...pero siempre hay una primera vez. (II)
- ¿Confías en mí, Lily?
Es sábado por la tarde. Ella gira la cabeza levemente para mirarle, con perezosa delicadez, despacio pero súbitamente al mismo tiempo, arrastrando la cabellera pelirroja en la dirección contraria.
- ¿Alguna vez, Potter, durante estos seis años, me has dado un solo motivo para que confíe en ti?
Apenas hay nadie en el castillo aquel día a causa de la cercanía de los exámenes. James sonríe como si fuese aquella justo la respuesta que estaba esperando y, sin darle tiempo a reaccionar siquiera, le obliga a darse la vuelta, empujándola levemente, situando su mano derecha sobre su hombro izquierdo. Después, con la mano que le queda libre, se termina de desabrochar la ya de por sí habitualmente demasiado desabrochada corbata de la casa de Gryffindor y la ata alrededor de los ojos de la chica con un movimiento rápido.
- ¿Qué se supone que estás haciendo, James? – pregunta Lily, en un tono que James no sabe del todo si es divertido o lleno de ira. Frunce el ceño, pero realmente no parece estar enfadada con él; sorprendida, quizás, pero desde luego no enfadada en el sentido estricto de la palabra, "lo cual es un avance", piensa.
- Tengo cosas que enseñarte, Lily. Pero son un secreto. Así que voy a mostrártelas, pero no vas a verlas.
- Y… ¿Cuál es el sentido de eso, exactamente, Potter?
- Hay… Hay cosas que se disfrutan más con los ojos cerrados, Evans. Déjate llevar. Si te gusta lo que voy a enseñarte y prometes que quedará como algo entre los dos, quizás otro día podamos volver a hacer lo mismo, pero esta vez, te prometo que te dejaré mirar.
El pasillo del cuarto piso está completamente desierto y solo sus voces resuenan por el corredor, dejando tras de sí un eco lejano de susurros y palabras que solo ellos comparten. Lily suspira y se encoge de hombros, resignada y curiosa a partes iguales.
- No sé por qué sigo dejando que me engañes para hacer estas cosas. – vuelve a suspirar, James está tan cerca de ella que nota como su pecho se contrae y un escalofrío le recorre la espalda – Está bien. Puedes llevarme a donde quieras.
James la coge de la mano. No sabe por qué lo hace, es una especie de acto reflejo, una reacción involuntaria de su cuerpo, pero la coge de la mano y tiene la piel más fina y suave que haya tenido el placer de rozar jamás, y su tacto es delicado y tiene miedo de sujetarla demasiado fuerte, como si fuese a romperse. Juntos y así, sin soltarse, se adentran como nunca en el laberinto de corredores y pasadizos que es el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Apenas hablan durante el primer tramo del camino; sin embargo, James no necesita decirle nada, ni siquiera necesita conducirla, porque ella le sigue como si tuviera la absoluta certeza de dónde está él en cada momento y pudiera caminar sobre sus rápidas zancadas sin dificultad. Sin saberlo, con cada paso, James no solo está avanzando hacia su destino sino que camina en un sendero más largo, más intrincado, algo que no es visible pero es más real incluso que todo aquello en el universo que puede escucharse, sentirse, tocarse. La travesía hacia el corazón de Lily es más complicada de lo que fue jamás para James recorrer el castillo de punta a punta, pero está más decidido de lo que nunca lo ha estado en su vida a llegar hasta el final de ella.
