DISCLAIMER: todos los personajes de Robotech no me pertenecen (aún) son propiedad de Harmony Gold Corporation y todas sus empresas filiales. No es mi afán lucrar solo es una actividad de esparcimiento que solo tiene por objeto rendirle honor a mis héroes de infancia con los ojos de un adulto.


LIBRO PRIMERO: Karl.

Capitulo Segundo

La Aceptación De Nuestro Destino

19 de Noviembre de 1989, Valley Falls, Kansas.

- Pásame la llave número catorce.

Le ordenó Pops Hunter, al muchacho que muy atento lo ayudaba en el mantenimiento del avión de acrobacia. Y mientras el pequeño corría por las herramientas, el experimentado piloto se mantenía en el estómago de su aeronave pensando en el muchacho. Y es que quizás Roy con las aptitudes que estaba desarrollando podía, en unos años más, unirse a su negocio del circo aéreo.- con que tenga la mitad del talento de su padre… ya sería un piloto extraordinario.- Se dijo en voz baja, sonriendo ante la posibilidad que se abría ante él.

- Aquí tienes Pops… tus herramientas ya están todas tiradas… y sólo ayer las ordené.

Le reprendió Roy, que agachado al lado del gigante vikingo, trataba de entender que era lo que le estaba haciendo a la aeronave. Sus azules ojos observaban con fascinación como este hombre lidiaba con gran habilidad en el mar de cables y pernos que era el vientre de la poderosa máquina. Es que todo este mundo de aviones, máquinas y pilotos que descubrió junto a Pops lo tenía deslumbrado, soñaba con la idea de poder volar, por ello estaba habido de conocimientos sabía que sólo de esa manera Pops lo dejaría montarse en una de sus naves. Por lo que no era de extrañar verlo vestido así con ese viejo mameluco lleno de grasa y aceite un día domingo. No le interesaba estar jugando beisbol con sus amigos. Estaba entendiendo lentamente que su pasión se forjaba entre esos fierros y motores.

- Pops ¿Cuándo podre subirme a tu Black Velvet?

- Ya te lo he dicho muchacho, cuando seas capaz de reconocer todas las piezas de esta belleza.- acariciando el fuselaje.- Sólo ahí podrás acompañarme y salir a volar.

- Yo… ya me los sé.

- ¿Todas Roy?

El niño se miró la punta de los zapatos tratando de evitar la respuesta porque sabía que si le decía la verdad perdería toda chance de subirse al avión. Pero si mentía y Pops lo descubría quizás nunca en la vida montaría el Black Velvet.

- Pops y si lo haces como un regalo de navidad… porque en el fondo es lo que yo más quiero… y me he portado bien.

- Vaya muchacho… estas un tanto crecidito para creer en Santa Claus.- notando el rostro de decepción del niño, decide rectificar.- ¿Tanto es tu deseo de volar?

Le preguntó saliendo de debajo de la aeronave e imponiéndole su tamaña figura al niño que lo miraba fijamente esperando de él una respuesta afirmativa. Y al quedar uno frente al otro, Pops notó que en estos casi doce meses que llevaban viviendo con Roy, poco quedaba de ese chiquillo debilucho y abrumado que encontraron en Adele. Su cuerpo había dado un impresionante estirón, los constantes cuidados de Joyce lograron llenar de vigor y energía al pequeño. Él por su parte también aportó fortaleciendo la alicaída personalidad del chico, lo cual fue vital para su excelente integración a la comunidad escolar.- somos unos excelentes padres.- Pensó el hombre con orgullo.

- Tienes razón Roy, has sido un buen muchacho y mereces un muy buen regalo de navidad.- viendo la cara de felicidad del niño.- Ve por Gary dile que alistaremos el Black Velvet.

El pequeño corrió tan rápido que cualquiera hubiera creído que la muerte iba tras él. Y es que jamás pensó que con estas simples prerrogativas lograría convencer a Pops.- al fin estaré allá arriba.- Se colaron sutilmente esas palabras entre la convulsión de pensamientos que golpeaban su mente intensamente. La adrenalina era tan alta, que sentía que todo el mundo a su alrededor se movía en cámara lenta, desde Gary preparando la carga de combustible hasta la salida del hangar del imponente Black Velvet. Un maravilloso aparato modelo Beechcraft T-34 Mentor, y aunque Roy no conocía el terciopelo le parecía entenderlo perfectamente al ver esa máquina estacionada majestuosamente frente a él, que tenía hasta las turbinas lacadas de impecable negro.

Pero por más que trató de mantenerse tranquilo, le era absolutamente imposible. Después de casi una hora en que se demoraron en tener lista la aeronave para salir, Roy ya no daba más de sus nervios, por lo que apenas Pops dijo que estaban listos para abordarla, el pequeño cual luciérnaga a la luz se abalanzó al Black Velvet. Pero la firme mano de Pops lo sujetó de su mameluco impidiendo que el niño pudiera subirse.

- ¿Acaso crees que te permitiré subir con esa ropa toda llena de grasa a mi Black Velvet?

- ¿Me saco el mameluco entonces?

- Vamos acompáñame, te buscaré algo adecuado.

El niño a regañadientes siguió a Pops. No le interesaba la vestimenta, quería de una buena vez montarse sobre el avión. Pero al gran vikingo no le preocupaban o interesaban los apuros de Roy. Y con su parsimonioso caminar enfiló hacia su oficina dentro del hangar.

Después de un interminable trayecto, que se convirtió en un verdadero reto a la paciencia del pequeño niño… ingresaron a la oficina. Roy intentó disimular lo cohibido que se sentía, era su primera vez en este lugar, que como lo supuso era un caos por donde uno mirase. Eso sí no podía negarse que en cada rincón estaba fuertemente marcada la presencia del corpulento piloto. El fuerte olor a tabaco se impregnó de inmediato en la nariz de Roy, este aroma se le había vuelto tan familiar que ya le agradaba sentirlo, sabía que en el lugar donde lo oliese estaba Pops y eso le daba seguridad. De pronto sus ojos se posaron en una ruma de cajas llenas de medallas, trofeos y fotografías. Caminando cautelosamente hacia ellos y aprovechando que el vikingo estaba en otra habitación, pudo ver que en varios galardones rezaba la frase "Primer Lugar o Campeón". El niño asombrado jugaba en sus manos con lo que coligió eran medallas de guerra.- Pops es todo un héroe.- Pensó con inusitado orgullo. Pero pronto dejó eso de lado, algo entre todo ese desorden llamó poderosamente su atención, era un bello álbum fotográfico de cuero color beige que a diferencia de las otras cosas se notaba sumamente bien conservado. Apenas lo abrió la primera impresión del niño fue una espontanea sonrisa al ver que Pops cuando joven… era mucho más flaco y de aspecto bastante más desaliñado. Inesperadamente este estado de hilaridad se cortó en seco, sintió que su estómago se contraía a la vez que sus párpados comenzaban a ceder al peso de las lágrimas. Tenía ante él una foto instantánea, donde salía Pops abrazando a un espigado hombre de amplia y despejada frente. Y del otro lado estaba… su padre. Se veía feliz, con una pose arrogante imponiendo su estampa a sus dos compañeros.

- Tu padre siempre fue un fanfarrón, le gustaba ostentar sus músculos y porte ante el resto.

- El niño se asustó ante la improvisada intervención de Pops y sin darse cuenta soltó el álbum dejándolo justo a los pies del adulto. Que lo recogió y sin prestarle atención alguna dio vueltas las páginas hasta que dio con la fotografía.

- Lo siento yo no quise ser…

- ¿Te he dicho que no puedes meterte aquí?- el niño mueve negativamente la cabeza.- Entonces no te disculpes… además eso de pedir disculpas por todo es cosa de señoritas.

El chico asintió y sonrió quedamente.

- Vaya hace muchos años que no veía esta fotografía… recién habíamos pisado suelo americano.- sonriendo con malicia.- Tu padre estaba loco por cervezas y cigarros. Nos volvimos embarcados y por cosas del clima el viaje que originalmente duraría una semana, nos llevó casi un mes.

- ¿Quién es la persona que sale al medio?

- ¿El inglés?... ese fue uno de los tantos amigos que tu padre se hizo durante su carrera en la milicia.- menando la cabeza.- Tenía un don especial para hacerse con facilidad de ellos… y éste.- apuntando la foto.- Estaba tan loco como él… pero era un buen hombre… un muy buen hombre.

- ¿Era piloto también?

- Si, de la Royal Navy. Tan loco y temerario como tu padre… se divirtió tanto con nosotros, que se ofreció como voluntario para reforzar nuestra flota.- saltando unas carcajadas.- No llevábamos ni una hora en tierra cuando nos topamos con su hermano… un alto oficial de escuela con muchos galones en sus jinetas que indignado lo aguardaba. Al parecer este bandido se había ido sin darle su paradero a nadie y ante las recriminaciones de su hermano este por toda respuesta pescó mi cámara y lanzándola le dijo "Donald sácanos una fotografía"- con los ojos sombríos.- Nunca más lo vi… hace unos años me enteré que falleció en un accidente aéreo.

Roy agacho su cabeza con una extraña sensación. Todas las historias de Pops que incluían a pilotos terminaban de igual forma… en muerte. Un leve escalofrío lo sacudió al pensar en su padre. Y mirando nuevamente la fotografía se dio cuenta que se veía distinto, había algo extraño que sólo ahora caía en cuenta.

- Papá se ve muy contento en la foto.

- Tu padre era una persona muy alegre, siempre tenía la boca llena de risa.- mirando al pequeño que tenía sus puños apretados.- No seas tan duro con él, ser piloto era su vida. Y cuando le dijeron que ya no volaría más fue lo mismo que pegarle un tiro en la sien… pero amargado y con el alma en rastras igual se las ingenió en salir adelante y pudo hacerse cargo de ti y de tu mamá.

Unas rebeldes lágrimas se resbalaban de las mejillas del niño. Pops al verlo no supo muy bien qué hacer y con su ruda sicología sólo atinó a darle unos fuertes palmetazos en la espalda.- ya muchacho… tranquilo… no es para tanto.- Y al mismo tiempo sacó la fotografía del álbum y se la entregó.

- Ese fue un gran día… un gran día para todos. Pero en especial para tu padre. Consérvala Roy, así podrás recordar cómo verdaderamente era tu padre.

El niño tomó la fotografía entre sus manos y luego de observarla un momento sonrió con suficiencia tal como lo hacía su padre en la foto. Lo que Pops aprobó con una bonachona sonrisa a la vez que le desordenaba la cabellera con brusquedad.

- Ahora ponte esto.- tirándole una chaqueta.- Si no, se nos pasará el día en estas cursilerías que no es propia de machos recios como nosotros ¿Verdad?

El pequeño Fokker asintió feliz torciendo su sonrisa de manera desafiante. Y Pops tuvo la sensación que Roy era ahora mucho más parecido a su padre que hace unos instantes atrás.


19 de Noviembre de 1989, HMS Invencible, Punto GIUK.

El cigarrillo se consumía sólo por el viento que llegaba al barandal del portaviones. Y Donald no parecía prestarle ni la menor importancia. Sus pensamientos estaban a miles de kilómetros de allí. Se sentía incómodo con esta melancolía tan impropia de un carácter tan templado como el suyo. Pero le era inevitable sentirse así, la imagen de su mujer y de su hija eran una constante compañía que no podía alejar menos después de los informes que llegaban desde Europa del Este. Sinceramente pensó que su gobierno estaba con una disposición distinta a la de los americanos y que ellos si prestarían ayuda y socorro a los refugiados de las numerosas guerras civiles que azotaban la zona. Pero con decepción comprobó que ellos únicamente querían ver la caída del modelo oriental y aunque intentó de persuadirlos sólo consiguió fabricarse un fuerte conflicto con sus superiores del gobierno. Lo que además acarreó que se tensionaran las relaciones dentro de la división.

El inglés sacudió la cabeza con pesar desde las matanzas que le tocó ver en las Falkland, no veía tanto horror.- esos al menos eran soldados… estos son civiles.- Se dijo para sí tratando de alejar el recuerdo de sus ojos.

- Con esa actitud pareces un novato y no un experimentado oficial.

- ¿De qué hablas Henry?- increpo molesto Donald.- En que te parezco un novato.

- La guerra no es un acto heroico… eso ya deberías saberlo... es cruel y no respeta a nadie. Por lo que estos actos de guerra no deberían afectarte, al contrario deberías mostrarte más firme y dar confianza a tu gente. Sin mostrar dudas ante el proceder de tu gobierno…eso te hace ver débil.

- ¡Vaya y esto me lo dice un oficial que denuncio los crímenes de su gobierno!

- Yo no aspiro llegar a la comandancia en jefe, ni menos a dirigir Las fuerzas miliares británicas en un futuro.- como Donald tratase de replicar.- ¿O me equivoco?- el inglés derrotado ante la crudeza honestidad del ruso, no le quedó de otra que aceptar que tenía razón.- Entonces mi estimado deberás trabajar tu temple, ya tienes el respeto y respaldo de tus compañeros de armas… también las conexiones políticas. Pero eso no es suficiente, necesitas con urgencia que el mundo civil te vea a ti como un aliado… Y el puntal de la familia de tu mujer no lo es todo y lo sabes.

- Lo sé, lo sé.- le replicó con desgano a la vez que sus cerillos encendían otro cigarro.- Pero pensé que mostrar un poco de humanidad, podría servir para calmar los ánimos… Pero como decía mi abuelo no hay piedad cuando se roza la victoria.

- Eres un hombre con muchas habilidades Donald.- le contestó imitando su gesto con el tabaco.- Y tu veta política es prometedora… se que podrás hallar el modo de hacer lo que quieras, manejando a tu antojo a los políticos.- sonriendo siniestramente.- Únicamente mantén el corazón frio.

- Y es un ex oficial soviético quien lo dice.

- Si eso te sorprende… figúrate a mí dándole consejos de diplomacia a un inglés.

Los oficiales rieron espontáneamente relajando así la lúgubre atmósfera que rodeaba a Donald. Y haciendo que este volviera a tomar esa actitud de soberbia autosuficiencia tan habitual en él. Y apagando el cigarrillo le dio la espalda al barandal.

- Entonces adelantaremos todas nuestras líneas, debemos impedir a toda costa que la Flota Del Norte realice algún movimiento para impedir la caída del régimen Soviético.

- La marina no será tanto problema, las fuerzas ahí están divididas… pero en el ejército.- una mueca de contrariedad.- Ellos están convencidos en los principios de Rusia.

- Querrás decir el socialismo soviético.

- No Donald.- su tono de voz era ahora duro y acusador.- Ellos están convencidos que Rusia es lo más grande por lo que su único lugar posible es la cima. Y quienes sean capaces de darle ese lugar tendrán su fidelidad.

- ¿Pero no ven la oportunidad de la libertad que se les abre?

- Te enseñaré algo de la idiosincrasia de mi gente… preferimos ser un pelo en la cola de un león… que la cabeza de un ratón. Ser libres es importante pero lo es más ser fuertes.

- ¿Entonces qué paso contigo?... eres un bicho raro.

- No para nada soy igual que ellos… solo que ahora mi país es Inglaterra y no Rusia.

Y una media sonrisa se dibujó en su rostro justo antes de volver a colocar la pipa en su boca. Donald también sonrió compartiendo con honda satisfacción tal afirmación.


19 de Noviembre de 1989, Valley Falls, Kansas.

- ¿Entendiste bien los controles de la cabina?

- Sí señor.- le respondió Roy sumamente nervioso.

- Muy bien prepárate entonces.

El pequeño sintió como su corazón casi saltaba de su pecho, cuando el Black Velvet comenzó lentamente a rodar por la pista. Roy giró su cabeza y vio por la ventanilla como la velocidad comenzaba a deformar el paisaje, sus pequeñas manos se aferraron a los tirantes de su cinturón de seguridad. Mientras su paladar se resacaba ante la emoción desbordante de sus sentidos que esperaban intranquilos el momento del despegue. De pronto cuando la velocidad parecía que se salía de control y el miedo erizaba su piel... sintió que su sueño se había cumplido. Y mientras su espalda se hundía en el respaldo de su asiento sonreía dichoso.- estoy volando.- Se repitió para sí, aunque en un flaco sentido de la auto conservación no pudo evitar cerrar sus ojos con fuerza. Era un torbellino de ruidos y emociones que no podía controlar, sintió de pronto que este se desbordaría haciéndolo colapsar… Y súbitamente todo quedó en silencio… solamente la agitada respiración de sus pulmones era de lo único que podía estar consciente. La inmensa vorágine de sensaciones mezcladas con el ruido del motor y de la hélice del avión simplemente se detuvo, para que una desconocida paz se adueñara del alma del pequeño niño.

- Estamos volando muchacho.

- Esto… es increíble.

Le contestó Roy, que aún se mantenía con los ojos cerrados pero con una gran sonrisa en su rostro. Estaba tratando de asimilar y entender qué era lo que le sucedía a su cuerpo, estando aquí entre las nubes. Abrió sus ojos y miró por la ventana.- así que así se ve el mundo desde arriba.- murmuró para sí olvidando que hace un minuto estaba lleno de miedo.

- Ahora necesito que pongas mucha atención al panel de tu cabina

- Muy bien Pops.

- Fíjate en el altímetro… qué marca.- el chico le respondió en tono profesional como si fuera un adulto, Pops sonríe.- Perfecto muchacho ahora dime en qué otra cosa tienes que fijarte para que el avión pueda volar con tranquilidad.

- Esta el anemómetro… y está marcando sus índices normales. La velocidad del viento es constante.

- Y tu palanca secundaria cómo se encuentra.

- Está en su posición y con el seguro en su lugar.

- Pues quítaselo.- el muchacho intentó protestar pero Pops no le dio tiempo y sólo dejando entre ver un par de dientes entre su frondosa barba, le cedió el mando.- Ahora es todo tuyo.

Roy sintió que todos sus órganos descendían a la altura de sus tobillos. Trato de mantenerse sereno pero su pequeña mano apenas daba para rodear la palanca de gases y no siendo capaz de controlarla por lo que comenzó a descender vertiginosamente. Todo se hizo confuso para él, escuchó a lo lejos la voz de Pops gritándole desde la cabina de adelante, pero él no podía obedecerle, sólo tenía en su mente los manuales de vuelo que leyó hasta el cansancio y que no le permitían ahora reaccionar. Pero de pronto algo en el niño se despertó.- todo saldrá bien.- Gritó en voz alta, a la vez que con firmeza tomó la palanca de gases y tirando de ella con tal destreza que casi sin utilizar ningún otro control logró darle estabilidad a la aeronave. Pops gritó eufórico, celebrando la pericia del niño. Mas Roy no lo oía… estaba experimentando un leve instante de trascendencia en su vida y a pesar de su niñez él era capaz de comprenderlo. Fue ahí que mágicamente a sus ojos comenzó a desaparecer el panel de control, luego la carlinga y hasta el suelo de sus pies… todo a su alrededor desapareció incluso Pops. Solo eran él y el cielo, respirando hondo pudo sentir cómo su mente le susurraba frases incongruentes de felicidad plena.- este es mi lugar… aquí pertenezco.- Abriendo violentamente sus ojos vio la revelación de su destino y sin siquiera pensarlo exclamó.

- ¡Voy a ser piloto!


20 de Diciembre de 1989, SeaMirror, Southampton.

- ¿Estás seguro Scott? Eso se ve peligroso.- dijo un inseguro Karl.- Esto no me suena a que sea una bomba fétida.

- Confía en mí… esto lo vi en un capitulo de Mac Gyver. Solo falta ahora conseguir el olor apestoso.

- Entonces no entiendo, ¿Para qué son esos cartuchos de pólvora?- era este el último intento de Karl para desistirse de este proyecto, pero claudicar no era una palabra que conociera Scott.- Papá dice que estos cartuchos no son para jugar… son peligrosos.

- Quédate tranquilo, yo sé lo que hago, ya les saqué los detonadores así que no hay ningún peligro.- con un ufano tono de voz.- Eso también lo aprendí viendo…

- Mac Gyver, ya lo sé.- lo interrumpió Karl con resignación.

- Ya cambia esa cara y mejor ayúdame a armarla.

- Scott… no es justo tú siempre me estas mandando.

- Es que yo soy mayor que tú… cuando tú seas mayor ahí podrás mandarme.

El niño sentado en el suelo lo quedó mirando con una expresión de molestia en la cara. Pero después de unos segundos de pensar en la propuesta de su amigo, termina sonriéndole ampliamente y de manera efusiva asiente con su cabeza.- que conste que yo mandaré cuando sea mayor que tú.- Le respondió y con su característica habilidad mecánica comenzó a ensamblar cada una de las piezas que componían la mentada bomba fétida. Scott por su parte observaba atentamente, eso sí, sin dejar de dar instrucciones. A la vez que sus ojos brillaban fulgurosos ante la idea de la bomba, que sería la justa venganza en contra de Meriedith, la ama de llaves de la casa y constante aguafiestas de todas sus diversiones.

- ¿Qué están haciendo?… Mmmm cuando ustedes se juntan son cosa seria.

- Nada mamá.- le corta rápidamente Scott, ocultando el artefacto.- Sólo es un nuevo juego.

- Pues déjame verlo.

- Betty deja a los chicos en paz… ser traviesos es una de las cosas lindas de la infancia.- acariciando dulcemente los cabellos de Karl.- Vayan afuera y jueguen tranquilos porque Elizabeth recién se durmió.- viendo a su hija que cargaba en su otro brazo.- Y ya saben lo fácil que se despierta.

- Como diga tía.- le respondió Scott, tomado del brazo a Karl, que trataba de ocultar entre sus manos el artefacto.- Estaremos en el lago.- dijo antes de cruzar la puerta.

Sarah quedó sonriendo mientras veía partir a los niños. Y tomando asiento en uno de los sofás de la sala, cuidaba de que su pequeña niña no se despertase.- debo ser una mal agradecida.- Pensó con desgano, y es que a pesar que todo lo relacionado con su Elizabeth se estaba desarrollando espléndidamente, no podía evitar sentirse así de desanimada. Todo por causa de la última conversación telefónica que tuvo con Donald, donde quedaba sepultada toda esperanza de que pudieran pasar juntos las fiestas. Su asignación se extendería por varios meses más.- te estás perdiendo cosas maravillosas de tu hija.- Se dijo para sí con una inmensa melancolía. Desde que se casaron Donald jamás había estado tanto tiempo fuera de casa y para ella su ausencia se hacía más dura día con día. Las escasas llamadas que él realizaba, ella trataba de extenderlas hasta más allá de la prudencia. Pero es que era algo que no podía evitar, Donald era vital para su existencia.

- No te aflijas Sarah, él está bien… cuando menos lo pienses mi cuñado ya estará en casa.- Le habló Betty con dulzura.

- ¡Blimey! Tan evidente es mi estado de ánimo.- su concuñada asiente con una sonrisa.- Confió en que se encuentra bien y que llegara pronto… pero me preocupa que se esté perdiendo del crecimiento de Elizabeth… no quiero que sea un padre lejano y ausente… si piensa que así como van las cosas quizás ni siquiera pueda estar para su primer cumpleaños.

- Sarah… debes tomar las cosas con más optimismo… al menos tú tienes la certeza que Donald volverá junto a ti y a Lisa.

Sarah cortó de súbito su respiración y de hito en hito miró a Betty, que con su rostro cabizbajo apenas podía distinguirse la nube que cubría sus ojos. Rara vez se dejaba ver así… con su herida expuesta. Era una mujer en extremo orgullosa y se sentía con el deber de mantener con dignidad su viudez, no permitiéndole a nadie que sintiera lástima de ella. Por ello Sarah estaba tan sorprendida y atinó únicamente a regalarle una mirada cargada de ternura y compresión. A la vez que aprisionaba con fuerza la mano de su concuñada con la suya.

- Tienes razón Betty.- apretando más fuerte su mano.- Pero sabes que siempre nos tendrás a Donald y a mí… sobre todo a mí.

- Lo sé querida y agradezco a Dios por ello.- sacudiendo suavemente su cabeza y volviendo a recuperar su expresión habitual.- Mira lo que me obligas a hacer para que puedas ver las cosas en perspectiva.

- Y vaya que le has dado una perspectiva especial.- riendo suavemente y apuntando el diario.- ¿Por qué mejor no nos distraemos un poco?

- Pero si solamente hablan de Alemania.- se quejó mientras recogía el diario de la mesita y comenzaba a hojearlo.- Ves… más y más imágenes del Muro de Berlín hecho pedazos… Honeker refugiado en la embajada de Chile.- hojeando más adelante.- Estados Unidos llena de tropas a Alemania Oriental.

- Al parecer la URSS se está quedando sola.

- Es verdad, una a una las naciones del Este están derrocando a esos dictadores comunistas.- le respondió sin prestarle mayor atención. Saltándose rápidamente las hojas que contenían los cuerpos de economía.- Crisis… crisis… es de lo único que hablan.

- Hay Betty no seas tan dura por Dios. Siento mucha pena por todos esos países, han sufrido muchísimo todos estos años. Menos mal este otoño de las naciones pondrá fin a tanto conflicto y disputa absurda… espero de todo corazón que llegue la paz.

- Yo prefiero ocupar el término de las revoluciones de 1989. Es bastante más realista con lo que le toco vivir a esos pueblos. Ocupar términos tan poéticos es como relativizar lo que ahí pasó.- llegando a la sección de espectáculo.- Finalmente algo interesante.

- Ay Betty si vas a leer farándula, te ruego que no sea de Carlos y Diana… ese tema me tiene saturada.

Betty iba a replicar ante tamaña blasfemia. Cómo no iba a ser interesante Diana y Carlos… los futuros reyes de Inglaterra. Pero abruptamente sus pupilas se dilataron y automáticamente sus manos cerraron el diario. Lo que no pasó desapercibido para Sarah, que notó de inmediato como el rostro de su concuñada se torno lívido repentinamente.

- ¿Qué sucede Betty?

- Nada… es sólo que hay puras noticias de los príncipes de Gales y como no quieres enterarte sobre lo que a ellos les sucede… pues mejor tomemos té. Si mira ya casi van a ser las cinco.- le respondió con cierto nerviosismo.

- Ay Betty tú no sabes mentir… no me obligues a tener que tomar yo el diario, para averiguar qué es lo que te puso así.

- Está bien… está bien.- suspiro resignada. Y tomando el periódico lo abrió nuevamente en la sección de espectáculos. Y con desgano comenzó a leer.- La ex esposa del Conde Harwick se le vio bastante feliz caminando por las calles del centro de Manchester junto a su novio y ex amante. Como lo recordarán nuestros lectores Esther Fitzaland-Howard protagonizó uno de los escándalos más sabrosos a principios de este año, al ser sorprendida en una no muy decorosa situación junto al chofer de su familia. El Conde Harwick, ese mismo día le prohibió el ingreso a su residencia y por medio de su encargado de prensa informó que desde ese momento Esther ya no usaría más el título de Condesa Harwick, pues los trámites de divorcio comenzarían a la brevedad. Lo cual para sorpresa de todos fue muy bien aceptado por Esther, que según nuestras fuentes ella al enterarse de la noticia exclamó con alegría que esto era una gran alivio.

- ¡Blimey! No puedo creer que se filtren hasta esos detalles.- interrumpió Sarah visiblemente abrumada.- Pero continúa Betty por favor, al mal paso darle prisa.

- Muy bien… pero mmm dónde me quede.- le contestó la mujer recorriendo rápidamente con sus ojos el periódico.- Aquí está: Ella exclamó con alegría que esto era un gran alivio. Cosa muy distinta pensaba su familia, que reprobó de forma contundente y severa el proceder de ella. El Duque de Norfolk un hombre bastante mayor, ya retirado de la vida pública delegó en su hijo el manejo de esta situación y fue él quien se encargó de dar la posición de la familia ante la prensa. Ya que para ellos éste es un tema bastante complejo por que como sabemos la familia Norfolk es la representante del catolicismo en Inglaterra. Por lo que la conducta de Esther va más allá que una simple infidelidad.

- Ese Richard se cree el mismísimo Papa Juan Pablo II.- exclamó con dureza al referirse a su hermano mayor.- Cree que estamos viviendo en la época medieval. ¿Pretende acaso que nuestra hermana esté usando una letra escarlata por las calles de Londres?- suspirando con pesar.- Yo sé que ella obró pésimo… pero somos su familia y deberíamos acogerla no apuntarla con el dedo… como lo hacen los demás.

- Y tu padre por qué no se opone a esta actitud de Richard.- le pregunto Betty dejando de lado el periódico.- Aunque yo en cierta manera le encuentro en parte razón a tu hermano. Esther se ha desenvuelto con bastante poco decoro, más parece una estrella hollywoodense que la hija de un duque. Pertenecer a la nobleza no es un privilegio sino una responsabilidad.

- Hablas como mi madre.- le dijo en un inconsciente tono de hostilidad.- Tú no sabes la desagradable carga que es portar con estos títulos… presuntuosos y vacios…

- Claro que no lo sé… únicamente soy la hija de una humilde secretaria Sarah.- le respondió tomando nuevamente el diario.- Pero cuando trabajé en la fundación de los Príncipes de Gales aprendí que estos títulos pueden marcar la diferencia, siempre que sepas utilizarlos correctamente.- sonriendo para sí.- Construimos muchos hospitales, colegios y hogares… esos fondos solamente se conseguían porque ellos reunían a los benefactores que daban cualquier cosa por estar en una foto junto a Carlos o Diana.- Sarah quedó cohibida ante las palabras de ella , siempre Betty tenía algo que enseñarle. Y aunque trató de disculparse, su concuñada le sonrió relajada dándole a entender que esto no tenía importancia.- Mejor terminemos la noticia… por lo que Esther fue alejada de todas las actividades de la familia. A lo que ella se manifestó marchándose junto a su amante, con el que mantiene una austera vida en Manchester. Y según revelan nuestras fuentes pretende casarse en marzo.

- Entonces va en serio su romance con ese tal Benjamín.- dijo con sentimiento Sarah.- Creo que deberé viajar a Manchester.

- Sarah yo entiendo que sea tu hermana… pero ella ha mostrado tanto desapego hacia ti… ni siquiera vino a verte o te llamó por el nacimiento de Lisa.

- Pero es mi hermana Betty… y aunque nunca nos hemos llevado muy bien quiero que sepa que al menos cuenta conmigo.

- Tienes un corazón demasiado grande.- le contestó en un suspiro Betty.- Bueno entonces cuándo partimos.

- ¿A dónde?

- Pues a donde más… a Manchester a ver a tu hermana.- con una pícara sonrisa.- Ni creas que te dejare ir sola… Donald es capaz de matarme si algo te sucede.

- Está bien Betty.- con una lenta sonrisa.- Creo que esperaremos a que pasen las fiestas… así el ambiente estará más calmado. Pero cómo lo haremos con los chicos… ellos no pueden quedarse aquí.

- Ni bien terminó la frase cuando un atronador estallido hizo remecer las gruesas murallas de la sala. Las dos mujeres se miraron espantadas sin entender que es lo que estaba sucediendo. La pequeña hija de Sarah despertó producto del ruido muy asustada y llorando desesperadamente. A la vez que un desgarrador grito proveniente de la cocina llegó hasta ellas.

- ¡Bloody hell!… esto puedo ser un atentado.- dijo Betty con un evidente tono de alarma en su voz. – Mejor vete con Lisa al despacho e ingresa al refugio… mientras averiguo que es lo que pasa. Y por favor no salgas hasta que yo vaya por ti.

Sarah obedeció sin chistar y apenas cruzó la puerta de la sala apareció por la otra proveniente del interior de la cocina… Meriedith. Ella como buena ama de llaves se caracterizaba por presentar siempre una imagen pulcra e impecable. Por lo que verla aparecer con un moño a medio desarmar, sus manos tiznadas y un pestilente olor a animal muerto. Betty la miró de arriba a abajo varias veces sin entender que estaba pasando y con la imposibilidad de poder articular palabra alguna.

- No los soporto más… ¡RENUCIO!

- Pero qué te sucedió mujer.- logró espetarle Betty finalmente.

- No soporto más a ese par de delincuentes que tiene en esta casa.

Los ojos de Betty casi saltaron de sus cuencas, al escuchar las palabras de Meriedith. Y por más que trataba de controlarse el rojo de su rostro subía cual termómetro.- esto ha sobrepasado todo límite.- Farfulló por lo bajo tratando de mantenerse serena. Pero la mesura se había desvanecido a la altura de sus talones y con todo el aire que le quedaban en sus pulmones gritó.

- ¡Scott Bernard… ven acá enseguida!


24 de Diciembre de 1989, Estación Oeste, Beijing.

Un pequeño de no más de siete años, elegantemente vestido. Se aferraba con fuerza al bolsón que le entregara su padre antes de partir. Él aun no entendía el porqué tuvo que abandonar tan de improviso su casa, dejando atrás a su padre que no viajó con él. Por más que pregunto y lloró nadie quiso darle alguna explicación, una fría indiferencia rodeaba al grupo de adultos que lo acompañaban. A lo más uno de ellos se limitó a decirle que guardara silencio, que esto era por su bien. Y mientras otras rebeldes lágrimas descendían por sus ojos, se preguntaba si alguna vez volvería a ver a su padre. O ese escueto abrazo sería el último recuerdo que tendría de él.

- Ya no llores Zor… tu padre no se sentiría feliz si sabe que sigues sollozando.

Le habló un hombre en tono conciliador, como si mágicamente el niño en ese momento se hubiese hecho visible a sus ojos. Su aspecto tenía algo de severo y siniestro, por lo que el chico no podía evitar el mirarlo con cierta desconfianza. Era este un hombre bastante mayor si lo comparaba con su padre o quizás no tanto tal vez esa prominente calvicie era lo que le hacía desvirtuar su juicio sobre la edad del adulto.

Este hombre era uno de los tres con los que viajó desde URSS y aunque no sabía explicarlo algo en estos individuos le provocaba rechazo. Pero eso ya poco importaba, debía adaptarse a las circunstancias si lo que quería era sobrevivir.

- Le prometo no llorar más señor.

- Así me gusta.- palmoteándole la mejilla.- Nuestro camarada Derela, sabía que tú tenías algo especial… que no puede desperdiciarse. Por eso te envió con nosotros.

- ¿Cuándo volveré a ver a mi padre?

- No te mentiré muchacho, tendremos una larga estadía por acá… pero si todo sale bien podrás en un futuro reunirte aquí con él.

Zor no respondió nada, porque vio por sobre el hombro de su interlocutor cómo se acercaban los otros dos hombres acompañados de un grupo de personas que le eran completamente desconocidos. Algo de ese grupo llamo la atención del chico, y era que llevaban por maletas sendos armatostes que más parecían closets con ruedas. Algo iba a decirles pero se interrumpió al percibir que ellos hablaban en otro idioma, de fuertes entonaciones y marcados acentos. Muy distinto al folclórico chino cantones que había escuchado estos últimos días. Y que a sus oídos sólo sonaba a maullidos de gatos. Despertando de inmediato en él un fuerte sentimiento de desprecio a este país en que le tocó estar. Pero en cambio este idioma era otra cosa, era potente y orgulloso… como si a cada palabra destilase poder. Su entonación le sonaba muy familiar como si ya lo hubiese oído antes.- es alemán.- Se dijo para sí, de una forma casi inconsciente, recordando los viejos libros de la Segunda Guerra Mundial, que su padre le leía lleno de orgullo narrándole las hazañas del ejército ruso que sometió sin piedad a las temidas fuerzas del Führer.

- Así que él es Zor.- dijo el alemán acercándose al chico.- Tiene una expresión bastante seria para ser un niño tan pequeño… pero te ves una persona inteligente, igual a la que tenía tu madre.

- ¿Conoció a mamá?

- Pero por supuesto era de mis principales colaboradoras, hasta que tu padre se la llevó a la Unión Soviética.- le contestó el hombre de espesas cejas en un impecable ruso con fuerte acento teutón.- Pero dónde están mis modales deja presentarme: soy Adolf Zand científico, ingeniero y loco de remate en mis tiempos libres. Que por culpa del cambio de la marea he terminado acá al igual que tu.

- Pero deberemos irnos acostumbrado camaradas serán unos largos años que nos la pasaremos acá.- dijo el mayor de los rusos.- Pero volveremos… y será por la puerta ancha.

- Eso espero camarada… eso espero.- mirando nuevamente al muchacho.- Y tú necesitarás instrucción… y no te recomiendo la educación local, serán nuestros mecenas pero su nivel es menos que vergonzoso.

- No te preocupes de eso nos encargaremos nosotros.- habló nuevamente el ruso, mostrando a sus hermanos.- No te olvides que nosotros somos maestros. Reverdeceremos laureles junto a Zor.

Zand los miró con abierta incredulidad, dudaba que esos zorros de la política y de la intriga recordaran algo del mundo de la pedagogía. Por lo que se acercó al muchacho y de manera cómplice le susurró por lo bajo.- cuando quieras ver el futuro y aprender cosas en verdad útiles, como las que manejaba tu madre… búscame.- El chico lo miro y sonrió complacido asintiendo efusivamente a la invitación del alemán.

- Perdonen la demora pero fue una odisea poder abandonar antes la asamblea del partido.

Interrumpió de súbito un hombre de gruesa contextura y baja estatura. Que junto a una desabrida niña de no más de catorce años se acercaba rápidamente al grupo. Estos apenas lo vieron venir, reaccionaron de inmediato saliendo a su encuentro. Por lo que pudo entender Zor, ese hombre de aspecto vulgar era el secretario general del partido comunista y el que hizo posible que ellos pudieran refugiarse en este país.

- Pierda cuidado camarada, nuestros viajes también venían con retraso.

Respondió el ruso que estaba más cerca del pequeño. Que sin poderlo evitar no dejaba de observar a la adolecente que se escondía tras las piernas del que supuso era su padre. Ella tenía unos ojos que habían dejado cautivo al muchacho, eran de un tono miel pero tan intensos y puros que más parecían los ojos de un gato.- linda.- Pensó con inocencia, ignorando por completo lo decisivo que sería este encuentro para su futuro.


04 de Enero de 1990, Moss Side, Manchester.

- ¿Estás segura que ésta es la dirección?

- Sí Sarah estamos Maine Roads ochocientos cincuenta.- le respondió Betty con tranquilidad.- Es un barrio sencillo pero con una gran proyección ya oíste al taxista. El mismo nos confirmó que la seguridad se ha reforzado y han disminuido notablemente los enfrentamientos entre pandillas.

Sarah la observo incrédula, clavando sus verdes ojos en el triste aspecto de la calle, no pudo evitar sentir un pequeño estremecimiento. E instintivamente de forma protectora apegó mas sobre su pecho a la pequeña Elizabeth, que despierta sobre los brazos de su madre se empeñaba en querer observar aquel desconocido lugar en donde se encontraban.

Betty por su parte agradeció interiormente el no haber llevado a Scott con ellas. A la vez que instaba a su concuñada a que ingresara al edificio. Este no era un mal barrio en sí, las construcciones eran modernas y constaban de varios espacios públicos de esparcimiento y recreación muy bien mantenidos. Pero desgraciadamente grupos de pequeños traficantes y jóvenes desempleados se tomaron este sector haciendo de este lugar sobre todo en las noches un sitio de aspecto hostil y sórdido ambiente. La mujer meneó la cabeza, si la hermana de Sarah estaba viviendo en un lugar así era porque no tenía dinero. Por lo que entonces era cierto lo que decían los tabloides sobre que no aceptó ningún tipo de compensación de su ex marido o ayuda de la familia.

- Es bastante pintoresco, pero tiene su gracia ¿No lo crees Sarah?

Le dijo de improviso tratando de relajar un poco a Sarah que con su rostro descompuesto miraba para todos lados, mientras iban subiendo las escaleras que las separaban del quinto piso donde vivía Esther. Pero para Sarah nada de lo que pudieran decirle podría relajarla, estaba imbuida en sus pensamientos. Llenándose de recriminaciones y culpas por su actuar tan pasivo con lo sucedido a su hermana. De reojo miró la maleta que cargaba Betty, llena de cortinajes, frazadas y ropas de invierno que traía de regalo.- Betty tu desde un principio lo entendiste mejor que yo.- Pensó con tristeza mientras se detenía frente al número cincuenta y uno de la puerta.

- Espera un segundo, no llames aún.

- ¿Por qué?, ¿Qué sucede Betty?

- Querida son cinco pisos y vengo con una maleta pesadísima… déjame recuperar el aliento… ya no soy una jovencita ¿Sabes?

La inglesa sonrió en tono de disculpa ante su concuñada, qué poco la tomaba en cuenta, estaba más preocupada de arreglar su acalorado rostro con su pañuelo. Y cual gato acicaló su cabellera hasta que se sintió conforme con su aspecto.- ahora sí, puedes llamar a la puerta.- Le dijo con una espléndida sonrisa.

Sarah respiro hondo y con determinación tocó el timbre, pasaron varios minutos y nadie salió a abrirles. Ambas mujeres se miraron interrogantes ante la situación no sabiendo que hacer, dentro de sus cálculos no estaba que Esther hubiese salido. Betty dejo la pasividad y acerco su oído de forma indiscreta a la puerta y antes de que Sarah pudiera reprocharle su actuar… La puerta se abrió.

- ¡Sarah! que sorpresa encontrarte aquí.

Exclamó la más joven del clan de los Norfolk, que inmediatamente dulcificó su rostro al reconocer a su hermana. Al parecer estaba acostumbrada a visitas en nada agradables. Sarah se pregunto si eso se debía a la prensa o a la gente que vivía en este barrio.

- Por qué tanta sorpresa… ¿Acaso no puedo visitar a mi hermana?- le contestó mientras le regalaba una lenta sonrisa.- Ya que nunca viniste a conocer a mi pequeña, he tenido que traértela hasta tu casa.- mostrándole a la niña que con una expresión perezosa la observaba.

- Oh pero es bellísima.- con una mueca de culpabilidad.- Pero por favor entren a nuestra casa… Benjamín no está pero no debe tardar mucho en llegar.

Sarah tuvo que esforzarse para que en su rostro no se reflejara el fuerte impacto que le provocara el ver cómo estaba viviendo su hermana. Era un departamento de amplias proporciones un poco deteriorado y viejo. Pero totalmente vacío… Ver eso fue muy triste para Sarah… sin muebles… sin cortinas o alfombras. Solamente unas cuantas cajas con cosas en el suelo, un par de sofás y un desgastado comedor de sólo tres sillas. Sacudió levemente la cabeza, debía salir de este sopor sino terminaría llorando delante de ella y no era la idea de la visita, si no al contrario.

- Tomen asiento y disculpen lo poco acogedor que esta todo… pero no hace mucho que estamos aquí… y han sido tiempos estos muy turbulentos.

- Así nos hemos enterado.- acotó Betty.

El rostro de Esther volvió a contraerse, pero decidió que era mejor dejar pasar ese comentario. Ella sabía que no se había comportado apropiadamente con su hermana. La miró de soslayo y sintió cierta envidia de la vida que se había forjado Sarah. Desde que eran niños siempre fue la más alejada de la familia, la que renegaba de la posición, de las normas y férreas estructuras que la madre de ellos quiso imponerles… Sarah desde su adolescencia había decidido que sería ella la que se forjaría su destino sin dejar que absolutamente nadie se lo impusiera. Estudió sin importarle la opinión de sus padres, viajó, recorrió el mundo y conoció todo lo que su curiosidad le exigió. Y finalmente se caso con el hombre al que amaba… construyó una familia.- y ahora se ve tan plenamente feliz.- Concluyó con pesar pensando que si ella tan sólo hubiese sido la mitad de valiente que su hermana, le hubiese ahorrado tanto dolor y tanta vergüenza a tanta gente.

- Discúlpame por venir tan tarde… pero nos enteramos por la prensa de lo que te había pasado. Y hemos tenido unos cuantos inconvenientes domésticos por lo que no podíamos salir.

- Sarah por Dios, no estés disculpándote. El que estés aquí no sabes cuánto significa para mí.- con expresión triste.- En realidad jamás esperé que alguien de la familia apareciese por acá… mucho menos después de los que salió hablando Richard.

- Richard jamás en su vida ha hablado por mí.- le cortó tajante. Pero luego dulcificando su expresión.- Quizás nuestra relación no sea de las mejores, pero eres mi hermana siempre contarás con mi apoyo y cariño. Y con el de toda mi familia.

Los ojos de Esther se humedecieron y un leve temblor en su barbilla le hizo imposible poder contestarle algo. Estos meses habían sido muy duros y solitarios. Abandonada por sus amigos y rodeada únicamente por las críticas. Expuesta en la palestra pública, donde todo el mundo se sentía con el derecho de opinar y recriminar su conducta. Por eso ver a su hermana acá sonriéndole con una expresión maternal, la reconfortaba en demasía. Ella no venía a juzgarla sino únicamente a darle su cariño y apoyo. Un punzada de recriminación cayó sobre ella.- Sarah ha debido de sentirse muy sola estos años.- Se dijo la joven mujer viendo a su hermana que no dejaba de sonreírle.

- Así que este es tu departamento.- habló de pronto Betty.- Se ve bastante más amplio de lo que creí en un principio.- apuntado a la maleta.- con Sarah te hemos traído una pequeña dote de enseres para tu casa, ojalá sean de tu agrado.

- No tenían que molestarse.- con inusitada sorpresa, mirando fijamente la maleta.- Pero se los agradezco muchísimo… porque sinceramente nos gastamos hasta el último chelín en este departamento. Fue una suerte única el poder comprarlo… el pobre Benjamín tuvo que vender hasta su auto… para poder dar el pie.- poniéndose súbitamente de pie.- Pero miren valió la pena, tiene unos ventanales preciosos que siempre en algún momento del día reciben el sol.- con una gran sonrisa.- Será este un hogar precioso.

- Ya lo creo.- dijo Sarah.- Me alegra verte entusiasmada.

- Verdad que sí.- pero volviéndose hacia ellas con sorpresa.- Por Dios que modales tengo… les gustaría un poco de té o café.- guardo súbitamente silencio, con el rostro ruborizado.- No sé porque dije eso… supongo que es la costumbre. Pero la verdad únicamente tengo un poco de jugo de naranjas para ofrecerles.- sentándose derrotada en el sofá.- Nos mudamos hace poco… y tenemos tantos gastos… y bueno…

- Es difícil ¿no?- le interrumpió Sarah.- No estás acostumbrada a vivir así, teniendo que hacerte cargo tu misma de tu vida.- la muchacha asintió con el rostro cabizbajo y dejando que dos gruesas lágrimas rodaran por sus mejillas.- Sé que lo harás bien… debes mantenerte enfocada… ya lo peor ha pasado.

Las presiones que sentía Esther, hicieron colapsar sus fuerzas. Estaba cansada, tenía miedo no sabía vivir así con un presupuesto tan mínimo y con tantas responsabilidades para las que jamás se había imaginado tener que lidiar. Por lo que le fue inevitable soltar esos sollozos que hace mucho rogaban por salir y mientras poco a poco las lágrimas cubrían a raudales su rostro, sintió como unas manos limpiaban las lágrimas de éste. Era Sarah que se había sentado a su lado y con una lenta sonrisa la observaba mientras su otra mano le estiraba un pañuelo.

- Mi querida hermana es normal que te sientas abrumada y con miedo… esta situación es nueva para ti y lo nuevo siempre asusta. Pero yo te voy apoyar y siempre contarás conmigo en lo que sea que necesites. Solamente hay una cosa que me gustaría saber… ¿él vale todo lo que has hecho?

- Por supuesto que sí.- le responde entre sollozos.- Es un hombre maravilloso, con un corazón que no le cabe en el pecho… yo lo amo muchísimo y él también a mi… nos vamos a casar ahora a fines de mes.

Sarah abrió sus ojos con sorpresa y carraspeando un poco su garganta tomó a su hermana de las manos y le preguntó:

- No crees que sería más prudente, esperar un poco, que pase algo más de tiempo. Cuando ya esta noticia se enfríé un poco y no tengas a los tabloides encima tuyo.

- Sarah si sigo esperando… el escándalo será peor créeme.

- Quizás deberías escuchar un poco a tu hermana… y esperar que otro escándalo suceda. En Inglaterra eso no es cosa difícil.

Bromeó Betty, pero la mujer no estaba de humor.

- Estoy embarazada.- le dijo de improviso Esther.- Si me caso después del bebe, Richard no permitirá que jamás vuelva a acercarme a la familia.


08 de Febrero de 1990. HMS Invencible. Punto GIUK.

Los últimos meses habían sido de intensa actividad dejando poco espacio para el descanso o para poder comunicarse con los suyos. Y aunque las aguas estaban lejos de calmarse Donald se sentía satisfecho ya que su impecable desempeño a cargo del grupo de batalla del HMS Invencible, de la Flota del Atlántico Norte, había conseguido mantener a raya a las diezmadas fuerzas soviéticas, teniendo que librar más de una escaramuzas con ellas en el Mar de Noruega, todas las cuales las dirigió soberbiamente terminándolas en rotundos éxitos. Lo que trajo como efecto que su nombre se posicionara favorablemente tanto en las altas cúpulas de la Royal Navy como en el gobierno. Lo que se vio reflejado en las sendas condecoraciones con las que fue honrado. Esto no era menor ya que la medalla a la Orden Del Servicio Distinguido, solamente se concede por la prestación de servicios destacados y valor excepcional en combate. Con esto se le reconocía su entrega y dedicación al uniforme y su país. Por lo que no era de extrañar que también se le diera en esta ocasión la Excelentísima Orden Del Imperio Británico, una de las más importantes a las que podía aspirar.- ahora si tendrá lustre mi uniforme.- Pensó con cierto aire de ufanidad.

Pero sin duda para él lo mejor de todo fue su promoción al Comando Aliado Del Atlántico Este, como Jefe De Operaciones Marítimas Y Aéreas. Esto era un salto importantísimo en su carrera y aunque lo sacaría de alta mar, ya que era un puesto más de logística y planificación o como ellos mismos llamaban "de escritorio", era este un peldaño necesario en su camino hacia el almirantazgo. Por otro lado éste cargo tenía que desempeñarlo en la base de Northwood, de Londres, lo que era estupendo ya que le permitiría tomar esos cursos de administración que le restaban y a la vez estaría más cerca de su casa y de su familia.

Este último pensamiento marcó fuertemente el rictus de su cara, haciendo que sus cejas se enarcaran con molestia.- todo tiene su precio.- Debería permanecer al menos unos cuatro meses más al frente del grupo del HMS Invencible, eso hasta que su promoción sea oficial. Por lo que le sería imposible estar en su casa para el cumpleaños de Elizabeth. Ya se había perdido las fiestas de fin de año y sabía que aunque Sarah nada le dijiera ésta noticia la entristecería. Ya que él mismo se sentía con desánimo de no poder estar con su familia, había por lo mismo evitado comunicarse con su mujer estos días, no tenía ánimo de darle las buenas noticias si eso implicaba estar más tiempo fuera de casa.

Pero ya no debía dilatar más la situación. El tiempo corría y ya pronto debían hacer otra incursión por los mares del Atlántico Norte. Por lo que mando a llamar a su asistente ordenándole que se comunicara con su casa y apenas Sarah estuviera en el teléfono lo comunicara enseguida. Pasaron apenas cinco minutos cuando la formal voz de Noa le anunció que la señora Hayes estaba al teléfono.

- Querido tantos días sin saber de ti, me estabas empezando a angustiar.- dijo Sarah desde el otro lado de la línea, con una especial emoción en su voz.

- Perdóname amor, el trabajo acá no para y las líneas han estado suspendidas.

- La prensa ha señalado que han habido enfrentamientos en la zona que tu estás.- disimulando su angustia.- ¿Estás bien?…

- Sí no te preocupes querida… todo aquí está tranquilo.- tratando de cambiar de tema.- Pero mejor cuéntame cómo esta mi princesita…

- Hermosa, creciendo muy rápido.- casi en un susurro.- Extraña muchísimo a su padre… ¿Cuándo vendrás? Ya pronto será su primer cumpleaños… estamos preparándole una fiesta… no tenemos muchos amiguitos para acompañarla pero algunas de las esposas de tus colegas vendrán a festejarla…

- Yo recibí nuevas órdenes, deberé pasar unos cuantos meses más aquí.

Donald nota que la línea se queda en silencio, revisa su teléfono pensando en que la línea se había cortado. Pero se dio cuenta que es su mujer quien que no ha dicho palabra y permanece respirando suavemente por el otro lado.

- ¿Sarah estás ahí?

- Este… sí.- recuperando el aplomo.- Entonces no estarás para el cumpleaños.

- Yo lo lamento…

- Lo sé querido, en verdad lo sé.- tratando de sonar más animada.- Ya cuando estés aquí organizaremos otro cumpleaños así no te lo perderás.

- Me parece espléndido.- recobrando sus ánimos también.- Después de esto estaré más cerca de casa y no pasaré tanto tiempo fuera.

- Me alegra oír eso querido… Elizabeth necesita de su papá.- obligándose a sonreír.- Pero bueno yo he tratado de explicarle que este es el costo de tener a un héroe por padre.

- Sarah estas dejando que Betty influya mucho en ti.- sonriendo igualmente.

- Es la verdad Donald… y todos acá en casa estamos muy orgullosos de ti.

- Gracias.- con una inesperada emoción.- Bueno ya debo dejarte… tengo que coordinar una reunión… cuídate y ya pronto nos veremos.

Luego de escuchar las palabras de despedida de Sarah, se disponía a cortar cuando ella le habla:

- ¡Donald espera!

- Qué sucede…

- Yo… también te extraño mucho… por favor cuídate si.

- Lo haré… lo haré.

Y a pesar que después de estas palabras ella cortó. Donald permaneció unos segundos más con el auricular pegado a su oído, algo en su conversación con Sarah lo dejó con una extraña sensación en el corazón, como cierta melancolía. Por primera vez en su vida estaba sintiendo un anhelo distinto al deber y compromiso con la Royal Navy. Se pasó la mano con brusquedad por su rostro tratando de alejar esa sensación extraña de sí.

- Será mejor ponerse a trabajar.

Y volviendo a su frialdad habitual tomó sus papeles dispuesto a poner manos a la obra. Justificando de ese modo que su promoción era más que merecida.


10 de Marzo de 1990. SeaMirror, Southampton.

- Eso es mi pequeña, sólo unos pasos más… mamá está aquí esperando por ti.

Alentaba Sarah a su pequeña hija que con sus diminutas piernas se esforzaba tenazmente en mantener el equilibrio y dar el otro par de pasos que la separaba de los seguros brazos de su madre. Y a pesar de sus rizos castaños que caían graciosamente en su frente no le permitían ver, se ánimo a dar esos restantes pasitos lanzándose feliz a los brazos de Sarah.

- Muy bien Elizabeth… eres una bebita muy valiente… ay cómo me gustaría que tu padre pudiese verte.

- Pero claro que podrá ver las proezas de Lisa.- dijo Betty mientras se acercaba con una videocámara.- Con esta maravilla, será como si viera una película de su hija.

Sarah le regaló una lenta sonrisa y mientras trataba de retener a su hija que quería salir gateando por la inmensidad del jardín de la casa. Pensaba con tristeza que a pesar de la buena intención de su concuñada, eso no era lo mismo. Donald ya se había perdido la primera navidad de Elizabeth… sus primeros pasos y balbuceos.- ¿acaso así será siempre… deberé yo sola cuidar de nuestra hija?- Se dijó con resignación, asumiendo que este problema no tenía solución, ya que el trabajo de su marido era un verdadero apostolado. Y aunque lo extrañaba horrores, tenía perfectamente claro que en este momento el lugar de Donald era estar en el frente.

Los sonidos de cornetas y estruendosas risas, sacó a Sarah de sus cavilaciones, advirtiéndole que los pequeños invitados a la fiesta de su hija se acercaban rápidamente, hacia las mesas que tenían dispuestas en el jardín para el cumpleaños. Con su hija en los brazos miró alrededor para comprobar que todo estuviera en orden. Y si los juegos, piñatas y refrescos estaban perfectos.- quizás exageramos un poco si sólo cumple un año.- Pensó con cierto pudor al ver la tamaña torta de cuatro pisos que tenían para la festejada.

- Querida confía en mí… yo ya tengo experiencia en estos cumpleaños infantiles.- le dijo Betty adivinando la línea de pensamientos de su concuñada.- Yo sé como comen estos chicos. Deja todo en mis manos… tú solo dedícate a disfrutar.

- Tienes toda la razón Betty. Tú estás a cargo el día de hoy… yo me dedicaré a disfrutar del cumpleaños de mi hija.

- Vaya me voy a emocionar hasta las lágrimas… al fin me encuentras la razón.- bromeó Betty. Y mirando hacia el grupo de niños.- Pero que grato descubrimiento ha sido tu cuñado Sarah.

Sarah quedó mirando al fortachón de sudadera que jugaba con los niños y una sonrisa se dibujó en su rostro. El marido de Esther era simplemente una persona encantadora, solo le bastó hablar un par de minutos con él para darse cuenta de la veracidad de los sentimientos que este tenía por su hermana. Y aunque claramente no era un dotado ni en lo económico ni en lo social, era un sujeto sumamente esforzado que se esmeraba en tener a Esther lo mejor que sus limitadas condiciones le permitían.

- Cuñada acá están todos sus salvajes sanos y salvos… creo haberlos agotado lo suficiente, para que se comporten en la mesa.

- Gracias.- mirando a todos los niños sudorosos. Incluso Scott.- Has hecho un trabajo estupendo.

- Ni que lo digas… gracias a ti por invitarnos, a Esther le hace tan bien saber que cuenta al menos contigo.- con el rostro un tanto contrariado.- Espero que esto no te acarre problemas.

- ¿Qué problemas?- clavándoles sus intensos ojos verdes.- Nadie más que yo manda en mi casa. Por lo tanto soy libre de decidir quién entra o no… y si eso a alguien le molesta no es un problema que me atañe.

- Señora o tirana, usted escoja el término que más le acomoda a mi concuñada.- terció Betty a la vez que le entregaba un vaso de limonada sonriendo divertida.- Si yo desde un principio lo he dicho: Donald y tú son tal para cual.

Sarah sólo elevó sus ojos al cielo, como señal de falsa protesta. Pero no aguanta la risa al darse cuenta la expresión de verdadera preocupación de Benjamín.

- Por favor no te asustes, con Betty manejamos este humor bastante particular que no todos entienden bien.- pero él seguía mirándola incómodo.- De veras te hablo en serio.

- Claro como digan.- con una expresión un tanto bobalicona.- Y Esther… ¿Dónde está?

- Ella se quedó dentro de la casa, su estado de gravidez la agota con facilidad.

Dijo Sarah, pero cortó de súbito su explicación cuando escuchó la voz del pequeño Karl que corría dichoso y con brazos abiertos hacia ella. Que sin darle mucho tiempo se lanzó a sus piernas abrazándola con fuerza. Y hundiéndole sus lindos ojos grises con impaciencia.

- ¡Gracias por invitarme al cumpleaños tía Sarah!

- Gracias a ti por venir.- agachándose para quedar a su altura.- Mira Elizabeth a quien le levantaron el castigo para venir a tu fiesta.

El pequeño se río bastante avergonzado, cuando Sarah le recuerda el incidente con Meriedith, que lo mantuvo cautivo varios meses y con la prohibición absoluta de poder comunicarse o juntarse con Scott.

- Feliz cumpleaños Elizabeth.- sacando con cuidado el regalo de un bolso.- Con mamá te trajimos este presente.

- Oh muchas gracias… mira Elizabeth te han traído un regalo… como se dice querida.- la pequeña balbucea sonidos ininteligibles y con sus pequeñas manitas trata de quitarle el regalo.- Mira Karl parece que le gusta.

- Es un vestido azul… yo quería uno de color verde pero no pudimos hallar ninguno.- le dijo con la vista fija en la pequeña que se mostraba bastante intranquila.- Tía Sarah… yo podría cargar un poquito a Elizabeth.

La joven madre fue tomada por sorpresa y no supo que responderle al niño. Ella era una mamá sumamente aprensiva y no dejaba que nadie más que ella atendiera a su pequeña. Sólo Betty y en contadísimas ocasiones ha quedado a cargo de Elizabeth. Por lo que la respuesta era más que lógica.- por ningún motivo.- Pero se le partía el corazón, el tener que negarle este deseo a Karl.- si es un chico tan deliciosamente adorable y respetuoso.- Se repitió para sí, por lo que contra todos sus miedos terminó cediendo ante los deseos del chiquillo.

- Muy bien… pero debes tener muchísimo cuidado… Elizabeth es mi tesoro y te la estoy confiando a ti Karl.

- Sí tía… yo la cuidare confíe en mí.

Le dijo con su particular sonrisa y estirando los brazos para recibir a la niña. Con mucha precaución Sarah le paso su hija, dándole constantes instrucciones y sin poder evitar que afloraran sus nervios. Pero el niño se mantenía increíblemente tranquilo, para cuando finalmente la tuvo en sus brazos la pequeña inquieta por naturaleza, se quedo plácida observando en silencio el rostro del niño que la sostenía.

- Espero que crezca rápido tía…

- Y por qué dices eso Karl.

- Quiero que seamos amigos y podamos jugar juntos…

Sarah sonrió con ternura ante el cuadro que tenía delante de ella, realmente se veían encantadores así como estaban. Iba a pedirle a Betty que los grabara, pero cuando se giró su concuñada cual paparazzi ya estaba apuntando con la videocámara.

- Yo nunca he podido cargarla.- intervino de súbito Scott.- ¡Eso no es justo!

- Tú estas castigado Scott Bernard… esto es solo una tregua no lo olvides jovencito.- refunfuñó Betty acercándose a sus pequeños.- Y tu madre Karl ¿dónde la dejaste?.

- Quedó cerca del embarcadero, conversando con otras señoras.

Sarah percatándose que su hija se estaba quedando dormida en los brazos de Karl. La tomó con cuidado no quería que se despertase y aprovechando el impulso la introdujo en el coche para que pudiera descansar había sido un día intenso para la pequeña.

- ¿Scott quieres ver lo que papá me trajo desde Estados Unidos?- le dijo Karl mientras tomaba el bolso y sacaba un tremendo avión de guerra.

- Wowwww, es un F-14.- dijo asombrado sosteniendo el juguete entre sus manos. Pero de pronto algo no le cuadro al niño.- Pero esto está mal… los F-14 no se transforman en robot.

- Scott no seas tonto es un juguete y los juguetes pueden hacer lo uno quiera… mira este pertenece al escuadrón Jolly Roger.- con expresión cómplice.- Son los más rudos fíjate tienen una calavera por escudo.

Los ojos de Scott se agrandaron ante la revelación de su amigo. Y sutilmente le hace señas a este para que se alejen del lugar, pero Karl ya no quiere volver al encierro y se niega a seguir las andanzas de Scott. Pero este niñito tiene el liderazgo en la sangre y no estaba dispuesto a que su comparsa lo abandonara. y con una severísima expresión en su rostro, que no le dio otra opción al muchacho, fueron saliendo discretamente del lugar. Hasta que una mano firme toma del hombro al travieso niño.

- ¿Vas a algún lado Scott?

- Capitán Global.- dijo el pequeño con el rostro lívido.- Íbamos por unos juguetes.

Sarah volteó violentamente su rostro al escuchar el nombre del oficial y con paso presuroso se aproximó hacia donde estaba éste. Una luz de esperanza pareció iluminarse en su corazón, al parecer tantas noches de ruego habían finalmente dado sus frutos.

- Bruno que sorpresa verte aquí… no pensé que vendrían.- mirando a todos lados.- ¿Y Donald dónde está?

- Lo lamento Sarah, pero él no pudo venir. Como comandante del grupo debe permanecer allá hasta el término de la misión.

La alegría desapareció instantáneamente del rostro de Sarah. Y aunque se esforzó en demostrar lo contrario el ruso la conocía demasiado bien y lamentó muchísimo ser él quien portara las malas noticias. Trató de pensar en decir algo que pudiera sacarla de ese estado pero nada venía a su mente, se pasó la mano por la cabeza y se quito la gorra. Sacando desde el bolsillo interior de su guerrera un sobre. Pero antes de poder hablarle apareció la cuñada de Donald.

- Entonces usted tuvo más suerte capitán.- ofreciéndole una bandeja con refrescos.- ¿Vino en representación de Donald?

- Me mandaron a llamar quieren que oficié una presentación a la Comisión De Derechos Humanos de la ONU.- le respondió Global percatándose de la sutil nota de sarcasmo en la mujer inglesa.

- Me alegro por usted que ya esté aquí con nosotros.- le contestó Betty.- Cuénteme ¿Cómo están las cosas por allá?... ¿Donald se encuentra bien?

- Perfectamente.- respondió. Y por el rabillo del ojo pudo notar cómo Sarah se alejaba para hablar con otros invitados.- Betty me disculparía un instante tengo que entregarle un mensaje de Donald a Sarah.

La mujer asintió y le dio una venia para que se encaminara hacia donde estaba Sarah. Cuando pudo localizarla vio que ella sonreía como ausente ante la animada conversación que sostenían dos mujeres bastante más maduras que ella. Y con esas voces de jilguero que poseían iban directo a provocarle una jaqueca monumental.

- Señoras disculpen que las interrumpa pero debo marcharme en unos instantes y tengo la misión de entregarle un mensaje de su marido.- mirando a Sarah.- Nos dispensan por favor.

Las mujeres con risas coquetas accedieron inmediatamente a la solicitud tan galantemente hecha por el ruso. Sarah no abandonó esa expresión ausente y se dejó guiar a un lugar más apartado del jardín donde pudieran hablar sin ser interrumpidos. Él no pudo evitar nuevamente quedar un tanto hipnotizado ante el rostro de Sarah.- es tan hermoso.- Dejó que ese pensamiento se colara en su cabeza, mientras veía como la brisa levantaba suavemente sus cabellos. Definitivamente la tristeza resaltaba la delicadeza de sus rasgos y de pronto tuvo un impulso… un estúpido impulso de querer acariciar otra vez ese cutis que le recordaba a la porcelana. Pero la voz un tanto dura de Sarah lo sacó de su ensoñación.

- … te decía que cuál es el mensaje que tienes de mi marido.- mirándolo extrañada.- Si no te habrás dado cuenta tengo una fiesta que atender.

- Sí claro.- carraspeando nerviosamente. Y sacando de su guerrera le entregó un sobre.- Donald me pidió que viniera y te entregara esto.

El rostro de Sarah se iluminó mágicamente y con cierta impaciencia le quito el sobre. Y no pudiendo aguantarse lo abrió ahí mismo, leyendo con avidez su contenido. Y mientras sus ojos se deslizaban por ese hoja, el ruso pudo notar que la sonrisa de ella se iba acrecentando al igual que el brillo de sus ojos verdes.- eso debe ser lo que Sarah, estaba esperando.- Pensó con un pequeña punzada de dolor.

- Hablé con Donald y sé lo mucho que quería estar aquí hoy.

- Eso lo sé Bruno, no tienes para qué justificarlo.- sin despegar los ojos de la carta.- Yo entiendo, acepto y apoyo la labor que desempeña mi marido. Es más me llena de orgullo estar casada con un hombre como él.

El ruso resopló el aire de sus pulmones y se obligó a contar hasta mil. Desde ese entrevero que tuvieron en la terraza de SeaMirror, Sarah se revistió de una coraza impidiéndole al ruso cualquier tipo de acercamiento para con ella. Y constantemente en sus escasísimos encuentros debía soportar este tipo de declaraciones donde ella parecía buscar a propósito refregarle su buen matrimonio con Donald.

- Sarah sé que me he equivocado mucho contigo… pero yo no quiero que tengamos esta relación tan hostil. Yo en verdad lamento todo lo que ha sucedido.

- Nosotros no tenemos ningún tipo de relación Bruno.- doblando el sobre.- Creo que ese es precisamente tu problema te empecinas en que seamos grandes amigos y compartamos como si nada hubiese sucedido entre nosotros.

- No preciso que seamos amigos… sólo llevemos una relación cordial. Somos adultos y…

- ¡Yo lo he intentado y que he conseguido con eso!- lo interrumpió con una apenas contenida rabia.- Que me faltes al respeto de una u otra forma.

- Pero a qué te refieres, si es por lo de la terraza…

- No pongas esa expresión de inocencia.- le dijo ensartándole cuales cuchillos su verdes ojos.- Que te conozco muy bien y aunque crees que no me doy cuenta… lo hago.- ruborizándose levemente.- No me gusta cómo me miras Bruno… porque sé muy bien lo que esas miradas significan.

Los ojos de Global casi saltaron de sus orbitas, sintió que un vacío se abría bajo sus pies. Y como si fuese un niño pillado en falta agachó bruscamente su cabeza. Pero es que no podía entender cómo o porque Sarah se había dado cuenta, de eso. Él había sido muy cuidadoso, siempre fue discreto y sobrio. Él manejaba a la perfección la frialdad de sus modos y sentimientos disfrazándolos siempre de su austera indiferencia. Carraspeó por lo bajo, debía defenderse no quería que Sarah pensara eso sobre él.- aunque fuera verdad.- Se dijo en un susurro.

- Creo que me estas malinterpretando, no niego que tengo mucha curiosidad sobre ti.- endureciendo todos sus rasgos.- Pero jamás he tenido algún tipo de mala intención contigo.

- Yo no he dicho eso… únicamente que no me gusta cómo me miras.

- ¿Acaso te traigo muchos recuerdos?

- ¡Qué grosero!- con una expresión de acalorada molestia.- ¿Ves? Esto es lo que consigo por ser gentil y hablar contigo.

Ella pasa a muy cerca de él, con paso decidido dispuesta a marcharse ya mucha paciencia había tenido con Bruno. Y sinceramente algo en su actitud lo hacía más incómodo. Su presencia le perturbaba cada vez más. Quizás lo mejor sería hablar con Donald sobre este tema.- debí de hacerlo desde un principio.- Se recriminó. De pronto sintió sobre su brazo un fuerte agarre que le impidió seguir avanzando.

- Lo siento Sarah.

Ella se quedó muda, pensó que ya había dejado unos metros atrás a Global. Pero al parecer éste la había dado alcance y le hablaba ahora muy pero muy cerca de su oído. Su instinto le advirtió que esto era peligroso, intentó zafarse pero Global no se lo permitiría hasta que oyera lo que tenía que decirle.

- Quisiera que me perdonaras Sarah.

- No te preocupes, me estoy acostumbrando a tus desaguisados.- le respondió ocultando su nerviosismo.

- No te estoy pidiendo perdón por lo de recién… o por lo que sucedió en la terraza… ni siquiera por las miradas que te he dado.- tragando saliva.- Quiero que me perdones por haberte abandonado en ese hotel… fui un desgraciado… no supe nunca cuánto daño te hice y aunque sinceramente nunca fue mi intención eso no es excusa… si hubieses muerto por mi culpa creo que no lo hubiese soportado.

- Sarah se soltó de forma violenta del agarre del ruso. Y volteándose sobre sí misma lo quedó mirando de frente con su rostro congestionado, con la respiración entre cortada y un notable temblor en sus labios.

- ¿Quién te dijo sobre eso?

Global iba a contestar, pero justo en ese instante aparece por el sendero Betty que aunque venía con el semblante afable de siempre, ésta cambio radicalmente cuando se percató de cómo se encontraba Sarah. Con una fría expresión que era absolutamente intimidante y que el ruso jamás pensó que ella podría tener lo increpó.

- ¿Qué ha sucedido aquí?- sin dejar por un minuto de observar al oficial. Y caminando en dirección a Sarah que de a poco iba recobrando su aplomo.- ¿Estás bien Sarah?

- Sí todo está bien.- obligándose a sonreír.- Donald me envió una carta… y me ha emocionado un poco.

Betty asintió para nada convencida, pero tenía claro que este no era ni el momento, ni el lugar para hacer preguntas. Seguía con los ojos clavados en el ruso que había vuelto también a su gélida expresión de siempre.

- Querida, Lisa ha despertado, no he querido sacarla del coche. Benjamín esta con ella.

- ¿Por qué no me lo dijiste enseguida?- le respondió Sarah volviendo a su tono de siempre y olvidando de un plumazo el incidente anterior.- Con permiso Bruno, debo atender a mi hija… quedas en tu casa.

- Muchas gracias, pero yo ya debo retirarme.- cuadrándose y clavando su gorra hasta las cejas.- Que se encuentren bien, fue un gusto volver a verla.

Betty iba a caminar junto a Sarah, pero desistió de su intento. Mirando alegremente a su concuñada le dice que se adelante y que ella va a dejar al Capitán Global.- qué clases de modales tendríamos si lo dejamos partir así no más.- Le dijo. A lo que Sarah con una expresión de preocupación en sus ojos consintió y mirando por última vez a Global se marchó.

- Bueno capitán me acompaña.

- Sí por supuesto.

Le respondió con la guardia totalmente en alto. Ya se había dado cuenta que esta menuda y linda mujer tenía un ingenio muy hábil. Por lo que no debía descuidarse si no podría caer preso de sus propias palabras. La miró de reojo y notó que sus ojos que tradicionalmente son afables, estaban ahora con un frío vacío, era una dureza que calaba de tal magnitud que él siendo un oficial veterano, no pudo evitar sentir un escalofrió en su espalda.

- Me pregunto qué podrá haberle escrito Donald, para haber dejado en ese estado casi catatónico a Sarah.- girando su rostro hacia él.- ¿No lo sabe usted por casualidad?

- No es mi costumbre el leer la correspondencia ajena.

- No se ofenda capitán, pensé que Donald podía haberle comentado.- mirando nuevamente hacia adelante.- Sabe esta situación me recordó algo que sucedió hace varios años atrás. Recuerdo que estábamos viendo la televisión y en un extra de noticias apareció un periodista hablando sobre los abusos cometidos en el exterminio Kurdo… y de pronto apareció usted… Sarah se puso igual a como hace un instante.- mirándolo de soslayo.- ¿Curioso verdad?

Global la miró directamente a los ojos aceptando solapadamente este desafío que le estaba presentando esta mujer. Con su expresión serena solo asintió, sabía que cualquier palabra que dijera podría traicionarlo. Sin cortar el contacto visual pudo ver con alivio que ahí ya estaba el auto esperando para llevarlo a Londres.

- Agradezco su gentil ofrecimiento de acompañarme, hasta el auto.- estirándole la mano.- Ya no le quito mas el tiempo. No quiero que por mi culpa se pierda el pastel.

- Oh no es ninguna molestia capitán.- aceptando su mano.- Solo hay una cosa que quisiera pedirle a título personal… ¿le incomodaría cumplirme esta solicitud?

- Para nada, estoy a sus órdenes Betty.

- Me alegra oír eso.- endureciendo todas las facciones de su rostro, como si mágicamente se hubiesen transformado en granito.- Quiero muchísimo a Sarah… muchísimo. También a Donald. Haría cualquier cosa por ellos. Y en nombre de eso le solicito ya que evidentemente Sarah se altera mucho con su presencia, que sus visitas a esta casa se limiten única y exclusivamente cuando acompañe a mi cuñado.

La mujer no esperó respuesta, con una leve inclinación de cabeza se retiró. Dejando al ex oficial soviético con un nudo en su garganta. Preguntándose hasta qué punto ella conocía sobre su pasado con Sarah.

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Hola a todos, si estas leyendo esto es que has tenido el tiempo y cariño de leer este humilde trabajo... por ello nuevamente gracias.

Bueno en este capitulo ya se va dilucidando mas menos por donde va la trama... vuelvo a reiterarles que tengan la mente abierta que este es un universo alterno lleno de giros y sorpresas.

Espero disfruten el trabajo, cualquier duda consulta pueden hacerlo mediante reviews o mensajes privados. que encantada se los respondo. nuevamente este trabajo va dedicado a Fer sin él no seria posible.

Y muchas gracias a Monica por el tiempo de corregir y hermosear esta lectura. miles y miles de gracias.

nos vemos el prooooximo viernes con la entrega del capitulo tres.

saludos

jandy