Pensaba haber subido esto en un par de días, pero al final me he liado, con un reto de Weird Sisters y con el otro fic, además tengo la oposición en Enero y bueno, la inspiración salió volandoo.
Ayer noche cogí papel y boli y me puse a escribir. No estoy orgullosísima de lo que ha salido, pero al menos lo he intentado. Espero que os guste.
Esta tercera parte trata sobre la codicia, y bueno… la escena es de mi invención, aunque los personajes no (viva JKR!)
PD. En mi favor tengo que decir, que me ha quedado mucho más larga que las anteriores =P
3. CODICIA
Su madre le había comprado un traje para la ocasión. Junto a su padre, parecían hermanos. Túnica negra sobre camisa blanca y ambos con una capa exactamente igual, con el mismo broche de plata finamente ornamentado. Disfrazados como pavos reales. Hacía ya tres meses que había cumplido los dieciocho y ya un año que el Señor Oscuro había caído de forma definitiva. Él y su familia se mantenían en una especie de limbo, entre el bien y el mal. Habían sido readmitidos en la sociedad y ahora también invitados a una fiesta, una fiesta en honor a los caídos y a Ted, el niño de Tonks y Lupin, que había cumplido ya un año.
- Llevabas más de 17 años sin hablar con tu hermana – le gritó Lucius a la escalera - No sé porque tienes… ¡Tenemos que ir a esa estúpida fiesta!
De lo alto de las escaleras no llegó contestación. Lucius recogió su copa de brandy de una mesita situada en un lateral del pasillo que tenía la misión de sujetar un gran jarrón de flores. Tenía buen aspecto, el año pasado desde su salida de Azkaban le había ayudado a recuperarse. Ahora el bastón que siempre llevaba tenía una utilidad real, pero por lo demás, había vuelto a ser aquel Lucius Malfoy que todos habían conocido.
- Narcissa – reclamó de nuevo asomándose a la escalera - ¡Vamos a llegar tarde!
Draco notaba el nerviosismo de su padre. Ahora que al fin eran libres, se permitía sonreír de vez en cuando, no estaba tan tenso y a veces, solo a veces, se podía discutir con él. Le vio apurar de un trago su copa que un elfo hizo desaparecer casi antes de que se posara en el mueble. Él nunca había ido a casa de Ándromeda, pero por las palabras de su padre, deducía que ellos si lo habían hecho en alguna ocasión.
Sabía que su madre se había mantenido durante la mayor parte del tiempo en la fina arista de la neutralidad. No se había decantado por un bando y eso le permitía estar en ambos. Neutral como Suiza. El golpeteo nervioso del bastón de su padre en el suelo fue eclipsado por el sonido de unos tacones que descendían la escalera. Narcissa Malfoy, apareció por ella con toda la grandeza de la casa Black.
- Es mi hermana Lucius. Irás a esa fiesta – dijo terminantemente mientras se agarraba a su brazo. – Además, antes no te caía tan mal.
Sus últimas palabras se perdieron en el revoloteo de la desaparición. Draco había sujetado fuertemente la otra mano de su madre al otro lado ya que no sabía donde tenían que ir. La fuerte succión le hizo un nudo en el estómago que no se deshizo al aparecerse en el jardín de una transitada calle londinense. Era imposible no conocer esa calle por mago que se fuera. La casa estaba en Bayswater Road, frente a Hyde Park. Las vistas eran impresionantes. Su madre ya caminaba hacia la casa, subiéndose los bajos de su voluminoso vestido para no mancharlo con el césped perfectamente cortado del jardín. Draco fue consciente por un momento, que aquel lugar, aquella casa, era invisible a los muggles y suspiró aliviado.
Cuando Ándromeda abrió la puerta, el nudo que ya tenía en su estómago se hizo aun más grande. Aunque solo había aceptado ir a la fiesta por si la sangre sucia Granger se dignaba a aparecer, ver los rasgos de Bellatrix en su tía hizo que todo su cuerpo se estremeciera. Eran idénticas, salvo por el color castaño del pelo de esta última, y tal vez el brillo de sus ojos. Llevaba en brazos a un bebe de un año más o menos con una mata de pelo naranja y un hocico de cerdo en vez de nariz.
- Pasad, pasad – se hizo a un lado para dejarles espacio y cerró la puerta tras ellos. – La verdad es que no esperaba que vinieseis. Ha sido todo tan rápido…
Sonrió y tras darle un sobrio beso en la mejilla y ofrecerle su mano a Lucius para que la besase le plantó el niño en brazos para poder abrazar a su hermana. Los tres se dirigieron al salón, dejando en la entrada a un Draco sorprendido, mirando a un niño al que le habían crecido unos labios desmesurados de color azul y su pelo, ahora del mismo color, no paraba de crecerle y brotarle por todo el cuerpo, dándole aspecto de puffskein.
- ¡No Ted! – gritó una voz y un bólido castaño se plantó en un momento a su lado. - ¿Qué le has hecho, Malfoy?
Le hablaba señalándole con ese dedo índice acusador suyo y le arrancó el niño de los brazos a la velocidad de la luz. No había cambiado nada en ese año. La última vez que la había visto, estaba cubierta de sangre y suciedad. Ahora iba impoluta con su túnica verde botella y el pelo liso y lacio cayéndole suelto a ambos lados del rostro. Ted, ahora en brazos de la joven Gryffindor, había cambiado a un color de pelo rosa intenso, el mismo que siempre había llevado su madre y su rostro parecía normal.
- Es un niño Malfoy, no una mina anti persona – le reprochó mientras hacía aparecer unos peces que flotaron en el aire para entretener al niño.
- ¿Una mina…una qué? – preguntó este confuso.
- Una mina anti… ¡Déjalo! Esta triste, se supone que es un bebe y esta triste – su voz empezaba a tornarse histérica y él era incapaz de saber por qué. Asustado por su tono de voz dio un paso atrás - ¿Qué le has hecho?
- Yo no… No le he hecho nada - carraspeó un poco para aclararse la garganta, intentando que su voz sonara más fuerte - ¿Por qué habría de hacerle daño Granger? ¿Por qué es hijo de un hombre lobo y una traidora?
- ¡Es tu familia! - chilló exasperada
Pero él se dio la vuelta con desdén encaminándose por el largo y oscuro pasillo hacia el lugar que había visto desaparecer a sus padres. El corazón le latía a mil por hora, necesitaba tranquilizarse. Aunque ella no se había dado cuenta, por un instante le había rozado el brazo, piel contra piel, calor y frío… Respiró hondo tratando de aparentar normalidad antes de cruzar la puerta del salón. Los Weasley estaban en una esquina, con Harry Potter y algunos más que reconoció como de la Orden del Fénix.
Cogió una copa de una bandeja que flotaba por el lugar y la bebió de un trago. Sabía que ella había entrado en el salón aun sin verla. La notó acercarse por detrás y fantaseó con mil cosas que ella podría hacerle acercándose de ese modo. Abrazándole por detrás. Respirando sobre su cuello. Oliéndole. Buscando su estómago con sus manos diminutas… Pero ella pasó a su lado ignorándole soberbiamente para devolverle el niño a su tía antes de salir de allí sin cruzar una palabra con los presentes.
Y él la deseaba, maldita sea, la deseaba como nunca había deseado nada y ella solamente le ignoraba. No sabía qué era lo que le subía por la garganta, pero se parecía bastante a la bilis, ¿miedo? ¿dolor? ¿rechazo? Era codicia lo que subía por sus entrañas, el deseo en su forma más pura, el deseo de aquello que le habían prohibido tener a cambio de esas otras cosas. Dinero, poder, pureza… Pero ahora, con su familia casi en la desgracia, solo podía hacerlo por orgullo. Lo demás no importaba.
Cuando salió del salón no era consciente de que la seguía, solo buscaba un baño en el que mojarse la cara, aclarar las ideas. Pero sus pasos seguían otros que ya habían recorrido ese camino, parándose frente a una puerta entreabierta.
Era una habitación oscura, impersonal. Con apenas nada más que una cama, un armario y una enorme cómoda con un espejo de marcos dorados sobre ella. Hermione estaba de espaldas a este, mirando la cama con la mirada extraviada. Él no pudo evitarlo, se acercó por detrás, sin hacer ruido. Y sin delatarse con las manos agachó la cabeza, enterrando su rostro en ese pelo liso que siempre había deseado tocar durante horas. Indomable. Era su fragancia, inocente y provocativa la que le hizo perder el control y ese temblor que no lograba ocultar. ¿Era miedo o deseo? La sujetó con fuerza por la cintura, posesivamente, con un deseo furioso e irreprimible. Lamió su cuello con lascivia, con furia, porque estaba enfadado, enfadado con ella por no dejar que la tuviese, enfadado con todos porque se lo prohibían, enfadado consigo mismo. Le besó hombros, cuello y espalda como si se fuera a terminar el mundo, solo notándola temblar bajo su cuerpo. Ella no dijo una palabra, no se movió de su sitio, casi no se atrevía ni a respirar, esperando algo, no sabía qué.
Cuando Draco se separó de ella intentando recuperar el aliento, ella se revolvió en sus manos separándose de él y poniendo una distancia de seguridad entre ellos.
- ¿Qué coño haces Malfoy? – preguntó la chica, roja de rabia. Se había propuesto no mostrar ninguna emoción, pero no había sido capaz. Se abrazaba el cuerpo como si temiera que se le fuese a desintegrar.
- No he oído que te quejaras hace un momento, Granger – matizó su nombre con desprecio. No el que sentía por ella, sino el que debería sentir. – Si quieres puedo volver a hacerlo.
- No te atreverás – alzó la mano amenazadora – No volverás a ponerme una mano encima
Draco alzó la cabeza con suficiencia sin responder. Se apoyó lánguidamente en el marco de la puerta impidiéndole la salida. Hermione avanzó hasta allí y de nuevo se cruzó de brazos, esta vez realmente enfadada.
- Déjame salir o… - amenazó
- ¿O qué? ¿Vas a pegarme? – le sonrió de lado, provocándola.
- Déjame salir Malfoy – repitió la chica.
- Pídemelo bien Granger, pídemelo bien. – Estiró el brazo para crear una barrera que le impidiese escabullirse como había estado intentando.
- ¿Por favor? – preguntó con sorna.
- He dicho que me lo pidas bien. Por favor – su cara ya no mostraba burla. Tal vez ansiedad, o expectación…
Hermione cerró el puño nerviosamente contra la tela de su túnica, arrugándola allí donde la maltrataba. Estaba lívida y rígida, sin atreverse a moverse. De nuevo intentó pasar y Draco la rodeó con su brazo, acercándola más a él.
- Pídemelo – le dijo una vez más con voz ronca. La había rodeado con sus brazos, apoyado como estaba en la pared, dejaba que la chica cayese sobre su torso. Al hablar, se acercó más de lo necesario a ella, invadiéndola con su aliento, disfrutando de su desconcierto.
Hermione decidió zanjar aquel asunto de la única forma posible. Abrazarle de ese modo no era solo por placer, le tenía los brazos totalmente inmovilizados, incapacitándola para llegar a su varita. Le miró a los ojos y parpadeó aturdida cuando escuchó sus palabras. Finalmente cedió, y cerrando un poco los ojos, se puso de puntillas para llegar hasta él y darle el casto beso con el que pensó que se libraría. Él cogió lo que quiso y una vez que la vió rendida, abrumó todos sus sentidos invadiéndola de la forma más literal. Sus manos comenzaron a moverse por el cuerpo de la chica como serpientes, de uno a otro lado y su boca la devoraba sin descanso. Hermione dejó escapar un gemido de angustia de su garganta que hizo a Draco recobrar el norte. Separándola de él con un violento empujón, abrió los ojos dándose cuenta de lo que había hecho.
- A ver si con Weasley tiemblas igual, Granger – escupió con todo el desprecio que fue capaz mientras veía como la chica salía de la habitación con lágrimas en los ojos.
Sonrió con satisfacción. Con una satisfacción que no sentía pero tenía que disimular. Era Draco Malfoy, y él, sabía mejor que nadie que desear, codiciar… No era sinónimo de tener. El jamás tendría aquello que deseaba con toda su alma, pero había logrado por un instante, creer que si.
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Olvidaos de la nota de autor anterior, la escribí anoche, antes de empezar a pasar esto a limpio y no es nada sincera, bueno, lo era en su momento.
He cambiado la historia entera (la musa ha venido a buscarme) en un primer momento la celebración era en Grimmauld Place y no le veía mucho sentido a eso, ni tampoco a que fuera por la caída de Voldemort, así que lo he hecho por la celebración del cumpleaños de Ted.
En realidad, siempre he creído que Narcissa dejó de hablarse con Sirius y Andrómeda porque era lo que se esperaba de ella, y que siempre había sido bastante neutral (como Suiza jeje). Y también he creído que Andrómeda siempre ha echado mucho de menos a su familia, era una Black y eso siempre esta ahí. Bueno, lo dicho, que espero que os guste mucho (pero tanto si os gusta, como si no, dejad reviews por favor ^.^ son una buena forma de animar a los escritores y hacerles saber que su trabajo es bueno).
Y nada, no digo ni cual será la siguiente ni cuando la publicaré, porque no tengo ni idea. Espero que sea prontito. Un besazo =*
