo.

—No tienes porque preocuparte, pues como dijo Bellota, siempre estaremos ahí para protegerte—dijo Bombón, con un tono tan maternal muy propio de ella—. Ahora será mejor que vuelvas a dormir. Te hará daño si no descansas y no queremos que enfermes, por eso tienes que olvidar todo.

—Concuerdo. Eso sería lo más adecuado—acompañó Bellota.

—Sí, gracias a las dos, y perdónenme por haberlas despertado.

—No importa porque de todas maneras no estaba dormida. No podía hacerlo.

—Tienes insomnio, ¿no es así? —Preguntó la pelinegra refiriéndose a Bombón.

—Sí…—por alguna desconocida razón a ella se le hacía peculiar no poder conciliar el sueño. Era la primera vez que se le dificultaba tratar de dormir—, pero bueno, regresaré a mi dormitorio.

—Que descanses—contestaron las otras dos al unísono.

—Buenas noches—dijo Bombón para después retirase. Lo mismo hizo Bellota, no sin antes darle otro pequeño y fugaz abrazo a su hermana y apagar la vela para que pudieran descansar. Había sido un día muy largo, pero no era normal que su hermana menor se agitara tanto por un sueño, no al grado de que gritara hasta poder quedarse muda.

Una vez que Burbuja se quedó sola, no quiso volver a dormir, algo le asustaba. ¿Cómo era posible? Se preguntaba. ¿Cómo un simple sueño pudo haberle causado tanto miedo? Ya no era la niña pequeña e indefensa que un día fue, pero, el cómo se había comportado decía todo lo contrario. Estaba tan avergonzada de sí misma.

Cuando ella era solo una infante le temía a muchas cosas. Recordaba las veces cuando su hermana Bellota trataba asustarla y todas esas ocasiones… lo lograba. Pero era diferente a cuando tenía pesadillas. Aquel miedo no se comparaba con el que sentía con esos horribles sueños, ella siempre gritaba descontroladamente, agitándose demasiado provocando además que fuera muy difícil despertarla. En definitiva, los pequeños sustos por las bromas que la de ojos verdes le hacía se quedaban cortos.

Era malo tener pesadillas. Ya que cuando eso pasaba era porqué algo significaba... y no era nada bueno.

Su madre siempre se lo decía..

"Los sueños tienen significados, ya sean buenos o malos siempre te están tratando de decir algo."

Entonces, ¿le pasaría algo? No quería imaginarse que era lo que le esperaba a ella y a su familia. Lo peor, no sabía exactamente que había soñada, no lograba concentrarse en ello, y dudaba que después lo recordara.

—Solo espero que no se cumpla nada—susurró y trató de no pensar tanto en lo ocurrido.

.

.


A la mañana siguiente todo estaba sereno y una pelirroja estaba tranquila, sentada en una de las bancas del jardín. En su mente deambulaba la idea de que solo faltaban tres días para conocer a su futuro marido, y por supuesto no estaba para nada honrada aunque se tratara de un noble. No era el tipo de chica que veía la importancia de estar casada con alguien de buena clase, era más sencilla de lo que se creía. Se guiaba mucho por querer ser la protagonista de una de sus tantas novelas, libros los cuales indicaban romances imposibles pero que a final de cuentas la enamorada terminaba con el hombre que deseaba. Desgraciadamente, sabía que su vida no era una novela romántica y se arrepentía en ocasiones de llenar su mente con historias tan fantasiosas.

Aún con eso preferiría distraerse con un los libros que afrontar la realidad, como ahora, que ante sus ojos estaban las responsabilidades pero optaba por leer el cuento que tenía en manos. Sin embargo hoy era diferente ya que no lograba salir de la primera página.

Esa inquietud que mostraba Bombón se notaba desde lejos, provocando que uno de los hombres, trabajador en la mansión que pasaba por los jardines, se fijara en ella y se acercara inmediatamente.

—Buenos días, Señorita Utonio—aquel hombre de mediana edad pero aún conservando facciones saludables para hacer dudar a cualquiera de que poseía más de cincuenta años, no dudó en preguntar a la chica de ojos rosas sobre la preocupación que ésta irradiaba.

—Buenos días, Edmond—fue lo que ella contestó de manera amable. Luego, dejó su intento de leer tranquilamente para poner atención a su fiel mayordomo.

—Se ve algo preocupada—para que Edmond lo afirmara con tanta confianza, solo significaba que Bombón por más que intentara esforzarse en ocultar sus pensamientos no lo terminaría haciendo creíble, cosa la cual motivó al hombre en seguir indagando con interés—, ¿está bien señorita?

—Sí, sí estoy bien, gracias por preocuparte, no me pasa nada—mintió Bombón, pero su nerviosismo se notaba en las manos pues no las dejaba de mover.

—Su comportamiento me está diciendo lo contrario—demasiado observador o ella demasiado obvia— ¿Puedo sentarme?

—... Claro.

—Sabe que puede decirme lo que sea— dijo Edmond mientras tomaba asiento en seguida de la chica.

—Edmond, no me pasa nada—nuevamente mintió, y era muy pésima haciéndolo.

— ¿No me tienes confianza? — Edmond fingió indignación, un pequeño gesto que siempre sacaba una sonrisa a quien estuviera desanimado. Y Bombón claramente no se resistió a las intenciones de aquel hombre amable, el fiel mayordomo de la familia y que desde que tenía memoria siempre ha estado a lado de los Utonio—, ¿me contarás qué es lo que la tiene así?

—Perdóname es solo que, no quisiera hablar de ello— y la sonrisa que tenía se desvaneció en pocos instantes.

—Es sobre la decisión de su padre, ¿verdad?—La miró comprensivo, ella asintió con la cabeza y él ya no quiso preguntarle más. Si algo tenía Edmond era la sutileza. Sabía perfectamente que noticias pasaban por los asuntos de Lord Utonio, pero, no es que hiciera falta escuchar detrás de la puerta de su estudio para saber de cosas privadas de la familia, no. No hacía falta porque a Edmond todo se lo contaban por guardar muy bien los secretos, por ser tan discreto. Una cualidad perfecta y beneficiosa si quería seguir trabajando en esa mansión.

Pasaron pocos segundos de silencio. Bombón estaba distraída, sumida en sus pensamientos. Esto hizo que el mayordomo aprovechara la situación para ayudar aunque sea un poco a la pelirroja.

—Mire señorita—rompió el ambiente de absoluta tranquilidad, poniéndose serio—, hay cosas en esta vida que uno tiene que enfrentar le guste o no. Y créame que es algo difícil, lo sé por experiencia. Los años que tengo no son de adorno.

La chica de ojos rosas sonrió levemente, le agradaba el optimismo de ese señor.

—Y siempre diré que hay que ponerse a pensar que suelen haber cosas peores—siguió Edmond mirando las rosas blancas que yacían en ese inmenso jardín—. Así que ya verá que todo saldrá bien y que cuenta con el apoyo de sus hermanas, y del mío por supuesto.

—Muchas gracias, Edmond. Gracias en verdad—sin duda alguna él era como un padre para ella. No es que no quisiera al suyo, pero el fiel sirviente de la familia era comprensivo y cariñoso. Algo que su verdadero padre perdió hace mucho tras sufrir la pérdida de su adorada esposa.

.

.


La risa de un niño sonaba por los alrededores.

— ¡Eres muy lenta! —Exclamó el pequeño diablillo que corría a toda prisa por todo el establo, y detrás de él, una muchacha de ojos verdes tratando de alcanzarlo para así darle su merecido... o eso es lo que ella pensaba.

— ¡Maldito mocoso! —Gritó ella, algo frustrada—, ¡verás cuando te atrape!

Corría y esquivaba los obstáculos que el muchachito le ponía; Pajas, monturas, baldes, barriles, entre otros objetos que encontraba. Todo con el único fin de huir de Bellota que, para mala suerte de él, era muy buena evadiéndolos.

Ian. Así se llamaba ese niño de no más de once años, nieto del mayordomo de la familia quien lo cuidaba a falta de padres. Por esta razón, el consuelo que le quedaba era su abuelo Edmond.

Muchachito activo, agradable, de noble corazón pero muy -demasiado- bromista. Por eso se divertía molestando a cierta morena de ojos verdes, la única que era capaz de seguirle la corriente y que lo alentaba a no parar de jugar. Por eso corría para escapar de la furia de la pelinegra y cuando creyó haberla perdido de vista, aprovechó para detenerse a descansar en una de las pasturas del gran establo. No se imaginaba que Bellota estaba detrás suyo clavándole una mirada bastante aterradora.

"¿¡Pero cómo es que me encontró?!" Pensó Ian dándose la vuelta encontrándola enrabietada. Solo pudo reír nerviosamente tratando de ablandar a la muchacha que no paraba de fulminarlo con mucho enojo.

—Bellota, era solo un juego—trató de decirle con ojos de suplica.

— ¡No me importa que hayas dañado mi vestido!—Soltó de repente la otra—, ¡Pero no te perdono que hayas dañado la silla de mi caballo!

Y seguida de la queja, le dio un fuerte golpe en la cabeza.

— ¡Auch!

En efecto, Ian había puesto un poco de aceite en la silla de montar de Bellota, creyendo que ésta se iba enfurecer por tener una mancha negra en el trasero, pero no había contado con el detalle de que Bellota era muy diferente a las demás. Ella solo se había enojado por el hecho de que estropeara la silla especial de su caballo favorito.

— ¡Eres demasiado rara! —Se defendió mientras se sobaba la cabeza.

— ¡Y tú solo un mocoso latoso buscando cómo hacer para joderle la vida a los demás! —Resaltó Bellota cruzándose de brazos.

— ¡Pero tan siquiera lo admito!

Y antes de que Bellota nuevamente protestara, paró abruptamente cuando vio una carroza en frente del portal de su casa. No estaban demasiado lejos y por ello se dieron cuenta de la visita inoportuna que llegaba.

"¿Quién será?" Pensaron ambos a la vez muy desconcertados. Solo observaron que un joven se dirigía hacía la entrada y tocaba la puerta de la enorme residencia. Nunca lo habían visto, pero era claro que se trataba de alguien importante, o eso aparentaba.

.

.


—Lord Anthony—pronunció Edmond al momento de que hacía una reverencia invitándolo a pasar—. Sea bienvenido.

Alguien los observaba desde las escaleras. Bombón, que estaba viendo detalladamente al muchacho, se estaba imaginando lo peor. Quiso irse inmediatamente a su habitación y encerrase por un buen tiempo y rogar que se fuera rápido, que realmente no era quien su padre esperaba ya que por su mente solo se preguntaba si era él quien sería su futuro marido, su prometido, quien hablaba con elegancia y se dirigía a la terraza de su padre.

Pero sobre todo, lo que más se cuestionaba así misma sin tener respuesta era el por qué había decidido llegar antes de lo acordado.

.

.

.


¡Hola! Bien, al fin pude subir capítulo... Hubo muchas razones por las que no pude hacerlo el sábado, pero bueno, ¡aquí esta! Corto... lo sé, pero es que no suelo escribir mucho por dos razones.

Uno; no se me ocurre que más poner.

Y dos; no tengo que estarme mucho tiempo en la computadora.

Am, y aclaro que me he inventado unos personajes pues los requeriré en mi fic, jeje, así que no se extrañen al ver nombres que nunca han oído en la caricatura.

Muchas gracias a todos aquellos que se animan a dejarme un review porque eso significa que el fic vale la pena. ¡GRACIAS! Digo otra vez por los comentarios y por todos los que leen, gustan y apoyan la historia. ^^!

Sin mas que decir se despide:

¤Lady¤of¤the¤Death¤


Publicado el 7/2/11

Actualizado el 10/1/14