"No puedo creer esta porquería" exclamó Kristoff echando humo por la cabeza mientras caminaba hacia Sven, el campamento volviéndose más ruidoso a medida que avanzaba. Sven levantó su cabeza mientras el hombre se acercaba y la chica detrás de él se hizo ver, sus ojos brillando mientras lo miraba. Estaba limpiando su espada con su top negro, apenas haciéndole una mueca a la sangre que cayó de ésta. Habían hecho una simple entrega, pero durante el viaje fueron emboscados por una pequeña banda de ladrones. Se las arreglaron para escapar de casi todos excepto uno, al cual Anna, siendo la veloz pensadora que era, estrelló rápidamente su espada sobre la cabeza del bandido cuando éste se rehusó a dejarlos ir. El cabello de la chica estaba trenzado, su cuerpo ensuciado y la ropa que usaba combinaban con las del hombre mientras éste se acercaba, haciéndolos parecer gemelos en un cierto sentido. Aunque Kristoff generalmente negaba ser algo como eso, solía pensar en Anna como una hermana, un miembro de su familia por lo menos. "Nos rompemos el trasero tratando de entregar estos bienes… ¡y nos dan sólo la mitad de lo inicialmente ofrecido!" gritó, frunciendo el ceño mientras se sentaba junto a los otros dos.

Sven lamió su mejilla y pudo escuchar la risita de Anna mientras se paraba, "te dije que este era un trabajo tonto… deberíamos haber ido por esa princesa que te comenté, ¡pero nope!" Bromeó. Anna tenía razón, él sabía que la tenía, pero trabajar con princesas era algo abrumadoramente difícil y el pago generalmente era la princesa misma antes que dinero. Si necesitaban algo ahora mismo, definitivamente no era otra boca que alimentar. "Al menos tenemos dinero extra para la comida de los próximos días, pero vamos a tener que volver al tablero." Agregó, extendiéndole su mano a Kristoff para que éste la tomara.

"Desafortunadamente creo que fue vaciado, tomamos el mejor trabajo de hoy… ¡desperdiciamos todo nuestro tiempo en la mitad de la recompensa!" gritó Kristoff al aire dramáticamente. Anna giró sus ojos y lo ayudó a levantarse tirando de su mano; él siempre veía el lado negativo de las cosas. "No puedo ni imaginar en encontrar algo que valga la pena…" agregó, quejándose ruidosamente mientras se dirigían al famoso tablero de trabajos.

Hace tres años, Anna se había fugado de casa, hace aproximadamente dos años conoció a Kristoff y Sven. Anna siempre había soñado con convertirse en un caballero, viviendo una aventura e instalándose para proteger el castillo de algún rey y reina. Esa vida, aunque para algunos riesgosa, era por lo que Anna se había estado esforzando desde aquella noche que abandonó su vida como princesa y comenzó una nueva como la rebelde que era. Desafortunadamente mientras continuaba con la búsqueda por su título, sus padres continuaron su búsqueda por su hija. Anna huyó, se escondió e incluso luchó para escapar de diversas situaciones, eventualmente haciéndola llegar a la conclusión de que sus sueños deberían esperar por un tiempo mientras esperaba que sus padres se dieran por vencido en su búsqueda. Durante ese tiempo huyó a través del océano donde conoció a Kristoff y Sven y se unió a un grupo de gente que viajaba por el mundo en busca de aventura así como un lugar al que pertenecer. Éste lugar era conocido por todas partes como el Campamento de Arendelle.

Rumores decían que erase una vez, Arendelle fue gobernado por una gloriosa líder quien estaba dotada más allá de sus años. Algunos consideraban y reclamaban que sus poderes eran divinos, superando a cualquier mortal, mientras que otros reclamaban que era en realidad una tirana y hablaban de ella como si fuera una mancha en la historia que querían olvidar completamente. La historia sigue para contar sobre la caída de Arendelle, y a su vez la caída de su poderoso gobernante, y de cómo el reino vagó sin rumbo mientras buscaban por un nuevo lugar al que pudieran llamar hogar. Hoy en día el campamento de Arendelle es considerado como sólo una banda de inadaptados, ladrones y huérfanos quienes buscan su camino. Pero para Anna eran más que sólo eso. Eran una familia, una gran familia, quienes se ayudaban entre sí siempre que podían. Había ancianos, mujeres, hombres e incluso niños de todas las edades. Cuando necesitaban un arma, palabras eran enviadas hasta conseguir una espada o daga que pudieran usar. Cuando necesitaban un trabajo, el campamento tenía preparado el tablero de trabajos, permitiéndole a la gente aceptar y negar pequeños labores con los que ganar un poco de dinero. Y cuando el grupo necesitaba un lugar cálido en el cual permanecer, el campamento organizaba una gran fogata en el centro, alimentando el hambre y pasando el tiempo con su gran familia. Anna se sentía segura aquí, como si pudiera ser ella misma, y que realmente importara. Aún así siempre estaba la preocupación de que el grupo se enterara de sus sueños y de cómo solía ser una princesa. El campamento si tenía una regla, no se permitía miembros de la realeza.

La regla parecía lo suficientemente simple, especialmente considerando que el campamento se estaba escondiendo de miembros de la realeza así como guardias o nobles. Pero ahí estaba Anna, quien anhelaba convertirse en un caballero y quería vivir en un castillo una vez más, luchando junto a otras grandes personas de sus justas tierras. Antes que eso ella era, en efecto, un miembro de la realeza en sí, escondiéndose detrás de la máscara de un guerrero. Siempre que quería contarle a sus amigos sobre su vida pasada y su deseo por una nueva, encontraba en más de una ocasión que simplemente sería algo imposible. El campamento estaba lleno de gente amable pero a su vez eran muy tercos, negándose a cambiar su opinión acerca de los miembros de la realeza y poniéndose violentos ante la preocupación de alguno infiltrándose en el campamento. No podía dejar que la información salga a la luz, especialmente por sus amigos más cercanos, asustándole el hecho de que tal vez no la aceptaran después de todo este tiempo.

Llegando al famoso tablero de trabajos, Anna estaba segura de que ya no quedaba nada bueno mientras sólo algunos papeles quedaban estampados en el tablero. El propio tablero era difícilmente uno, ensartado todo junto e incrustado en el suelo con sus mejores herramientas. Era muy delgado y constantemente rasgado y reemplazado a medida que viajaban, cambiando los trabajos mientras avanzaban. El tablero se había convertido en su única fuente de trabajo así como la única oportunidad de Anna para encontrar sobre reinos en peligro, rezando porque necesitaran un caballero. El grupo caminaba lentamente hacia el tablero, ojeando los trabajos, esperando silenciosamente ser lo suficientemente afortunados de encontrar un buen trabajo a esta hora. Anna rosó los diferentes papeles, manteniendo la vista en algo que fuera parecido a algo que ella aceptaría secretamente, moviendo sus ojos sobre los otros para asegurarse de no haber estado mirando por mucho tiempo y no parecer tan obvia. Difícilmente había trabajos interesantes, la mayoría hablando de gente perdida, lo cual todos sabían que tardaría algunas semanas antes que algunas horas.

"Um, bueno siempre podemos ayudar a alguien a encontrar una reliquia perdida, aquí dice que pagaría al menos mil?" declaró Anna, apuntando hacia un papel que decía eso mismo. Sven procedió a olfatear dicho papel y Kristoff lo revisó mientras Anna hablaba, los ojos del chico juzgando rápidamente. Anna ya podía escuchar sus quejas mucho antes de que su boca siquiera se abriera.

"Nope, es obvio que es una farsa, regla número doce… ¡nunca tomes trabajos que involucren reliquias perdidas!" dijo Kristoff mientras cruzaba sus brazos frente a su pecho. Anna giró sus ojos, cada tanto él mencionaba diferentes reglas y estaba segura de que la mitad de ellas eran siempre la número doce. El próximo trabajo que encontraron en el tablero era uno que sería perfecto para ellos, si sólo Sven estuviera dispuesto a llevarlos hasta tan larga distancia. "¡Sven, no está tan lejos!" se quejó Kristoff, apuntando al ridículo número de millas. Sven resopló y negó con la cabeza, sin estar de acuerdo como cualquier reno u otro animal de carga estaría. Ciertamente era ridículo, haciendo que Anna se preguntara que hacía esa nota siquiera ahí.

Mientras miraban al tercer trabajo, Anna sonrió; era un simple envío como el que siempre hacían. No era lejos y era algo en que los tres podrían estar de acuerdo. Arrancó el papel del tablero e inmediatamente se lo pasó a sus compañeros. "Miren esto, éste sólo quiere que vayamos al reino de Adlai, que está apenas a medio día de viaje desde aquí… dice que necesitan un cargamento de hielo… los detalles serán especificados cuando lleguemos." Le mostró a Kristoff y apuntó a cada palabra mientras hablaba, sonriendo al mismo tiempo que el hombre.

"¿Esto te parece bien Sven?" le preguntó y el reno asintió alegremente, "¡En marcha entonces!"


Adlai estaba, justo como Anna había dicho, a medio día de viaje, y pronto se encontraron tapándose con sus abrigos mientras ingresaban al helado reino. Adlai era un reino junto al mar, generalmente congelado el setenta y cinco por ciento del año. El poco tiempo en que todo era más cálido era durante la temporada de otoño, verano para todos los demás, haciéndolo todo mas colorido. La tierra en la que se encontraban era bastante interesante, con lugares como Adlai que eran terriblemente fríos, pero entonces, a medida que viajas en dirección al norte te comienzas a topar con lugares como Costa Calon que eran particularmente cálidas. Últimamente el Campamento de Arendelle había estado intercalando entre estos dos reinos, ofreciéndole al grupo una buena combinación de frío y calor mientras iban de Norte a Sur y viceversa. Pero a medida que ingresaban a Adlai, sus dientes comenzaron a rechinar y Anna podía sentirse a sí misma acercarse a Kristoff mientras el viento se arremetía contra ellos y hacía que su ropa se congelara."¡Gah, entremos y salgamos!" se quejó Kristoff mientras guiaba a Sven hacia la zona de comercio, el lugar donde la nota decía de encontrarse. Era un pequeño y ocupado reino, magnífico y muy diferente de lo que Anna estaba esperando. Cuando pensaba en el frío, pensaba en iglúes, aislamiento y paz. Este lugar estaba acabando con todos los estereotipos y por lo contrario estaba siendo un reino normal y ocupado que rebosaba de vida justo como en el que ella solía vivir, solo que más frío. "¿Sintiendo nostalgia?" preguntó Kristoff, notando la tranquilidad de Anna. A pesar de los envíos y trabajos que habían realizado, el trío difícilmente había experimentado algo tan magnífico y grande como Adlai. Kristoff, habiendo sabido cada detalle del pasado de la chica a excepción de su título de princesa, parecía haber notado su anhelo.

"Para nada, eso es parte del pasado ahora." sonrió Anna, aunque no estaba segura de si lo decía en serio.

El trineo se detuvo y Kristoff se bajó, ofreciéndole una mano a la chica mientras lo hacía. La chica tomó su mano y observó alrededor mientras personas se empujaban unas a otras para pasar, todas hablando y cotilleando mientras compraban alimentos y revisaban las tiendas alrededor. Cada puesto que se encontraba abierto tenía nieve alrededor de él o encima, haciendo que Anna soltara una risita. "¿Cómo pueden soportar tener tanta nieve alrededor?" Se preguntó en voz alta. Pero la gente parecía arreglárselas bastante bien con su clima, algunos ni siquiera se molestaban en mover con una pala la nieve mientras caminaban pesadamente a través de ella.

Kristoff sonrió y se giró para buscar el puesto correcto, "Él dice ser el único que vende hielo… impresionante." Bromeó. "Imagino que este es el lugar perfecto para vender hielo, ¡siempre hay en reserva!" agregó, mirando el conjunto de carámbanos en algunos puestos y hogares.

Encontrar el puesto no era difícil, como el hombre dijo, y pronto se encontró hablando con el propietario mientras los ojos de Anna deambulaban. Más allá de los puestos sus ojos captaron el mar, haciéndola sonreír, recordándole a su hogar por un momento. Su habitación solía tener vista al océano también, solo que el de Adlai parecía estar totalmente congelado. "¿Cómo es eso siquiera posible?" se preguntó, esforzando sus ojos mientras veía como el agua apenas se movía de un lado a otro. El océano era tan rápido, tan fuerte y siempre moviéndose. No podía llegar a entender cómo se había vuelto tan precisamente frío como para congelarlo así. Mientras pensaba sobre el océano congelándose también pensó sobre cómo el reino permanecía helado tanto tiempo. Era más frío aquí que en cualquier otro lugar del mundo, al menos que ella conociera, y toda esta gente difícilmente experimentaba el otoño, ni hablar del verano. Su propio reino experimentaba bajas temperaturas durante el invierno pero durante las demás estaciones del año permanecía naturalmente cálido o al menos decente mientras que Adlai difícilmente experimentaba el calor y siempre se encontraba frío. Si ella viviera aquí sería lo contrario a su propia tierra, yendo de calor a frío. Quitando sus ojos del océano y pasadas memorias, Anna se encontró a sí misma mirando boquiabierta al castillo en la distancia. Era un gran castillo, uno el cual estaba sorprendida por no haber notado durante su llegada, y le instó a conocer sobre la historia del único palacio. "Me pregunto quiénes viven ahí." Se cuestionó, Sven apareciendo para apoyar su cabeza en el hombro de la chica. Un transeúnte miró hacia ella y siguió su mirada hacia el castillo, pareciendo interesado en sus palabras.

"Ahí es donde viven el Rey y la Reina, señorita, ¡junto con la hermosa princesa Elsa!" declaró, para la sorpresa de Anna. Mientras lo hacía el hombre se sonrojó de oreja a oreja, mientras Anna y Sven prácticamente giraron los ojos. Todas las princesas eran hermosas, Anna estaba segura que la mencionada no era tan impresionante.

"¿Oh?" preguntó Anna, elevando su ceja un poco. Típico, reinos de este tamaño tenían que tener gobernantes. El grupo en ocasiones viajaba a ciudades y reinos más pequeños que éste, difícilmente encontrándose con miembros de la realeza o nobles de cualquier tipo. Éste siendo el primer reino grande que visitaban desde hacía un tiempo le recordó a Anna que existían lugares así, una ciudad lo suficientemente grande para tener a un Rey y una Reina viviendo en el centro. "Deben disfrutar del frío para permanecer aquí todo el año eh?" preguntó Anna, entablando de nuevo una conversación.

El hombre asintió, "Por supuesto, todos lo hacemos… incluso nuestra querida princesa Elsa se encuentra triste por su pronta marcha, estoy seguro de eso." Entristeciéndose ante la mención, dejó su historia hasta ahí.

Anna sentía curiosidad ahora, "Marcha, ¿Se irá a otro reino?"

"Oh si, tiene que irse para casarse en los reinos del sur… cruzando el océano, ¡pero con suerte estará de vuelta!" sonrió alegremente y asintió, abandonando el lugar. Anna asintió con su cabeza y lo vio irse, gratamente sorprendida por la conversación. Sus ojos permanecieron en el castillo por un tiempo mientras intentaba descifrar la historia de éste. El punto de vista del Rey y la Reina y acerca de esta hermosa princesa Elsa de la cual estuvieron discutiendo. Su mente pensando en las posibilidades que podrían abrirse ante ella, protegiendo el castillo o el reino y cómo podría pedir información una vez que Kristoff terminara de hablar con el hombre.

No fue sino hasta que Kristoff apoyó una mano sobre su hombro y su enojada voz resonó por su oreja que despertó de su trance, "Maldita sea…" gruñó. Su voz sorprendió a la chica, tomándole un momento para recuperarse antes de responder.

"Espera… ¿Qué?" Preguntó Anna, su mente cada vez mas confundida.

"Ese idiota…"

"¿Idiota?"

"Si, idiota"

"Um…" Anna esperó, observando al hombre mientras éste la empujaba en dirección al trineo. Su cara estaba roja y se mantuvo mirando a los puestos como su estuviera luchando contra su moral interna para no correr y atacar a quien sea con quien se haya peleado. "¿Alguien más tomó el trabajo?" preguntó Anna, una sonrisa débil llenando su rostro. Eso pasaba ocasionalmente, especialmente a ellos. Sven era rápido pero los caballos generalmente era más rápidos, ganándoles el trabajo.

"No, peor aún… ¡dijo que era un trabajo de un año entero y no solo un envío!" gruñó, dándole un tirón a Sven haciéndolos partir. Anna se entristeció al ver que se dirigían camino a la salida, al borde de la ciudad. No estuvieron ahí ni siquiera un segundo y ella ya quería explorar el castillo, preguntar por un posible título, o tal vez un simple trabajo de guardia. Pero Kristoff estaba echando humo y continuó hablando mientras la chica intentaba expresar su protesta. "Lo juro, la gente actúa como si quisiera vivir en un miserable y frío clima… bueno tal vez no sería tan malo, pero ¿un año entero?" Kristoff continuó quejándose mientras Anna trataba de encontrar palabras que pudiera usar. Ella quería ver el castillo, a la familia real, y explorar la ciudad. No estaba lista para marcharse o para aceptar las interesantes noticias que había recibido del extraño, dejando la historia a la mitad.

Pero cada historia que quería usar, cada excusa que se le ocurriera sonaba como una pérdida de tiempo o peor, de dinero. "Bueno tal vez podamos encontrar otro trabajo en la ciudad?" sugirió Anna; algo que difícilmente hacía. "Quiero decir, tenemos más posibilidades de encontrar un trabajo aquí antes que en el campamento y bueno… ¿tal vez el trabajo que nos ofreció no es tan malo?" rió, arrepintiéndose inmediatamente al ver al hombre girándose hacia ella. No había enojo ni crítica pero algo detrás de sus ojos estaba lleno de curiosidad y Anna prácticamente rogó a los dioses que no pensara mucho en sus palabras y solo le hiciera caso. Kristoff iba a hablar pero de repente se encontró volando hacia adelante mientras se escuchaba una explosión. Anna se sintió volar hacia Kristoff y entonces los dos salieron disparados del trineo hacia el acolchado suelo nevado, una sensación helada recorriendo sus cuerpos. "¡Mierda!" aulló Anna, parándose de un salto lo mejor que pudo tratando de no tropezar de nuevo. El trineo había chocado contra otro, apenas dañando el suyo mientras que estropeó completamente el de Kristoff. La chica miró como Kristoff primero se dirigía hacia Sven, desatándolo de las cuerdas y asegurándose de que el reno estuviera bien antes de ir hacia el dañado trineo. El propio trineo era viejo y parecía que se caería en pedazos. El hecho de que se las haya arreglado para sobrevivir las largas excursiones que el campamento de Arendelle le hizo hacer era algo increíble, el hecho de que sólo se haya dañado durante el choque en vez de destruirse completamente era un milagro. El trineo en sí no era apropiado para andar y afortunadamente tenía arreglo, pero eso implicaba gastar más dinero, algo que Kristoff no podría soportar después de todas las malas noticias que había recibido en el día. Anna tragó fuerte, conociendo al hombre no iba a estar feliz.

"¡Mi trineo!" gritó, dirigiéndose hacia las piezas del roto trineo y mirando al hombre quien chocó contra éste. Kristoff apenas había tenido una mirada general de él antes de que desapareciera de la escena, claramente no queriendo pagar por los daños. "Oh vamos…" suspiró Kristoff, llevando una mano a su frente. Para hacer las cosas peor Anna estaba segura de que el hombre era un miembro de la realeza, sabiendo que podría haber pagado fácilmente por los daños si era lo suficientemente respetuoso. Pero nueve de cada diez veces no lo eran. "¿Puede esto empeorar de alguna forma?" se quejó el chico, mirando al accidentado trineo y a los pedazos de madera esparcidos por todos lados.

Sven se acercó a Anna y le dio una mirada que era como si estuviera diciendo, "Si podría." y ella se aguantó las ganas de sonreír.

"Parece que nos estaremos quedando aquí por un tiempo… o al menos por esta noche?" sonrió Anna, dirigiendo su mirada hacia el sol que lentamente comenzaba a descender. Kristoff miró también y suspiró, desilusionado por el desperdicio de dinero que tendrían que gastar en un lugar donde pasar la noche así como para reparar el trineo.

"Ahí se va nuestro dinero extra para comida…" el hombre prácticamente lloró mientras comenzaba a juntar los pedazos de madera, lo poco que era rescatable. Anna asintió, aunque no escuchó sus quejas, su mente fija en el castillo que parecía imponerse con poder al mismo tiempo que ella lo miraba.