El despertador comenzó a sonar sacando a los dos cuerpos, inmóviles sobre la cama, de su profundo sueño, el primero en despertar fue Morinaga quien sintió cierta irritación hacia el molesto objeto que anunciaba la hora de iniciar la rutina diaria mientras deslizaba lentamente y con movimientos aun torpes debido al estado de somnolencia característico de cada mañana una de sus manos para apagar el despertador que se encontraba sobre la cómoda dejando ver parte de su varonil pecho al descubierto pues al parecer no tenía la camisa de la pijama puesta. Eran a penas las cinco de la mañana, estaba bastante cansado, la vida tan dinámica que había llevado desde hacía un tiempo causaba ciertos estragos en su cuerpo y pensar que ni siquiera estaba fuera de forma ni nada por el estilo aunque él mismo era consciente de que últimamente había descuidado su salud, era hora de levantarse y debía apresurarse pues tenían que estar en la Universidad a las ocho de la mañana y muchas cosas por hacer lo estaban esperando fuera de la habitación...

En esto pensaba, aun recostado en la cama, mientras estiraba sus brazos y piernas a la vez que dejaba salir un pequeño bostezo, de pronto el otro cuerpo había comenzado a moverse, la posición en la que senpai se encontraba era bastante linda, le daba la espalda al peliazul que se encontraba recostado boca arriba, tenía una de las almohadas entre sus brazos, era la misma posición de un niño pequeño que abraza a su oso de peluche o a su querida manta, realmente adorable...

El ojiverde se sentó en la cama con las piernas cruzadas mirando hacia su amado para poder apreciar mejor su cuerpo aunque fuera sólo por unos segundos, la piel tersa y blanca que apenas sobresalía de entre las sabanas, aquel fino y sedoso cabello que, estaba seguro, nunca se cansaría de sentir, atravesar aquellas finas hebras le producía un gran placer pero más que nada felicidad porque sabía que para senpai era muy especial ya que no dejaba que nadie lo tocara, salvo Kanako-chan cuando se lo cortaba y él que lo había hecho ya en varias ocasiones...

Unos minutos más tarde el peliazul se encontraba ya en la ducha, el agua que caía de la regadera lo hacía sentir muy relajado, toda la tensión acumulada en su cuerpo se había esfumado como por arte de magia, es increíble como el solo hecho de dormir al lado de la persona que amas te permite pasar las noches más tranquilas que jamás alguien podría imaginar, se preparaba ya para comenzar con algunas labores del hogar, primero, ya que tenía tiempo podía limpiar un poco la casa, después, tal vez lavar un poco de ropa, preparar el desayuno, poner la mesa, lavar los platos y finalmente ir a la universidad...

Era un poco pesado pero lo hacía con mucho entusiasmo, siempre le había gustado hacer la limpieza porque era una actividad que hacía en familia cuando era pequeño pero a medida que pasaba el tiempo se perdió esa costumbre en su casa y después con los problemas que tuvo... bueno, ahora vivía con alguien más y quería que esa persona disfrutara la convivencia que tenían y que sintiera ese calor de hogar que probablemente había cuando vivía en casa de Matsuda-san así que se esforzaba al doble...

Al salir de la ducha llevaba puesta únicamente una toalla en la cintura, su dorso blanco y delicado, aunque no tanto como el de Tatsumi-san, se encontraba plenamente expuesto, allí se encontró cara a cara con senpai que ya estaba despierto sentado en la cama y restregándose los ojos con ambas manos, Morinaga se quedó parado junto a la puerta que daba a la recamara, su recamara por cierto, la noche anterior se habían quedado en esta por ser la que se encontraba más cerca de la cocina...

De hecho, ahora que lo pensaba bien, no recordaba con precisión lo que había acontecido la noche anterior y sentía la fuerte necesidad de saberlo, sin embargo tal vez, no definitivamente no, no era buena idea preguntarle a senpai lo que había pasado porque imaginaba la manera en la que iba a reaccionar este ante una pregunta como esa, pero no encontraba otra manera de saberlo salvo que lo recordara en algún momento del día, cosa muy poco probable, pero... quizá con la expresión que tuviera senpai en la cara podría darse una idea, si eso iba a hacer primero que nada... Así que se armó de valor, caminó tranquilamente hasta la cama y se sentó junto al ojimiel que había escuchado los movimientos de Morinaga pero no los había visto ya que tenía la mirada fija en el piso, tenía las mejillas ligeramente rojas aunque Morinaga no lo notara...

Hubo un corto lapso de tiempo en el que ninguno de los dos dijo nada, hasta que el ojimiel decidió romper el silencio, entonces se puso de pie y dijo

-iré a tomar un baño- y sin más se levantó...

Por supuesto que Morinaga estaba confundido, esta no era la reacción usual, cada vez que "eso" pasaba terminaba con al menos un golpe en el cuerpo que aunque fuera leve le provocaba dolor, pero esta vez no había sido así... se preguntaba por qué, que podía haber pasado la noche anterior?... Nada tal vez... Bueno, era hora de limpiar y preparar el desayuno, podría pensar con más calma después de terminar...

Mientras tanto senpai se encontraba en el baño de la habitación del ojiverde, los recuerdos de lo que había sucedido la noche anterior llegaron de golpe a su mente...

Caminaban por el pasillo, él tenía la mente en blanco, todo lo que podía hacer era sentir el contacto que hacían sus labios al rozarse con los de Morinaga y su torpe caminar ya que estaba de espaldas. La lengua del peliazul se movía ávidamente dentro de su boca y tocaba sus puntos más sensibles, pareciera que su kohai conociera perfectamente ese y otros lugares de su cuerpo.

Morinaga recargó la espalda de senpai en la puerta, mientras continuaba besándolo liberó una de sus manos para poder abrirse paso a la habitación, deslizó la manija y empujó lentamente la puerta para evitar que tanto él como su amado cayeran. Al parecer la etapa difícil, aquella en la que el ojimiel se resistía, había pasado ya, no tenía que preocuparse más por eso, pues sabía que una vez que senpai dejaba de hacerlo, no protestaría más, amenos no hasta que comenzara a deshacerse de su ropa.

Las rodillas del peliplata chocaron con la orilla de la cama haciendo que perdiera el equilibrio y cayera sobre la cama llevándose al ojiverde consigo, al parecer, en este punto, no había vuelta atrás; pronto sintió como dos manos, que no eran las suyas, pero que tampoco eran extrañas para él, desabotonaban su camisa cuidadosamente, esas mismas manos comenzaron a pasearse por su abdomen haciendo que una ola de intenso calor subiera hasta su cabeza y se esparciera por todo su cuerpo. Entonces abrió los ojos, que había tenido cerrados todo el tiempo, y pudo observar la expresión en el rostro del peliazul, era una expresión que aún con la escasa luz que había podía apreciar, pero que, sin embargo, no podía describir, aunque sabía que probablemente esa era la cara usual de Morinaga en momentos como este, era la primera vez que se detenía a verla con atención, ¿Qué significado tenía aquel rostro?, probablemente, muy en el fondo de sus ser lo sabía, pero no era capaz de aceptarlo, pensamientos como esos corrían por su mente mientras lo miraba fijamente, por un momento había olvidado la situación en la que se encontraba...

Estaba concentrado admirando el pálido y delicado cuerpo de su amado cuando se percató de que este lo miraba fijamente, aquel al verse descubierto trató de justificarse, pero no salió ninguna palabra de su boca, Morinaga sonrió dulcemente:

-Te amo senpai... Por favor, nunca lo olvides, eres lo más preciado que tengo en la vida y tenerte a mi lado me hace muy feliz...-

-...- No hubo respuesta.

Aun no entendía como aquel despistado asistente suyo se había enamorado de alguien como él... Lo abrazaba tan dulcemente, había ocasiones en las que no sabía que hacer ante caricias o palabras como aquellas...

Sus labios se unieron de nueva cuenta, esta vez eran besos llenos de pasión y deseo, de amor y anhelo, siempre dulces... Comenzó a sentir caricias sobre sus tetillas, esto lo hizo soltar un ligero gemido de placer, los labios del peliazul bajaron por su cuello dejando un camino de saliva hasta una de sus tetillas, comenzó lamiendo lentamente la zona hasta que esta se puso dura, entonces la mordió suavemente repetidas veces a la vez que estimulaba la otra con una de sus manos, disfrutando de los hermoso sonidos que salían de la boca de su amado cada vez que lo hacía.

Sintió una ligera elevación en la entrepierna de senpai, el también comenzaba a excitarse, entonces sin dejar de lado lo que hacía, abrió las piernas del peliplata con lentitud y colocó las suyas entre las de él, comenzó a rozar los miembros erectos de ambos en un lento vaivén, los tenues gemidos de ambos se escucharon por toda la habitación, era una sensación increíblemente placentera. Los ojos de senpai se habían mantenido cerrados después de haber sido descubierto mirando a Morinaga, él, por otro lado, los había mantenido abiertos hasta antes de este momento, las sensaciones se hacían más claras así.

Volvió a besarlo intensamente; al sentir venir el orgasmo de ambos de detuvo, era hora de deshacerse de la ropa restante de senpai y de la suya propia, primero se quitó la camisa, luego comenzó desabotonando el pantalón del ojimiel:

-E...espera un momento- dijo con nerviosismo al ver lo que ocurría mientras sujetaba su pantalón por un extremo.

-Tranquilo senpai... Está bien...- fue la respuesta del ojiverde acompañada de una pequeña sonrisa y un cálido beso ante el cual su agarre perdió fuerza. La mano de Morinaga se posó sobre la suya sujetándola firmemente.

Pronto su cuerpo desnudo quedó totalmente expuesto a la mirada lasciva del menor, sintió como sus mejillas se teñían de rojo intenso, no podía mirar, era vergonzoso... Todo lo que podía hacer era sentir, sentir y nada más...

El peliazul abrió uno de los cajones de la cómoda que se encontraba al lado de su cama y sacó una pequeña botella de lubricante, comenzó a esparcirlo sobre su mano, introdujo lentamente uno de sus dedos en la entrada de senpai, aquel, al sentir la intromisión, tensó todo su cuerpo involuntariamente…

continuará