-Capítulo 3-
Tiempo de análisis
Para Ryūnosuke Chiba, apuntar a una persona con un fusil era una acción tan natural como desayunar por las mañanas. A lo largo de su vida profesional, no había fallado ni un solo tiro. Jamás.
Era por eso que no entendía acciones como sentirse orgulloso de hacer un headshot en un videojuego o acribillar a bolazos a un amigo en una partida de paintball. Disparar correctamente un arma era un despiadado arte para el que se requería una mente en calma y sangre fría. Además de talento. Toneladas de talento.
También cuando estudiaba en el aula de Korosensei, sus compañeros le habían hecho preguntas tales como "¿Cómo consigues darle al centro de la diana?" o "¿No te impide ver ese flequillo?". Para él eran cuestiones estúpidas y sin sentido. Acertaba en la diana porque ésta no se movía a Mach 20 como su profesor. Y, como era obvio, el flequillo sí obstruía su capacidad de visión. Pero él no necesitaba ver.
Desde que era muy pequeño, se había visto forzado a esconder sus ojos bajo su pelo. Sus compañeros del parvulario, sus tíos y primos, e incluso sus padres, siempre habían sentido temor en sus ojos. Cuando creían que él no les escuchaba, sus progenitores habían hablado entre ellos, quejándose de su fría e inexpresiva mirada.
Decían que tenía los ojos de un asesino y, aunque entonces era demasiado pequeño como para entenderlo, ahora lo comprendía perfectamente.
¿Por qué?
Porque, en lo más profundo de los ojos de sus ex compañeros de clase, podía sentir la misma aura terrorífica de la que le acusaban a él en su infancia. Debajo de sus escudos morales y máscaras de felicidad, hervía en su interior una sed de sangre que sólo asesinos expertos entrenados por auténticos monstruos, como ellos eran, podían tener.
Con todo, la de esos veintiocho chicos y chicas no era una burda y simple sed de sangre, como la de los psicópatas o la de los asesinos seriales. La suya estaba controlada: podían utilizarla para atemorizar a los que se interpusieran en su camino, y ocultarla para evitar ser descubiertos durante un asesinato. Era esa capacidad la que les marcaba como los profesionales de la matanza que eran.
Y jamás podrían librarse de esa marca.
—Te noto pensativo, ¿sucede algo, Chiba-kun? —le preguntó su eterna compañera, Rinka Hayami, de la que no se había separado incluso después de abandonar Kunugigaoka—. Deberías estar más concentrado: el objetivo está a punto de pasar.
Tal y como la pelirroja había dicho, su blanco de entrenamiento no tardó en aparecer. Ryōma Terasaka ya era enorme con quince años, pero ahora que tenía veintidós se había convertido en una auténtica mole. La desproporcionada aglomeración de músculos que constituía su cuerpo, en sincronía con su cabello bicolor y su piel bronceada le hacían parecer el líder de una pandilla neoyorquina. Sus pequeños ojos olivas escudriñaban cada rincón del bosque en busca de algo o alguien que pudiera suponerle una amenaza. Por suerte, no parecía haber localizado a ellos dos aún. Al sentirse fuera de peligro, joven de ojos verdes relajó su cuerpo y se sentó a descansar con la espalda apoyada en una roca.
—Desde luego… —murmuró él para sí mismo—. ¿Qué gana ese tipo haciéndonos luchar entre nosotros ahora? Ni que necesitásemos un entrenamiento.
—Ahora es nuestra oportunidad —le susurró Rinka al pelinegro.
—Negativo —le cortó una voz susurrante que surgía desde su teléfono móvil. Ryūnosuke extrajo el celular de su bolsillo para escuchar directamente a la dueña de dichos susurros. La Artillería Fija de Pensamiento Autónomo (más conocida como Ritsu) apenas había variado su apariencia a lo largo de los años, posiblemente debido a que dicho aspecto era una imagen digital en una pantalla. Aún así, la pelirrosa se había empeñado en ajustar su figura para que no resultara discordante con la de sus compañeros, y ahora tenía a una joven de unos veinte años de cabello rosa chicle y ojos celestes ocupando su teléfono móvil. Si fuera Takebayashi, estaría más que emocionado de tener a "Ritsu 2.0" en su smartphone. Lástima que el otaku estuviera en el equipo contrario durante los entrenamientos.
—¿Qué deberíamos hacer, Ritsu? —preguntó Hayami también a susurros.
—Si os desplazáis treinta grados en direcciones opuestas sin hacer ruido, las posibilidades de que Terasaka se percate de vuestra presencia se reducen en un 87%. Actualmente, es la mejor opción que tenéis si queréis acertar en el blanco —explicó la IA—. ¡Buena suerte, chicos!
Tras decir eso, el ser digital desapareció del celular del francotirador, y éste lo guardó de nuevo en el bolsillo de su pantalón. Ambos jóvenes se miraron y, en un acuerdo silencioso, se movieron cuales sombras hasta situarse en sus lugares destinados. Rinka, especialmente, se había vuelto una auténtica máquina del sigilo. La chica con la mejor puntería de la Clase 3-E se había convertido en alguien capaz de ocultarse en cualquier parte y disparar desde cualquier posición. No por nada llevaba el sobrenombre de "El Murciélago".
Y no sólo eran sus habilidades las que habían progresado. Ella también había crecido mucho, tanto física como psicológicamente. La antes seria y reservada tsundere se había convertido en una hermosa asesina de gran profesionalidad. Siempre práctica, solía vestir con ropas oscuras o de camuflaje que, de un modo u otro, resaltaban su figura esbelta. O quizás eso sólo se lo pareciera a Chiba por estar acostumbrado a verla así.
También él había cambiado. Ya no le avergonzaba mostrar sus ojos como cuando era más joven, así que se había cambiado el flequillo de forma que uno de ellos resultara visible: un ojo castaño tan afilado que se había ganado el respeto de cada hombre y mujer con el que se había cruzado a lo largo de su carrera como sicario. "Donde pone el ojo, pone la bala", solían decir de él. Por eso y por muchas cosas más le habían acabado dando el apodo de "El Ojo del Dios de la Muerte".
El Murciélago y el Ojo del Dios de la Muerte, tomando trabajos siempre en pareja, hasta el punto de labrarse un renombre como "El Dúo de Halcones". Desde su estancia en la Clase E, siempre habían estado juntos: en los estudios, en el trabajo, en el amor… Siempre ellos dos. Por eso eran un equipo perfecto. Por eso eran invencibles.
Y era hora de mostrárselo al resto de la clase.
Tomando su fiel arma, un fusil de francotirador Dragunov, se tumbó sobre el pasto con su ex compañero de clase en su mira telescópica. Terasaka parecía relajado: no se había percatado de que ellos se habían movido. De reojo, le echó una mirada a Rinka. Ella también había tomado posición, y le observaba discretamente en espera de su señal.
Un simple asentimiento de cabeza: ese fue el gesto que aseguró que ambos tiradores podían apretar los gatillos.
Y así lo hicieron.
Las balas anti Korosensei (las cuales estaban usando por ser totalmente inofensivas para los humanos) salieron disparadas en perfecta sincronía. Iban a impactar, no había duda de ello.
O eso había pensado él.
—Je –se mofó levemente Terasaka, que se había protegido de ambos disparos al mismo tiempo utilizando dos piedras que tenía en sus manos—. ¿De verdad creíais que sois los únicos que mejorasteis? No me hagáis reír.
Dicho eso, el moreno se puso de pie.
—Las balas que usábamos contra el pulpo hacen mucho más ruido que las normales. Tan sólo tenía que sentarme y escuchar —explicó—. Pensasteis que soy el mismo idiota de hace siete años, ¿verdad? Pues no podríais estar más equivocados. Hasta luego, pringados.
Tras decir eso, metió sus manos en sus bolsillos y comenzó a caminar tranquilamente colina arriba. Acción que sorprendió de sobremanera a ambos artilleros.
—¿Por qué se ha…? —se preguntó Chiba, pero recibió su respuesta antes de lo deseado. Un ruido, similar al que hace un vehículo al desplazarse sobre hojas, le alertó de que tenía algo detrás de él.
Se giró de forma abrupta, sólo para darse de bruces con un pequeño tanque que le apuntaba con su cañón. Miró a su pareja por el rabillo del ojo, en busca de ayuda.
Ella estaba en la misma situación.
—Gracias por distraerles mientras enviaba mis drones, Terasaka —le dijo Itona a través del comunicador—. Karma ya se ha encargado de Sugaya y Mimura, y Megu ha logrado, de alguna manera, derrotar a Isogai. La trampa de explosivos de Takebayashi ha pillado por sorpresa a Kayano, y ella está también fuera de combate. Además, mientras te encargabas de Chiba y Hayami, he conseguido desactivar temporalmente a Ritsu. He enviado a Muramatsu para que rompa su pulsera. Si no le ocurre nada por el camino, podemos decir que el rival ha perdido ya a siete de los suyos: la mitad de sus fuerzas.
—¿Y en nuestro bando? —preguntó Terasaka—. ¿Cuántas bajas?
—Déjame ver… Megu fue sorprendida por Nakamura tras derrotar a Isogai, y cuando Yada fue a ayudarla, Kanzaki le tendió una emboscada y la venció sin problemas. También hemos perdido a Hazama, y la especialidad de Yoshida es la persecución y el seguimiento a alta velocidad, por lo que es lógico que fuera derrotado fácilmente en un bosque. Por otro lado, Okano atrapó a Kimura mientras perseguía a Fuwa, así que actualmente tenemos una ventaja numérica de nueve contra sie… —interrumpió su explicación por un momento. Al parecer, acababa de recibir otra llamada—. Olvida lo que dije, alguien ha tomado la pulsera de Muramatsu antes de que él rompiera la de Ritsu. Estamos en un empate de ocho contra ocho.
—¿Cuáles son nuestros efectivos disponibles?
—Aparte de tú y yo, están Karma, Okajima, Okuda, Sugino, Takebayashi y Kurahashi. Ellos cuentan con Okano, Kanzaki, Nagisa, Nakamura, Hara, Fuwa, Maehara y Ritsu, aunque ésta última puede ser sacada del juego fácilmente, dado que aún está inactiva.
—¿Qué debería hacer? —preguntó el moreno.
—La ventaja que nos da el estado de Ritsu puede ser decisiva. Necesitamos librarnos de ella rápidamente. Lo más probable es que hayan asignado a alguien fuerte para protegerla hasta que recupere el conocimiento, así que necesitaremos tu fuerza bruta para ello.
—Roger —concordó Terasaka—. En el edificio, ¿no?
—Sí.
Ryōma llegó al aula de la Clase 3-E sin ningún contratiempo. Allí, en la última fila de asientos, el cuerpo principal de Ritsu descansaba con su pantalla en negro. Atada a uno de sus extremos se encontraba la pulsera de la que debía encargarse.
El juego en el que estaban participando era sencillo. Se habían dividido en dos equipos de catorce miembros repartidos aleatoriamente. Cada uno de ellos contaba con una pulsera hecha de un material que puede ser fácilmente destruido por las armas anti Korosensei. En cuanto se acabara el límite de tiempo, el equipo que más pulseras poseyera sería declarado ganador.
¿Por qué razón tenían que hacer eso? Desde luego, él no lo sabía.
Después de terminar de "pasar lista", Lovro les había dado esas pulseras y les había dividido en esos dos grupos. Luego les había explicado las reglas y les había soltado por el terreno de la vieja Kunugigaoka para que se enfrentaran entre sí. No les había dado ni motivos ni razones para que lo hicieran. Simplemente les ordenó hacerlo y ellos, siguiendo su instinto, decidieron hacerle caso.
Tan sólo llevaban alrededor de una hora y media de "batalla", y ambos equipos habían sido reducidos a tan sólo la mitad de sus integrantes. Isogai ya estaba fuera de juego, por lo que vencer a Ritsu, la principal mente estratégica con la que sus rivales contaban, era prioritario para el equipo de Terasaka. De igual manera, era de esperarse que hubiera una o dos personas vigilando la seguridad del ente cibernético a la espera de su despertar. Sin embargo, cuando Terasaka llegó al aula 3-E, ésta estaba totalmente vacía.
Con cautela, se acercó poco a poco a la avanzada máquina, dispuesto a arrancarle su pulsera de una vez por todas. Parecía sencillo, pero había algo que hacía dudar al joven sicario. Sentía que la sala estaba rodeada por una intensísima sed de sangre, una intención asesina tan inmensa que se le puso la piel de gallina y le dieron varios escalofríos antes de llegar a su meta. En cuanto estuvo frente a la Unidad de Artillería, se tranquilizó un poco y, alzando la mano para agarrar el accesorio que colgaba de su esquina superior, dio por fin un suspiro de alivio.
Todo había terminado. Ahora ellos tendrían la ventaja.
¿O quizá no?
Antes de que cerrara sus dedos en torno a la pulsera, el instinto de Terasaka le hizo ponerse alerta de nuevo. Un enorme escalofrío recorrió su espalda de arriba abajo. Y eso sólo podía significar una cosa: peligro.
Sintió como una mancha azul surgía a una velocidad de vértigo desde detrás de la dormida Ritsu. Un cuchillo directo se abalanzó rápidamente sobre él, directo a su brazo derecho.
El sentimiento que Ryōma tuvo en ese momento era aterrador. Se sentía como un animalito indefenso, atrapado entre el cuerpo enroscado de una enorme serpiente, y a punto de ser devorado. Tan sólo conocía un puñado de personas capaces de crear una sensación tan desalentadora. Y sólo una de ellas tenía el pelo azul.
—Nagisa.
Dada su imposibilidad de librarse de su atacante en menos de un segundo, Terasaka cerró su mano alrededor de la pulsera y se dejó caer hacia atrás, arrancando el accesorio de su enganche.
Sin embargo, el cuchillo de la Serpiente Negra, de Kurohebi, dio también con su objetivo: su pulsera también había sido cortada.
Y tras ese tenso instante, un fuerte sonido de trompeta sonó en su auricular. A continuación, la voz de Lovro dio un aviso.
—Se acabó el tiempo, chicos. El resultado es un empate siete a siete. Buen trabajo.
—Así que un empate, ¿eh? —sonrió Terasaka, algo decepcionado —. Y pensar que casi me ilusionaba ganar, y todo…
Sus lamentos fueron interrumpidos por una pequeña y fina mano que se interpuso en su ángulo de visión. El ex abusón subió su mirada. Nagisa Shiota le tendía la mano con una tenue sonrisa grabada en su rostro. El moreno suspiró y, ayudado por su amigo, se puso de pie.
—Chicos, los resultados han sido excepcionales. A lo largo del juego, hemos analizado a todos y cada uno de vosotros y, valorando vuestras habilidades individuales y vuestra capacidad de cooperación, hemos llegado a la conclusión de que, en efecto, estáis más que preparados para tomar la misión que se os ha asignado.
Todos los ex compañeros de clase escuchaban atentamente las palabras de Lovro.
—Sí, aún después de esto, hay alguien que desee renunciar a este trabajo, es libre de marcharse. Pero deberá hacerlo ahora. En cuanto la misión comience, ya no habrá marcha atrás.
Nadie se levantó ni dijo nada. El ruso sonrió.
—Tal y como esperaba de vosotros —dijo—. Ahora, permitidme que os presente al principal inversor de esta operación, así como la persona que más activamente ha colaborado a la hora de reuniros, facilitándonos además una base de operaciones y sustento diario —dicho eso, miró en dirección a la puerta y elevó ligeramente el volumen de su voz—. Pase, por favor.
La puerta se abrió, dando paso a un hombre que ya superaba los cuarenta años. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado con raya en medio, y sus ojos carmesíes observaban al recién reunido Equipo 3-E con una mirada capaz de hipnotizar y aterrorizar al mismo tiempo. Investido en un traje de color granate, caminaba con paso seguro, casi dominante, y las manos detrás de su espalda. Parecía la encarnación de la elegancia y la distinción.
Aunque, para todos los presentes, era la encarnación del miedo.
—Bienvenidos de nuevo, estudiantes de la Clase E—saludó Gakuhō Asano—. Es un placer volver a verles.
Capítulo finalizado, damas y caballeros!
Con este capítulo, he querido presentar in situ las habilidades y defectos de algunos personajes. A los demás los iré mostrando gradualmente conforme avance la historia.
Si os habéis fijado, he adoptado un estilo de escritura más propio de libros, más profesional. Eso se debe, principalmente, a que, tras un review que me dejaron en un fic totalmente ajeno a éste, he descubierto cómo utilizar las barras de diálogo. Antes no tenía ni idea de cómo hacerlo, y en su lugar utilizaba guiones.
Otra cosa, trataré de subir un capítulo de esta historia cada semana. Espero que os guste! ^^
Desquiciados saludos de un humilde loco más.
P.D.: Los acertantes a la pregunta del anterior capítulo fueron himemiko y tomoyo0000001. Con respecto a la pregunta hecha por Royka-Shiku, la verdad es que entra dentro de mis planes, aunque dependerá de por dónde me lleve mi imaginación a la hora de proseguir con este FanFiction.
