—Ahora, ¿qué es tan importante que no puede esperar a que termine mi jornada laboral?— Regina hizo una mueca divertida, apoyando sus codos en la mesa y su mentón en una de sus palmas.

—Oh, calla. Eres la alcaldesa, literalmente tu propia jefa.

La morena levantó las cejas con seriedad.

—Tengo un sistema, y el sistema requiere ciertas horas de trabajo. Sin las horas necesarias, no hay sistema. Y si no hay sistema...

—El pueblo se va al carajo— completó Neal, rodando los ojos. Era imposible llevar la cuenta a las veces que su hermana le repitió eso.

—Exacto— dijo ella con una sonrisa apretada. —Pero sin tu desagradable vocabulario.

—Sabes que me amas.

—Y aún no logro entender porqué— murmuró la mujer. —En fin, deja de hacerme perder el tiempo y explícame qué hago aquí.

Regina arrugó su nariz en disgusto. De todos los lugares a los que Neal podría arrastrarla, tenía que ser el Rabbit Hole. La alcaldesa sabía que su hermano estaba más cómodo en ese ambiente (por alguna desconocida razón), pero ella se sentía fuera de lugar. Claro que también reconocía que era allí o Granny's, y Neal no sería atrapado muerto en la cafetería.

En Granny's, el ex ladrón se encontraba rodeado de honorables héroes, personas que lo juzgaban por su pasado con Emma y Henry, pero especialmente por ser el hijo del Oscuro y el hermano de la Reina Malvada. (Los únicos que se lo dejaban pasar eran su padre, su hermana y los mismos Henry y Emma, con ocasional comprensión de parte de Snow y Charming). Regina, sin embargo, se sentía culpable por ello; incluso ahora, que se había redimido. Aún después de todo ese tiempo, Neal era incapaz de poner un pie en la cafetería, por viejas costumbres.

La Reina intentó ignorar el desagradable ambiente y se concentró en el hombre a su lado, quién se manejaba como si estuviera en su propia casa, pidiendo dos bebidas. Regina quiso detenerlo pero la mirada que Neal le dio no dejaba lugar a discusiones. Suspirando, tomó un sorbo del alcohol barato con los ojos sobre el moreno.

— ¿Entonces?— preguntó ella, tragando. —Pensé que tenías 'importantes noticias'.

— Las tengo— replicó Neal con un tono ligeramente defensivo. — Sé que últimamente he actuado diferente-.

Regina bufó. "Diferente" era bastante una subestimación. El hombre se estuvo escabullendo de su casa, llegando tarde dando malas excusas. El pobre tonto era un terrible mentiroso; un hecho poco creíble dado a que se lo podía considerar el amo de la charlatanería.

Neal no prestó atención a su hermana y continuó:

— Y quería pedirte disculpas por ocultarte este secreto— dijo él, viendo la expresión vacía que llevaba Regina. Neal no sabía qué esperar de ella. — Okay... Todo este tiempo estuve viendo a alguien. Emma y yo quisimos intentarlo de nuevo.

Para su sorpresa, Regina sólo tenía en su rostro una pequeña sonrisa divertida. La vió morderse el labio inferior para evitar la risa e inhaló asintiendo continuamente.

— Bien...— dijo la morena en un murmullo.

— ¡¿Bien?!— se escandalizó Neal. — ¿No tienes nada más que decir al respecto?

Entonces la morena largó la carcajada que estuvo conteniendo.

— Perdón, tengo que detenerte— dijo ella entre risas. — Dios... Esto es bueno.

— ¿Me perdí de algo?

— No eres el rey de la sutileza, ¿sabes?— insinuó Regina. — Y Swan es tan delicada como un tronco.

— ¿Ya lo sabías?— dijo Neal, perplejo mientras ella asintió. — ¿Por qué no dijiste nada?

— No era mi deber— se encogió de hombros dando un sorbo a su cerveza, Neal entrecerró los ojos. — Me ibas a decir cuando fuera el momento, el cual, al parecer, es ahora. ¿Por qué?

—¿"No era tu deber"?— Neal repitió incrédulo. — Desde cuándo... Por qué... ¡Alardear es lo tuyo! ¡No pierdes oportunidad de alardear!

Regina se limitó a rodar los ojos.

— ¿Eso es todo lo que tienes para decir? Porque si es así, me gustaría volver a mí trabajo.

— Tu estúpida montaña de papeleo puede esperar— replicó el moreno. — Hay algo más.

— Bien— entrecerró los ojos con sospecha. — Te escucho.

— Me voy a casar.

Ante sus palabras, Regina desorbitó los ojos y se ahogó con su bebida. Eso sí que no se lo esperaba. De todas las locuras que podía esperar su hermano, el matrimonio era sin duda no una de ella. No de él, el hombre con fobia al compromiso, el hombre "no después de Tamara".

— ¿Qué?— exclamó la Reina entre tos.

— Emma y yo nos comprometimos anoche— explicó él. — Ella está hablando con sus padres ahora. Yo quería que tú seas la primera persona en enterarse, desde mi parte, claro.

— ¿Vas a casarte?— quiso asegurarse, aún atónita ante las noticias.

—0—

— ¿Cómo te fue?— preguntó Emma nerviosamente cuando vio a Neal llegar.

—Se ahogó con la cerveza— soltó haciendo una mueca.

— ¿Y le dijiste por qué?

— ¿Estas loca?— dijo con una expresión de terror. — ¿Quieres que me mate?

— No puede ser tan malo.

— Créeme, sí puede— le dió una mirada acentuada. — ¿Y tú?

— Estabas sorprendidos, pero salió bien.

— ¿Dijiste el porqué?— devolvió Neal.

— Ni aunque me apuntaran con un arma— replicó Emma con naturalidad.

— ¿Eh?

— A mi mamá casi le da un paro cardíaco cuando le dije que me pediste matrimonio. Imagina si soltara un "mamá, estoy embarazada", va a explotar.

Neal se perdió en sus pensamientos por un momento. No podría ocultar ese secreto por mucho tiempo. Además, todavía debía contarle a su padre y eso sería aún más complicado; no importaba el aprecio que tuvieran hacia el otro, su relación no se arreglaba completamente, nunca.

Necesitaba una solución y rápido. Algo para ganar tiempo. Ninguno de los dos estaba listo para contar la verdad. Ya no eran jóvenes y estúpidos, pero de alguna impensable forma lograron obtener el mismo resultado con su relación. Claro que le contarían a sus familiares que Emma quedó embarazada. El problema es que nadie sabía de su relación hasta hace cinco minutos, y el embarazo complicaba todo.

No era que no estaban felices. Dios, estaban radiantes. Quizás no lo habían esperado, o deseado en el momento, pero la idea que criar un hijo juntos era perfecta. El resto de la familia era, en cambio, complicada. La verdad sea dicha, estaban en pánico.

Snow y Charming no aprobaban completamente la relación entre ellos; Henry no tenía idea de que sus padres biológicos estaban juntos otra vez; Regina era demasiado posesiva con respecto a su hermano, pero estuvo furiosa cuando se enteró lo que le hizo a Emma en su adolescencia y sabía que si se enteraba del embarazo ella le daría esa mirada de decepción que tanto odiaba; y Rumple, era toda otra historia, una en la que Neal prefería no pensar.

Intentando enmascarar su expresión de pánico, Neal dió un beso a Emma y regresó a la mansión antes de que sea lo suficientemente tarde para recibir burlas de Regina.

—0—

— Gold— llamó Regina al entrar a la tienda.

— Regina— la saludó con una sonrisa dudosa. — Sabes que puedes llamarme papá.

— Sí... No va a suceder— musitó ella.

Regina intentó ignorar la expresión de Gold. Tan comprensiva, pero tan adolorida al mismo tiempo. A veces no la soportaba. Tal vez había descubierto que Gold era su padre biológico, pero él no la crió. Él no hizo más que torturarla, fisica y mentalmente, durante su juventud y adultez. No estaba en ella tratarlo como a su padre, sin importar cuánto el hombre quisiera reparar la relación entre ellos.

—¿Qué te trae por aquí, Regina?— preguntó él.

—Quiero hablar sobre Neal— dijo paseando por la tienda.

—¿Qué sucedió?

—Nada, nada malo. Me gustaría que...—se detuvo, tomando un respiro. —Me gustaría que hagamos las paces. Que nos llevemos bien.

La mandíbula de Gold cayó. Pero detrás de aquel impacto Regina estaba segura que su padre biológico estaba gritando de alegría. Ella lo iba a perdonar, al fin. Podrían tener una relación más civil, justo como él siempre quiso desde que se enteró que Regina es su hija. Sin embargo, ella no se sentía tan lista para ello, pero haría el esfuerzo por su hermano y así poder ser una familia.

—¿Qué?

—Por Neal.

—¿Por Neal?

Él frunció el ceño.

—Él merece tener una familia completa— dijo Regina. —Merece mejor que estar metido entre nuestros dramas. Así que... estoy dispuesta a...perdonarte.

Regina respiró con profundidad. Decir esa oración casi le provocó dolor físico pero era lo correcto. El perdón es un don.

—¿En serio?— dijo incrédulo antes de sonreír. —Gracias, gracias, Regina. No te arrepentirás.

—Sí, sí, mejor que así sea. Y sólo para que quede claro— agregó y le dió su mirada más amenazante—, esto es sobre Neal, no tú. Él más que nadie merece la familia perfecta. Con Emma, Henry y nosotros. Sin dramas.

Gold estaba a punto de concordar con ella cuando su ceño se frunció al procesar las palabras por completo.

—¿Qué tiene que ver Swan con todo esto?

Regina desorbitó los ojos en pánico ante su error. Gold no tenía idea de la propuesta de matrimonio de Neal y ella acababa de delatarlo. Dios, eso era malo. Neal iba a matarla.

—Nada.

—¿Emma, Bae y Henry son una familia? ¿Bae volvió con Emma?— preguntó visiblemente emocionado.

—Yo...no dije eso.

Regina se mordió el labio inferior nerviosamente. Podría jurar que sintió el suelo moverse bajo sus pies gracias a la enormidad de sus deseos de ser tragada por la tierra.

—Pero lo insinuaste...— replicó él y luego entrecerró los ojos. —¿Qué me están ocultando?

—No tengo nada que ocultar.

—Me estás mintiendo— reconoció Gold, aunque no estaba enojado en lo absoluto. —Neal y Swan están juntos de nuevo. ¡Eso es increíble!

—¿Lo es?

La morena se olvidó por completo de negar todo al ser tomada desprevenida.

—¡Por supuesto! Mi muchacho va a tener su final feliz. Sólo esperemos que dure.

—¿Por qué no lo haría?

—Ambos sabemos que él no es exactamente...un fanático del compromiso.

—¡Eh! Neal es perfectamente capaz de casarse si así lo quiere.

—Quizá, pero a menos que...— se detuvo al captar la expresión de su descendiente. —¿Va a hacerlo? Casarse, digo. Estás tan segura que...

Regina lo miró a los ojos, consciente de que sabría la respuesta en un instante, en el mismo en el que la sacudida de la tierra se volvió demasiado fuerte para ser parte de su imaginación.

—¿Qué-? ¿Qué está pasando?— preguntó con un hilo de voz.

Dos pares de ojos se desorbitaron cuando la carga de magia, tensa en el aire, empezó a absorber a Regina en un rayo de luz lila hasta desaparecer. Sólo la paz y un silencio inquietante quedó en su lugar.

—¿Regina?— dijo Gold a la nada, pensando ya en hacer una llamada para solucionar ese problema.

1

Bosque la rodeaba, el cielo azul sobre su cabeza y en sus pies la tierra tan poco apropiada para el tipo de calzado que estaba llevando. Regina suspiró, preguntándose en qué mundo se encontraba. La bruja reconocía un portal fácilmente, especialmente cuando era tragada por él, así que debía estar en otro reino.

Caminó tres pasos para ver si llegaba a alguna parte pero se detuvo al oír el sonido de una rama partiéndose en alguna parte entre los árboles. Puso su cara más amenazante a la vez que buscaba algún lugar para esconderse en caso de tratarse de algo peligroso. Instintivamente, en su mano se formó una bola de fuego mientras Regina esperaba a que la nueva amenaza aparezca.

—¡Regina!— dijo la conocida voz de Emma y Regina suspiró en alivio, apagando la llama. —¿Qué haces aquí?

—Eso me gustaría saber, Swan. ¿Por qué demonios estoy en el bosque?

—¿Qué haces vestida así?— repentinamente preguntó Emma.

Regina frunció el ceño. ¿Qué había de malo con sus pantalones formales? ¿Y desde cuándo Emma se tomaba libertades como la de juzgar su atuendo?

—Estoy vestida perfectamente— espetó la morena.

—¿Estás bien?

Regina bufó, echándose un vistazo para ver si se había lastimado con aquel temblor o rayo, o lo que fuera que haya pasado en la tienda de Gold.

—Estoy viva, si a eso te refieres.

—Ok... Creo que empiezo a entender lo que pasa aquí.

Emma tomó su teléfono y marcó un número. La morena frunció los labios, molesta por ser dejada de lado así como así, sin ninguna explicación y por Emma Swan, sin importar quién era para Neal.

—Señorita Swan. Señorita Swan. ¡Swan!— la llamó.

Emma la calló.

—¿Te importa, Regina? Estoy haciendo una llamada.

Regina quedó boquiabierta, indignada. No podía dejar que las cosas se queden así. Iba a enseñarle a la rubia un poco de respeto. Se acercó y le quitó el teléfono de la oreja.

—¡Eh!

—Estaba hablando contigo, Swan. Y no te lo devolveré hasta que me expliques qué sucede. ¿Quién es tan importante como para que me ignores a mí, eh?

Puso el teléfono en su oreja, bajo protesta de Emma, quién estiraba los brazos para intentar recuperarlo. Pero ya era tarde, Regina había oído.

—¿Qué pasa, Emma?— escuchó la suave voz en el teléfono. Su voz.

—Oh, Dios.

—Oh, Dios— dijo la otra Regina.

—Oh, Dios— dijo Emma.

—¿Qué hiciste?— acusó a Emma.

—¡Yo no hice nada!

—Pues algo tuviste que... ¡Gold!

—¿Podemos discutir esto luego? Estaba como en medio de encontrar un explicación a tu existencia.

Regina arqueó una ceja, poco impresionada.

—Eso es lo que vengo haciendo desde que pusiste un pie en mi pueblo, Swan— dijo la morena, aunque le dio el teléfono.

—¿Puedes dejar de llamarme Swan? Por favor— pidió Emma y se preparó para escuchar a la otra Regina.

—¿Qué hiciste?— le dijo exactamente en el mismo tono acusador.

—Yo no hice nada.

Emma rodó los ojos mientras captaba la sonrisa de suficiencia que portaba Regina y le sacó la lengua. Se arrepintió instantáneamente cuando vio su expresión perpleja, había olvidado que no era la misma Regina.

—Regina, tienes una doble, ¿puedes ayudarme o no?

En pocos segundos, Regina apareció a su lado y Emma se sobresaltó, llevándose una mano al pecho ante el susto.

—Santo Dios...

—No seas tan dramática, Emma— Roni rodó los ojos. —Es más, deberías haberte acostumbrado para ahora.

—Vaya... Esto es...— Regina buscó las palabras correctas para expresarse—, no lo más extraño que me ha pasado.

No solamente acababa de escucharse a sí misma hablar, sino que había visto a una imitación suya vestida como Emma Swan. Sin embargo, podía sentir un humor bizarro viniendo de la situación. Pero las demás no lo sabían, ya que sus ojos estaban desorbitados, intercambiando la mirada entre Emma y su doble.

—Tranquila, tranquila. Todo estará bien— dijo su otro yo en una voz relajante.

—Hay dos de nosotras.

La morena soltó una pequeña risa y asintió con la cabeza. Había una calidez en su sonrisa, en sus expresiones, que Regina no se acostumbraba a ver en sí misma.

—Si vienes con nosotras, podremos explicar qué está pasando, ¿sí? Quizás tomar un café.

—¿O algo más fuerte?— sugirió Regina entre su pánico.

—Sidra será, entonces— concluyó ella. —Ven. Estoy segura que tienes muchas preguntas.

—¿En serio? Yo no habría estado segura si estoy a punto de quemar medio bosque gracias a mi demente magia.

—0—

Tan pronto como sintió aquella sacudida, Neal corrió hasta adentro de la tienda de su padre, de dónde provenía, agradeciendo haber estado pasando por la zona. Se encontró con su padre de pie en medio del camino, con una expresión perdida y abriendo y cerrando la boca de tanto en tanto. Una sensación extraña llenaba la atmósfera.

—¿Papá? ¿Qué pasó?

Eso pareció despertar a Gold de su ensimismamiento. Pero antes de que Neal pudiera interrogarlo sobre el temblor, su padre lo miró con tanta emoción que su voz se perdió en su garganta.

—Bae— dijo él, olvidando de llamarlo por su actual nombre. —¿Vas a casarte?

—¿Cómo lo...?

Neal se sintió entrar en pánico. Su padre se enteró antes de que pudiera decirle.

—Felicidades, hijo— dijo Gold, acercándolo a un abrazo.

Él se tensó, pero de todos modos agradeció el gesto. Todo estaba bien, nadie estaba en peligro, su padre no tenía problemas. Neal exhaló.

—Pero esto no es lo más importante ahora— agregó su padre.

—¿Qué?— dijo frunciendo el ceño.

—Tu hermana— replicó Gold y Neal sintió su sangre fría contra sus sienes. —Ella acaba de caerse en un portal, a algún otro universo.

—¿Qué hiciste?— siseó la acusación.

—¡Yo no hice nada! Nunca le haría nada. Su magia estaba inestable y logró una ruptura entre universos. Estaba por ir a buscarla cuando llegaste.

—¿Puedes seguirla?

—Sí. Viajar entre universos tampoco es muy complejo con la magia adecuada. Sólo voy a necesitar un poco de mi sangre...— buscó una aguja y se pinchó el dedo. —Esto bastará.

—¡Espera!— lo detuvo Neal. —Voy a llamar a Emma. Tengo que avisarle.

—Oh, de acuerdo.

Neal sacó su celular y marcó el número de su prometida. Explicó rápidamente la situación, esperando poder irse lo antes posible cuando Emma dijo:

—Ok, voy contigo.

—¿Qué? No. No puedes con tu... situación.

—Por supuesto que puedo, y lo haré.

En menos de tres segundos, una nube blanca apareció en la tienda, mostrando a Emma, quién cargaba una sonrisa fanfarrona.

—¿Vamos?

—Esta es una mala idea— musitó Neal.

Gold los observó con atención antes de mover la mano y abrir un portal. Dejó caer una gota en él y así los guiaría directamente hasta Regina. Tomando un respiro, se agarró de la mano de Neal, y él a la de Emma, y saltaron juntos.

—0—

La taza de café calentaba sus manos mientras inspeccionó el atuendo del payaso que tenía por doble. Jeans ajustados, tank top, chaqueta de mezclilla y estampados de leopardo. Ningún tipo de joyería la adornaba, además de esa solitaria cadera con un dije de la letra R en su cuello, y, por vista, Regina podía notar que era de algo tan simple como acero quirúrgico.

Desviando su mirada a Emma, la alcaldesa notó por primera vez la blusa floreada hasta el cuello, la cola de caballo baja y el rostro privado de maquillaje. Le causó una mueca. Regina se atrevería a decir que Emma le había robado la ropa a su madre de no ser porque Snow tenía mucho más estilo que...eso.

—¿Qué diablos les pasó a ustedes dos?— se le escapó la pregunta a Regina antes de poder detenerse.

—¿Perdón?— dijo Emma.

—¿Eso es todo lo que te quedó de lo que acabo de explicar?— siguió su doble.

—Estoy en un universo paralelo, sí. Ustedes son otras versiones de la gente de mi universo. ¡Vaya cosa!— remarcó Regina sarcásticamente y luego se vio afectada. —Dios, parece que intercambiaron sus respuestas. Tú— se señaló a sí misma—, luces como Emma. Y Emma...— se detuvo haciendo un gesto con la mano—, ni siquiera sé qué es lo que mis ojos tienen la desgracia de presenciar.

—¡Hey!

Emma se quejó mientras la doble rodó los ojos. Regina siguió adelante como si no hubiera dicho nada.

—De cualquier modo, ¿cómo hago para regresar?

—¿Qué está mal con esto?— preguntó Emma con un puchero.

Regina abrió la boca para responder con toda la mordacidad posible, cuando su doble se le adelantó.

—Te ves como tú, pero hetero— dijo la monigote, causando que Regina retenga una risa.

Esa había sido, de hecho, una de las definiciones más precisas del estilo de la mujer, aunque nunca se le hubiera ocurrido. La rubia miraba a su amiga sinceramente ofendida y la otra Regina le lanzó una mirada culposa.

—¿Qué se supone que quiere decir eso?

—Dios, no puedo esperar para decirle esto a Emma— la refinada mujer dijo, ya entretenida con la expresión horrorizada de Emma en su cabeza.

—Yo soy Emma.

—La otra Emma. La de mi...universo— aclaró y sacudió la cabeza. —Necesito que me regresen a casa. Fue culpa de ustedes que esté aquí en primer lugar.

—¡Claro que no!— Emma exclamó escandalizada, poniéndose de pie. —No tenemos nada que ver con los problemas mágicos de tu mundo.

—¿Perdón?

La morena se puso a su nivel, con una mirada furiosa directa a los ojos verdes.

—Mi mundo no tiene problemas mágicos, qué te quede claro. Es más, es aquí donde siento una extraña variación en la magia.

—¡Ya es suficiente!— intervino su doble y ambas volvieron a sus asientos. —Es posible que la carga mágica sea diferente en este universo. Pero esta vez yo no abrí ningún portal que pudiera causar tu traslado de tu universo al nuestro.

—¿"Esta vez"?— dijo Regina levantando una ceja.

En ese instante, el suelo empezó a temblar. Ambas alcaldesas abrieron los ojos en pánico, sabiendo que ese era otro portal siendo abierto a ese universo. Frente a las tres, en forma de un rayo violeta claro, aparecieron otras tres formas, las cuales Regina reconoció con alivio como su padre biológico, su hermano y su futura cuñada.

—¡Neal, gracias a Dios!— suspiró ella corriendo a abrazarlo.

—¡Guau!— la rubia exclamó al posar la mirada en su ahora pálida doble y luego rió. —Dios, Regina, nunca te voy a dejar en paz por esto.

—Cállate, Swan— dijo Regina, separándose de su hermano y dando a Gold una mirada de agradecimiento. —¿Cómo llegaron aquí?

—Papá nos trajo.

Regina frunció el ceño, mirando entre Neal y Gold extrañada.

—¿"Papá"? Todo está bien, ¿entonces?

—Algo así... ¿Qué pasa con ellas...? ¡Ja! ¿Se supone que esa eres tú?

La morena la fulminó con la mirada, dirigiéndose a las personas de aquel universo solo para encontrarlas pálidas y con los ojos perdidos en Neal. Claro que ella no sabía que, allí, Neal había muerto hacía años.

—Neal— la otra rubia susurró.

—Él... ¿Él está vivo?— agregó la segunda Regina en asombro y una especie de terror.

—¿Acaso no lo está?— dijo Regina, confundida.

La única respuesta que obtuvo fue una sacudida de cabezas. Las visitas se miraron entre ellos, sin saber cómo responder. Emma frunció el ceño en disgusto a la rubia.

—¿Por qué ella está usando eso?

—El karma es una perra— murmuró Regina, causando que la Salvadora ruede los ojos.

—0—

—Entonces... En su universo— Emma empezó con voz temblorosa. —Estás vivo.

Neal se mantuvo quieto y en silencio, algo confuso con qué se suponía que debía hacer. ¿Asentir? ¿Consolarla? No, de eso último la otra Reina se estaba encargando bastante bien. Era extraño, ver a su hermana (aunque no su hermana), quién era "civil" con su prometida, acariciar su espalda y ojearla con aquellos ojos llenos de simpatía e impotencia.

—Y, ustedes dos— agregó ella, señalando a su otra yo y su ex novio—, van a casarse. ¿Y de alguna forma Gold, de todas las personas, es el padre de Regina?

—Biológico— corrigió al instante la morena.

Roni hizo una mueca, reprimiendo un escalofrío, sin demasiado éxito.

—¿Qué?— preguntó Regina.

Emma le echó una mirada a su amiga con un esnife. Cuando cayó en la compresión, la rubia torció el gesto de igual manera y negó con la cabeza a los demás.

—Créanme, no quieren saber.

—Tengo una pregunta— dijo Gold. —¿Dónde está...yo?

—Trabajando. Eso, o tratando de matar a Facilier, estoy segura— comentó Roni frunciendo el ceño. —Posesivo, celoso, hombre blanco— agregó para sí en un siseo.

Ese comentario le obtuvo un codazo en las costillas por parte de Emma. La morena se acarició la zona del golpe con una queja a la mujer, quien respondió instantáneamente con una mirada acentuada que le causó poner los ojos en blanco. Gold frunció el ceño: él solo quería saber si seguía vivo o si vivía felizmente con Belle, no donde estaba en ese momento literalmente.

—¿Facilier?— preguntó Neal dándole una mirada a su padre y Regina.

Regina desorbitó los ojos y deseó ser evadida en aquella conversación, o que la conversación en sí desaparezca. Un deseo que se cumplió al instante.

—¿Puedes relajarte, Emma?— se quejó Roni—. Por favor, antes de que seas peligrosa para mi salud.

—¡Ja! Como si no terminarías conmigo antes de que eso pasara.

Roni le echó un vistazo vago, rodando los ojos, y luego fijó la vista en ella.

—No estás hablando en serio, ¿verdad?

—Por supuesto que no. Pero, el punto es— empezó con una mirada acentuada—, no necesitamos traumatizar a nadie.

—Cierto, no lo necesitamos...

—Ni lo pienses.

Las otras versiones de ellas observaron la discusión perplejas, intentando procesar la información correctamente.

—¿Por qué siento que ella es tú— dijo Emma señalando a la rubia. Y luego siguió con la morena:— y ella es yo?

—Aquí somos mejores amigas. Puedes apreciar el nivel de locura que posee este mundo, futura cuñada. Mientras más lo ignoras, más fácil es.

—Normalmente es al revés— comentó la otra Emma. —Solo que nos atraparon en una situación...

—...particular— completó Roni.

—Sí, eso.

—Emma es una dominada — dijo una quinta voz con una risa.

—¡Henry!— exclamaron las dos mujeres.

—¿Henry?— dijeron los visitantes.

Se giraron para ver a un joven adulto, que necesitaba afeitarse urgentemente, apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa pícara. Regina se tomó su tiempo para inspeccionar cada detalle de su hijo en aquel universo. Henry parecía mucho mayor aquí.

—¿Qué haces aquí?— preguntó Roni.

—Vine a visitar a mi mamá después de dejar a Luce en el colegio, ¿cómo está el abuelo?

—Bien, bien— respondió Roni, constantemente ojeando a su doble y a Gold.

—¿Qué hacen ellos aquí? ¡Uh! Son de uno de tus viajes.

—Algo así. Llegaron por accidente, todavía no sabemos por qué.

—En realidad...— intervino Gold.

Henry frunció el ceño al percatarse que su abuelo efectivamente estaba allí, aunque vestía un traje como cuando solía trabajar en la tienda. Había un hombre que Henry no podía reconocer muy bien, pero la sensación de que lo conocía de algún lado no se movía de su pecho. Sacudió la cabeza, enfocándose en sus madres.

—Mamá, él está aquí.

—Del otro universo, cariño. Él no está...

—¡Oh!— Henry puso los ojos como platos y tragó saliva. —Ok, entiendo. Prosigue.

—Como decía, el portal se abrió debido a un gran desnivel en la magia de Regina, causada por lo que supongo fue estrés.

—¡Entonces yo tenía razón!— saltó Emma.

Regina le envió una mirada helada que la dejó tragando en seco.

—Les dije, dominada— rió Henry. —Aunque desde que mamá es Roni ya no tanto.

—¿Roni?

—Mi nombre. Hubo otra maldición. Es complicado.

—Bueno, eso hace las cosas más fácil— dijo Emma. —Puedo llamarte Roni. Además, pareces mucho más agradable que esta Regina.

Roni rió hasta que se oyó un pisotón y Emma estaba aullando de dolor.

—¿Era necesario, mujer? ¡Estás usando tacones!— se quejó la rubia a la alcaldesa, quién no hizo más que ignorarla, alzando el mentón.

—Si puedes continuar, Gold— dijo Regina con una sonrisa de suficiencia.

—Afortunamente para ella, la magia entre universos no es tan complicada y pudimos llegar aquí— siguió Gold.

—Pues, en tu mundo— resopló Roni. —No sabes lo complicado que es aquí.

—Nos diste un gran susto, hermanita— dijo Neal, apoyando una mano en el hombro de Regina.

—Esperen...—Henry entrecerró los ojos cuando todo finalmente cobró sentido. —¿Papá?

Los cuatro visitantes suspiraron colectivamente ante la simple idea de tener que explicar todo de nuevo.

—0—

—¡Cariño, llegué!— anunció Weaver.

Cerrando la puerta de una patada, el detective se permitió relajar sus hombros y sacarse sus zapatos de una patada después de ese largo día de trabajo. Amaba que la magia le permitiera ir y venir de Hyperion Heights con facilidad, pero a veces era agotador. No anhelaba nada más que relajarse en el sofá, con su esposa acurrucada a él mientras miraban alguna película mala de la que ella haría comentarios cada cinco minutos y Weaver se limitaría a disfrutar el momento comiendo palomitas de un tazón.

Sí, esa imagen era perfecta. No quería gastar más tiempo sin hacerla realidad. Weaver se fijó en el pasillo oscuro, preguntándose si su esposa estaría en su cuarto, arriba, cuando se percató de una pequeña luz escapando de una esquina, desde la cocina.

Colgando su chaqueta en la entrada, Weaver siguió a la luz.

—¿Cariño?— dijo otra vez.

Cuando se asomó a la cocina, se encontró con su reflejo en un traje, y a dos Reginas y dos Emmas, sentadas frente a frente. Suspiró, llevando las manos a la nuca.

—Me tienen que estar cargando.

—Hola, Rumple— dijo Roni con una sonrisa, más similar a una mueca.

—¡Una semana! ¡Solo quiero una semana sin algún disparate!

—Lo sé, lo sé— asintió la morena mordiendo su labio y acercándose al hombre. —Pero lo juro, esta vez no fue mi culpa.

Weaver le dirigió una mirada que sugería que no le creía ni una palabra.

—¡Hablo en serio! Es todo culpa de la otra Regina— dijo haciendo un gesto hacia la elegante mujer.

—Echándole la culpa a tu otra yo, ¡qué madura!— replicó Weaver, pero las comisuras de su boca se estaban levantando.

Se acercó un paso más a su esposa pero ella la detuvo poniendo una mano en su pecho. Cuando él la miró desconcertado, Roni hizo un gesto con su cabeza a Regina otra vez.

—¿Sabías que en otro universo somos padre e hija?

El rostro de Weaver se mantuvo inmutable.

—Pues, qué curiosidad— comentó un tiempo después, viendo la expresión ligeramente traviesa de Roni.

—¿Qué está pasando?— cuestionó Emma.

—No es nada, querida— dijo Roni. —Solo hacía conversación.

—Tu mano sigue en su pecho— notó Emma, arrugando la nariz.

Roni la ignoró y caminó hasta la nevera. La Emma de su universo observaba la escena con atención, como esperando a que la bomba explote.

—¿Agua o soda?

—Whiskey— respondió Weaver.

—Oh, es uno de esos días... No te preocupes, una vez que regrese Henry con Neal se podrán ir— dijo mientras buscaba la botella.

—¿Henry con Neal? ¿Están aquí también?

—No, Henry no está aquí. ¿A qué te refieres con Neal? Pensé que no estaba en este universo— preguntó Emma.

—Querida... ¿A qué Neal se refieren?

Roni se dio la vuelta y se inclinó sobre la mesa para dejar el vaso delante de él a la vez que enseñaba un poco de escote.

—Tu hijo.

—Bae— susurró Weaver. —¿Está aquí? ¿Vivo?

Regina y Emma observaban desde sus asientos la dinámica de Weaver y Roni mientras conversaban, bastante desconcertadas.

—Siento que nos estamos perdiendo de algo— Emma murmuró a Regina.

—¿Eso crees? Si no lo supiera, diría que son pareja.

Gold casi se ahogó en aire al haber escuchado esa conversación. ¡Ahí estaba! Eso era lo que le parecía tan raro.

—Ay, Dios... Necesito... Necesito sentarme.

Antes de que se desvanezca, una silla apareció abajo de él mágicamente gracias a Roni, que lo miraba con preocupación.

—No necesitas ocuparte de él— se quejó Weaver.

—Cállate, Weaver— Roni lo fulminó con la mirada. —Creo que unió los cabos sueltos y ya sabes...

—¿Qué. Está. Pasando?— demandó Regina.

—Confía en mí cuando digo que no quieres saber— replicó Roni, haciendo a la morena bramar en frustración. La bruja regresó a su esposo. —Más vale que Neal vuelva pronto así pueden irse de aquí.

Weaver no le dirigió la mirada, tomando de su vaso en silencio y profundamente en sus pensamientos.

—A menos que quieras hablar con él primero— dijo Roni, atrayendo su atención. Weaver asintió tembloroso. —Relájate, estarás bien, ¿sí?

El detective lo dudaba, pero no estaba en estado para discutir con su esposa mucho menos llevarle la contraria. Tomó un respiro profundo, esperando con ansias y pavor el momento en el que ponga los ojos en Baelfire otra vez.