Shaka se ha encandilado con Ana María y Mu no sabe bien cómo manejar esta sorpresa. Más aún porque el güero le reconoce que es un perfecto mañoso. Chantal por su parte sorprende con una actitud tan alegre como madura… aunque esconde un secreto.


Nunca me olvido de las madrinas originales del Fic: Sonomi, Arwencita y Seika Lerki. Conste. A ellas gracias eternas. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, atentos que les responderé al final del capítulo.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki (¡DE NUEVO!), Tsuyu Ryu y Eckléctica, madrinas y lectoras de prueba de este fic, que me instaron e incentivaron a escribir y reformar, y que incluso pudieron ver escenas del próximo fic.

"Saint Seiya", la trama y sus personajes pertenecen a Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. El personaje de Selene Ishikawa pertenece a Shadow Noir Wing y cuento con su autorización para usarlo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.


ADVERTENCIA.

Manual del Villano Para la Malvada Conquista de la Galaxia, Artículo Octavo: Después de raptar a la bella princesa, nos casaremos inmediatamente en una modesta ceremonia civil. No con un espectáculo sorprendente de tres semanas de preparación, tiempo en el cual la fase final de mi plan será desbaratada.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


SOUNDTRACK SUGERIDO: Complicado y Aturdido. Los Pericos.


Capítulo 2: Sobre Ciertas Apuestas…

Ana María abrió apenas un poco la puerta, lo suficiente como para asomar un ojo y ver de quién se trataba. Se encontró con el amable rostro de Mu, que le sonreía con travesura. Como vestía su armadura, no dudó en abrir más la puerta. Detrás de este dorado, había otro hombre: un tipo rubio, alto y cuyos ojos se encontraban cerrados por completo.

"Disculpe señorita, ¿No ha visto por casualidad una armadura dorada?" Preguntó Mu curioso, sin dejar ver su urgencia. "Detectamos que está por aquí y nos urge encontrarla."

"Parece un ángel arrodillado, ¿Le ha visto?" Añadió Shaka con calma, sonriéndole a la chica… Lo cuál era extraño, pues desde que había salido del Santuario en busca de su díscola armadura que no cambiaba su agria expresión.

Ana María les sonrió coqueta y tras echarse el cabello hacia atrás, se recargó contra el marco de la puerta. Se cruzó de brazos y les miró muy traviesa.

"¿Es un ángel arrodillado con las manos en actitud de rezo y que habla?" Preguntó alegre. Ambos dorados la miraron sorprendidos y solo al cabo de unos segundos de pasmo, atinaron a asentir con la cabeza. Ana María les guiñó el ojo. "¿Se puede saber por qué la buscan?"

"Para recuperarla." Afirmó Shaka decidido y algo incómodo. "Además es por su mantención mensual: hay que pulirla para que esté presentable." Ana María pareció sopesar las palabras del dorado.

"Ya sé que al menos uno de ustedes es un santo. Soy Ana María, ¿Sus nombres?"

"Soy Mu de Aries y él es Shaka de Virgo." Se presentó Mu antes de señalar a su compañero. "Disculpe la insistencia, pero… ¿Estoy en lo correcto al asumir que ha visto dicha armadura?"

"¡Claro que la he visto! Creí que parecía obvio." Exclamó Ana María muy coqueta, invitándoles a pasar al interior de la casa. "Es más, hasta sé dónde está." La chica señaló hacia el interior de su casa, hacia donde se dirigió haciéndoles señas. "Al parecer le gustó mi habitación."

Ambos entraron con timidez a la casa y cerraron la puerta tras de sí. Ana María les había cohibido un poco, pero parecía simpática. Shaka tomó aire y lo exhaló: la chica le recordaba a alguien, pero no podía precisar quién, lo que sí sabía era que el corazón le latía con fuerza. Mu en cambio, al ver la casa, tuvo la familiar sensación de que allí vivía alguien que conocía. Algo en el ambiente, un agradable olorcito a flores… Carraspeó de pronto y llamó la atención de su anfitriona.

"Señorita Ana María, ¿Cómo sabe que la armadura habla?" Le preguntó curioso.

"Pues porque la oí, aunque no sé por qué puedo entenderla." Respondió encogiéndose de hombros. "El caso es que cuando yo le respondo, me entiende." Ana María dio un paso hacia Mu y le dio un topecito en el pecho con su dedo. "Y deja las formalidades, mi nombre es Ana María y me gusta mucho. Va para los dos. ¿Entendido?" Añadió con un contoneo de cuello, cabeza y caderas. No sé cómo hizo eso…

Shaka, de haber tenido los ojos abiertos, los hubiera entrecerrado, pero no fue el caso. Se sentía divertido: seguro que la chica estaba tan sorprendida con la situación como incómodos estaban ellos. Él también tenía sus dudas, por cierto, pero no hacía daño relajarse un poquitín.

"Señorita Ana María, ¿Es usted psíquica?" Preguntó Shaka extrañado de pronto, pues no percibía ningún rastro de poder extrasensorial en la chica.

Tenía experiencia detectando tales dones. Cuando Saga le había presentado a Anneke, supo de inmediato que todos sus chakras estaban alineados, aunque carecía de entrenamiento alguno. La chica de Saga no sabía explotar sus poderes al cien por ciento de su capacidad, los cuales parecían potenciarse cuando el santo de Géminis estaba cerca de ella. Era una pena que tanto potencial se desperdiciara. Shaka tendría que hablar un día de estos con Anneke para ofrecerle su experiencia y entrenarla como psíquica… Aunque claro, antes de eso tenía que convencer a Saga de que lo dejara: el tipo era algo territorial y aprensivo. Mu carraspeó al oír la pregunta de Shaka. Él también estaba pensando algo parecido, por eso prestó atención a la actitud de Ana María, que tan solo se encogió de hombros al oír la pregunta, y tras mirar hacia una de las paredes de la sala, señaló un artístico árbol genealógico que colgaba de una de las paredes.

"No soy psíquica ni de lejos." Rió la muchacha, llevándose los brazos detrás del cuello. "Pero esa armadura comentó algo sobre genes lemurianos."

"¿Genes lemurianos?" Preguntaron Shaka y Mu al unísono, sorprendidos por igual. Ana María rió nerviosa.

"El tatarabuelo de mi tatarabuelo por lado paterno era lemuriano… O eso es lo que dicen en mi familia, no sabría confirmarlo." Dijo casi acomplejada, mientras les señalaba cierto sector de un árbol genealógico que colgaba de la pared. "Mi mamá es genealogista. Ella fue quien hizo esa ilustración y la investigación que le dio vida." Explicó con orgullo. Entonces aplaudió con las manos. "Supongo que quieren ver la armadura, ¿No?"

Ana María se abalanzó sobre los dorados y los sujetó a cada uno de un brazo, regodeándose de tener controladas y bajo su poder a dos tímidas y potenciales armas de destrucción masiva. Casi sin esfuerzo, y meneando las caderas, la chica los arrastró hasta su cuarto. Mu sintió una gota enorme resbalándole la cabeza, mientras que Shaka se puso de una bonita tonalidad roja. Esta chica le había alterado el pulso cardiaco y provocado una profunda impresión.

Si le hubieran dicho el día anterior que estaría con dos santos dorados en su habitación al día siguiente, seguro Ana María se habría reído de lo lindo. La vida tenía extrañas formas de sorprender a las personas y sin duda esta ocasión no era la excepción. La chica abrió la puerta de un empujón y permitió que los dorados entrasen.

"Allí está la chica que buscan."

Shaka se sobó las sienes y se acercó a su armadura para acariciarle la cabeza, pero Sibila se agitó molesta. El santo de Aries se pasó la mano por el rostro, se agachó junto a la armadura de Virgo y la revisó con clínica paciencia.

"Siempre me tocan las mañosas." Protestó Shaka entre dientes.

"Sibila, no te pongas así." Le pidió Mu. "¿Dejarás que te llevemos a casa?"

"¡De Aquí No Me Muevo Hasta Que Me Pulan!" Reclamó la armadura muy decidida. La gota fue general.

"No quiere irse, ¿verdad?" Preguntó Shaka apenado.

"Me pidió que la reparara… Pero no veo daños en ella, al menos no evidentes." Confesó Ana María muy casual.

"Es su mantención mensual. Le gusta verse bonita, aunque no sé porque se niega a que Mu la pula en el Santuario." Explicó Shaka con una sonrisa, que Ana María le correspondió con un guiño.

"A cualquier chica le gusta verse bonita. Quizás está así porque ustedes no le dicen lo bien que se ve."

"¿VES, MU? Ella sí me comprende." Gimoteó Sibila.

"¿Qué tiene de malo que te pula yo?" Le preguntó Mu, dolido. "¿Es que ya no me quieres?"

"No digas eso, te conozco desde que estabas en la panza de tu mamá. ¡Te quiero mucho!" Le explicó Sibila, de súbito apenada. "Pero una chica como yo no puede hablar de ciertos temas con un chico como tú."

"¿Crees que no te entenderé? Puedes hablar conmigo de lo que sea. ¿Kiki te ha estado molestando de nuevo?" Le preguntó el lemuriano. Shaka resopló. ¡Mujeres! Todas eran iguales.

"No seas así con Sibila, Mu. Ocurre que eres hombre." Explicó de pronto Ana María. "Sé a lo que Sibi se refiere." La chica estiró los brazos llena de coquetería y se dirigió a la salida de su cuarto, meneando las caderas. "Iré por el abrillantador de metales."

"¡NO!" Exclamó Shaka de pronto, en vista que Mu se quedó sin aliento al oí esto último. Cuando Ana María se dio la vuelta para mirarlo, llena de inocente coquetería, se puso rojo como tomate y casi comenzó a jugar con sus dedos. "Verás… El abrillantador les hace mal a las armaduras." Explicó inquieto.

"Se emborrachan con eso." Añadió Mu divertido al ver a su amigo tan incómodo. "Se ponen muy pesadas." Ana María ladeó la cabeza confundida. "Las armaduras se pulen con polvo de estrellas."

"No tengo de eso en casa…"

"Yo sí… Traje un poco." Reconoció Mu, al tiempo que sacaba un saquito de cuero de entre su armadura. "¿Tienes algún recipiente que pueda usar?"

"¡Quiero que me pula Ana María!" Exclamó Sibila con decisión.

Los tres se miraron entre sí, antes de que las miradas de los dorados recayesen en Ana María. Shaka suspiró hastiado y tras sonreírle a la chica, miró a Mu con pragmatismo.

"Mu… ¿Qué tal si le enseñas a Ana María? Quizás Sibila se deje. De lo contrario estaremos aquí hasta fin de año."

"Aprendo rápido, soy bastante ducha en estas cosas." Anunció la chica muy alegre, mientras le alcanzaba un recipiente de uno de los cajones en los que guardaba sus materiales.

Mu se encogió de hombros: si la chica podía oír a las armaduras y si tenía genes lemurianos, quizás podría pulir a Sibila si seguía sus instrucciones con atención… Por otro lado, si le había enseñado a Kiki (o eso creía)…

"Por mí no hay problema."


Santuario de Athena. Escaleras zodiacales.

Dos horas después, Sibila estaba en su caja bien guardada y contenta, los dos santos ya se encontraban de regreso en el Santuario. Ana María había resultado ser una buena alumna, que entendió y siguió muy bien las órdenes de Mu. El santo de aries se sintió divertido, sobre todo al detectar los ánimos de Shaka por conversar con la chica, que no se daba cuenta de lo que su actitud estaba logrando. Por lo visto Ana María había causado una fuerte impresión en el santo de virgo, que aunque no decía mucho del reciente encuentro, era obvio que no dejaba de pensar en ella. No lo culpaba: hasta el mismo Mu se había sentido cautivado en algún momento por los movimientos de sirena de Ana María.

"Parece que Ana María aprendió rápido."

"Sí. Me sorprende: ella apenas tiene un resto de gen lemuriano y entendió mejor que Kiki las instrucciones que le daba para pulir a Sibila." Explicó Mu pensativo.

"Creo que ya sé a quién recurriré la próxima vez que la armadura se ponga mañosa." Dijo Shaka con tono calmado… que era lo más cercano en él a tener un tono soñador. Mu le miró con suspicacia.

"Es muy guapa. Sus ojos son muy grandes y bonitos. Me recuerdan a los de una tía mía."

"También es pulcra con su trabajo." Enfatizó Shaka. "Todo muy ordenado. Es muy metódica y minuciosa." Mu le miró de reojo, con curiosidad.

"Tiene manos muy delgadas: ideales para el trabajo." Dijo con objetividad. Entrecerró los ojos y fijó su vista en el frente. Algo en el fondo de su cabeza comenzó a jalar de uno de sus nervios. ¿Era idea suya o Shaka realmente se había prendado de Ana María? Esto tenía que confirmarlo.

"No hay malicia en ella, tiene un aura preciosa, una voz que no me altera los nervios y es muy diferente de otras que conozco." Continuó Shaka, comparando a Ana María con una amazona muy pegote que él conocía sin darse ni cuenta. Mu se dio cuenta de esto al vuelo y volvió a mirarle con suspicacia.

"Sí, pero esa que conoces tampoco tiene malicia, solo exceso de ingenuidad. Y su aura no es fea, solo alegre." Le dijo muy divertido. "El cabello de la señorita Ana María, aunque es lindo, ni se parece al de esa otra chica, que lo tiene mucho mejor cuidado. Además, su sonrisa es…"

"Oye, no la mires tanto: ya sé que tiene una sonrisa linda." Gruñó Shaka de pronto, mirando de mala manera a Mu.

"¿Y por qué no podría mirarla?" Mu fingió sorpresa. "Sin mencionar que no estaba hablando de Ana María… Aunque a la otra nunca le he visto la sonrisa. Ya sabes, por la máscara." Añadió pensativo y con trampa.

"No la mires, ¿oíste?" Sentenció Shaka cruzándose de brazos. "Me refiero con eso a Ana María, que conste. La otra me da lo mismo." Mu sonrió travieso, llevándose las manos detrás de la cabeza.

"Yo miro a quien quiero."

"A Ana María no puedes."

Mu rió picaron. No podía creer lo que estaba atestiguando. ¿Shaka posesivo por una chica? Virgo tenía que ser a fin de cuentas, aunque no fuera exactamente la chica de la que se supone debería fijarse. Ambos continuaron la caminata un buen rato en silencio, y así casi sin darse cuenta, pronto estuvieron cruzando los límites del Santuario e internándose cada vez más en los predios de la diosa. El santo de aries no pudo permanecer callado más tiempo, y procedió a darle un juguetón codazo a uno de sus mejores amigos.

"¿Estás celoso, Shaka de Virgo?" Le tentó travieso, solo para ver su reacción. "Creí que estabas por encima de esas emociones."

"Bah. Estoy MUY por encima." Reclamó Shaka con las mejillas algo rojas. "Por lo mismo te pido que no la mires de ese modo. Eres un santo dorado de Athena."

"Tú también." Replicó Mu. "Si estás por encima de aquellas mundanas sensaciones, dime… ¿Qué te preocupa que yo la mire?" El lemuriano le miró de reojo. "¿Acaso te la reservas para ti? No sabía que también mirabas mujeres con otros ojos."

"Aprecio la belleza femenina tanto como cualquier otro." Se defendió el rubio de mal humor.

"Bien difícil con los ojos cerrados." Se rió Mu.

"Pero no imposible." Gruñó Shaka una vez más. "Lo que yo veo es el alma, no el físico, lo cual es ganancia." Insistió decidido. Mu asintió como si Shaka le hubiera revelado alguna verdad cósmica inescrutable.

"¡Es Cierto!" Exclamó burlón. "Por eso no pudiste responderle a Alisa en aquella ocasión que te preguntó por sus, ahem, dones." Shaka miró a Mu con soberano hastío, molesto de que le hubieran recordado dicho incidente.

"No me molestes, Mu." Rezongó de mal humor. "El asunto aquí no es Alisa y sus atributos, sino Ana María, quien es muy…"

Mu se puso serio, aunque no por eso perdió el tono simpático de su voz o actitud. Sin embargo algo comenzaba a preocuparle en serio: era una suerte de instinto de hermano mayor que desconocía y que no podía ignorar.

"Qué raro que trates a Ana María como objeto." Dijo con mucha seriedad, pero Shaka hizo como si nada. Mu sonrió de costado y le dio un amigable empujón. "Jejeje, Es solo una broma. Pero dime: ¿Por qué tan territorial de repente?"

Shaka no le respondió. Se sonrojó e hizo como que miraba a otro lado, hacia algún lugar perdido en la lontananza. Cuando Mu logró entender a qué se debía esta actitud, no supo si echarse a reír o tan solo limitarse a abrir la boca lleno de sorpresa. ¡Por Athena que Ana María había impresionado al Rubio!

"¡No Me Digas Que Te Gusta!" Exclamó divertido. Shaka insistió en mirar hacia otro lado. Mu sintió un escalofrío. Estaba bien que su amigo mirase a una mujer, pero… ¿qué pasaba con Chantal? Eso le cayó como patada al hígado. "Ana María te gusta."

"¿Y qué si me gusta?" Rezongó Shaka, entre soñador y malhumorado, mientras pateaba una piedra imaginaria. Igual sentía algo de culpa por sentir tal cosa por una mujer que acababa de conocer, sabiendo que había otra que le tiraba los perros hacía años. "Dame un par de días y la olvidaré." Mu echó a reír por momentos.

"¡No Seas Tan Grave!" El lemuriano se calló de golpe y abrió los ojos como platos. "¡Te Gusta!" Exclamó muy serio. Mu arrugó el ceño y miró a su amigo con insistencia. "Shaka, ¿Te sientes bien o respiraste demasiada polución?"

"¡Creí que había quedado claro!"

Mu no se lo creía, y por eso abrió la boca anonadado. Como que tal revelación tiraba por el suelo su teoría de que Shaka estaba en un profundo estado de negación respecto de Chantal y que en verdad, MUY EN EL FONDO, la quería. El que reconociese que estaba prendado de otra mujer era como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

Bueno, no exageremos. Igual podía ser algo de una sola vez, esas cosas pasaban. A veces uno veía una chica linda y se quedaba pelando cables algunas horas o días, pero era pasajero. Se mordió el labio y su actitud traviesa se fue de paseo. Mu se sintió de pronto muy mal, como si hubiera cometido una infidencia. Es que él, como buen observador que era, sabía bien que lo de Chantal no era una simple obsesión, sino un amor tierno y en exceso torpe, pero real a fin de cuentas. Eso no debía ser despreciado… ¿Acaso su amigo estaba confundido y encandilado por el coqueto despliegue de Ana María versus la torpeza de Chantal? Mu frunció el ceño, ¿Es que Shaka no estaba pensando que eso podía explotarle en la cara? Ok. Puede que lo supiera, pero no digamos que tenía buenas habilidades sociales. Bah. Si tenía que tomar partido por una de las dos chicas, esa sería Chantal, por muy bien que le hubiera caído la nueva. Bufó molesto.

"¿Qué te llamó la atención de Ana María? No es para nada tu tipo."

"¿Tú qué sabes de mi tipo?" Replicó Shaka, como intuyendo por donde iban los tiros de Mu, lo cual, debo decir, le irritó aún más. "¡No la trates como objeto!"

"No la trato como objeto. Tan solo… Creo que saldrás mal parado de esa situación. Piensa en Piscis Austrinus…" Dijo con mucha sinceridad. Shaka se ofuscó: ¿todo esto tendría que ver con Chantal?

"¿Por qué dices eso?"

"Porque no sabes llevarte bien con las chicas que te gustan." Afirmó Mu. "Eres la reencarnación de Buda más mañosa en cuatro siglos y tienes un particular estilo para echarlo todo a perder."

"Eso es un estereotipo que resiento." Dijo Shaka cruzándose de brazos, con su orgullo algo lastimado. "Puedo salir con la chica que se me antoje, si eso es lo que dudas."

"Ver para creer."

"¡Te Apuesto Que Antes Que Pase Un Mes y Medio, Ana María Será Mi Chica!"

"¡Te Apuesto Que Antes Que Pase Un Mes y Medio Habrás Hecho Llorar A Chantal!" Shaka se volvió hacia Mu con mucha más severidad de la que acostumbraba, interrumpiendo al lemuriano de inmediato.

"¡TE PROHIBO que la menciones!" Dijo tajante y enojado de verdad. "No tengo nada que ver con ella. ¡Me Revienta El Bazo Pensar En Ella!" Mu le miró escéptico.

"Si sigues con esa apuesta, la harás llorar te guste o no."

"Eso no será mi culpa." Resopló Shaka, apurando el paso. "JAMÁS la he incentivado a nada."

"Shaka…"

El aludido resopló apenado, en silencio, como si se hubiera puesto a meditar de súbito. Y Mu así lo entendió e incluso tentado estuvo de irse a buena parte y dejar solo al guardián de Virgo. No obstante, al cabo de unos momentos…

"No sé cómo tratarla. No sé por qué se fijó en mí, no soy su tipo. Soy demasiado mañoso y no tolero bien el ruido. Me pone nervioso tanta exuberancia… Debería fijarse en alguien que sí la aprecie. Me refiero a Chantal." Comentó en apenas susurros. "¿Crees que yo pueda hacerla feliz? Se aburriría en cosa de horas. No soy quien busca."

"Err… este… no veo que le hayas dado una oportunidad. O que te hayas dado una oportunidad de ver qué tiene Chantal por ofrecerte." Comentó Mu, desconcertado por tan súbita confesión. De pronto se sentía algo aprensivo. "Sobre Ana María… err… es una chica bonita, y bueno… uno tiene ojos, o chakras, ¡no estamos muertos! Algunas mujeres nos afectan, no lo podemos evitar. Te emocionaste, eso es todo, no creo que pase de eso. Solo viste, err, sentiste a una mujer bonita que te gustó, y… esas cosas pasan."

"Como que ya estoy bastante grande para esa conversación." Dijo Shaka con mucha calma. "Tengo opciones, y a ciertas cosas digo que no." Mu abrió la boca para protestar de nuevo, pero el rubio se le adelantó y no le permitió continuar. "Puedo buscarme a la chica que yo quiera, cuando y como quiera. No estoy atado a nadie. Verás lo que soy capaz de conseguir en poco más de un mes."

"Sí como no." La voz de Mu aparte de filtrar sarcasmo, dejó escapar un profundo escepticismo. Iba a añadir algo más cuando vio algo no lejos de allí. Puso los ojos redondos y un travieso brillo volvió a decorar su mirada. "¿Shaka?"

Shaka le ignoró. Es más, hasta hizo un desdeñoso gesto. Mu se regodeó en la repentina vulnerabilidad de su amigo.

"A las tres en punto, como en unos… mmm… siete segundos." Advirtió jovial, como esperando que atacaran al guardián de la sexta casa con la técnica salto y abrazo de koala.

"¡SALUT A LOS DOS!"

La costumbre hizo que Shaka reajustara su posición para aguantar el golpe y no caer al suelo, como le había pasado una que otra vez, pero Chantal, aunque con alegría, les saludó sin saltarles encima. Ganas no le faltaban, pero la muchacha se contuvo. Pasado el desconcierto, Shaka (aún no se acostumbraba a que la niña fuera civilizada) se la quedó viendo desconfiado. El lemuriano se rió divertido y tras hacerle un gesto con la mano, se alejó a zancadas del lugar, como queriendo darles una privacidad que el santo de Virgo no apreciaba en lo más mínimo.

Chantal de Piscis Austrinus estaba en su cielo; se sujetó las manos detrás de su espalda y le observó unos momentos. Su larga trenza espiga le ondeaba a su espalda y su pequeña figura contrastaba con el fondo. La hermana menor de Camus tenía y se movía con la elegancia de una bailarina de ballet (aunque no sabía bailar), se contaba entre las amazonas más fuertes, livianas y de más baja estatura de todas, apenas le alcanzaba para el 1.58 (cifra redondeada, por cierto, para favorecerla)… y le gustase o no, el santo de virgo se sentía afectado por su presencia: siempre le provocaba algo que no alcanzaba a explicarse bien, pero que estaba allí, cada vez que la sentía cerca.

"¿De Dónde Sales?" Reclamó Shaka, aún extrañado.

"Del Refugio. Alsacia y Camus me invitaron a cenar. ¿Dónde Estabas? No te vi hoy en el entrenamiento." Preguntó la chica.

"Yo sabré, Niña." Shaka recuperó la compostura y comenzó a caminar en dirección de su casa. La miró por encima del hombro. "¿No subes?"

"¿Puedo ir contigo?" Chantal le sonrió y dio algunas zancadas para alcanzar al dorado y caminar junto a él. "Qué raro, creí que tendría que esperar a que te alejaras." Añadió con travesura. Shaka rodó los ojos al cielo algo avergonzado (aunque no digamos que los abrió).

"No… disculpa. ¿Por qué tendrías que esperar?" Shaka reinició la marcha con estoicidad. Rezongó molesto consigo mismo.

"Porque no te gusta que esté cerca de ti, pero no te lo reclamo: Creí que me dirías que no." Comentó la chica mientras le seguía. Se veían cómicos los dos subiendo los escalones: Shaka, al ser más alto, caminaba a ritmo normal, pero como la amazona era baja, tenía que dar zancadas más largas y a veces dar saltitos para no perder el paso. A lo lejos daba la impresión que Chantal iba saltando como una coneja junto al rubio.

"Estuve a punto, pero desistí." El dorado siguió caminando, sin notar la diferencia de los pasos. "¿En qué travesura estabas?" Le preguntó con una sonrisa involuntaria.

En el fondo le agradaba caminar junto a ella, sin que se le colgara a la espalda como un koala.

"En ninguna. Tuve algunas rondas, y me tocó nivelar a algunos aprendices. ¡Llegan cada día más llorones!" Comentó la chica, suspirando resignada. "¡Hubieras visto como llegaban a Campos de Hielo! Ni siquiera les gusta ir a rescatar montañistas extraviados." Su día no había sido del todo bueno, pero no comentó nada al respecto. Shaka hizo como que la miraba de reojo, curioso, lo que solo provocó una enorme sonrisa en la chica: eso le subió mucho el ánimo.

"¿Siguen cooperando con las autoridades argentinas y chilenas cuando se pierden turistas o investigadores?"

"Siempre. Como signo de buena voluntad. Se pierde alguien y si tienen muchos problemas para dar con ellos, nos avisan y los rescatamos. La idea es salir con los aprendices que llegan a entrenar allá, pero reclaman como si los hubiéramos mandado al Sahara."

"Bien. Creí que eso ya no corría. Lo de los rescates se entiende." Shaka siguió su camino. "¿Cómo estuvo tu día, aparte de los aprendices llorones?"

"Pudo ser peor." La verdad es que el día de Chantal no había sido del todo bueno, pero no comentó nada. Hacía poco, el médico había ordenado una modificación en unas medicinas que tomaba en secreto, lo que la tenía algo ansiosa. "Pero ahora estoy mejor." Añadió con sinceridad. Pues no era mentira, ver al santo de virgo le había subido el ánimo a la órbita. Shaka hizo como que la miraba de reojo, curioso, pero con calma.

"Ah. Igual te notas algo desequilibrada. Ya deberías haberte acostumbrado al cambio de hora." Comentó Shaka. Siguió avanzando algunos minutos en silencio e incluso atajó a Chantal un par de veces de algunos tropezones casi por inercia. "¡Ten cuidado como caminas! Recupera el centro, niña. Err… ¿No tienes entrenamiento?" Le preguntó con la esperanza de recordarle algo y que lo dejara solo.

Se incomodaba mucho cuando tenía que sujetarla para evitar que se cayera. Pero no la soltó de inmediato tampoco, sino que se tardó unos treinta segundos en hacerlo, como si inconscientemente se quisiera asegurar que no caería de pronto.

"Ya terminé con mis rutinas por hoy." Afirmó Chantal con un ánimo imbatible. "Como dije, me invitaron a cenar en Acuario." Le dijo muy jovial, y en seguida se sonrojó, incluso bajó la mirada con algo de recato. "Por cierto, hace mucho que no te veía sin armadura y llevando la caja a cuestas… te ves bien."

Aburrido, Shaka resopló, soltó y se negó a mirar a Chantal; aunque también se avergonzó por el cumplido. ¿Qué tenía de diferente su ropa? Se sintió bonito que le hicieran un halago de esa naturaleza… Sacudió la cabeza a propósito. Mejor detenía ese tren de pensamiento. Se concentró en los tropezones únicamente para enojarse con ella y así recuperar algo de normalidad. ¿Qué le costaba a esta amazona ser más suave, menos bulliciosa y menos torpe? Siempre tenía un molesto exceso de alegría y energía que lo mareaba. Chantal llenaba los espacios y arruinaba su paz y equilibrio interiores. El dorado volvió la vista al cielo… Aunque sus ojos continuaron cerrados.

¡Eso era lo que no sabía manejar! Tanta alegría lo afectaba (ella también)… y desde hacía unas semanas que sin quererlo, estaba incorporando esa alegría a su normalidad. En el fondo comenzaba a gustarle su aura.

Entonces pensó en Ana María.

"Si, sí. Podrías ir a comentárselo a Geist. O con Alsacia, no sé. Haz algo." Le dijo con algo de sarcasmo, que la chica ignoró. Caminaron otro trecho en silencio.

"¿Qué hacías en Atenas? Porque vienes de allí, ¿verdad?"

"Hmpf. Algo aburrido. Como todo lo que hago." Dijo molesto por alguna razón. Chantal le tomó del brazo con timidez.

"Eres más interesante de lo que te das crédito." Afirmó enamorada, pero Shaka recuperó su brazo en un tris.

Argh. ¡Era eso lo que lo molestaba! ¿Tenía que ser tan directa?

"¡No te me pegues!" Exclamó muy firme.

"No me pego, solo quería…" Chantal soltó un suspiro derrotado. "Discúlpame, me pasé de la raya." Le dijo mientras empuñaba las manos y se las llevaba detrás de la espalda.

"No quiero que me toques."

Chantal bajó los hombros resignada y luego se pasó una mano por la nuca. ¡Límites personales! Le costaba respetarlos, pero podía hacerlo si se lo proponía: solo tenía que concentrarse. Olvidaba que Shaka no era del tipo que recibe o da abrazos, ¡pero le costaba tanto resistirse! Mejor tenía paciencia.

"Un día echarás de menos mis abrazos, pero bueno…" Comentó Chantal llena de tranquila dulzura, actitud que no siempre demostraba. "Vas a ver que sí."

"No, no lo haré. Es más, ni siquiera tú pensarás en dármelos, por dárselos a tu pareja." Reclamó Shaka de mal humor, como tratando de convencerse que el enojo que sentía era por la invasión de su espacio personal y no por otro motivo. "¿No tienes que ir a molestar a Camus a lo mejor?"

La chica le hizo un desprecio y se cruzó de brazos. Bajo la máscara, infló las mejillas y cerró los ojos, taimada.

"Pensaba ir a prepararte un té antes de ir con mi hermano, pero me resisto a eso desde que despreciaste mi cariñito del otro día. Solo intentaba ser amable." Le reclamó, también tratando de enojarse. Antes hubiera dejado pasar tal cosa sin mayor drama, pero en serio que se había ofendido en aquella ocasión. Muy enamorada estaba de Shaka, pero su orgullo estaba dolido. Shaka hizo como si nada.

"Bien. Me gusta servirme yo mismo mi té." El dorado la miró con astucia. "¿Cuándo regresas a Campos de Hielo?"

Chantal negó con la cabeza, sin borrar de su rostro la sonrisa, que aunque oculta por la máscara, insistía en mostrar. La chica extrañaba Campos de Hielo, pero no quería regresar. Hacía varios años, cuando recién había obtenido su armadura, Chantal y Shaka habían tenido una discusión bastante fuerte, cuyo motivo ya no recordaban. Nunca la habían solucionado, pero tras la misma, la amazona había decidido alejarse del Santuario para no tener que ver a Shaka en un largo tiempo, aunque la decisión le rompió el alma. Así que con la excusa de querer progresar en su carrera como amazona, había viajado a Campos de Hielo a hacerse cargo del predio de entrenamiento que se tenía allí. Pensó que eso le serviría para quitarse al dorado de la cabeza y del corazón, pero apenas pudo resistir la lejanía. Incluso le había causado una severa depresión de la que nadie se había enterado. Camus ni sospechaba sobre este pequeño secreto.

De hecho, para eso eran las medicinas que tomaba. Incluso seguía consultando a su psiquiatra.

Chantal había querido regresar al Santuario por múltiples razones y estar cerca de Shaka era tan solo uno de los motivos. La amazona se había hartado de esperar por algo que nunca llegaría, y quiso tomar al toro por las astas, haciendo algo por ella y regresando al Santuario para recuperar la tranquilidad que dicha lejanía le había quitado, pero ver a Shaka de nuevo le había removido el piso. Tenía ganas de estar cerca de él, ganas locas, pero tampoco quería caer en lo obsesivo, como le había pasado antes. Regresar a Campos de Hielo no estaba entre las alternativas e incluso tenía la excusa perfecta: Quería saber si era capaz de sacarse al dorado del corazón, aunque estuviera cerca, aunque tal cosa estaba probando más ser una tortura que una solución.

"Oh, lo haría, pero ya no puedo." Le dijo con inocencia. "Necesito estar en el Santuario un tiempo." Añadió fingiendo ingenuidad. "Mejor de ese modo, así puedo estar más tiempo contigo." Le dijo fingiendo ensoñación. Sin embargo Shaka detectó la mentira enseguida y se ofuscó. ¿Qué pretendía con ese acto? Algo ocultaba, algo planeaba.

Hizo como que entrecerraba los ojos.

"No mientas. Puedes irte cuando te dé la gana, no tienes por qué estar en el Santuario." Shaka se detuvo con orgullo. "Hazme un favor: piérdete en el bosque un par de horas y déjame tranquilo."

"No seas pesado." Protestó Chantal de mal humor.

"Tú no seas cargante, ni mentirosa. Déjame tranquilo." Replicó Shaka. Chantal se encogió de hombros y giró sobre sus talones.

Al menos la casa de virgo estaba a la vista.

"Como desees, bola de maña." Reclamó la amazona, mientras daba un par de pisotones y se adelantaba, congelando un poco las baldosas. Enfiló hacia acuario sin decir nada más (aunque trastabilló al poco andar). Bajo circunstancias normales, o más bien, la Chantal que recordaba se le hubiera pegado como lapa intentando convencerlo de que no la alejara, pero no fue lo que ocurrió en esta ocasión.

Ahora que lo pensaba… tenía algunos chakras bloqueados…

¿Qué le pasaba?

¿Estaría bien?

¿Y por qué eso lo intrigaba?

¡Pobrecita!

Shaka suspiró profundo y reanudó la caminata, meditando los motivos del extraño y repentino cambio de actitud que la amazona había sufrido. Había sido bastante brusco por decir lo menos, como si hubiera madurado de golpe. Le prestó atención a medida que se alejaba, como asegurándose que no se volviera a tropezar…

Vaya… ahora que lo pensaba… había dulzura en su modo de ser.

Sacudió la cabeza. Bah. Tenía que prestarle menos atención a Chantal, no la quería de ese modo. Subió los últimos escalones hasta su casa pensando sin quererlo en un meneo de caderas de otra chica que había conocido temprano aquél día… Ana María era linda y elegante…

Y a medida que ambos se alejaban el uno del otro, por detrás de una roca, un guardia se asomó y salió de su improvisado escondite. Se detuvo donde momentos antes se habían detenido Shaka y Chantal, y se tomó el tiempo de mirar en cada una de las direcciones que estos dos habían tomado luego de separarse. Resopló angustiado y cuando un segundo guardia se le acercó, hizo como que no lo había notado.

"Creo que este problema entra en tu área de experiencia, hermanito." Le dijo el recién llegado. "Pero al mismo tiempo entra en la mía. Tengo un mal presentimiento de todo esto." Comentó apenado. Anteros frunció el ceño y miró a Eros por encima del hombro.

"Lamentablemente pienso igual…"

Continuará…

Por
Misao–CG.


Próximo capítulo:

"¿Me acompañas? Ya sé que te desvío, pero ¡Me pueden asaltar!"

"Claro. No dejaría que una chica linda como tú merodease sola por la ciudad." Ambos comenzaron a caminar en dirección de la estación de metro más cercana. Ana María se le colgó del brazo. "Err…"


PS: Como que me confundí y aquí no puse nada. Como vieron, el berrinche de Sibila tenía un motivo bastante estético, pero nada que una chica no haya sufrido en algún punto de la vida. Todas tenemos un restito de vanidad, admítanlo. Respecto de Shaka y su extraña apuesta… n.n espero que no le tomen mala a Ana María… o a Chantal en cualquier caso. ¿Creen que el Iluminado pueda manejar la situación? Sobre Mu… ya verán que ese lemuriano tiene un plan, aunque si resulta o no, es cosa de leer. Faltas de ortografía, de gramática, tipeo y redacción (excepto en el caso de los diálogos de Niké) no son intencionales y si descubren alguna, por favor, sean buena leche y avísenme para poder corregirla, lo mismo si tienen quejas o críticas respecto de la historia, para poder ver cómo lo soluciono (en tanto sean educadas y civilizadas) ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO EL CAPÍTULO!


Respondiendo a Aritavan, ¡aprecio muchísimo la fidelidad! Y ojalá que la espera valga la pena. Se ha puesto mucho cariño en este fic reformado, así que espero que tenga una mejor conclusión que la que tuvo hace ya tanto tiempo. ¡Un abrazo y gracias por dejar review!


Brújula Cultural

Esta información fue extraída de la Wikipedia.

Anteros (Αντερως): Es el dios de amor correspondido y vengador del amor no correspondido. Sobre su origen se cuenta que al ver que Eros no tenía a nadie con quién jugar, Ares y Afrodita deciden darle un hermanito (aunque las intenciones de estos dos dioses bien podrían tener otras intenciones menos altruistas). Sin embargo en un primer momento, este par de hermanos se enfrentó, conflicto que simboliza la rivalidad existente entre dos amantes, pero con el paso del tiempo lograron hacer las paces y trabajar juntos. Allí donde Eros inspira el amor, Anteros se encarga que las cosas funcionen, cuida de las parejas, pero castigaba con dureza a quienes desdeñaban y no correspondían al amor de otros, siendo en este sentido, el vengador o deus ultor de Eros. Se le representa como un hermoso joven de larga cabellera y alas de mariposa.

Eros (Ἔρως): Es el dios responsable de la lujuria, el amor y el sexo, venerado además como una divinidad de la fertilidad. Es uno de los dioses Erotes y forma parte del cortejo de Afrodita. Algunas versiones lo hacen hijo de Afrodita con Ares, con Hermes o con Hefestos (una simple prueba de ADN hubiera aclarado las cosas); del dios Poros (la abundancia) y la diosa Penia (la miseria), e incluso hijo de Iris (la mensajera de Zeus, diosa del arco iris) y de Céfiro. Algunas veces se le describe como un ser juguetón que gusta de provocar entuertos entre dioses y mortales y otras veces es muy consciente del poder que ostenta, al punto que se le ve rechazando las peticiones de su madre y otros dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales, pero siempre carece de escrúpulos, sin mencionar que es pícaro y muy carismático (le cae bien a todos los dioses). Los griegos lo representan como un hombre joven o un adolescente imberbe alado, con un arco y un carcaj en el que lleva dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma (causantes del amor instantáneo), y las otras de plomo con plumas de búho (causantes de la indiferencia). Ocasionalmente se le mostraba ciego o con los ojos vendados.

Campos de Hielo: Es el nombre que reciben diversas masas de hielos continentales. Son extensas áreas mesetosas rocosas cubiertas por un manto de hielo, cuyos márgenes forman ventisqueros que desembocan, a través de fiordos y canales, al mar o algún lago. Se les encuentra principalmente en las zonas polares y patagónicas, cubriendo diversos accidentes geográficos, como lagos o enormes cordones montañosos.

En el mundo, Los principales campos de hielos son: Antártica, Groenlandia, Campos de Hielo Patagónico Sur (Chile y Argentina), que mide 16.800 km²; el de Vatnajökull en Islandia, 8.100 km²; el de Austfonna, en Svalbard, Noruega; el de Penny Ice Cap, en la Isla de Baffin, Canadá, Campo de Hielo Patagónico Norte (Chile), y Campos de Hielo de la Cordillera de Darwin, en Tierra del Fuego, Chile. Para motivos del fic y de su trama, y de paso para evitar discusiones, es el Santuario de Athena quien controla los Campos de Hielo Patagónico (Norte y Sur), siendo éste un centro de entrenamiento, en donde Chantal pasó los últimos años.

Constelación de Piscis Austrinus: Piscis Austrinus o Piscis Australis (ambos del Latín para Pez del Sur) fue una de las 48 constelaciones listadas por Ptolomeo, y también es una de las 88 constelaciones modernas.

Se piensa que originalmente, Piscis Austrinus fue la única constelación con forma de pez, Piscis fue considerada con forma de pez posteriormente.

Su descripción proviene de la Antigua Grecia, que la tomó de Fenicia o Siria, donde Piscis Austrinus se identificó con un pez que salvó a la diosa siria de la fertilidad Derceto de morir ahogada. En la mitología griega, esta constelación se conoce como el Gran Pez y es representado como tragándose el agua derramada por Acuario, la constelación del portador de agua. Se dice que los dos peces de la constelación de Piscis son los descendientes del Gran Pez.

En la mitología egipcia, este pez salvó la vida de la diosa egipcia Isis, por lo que coloca a este pez y a sus descendientes en los cielos como constelaciones de estrellas.

Ahora… según la Saint Seiya Wiki, la armadura de Piscis Austrinus existe en el canon como parte de las de bronce, sin usuario vivo conocido, y al mismo tiempo se dice que esta armadura es una de las de acero, utilizada por Ushio. Como esta información la vengo a saber a los años (y luego de que me costara un montón decidir qué armadura de plata darle a Chantal), y considerando que hay dos versiones que pueden llevar a confusión, me tomo una licencia artística que espero que entiendan. u^^