Los personajes pertenencen a Stephenie Meyer, mientras que la trama está sacada de la película Un día imprevisible (In a day en inglés). Yo solo escribo y hago pequeños retoques :)
Un día imprevisible
3. Segundas oportunidades
—¿Quieres hacer algo en especial? No importa si concierne dinero. Pide lo que quieras.
Bella pensó realmente si deseaba algo. Y entonces, se le ocurrió algo.
—Hay algo…¿has dicho que no importa si concierne dinero?
—Exacto.
—Pues entonces me gustaría que me hicieras un favor enorme.
Edward levantó una perfecta ceja, invitándola a seguir hablando. Casi una hora más tarde, se encontraban delante de unos apartamentos que Bella conocía bastante. Dirigiéndole una sonrisa a Edward, se dio prisa en llamar al timbre.
—¿Sí? –dijo la voz de su mejor amigo.
—¡Soy Bella! Abre, venga.
—¿Y si no quiero?
—¡Jake!
Jacob abrió de inmediato, y Bella le indicó a Edward que la siguiera. No tardaron ni dos minutos en llegar al apartamento del chico, que se encontraba en la segunda planta. Él ya los estaba esperando en el vestíbulo. Era un chico alto, de tez morena y cabello largo negro, que lo tenía recogido en una coleta.
—¡Bells! –gritó Jacob, cuando vio a Bella, dándole uno de sus abrazos de oso— ya te vale, no venir ni a verme el día de mi cumpleaños…
—¡Tenía trabajo! Y es por eso que estoy aquí.
Bella hizo las presentaciones, aunque notó un ambiente un tanto hostil entre Jacob y Edward, pero decidió no darle más importancia. Se dieron prisa en sentarse en el pequeño saloncito de Jacob, que a la vez hacía de cocina. La verdad es que eran unos apartamentos minúsculos, Bella no entendía como su amigo no buscaba trabajo e intentaba buscarse algo mejor.
Ella y Edward se sentaron en el pequeño sofá, mientras que Jacob en una de las sillas. Bella cogió el paquete que llevaban y se lo entregó a Jake, que lo abrió de inmediato, encontrándose con un saxofón.
—Bella…esto es demasiado. ¡Te habrá costado una fortuna!
—No te preocupes por eso. ¿Te gusta?
—¡Me encanta! –Jacob volvió a abrazar a Bella, para luego volver a admirar su regalo.— ¡Voy a llamar inmediatamente a Seth para decirle que vuelvo a la banda!
El chico se perdió por la habitación y Bella y Edward se quedaron solos en el saloncito.
—A Jake le encanta tocar el saxofón. Se gana la vida tocando en bares y pubs, pero un día volviendo del trabajo le atracaron y se lo quitaron –le explicó Bella a Edward— no tenía suficiente dinero como para comprarse otro, y se quedó sin trabajo.
—¿No podía encontrar otro? –preguntó Edward.
—Dice que el saxo es su vida, y se niega a tener otro trabajo. Yo he intentado que recapacitara miles de veces, pero siempre pasaba de mí –le comentó Bella, mientras Jacob volvía a entrar con una amplia sonrisa.
—¡Te debo la vida Bells!
—En verdad es a Edward. Sin él no hubiera podido comprarlo.
—Pues muchas gracias –dijo Jake, tendiéndole la mano, que Edward estrechó. La hostilidad se había evaporado como por arte de magia.
Estuvieron un rato más hablando, hasta que Bella y Edward decidieron irse, ya que su amigo tenía que prepararse para el día siguiente, que tenía ensayo de nuevo.
—¿Hasta cuando debe durar mi día especial?
—Hasta cuando usted decida –respondió Edward, con tono solemne.
Bella rió y propuso ir a una cafetería cercana, para decidir allí que hacer ahora. Sin embargo, al llegar, la joven se dio cuenta de quién se encontraba en su interior.
—Oh, no, mejor vayámonos –dijo, nerviosa.
—¿Qué ocurre?
—Ese hombre…es el de esta mañana –respondió Bella, señalando a aquel hombre tan repugnante, que se encontraba al parecer en una reunión de amigos— Edward, por favor, vámonos...
—¿El que te ha echado el café? –el semblante del joven se había oscurecido por segundos, con la vista fija en aquel individuo.
—Sí, pero…
—Quédate aquí.
—¡Espera!
No obstante, el chico no hizo caso de su petición y entró en la cafetería, yendo directamente a la mesa del susodicho.
—Hola –fue lo primero que dijo para llamar la atención. Los cinco rostros que ocupaban la mesa se giraron hacía él, intentando adivinar qué quería— ¿puedo robarles cinco minutos de sus vidas?
Eran tres hombres y dos mujeres, los cuales se miraron entre sí y asintieron. Edward sonrió y cogió una silla cercana, sentándose despreocupadamente y mirando atentamente a los cinco rostros.
—Veréis, voy a contaros una historia y me gustaría que me dieseis vuestra opinión, si no os importa. La historia va de una joven, guapísima, muy inteligente, pero también un poco inocente. Ella es estudiante, y está esperando el autobús para ir a la universidad, sola, cuando un hombre, de aspecto normal, se acerca e intenta entablar conversación con ella, pero al ver que la chica no le presta mucha atención, decide hacerle una proposición indecente –Edward miró de reojo al hombre que le había señalado Bella, el cual se notaba a leguas que con cada palabra que decía el joven se ponía más nervioso, al darse cuenta de lo que ocurría— le propone ir a su apartamento para pasarlo bien, ya podéis imaginar para qué. La chica decide alejarse ante esto, ya que obviamente no se siente cómoda, más bien amenazada, así que el hombre, que llevaba un bote de café caliente en la mano, se lo echa por encima y se va. Café caliente que le cae por la cabeza, el cuello y la espalda, y aún quema un poco. Bien, ¿qué pensáis del tipo?
—Es un grosero y un impresentable –dijo uno de los hombres.
—¿Sinceramente? Merece que le corten las pelotas y se las hagan tragar –opinó una de las mujeres, decidida, mirando cómplice al sujeto en cuestión, el cual se encontraba de lo más incomodo.
—¡Genial! Yo pienso lo mismo –sonrió Edward— ahora, es cuando interrumpo la narración, y os explico porqué os he contado todo esto. ¿Y si esa historia hubiera pasado esta mañana? ¿Y si ese hombre, el de la parada del autobús, se encontrara en este grupo? ¿Y si os dijera que ese acosador es él? – y al decir lo último, señaló al tipo en cuestión, el cual no sabía como reaccionar y le miraba con odio.
—¿Qué? Venga ya, ¡imposible! –rieron sus compañeros- es absurdo, él es abogado de mujeres maltratadas.
—Pues es él –dijo Edward, decidido— y he pensado que deberíais saber que ha hecho esta mañana con el café del desayuno. Solo quería que supieseis en compañía de quién estáis –en este punto, todos los de la mesa miraban con incredulidad y decepción al hombre, que no sabía donde meterse —Y eso es todo. Gracias por escucharme.
Edward se levantó, dejando a todos atónitos, y se dirigió al exterior, donde se encontraba Bella, quien le esperaba impaciente.
—¡¿Qué les has dicho?! –le preguntó de inmediato. Edward miró hacia el interior de la cafetería y vio como todos le estaban pidiendo explicaciones a aquel hombre. Las dos mujeres estaban recogiendo, incluso.
—Pues les he contado de forma indirecta lo que te ha pasado esta mañana.
—¡¿Qué?!
—¿Y sabes lo más fuerte? Es abogado de mujeres maltratadas.
Bella parpadeó confusa y sorprendida a más no poder.
—¿Estás de broma?
—Nop.
La joven se quedó algo pensativa, mientras Edward no le quitaba ojo de encima.
—¿No debería haberlo hecho? Aún puedo ir a pegarle un puñetazo, estaría encantado.
—¡No, no! Has hecho bien. Sin lugar a dudas, la humillación es mucho mejor que la violencia.
Edward la miró y sonrió, haciendo que Bella se volviera a sonrojar y agachara la cabeza.
—Muchas gracias.
—Por nada.
Bella le volvió a mirar, inspirando hondo, y se encontró con que Edward tenía una sonrisa más ancha, aún si cabe. Puede que ahora le pueda sonsacar algo, pensó. Así que se puso de puntillas y le dijo al oído:
—Y ahora, mi caballero de brillante armadura, ¿podrías decirme por favor quién quiere que tenga un gran día? ¡Me voy a volver loca!
Edward se quedó mirándola, ahora con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Claro. Pero mejor en otro sitio.
Fueron a otra cafetería, paseando. Edward no podía dejar de mirar a su acompañante, que sonreía todo el rato, emocionada. Cuando llegaron a la cafetería, pidieron unas cervezas y se sentaron en una mesa de dos, algo alejada.
—¡Bien! Cuéntame.
Edward suspiró y sacó del interior de su chaqueta una fotografía de un niño.
—¿Le reconoces?
Bella miró un instante la foto y negó con la cabeza. La cogió, para analizarla mejor. Y algo en su cabeza hizo click, al fijarse en aquel niño regordete y con cara traviesa.
—Tengo que hacerte otra confesión –prosiguió Edward— sabía que te gustaba esa ropa que te he comprado, por su color. Sabía que plato pedir en el restaurante también. Por supuesto, también sé cómo te hiciste esa pequeña cicatriz que tienes encima de tu ceja izquierda –Bella se llevó la mano ahí, instintivamente, mientras dirigía lentamente la mirada hacía su acompañante- te la hizo el chico de la foto, si no me equivoco.
Bella miró de nuevo a la foto, intentando encontrar su voz.
—Él…formaba parte del grupo de niños que me hicieron la vida imposible en la escuela. Me empujó con fuerza contra un árbol, y así me hice la herida que me dejó esta cicatriz –sonrió Bella, sin nada de alegría. Edward, por el contrario no sonreía.
—¿Te acuerdas de su nombre, Bella?
La joven fue a responder, pero frunció el ceño.
—Y en el caso de que así fuera, ¿qué tiene él que ver con todo esto?
Edward suspiró, y se acomodó más en la silla, dirigiendo su mirada hacía el techo.
—Digamos que descubrió donde trabajabas, y se arrepentía de cómo te había tratado en aquella época. Así que decidió recompensarte –en este punto, Edward fijó su mirada esmeralda en la de Bella, a la que se le trabó la respiración— No importaba qué día, habría uno en el que tenía que ser el mejor de tu vida, porque no hay persona que se lo merezca más.
—Entonces…¿porqué no lo ha hecho él en persona?
—Tenía miedo de que si le reconocías, te negaras.
La cabeza de Bella era un hervidero. Toda la alegría que había sentido hacía apenas unos instantes, se había evaporado ante tal revelación. Nunca hubiera pensado que el chico que más odiaba en su infancia hubiera preparado un día así para ella.
—Espera, lo del tío del café, ¿también lo había planeado?
—No. Y ahora, ¿recuerdas su nombre?
Bella inspiró hondo y miró a Edward directamente a los ojos.
—Era Eddie…
—Eddie Cullen.
La joven miró a su acompañante, atónita.
—¿Puedes decirme tu nombre completo, por favor? –pidió, con voz dura.
—Edward Cullen –respondió el chico, tras unos segundos- el sobrenombre de Eddie lo dejé atrás.
Bella se mordió el labio inferior, mientras notaba como le escocían los ojos.
—No entiendo que pretendías con esto. ¿Una especie de disculpa?
—Sí.
—Vale, entonces, ¿debería sentirme compensada y olvidar el infierno que me hiciste vivir? ¿Quieres que olvide todas las humillaciones, el tormento, todo? ¿Quieres que me acerque a ti, te abrace y te diga que estás perdonado, solo porqué te arrepientes después de todo este tiempo?
—Quería recompensarte, Bella. Es importante para mí.
—Eso es todo entonces, querías pedirme perdón, ¿no?
—¡Claro!
Bella cerró los ojos con fuerza. No quería que ese chico la viera llorar. Ya había llorado suficientes veces por su culpa, no iba a haber una más.
—¿Sabes? A veces pensaba que pasaría si os volviera a encontrar, a ti y a tus amigos. Imaginaba lo infelices que os haría ser. No sabes las veces que te he destruido en mi cabeza. Pero a pesar de todo, he llegado a una conclusión –miró a Edward, con furia contenida, sin darse cuenta que las lágrimas que se habían formado también en los ojos del joven— ¡vete a la mierda, Cullen! Y más por la jugarreta de hoy. Gracias por convertir uno de los mejores días de mi vida en uno de los peores.
Edward había apoyado su frente en una mano, con la vista fija en la mesa, de forma que Bella no podía verle la expresión. Cogiendo su bolso se levantó y se fue, ya sin poder parar las lágrimas.
.
.
Y así, pasó una semana. Bella había hablado con Alice, quién le dijo que había hecho lo correcto. Sin embargo, aunque sabía que se había vengado a su manera, Bella no podía sentirse feliz, y no entendía el motivo de que sintiera esa opresión en el pecho. Edward no apareció por la cafetería, para decepción de Leah y alivio de Bella. Era domingo a media mañana, y en aquel momento no tenían clientela. Bella y Leah cotilleaban detrás de la barra, mientras el señor Clearwater preparaba unos pasteles en la parte de atrás.
—Y entonces se le cayó toda la comida en el suelo. ¡Empezamos a reírnos todos, hasta los de la mesa de al lado!
Bella rió, sin ganas. No sabía siquiera como había empezado aquella conversación, ni qué le estaba contando Leah. Su cabeza no podía dejar de pensar en Edward. Y como una invocación, en aquel momento el chico apareció por la puerta. Bella y Leah se giraron al escuchar la campanilla, y mientras la primera se quedaba de piedra, la segunda esbozaba una enorme sonrisa.
—¡Hola! –dijo la muchacha— ¿un sándwich de mantequilla?
Bella se dirigió deprisa hacia un lado, de forma que él no podía verla. Edward había fijado su mirada en la pared tras la que se escondía Bella y no respondía, de forma que Leah tuvo que volver a llamarle la atención.
—No, disculpa –respondió al fin, y volviendo su vista hacia la pared, añadió— ¿podemos hablar?
Como la joven no respondía, Leah se acercó un poco a ella.
—Creo que quiere hablar contigo, Bella.
—Me importa un bledo lo que quiera.
Leah suspiró y se volvió hacia Edward:
—¿Seguro que no quiere comer nada?
—No.
Como el chico no dejaba de mirar hacia Bella, y se había creado un silencio incómodo, Leah decidió ir en busca de su padre, que se dio prisa en salir al recibir las noticias de su hija. El señor Clearwater primero le preguntó a su empleada si se encontraba bien, quien solo asintió a modo de respuesta, y luego se dirigió a Edward:
—¿Puedo ayudarte en algo? –preguntó de la forma más amable posible.
—Creo que no –al establecerse de nuevo un silencio tenso, ya que Bella parecía reacia a colaborar, Edward decidió tomar la iniciativa— hace una semana, Bella y yo pasamos el día juntos, pero ahora me odia.
—¿Por qué? –no pudo evitar preguntar Leah.
—Porque descubrió que yo era uno de los matones que se metían con ella en la escuela. Y piensa que lo que hice hace una semana es absurdo y está fuera de lugar.
—¿Qué le hizo? –preguntó esta vez el señor Clearwater.
Edward sonrió, una sonrisa nada alegre, mirando hacia el suelo.
—Pasar un día genial. Al menos yo.
—¿Y donde está el problema?
Edward volvió a mirar a Bella, que seguía sumida en un silencio sepulcral detrás de la pared.
—Solo he venido a pedirle perdón, no por lo de hace una semana ni por lo de hace años, de lo cual sigo estando enormemente arrepentido, eso que no quepa la menor duda. Hoy he venido a pedir perdón por no haber sido honesto y sincero con ella desde un principio, debería haberle dicho quién era yo en realidad. Y que no quería tomarle el pelo, solo quería que fuésemos amigos, porque ella debería valorar que yo estaba…—en este punto del discurso se le trabó la voz. El chico cerró los ojos y respiró hondo, ante la atenta mirada de Leah y su padre. De repente volvió a abrirlos, resuelto— solo quiero que intente comprender mis intenciones y que me respete por ello.
—Bien, perfecto…—dijo el señor Clearwater- Bella, ¿lo has oído verdad? No creo que pueda repetirlo.
La joven, sin embargo, seguía sin decir nada. Ante tal silencio, Edward suspiró de nuevo.
—Bueno, me voy a ir. Pero volveré mañana, y al otro, y al otro, el tiempo que haga falta hasta que se decida a volver a hablar conmigo.
—Bella dice que…-dijo esta vez Leah, pero Bella por fin rompió su silencio:
—Lo he oído, pero me da igual cuantas veces venga. No le servirá de nada.
Leah y su padre miraron a Edward, que parecía esperarse algo parecido.
—Pues tendrá que acceder algún día, porque se dará cuenta de que estoy siendo sincero con ella y que no tengo malas intenciones.
A pesar de que estar resuelto y decidido cuando hablaba, se notaba claramente el nerviosismo en su voz, por lo que Leah sonrió, sabiendo que él decía la verdad, y volviendo a mirar a Bella, impaciente por escuchar la respuesta.
— ¿Sincero? ¿Tomar el pelo a una persona es ser sincero? –rebatió ella.
—Yo no te tomé el pelo, solo intentaba ser generoso.
—Ser generoso está bien…pero ser sincero es aún mejor –la voz de Bella bajó, ya no siendo tan dura— creía que hacías todo aquello porque yo te gustaba. Podrías haber sido sincero desde un principio, y yo no me hubiera pasado ese mal trago.
—¡Pero me gustas!
—¡No! Quiero decir, gustar no de agradar, sino de…estar con una persona…como más que amigos.
Edward se quedó de una pieza, de forma que solo pudo decir un lastimero y sorprendido:
—Oh.
El señor Clearwater y Leah sonreían, ante la valentía de Bella. Conocían suficientemente a la chica como para saber lo tímida que era, y lo que le estaría costando decir todo aquello.
—Ahora me resulta difícil estar contigo porque me siento humillada…y rechazada.
Edward se permitió unos instantes para reflexionar la respuesta.
—¿No recuerdas lo que te pregunté sobre las segundas oportunidades?
—¿Sí, y qué?
—¡Es que parece que no entiendes nada Bella!
—¡¿Pero en serio creías que comprándome ropa cara, invitándome a un restaurante caro y regalándole un saxo a Jake podrías enmendar las cosas?!
—¡Solo quiero que no me juzgues! Yo no te juzgué cuando eras una colegiala con el pelo rizado y gafotas.
—Uh…no empieces con eso bola de sebo –Bella ya se había girado, mirando desafiante a Edward, que había recuperado la calma y una sonrisa amenazaba con salir de sus labios.
—No, cuatro ojos. Solo quiero hablar. El otro día ya me dejaste en la palabra en la boca, sin siquiera dejarme decirte lo que en realidad quería decir.
—¡Estaba enfadada, no podía quedarme allí!
—Eso lo entiendo, pero lo que quería decirte es que…-dirigió su mirada hacía el suelo, y apretando los puños, volvió a clavar su mirada en la de ella- ¡es que siempre me has gustado!
Bella se quedó sin habla durante un segundo, intentando asimilar la información. Y de repente, notó como esa opresión en el pecho se esfumaba, y tampoco se sentía furiosa.
—¿Es por eso que te metías conmigo? –dijo en un hilo de voz.
—Sí.
—Qué caballeroso, Eddie.
Edward hizo una mueca y Bella sonrió.
—¿Qué? Me ajunté con la gente equivocada, ya lo sé.
Bella se acercó a él, situándose a un paso del joven. Leah y su padre no podía evitar sonreír, ante la escena.
—Me ajunté con la gente equivocada –se burló, poniendo voz de pito.
—Era muy influenciable –seguía excusándose Edward.
—Era muy influenciable.
—¡Estaba gordo!
—Estaba gordo.
—¿Te has divertido ya lo suficiente?
—Creo que no.
Y dicho esto, Bella se puso de puntillas y unió sus labios con los de Edward, para sorpresa de éste. La joven se separó con una sonrisa, antes de que él le rodeara la cintura con los brazos, para volver a atraerla hacia sí, y volver a besarla.
Bella entonces recordó que él en verdad le había gustado desde un principio, desde que le había ayudado aquel primer día de clase, cuando Edward aún no se había ajuntado con aquellos niños que le hicieron la vida imposible. Y ahora notaba, que ya no estaba sola. Que nunca más lo estaría.
¡Y por fin ha venido la musa y he podido terminarla!
Tengo que admitir que he cogido diálogos casi iguales a los de la peli, porque los que había escrito yo no me gustaban tanto.
Espero que os haya gustado el minific y la historia en general. Creo que este capi es el más largo que he escrito en mi vida, ¡10 hojas de word! Estoy alucinada conmigo misma, de verdad.
Bueno, espero que aún quede alguien por aquí que me pueda decir qué le ha parecido y todo eso :) Dar las gracias a estas dos personitas que me dejaron review con la última actu, Gabymuse y JosWeasleyC. ¡Muchas gracias de verdad!
¡Un beso y nos leemos en mis otros fics! ;)
