22 semanas antes…
El largo cabello azabache se enredaba en sus finos dedos. La muchacha se ruborizaba cada vez que el rubio le decía algo al oído. Y jugueteaba con su pelo, y pedía más vino blanco para ambos mientras miraba impaciente el reloj de su mano izquierda, hasta que vio entrar a quien esperaba.
-Debo irme Cheri- dijo dulcemente, la muchacha cambio su expresión a una donde salía a relucir su decepción- descuida, te llamaré- le guiñó un ojo alejándose de allí. Con suerte la muchacha no se daría cuenta de que nunca le había dado su teléfono al francés.
-Llegas tarde- reclamó. El aludido dejo de beber su cerveza y lo miró severamente.
-Nunca llego tarde, llego exactamente en el momento justo en el que debo llegar- silencio, seguido de una gran carcajada de parte de ambos.
Antonio rió en la oscuridad luego de ser fuertemente golpeado. Aquellos golpes no lo lastimaban en absoluto. Sujetó ambas muñecas fuertemente con su mano izquierda y silenció las quejas de su amante con un beso, uno profundo, lleno de pasión. Con su mano libre comenzó a recorrer el cuerpo del italiano, y sonrió al notar que este ya no ponía resistencia alguna, había cedido por completo.
Con aquella sonrisa boba que adornaba siempre su rostro comenzó a desvestirlo, besando cada parte de piel que quedaba expuesta, cada milímetro sin excepción, enredando los cabellos de su romano en sus dedos. Volvió a mirarlo a los ojos mientras, despacio, se posicionaba entre sus piernas; escucho algo como "apurate stupido" pero ya estaba acostumbrado a esa clase de comentarios por parte del italiano. Se adentró en Lovino lo más delicadamente que pudo…
Pasaron las horas, y el bar se encontraba prácticamente vacío ya, solo quedaba unos pocos borrachos en la barra, los empleados del lugar, y ellos…
Francia leyó los mensajes de su celular, diciéndose internamente que de haber ido a casa de Buenos Aires podrían estar haciendo "eso" y "aquello". Mientras Gilbert maldecía a los cuatro vientos al español por haberlos dejado plantados.
La marsellesa comenzó a retumbar por todo el bar, y Francis tomo pesadamente su celular.
-Toño, mon ami!- el prusiano casi le arrebata el celular de las manos, pero Francis logró evitarlo y escuchó atentamente las excusas que el español tenia para darle- Entiendo- suspiró resignado, hacía tiempo que deseaba reunirse con sus viejos amigos- oui, oui- y cortó
-Y?- Apresuró el prusiano ansioso de saber que había ocurrido. Más el francés volvió a tomar de su copa de vino mientras balbuceaba "será para la proxima"
