Deseo
Cobalt había llegado al centro de la ciudad segundos después que vio caer del cielo un meteoro azul. Él conocía la causa- ¡Se había enfrentado en batalla contra la causa! Al llegar al punto de colisión, todo lo que pudo presenciar eran escombros y destrucción, cuerpos tendidos en el piso y silencio total. Esto era lo que quedaba de su ciudad; un montón de basura desolado.
Pero entre todo aquello, estaban ellos, y el rubio no tuvo problema alguno para ubicarlos: ahí estaba su hermano, inconsciente, herido pero aún entonces, aferrandose con fuerza a Amethyst. Ellos también habían crecido, mientras él seguía igual. Crimson ya era todo un hombre, y Amethyst lucía más hermosa. Él sabía que no podrían sentirlo, verlo o escucharlo, pero aún así, se hincó en el suelo y plantó un beso en la frente de ambos.
"Lamento... no poder ayudarlos." Murmuró el ojiazul.
"¡Zoru!" El aullido de Hades llamó la atención del rubio, y al girarse, pudo ver como Nebula se acercaba a la escena lentamente, admirando el entorno que había creado, la ruina que había traído a esta ciudad. El Pokemon zorro saltó al capo de un auto, y con su cola le hizo una seña a su entrenador para que lo acompañara. Cobalt se levantó y cumplió las demandas del Zorua.
Ambos veían como Nebula se trepaba a una montaña de escombros, y se disponía a admirar todo desde la cima. Fue entonces que su mirada se posó sobre Amethyst y Crimson, y una sonrisa llena de malicia adornó sus facciones. La morena se sentó de piernas cruzadas en su lugar, mientras observaba como la chica de ojos amatistas despertaba y se revolvía en su lugar.
Cobalt observó junto a Hades como se desarrollaba un pequeño dialogo entre ellas, al que después se unió su hermano. Cobalt había visto molesto a su hermano antes, pero esta vez... esta vez Crimson lucía a punto de asesinar a alguien. Y quizá ese era el plan que maquinaba su mente. Y cuando Salamence descendió del cielo, Cobalt no pudo contener la emoción de volver a verlo en acción, a él, a Crimson, a Amethyst, ¡Contra Nebula! Alguien cuya abilidad era bien conocida por el rubio.
"¡Cielos, esto va a estar bueno!" Gritó Cobalt, lanzando los brazos al aire, seguido por un aullido emocionado de Hades. Pero toda la emoción se drenó de su rostro cuando todas las cabezas se giraron en su dirección.
"Eres tú..." Murmuró Nebula. No, no, no, no. Se suponía que ella no podía verlo, ¡Casí se para encima de él en la playa! ¿Cómo era que podía verlo ahora?
"Co-Cobalt..." Musitó Amethyst, con los ojos abiertos de par en par. Solo para confirmar que todos ellos lo escucharon, Cobalt buscó a su hermano con la mirada y- Si, él también lucía tan impresionado como los demás.
"¿Pueden verme?" Murmuró el rubio, más para si mismo que para alguien más. "¡Pueden verme!"
"Rayito de Luz, sabía que no podrías andar lejos de este par." Afirmó la General del Team Void. "Aún entonces, me parece extraño. ¿No se suponía que tu hermano te había asesinado?" La muchacha se giró hacía Crimson, quien se había mantenido en silencio todo ese rato. El ojirojo no había escuchado nada de lo que estaban diciendo, no prestaba atención a nada más que a Cobalt. "Como sea, igual tengo castigo para repartir a los trés."
"Lo dudo, Morticia." Siseó Amethyst, antes de tomar una Pokebola y liberar a su Blissey.
"¡Yo también quiero pelear!" Exclamó el rubio, y ante esto, Hades saltó al frente, luciendo tan amenazador como le era posible.
"Entonces así está la situación..." Nebula tomó trés Pokebolas de su cinturón y las lanzó al aire, para liberar a Ninetales, Roserade y Whimsicott. "Adelante."
A la señal de su entrenadora, Ninetales y Roserade atacaron con Lanzallamas y Tormenta de Hojas a Hades, sin embargo, Blissey se interpuso en el camino y recibió los golpes. El rugido de Salamence atrajo la atención de Nebula, antes de que el Dragón se lanzara hacía ella a una velocidad impresionante; sin embargo, Whimsicott se interpuso entre ellos, uso Sustituto y absorbió el ataque.
"¡Usa Drenadoras!" Ordenó Nebula, y el pequeño Pokemon de Hierba hizo lo justo, enredando a Salamence con decenas de pequeñas lianas.
"¡Golpes Furia!" Zorua se lanzó al ataque contra Roserade, logrando acertar solo un par de golpes antes de que Ninetales lo embistiera. Cuando el Pokemon de Fuego se disponía a acertar el golpe decisivo contra Hades, Blissey lo defendió de nuevo, sujetó al enemigo y lo lanzó al aire, efectuando un Movimiento Sismico.
Por su parte, cada ataque que realizaba Salamence era bloqueado de una u otra forma por Whimsicott, quien poco a poco drenaba al Dragón de su fuerza vital.
"Es inutil." Rió Nebula. "Gracias a la habilidad especial de Whimsicott, no podrás hacerle daño alguno. Así que sientate, relajate y observa como tu mascota muere lentamente."
"¡Hades, Mofa!" Completamente de la nada, Zorua apareció frente a Whimsicott, le miró directo a los ojos y... le mostró la lengua, moviendola de un lado a otro y haciendo ruidos extraños. El Pokemon de Hierba le miró atónito por unos segundos, antes de gruñir y darle una bofetada. "¡Ahora, Crimson!"
"¡Salamence, Garra Dragón!" Sin nada que Whimsicott pudiese usar para protegerse, recibió el golpe entero en el rostro, quedando incosciente al instante. Ya con eso fuera del camino, Salamence se movió lo más pronto posible hasta donde estaba Blissey, recibiendo fácilmente los ataques de Roserade y Ninetales. "¡Terremoto!" Al golpear el suelo, la tierra se partió, enviando a Ninetales por los cielos, y directo al piso en una posición no muy favorable. Solo quedaba Roserade, quien se mantenía de pie a duras penas.
"Hades, usa Finta." De nuevo, de la nada, Hades apareció justo frente a Roserade, levitando sobre su cara, e inmerso en un resplandor purpura, entregó el golpe final, noqueando al último Pokemon en pie.
"En tu cara, reinita." Exclamó Amethyst, señalando a la Entrenadora que se mantenía serena, apacible, fría. La muchacha se levantó de su asiento, regresó a todos sus Pokemon a sus Pokebolas y sonrió. Una sonrisa más honesta que cualquiera de ellos le hubiese visto antes.
"Es bueno ver que algunas cosas nunca cambian." Afirmó Nebula, antes de girarse a Cobalt. "Me encantaría quedarme a discutir, principalmente acerca del por qué luces igual que hace trés años, pero tengo asuntos pendientes."
"¿Y te crees que simplemente te dejaremos irte?" Preguntó Crimson. Como leyendo su mente, Salamence se lanzó hacía la General, sin embargo, una rafaga negra golpeó al Pokemon Dragón y lo dejó inconsciente.
"No hay nada mejor que un re-encuentro con los amigos." Murmuró una voz, monótona y blanda. Las miradas se giraron a lo lejos, donde una mujer de cabello y ojos negros observaba la escena con aburrimiento tatuado en el rostro. "Aún así, no tenemos tiempo para jugar, Nebula."
"Roxa, ¿No vas a saludar a los niños?" Bromeó Nebula, antes de bajar de la pila de escombros de un solo salto y caminar hasta su compañera. "Debes tener en cuenta que podrían sernos útiles algún día."
"Ésta vez no necesitamos a ninguno de ellos." Afirmó Roxa, un segundo antes de que su Zoroark apareciera junto a ella. "No tiene caso molestarnos con el grupo de fenomenos."
"¡Fenomenos!" Exclamó Amethyst, a punto de lanzarse contra ambas. Sin embargo, Zoroark golpeó el suelo, liberando un fulgor oscuro que los envolvió, y segundos después, habían desaparecido. "¿Cómo se atreven ellos a llamarnos fenomenos a nosotros? Es como un Scizor llamando rojo a un Krabby."
"¿Pero y si el Scizor es daltónico?" La pregunta del rubio los devolvió a todos a la realidad de su situación. Por varios minutos, ahí quedaron los trés, en profundo silencio, solo mirandose sin decir nada. "Oh... hola, chicos." De nuevo, silencio. "Esto... es extraño, ¿No es así?"
"Es... inesperado." Murmuró Amethyst, antes de agachar la mirada. Sin embargo, el sonido de pasos sobre el suelo sucio la hizo levantar la cara nuevamente, para encontrarse con Crimson, de pie frente a su hermano.
"Hola, Crimson." Saludó el rubio, sonriendo como solo él sabía hacerlo, sin embargo el moreno no respondió al gesto. De igual manera, Cobalt no esperaba que lo hiciera. "Haz crecido mucho; ahora te pareces más a papá. Recuerdo una ocasión en que-"
"Golpeame."
"¿Qué?"
"¡Golpeame!" Ordenó el moreno, mirandole con rabia. "Quiero que me golpeés."
"¿Po-Por qué?"
"Te lo debo..." Murmuró el ojirojo, pero Cobalt estaba demasiado perplejo como para entender lo que sucedía. Crimson sujetó la mano de su hermano y la colocó sobre su propia cara. "¡Golpeame!"
"Yo... no puedo." Suspiró el niño, antes de agachar la mirada, apenado. "No puedo golpearte."
"¡Hazlo!" Por más que le gritara, el rubio jamás podría levantarle la mano a su hermano. Por más cosas que Crimson le haya hecho, por más justo que fuera, él nunca podría lastimarlo. "Cobalt... por favor." El ojiazul levantó el rostro, para encontrarse con el de su hermano, y se encontró con un Crimson a quien no conocía, un muchacho diferente. "Por favor." El rubio le miró atónito por unos segundos, tragó con dificultad, formó un puño con la mano que tenía libre...
Y golpeó a su hermano con todas sus fuerzas, justo en la mejilla derecha, derribandolo al suelo, ante la mirada atónita de Amethyst.
"¿Te sientes mejor?" Preguntó el rubio, sereno, devolviendo sus manos a los costados de su cuerpo. "No entiendo por qué fue eso."
"Justicia." Murmuró Crimson. El muchacho escupió un poco de sangre al suelo y después se levantó, lentamente. "No debí haberte golpeado cuando estuvimos... allí."
"Supongo que lo encontraste, ¿No?" Intervino Amethyst, dirigiendose a Cobalt, quien le miraba confundido. "¿Grey?"
"¿Quién?"
"Esa cosa sigue viva." Afirmó Crimson, con la mirada fija en el rubio. "Grey aún está en este mundo."
"Pero entonces, ¿Cómo es que Cobalt está aquí?" Preguntó la castaña, avanzando hasta Crimson.
"¿Quién es Grey?" Preguntó el rubio, sintiendose un tanto ignorado.
"No estoy seguro de cómo, pero Cobalt y Grey existen independientemente uno del otro." Continuó el ojirojo. "Éste Cobalt no ha envejecido, mientras Grey aparenta 15 años, la edad que debería tener Cobalt."
"¿Estás diciendo que Cobalt es un espiritu o algo así?"
"¿Quién es Grey?"
"No me lo puedo explicar de otra manera." Crimson miraba al suelo, con dos dedos presionando sus sienes. "Debemos encontrar a esa cosa, y quitarle el cuerpo de-"
"¡Basta!" Gritó el rubio, rompiendo el debate de los mayores, obligandoles a mirarlo. "¡Por favor, basta! Ya..." Suspiró Cobalt, agachando la mirada, sin poder evitar que las lagrimas bajaran por sus mejillas. "Ya no me ignoren... por favor, no me ignoren. Estoy harto... de que no me escuchen, que no me vean, que no me sientan. Me duele no existir... Me duele."
Todos enmudecieron nuevamente, mientras miraban al Niño de la Luz llorar en silencio. Amethyst posó una mano sobre el hombro del chico, y con la otra levantó delicadamente su rostro para obligarle a mirarla. Una sonrisa, un abrazo, y fue todo lo que Cobalt necesitó para poder llorar en paz. Para llorar y desahogarse de todo lo que sabía, todo lo que no sabía y lo que quería saber.
Grey aterrizó en un pequeño claro, en un punto desconocido para él. Durante varios días ya, se había dedicado solo a volar en la espalda de Kyurem, sin mapa ni brujula, sin destino fijo; solo se disponía a recorrer el mundo y admirarlo.
"Quizá un día de estos... descubriré que ya no tengo oportunidad de hacerlo." Murmuró el peliblanco para si mismo. Escuchó gruñir al Dragón de Hielo, antes de ver como se acercaba a un estanque y comenzaba a saciar su sed. "Lamento forzarte a todo esto, pero supongo que también es por tu bien."
"Entonces eres tú." Se escuchó murmurara una voz, y de un brinco, Kyurem se colocó frente a su amo, dispuesto a atacar. "Tú eres el que buscamos."
"¿Quién está ahi?" Preguntó Grey, sereno, escaneando sus alrededores en busca de la fuente de ese sonido, o de algún indicio de movimiento en el bosque. "Cobarde. ¡No malgastes mi tiempo!"
Para responder a sus suplicas, una llamarada fue disparada desde las sombras, dandole a Kyurem solo el tiempo suficiente de bloquearla con su cola. A esa le siguió otra bola de fuego, y otra, y otra, y pronto Grey y su contraparte se vieron bajo una lluvia de flamas, que se esparcían por el verde suelo y comenzaban a incendiarlo todo.
"¡Kyurem!" Exclamó el de ojos amarillos, mientras observaba impotente como su Dragón solo se mantenía protegiendolo a él.
"Es inutil resistir." Afirmó aquella voz. Era la voz de un hombre, y se notaban sus esfuerzos por contener la risa. "No me interesa matarte, solo quiero que vengas conmigo."
"¿Por qué?" Ante la pregunta de Grey, el fuego cesó, y un hombre apareció frente a ellos, de complexión delgada, pequeños ojos negros y largo cabello rubio que bajaba hasta sus hombros. Grey observaba con colera al desconocido, mientras el bosque que les rodeaba ardía hasta las cenizas. "¿Quién eres tú?"
"Mi nombre es Van." Dijo el hombre, antes de hacer una educada reverencia. "Vengo en representación del Team Void, que comandado por Lord Braire, solicita tu cooperación."
"Dejate de formalidades. ¡Dime qué es lo que quieres!" Rugió Grey, sin embargo, el hombre ni siquiera parpadeó.
"Queremos utilizar el potencial de Kyurem para poner en marcha la creación de un nuevo mundo." Explicó Van, sobrio y refinado, como todo un caballero. "Ahora, por favor, acompañame."
"Estás loco." Murmuró el de ojos amarillos. "¿Qué te hace pensar que le daré el poder de Kyurem a cualquier loco?"
"¿Poder?" Repitió el hombre, sonando divertido por el comentario. "El poder de Kyurem es solo comparable al de cualquier Pokemon domesticado por un Entrenador." El Dragón legendario no se tomó su comentario muy bien, pero estaba demasiado débil y golpeado como para protestar. "Como ya te lo he dicho, nos interesa su potencial; una vez establecidos los requerimientos necesarios, Kyurem sería el Pokemon más poderoso del mundo."
"No me interesa el poder." Afirmó Grey, con la mirada gacha. "Tampoco me interesa tu supuesto nuevo mundo. Yo solo quiero seguir viviendo, y si accedo a tus peticiones, nada me asegura que mi meta se cumplirá."
"En verdad es una pena que pienses de esa forma." Y contrario a lo que Grey creía, Van simplemente dio vuelta sobre sus talones y regresó por donde vino, antes de desaparecer entre la maleza. El muchacho de ojos amarillos dejó salir un suspiro de alivio, antes de acariciar la frente de su Dragón. "Pero debes entender que no hay más de una opción."
Las flamas que consumían el bosque desaparecieron, y de enre las cenizas, cientos de cadenas se lanzaron contra el muchacho, aprisionandolo, arrebatando el aire de sus pulmones, privandole de cualquier tipo de movilidad. Kyurem rugió, pero antes de que siquiera tratara de liberar a Grey, el muchacho lo detuvo.
"¡Huye!" El dragón se detuvo en sus cabales, tratando de entender lo que el humano decía. "Tú eres mucho más importante. Si tienen toda la información, ellos no se atreveran a matarme, por eso debes huir." El Pokemon de hielo gruñó, inconforme con la decisión de Grey. "¡Largate!"
Finalmente, Kyurem emprendió vuelo, evadiendo con maestría y destreza las cadenas que se abalanzaron contra él, dejando atrás a Grey, quien solo podía escuchar con terror la risa estrepitosa de Van adornando lugubremente la oscuridad del bosque.
"Entonces..." Murmuró Cobalt, aún en brazos de Amethyst, tratando de asimilar toda esta nueva información que su hermano le había brindado. "¿Tengo otro hermano?"
"¡No!" Exclamó Crimson, reprimiendo sus deseos de golpear al rubio. "Esa cosa no es tu hermano, es solo tu estúpido cuerpo caminando por su cuenta."
"Entonces, cuando desaparecimos del Corazón del Mundo, ¿En realidad nuestras mentes y cuerpos se combinaron?" Preguntó el rubio, luciendo algo perturbado por la idea.
"¿En qué te basas para dar estas explicaciones?" Preguntó la muchacha del trio.
"En realidad son solo suposiciones." Confesó el mayor, para después darle la espalda a ambos, con la mirada perdida en el horizonte. "Me baso en leyendas y mitos de los que me enteré viajando por Unova."
"¡Oh, yo he estado ahí!" Exclamó el rubio, llamando la atención del ojirojo. "Desperté en una cueva, junto a un pueblo llamado Lacunosa."
"Lacunosa Town..." Repitió Crimson para si mismo. "Una cueva... sería posible que..."
"¿En qué piensas?" Preguntó Amethyst, intercalando su mirada confundida entre ambos hermanos. El mayor de ellos se cruzó de brazos y agachó la mirada.
"Sería posible que... todo este tiempo, ¿Cobalt haya estado en la madriguera de Kyurem?" Aquella pregunta era más para razonar con él mismo que para cualquier otra cosa, por lo que nadie respondió. El Entrenador comenzó a caminar lentamente en circulos, pensando en voz alta. "No. Dificilmente había lugar donde esconderse, fácilmente lo hubiese encontado. Además esas Pokebolas congeladas-"
"¿Pokebolas congeladas?" Repitió el rubio. El niño se apegó más a Amethyst, mientras su mirada se apagaba de su caracteristico brillo. "Si son las mismas que yo ví... estaban vacías." Murmuró. "No sé donde están ninguno de mis Pokemon."
"Eso tiene sentido." Comentó Amethyst, arrullando al rubio. "Si no tienes un cuerpo físico en éste mundo, no puedes tener posesiones materiales como Pokebolas o tu Pokedex."
"Hablando de eso..." Intervino Crimson. "¿Cúal crees que sea la causa por la cual solo unos pocos podemos verte?"
"Es algo que también me he estado preguntando." Exclamó Cobalt, reanimandose en solo un instante, con aquella voz llena de curiosidad infantil. "Un instante, Nebula no podía verme, y un rato después sí podía. ¿Qué es lo que determina si una persona me ve o no?"
"Para responder eso, tendriamos que hacernos otra pregunta." Propuso la de ojos amatistas. "¿Qué le faltaba a Nebula antes, que tenemos nosotros, y que ella obtuvo al encontrarnos?" Amethyst y Crimson guardaron silencio, inmersos en sus pensamientos, con la mirada perdida en la nada, mientras Cobalt paseaba su mirada curiosa entre ambos. "¿Qué le faltaba... a Nebula?"
"¡Deseos de verme, supongo!" Bromeó el rubio, sonriendo de oreja a oreja. Crimson le lanzó una mirada asesina, pero se detuvo al notar la expresión sorprendida de Amethyst.
"¡Eso es!"
"Bromeas, ¿Cierto?"
"Piensalo, Crimson." Pidió Amethyst. "Suena lógico que si Cobalt no existe en nuestro mismo espacio, solo aquellos que deseén verlo podrán."
"¿Suena lógico?" Repitió Crimson, sonriendo burlonamente. "¿En qué universo suena eso lógico?"
"En el mío suena posible, no sé en el de ustedes." De nuevo, el ojiazul con sus bromas. Por mero instinto, y a sabiendas de que el rubio no sentiria dolor alguno, Crimson le dio un leve golpe en la nuca. "Ja ja, no me dolió."
"¿En serio sugieres que Cobalt existe solo para aquellos que lo desean?" El tonito de Crimson denotaba condescendencia pura. Como si estuviese tratando con idiotas. "Es lo más estúpido que he escuchado."
"Bueno, yo te golpeé hace rato." Opinó el rubio. "Lo cual resulta extraño, considerando que otras personas ni siquiera sienten cuando trato de embestirlas. Además, yo solo logré golpearte porque tú lo quisiste."
"Es la explicación más plausible que tenemos." Comentó Amethyst. "Además no tiene mucho sentido quedarnos a discutir sobre eso cuando tenemos otras cosas de qué ocuparnos."
"Es cierto: tenemos que encontrar a Grey, y devolverle su cuerpo a Cobalt." Afirmó Crimson. "Y para ello necesitaremos ir a Unova: se de un lugar donde podré investigar más acerca de Kyurem, Grey y quizá Reshiram y Zekrom."
"Entonces, ¿Iremos a Unova?" Preguntó Cobalt, emocionado, poniendose de pie de un salto.
"Nosotros dos iremos." Dijo el ojirojo, refiriendose a Amethyst. "Tú te quedarás aquí."
"¡¿Qué?" Exclamó el niño. "¿Por qué? Eso no es justo."
"¿Eres estúpido? No pienso dejarte entrar a la dimensión de los sueños en tu condición." Dijo Crimson, sin perder la compostura. "Ni siquiera estamos seguros de cómo te mantienes en este universo, no pienso arriesgarme a que te pase algo solo por pasarte a otro."
"El Niño Oscuro tiene razón." Le apoyó Amethyst, sonriendo ante la forma en que el rostro de Crimson se contorsionó al escuchar el peculiar apodo. "No te preocupes, Cobalt." La castaña se puso de pie, avanzó hasta Crimson y liberó a su Cresselia. "Volveremos a más tardar mañana."
"¿Y qué se supone que haga durante todo este tiempo?" Chilló el rubio. "No puedo dormir."
"Encontrarás algo que hacer." Crimson posó una mano sobre el Pokemon Legendario, dispuesto a marcharse. Sin embargo, por encima de su hombro pudo ver la triste mirada en el rostro de su hermano. "¿Qué?"
"Es solo que..." El rubio desvió la mirada, tratando de ocultar el sonrojo en sus mejillas. "Hace mucho... que no estabamos los trés juntos." Amethyst y Crimson intercambiaron una mirada, antes de devolverla al rubio. "Lo extrañaba."
"Cobalt..." Le llamó la castaña, sonriendo dulcemente. "Te prometo que volveremos pronto." El ojiazul sonrió, más a fuerza que de ganas.
"Lo prometo." Se escuchó murmurar a Crimson, tomando por sorpresa tanto al rubio como a Amethyst. "No te abandonaré otra vez."
"...Si." Suspiró Cobalt, sonriente. "Sé que no lo harás."
Y en un resplandor purpura, Amethyst, Cresselia y Crimson desaparecieron, dejando atrás al Niño de la Luz.
Estaba encadenado de brazos y piernas, levitando en el aire, sintiendo un dolor como el que jamás pudiera haberse imaginado, en un cuarto tan oscuro que ni siquiera podía ver su nariz. Ya no sentía aquella consante ventisca a sus espaldas; Kyurem lo había abandonado y ahora... ahora solo quedaba esperar lo peor.
"Entonces, ¿Es él?" Se escuchó preguntar a una mujer.
"Si. Por desgracia, el Dragón huyó." Ese era Van. Grey jamás podría olvidar su voz.
"Entonces, ¿De qué nos sirve el chico?" Otra mujer, de voz más aguda.
"El Dragón vendrá a buscarlo, y cuando lo haga..." El sonido de pasos advertía a Grey de lo peor. "Será nuestro."
"¿Y qué hay de Braire?"
"Ya no es importante. Pronto el mundo entero sucumbirá al poder del Team Void."
Al cerrar los ojos, una persona apareció en la mente de Grey: una sonrisa amplia, unos ojos brillantes, resplandesciente cabello dorado. Erá él, el chico al que no conocía. No terminaría aquí; Grey debía seguir viviendo... para encontrarlo, para conocerlo, para saber su nombre.
"R...Reshiram..."
