TORMENTAS DE ARENA:

DISCLAIMER: Todos los personajes son propiedad de GRRM y la cadena HBO.

AVISO: Este fic participa en el reto 54 del foro "Alas negras palabras negras"

Cadáveres:

La sangre corría, en un pequeño reguero, sobre el suelo de mármol de la magnífica fortaleza de Rocadragon; plagando el aire de un hedor insoportable que atraía a las moscas y demás parásitos hacia los herrumbrosos cuerpos, que hacía ya bastante que habían exhalado su último suspiro.

Las moscas se estaban dando un buen banquete, con los cuerpos ajados y corroídos de quienes antaño habían sido sus seres queridos. No quería acercarse mucho a ninguno de los 3 cuerpos, no quería verlos porque no quería mancillar su recuerdo con los restos de una carnicería.

Pero se obligó a mirar. Se obligó a comprobar si los rumores eran ciertos. Lentamente se acercó a la cuna del que había sido su pequeño sobrino, el futuro heredero. Estaba volcada y sobre el suelo yacía el cuerpo marchito del bebe. Las lágrimas se agolparon en sus ojos cuando tomo en brazos al pequeño Aegon, o lo que quedaba de él. Le acuno mientras observaban lo que habían hecho con su cráneo, la bestialidad del golpe. Su pequeña cabeza no era más que un amasijo de sesos y sangre y parte de su osamenta cuajada y rota se esparcía por el suelo manchado de sangre. Lo acuno suavemente, como si eso pudiera alejar los horrores que estaba presenciando.

Con él bebe aun en brazos y lágrimas aun en los ojos, se acercó a la vivaracha y alegre niña que había sido su sobrina. La sangre seguía brotando de las múltiples heridas que se expandían por su lacerado pecho. Su lustroso y brillante cabello castaño lucia enmarañado y sucio y un rictus de horror cruzaba su estático rostro. No la pillaron por sorpresa la arrastraron fuera de la cama y la apuñalaron y ni siquiera limpiamente.

La desolación y el horror asolaron tu corazón que poco a poco se iba marchitando. "Eran solo unos niños pequeños e indefensos" Ese pensamiento martilleaba con fuerza en tu mente, al ritmo de tu corazón acelerado.

Ya solo quedaba un cuerpo. El cuerpo de su hermana Elia. Yacía postrada sobre la cama de matrimonio que coronaba la sala y al acercarte no pudiste reprimir un grito de horror, de angustia. Elia, tu pequeña Elia la flor del desierto, muerta y profanada.

La sangre negra se deslizaba suavemente, como si de un riachuelo se tratara, entre sus piernas y un profundo corte en el estómago sobresalía entre el resto de mordiscos, golpes y magulladuras que lucía la vasija rota, que antes había contenido la alegre alma de tu hermana. La montaña la había violado antes de aplastarla.

Te sentías culpable… culpable por no llegar a tiempo, por no inyectar su veneno, por permitir que se casara con ese príncipe plateado… Rhaegar… el era el verdadero culpable por fugarse con esa loba que más parecía una zorra, abandonando a su familia a la suerte.

Necesitado de acallar esa culpabilidad de que te carcomía, al igual que los gusanos carcomerían pronto a Elia, te acercaste y suavemente besaste esos labios fríos… muertos… mientras pensabas que los Lannister no eran los únicos que pagaban sus deudas.