J.K. con los derechos, yo sólo lo tomo prestados para realizar obras de caridad.

Es un experimento. Viñetas sin orden, pero que aproximan a un tiempo gracias a la descripción. Espero que no me califiquen como una loca por éste escrito.

Advertencia: Drarry – Slash – Yaoi – Lemon – Viñetas en desorden

LEAN NOTAS FINALES.

A medianoche

Parte III

Por: Anne Darket

Conocer a los demás es sabiduría. (1)

Él sólo tiene trece años, cuando se sienta sobre las bancas, apoya los brazos sobre la extensa mesa cubierta por los manteles verdes con adornos plateados y espera paciente la comida preparada por los elfos, tiene una sola cosa en mente. Al principio sus amigos trataban de incluirlo en la plática antes de desayunar, comer o cenar; sin embargo sólo consiguen que Draco se enfade un poco y les pida, con toda la amabilidad que es capaz de heredar un Malfoy, que cierren la bocaza.

El príncipe de Slytherin, apodado así por caprichoso y voluntarioso, toma un poco de jugo y analiza con detenimiento a los alumnos de otras casas, uno por uno. Casi daría por hecho que conoce a cada uno de los estudiantes de Hogwarts, hasta el más impopular de aquélla gama de adolescentes y niños: su nombre es Charlie, entró a Hufflepuff, tiene un especial afecto por la rubia llamada Carrie, le gusta la leche y tiende a comer cosas saludables en el almuerzo, parece un chico listo, tímido y con carácter tranquilo.

Últimamente, el rubio ha hecho un nuevo descubrimiento. Se ha encontrado pensando en Harry Potter más tiempo de lo que acostumbra y ha notado que cada vez observa menos a otras personas y le presta más atención (y por lo tanto más tiempo) al chico.

Se engaña y la frase que le salva de decir que es obsesión aquello es: "conocer a los demás es sabiduría"

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Conocerse a sí mismo es iluminación. (1)

Su madre dice que ha crecido mucho, que ya es un muchachito con muchas responsabilidades y debe empezar a hacerse cargo de ellas, aunque ella aún le siga cobijando y le de su beso de "buenas noches". Y después de tantos años de hacer una rutina similar, mientras da vueltas sobre el colchón King Size cubierto por colchas traídas directamente de París, hace otro descubrimiento, interesante y temible.

No sabe si es por culpa de la hormonas que revolotean como aves en migración o simplemente es muestra de lo que hace mucho ocultó en lo más hondo de su corazón, no obstante está allí recóndito y contra todo pronóstico se alza potente. Un bulto se forma en su entrepierna, el calor lo abruma y su mente perversa le juega malas bromas: Harry jugando Quidditch, Harry caliente, Harry en la ducha, Harry en su cama, Harry desnudo, Harry deglutiendo sus pezones, Harry profanando su cuerpo…

No puede más y no tiene caso negarlo, él está ardiendo, pasión y locura se conjuntan. El segundo gran misterio: atracción y deseo incontenibles.

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Vencer a los demás requiere fuerza. (1)

Ira. Es totalmente ilógico, pero está allí irradiando chispas rojas por un motivo absolutamente indiferente, o eso es lo que aseguran los demás. Es una sensación molesta ligada al pecho para después trasladarse a cada parte de su cuerpo, transforma los insultos cotidianos en hechizos inflamables y las simples respuestas, en arrebatos de furia mal contenida.

La culpable es, por supuesto Pansy, quién le contó de un chisme que ha viajado a la velocidad de la luz y ha establecido un tiempo récord, desbancando al que se suscitó en noviembre en el que afirmaban que Dolores Umbridge jamás se sentaba debido a las hemorroides dolorosas que plagaban las paredes de su ano.

La reacción de Draco: matar. Lugar: pasillo. Fecha: Hoy. Objetivo: Cho Chang. Motivos: Besó a su Harry. Dicen que fue un roce, que ni siquiera las leguas irrumpieron, pero él no cree nada de eso, porque la muy zorra de la oriental esa sería capaz, incluso, de bajarse las pantaletas con tal de conquistar y seducir a su Harry.

No lo permitiría, así tuviera que sacrificarse para interrumpir el trabajo de Cupido.

Esa tarde esperó pacientemente frente a la puerta de la biblioteca a su enemiga. Y con uno que otro encantamiento (que requirió de toda su habilidad y fuerza) consiguió, al menos, que la tipeja esa meditara un poco más acerca de su sexualidad.

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Vencerse a sí mismo requiere fortaleza. (1)

Él parecía estar destinado a la desdicha, no porque lo marcara el sabio destino, era más bien porque su terquedad no le permitía siquiera sugerir una relación amistosa con el gryffindor de los ojos más bellos.

Ese jueves (su día favorito de la semana) juntó valor, todo el que reservó en los últimos dieciséis años, para declarar, confesar, soltar… su AMOR nada casto hacia el causante de sus múltiples encuentros entre su mano y su entrepierna, así como el chico al que le había dedicado cientos de poemas y por el cual estaba dispuesto a abandonar la vida.

Fortuita sorpresa fue la que encontró al ser bienvenido entre la frazada roja de Harry Potter.

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– Déjalo Potter, él se fue para salvarte y cumplirá con su cometido, porque cuando a Draco se le mete algo en la cabeza se vuelve necio y no hay nada que lo haga cambiar de parecer. Te diré a dónde fue, pero si él te encuentra allá, jamás me lo perdonaré y él seguramente no se tentará el corazón para echarme una maldición imperdonable. Es mejor, te lo recomiendo, planear el cómo vas a rescatarlo de las malvadas garras del chiflado que se hace llamar "Lord".

Harry calló, analizó las palabras del hombre de mirada asesina y asintió.

– Entonces, dígame profesor Snape, ¿qué tiene planeado ese maldito engendro del demonio que pretende que yo me quede como la princesa indefensa?

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– No hagas esto más difícil Potter. No me mires y afirmes que me amas, no me toques y finjas que te gusto, no me beses y hagas doblegarme ante los instintos primigenios, no me hables y creas que estoy cediendo. Es muy fácil Potter, sólo tienes que aguantar y darme por muerto, porque mi misión es de alto riesgo; así que tienes dos elecciones: puedes tomar tu escoba y salir volando o puedes enfrentarme y salir perdiendo. Porque si tú mueres el mundo sucumbirá ante el mal y si yo muero, seguro tú también lo harás.

No comprendió aquéllas crueles palabras. Un poco atontado por la explosiones en derredor y ofuscado por las palabras de Draco, atinó a levantar la Saeta de Fuego.

– ¿Por qué lo haces?

– Es obvio ¿no? Yo jamás te quise.

Lo único que quiere ahora es volar.

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– ¿Qué es lo que más te gusta de mí? – el sol resplandecía en lo alto de la bóveda celeste, una leve onda de calor azotaba a Gran Bretaña, sin embargo, no era molesta. Los rayos alumbraban los jardines de Hogwarts y por entre las hojas de los inmensos árboles se filtraban. El paisaje era muy romántico en opinión de Harry, así que decidió pasarlo fuera del castillo junto a su joven amante.

– ¿Qué me gusta más…? – Draco lo miró atentamente y después suspiró.

– Nada…

No terminó de hablar cuando Harry repudió su mano al instante y la soltó con enfado.

– ¡Eres u cabrón Malfoy! ¡¿NADA?! Es decir…

Draco lo acalló con un beso, odiaba cuando Harry daba por sentada alguna cosa y se ponía a gritar histérico, como esperando cualquier momento para estallar y abandonarlo.

– Déjame terminar – le suplicó y eso basto para mantener al gryffindor callado – Nada en específico y todo en general, es lo que iba a decir. Aunque ahora, pensándolo bien, hay algo que detesto de ti y es que siempre estés buscando alguna excusa para alejarte de mí.

Silencio incómodo.

– ¿Entonces puedes asegurar, jurándolo por todo lo valioso que tienes, que jamás me dañarás?

– Puedo incluso jurar que me heriré primero antes de permitirme hacerte siquiera alguna herida superficial.

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– ¿Lo has notado Hermione? – Ron parecía a punto de un colapso nervioso.

– Sería bastante idiota si no lo hiciera – respondió ella mientras hojeaba el libro de Pociones. Quién no lo sepa se puede dar por deficiente mental.

– ¿Y no te preocupa? – cuestionó el pelirrojo al ver la calma con que se tomaba aquél asunto su amiga.

– ¿Y qué me debe preocupar, según tú? Él está feliz, él vuelve a vivir y yo no soy quién para impedirle que tenga, al menos, un poco de alegría. A parte, se sabe cuidar solo y si puede derrotar a Voldemort – Ron hizo una mueca de disgusto al escuchar el nombre – creo que podrá con Malfoy.

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Cuando vuela, alto hasta ser inalcanzable, se siente libre, dejando las horribles ataduras que retienen en ese pútrido estanque de desesperanza y agonía. Siente el aire helado golpear con fiereza sus pálidas mejillas y cree estar más cerca del paraíso ubicado en las nubes, como en aquél cuento muggle que leyó cuando aún era un niño sin otras responsabilidades que ser el mayordomo de los Dursley.

Sin embargo, en ese instante, el vuelo no es suficiente, carece de esa alegría que le reaviva. Por el contrario, siente que las cadenas aprietan su menudo cuerpo y, en especial, aplastan su pecho con rudeza, asegurando casi que su corazón se ha contraído al tamaño de una nuez. Lucha por acompasar el ritmo cardiaco, más no puede. Se asfixia. Algo corroe su interior.

Llora. Como no solía hacerlo desde hace tiempo. No sabe a ciencia cierta si es la rabia o es la tristeza.

Yo jamás te quise, las mundanas palabras resuenan en su cabeza, el eco se expande y se contrae en segundos, parece una grabación que se repite una y otra vez en su cabeza, una que jamás saciará. Le duele tanto, en él se ha roto algo y la venganza aflora de esa fractura.

Si él jamás lo quiso, entonces no hay más razones para no matarlo.

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Es gracioso que al estar en la situación más peligrosa de tu vida recuerdes un momento exageradamente "bobo" de los pocos años, que piensas, viviste. No recuerdas la primera vez que volaste en una escoba mágica o del día en que tus padres te llevaron por primera vez de viaje aun sitio completamente distinto al lugar en que uno vive. Al menos, para sorpresa de Draco, él no rememoró aquéllos días que marcaron el resto de su vida.

Opuestamente, la imagen que se impregnó en su cerebro fue la primera vez que probó el helado de queso. ¿Por qué? Le gustó, demasiado, su exquisito sabor lo deleitó. Y pensar, que en un principio, cuando Harry le comentó al rubio que existía, él con cara de asco claramente dijo: "¡Por Merlín Potter! El queso es delicioso y el helado de cualquier sabor también, pero la combinación de ambos ha de ser espantosa. ¿Es que los muggles no piensan en los paladares refinados cómo el mío? Sé que te esforzaste mucho en hacerlo y te lo agradeceré por siempre, pero escúchame bien, aún cuando me prohíbas los maratones sabatinos de sexo, no probaré esa combinación inaceptable para un Malfoy".

Por supuesto, Harry tenía sus tácticas infalibles para convencer a Draco. Y nada tuvo que ver la prohibición de sexo (porque los maratones de sexo sólo existían en la malévola cabeza de Draco). El rubio tuvo que tragarse sus palabras y admitir que si para algo existían los muggles era para hacerles de comer.

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Harry lo vio, un contraste de horror e ira se expandió por su rostro. Postrado sobre el suelo, a merced del desquiciado Tom Ryddle, Draco Malfoy se retorcía, sobrellevando los efectos del Crucio y él, a varios metros del rubio, enloquecía por completo.

– ¡Voldie! – gritó furioso, impregnando a la vez sarcasmo propio del slytherin – ¿Has torturado a Draco?

La sonrisa sádica del Lord provocó en Harry perder la poca cordura que aún conservaba.

– Has cometido un grave error…

– ¡Oh Potter! ¿Crees, acaso, no sabía acerca de la traición de este hijo de puta?

– Lo único que sé es que pagarás por lo que has hecho.

Harry, al mismo tiempo en que se enfrentaba en una lucha a muerte, comprendía que todo el asunto: la "falsedad" de los sentimientos de Draco hacia él y el abandono que sufrió durante meses, no fue más que una simple máscara para disfrazar sus verdaderas intenciones. Resguardarlo de todo peligro, amarlo en silencio.

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Abrió los ojos al caer la luz vespertina sobre sus párpados, levantó la mano para cubrirse de los rayos cegadores y parpadeó un par de veces antes de reconocer el sitio en el que se encontraba. Parecía una habitación privada en San Mungo. Al ver muchas botellitas de colores, conteniendo diversas pociones, supo que efectivamente se encontraba en el lugar antes mencionado.

Apoyándose sobre la cama, con mucho esfuerzo, logró levantarse y caminar hasta la ventana, donde abrió por completo las persianas que la cubrían. El cielo era azul. Por las calles pavimentadas transitaban muggles desesperados por llegar a sus destinos. Una sonrisa se expandió en su rostro, sin embargo se desvaneció al recordar todo de sopetón

¡Harry!

Cómo pudo llegó hasta la puerta de la habitación y la abrió exasperado. Una señorita, ayudante o tal vez medimaga, corrió al instante hacia él.

– Señor Malfoy, vuelva a la cama.

– ¿Y Harry? ¿Dónde está Harry?

– Tranquilícese señor Malfoy. Por favor vuelva a la cama.

– ¡¿DÓNDE ESTÁ HARRY?! – esta vez gritó enfurecido.

– ¿Qué pasa?

Los ojos de Draco resplandecieron cuando la voz tan conocida llegó a sus oídos como una entonación angelical.

– ¿Harr…?

Ya no pudo completar la palabra, unos labios ávidos e impertinentes chocaron contra los suyos. La boca del moreno estaba fría, Draco pensó, tontamente, que eso era por no haber sido tocados por mucho tiempo. Sus lenguas danzaron, reconociendo el inolvidable sabor del otro, emprendiendo un viaje largo y duradero que tratarían de alargar hasta que su piel fuera de color azul. El rubio casi cae, sus piernas aún estaban débiles, pero Harry lo sostenía demasiado fuerte de la cintura.

De repente, Draco sintió un drástico cambio en ese beso. Lo que al principio había sido pasión se transformó en furia descontrolada. Sus labios eran masacrados por los de Harry, aunque a él no le molestaba.

No comprendiendo el por qué, la ira tomó tonos de tristeza y el beso se hizo suave, tierno, húmedo, cómo había dicho alguna vez Harry. Las lágrimas de Harry ahora resbalaban por las descoloridas mejillas de Draco.

– Pudiste haber muerto – escuchó entre los sollozos de Harry y lo abrazó porque comprendía lo que era casi dar por muerto al ser amado.

– Tú me salvaste.

– ¿Y si no lo hubiese hecho?

Draco, no sabiendo que decir, tuvo que sacar a flote su alma de poeta y decir con el sarcasmo que lo suele caracterizar:

– ¡Por Merlín Potter! No creíste que te iba a dejar sin que me cumplieras mi maratón sabatino de sexo.

Harry rió.

En susurro, el más joven de los Malfoy, agregó:

– Regresaría por ti, porque el amor traspasa hasta las barreras más difíciles.

Por primera vez, en mucho, muchísimo tiempo, Harry sonrió genuinamente.

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Fin

Gracias por seguir esta historia, ya saben que los reviews sin firma los contesto en mi profile.

Comenten, ¿fue bueno? ¿fue malo? Estoy abierta a la crítica. Y muchas gracias a las que han comentado en los capítulos pasados, esta parte va dedicado a ellas. ¡Besos!

(1) Lao Tse.