Capítulo muuuuy largo, al menos para los que suelo escribir, espero no se aburran leyendo o se queden dormidos después del primer día, los cuales acorté mucho la verdad, aquí se aclaran algunas cosas, muchas gracias por darse el tiempo de leerme, cada palabra suya me anima, es en serio. Además, este fic lo escribí con muchos sentimientos, sentimientos que ahora duelen un poco, en fin…

Puffy: Algo así pasará, algo así. Espero te guste el capítulo.
Shacketita: Awww, los omnívoros son geniales. Aquí por fin actualicé, la verdad no me tardé tanto como lo esperaba, y sí, se alargó, es más, este capítulo es horripilantemente largo, espero que no te moleste, gracias por comentarme ;D
Pastel: Otro omnívoro por aquí, creo que no sería la única en la raza, en cuanto a porque Alfred se muerde el dedo y que parezca L… sí, me dio un pequeño ataque de risa al imaginármelo encorvado en una silla, en fin, espero disfrutes este capítulo y no te aburras, está largo.
Flucta: ¿Eres la Cami? Ella me alega siempre que no la recuerdo, sino, muy bienvenida seas, gracias por comentar.
UsUkLover3: Ahora puse el capítulo tres, no tendrás que revisar más, muchas gracias por leer mis fic… y entiendo que no puedas dejar siempre comentarios por estar en el celular, cuando puedas hazlo, por ejemplo ahora me has hecho muy feliz, gracias por leer.
Karla: A ti ya te respondí lo grandiosa que eres en cada una de mis conversaciones, en serio, no sabes cuanto te valoro y espero no ser la responsable de una mala nota en matemáticas, gracias por corregirme esto, te quiero. Este comentario es tan viejo, no puedo creer que estemos pasando por esto, en fin, aún te quiero mucho.


Era la peor noche de mi vida, la peor. Incluso peor que la primera despedida de soltero de uno de mis hermanos, yeah, la primera, porque sí, ha tenido cientos, miles de despedida de soltero el muy prostituto, ese Bryan, uno de los gemelos, en fin, ese fatídico día también fue cuando casi quemaron la casa y el pueblo entero a base de colonia, condones fosforescentes, ron y Scott enfadado, ese pelirrojo incendia todo lo que toca cuando se enfada, ese día el primogénito de los Kirkland estaba hecho un volcán, un verdadero carnívoro en abstinencia, un par de invitados habían roto por accidente a Scotty Love Jr, si no se entiende, ese era el nombre que yo le había puesto a su estúpida gaita que parecía querer más que a todos nosotros, el día siguiente fue macabro para los desgraciados que sufrieran la NO-suerte de que vivieran con él, sus pobres hermanos, pero esto era mucho peor.

Yo mismo me estaba desnudando, sacándome la camisa y los pantalones, primero la prenda superior, la deslizaba de manera precavida por mis brazos, tonificados y sin broncear, todo estaría bien, si Jones no estuviera allí todo lo estaría, lo odiaba, le miré con las cejas fruncidas, estaba detrás de mí. Fue una pésima idea voltearme. Pude verlo con el torso sensualmente descubierto apoyado en el marco de la puerta, cruzado de brazos, su sofocante mirada me entumía y me daban escalofríos, me mordí los labios, él me sonrió como un rufián, un mafioso, me dejé estremecer nuevamente por su mirada, como levantaba sus cejas y la suave risa que daba al darse cuenta de mis torpes acciones al sentirme presa de esa cautivante mirada azulada.

Cuando me dirigí a mis pantalones lo oí suspirar con fascinación, mis mejillas se prendieron, el muy cabrón no debería estar allí devorándome con la mirada, pero sería más evidente de mi parte que me molestara este hecho, después de todo somos hombres, no nos podíamos gustar, volteé un poco para ir a coger las prendas sobre la silla de la habitación.

Choqué nuevamente mi mirada contra ese carnívoro, era electrizante y explosivo, era droga pura y sin químicos extras, la forma en que me miraba, con un gusto malicioso y mezquino, fundido en inocencia, gracia e infantilidad, pero era su sonrisa, sus ojos y su expresión lo que me hacían sentir confuso, me desmoronaba como una torre hecha de cartas. Se llevó nuevamente un pulgar a su boca, lo deslizó por sus labios, me quedé como un idiota observando yo también como consumaba ese gesto, labios suaves y masculinos, me quise morder los míos antes de suspirar, él cedió antes, se los mordió, me miraba fijamente, la mirada entre la poca luz que daba la pequeña lámpara de color café me permitió ver un brillo animal en su mirada, acechar, estaba acechando a su presa, a mí... ¿En realidad iba a dormir con esa cosa? Es como un conejo dormitando en la madriguera del lobo.

—Deberías apresurarte... —susurra impaciente y algo altanero, frotándose el brazo derecho, me hace bajar la vista.

— ¿Para qué mierda quieres que lo haga? Mañana estás libre según tú...—aprieto las manos con nerviosismo que trato de mantener a raya, debo mostrar convicción.

— ¿Libre para ti, quizás una cita? Eso siempre, Arthur, pero para los demás tengo un par de planes.

— ¿No te pondrás algo para dormir?—le cambio el tema con lo primero que navega mi mente para que no me continuara coqueteando, aunque mi pensamiento es contradictorio a lo que deseo.

Ojalá no formule un contraataque.

—Soy de sangre caliente, además, me ha llegado un incentivo... —"Shit". Sólo "shit" damas y caballeros.

—Eres un imbécil...—de cierta manera sabía que era muy bueno e ingenuo de mi parte creer que no entendería mi comentario.

Mi cuerpo trataba de apartar esos ojos de mí, me agotaban, parecían fragmentar mis pensamientos, apreté los puños al bajar por su torso, mirarlo allí era incluso más extraño, abrí un poco los ojos y levanté mi gruesa ceja izquierda, me moví sólo un poco para no demostrar curiosidad, el brazo izquierdo de Jones era extraño, traía una marca color azabache cercana a la muñeca, veía marcas de uñas allí, de mordeduras. Di un jadeo intranquilo al notar como sí tenía una imperfección. Alfred advirtió enseguida mis ojos sobre aquella marca mientras yo me ponía rápidamente el buzo ancho que usaría para dormir. Me miró con horror, sus cejas elevadas de manera galante se fruncieron, las manos se apretaron en sus torneados brazos, su boca se abría dejando un aliento pesado en el aire, uno que me inspiraba miedo, terror, definitivamente tengo que escapar de él. Se aprieta más las uñas cortas en sus brazos, no puedo creerlo... ¿Qué demonios le pasa? Empieza a respirar caóticamente, se está desgarrando, veo como sus dedos empiezan a penetrar su carne, me desespero... ¿Qué demonios es Alfred? ¿Realmente los carnívoros son sólo animales?

Me acerqué a él en un acto suicida, se veía que estaba disgustado, sufriendo dolorosamente contra sí mismo, quería morir, quizás sabía que una semana sobre esas paredes cubiertas en fotografías era un sueño demasiado irreal, sabía que su mirada picara era un engaño, no quería sentirme estúpido y a la vez quería ayudarlo, soy ingenuo, tonto, voy a él, me acerco, me gruñe sutilmente, da un paso hacia atrás de la puerta, se tambalea y suelta un sonido gutural lleno de deseos profanos, sangrientos, dolorosos.

—Lo está-estás mirando Arthur…—gruñó con rabia, impotencia, alejándose más. —Mi marca, la estás mirando, también me odias… también crees que te mataré…

—Y-Yo…—no podía ser cínico, era evidente que eso pensaba, pero... aún así. —Si no quieres que te vea así...—tartamudeé un poco acariciando su rostro, tembló en una ansiedad palpable, su autocontrol declinaba impaciente por mi osadía y aún así me fascinaba, sus ojos brillaban y me erizaban con premura.

Era tan prohibido tocarlo, se sentía como si estuviera lleno de vida y a la vez completamente vacío. Sentí como sus brazos resbalaban con rudeza por mi mano, como su antebrazo se colaba detrás de mi espalda, como su mano izquierda caía en mi nuca atrayéndome a su cuello, dejé escapar un estremecimiento incontrolable al sentir como me comprimía más en él en un abrazo profundo, forzado, peligroso, sentía el olor de Alfred, sentía a Alfred. Lo que me ocasionó sólo con conocerlo aquel día, aquella noche. Miedo, duda, curiosidad, fascinación, exaltación. Fue un abrazo profundo y prolongado, el aliento chocaba contra mi cuello.

Sentía que me desgarraría la cabeza si le diera una oportunidad, pero Jones sólo se quedó allí entendiendo mi mensaje, uno que quizás no salía de mi alma pero para él era más que suficiente. Yo no confiaba en él, yo no amaba a ese carnívoro, nada, si desapareciera en ese mismo instante hasta me arrancaría una sonrisa, pero mis gestos le daban un chance, una oportunidad, se lo dije: "Quizás si me demuestras lo contrario, yo podría no temerte, yo podría valorarte, yo podría recordarte", me presionó con más fuerza contra la cama, después de ese abrazo no me tocó en toda la noche, durmiendo casi a la orilla del lado derecho del holgado colchón, sin moverse, como si estuviera muerto. Y yo... yo me sentía más estúpido, tonto y al mismo tiempo... más vivo que nunca antes en mi vida.

La noche no fue increíble, el pecho me latía sin control, a veces dormitaba un poco y me despertaba por pesadillas horrendas en donde el americano que dormía junto a mí era un monstruo de ojos escarlata, furioso y bestial… me desgarraba, sentía la sangre desparramarse en mi cuerpo putrefacto mientras me arrancaba la cabeza y los huesos que unían mi cabeza a mi cuello, a mi columna, todo se destrozaba, me desperté desesperado, apretaba las sábanas con incertidumbre. El americano parecía un robot, ni respiraba, pude dormir un poco pero a cada tanto el desenlace se hacía más aterrador en mis ensoñaciones. Me desperté temblando con el sol suave y cálido entrar por el gran ventanal que tenía esa pieza de fotografías, suspiré extrañado al ver que a mi lado no había nadie, cerré pesadamente los ojos, luego los abrí, y allí al mirar hacia adelante…

Grite, puteé, de todo.

—¡Oh joder puto desgraciado! ¡Qué! ¿Qué mi-mierda haces? ¡Estás ta-tan cerca con esa co-cosa! ¡Y y-yo acabo de levan-tarme! Y… tú ya sa-sabes…—bien, definitivamente eso no había sido responder con calma y acorde a la situación por mi parte.

—Cámara Arthur, se llama cámara. Si quieres luego los presento.

—¡No, no es eso imbécil, qué haces encima mío!

—Nada, me gusta estar arriba tuyo ¿No quieres que esté abajo, no? —su sonrisa picara acercándose a mi rostro, su desgraciado doble sentido y su cuerpo pesado sobre el mío me hicieron sonrojar, era un imbécil, lo era. Punto final de toda esta mierda.

¿Fascinante él? ¡Fascinante una abuela, un poroto! ¡De ahora en adelante me dedicaría a observar caracoles! ¡Eso era más interesante que ese engreído! Me tragué mis palabras, pero seguía allí con su cámara, me pregunté que horripilante imagen digna para un cuadro de la mansión de un vampiro con complejo de rana había sacado, de seguro me veía estúpido, tonto, sumamente… vulnerable, como él suelo decir, odio esa palabras y odio ser considerado así, pero cuando él lo dice… no, cuando él dice cualquier cosa yo me estremezco, siendo él, siendo Alfred, él me hace estremecer en sensaciones únicas, adrenalina, miedo, terror y excitación, todo, él me hace sentir de todo.

Traté patéticamente de quitarle las fotos todo el día, él me encaraba, me deslizaba el aparato de metal-plástico del mal por las manos con una sonrisa ladeada, sí, de esas que comenzaba a odiar, se acercaba a mi oído y me suspiraba diciéndome: "Vamos, un sólo beso y es tuyo, quiero que me toques mi deliciosa presa, trata de dominarme un ínfimo momento", yo le levantaba la mirada como podía, trataba de todo para verme serio, fruncir el ceño y morderme los labios, apretar lo puños, tratar de escapar, cualquier cosa, pero no doblegarme a… ¿Qué será lo que él tiene? ¿Encantos? ¡No maldita sea, no era eso!

—Ha sido un lindo día Arthur, quizás hoy… no sé, podríamos dormir ¿Abrazados? —no podía decir eso, no podía.

—Las jodidas fotos Jones. —repuse serio o al menos lo intenté, mi tono de voz sería incluso más desafiante, pero allí, encerrado en una casa donde salías y parecías el pastel más riquísimo del mundo algo tan osado sería digno de un suicida, como el que intenté ser ayer, mis hombros se agacharon cuando recordé su abrazo, cálido y posesivo.

—¿Qué fotos?

—Las mías, estúpido.

—Oh, esas…—arrastró las palabras con gracia y sensualidad como también sus brazos hacia mí, estábamos viendo algo de televisión en el living. —Tendría que darte… no sé… ¿Unas mil y algo?

—¿M-e sacaste mil y algo fotos en la mañana? ¿No tienes nada mejor que hacer que parecer un psicópata acosador todo el tiempo?

—Oye…—infló un poco sus mejillas tomándome suavemente la mano, la quitaría si en su agarre no hubiera entrelazado sus dedos tibios con los míos, respingué un poco ante el sutil acto de deslizar su pulgar por el dorso de mi mano, acariciando. —He planeado toda mi vida ser tu pareja, el título de "Psicópata acosador" me quita puntos de playboy ¿No crees? —me sonrió sutilmente, oh sí, él era el mejor comediante del mundo.

Yo erguí la boca, el chiste no era gracioso.

—No, es en serio Arthur. Siempre lo he soñado…—me miró intensamente, dando una respiración sofocante sobre mí. —Espera aquí, tengo algo que mostrarte.

Y lo hice, espere por mucho tiempo, miraba de vez en cuando la puerta, los utensilios, un arma para defenderme, sí, lo mataría a cucharazos o con el poderoso cuchillo de platico mantequillero, corran, corran de mí, pensé en eso un poco más, soy rápido, quizás lo supere en velocidad si es que lo intento… la casa de Alfred no quedaba tan lejana de la línea divisora, si sólo lograba acercarme allí yo… podría dejar este lugar para siempre, cerré los ojos pensando en mi habitación, luego, la cara de un demonio pelirrojo apareció en mi cabeza, casi me aterró más que mis pesadillas con ese carnívoro. Me había olvidado de Scott, él tenía que cuidarme, ahora que me perdí aquí… debe estar degollando a todo el pueblo herbívoro para encontrar rastro de mí, luego, entraría en colapso mental y produciría una guerra y conociéndolo, de seguro la gana. Respiré, en serio estaba preocupado, quizás cuando volviera a mi hogar todo el mundo estaría muerto por la culpa de ese hermano mayor nada calmado que tengo. Todos los fantasmas me vendrían a tirar de los pies culpándome de sus muertes.

Mis pensamientos más estúpidos que productivos la verdad, se vieron interrumpidos por el crujir de la pequeña mesita en la que Jones ponía una caja, la miré con cierta duda, me volvió a sonreír con una vivaz complicidad. Me las mostró todas, di un suspiro largo seguido de un jadeo, mis manos temblaron un poco, estaba apunto de gritar, me sacudí un poco, un escalofrío me entumió... miles de fotos mías de hace más de tres años, cuando tenía quince años.

—Est-esto es...—no encuentro las palabras, no quiero mirarlo, notará mi miedo, lo alentará a comerme.

—Te conocí así Arthur. Me compraron una cámara, era de esos tantos días en los que me dejaban solo en casa... ¿Sabes? ¡Amo la fotografía! Era lo único que me distraía, tú... tú Arthur eras lo único que me distraía...

—¿Yo?—mi voz sonó vacilante, aterrada, sus ojos profundos se clavaron en mí, me sentía frágil, de chocolate, me derretía lentamente por cada palabra que él me dedicara. Mi estúpido corazón volvió a latir por su confesión.

—Desde que tengo catorce años que te he estado observando desde lejos, en un principio sólo fue una fascinación por tu mundo, sacaba fotos casi rozando la línea... cuando te vi a ti, diferente a cualquier otro ser que haya fotografiado jamás, porque ninguna foto, ninguna, aunque gaste toda mi vida en ello, ninguna fotografía capturaba ni capturará tu belleza Arthur, porque...cuando tú mirabas nuestro mundo... yo quizás... creía que tenías interés por mí, que me estabas mirando a mí y no a todo el resto. —Jones se acercó posesivo tomando asiento con brusquedad, dejando reposar su cabeza en mi cuello, sentí los músculos de su espalda tensarse.

Le gustaba mi olor, quería morder y destrozar, pero él se limitaba a ser irresistiblemente dulce, sensual y fascinante de una forma devastadora.

—Porque ahora, cuando tú me miras, cuando ya me has dejado probarte, sentir tu piel en la yema de mis dedos, olfatear tu cautivante aroma...siento que ya no puedo controlarme, te quiero mío y quiero que pienses que me perteneces, quiero enamorarte y apresarte por siempre, quiero hacer un retrato Arthur... en que tú y yo seamos felices algún día de estos ¿Qué te parece, Kirkland? ¿Algún día tendré esa foto?

Mis pupilas se abrieron, me cautivó una vez más en un sentimiento algo precario, me mantuvo al borde del colapso tan impulsivo y extraño todo el restante día, cuando hablaba con alguien su agraciada expresión se destruía, se veía serio y apagado. No me dejaba escuchar, por su casa apenas pasaban personas. Otra vez fue el espectáculo de la vida ir a la cama. Me recitó Romeo y Julieta versión "cama, sexo y comida" no quiero decirla, me sonroja sólo el principio. Nos quedamos nuevamente dormidos, me abrazó sutilmente la cadera a pesar de mis quejas, fue tan empalagoso que me hizo acurrucarme en mí mismo con nerviosismo. El momento incomodo duró poco, nada, Alfred salió de la habitación varias veces, se quedaban viéndome, se mordía los labios, salía a la cocina, gruñía, me tapé con fuerza, apreté los ojos. Jones no aguantaría mucho, era irreal pensar que esto funcionaria... ¿De qué hablo? ¿Qué es esto? La verdad, quizás nada, pero... con ese pensamiento me siento extraño, mucho más que siempre, es triste, a pesar de que el tiempo con él me parece nulo, sólo de pensar en terminar esto... se siente nostálgico.

Ya era domingo al siguiente día, llegué aquí el viernes cuando el sol se ocultaba en las alargadas y empinadas montañas del oeste. Hoy me llevó sobre sus brazos y me ha obligado a usar ese desagradable líquido nuevamente, al menos tuvo la decencia de dejar que yo lo hiciera por cuenta propia, no sin antes usar un incentivo o un guiño a que no le molestaría para nada volver a intentarlo, insistí, gritando que no era necesario.

—¡Vamos, entra aquí!—su sonrisa parecía brillar más con los traviesos rayos que se colocan en la arboleda que rodeaba aquel hermoso lago.

Me quedé recostado en mis rodillas aventando piedras tratando de ignorarlo, era difícil, su rubio cabello goteando, las traviesas gotas de agua deslizándose por su cuello, por su espalda, por él. Mirar el paisaje, tan vivo y embriagante, el sonido de unos cuantos insectos, ese lugar era hermoso, de cierta manera comprendo porque eligió ese pasatiempo, fotografiar, tanto que ver. Me contó tanto, él quería recorrer todo el mundo, dijo que quería hacerlo conmigo, dijo tantas mentiras que me hicieron sonreír cuando estaba distraído.

—¡Oh, eres tan amargado! ¡Le tienes miedo al agua! ¿No sabes nadar? ¡Aún puedes intentar parecer un perrito!

—Por favor dios misericordioso, mátame.—alcancé a rogar mientras sacaba una carcajada agitada y el americano me salpicaba agua, le tiré su estúpida cámara en la cabeza.

Lo vi maniobrar desesperado como en una cinta antigua sin sonido para que su preciosa dama no se mojara, casi lo vi llorando de alegría al conservarla intacta. Me sonrió galante y travieso, enfocó su cámara y comenzó a fotografiarme, dato personal: no devolverle nunca más su puta cámara.

—¿Mañana entrarás a clases?

—Por el momento no, aunque siempre estaré feliz de alguna clase privada del profesor Kirkland.

—¿No te cansas de ser un idiota?

—Si ser un estúpido es vivir así contigo... forever and ever, bueno, seré el idiota que te hará suyo.

—¿Y tus padres?

—Oh, parece una entrevista Arthie, si quieres un autógrafo podría dártelo en los labios. Oh quizás sí quieres ser más osado esta vez podemos co...

Le gruñí. Él soltó una carcajada divertida y contagiosa. Me habló de su familia, nunca sonó triste. Nunca parecía estarlo, Alfred era sólo tres cosas, sensual, alegre y sumamente extraño. Me contó sin grandes detalles que sus familiares nunca estaban en casa, que quizás no quisieran estar con él. Jones me daba a entender que estaba completamente solo y no tenía a nadie sin decírmelo, pero él sonreía, me lo susurraba al oído con su deliciosa voz. Me ericé nuevamente cuando me abrazó en mi defensa de armadillo personal. Me elevó, me jaló al agua y me miró con anhelo, me hizo sentir más especial que nunca cuando me dijo aquellas palabras mojándome sin piedad y tratando de ahogarme en la laguna "Pero cuando tú llegaste a mi vida, a pesar de que sé que me temes y me odias, desde este momento, pase lo que pase, jamás me sentiré solo".

La mañana siguiente, lunes, Alfred tampoco despertó a mi lado, al contrario, el idiota cada día parecía querer sacarme la rabieta del día, se asimilaba a un niño, pero un niño que juega siempre con una espada y puede atravesarte sin que puedas predecirlo. Carecía de piedad cuando comía, creo que cuando llegaba el almuerzo era el peor momento del día, le gustaba la carne tres cuartos, cuando aún se derrama el jugo del líquido carmín al apretar la carne que antes fue un ser vivo. Cuando come, al menos en estas jornadas, mantiene algo de distancia, su mirada es cautelosa, lo siento olfatear mi aroma y como si quiera destrozar o penetrar lentamente mi piel muerde el lomo, me mira a mi cuando come, porque lo sé, le gustaría que fuera yo, que yo fuera la presa, pero se reprime, es sumamente masoquista.

Cuando se acerca la noche y jugamos con su extraña consola yo mismo saco un tema en particular, su gusto por morderse el pulgar. Uno curioso que también tiene Scott, me sonríe travieso, suspira las palabras, me muestra sus dientes en un ronco respirar, aprieta el joystick meditando las apalabras que tiene que decir, parase ser algo evidente, pero para mí es otra encrucijada cuya llave se perdió hace tiempo.

—Pues… Arthur, cuando estoy contigo me siento raro, enfermo, enojado, triste, sumamente excitado, cuando yo te miro me haces sentir atrozmente atraído, me destrozas con tu presencia, pero como debes saber, tu irresistible esencia alborota mi instinto, me pareces delicioso y sumamente sensual, cuando estás cerca de mí me haces sentir locamente hambriento, sé cuándo y cómo reaccionas, siento que tu corazón se agita, tensas los músculos… la adrenalina fluye por tu cuerpo, sabes que te digo la verdad, te asustas, te estremeces, no sabes cómo responder, me pareces cautivante, respiras suavemente, mantienes tu seriedad… te analizo todo el tiempo Kirkland…sé cuando te sonrojas, sé que desvías la mirada cuando te sientes acechado… realmente siento o quiero creer, bueno, que tú podrías amarme… quizás, en algún momento.

Me quedé pasmado ante su esporádica confesión, me abrumó cuando me miró, intenso, sin despegar los ojos, sentía que me quemaba, su tacto sobre mi mano comenzó a arder, quizás era mi estúpida presión sanguínea que me traicionaba e iba directamente a mis mejillas, Alfred desvió su mirada sigilosa de mí y apretó suavemente su pulgar contra la boca.

—Cuando hago o hacemos esto… es cuando tenemos hambre, presionamos nuestro dedo para estimular de manera suave la mandíbula, es un tranquilizante se podría decir, cada vez que lo hago estoy pensando en mi presa, estoy pensando en ti.

Abrí los ojos, temblé, el muchacho de ojos azules sintió gozo ante mi reacción, dejando de lado el mando acorralándome más al sillón, tanto que me pareció estimulante, cautivador, se acercó a mi rostro y frotó nuevamente su nariz contra la mía, rió nervioso y se apartó.

—Sólo yo te puedo mirar así… ¿Lo entiendes? Serás mi pareja, sólo mía. —allí estaba nuevamente, su gesto tosco, su mirada permisiva y molesta, porque él odiaba todo lo que osara mirarme, tocarme mucho menos, no podía controlarse.

Y de un momento a otro, me estoy volviendo igual de loco que él. Me vuelvo inestable y me derrumba con facilidad, empiezo a necesitarlo, no, no es eso, me niego a creerlo, es sólo interés y duda, la fascinación por este mundo me confunde, verlo a él tan cerca, poder tocarlo… también siempre ha sido mi sueño, uno meramente científico, esto no es gusto, no me siento cortejado, no me está gustando sentirme suyo, porque nunca lo fui ni lo seré. Sacudo la cabeza, esta es una tontería, se ciñó a mi cuerpo posesivamente nuevamente, como si me hubiera leído el pensamiento, rodé los ojos tratando de disimular lo obvio, un pensamiento fue lo único que me alejó de que todo mi existente mundo en esos momentos fuera un carnívoro… Scott… también hacía el mismo gesto ¿Acaso quería comerme?

Tiemblo, me levanto con rapidez, el americano bufa molesto. Yo sólo puedo pensar en que he vivido gran parte de mi vida con un pelirrojo que lo único en lo que piensa cuando me habla es en servirme como plato central. Estúpido y omnívoro escocés, siempre lo supe, la madera de esa bestia a la que llamaba hermano no era para la raza a la que pertenecía, era un carnívoro en su interior, uno muy agresivo, demasiado, aún rogaba a dios que no haya matado a ninguna persona en este tiempo. Sí, ya son tres días con él, mañana será martes.

Al día siguiente ya había tomado costumbre de lo que haría, Jones me despertaría con una sorpresa estúpida, flores o alguno que otro aperitivo que a él le dan arcadas pero a mí simplemente me maravillan, sonreiría, me acechará contra una pared, se resistirá lo más que puede y luego volverá a tocarme superficialmente, cada vez que roza sus brazos, o quizás sus labios contra mis mejillas, cuando siento un beso en la frente sorpresivo al dar un pequeño paseo y huelo la fragancia a la crema de afeitar fresca aún en su rostro, la colonia, las hebras moverse húmedas después de un baño, el sudor al correr, los ojos sobresaltando mi pecho, todo ya es costumbre, pero no puedo convivir con naturalidad con ella. Me ha dejado un momento, dice que estará devuelta en media hora, me he limitado a estar limpiando como un esclavo NO-sexual su mugrerío, me siento cansado a revisar las fotos que me ha obligado a tomarme con él, siento que él cambia para mí, pero a la vez que es él mismo y disimula muy bien, aún conserva su seriedad al hablar de alimentación o de razas, aún me trata con rudeza cuando no tolera sus instintos, aún me dice que me enamorará, aún no me besa. Tampoco es como si quisiera sus besos.

—Paquete para el señor Jones. —la voz retumbó en la puerta barnizada fuertemente.

Me estremecí en el sillón donde me dejé caer. ¿Qué mierda era eso? ¿Un carnívoro? ¿Y no estaba Alfred allí? Tragué con dificultad, seguía sintiendo la voz áspera y calmada detrás de la puerta, algo irritante por el tono de felicidad cínica y siniestra que pedía o exigía que abriera pronto, me mordí los labios, refregué las manos contra los costados laterales de mis piernas. Gruñí un poco, solté un suspiro de frustración al percibir que el sujeto seguía allí, tan feliz y radiante como siempre, sentí la manilla girar, Jones me había dejado encerrado, ese sujeto no entraría, para mi sorpresa, me equivoqué, entró.

Sonreía, su mirada era cínica y silbaba una melodía irreconocible, como la marcha de un grupo militar derrocado. Apenas podía mirarlo. Estaba muerto, realmente lo estaba.

—¿Y Jones? —sonrió con infantilidad, tomando asiento en frente mío, sentía el sudor frío recorrerme la piel, me entumí, como si sufriera de catalepsia, una muerte en vida, aunque no me quedaba mucho para llegar a la muerte y no despertar jamás.

El muchacho alto no se inmutó por mi insistencia en no hablar, elevó una ceja, me miró osado, le pareció interesante mi rebeldía, podía ver un uniforme extraño en él, era un militar, no un simple cartero a quien le mordía el culo el perro con rabia… ¿Qué tenía que ver él y Alfred?

—¿Eres su pareja, no? Si me acerco mucho impregnaré mi olor en ti, él lo podrá sentir, se enfadará tanto, retorcerá su gesto y se volverá más inhumano que nunca ¿Tú lo sabes verdad? ¡Querrá matarme, de seguro se arriesgará a hacerlo! ¡Alfred es tan divertido, da~!

No hice mueca alguna, ese ser me parecía repulsivo, ningún encanto, destilaba odio cada vez que susurraba cantante el nombre del americano, alzó la mano y un par de sujetos dejaron una gran caja a sus pies, venía sellada, olfateé un poco, olía a carne, esa caja estaba llena de carne fresca, la fragancia del aire se cristalizaba, estaba cubierta con algo de hielo para evitar su descomposición.

—En fin, eres un buen chico. Obediente, espero que dures un tiempo decente, mándale mis saludos cordiales a Alfred, no, no le digas así, dile "A45J", ama ese nombre. Me despido deliciosa criatura. Entrégale esto a tu pareja, no querrás comértelo tú, ya sabes, seguridad…todos somos uno con el estado, hay que ser obedientes ¡Muy obedientes!

Alfred entró suavemente media hora después de ese encuentro, sonriéndome alegre, su expresión se hizo agria cuando vio la caja, amarga, marcada en resentimiento, frunció el ceño y se acercó a mí, retrocedí, no pude evitarlo, me estampó contra la pared, me sujetó de las muñecas, tan fuerte que dolía, era insoportable, su mirada se hizo precaria, fría y distante, sus labios rozaron mi piel de manera ardiente, fue a mi cuello, a ese lugar que le fascina estar. Me muerde sutilmente, me besa, me saca un respingo ahogado, es la primera vez que lo hace así, tan de repente, sin precaución, dejándose llevar por el instinto, pasa su nariz por mis clavículas, acaricia con su mano mi cadera, me lanza una mirada furtiva.

—N-No te tocó…—tembló sutilmente cuando se separó de mí. —Si lo hubiera hecho… yo…

—¿Lo matarías?

—Posiblemente…—sus ojos eran serios, su hermoso azul era reemplazado por uno helado, como los iceberg, sus penetrantes ojos me sofocaron nuevamente, la forma en que me retenía a su lado con semejante ambición, todo aquello era extraño.

—¿Por qué?

—¿Por qué, qué? —me susurra frío, casi sin mirarme, me ha arrastrado a la cama, dice que hoy dormiremos temprano.

—No… ¿No quieres hablarlo verdad? —tartamudeé un poco, me mordí la lengua, había sido una pregunta idiota.

—¿En hablar qué maldita sea? ¿En hablar qué? ¿Qué soy un monstruo incluso aquí? ¿Quieres saber eso? ¿Qué soy un puto caníbal? ¡Que por eso todo el mundo me juzga! ¡Todos me quieren muerto, incluso mis padres! ¿Creías que eran sólo vacaciones? ¡Ja! ¡JA! Lo único que querían los bastardos era dejarme solo, pudriéndome aquí…

—N-No te entiendo A-Alfred… yo… no te entiendo. —apenas controlaba el miedo que me producía verlo así, violento, gritando.

Él se acercó suavemente a mí, suavizando su expresión, recostándose a mi lado, enterrando su cara en mi pecho, mis manos no sabían si acariciar su pelo, Alfred era peligroso, Alfred no era para mí y aún así, allí estaba yo, apunto de gritar y correr, pero algo me detenía, porque quería saber lo que le sucedía, quién era ese carnívoro realmente. Y me lo contó, esa noche supe su secreto, uno aterrador. Los carnívoros se dividen según sus clases, los más odiados o repelidos al nacer por su estructura genética o el exceso de ciertas hormonas en su cuerpo son marcados como simples perros, en el brazo izquierdo. El estadounidense nunca había hecho algo para merecer ese titulo, pero él era uno de los carnívoros más peligrosos en aquellas tierras, con tal fuerza y ferocidad, apetito… que podría llegar a querer comerse a los de su propia raza.

Lo entendí, lo comprendí ese día, porque todos lo miraban con resentimiento y apartaban la mirada, porque los pocos carnívoros que vio esos últimos días se alejaban. Jones era un monstruo sediento de sangre reprimido sólo por su voluntad. Por eso los militares le traían comida, era una forma de "mantenerlo a raya", como un simple animal. Le temía, sentía que moriría cada vez que me tocó esa noche, sólo para despedirse de mí, fue a dormir al living, me acurruqué con impotencia, no podía dejar de temblar, lo odiaba, odiaba haber caído allí, pero lo que más odiaba era saber que él no era para mí… y aún así desear que lo fuera. Jones es el cazador más efectivo que he conocido, me está atrapando en su red, me está sujetando en sus colmillos, ya no puedo escapar.

Yo… me estoy enamorando de él.

Al día siguiente, si no mal recuerdo miércoles, él sólo estaba allí, distante, me miraba cálido y a la vez frío, yo resoplaba en mi aburrimiento, me hablaba tenso y entrecortado, miraba las horas, el calendario, todo con incertidumbre, quería que me fuera pronto, no deseaba verme más y eso estaba bien, realmente estaba bien, no es como si yo quisiera quedarme en esta obra de teatro con actores sobre actuados toda mi vida, sé que Alfred no es así, sé que él es diferente, sumamente osado y altanero, coqueto e impredecible, juguetón, pero él cambia y seguirá cambiando sólo por mí, pero él ya no aguanta la dicotomía entre lo que le gustaría ser por mí y lo que realmente es. No quiere aceptar que no puede tenerme. Yo… en tanto, soy el peor del repertorio.

Porque me lo pregunta, qué siento por él. Yo no lo sé, le digo que nada, pero esa palabra "nada" es tan poco cierta. Siento algo, quizás, algo extraño y que me estremece en gustos extraños. Pero me engaño a mí mismo, me convenzo que sólo quiero volver a casa, que esa sonrisa que parece penetrar lo más vacío de mi alma y lo que me hace sentir... está correcto, que esa mirada que me devasta y me hace sonrojar no es más que una mera reacción a sus atrevidas acciones. Quiero creer que esto no funcionaría porque así lo dice el mundo.

Pero a Jones no le importa lo que diga el mundo, sabe que no lo entenderán, sabe que el sentimiento que dice tener es sólo suyo. Y yo me sigo engañando y digo que sólo es una estúpida broma demasiado cruel, de esas en las que uno piensa que vivir en una mentira quizás te hace feliz, a mí me destroza.

—Mientes bien Arthur. —su risa entristecida me hizo caminar irregularmente.

—¿Eh? —aspiré y suspiré casi al mismo tiempo, bajando suavemente la mirada, se enganchó a mi brazo mientras me llevaba a rastras sujetando mi mano con fuerza hasta un trabajo pequeño que le habían pedido.

—Un fotógrafo lo sabe, cuando tu rostro miente, cuando tú corazón no dice la verdad…yo siempre lo sabré.

—Sólo concéntrate en tu trabajo Alfred.

—My job always was only love you. Mi única meta, mi único sueño desde que te vi… ¡Jajajaja, suena tan raro! Cada vez que cerraba mis ojos y te miraba pensaba que yo atravesaba esa línea, que no importaría que lo hiciera, que te pedía ser mi pareja… que tú aceptabas, que tú me mirabas y yo pensabas en ti en cada momento, que nos veíamos a escondidas como esos estúpidos adolescentes en las películas, cuando acababa mi sueño… era cuando tú me decías que me amabas.

—¿Yo te lo decía? ¿Qué te amo a ti? ¡Baja de tu globo aerostático Jones! ¡En tus sueños playboy!

—Te arrastraré a mi sueño.

—What?

—No acepto objeciones. —me miró con gracia, con incertidumbre, con sorpresa, con encanto, Alfred decía tanto siendo sólo él.

—WHAT? —volví a recitar. ¿Qué mierda este tipo? ¿Qué tenía en la cabeza? ¿Carne podrida? Este era Alfred, este estúpido y cambiante Alfred F. Jones.

Jueves, llegó el jueves con una anticipación inesperada, la noche anterior había dormido intranquilo, un sujeto omnívoro, un italiano cualquiera, alegre y pacifico llamado "Feliciano" en el restaurante donde fue a trabajar durante unas cuantas horas ese estúpido carnívoro había hecho una innovación graciosa, yo no la probaría, pero todos se veían muy contentos de venir y el local de comida estaba lleno, Alfred se mantuvo cerca de mí cada minuto, acechando a cualquier otro y otra que se me acercara. En fin, el italiano había creado algo que llamó "Pasta-con-salsa-y-carne" o algo así, un platillo que combinaba los tradicionales fideos con carne y jugo de tomate con queso rallado. Todos allí le sonreía, ese chico irradiaba felicidad, todos lo querían.

Uno más que otros, al menos como yo podía notarlo por supuesto, el gerente del restaurante lo deseaba de otra forma, un contador amargado de cabellos rubios de Alemania llamado Ludy, o así le decía Feliciano cada vez que le robaba un beso. Este mundo… era hermoso y estaba lleno de vida, de caras graciosas, porque entre todo mi miedo me sentía bien allí, hasta que una noticia me trajo abruptamente a la realidad. Feliciano se acercó agraciadamente a mi puesto.

—Cejas grandes… ¡Cejas realmente grandes! ¡Dios, quizás eres un cavernícola! —se reía a carcajadas.

—Oh dios… ¡Alto ahí! No le hagas bullying psicológico a mi pareja Feliciano, él es perfecto…—sonreía el americano sentándose a mi lado, recargando su brazo en mi hombro, deslizando sus labios cercanos a mi cuello, tome el agua servida delante de mí y traté de ignorarlo.

—Oh, hablando de eso Alfred… ve~…—meditó un momento el chef en su hora de descanso. —Un sujeto furioso casi mató a tres carnívoros aquí, los más rudos.

—Wauu, interesante. —susurró el americano sin mucha impresión, esta demasiado ocupado en hacerme sentir incomodo el muy maldito.

—Y bueno, preguntaba por alguien parecido a tu pareja… "estatura promedio, cejas gruesas, ojos verdes, piel blanca de cabello rubio, enojón", se llamaba…—el cuerpo se me paralizó, Jones palpó mi miedo, tomándome de la mano con suavidad. Yo sabía quien estaba buscándome.

—¿S-Scott? —tartamudeé.

No quise pensar más en el día de ayer, porque los sucesos de toda la semana se iban apagando y pensar en el ayer me detendrían de vivir el presente o proyectarme a futuro. Era jueves, Jones estaba incluso más extraño que los días anteriores, no había querido salir a ninguna parte, la manera en que me trataba era arisca y resentida, su galantería casi no se notaba, cuando se acercaba la noche y me empecé a desvestir él se acomodó nuevamente en el marco de la puerta como los primeros días, me sonrió quedo y mantuvo sus ojos llenos de vida sobre mi anatomía, esos orbes estaban repletos de sentimientos y terrores sobre mí, se mordió el labio, suspiró ronco, yo sólo me estremecí cuando pensé que daría un paso, no me ha tocado, no quiero que lo haga, pero podría intentarlo, me contradigo a mí mismo, me duele el pecho, la sensación agria se traslada a mi garganta.

Mi pecho arde, mis ojos parecen cristalizarse poco a poco. Porque sé lo que me quiere decir y yo... debo hacer como si no me afecta.

—Mañana te vas Arthur...—suspiró con cautela, gruñó un poco, el aire era espeso, me hizo apartar la vista de sus ojos que me destruían y me quemaban como un simple papel.

Alfred había hecho un cambio irreversible en mí.

—Mañana tú... te irás.—repitió esa frase varías veces para ver si él mismo se convencían de la afirmación. Dirigió sus pasos hacia mí, puso sus manos en los bolsillos e irguió un poco el cuello, dobló la cabeza y se acercó, yo retrocedía, él no se detenía.

Su paso era cautivante, su mirada era una obsesión, jadeé al sentir como sus yemas se instalaban en mis brazos desnudos, me miró con fiereza, se dejó llevar, me acorraló en la pared, me entumí, me congelé, y a la vez sentí que hervía por dentro cuando sus labios rozaron mi oreja.

—Al-Alfred wh-what...

—Sólo relájate, I feel good, tú te sientes increíble...—deslizó sus manos por mi cadera, boté un respingo que lo hizo sonreír con elegancia.

Me sonrojé cuando sentí como mordía mi lóbulo, quería que se detuviera, cada roce me hacía sentir más extraño, cuando sus dedos treparon sobre mi espalda me arqueé sin poder evitarlo, entreabrí la boca con sutileza, sus labios me dieron un beso ladeado y sumamente erótico, sensual y hambriento, el contacto tibio y maravilloso me dejó con hambre y con los labios húmedos, ni yo mismo me podía controlar, no fue un beso, fue un roce, pero más placentero que cualquier otra caricia, su mano sujetó mi espalda y luego mi cadera cuando empecé a temblar, sentía que no podría sostener mi peso, ese estadounidense era un escalofrío andante.

Porque aunque ya había besado antes en mi vida, cuando el americano rozó sus labios contra la piel de mi boca sentí que ese fue realmente mi primer beso.

El americano gruñó cuando jaló mi nuca hacia él, me miró con intensidad y con su mano libre acarició mis cabellos dorados, me sentía tan encantado que era abrumador. Susurró palabras deliciosas que hicieron mover mi cadera, frotándola con la de él.

—Al-Alfred...ah...—mi suspiro pareció alborotarlo.

Él consiguió lo mismo conmigo, cuando empezó a besar la piel de mi cuello me removía como un verdadero terremoto, este momento era adrenalina pura inyectada a mis venas, a mi corazón. Casi dejo de respirar cuando vuelve a rozar sus labios contra los míos, empiezo a tocarlo, es la primera vez que lo hago y se siente grandioso. Y por fin, obligándome a mirarlo... une nuestros labios.

Se siente explosivo y mágico, siento la boca del americano indiscutiblemente dulce, un sabor de arroz y un pequeño gusto más agrio, me remuevo y me altero en el beso, mi cuerpo es sincero, deseaba a Jones, pero esto me aterra, vivo un momento único y a la vez prohibido, su lengua acaricia la mía hambrienta, se resbala, es húmedo, es cálido y estremecedor, vibro en sus brazos que empiezan a subir mi camisa con fiereza.

—Al-Alfred...—y me atrevo a subir mi mirada que se llena de horror.

El carnívoro me mira con lujuria y deseo, pero sus cejas están fruncidas y su boca presenta un amargo gesto, su respiración es irregular, trato de moverme, no me deja, el momento se quiebra y me empiezo a sentir desesperado a merced de un depredador, me estampa contra la cama sin palabra alguna, trato de moverme pero es demasiado tarde, ata mis muñecas con sus manos, va a mi cuello y empieza a morder, a morder cada vez más fuerte, es doloroso, empiezo a gritar y no parece importarle. Ha perdido la inocencia en sus ojos.

Está fuera de control, sus gruñidos son bestiales.

—Please...Al-Alfred...—ruego, presiona más mi cuello, vuelvo a gritar, me está ahogando. —S-stop... hurt-s...

Y penetra mi carne, sus dientes clavados en mi cuello, mis ojos se humedecen, ese no es mi Alfred, ese es un monstruo sediento de sangre que me destrozara, quería ver a Alfred de nuevo, una vez más.

Y algo moja mi cuello, no es mi espesa sangre, pero también es cálido, giro temblando mi cuello, es Jones, él produce ese cálido liquido, sus ojos miran horrorizado donde sus dientes manchados de sangre penetraron, está llorando, me aparta de un golpe brusco y se estampa contra la pared llevándose las manos a la cabeza, comienza a gritar, me llevo las manos al cuello, la herida no es tan profunda, lo miro agónico, no soporta la culpa.

—A-Arthur y-yo no que-quería... nunca quise y aún así...—se sigue torturando, presiona sus uñas contra su piel mientras se obliga a no relamer sus labios cubiertos con la esencia carmesí, me paro aterrorizado, el americano no se mueve ante mi posible huida, pegado a la pared, desesperado y con la respiración descontrolada.

—Alfred...

—N-no te acerques Arthur, I love y-ou... too much... no aguantaría matarte... tú te habías convertido en mi vida. —estaba desesperado, aterrorizado de sí mismo. —Lo hubiera dado todo… todo para tocarte sin sentir esto, hubiera dado todo para que esto funcionara…

Su cuerpo tiembla y trata de apartarse cada vez que camino hacia él, ni yo sé que hago después de que acaba de intentar asesinarme, gruñe e intenta asustarme con su bestial mirada, pero sigo avanzando... y caigo a sus brazos, lo tomo por el cuello y lo abrazo.

El tiembla ante mi esencia, no se mueve, me vuelve a pedir que me aparte, pero esta vez soy yo el que no quiere hacerlo.

—Todo est-está bien Alfred, it's fine... because... I like you too...

Y las palabras se escapan de mis labios, me sacudo, el americano se remueve conmigo, nos abrazamos mutuamente aunque duela, aunque yo sea el hielo que tratara de apagar sus llamas y él sea el feroz y descontrolado fuego que terminará por deshacerme, todo eso está bien, lo he decidido, estar con él lo está. Porque lo ha conseguido, me ha enamorado totalmente, él me ha capturado para siempre.

A la mañana siguiente tratamos de olvidarlo todo, ambos lo tratamos de hacer, la verdad no quería hacerme evidente, pero miraba continuamente el reloj de mi muñeca con una ansiedad enferma que me hacía doler el estomago, él apenas se acercaba y me miraba sutilmente desde alguna puerta e iba hacer otra cosa, no comimos juntos, apenas hubo contacto de palabras, todo se iba deshaciendo, todo lo que Alfred había causado en mí planeaba destruirlo, pero me marcó tan profundo… tan adentro, no lo quise admitir, pero ese americano era como un tatuaje imborrable que duele, realmente duele. Y cuando las horas se van haciendo escasas quiero por primera vez sentirme un dios, detener el tiempo y aunque sea poder mirarlo para siempre, saber que es mío.

¡Mierda, soy un estúpido! Este debería ser el día más feliz en mi vida, cuando por fin, yo, el chico del último año sale finalmente a crear una nueva vida, pero me abruma como en tan poco tiempo él me hizo añorar una vida a su lado. Hurgué entre sus cosas cuando había ido por algo afuera, saqué una de las tantas fotos y la guardé en mi camisón, estático, el momento en la foto lo era.

Recordé las palabras de Alfred hace unos cuantos días.

—Las fotografías son realmente hermosas.

—Es verdad que es un gusto interesante y todo... ¿Pero por qué son tan maravillosas para ti?—el americano sacó una de las tantas fotografías, sonrió sutilmente, salíamos él y yo.

Me hizo enrojecer un poco, era de nuestra salida al lago.

—Porque ellas detienen el tiempo... ¿No lo ves? Ese momento, allí, sin volver al presente, estático... ellos, nosotros... en esta fotografía, bueno, somos felices por siempre.

—Tonto, eso es asquerosamente cursi.

—Tú cejonamente cruel, ojalá viviéramos en una fotografía Arthur... donde tú y yo tuviéramos nuestro "Happy ending."

—Please, Alfred, no continúes, me harás vomitar con lo meloso que sonó eso.

Y en ese momento quizás fuera una verdadera tontería para mí, pero cuando la noche se va oscureciendo todo va cobrando vida y deseo entrar a una fotografía. Porque lo veo sonreír y me destroza, el adiós es doloroso, se logró sumergir en mi piel. Porque los pies me temblaban cuando me decía fríamente que me preparara para partir, porque soy un idiota y no podría decírselo antes de irme.

—Ya es hora Arthur...—me sujetó con fuerza la mano, me miró un poco, sólo un pestañeo, al bajar al vendaje de mi cuello frunció el ceño y se mordió sus labios.

Y empezaba el adiós, porque para nosotros no existe el final feliz, porque Alfred ha sido demasiado cruel, los odio, odio a los carnívoros de ahora en adelante, odio a Alfred, lo odio por hacerme esto, mis piernas no desean seguir en medio de la oscuridad cuando estamos a punto de llegar a la línea, Alfred trae unos lentes anaranjados largos de caza para ver mejor, y por fin llegamos, al borde del gran surco, sólo unos metros me separaban de casa.

Levanté mi cabeza lentamente, allí estaba Jones, soltando mi mano, fue doloroso, él seguía sonriendo como un idiota, como un imbécil, porque no es sincero, porque duele, porque me gustaría volver a abrazarlo, pero este no soy yo, esto es lo que él me convirtió.

—Thanks, Arthur...

Y no puedo evitarlo, mis ojos se humedecen, no, soy un imbécil, todo este tiempo no he querido dejarlo.

Y el continúa, destrozándome.

—Thanks Arthur, por hacerme feliz hasta que doliera, perdón por ser un error en tu vida... porque la verdad es que tú... fuiste lo mejor en la mía ¡No dejes de sonreír y vuelve siempre cerca de aquí, siempre te estaré viendo, siempre te querré! ¿Y sabes? Yo... en otra vida, te lo puedo jurar, estaré allí para ti, seremos felices... y quizás allí puedas amarme.

Y me destroza, es amargo, una pequeña lágrima cae de mi mejilla ¿Qué es esto? ¿Por qué duele tanto? ¿Por qué tiene que acabar así? ¿Y qué es lo que hago todavía aquí? Aquí... parado en frente de él sin irme, esperando a que quizás vuelva a secuestrarme y toda nuestra aventura comience de nuevo. ¿Qué hago yo aquí, llorando... al darme cuenta que me he enamorado de él?

Y antes de que pueda decirle algo me empuja apresuradamente a la línea divisora, me ríe y me besa la mejilla, mi último beso de amor.

—Recuerda, sonríe y dime "Bye bye" A-Arthur, para guardar tu sonrisa en mi memoria para siempre.

—E-Eres fotógrafo imbécil...—y destrozado trato de sonreír, duele, realmente duele.—¡Mira estúpido, estoy sonriendo, pero tú sabes que es una mentira! ¡Tú me lo enseñaste maldito imbécil!

Se ríe seductoramente una vez más. A llegado el hasta siempre, cuando Jones está a punto de cruzar la línea devuelta a su mundo es detenido por una mirada fría y asesina que le agarra desde el antebrazo, abro los ojos y retrocedo un poco, los ojos verdes depredadores chocan con los del americano, ese cabello rojizo y ese uniforme... era... era Scott.

—Has cruzado la línea bastardo carnívoro...—susurra sin piedad. —Yo soy testigo, serás destrozado y devorado como castigo.

No respiro, no puedo creer lo que está pasando, mi mundo se desmorona, un grito quiere salir de mi garganta. Esto está mal, esto es horroroso.

—Te dije que siempre te protegería estúpido conejo, lo mataran para tu satisfacción… a este asqueroso animal.

Mi hermano volvió la vista hacia Jones quien me miraba nuevamente, no había resentimiento en sus ojos, ninguno, me volvió a mirar tiernamente, me sonrió, no le importaba morir por mí, nunca le importó, porque lo que decía él era cierto y yo no le creí, yo era su vida... la desesperación me inunda y me hace temblar sin poder moverme, lo había condenado, por mi culpa lo iban a matar.


Capítulo final: Inexistente.


Me gusta pensar en que Alfred también puede ser sexy, siempre el irresistible es Arthur, así que le di un toque interesante a Jones mientras narraba esta historia, espero que no les molestara, hasta aquí les dejo el fic, el próximo es el último, quizás algún día no me salte tantos eventos y reescriba esta historia colocando cada día como un capítulo, pero no lo veo muy posible, no es una de mis mejores historias la verdad. Una mordida carnívora para todos ustedes ;D

Oh, por cierto, cuando uno es fotógrafo, sabe cuando uno miente o no sonríe de verdad.