Disclaimer: Naruto no me pertenece, es del gran Masashi Kishimoto, yo sólo hago esto para llevar a cabo mis perversiones con sus personajes.
Advertencias del fic: yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y creo que nada más.
Llega algo tarde, pero aquí está. La musa sigue perdida, pero al menos me manda recuerdos… Además se me ha colado un virus en el ordenador, por lo que he tenido que combatir arduamente contra él. Pero al final todo salió bien y pude continuar y terminar el capítulo!
Y sin más escusas les dejo con el capítulo. Espero que les guste! ^-^
Capítulo II
Naruto era un compañero de clase ruidoso que solía dar vueltas por todos lados. Era rubio de ojos azules y piel canela. En todos los aspectos era completamente opuesto a mí. Todos lo sabíamos, y por eso no entendía su empeño en ser mi amigo.
Se acercó a mí sonriente, como siempre. Naruto era amigo de todos los niños de la clase, desde el primer día se dedicó a conocer a los nuevos alumnos y a afianzar las antiguas amistades. Le encantaba ser el centro de atención y ser reconocido. Y era inpensable para él que alguien no quisiera hablarle. Ese era mi caso. Y al no hablarle sólo conseguí que intentase con más ganas aún relacionarse conmigo.
- Iruka-sensei va a cambiarnos de sitio –me dijo alegre, como siempre-. Nos va a poner en grupos de tres.
Casi nunca sabía que decirle. No sabía que esperaba de mí.
- ¿No te parece divertido?
- No realmente –contesté con sinceridad.
Naruto arrugó la nariz, pero pronto empezó a sonreír.
- Yo quiero que me toque con Sakura, es muy inteligente, y una chica muy linda.
Rara vez me interesaba lo que decía, pero siempre le escuchaba y solía hacer gestos de asentimiento para que supiese que le estaba atendiendo y así no me repetiría las cosas otra vez. Incluso cuando se ponía a hablar sobre chicas, ya que siempre decía lo mismo sobre la misma, Sakura. Según Naruto era toda belleza, pelo rosa, ojos verdes y sonrisa encantadora. Yo sólo veía a una chica más, aunque más lista que la media, y bastante ruidosa, como casi todo el mundo.
- ¿Con quién quieres que te toque?
Miré a Naruto unos segundos antes de entender que hasta que no contestase no se quedaría tranquilo y seguiría insistiendo. Observé la clase y vi los que podrían ser mis posibles compañeros.
- Shikamaru, Hinata, o Shino.
Shikamaru era muy vago, para todo, se pasaba las horas medio dormido. Hinata era tímida y le costaba hablar, se parecía a mí en ese aspecto. Y Shino directamente no abría la boca.
- ¿No querrías estar sentado conmigo?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque… hablas demasiado… –contesté con sinceridad.
Y el que hablase tanto me ponía nervioso. Aunque eso no lo dije, porque eso sería hablar demasiado y no se me daba bien. Con Naruto aprendí a escuchar y se me daba bien.
Mi respuesta pareció molestarle lo suficiente como para que se fuese y me dejase solo. Escuché la voz chillona de Sakura gritar a Naruto que era tonto.Y deseé con todas mis fuerzas que ellos no fuesen mis compañeros.
Naruto no era malo, pero hablaba mucho y siempre se estaba moviendo. Y Sakura, aunque sacaba las segundas mejores notas, solía gritar a menudo y más a Naruto. Yo era muy tranquilo y callado, y no me gustaba el ruido. Me gustaban las compañías como la que tú me dabas.
Deseé con todas mis fuerzas que me tocasen con quienes yo quería.
Sin embargo muchas veces cuanto más deseas algo, más lejos está de cumplirse. Y Naruto y Sakura fueron mis compañeros de asiento.
Siempre recordaré el día que nos sentamos juntos por todo el barullo que se formó. Naruto quería sentarse en medio, pero Sakura no quería tener que aguantar a Naruto de ninguna de las maneras, al menos no sino me tenía a mí al otro lado. Finalmente ella se sentó en medio, dispuesta a soportar cualquier cosa si estaba a mi lado.
- Y esos son mis nuevos compañeros de mesa –te expliqué.
Siempre venías a recogerme a la escuela. Fue una costumbre que no cambió, pese a todo lo que sí lo hizo. Y no importaba que al llegar te fueses a refugiar en tu cuarto, ni que te mantuvieses alejado. Venías por mí sin falta y hablabas con normalidad conmigo.
- ¿Y el resto de clase?
- Sin problemas –contesté con una leve sonrisa.
- Me alegro. ¿Y con los compañeros?
Me encogí de hombros.
- Son muy ruidosos –dije dándote a entender que no me gustaba mucho estar rodeado de ellos.
- Vamos Sasuke, no será para tanto.
Acariciaste mi cabeza con una sonrisa de satisfacción.
- Además los amigos son siempre ruidosos.
- Tú no lo eres –repliqué-. Deberían ser más como tú.
Me miraste unos segundos antes de hablar.
- Eso no puede ser, porque soy tu hermano mayor. Y soy especial –añadiste tras unos segundos de duda con una sonrisa afectada-. Tus amigos no son yo. Y yo no puedo ser un amigo Sasuke…
Tenías razón, no podías ser sólo un amigo, tú eras mucho más que eso Itachi, tú tenías un sitio más importante y especial que el que tendría un amigo. Y lo prefería así. Eras mi hermano y velabas por mí de una manera que jamás podría hacer ningún amigo. Ese papel le correspondía al ruidoso de Naruto y a Sakura. Sin embargo no pude evitar compararlos alguna vez contigo.
- ¿Y las clases de violín? –preguntaste cambiando de tema.
Desde que empecé te gustaba preguntar sobre ellas. Todos los días.
- Hoy continuaremos con las escalas –contesté entusiasmado.
Como había llegado el último a la clase, al haber llegado después de empezar el curso me tenía que esforzar más que el resto.
- He estado practicando mucho para sorprender a Orochimaru –añadí con una sonrisa.
Me devolviste el gesto algo tenso.
- Espero que a Orochimaru le guste… -murmuré preocupado.
Me gustaba hablar sobre él. Orochimaru me caía bien porque en clase solía mostrarse muy atento conmigo y cuando hablaba con nuestro padre solía comentar lo bien que me iba en clase. Y estaba seguro que a nuestro padre le encantaba escucharlo.
- Parece muy simpático.
Yo no supe que decir. Conmigo era agradable, pero no se me habría ocurrido decir que era simpático exactamente.
- Bueno… no creo que sea simpático, pero es amable y algo raro.
Me miraste extrañado.
- Iruka es simpático –dije finalmente-. Orochimaru es amable.
Esperaba que con ese ejemplo vieses lo que quería decir al negar que era simpático. Iruka sonreía a todo el mundo y se mostraba comprensivo en todo momento. Orochimaru se limitaba a callarse cuando algo no le gustaba y fruncía el ceño.
Al parecer entendiste lo que quería decir y no preguntaste nada más.
- ¿Quieres que te lleve?
Asentí con fuerza y con una amplia sonrisa infantil.
A mí me gusta Orochimaru como profesor mucho más que Iruka. Estaba acostumbrado al estilo estricto de nuestro padre y muchas veces pensaba que Iruka era blando y que por eso Naruto seguía interrumpiendo en clase a menudo. Con Orochimaru eso no pasaba, cuando él estaba la clase solía estar en silencio y si Zaku interrumpía innecesariamente, Orochimaru se encargaba de que eso no volviese a ocurrir. Orochimaru era extraño e imponía, pero sabía enseñar y me gustaba por algo que no sabría explicar.
- Bueno Sasuke –me dijo frotándose las manos-. Veamos esa escala.
Respiré hondo y me coloqué el violín. Comencé a tocar. Antes de cerrar los ojos vi como Orochimaru se relamía.
Al terminar sus ojos sus ojos amarillos brillaban encantados, acompañados por una sonrisa de satisfacción algo torcida. Dio unas suaves palmadas.
- Muy bien, sólo un par de correcciones.
Se puso tras de mí y me dijo que me colocase como si fuese a tocar.
- Lo primero es relajarse –dijo con voz sibilante.
Y me explicó como colocar los dedos de manera más cómoda en un par de notas. Le encantaba aconsejarme.
Al final de la clase vino hacia mí.
- Muy bien Sasuke –me felicitó.
Puso sus manos sobre mis hombros y se acercó hasta quedar justo frente a mí.
- Serás grande –susurró-. Seremos conocidos mundialmente y la gente te aplaudirá extasiada al escucharte tocar –continuó.
Yo no entendía por qué me decía eso. Y no supe por qué me había dicho eso, pero cuando me soltó me sentí especial. Orochimaru sonrió de aquella manera que te podía tan nervioso.
- Yo haré que ocurra.
Se alejó un poco más de mí.
- Sasuke, tienes potencial y quiero que el resto lo vea. Por eso he conseguido que hagan una excepción y te dejen tocar en la audición de fin de año –me informó ampliando su sonrisa.
Yo abrí la boca sorprendido y sentí como me sonrojaba ante aquella noticia. Iba a tocar frente a un montón de gente, frente a nuestros padres, frente a ti…
- He preparado un horario especial. Está feo que ensayes frente al resto de la clase. Díselo a tu padre, seguro que le gustará escucharlo.
Asentí con la cabeza, incapaz de decir nada.
- Nos veremos en la siguiente clase –se despidió.
Recogí mis cosas y esperé a que llegase papá, que solía ser quien venía a recogerme. Pero en vez de él, te vi llegar a ti. Y mis ganas por contarte lo ocurrido aumentaron.
Empecé a correr hacia ti.
- Itachi, ¿a qué no sabes lo que me ha dicho Orochimaru? –te pregunté con una sonrisa.
Me miraste expectante.
- Voy a tocar en la audición de fin de curso –dije alzando el tono de voz sin poder eviarlo.
Te agachaste hasta quedar frente a mí y me sonreíste abiertamente, como hacía tiempo que no hacías. Cogiste mis manos y juntaste nuestras frentes. Y sentí que volaba. Estabas orgulloso, estabas contento por mí.
- Eso es genial, Sasuke –me felicitaste -. Ya verás cuando se entere papá.
Me cargaste en tu espalda y cogiste mis cosas.
- Orochimaru ya me ha dado el nombre de la pieza, pero aún no sé cual es –dije sin poder evitar hablar sobre lo que tocaría, aunque no sabía nada sobre la obra.
Seguimos hablando sobre la obra. Por el camino me crucé con Naruto que me sonrió antes de irse corriendo. Te expliqué quien era, y tal como ocurrió durante el camino a casa desde el colegio, no pude evitar comparar a los niños de mi edad, que se suponían debían ser mis amigos, contigo.
Durante el resto del camino me empezaste a dar consejos sobre como darle la noticia a nuestros padres.
- Se alegrarán mucho cuando se lo digas. Procura crear un poco de expectación. Da rodeos.
- Vale.
En mi mente empecé a recrear la escena que se daría esta noche en la cena. Las sonrisas que vería y las palabras de orgullo y ánimo.
Pero aquella escena no se dio. En el momento en el que debí empezar a hablar me puse nervioso, las palabras se trabaron en mi boca y fui incapaz de decir nada. Te miré desesperado sabiendo que tú lo arreglarías, como siempre.
Al principio dudaste en si debías decir algo. Sabías que debía ser yo quien lo dijese, pero no podía. Como solía pasarme no era muy bueno dando noticias. Me toqué las manos sintiendo como los nervios se apoderaban de mí. Estaba estropeando el momento y sólo tú podías arreglarlo.
Y lo arreglaste. Y al hacerlo, suspiré aliviado.
Fuiste tú quien dio la noticia.
Fuiste tú quien dijo las palabras adecuadas.
Y fuiste tú quien me hizo sentir especial de verdad al ser consciente de todo lo que significaría tocar en primer año.
- Es un privilegio que muy pocos tienen –fue lo último que dijiste sonriéndome y dándome confianza.
Y en ese instante supe que, sin importar nada, siempre estarías cuando lo necesitase.
Ensayé duramente para que fuese todo perfecto. Me esforcé todo lo que pude y lo di todo. Nunca dejé el resto de actividades y responsabilidades de lado, pero el violín solía estar a todas horas en mi cabeza. Porque era algo que me diferenciaba de ti y me alzaba sobre ti. Podía sorprenderte y hacer sentir orgulloso a nuestros padres, sin que me comparasen contigo.
En el colegio mis notas aunque excelentes no llegaban a la perfección de las tuyas.
En el dojo hacía todos los ejercicios y movimientos que me decía papá, pero jamás conseguía destilar esa seguridad, ni moverme con la misma soltura que tú.
Pero el violín era distinto. Era algo mío y único. Algo que se me daba bien y con lo que resaltaba con luz propia, sin que tu sombra me acechase. Y me gustaba como se sentía eso.
Por eso quería que todo fuese perfecto.
El día antes de la actuación no tuve ensayo. Orochimaru me prohibió tan siquiera rozar el maletín donde se guardaba mi violín. Yo estaba nervioso y lo único que deseaba era practicar un poco más. Y estaba dispuesto a desobedecer por primera vez al profesor de música que tantos buenos consejos me había dado para el gran momento que tendría lugar mañana por la tarde.
- Gracias por ayudarme con la cena Sasuke –dijo mamá sonriéndome.
Todos os habíais encargado de mantenerme ocupado. Papá con el entrenamiento que lo alargó más que de costumbre, mamá pidiéndome ayuda con las comidas, y tú estando conmigo; jugando, o simplemente hablando sobre lo que habías dado en clase, sabías que me gustaba quedarme con pequeños detalles anecdóticos sobre la historia, o arte.
- ¿Puedo dormir contigo esta noche? –te pregunté sabiendo que si me quedaba solo en mi cuarto acabaría sacando el violín y practicando sin llegar a tocar las cuerdas para no hacer ruido-. Es que estoy muy nervioso y no podría dormir nada – añadiste mirando al suelo.
- ¿Y si te acuestas conmigo sí? –dijiste con una sonrisa que desapareció al instante.
Yo no le di importancia. Había aprendido a convivir con aquellas sonrisas fugaces cuyo significado no entendía.
- Sí, siempre me ha tranquilizado dormir contigo.
Empecé a retorcer mis manos con nerviosismo, esperaba que me dijeses que sí. Estar contigo me ayudaba a relajarme, tenías esa capacidad de serenarme en cualquier situación.
- Claro que sí Sasuke, dormiremos juntos si eso te hace sentir mejor –dijiste-. Coge el pijama y vente –añadiste tras una pausa.
Corriendo me puse el pijama y me dirigí a tu cuarto. Nada había cambiado. Seguías teniendo los muebles de antes de que me cambiase, y todo seguía colocado de la misma manera. Y aunque me encantase mi habitación, era en la tuya en la que sentía que pertenecería siempre.
Sin mediar palabra me metí en la cama y me tapé entero con las sábanas. Cómo había echado de menos el dormir contigo. De repente me di cuenta de lo cansado que estaba, los nervios y el estrés acumulados habían echo mella en mí sin darme cuenta.
Entonces te metiste tú también y me fui hasta a ti y te abracé. Era verano y empezaba a hacer calor. Pero no me importó. Estar contigo me aliviaba y eso era lo que necesitaba. Mi cuerpo pronto empezó a relajarse.
- Sasuke, si te pegas tanto tendremos calor –me susurraste con tono levemente preocupado, abrazándome sin embargo pese a tus palabras.
- No me importa –repliqué con los ojos cerrados y notando como poco a poco iba cayendo en el sopor del sueño.
Quizás sudásemos un poco por la cercanía, pero no importaba el calor que pasásemos. Yo te necesitaba. Necesitaba sentir que estabas a mi lado y que me darías el apoyo que necesitaba en aquel instante.
Me di media vuelta y, al notar que pretendías retirar tus brazos, me aferré a ellos con más fuerza.
- Sigue abrazándome –te pedí adormilado.
No me dejes, quise añadir. Pero ese pensamiento quedó en mis sueños porque sin darme cuenta caí dormido en tus brazos.
Al día siguiente me desperté antes que tú. Te di un tímido beso en la mejilla.
- Eres el mejor Itachi –dije con un leve sonrojo al pensar que podías escucharme.
Gracias a ti me sentía totalmente preparado para lo que se avecinaba, aunque los nervios aún estaban presentes. Al ir a mi cuarto vi que el violín no estaba. Contuve la respiración durante unos segundos.
Me giré y fui a buscar a mamá. Ella siempre sabía sonde estaba todo.
- Mi… mi… -balbuceé.
- Lo tengo yo cariño –me dijo acariciándome la mejilla-. No te preocupes por nada.
Iba a decir algo más, pero mamá no me dejó.
- Todo va a ir bien Sasuke, el violín está bajo mi custodia para que no le pase nada. Venga, ayúdame a hacer el desayuno –dijo sonriéndome.
Mamá tenía una capacidad similar a la tuya y sabía tranquilizarme. Al rato llegaste tú y estuviste a mi lado todo el rato.
El día fue ajetreado, pero gracias a eso no sufrí lo que el día anterior. Los familiares llegaban y me entretenían durante un rato. Tío Madara fue el primero en llegar, en cierto aspecto me recordaba a Orochimaru, por su manera extraña de mirar. Más tarde llegaron los abuelos que me animaron y felicitaron. Mamá me dio el violín y, tras eso, salimos hacia el conservatorio.
Allí estaban los tíos junto con el primo Shisui. La tía Maki me dio unos pocos consejos para tranquilizarme y me enseñó una técnica de respiración para ello. Y entonces ocurrió algo que no esperaba. Mientras repasaba mentalmente la obra que iba a interpretar le escuché.
- No esperaba menos de mi hijo pequeño –dijo papá con el tono de orgullo con el que siempre se refería a ti.
Y sonreí exultante. No iba a cometer ningún fallo. Iba a demostrar que lo que acababa de decir nuestro padre me lo merecía.
Orochimaru llegó justo en el momento y os invitó a todos a pasar al salón de actos. Cogió los mejores sitios y me llevó con él.
- Todo va a ir sobre ruedas –me dijo con una sonrisa-. Si estás nervioso mira a tu familia y piensa que no puedes fallarles ya que han venido a verte –me aconsejó-. Quizás te ponga más nervioso, pero seguro que así te concentras más en no fallar.
Asentí extrañado ante lo que creí que era un consejo.
- Mi tía me ha enseñado técnicas de relajación.
Orochimaru me miró y asintió.
- Está bien, pero no te pases, nunca hay que relajarse más de la cuenta. Unos pocos nervios siempre vienen bien –dijo tras unos segundos de silencio-, ayudan a estar despierto y con los sentidos a punto. Te lo digo desde la experiencia.
- Lo recordaré.
Orochimaru estaba extraño. Era la primera vez que me daba un consejo que no tenía nada que ver con las cuerdas del violín, o las posturas del cuerpo y los dedos. Se sentía extraño.
- Después de esto todo va a ser ir cuesta arriba. No olvides quien te empujó.
No supe que decir y me limité a asentir nerviosamente. Orochimaru entonces me sonrió de medio lado y todo volvió a la normalidad.
Repetí varias veces la técnica de tía Maki recién aprendida. Y sirvió, me conseguí relajar. De vez en cuando miré hacia atrás, siguiendo el consejo que me había dado Orochimaru, y noté como los nervios seguían ahí, pero cada vez que nuestras miradas se chocaban sentía que no iba a fallar porque os lo debía a nuestros padres y a ti, sobretodo.
La audición comenzó y yo esperé a que llegase mi turno. Ser de los finales fue como una maldición, pero aguanté. Y cuando me tocó me levanté y, tal como ya lo había ensayado con Orochimaru, me acerqué hasta mi sitio con paso lento, pero aparentemente seguro.
Miré a los presentes y Orochimaru asintió con la cabeza levemente, señalándome que era el momento. Me coloqué y te dirigí una última mirada antes de rasgar con delicadeza las cuerdas de mi violín.
El mundo desapareció con la primera nota. Tenía la partitura delante, pero no hizo falta mirarla, me la sabía de memoria. A cada segundo los nervios desaparecían y me embargaba una sensación de seguridad abrumadora.
Durante unos minutos sólo existimos mi violín y yo. Nada más. Nadie más…
Sólo la música que me guiaba y yo.
Al terminar abrí los ojos y me encontré con los tuyos, brillantes. Todo el mundo aplaudía, toda la familia me aplaudía y mi profesor también lo hacía. Aquella sensación que provocaba en mí aquel sonido me gustaba. Me sentía reconocido.
Hice una reverencia. Volví a mirar al público y por primera vez caí en la cuenta de una cabeza rubia que sonreía y aplaudía como si no fuese a haber mañana. Me extrañó encontrarme con Naruto allí. A su lado había un hombre de pelo blanco cuya amplia sonrisa se parecía a la del chico.
Hice otra reverencia. Debía irme del escenario. Y mientras andaba sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho. Te miré de refilón mientras bajaba las escaleras y fue entonces cuando en mi rostro se formó la sonrisa más amplia que jamás mostraría en mi vida.
Y todo aquello te lo debía a ti, Itachi.
Fin del capítulo II
Pues hasta aquí. Espero que les haya gustado el capítulo ^_^
La tardanza ha sido mucha, pero espero de todo corazón que haya merecido la pena. El siguiente no sé cuando estará, pero intentaré tardar menos que en este.
Agradecimientos: Isabellatrix Black Swan, Skuld Fair, Etlens, Ayumi Warui, SakuyaUchihaMitsukai, Kodomo no Lawliet, Mirelle, Yue, jazmin234, '-Sakura Mudou-', Uchihas_love, Ares Sasuke.
Hasta el próximo!
máéíóú
