Capítulo 3: Un destino cruel
Hola a todos, espero que les esté gustando ya que más adelante la historia se pone interesante, les agradezco a todo los que están leyendo mi ff y sin mas seguimos.
Otro mes pasó fugazmente, los padres nunca descuidaron a las dos pequeñas pegasos, por el hecho de que hacían grandes esfuerzos en la rebelión, sus ataques e inteligencia era muy notable, y las princesas se dieron cuenta de esto con mucha facilidad. El tiempo no fue desperdiciado, de ambos lados del reino estaban algunos de los mejores espías reuniendo información sobre la rebelión, y al mismo tiempo sobre el bando contrario.
Rumores, noticias, desconfianza, temores, todo esos volaban en las cabezas de la mayoría de los integrantes de la rebelión. Ellos tenían un pequeño cuartel general en donde solo era utilizado para reunirse a discutir ciertos asuntos y a la vez un lugar donde algunos miembros sin hogar podían hospedarse.
Hoy había sucedido algo muy terrible, hace un par de horas atrás, habían recibido la noticia de que algunos de sus miembros habían sido emboscados y asesinados la noche anterior, sus cuerpos habían sido encontrados esta mañana. Los rumores estaban recorriendo todos los sitios, y varios se hacían escuchar, dando teorías y otra cosas. Los líderes de la rebelión temían mucho sobre que algún infiltrado pudiera delatar futuros actos, y decidieron tomar ciertas represalias sobre los que creían eran los culpables.
En un lugar cerca de un bosque, se reunían algunos ponis, solo eran cuatro, mientras descansaban y limpiaban de sus ropas y armaduras grandes salpicaduras de sangre. Se notaba que sus armas habían visto mucha sangre desde que la guerra empezó, ya que a solo unos metros de ellos se encontraban alrededor de diez cuerpos sin vida de algunos soldados, tanto del imperio del sol como la legión de la luna.
-ahhh que aburrimiento. Me hubiera gustado jugar más con esos soldados-dijo una Pegaso, mientras limpiaba su rostro de las manchas de sangre que tenia
-ordenes son ordenes, intenta acostumbrarte-dijo un Pegaso que se parecía un poco a ella
-claro, claro, deja de darme sermones-le respondió ella
-bien, es hora de continuar. ¿Están listo?-le pregunto el Pegaso a los demás, que eran un unicornio, un poni de tierra, y la Pegaso que se parecía a el
-andando, quiero terminar esto rápido-respondió el unicornio, muy arrogante
Luego de eso, los cuatro marcharon hacia una pequeña casa que quedaba a unos pocos kilómetros de su posición. Los soldados que habían sido asesinados, aunque portaban uniformes de los dos imperios en guerra, los cuatro mercenarios se dieron cuenta de que eran soldados de la resistencia, ellos no sabían que hacían en este lugar, pero entretenerse con ellos, al menos por unos minutos, les resulto satisfactorio.
El cielo comenzaba a obstruirse por las nubes, notando en estas que pronto comenzaría a llover. En la pequeña casa donde se encontraban las dos pequeñas pegasos jugando dentro, ya que sus padres no querían que estuviera afuera por la repentina lluvia. Ellos junto a sus hijas miraban el cielo, y como cambiaba de una manera tan drástica, aunque los dos adultos podían sentirlo, algo malo sucedería, y no sabían cuándo, pero si pronto.
Las gotas de lluvia comenzaban a caer lentamente, acariciando el césped que se encontraba en frente de la casa, cayendo sobre las hojas de algunos de los árboles que estaban cerca de esta, los golpeteos repetidos de las gotas que caían en el techo de la casa, el frio que comenzaba a aparecer por la lluvia, el cual era leve y muy tolerable.
Las dos pequeñas, estaban una al lado de la otra, habían mirado por la ventana coma las gotas de lluvia caían, sus padres no sabían porque les gustaba ver la lluvia, pero no las detendrían mientras no saliera a jugar debajo de esta. Las dos pequeñas estaban dormidas, mientras se calentaban mutuamente al estar una al lado de la otra, disfrutaban de la compañía de la otra, ya que después de tanto tiempo juntas se habían vuelto muy unidas.
Relámpagos comenzabas a resonar sobre la casa, que eran generados por la misma tormenta, pero curiosamente no despertaban a las dos pequeñas, a pesar de lo estruendoso de su sonido, los dos adultos en cambio, estaban pensando en lo siguiente que la resistencia podría hacer por parar la guerra.
-Shooting fire, es importante que tengamos mucho cuidado a partir de ahora-le dijo el Pegaso preocupado, mientras la miraba fijamente a los ojos
-lo sé, no tienes que preocuparte tanto-le respondió ella, mientras tenía su mirada en la dirección de la puerta, y en uno de los destellos del relámpago, pudo ver algo que era muy similar a una sombra, solo por un leve segundo, y al terminar el destello del relámpago la sombra ya no estaba allí
El otro Pegaso se dio cuenta de cómo su expresión cambio, y miro en la misma dirección en la que ella miraba, pero no logro ver nada. Cuando la luz de otro relámpago se logró apreciar, y luego en una milésima de segundo el resplandor se extendió con aun más intensidad envolviendo toda la casa con su luz, y para sorpresa de los dos adultos, la sombras aparecieron nuevamente, dos se encontraba en la puerta, otra en frente de sus hijas que eran protegidas por el delgado cristal, y la otra en el mismo lugar que se encontraba la tercera pero en sentido opuesto.
Los dos adultos se espantaron antes estas sombras, y sin perder tiempo se levantaron apresuradamente de sus sillas, y tomaron veloz mente a los dos pequeñas pegasos que se encontraban durmiendo, alejándolas del peligro, mientras el Pegaso tomaba una espada y la unicornio preparaba su magia, mientras ambos retrocedían, sin perder de vista a los extraños que estaban fuera de su casa.
Las sombras desaparecieron nuevamente, y un fuerte golpe se escuchó en la puerta, haciendo que esta entrara unos pocos centímetros dentro de la casa, para luego caer al suelo, levantando una pequeña nube de polvo, y a la vez haciendo que las dos pequeñas pegasos despertaran de su sueño. Las sombras rápidamente se transformaron en ponis encapuchados, de las cuales se podía notar un hedor a sangre en ellas. Los dos adultos estaban muy nerviosos, no sabían lo que ellos querían, pero tenían el presentimiento de que estaban allí por ellos.
Dos de los encapuchados dieron un paso adelante, y se quitaron sus túnicas, dejándole ver a los dos adultos que eran prácticamente iguales, les dio la idea de que eran gemelos, pero algo estaba más que claro, sus miradas tenían una expresión de querer sangre, y de ellos era de donde la obtendrían.
Las dos pequeñas, las cuales ya se encontrabas despiertas, se aferraban fuertemente de la patas trasera de su madre, mientras miraban los ojos de esos dos extraños que se encontraban dentro de su hogar, lo cual les daba un miedo casi paralizante, una mirada tan fría y sanguinaria como la que ellos dos tenían, sin duda nunca podrían olvidar algo como esto.
-ustedes dos creo que deben ser los "rebeldes", que están causando problemas-dijo uno el poni que se había quitado la túnica, para dejar ver que eran un Pegaso, al igual que su gemela
-llevas las niñas al sótano. Ya sabes lo que tienes que hacer-dijo el Pegaso de pelaje gris, mientras se colocaban junto a un puerta que llevaba al interior de la casa, y al lado de esta había un mueble, el cual el Pegaso movió con rapidez, y saco una espada detrás de él, una espada muy singular que tenía una hoja curva, la hoja muy afilada y el mango se encontraba muy gastado, se notaba que esta espada tenía una gran antigüedad
La unicornio tomo a las pequeñas con su magia, y antes de irse le dio un corto beso en la mejilla al Pegaso, y luego comenzó a correr mientras lagrimas salían de sus ojos. Ellos habían luchado incontables veces, pero sabían bien que ellos no se encontraban al nivel de estos extraños, que habían encomendado asesinarlos.
-¡¿a dónde crees que vas…?!-dijo el Pegaso mercenario, mientras se lanzaba hacia la puerta, para evitar de que la unicornio escapara
El Pegaso de pelaje gris, instintivamente, lanzo un golpe contra el otro Pegaso, haciendo que lo golpeara de lleno en el rostro y deteniéndolo en seco, para luego hacer que por la misma fuerza del golpe este callera al suelo.
El Pegaso gris lo miraba con desprecio, mientras observaba como de la nariz de este salía una gran cantidad de sangre, seguramente porque se la había roto.
-espero poder redimir a todas las pobres almas que atormentaste…-dijo el Pegaso gris, para luego dirigir su espada contra el mercenario, y luego asestarle un golpe fatal, la sangre emanaba rápidamente después de que este sacara la espada del pecho del otro, la hoja estaba cubierta de sangre, y por alguna razón se podía notar de que él no quería hacer esto
-larense de mi hogar, o les sucederá lo mismo que a su amigo-le dijo el Pegaso gris, a los demás mercenarios, que tenían una expresión de indiferencia ante lo ocurrido
-él no era mi amigo, él era mi hermano, y espero que puedas soportar lo que tengo pensado para ti…-dijo la otra Pegaso, que junto a los otros tres ponis con túnicas, se preparaban para enfrentar a Pegaso de pelaje gris
Mientras la unicornio, junto a las dos pequeñas, seguían recorriendo la casa, para luego bajar hacia el sótano, al llegar a la puerta de este, escucharon un fuerte sonido, algo parecía haberse destrozado de una manera muy violenta, y luego de ese instante permaneció el silencio, cosa que alerto a la unicornio, mientras las dos pequeñas no comprendían del todo lo que sucedía, les era difícil entender debido a su edad, pece que sabían que allí afuera había una guerra, nunca vieron lo que esta implicaba, porque sus padres las protegían de todo lo mejor que podían.
Al bajar por las escaleras al sótano, el cual estaba completamente oscuro, ella bajo a sus hijas y las coloco gentilmente en el suelo, para luego encender su cuerno como una lámpara, iluminando todo, aunque con poca luz. Comenzaron a caminar por el sótano, el cual era grande, mientras las pequeñas no se despegaban de su madre, y al llegar al final de este, toco la pared con su magia e hizo que la pared se moviera hacia un lado, el ruido de la enorme pared deslizándose la hizo poner nerviosa, ya que sabía que esto alertaría a los invasores de donde era que se encontraban.
No tardó mucho en que la pared se terminara de deslizar, dejándole ver a las pequeñas que había una especie de pasaje que conducía hacia abajo, el cual no se podía ver por la oscuridad. De pronto la puerta, la cual permitía el acceso al sótano se abrió de un fuerte golpe, dejándole ver a la unicornio que los mercenarios estaban vivos, y con ojos llenos de desprecio, y mientras bajaban por la escalera, se les notaba en sus cuerpos algunas cortadas y golpes.
-¿a dónde creen que van pequeñas? ustedes son con las que me divertiré jugando…-dijo la Pegaso, de una forma desquiciada
La unicornio solo le dirigió una mirada de desprecio, y luego encendió su cuerno, con la magia que tenía un color blanco, para levantar a sus dos hijas y dejarlas al otro lado de la pared que se había movido. Las dos pequeñas la miraban muy confundida, no entendían porque su madre hacia eso, mientras ella las miraba con una gran sonrisa, como nunca antes con un cariño indescriptible, pero a la vez se le notaban algunas lágrimas en los ojos.
-¿mama…?-dijeron ambas pequeñas con una voz dolida, porque de cierta forma sabían lo que este gesto significaba
-siempre recuerden que las amo niñas, siempre estaremos a su lado, sin importar que-dijo la unicornio para luego darles un beso en la frente a ambas, y con su magia deslizar rápidamente la pared, para cerrarla del todo
-¿Qué crees que estás haciendo?-pregunto enfurecida la Pegaso
-¡MAMA!-las dos pequeñas gritaban detrás de la pared, golpeando con sus pequeños cascos en esta, en un intento desesperado por volver a abrir la pared, mientras escuchaban débilmente lo que sucedía al otro lado
-no dejare que las lastimes. Aunque sea lo último que haga te detendré-le advirtió la unicornio a la Pegaso, mientras preparaba su magia para enfrentar a estos tres mercenarios
-ajajaja-la pegasos rio desquiciadamente-¿de verdad crees que podrás tu sola contra nosotros tres?-dijo en forma burlona, despreciando a la unicornio
-eso ya lo veremos-dijo con una sonrisa de confianza la unicornio
Mientras las dos pequeñas seguían golpeando la pared con desesperación, y muchas lágrimas en sus ojos, el pequeño rectángulo en donde se encontraban paradas, súbitamente se deslizo hacia abajo, y ambas cayeron por una rampa, que se extendía atreves de toda esa oscuridad hacia abajo. Por la inminente sorpresa, ambas gritaban aterrorizadas por esto que eran tan repentino, además de que iban deslizándose a gran velocidad. Mientras se deslizaban hacia algo incierto, un ruido de una fuerte explosión silencio los grito de ambas, explosión la cual hizo temblar todo y por la misma fuerza las rocas que se encontraban arriba de esta rampa, comenzaron a soltarse y caer encima de las pequeñas, las cuales usaban sus cascos para intentar protegerse de estas, y luego un gran trozo de roca, que parecía ser una lámina, separo a las dos pequeñas, mientras aún permanecían deslizándose con geste de terror absoluto. Luego de algunos segundos más, ambas estaban a punto de llegar al final de la rampa, y al llegar a esta, chocaron con la pared que tenían en frente de esta, recibiendo un fuerte golpe en la parte inferior de sus cuerpos, con dificultad comenzaron a levantarse del suelo, mientras en sus cuerpos se distinguían algunas heridas y golpes serios, rapones y algo de sangre saliendo de ellos.
-hermana ¿puedes oírme?-le decía la pequeña Pegaso de ojos azules, con una crin color escarlata, de la cual se distinguía una línea con los colores del arco iris, y un pelaje blanco
-si… pero débilmente-decía la otra pequeña, mientras gemía por el dolor que sentía de tantos golpes, la cual tenía ojos color rosado oscuro, con una crin color violeta oscuro, y un pelaje color gris oscuro, y se distinguía perfectamente de su crin unas línea con los colores del arco iris
-¿Qué aremos…? estoy asustada-decía la Pegaso de ojos azules, con un gesto de angustia en su rostro
-yo también lo estoy… pero tenemos que salir de aquí, esos ponis malos van a venir y si nos encuentran no sabemos que nos podría pasar…-dijo la pequeña tratando de animar a su hermana, pero cuando termino de decir esa frase, comenzó a escucharse como las piedras de la cueva comenzaban a moverse y a caer por las anteriores explosiones
-¡corre!-la Pegaso de ojos rosado comenzó a correr al igual que su hermana en direcciones opuestas, mientras las piedras se desprendían del techo
Parecía que ninguna de las dos encontraría la salida de ese lugar, ya que era una carrera contra el tiempo, por el hecho de que todo se estaba desmoronando, mientras alguna que otra piedras las golpeaban. Mientras la Pegaso de ojos rosado seguía corriendo sin parar, logro divisar una pequeña salida, por la cual se podía ver un rayo de luz que iluminaba la oscuridad de la cueva, no se detuvo a pensar, su instinto la guiaba para que corriera aún más rápido, pero al acercarse más las rocas la golpeaban incesantemente, y ella uso sus alas para intentar protegerse de estas, aunque funciono, y la misma adrenalina del momento no le dejo sentir dolor alguno, rápidamente sus alas se lastimaban antes las afiladas piedras que las golpeaban sin cesar. Cuando la lluvia de rocas ceso, y solo estaba a pocos metros de la salida, una gran roca se desprendió y fue directo a su ojo derecho, golpeándola de lleno, pero no evitando que siguiera corriendo, su ojo estaba lastimado y lo había cerrado, pero aún seguía corriendo con su otro ojo abierto hasta que logro alcanzar la salida, allí afuera, mientras seguía corriendo y escuchaba como la cueva se terminaba de derrumbar detrás de ella, diviso un camino, pero sus patas cedieron y callo a pocos centímetros de este, sus patas estaban fatigadas, su cuerpo y alas muy heridos y con heridas punzantes de las cuales emanaba sangre, su ojo derecho no tenía señales de estar bien, su respiración era agitada, el ojo que aún le servía comenzaba a cerrarse, mientras hacia el intento de no desmallarse, pero a la vez su visión se tornaba borrosa, ya no tenía energías para lograr mover un musculo, por fin cedió y cerro su ojo, aun podía escucharse su respiración agitada, y cerca de ella escucho el sonido de una carreta acercándose, hasta ceder completamente y desmallarse.
Momentos antes, al otro lado de la cueva
La otra Pegaso no tenía las cosas más fáciles, el camino era difícil y tenía que moverse con la mayor agilidad posible, gracias a sus reflejos podía esquivar las rocas más grandes, y por lo tanto sufrir menos heridas. Al seguir su trayecto, logro divisar una salida, aunque esta parecía haberse hecha por los mismos ponis que hicieron el túnel, y al llegar al final de este, estaba por lograr salir del derrumbe, pero desafortunadamente las rocas que sostenían la salida cedieron, pero por sus reflejos logro pasar, aunque su ala izquierda no tuno esa suerte, quedo atrapada entre las roca, y ella, a pesar de ser una niña, contuvo su llanto y dolor, aunque grandes lagrimas salían de sus ojos, con cierto esfuerzo y ayuda de sus cascos, logro levantar levemente la roca que aplastaba su ala, poniéndose casi en vertical para hacerlo, y lo logro, pero cayó al suelo luego de hacerlo, ella quería llorar como nunca antes, pero su fuerza de voluntad se lo impidió, contuvo sus lágrimas y se levantó del suelo, caminando débilmente por su fatiga, continuo su camino, mientras su ala izquierda colgaba como si no existiera.
Las gotas de lluvia seguían cayendo sin cesar, la sangre de ambas era lavada del suelo por las mismas gotas de lluvia, sus destinos eran inciertos, y sus vida serian cortas, ya no tenían a nadie que las protegieran, ahora tenían que cuidarse ellas mismas, y un par de huérfanos en medio de una guerra, tendría que hacer cosas que ellas nunca pensarían hacer solo para intentar sobrevivir.
Continuara…
