Antes de todo debo disculparme por la demora... pero no tuve tiempo D:
La semana pasada gaste todo el Fin de Semana pasándola bien y comiendo asado por ser el Cumpleaños de Chilito :D Y como no me dejan usar el Compu en la semana... Ya ven las consecuencias.
Disclaimer: Nada me pertenece ! :P Y yo hago las traducciones porque quiero !
Capitulo 3: Alemania
La campana de una iglesia sonó en alguna parte, lejos de donde una pequeña niña se encontraba de pie. Las campanadas resonaban en los edificios a su alrededor y creaban una dura melodía, sin embargo no hacía nada para disuadir a la gran cantidad de gente moviéndose en todas direcciones en la ciudad de Munich. Las calles ocupadas, que podrían ser normales para cualquier adulto acostumbrado a la ciudad, eran una fuente de terror para la niña. Ella se había escondido medianamente detrás de una estatua vieja y cubierta de oxido, mirando como pasaba la gente. Una vez, en un libro que había leído, decía que en su situación, todos los demás podía mezclarse en su mente. Eso no era verdad, se dio cuenta, agarrando su chaqueta de color rosa más cerca de sí misma. Todos seguían pareciendo únicos, diferentes personas con maneras de hacer las cosas diferentes en sus diferentes vidas. Es solo que…
…Ninguno de ellos eran sus padres. Y sus padres eran todo lo que estaba buscando en ese momento.
Por las últimas dos horas, ella había estado vagando alrededor de los mismas tres cuadras. Tratando de encontrar algo que le resultara familiar. Nada le era familiar. Se acurruco más cerca de la estatua y deseo con toda su fuerza haber prestado más atención cuando sostenía las manos de su Vati y Mutti, balanceándolas felizmente entre ellos. Eso había pasado hace un par de horas, pero parecía una eternidad para su mente sin experiencia; especialmente cuando su estomago estaba vacío y había empezado a gruñir. Se mordió el labio y apretó más su chaqueta.
"Shhh" Le susurro a su estomago, aun mirando alrededor de la cuadra. Nadie la había visto desde su escondite y quería que eso siguiera así. Si su estomago gruñera más fuerte y hiciera mucho ruido, un secuestrador podría encontrarla y llevársela con él. Eso fue lo que su mutti le había dicho cuando tenía cuatro: "Los extraños son peligrosos, así que no hables con ellos. Te podría secuestrar y llevarte lejos de nosotros, eso nos pondría muy tristes, ¿Qué haríamos después?"
Ella esperaba que su Mutti y Vati se hubieran dado cuenta de que hacer sin ella por ahora, ya que estaba pasando. Pero una persona malvada no la había secuestrado ni se la había llevado, paso porque había visto un gatito en la calle y había corrido hacia él para acariciarlo. Sus padres debieron haber asumido que los volvería ver y los seguiría, aunque estuvieran muy ocupados hablando de precios con un comerciante. Su madre siempre sabia donde estaba.
Pero no ahora, o por el contrario ya la hubieran ido a rescatar. La niña se mordió el labio nuevamente y se froto los ojos con frustración. ¡Ella no podía llorar! ¡Era una niña grande y debía encontrar a sus padres! Pero no era lo suficiente grande como para saber donde estaba, o que hacer… Las lágrimas volvieron a apilarse en el contorno de sus ojos y olfateo.
Una bicicleta paso muy cerca de ella lo que la hizo saltar y caerse. No se lastimo pero fue suficiente para que finalmente la niña comenzara a llorar. Ella corrió de su escondite hacia un grupo de basureros fuera de un departamento y se encogió detrás de ellos. Se escondió de la vista de todos, y comenzó a llorar, agarrando sus rodillas e hipando silenciosamente. Era horrible, primero había perdido a sus padres, y ahora estaba rodeada de gente peligrosa. Una parte de su joven mente le decía que estaba siendo irrazonable, que la mayoría de esta gente no quería hacerle daño, pero estaba tan asustada en ese punto que no estaba para razonar con ella misma. Todo lo que quería era a su Mutti y Vati y a su perrito de peluche que había dejado en el auto.
"Tal vez" pensó mientras se limpiaba la nariz congestionada con la manga de la chaqueta. "Mutti y Vati no están buscándome. Tal vez Mutti y Vati querían que me perdiera e irse sin mí, porque fui mala ayer y no me quise comer la cena" Ella con tristeza apretó sus pequeños puños juntos y miro hacia el cielo.
"Te prometo." Medio susurró, medio sollozó, "que si Mutti y Vati me encuentran, me comeré la cena por el resto de mi vida. Lo prometo, así que has que me encuentren, porque seré buena siempre desde ahora."
En silencio, asomo su rostro lleno de lagrimas por sobre los basureros y miro a su alrededor. No vio nada más que personas en trajes y corbatas, pasando rápidamente e ignorándola. Su pecho se oprimió de nuevo y se sentó en el pavimento, mas sollozos se pegaron en su garganta. ¿Por qué no venían a encontrarla? ¡Incluso había rezado!
"Quiero a mi Mutti" Lloro escondiendo el rostro entre sus manos. "Quiero a mi Mutti, quiero a mi Mutti" Eso era todo lo que podía decir, ni siquiera estaba segura si sus gemidos inentendibles contaban como palabras. Ella solo estaba sentada ahí, sintiéndose desesperanzada y llorando a todo lo que podía.
"Una chica grande sabría como encontrar a sus padres" pensó para sí misma, lo que la hizo llorar más fuerte. Ella en realidad no era una niña grande, ella solo lo pretendía para que sus padres estuvieran orgullosos de ella y la trataran como grande. Ella seguía siendo pequeña y no le importaba si su una niña grande podría encontrar a sus padres, porque ella no podía y eso era todo. Ella estaría perdida para siempre, nunca encontraría el camino a casa y tendría que vivir en las calles con el frio y la lluvia en una caja de cartón como había visto a una persona sin hogar una vez, pero ella no sabía dónde encontrar una caja de cartón y aunque la encontrara seguiría siendo húmedo y frio… Con sus pensamientos en espiral más y más fuera de control, la niña lloraba con más y más fuerza hasta casi ponerse histérica. Respiro grandes bocanadas de aire que se atoraron en su garganta creando un hipido.
De repente, justo cuando estaba secándose la cara una vez más, un ratón salió corriendo de los botes de basura, grito y cayó sobre otros botes, haciendo que se voltearan y sonaran estruendosamente contra el cemento. Se quedo helada y se volteo. El ruido había causado que todos en la calle se fijaran en ella, preguntándose porque la niña estaba sentada ahí.
Ahora sabia que significaba su libro, sentada allí, cerca de entrar en pánico, la gente a su alrededor parecía toda igual, eran miedo amenaza, no como su Mutti o Vati. Quería correr, pero no sabía a dónde ir. Mas lagrimas llenaron sus ojos.
"Tu, pequeña ¿Por qué te escondes en los botes de basura?" Levanto la vista para ver a un hombre elevarse frente ella. Con la visión borrosa, el no parecía diferente a los demás, lo que era aterrorizante. Pero ella no podía llorar, no en ese momento, todo parecía tan desesperanzado.
"Vamos, levántate" Sus piernas se sentían débiles e inútiles, pero aun así lo intento. Con algo de dificultad, se puso de pie, se limpio los ojos y miro al hombre. El era muy alto, incluso más alto que su Vati. Ella no era ni siquiera tan alta como para llegarle a la cintura, de manera que para verlo su cabeza estaba completamente inclinada hacia atrás. El tenía el pelo rubio muy claro y los ojos azules, así como una de sus muñecas. Sin embargo el no parecía muñeca. Sus mulecas siempre sonreían en cambio el hombre la miraba hacia abajo con una expresión que no sabía que era. Tal vez era a lo que las personas llamaban "dura" pero no estaba segura. De inmediato miro a sus pies.
"¿Por qué te escondías detrás de los basureros?" Volvió a preguntar.
Ella arrastro los pies y miro de reojo a las otras personas, habían vuelto a sus vidas, una vez más desinteresadas en la pequeña niña que hablaba con el hombre rubio y muy alto.
"Po-Porque estaba asustada" Resoplo aun sin mirarlo.
Hubo una pausa y miro hacia arriba tímidamente, el hombre parecía sorprendido ahora. "Pero, ¿Por qué tienes miedo?" El hombre la miro confuso. Ella sintió la presión en su garganta por la pregunta y se estremeció con esfuerzo para no llorar.
"¡Porque estoy perdida!" La respuesta llego como un lamento y las lágrimas una vez más se derramaron por sus mejillas desde su estancia allí. Si el hombre era un secuestrador ahora sí que se la llevarían para siempre porque había comenzado a llorar, lo que le hizo llorar más fuerte.
"Ah, uh… um… A-Ahora, no llores…" Ella estaba llorando abiertamente ahora que daba su vida por acabada. "Es-Escúchame, para de llorar y nosotros podremos arreglar esto." Se arrodillo frente a ella a modo de poder verle mejor la cara y puso su mano enguantada sobre su hombro, lo que la hizo saltar levemente. "Ahora, ¿Me dijiste que estabas perdida? Yo puedo ayudarte encontrar a tus padres si te tranquilizas y me dices como se veían. Así que para de llorar" El hombre no parecía muy cómodo al hablarle.
La palmadita en su hombro era un poco torpe, pero parecía reconfortar a la pequeña niña. "¿No me vas a secuestrar?" pregunto hipando nuevamente con su agitada respiración.
"¿Qué? ¡NO! ¡Por supuesto que no!" Parecía un poco nervioso por la pregunta y se vio aun mas sorprendido cuando ella se le lanzo encima agarrándolo con fuerza por la camisa.
"Yo, Yo quiero encontrar a Vati y Mutti" dijo tan calmada como pudo "Pero no sé donde están…"
Recuperando la compostura el hombre tosió un poco y palmeo a la niña en la espalda. "Eso no importa. Todo lo que necesito es tu nombre."
"No estoy autorizada a dárselo a extraños" La respuesta fue tan concisa que le sorprendió que tal convicción proviniera de una niña tan pequeña.
"Bueno, um… estoy tratando de ayudarte" Dijo frotándose la parte posterior de su cabeza. "Y no puedo ayudarte si no se tu nombre."
Ella lo miro con los ojos llenos de lágrimas. "¿Me lo prometes?" Susurro. Este hombre no le parecía malo, aunque parecía un poco aterrador en un principio. Después de todo tal vez ella si podría encontrar a sus padres si él la ayudaba. Pero necesitaba estar segura. "Tienes que prometérmelo o no te lo diré, porque entonces serás un hombre malo"
Para su sorpresa, el hombre le sonrió. Fue una sonrisa pequeña y ella pensó que no estaba acostumbrado a sonreír ya que si no fuera así, el no se vería tan aterrador. "Si, te prometo que te ayudare a encontrar a tus padres." Después de pensarlo un momento, el levanto su dedo pequeño. "Podemos jurarlo por el meñique si quieres."
Ella asintió con la cabeza, sollozo y junto su meñique, que era mucho más pequeño, con el otro. "Bien, eres un buen hombre. Mi nombre es Ina" Le dijo en voz baja.
"Vamos Ina, a encontrar a tus padres" Con suavidad la recogió y ella enrollo sus pequeños brazos por sus hombros.
"¿Tu sabes donde están?" Pregunto abriendo unos grandes ojos. El negó con la cabeza mientras empezaban a caminar.
"No pero podemos ir a la policía y ellos llamaran a tus padres ¿Te sabes su número de teléfono?" Ina asintió.
"¡Me lo sé porque ya soy grande!" Le dijo. El asintió y siguieron caminando en silencio por unos minutos por las calles repletas donde ya nadie parecía aterrador. Desde arriba pudo ver que todos eran personas normales y no los secuestradores que antes habían parecido. "Yo en realidad no soy una niña grade" susurro. El levanto sus ojos celestes para mirarla y ella parecía muy apenada al tener que admitirlo. "Yo soy pequeña porque no pude encontrar el camino a casa. Lo siento, te mentí, pero ahora te estoy diciendo la verdad porque prometí que si lograba encontrar a mis padres seria buena desde ahora."
"Eso es muy admirable de tu parte" El hombre sonaba impresionado.
"Un-uh, quiero ya ser una niña grande para que esto no vuelva a suceder"
"Yo creo que has sido muy valiente"
Ella lo miro con sorpresa, Ina había estado segura que al confesarle al hombre que le había mentido él la odiaría. El hombre le volvía a sonreír y ella le devolvió la sonrisa.
"De verdad me gustaría ser valiente, pero estoy aterrada" Admitió.
El hombre sacudió la cabeza. "Confía en mi, tu estas siendo aun más valiente que alguien que conozco. El ya es adulto, pero no se comporta como uno… " Murmuro.
Eso si animo a Ina. ¿Era ella más valiente que un adulto? Tal vez estaba creciendo más rápido de lo que pensaba.
La estación de policía estaba bastante vacía comparada con las calles afuera. Dos hombres se encontraban ordenando papeles y archivando reportes. El hombre sentó a Ina junto a una mesa en la esquina y fue a hablar con ellos. Ella no podía escuchar sobre que estaban hablando, pero tampoco le importaba. Iba a encontrara a sus padres pronto. Sus oraciones habían sido respondidas por ese hombre alto y realmente amable. Se sonrío y volvió a limpiarse la cara con la chaqueta (la que ahora se veía bastante sucia). Al tiempo que el hombre volvió, ella balanceaba sus piernas por debajo de la silla, sonriente hacia él.
"Ellos van a llamar a tus padres ahora, todo lo que necesitan es que les des el número de teléfono, Ina."
Ina salto de la silla y corrió hacia el hombre, abrazo sus piernas y levanto su cara para verlo. "¡Te lo agradezco mucho! ¡Eres el mejor de los extraños! Y no te estoy mintiendo, porque no puedo mentir nunca más. ¡Lo prometí!" Alzo su dedo meñique hacia él.
Él le ofreció su dedo más pequeño con sorpresa y solo tomo otro momento para que ella le dijera que se agachara y a él para sonreírle.
Alemania se fue después de eso. Una vez que Ina le había dado el número de teléfono de sus padres a la policía no había razón para que se quedara. De todos modos, el solamente había salido de su casa a entregar una carta. Italia probablemente estaría esperándolo en casa, preguntándose donde estaría Alemania que ya estaba un poco retrasado en volver. El país suspiro y se ajusto la corbata mientras caminaba por la calle. Era mejor entregar la carta e ir a casa rápidamente, no debía preocupar a Italia de todos modos. Si lo hiciera, estaba seguro que al llegar a casa lo encontraría muy preocupado. Un muy lloroso Italia se lamentaría de cómo había pensado que Alemania estaría muerto. Lo mejor era evitar eso.
Justo cuando estaba doblando en la esquina, una mujer corrió hacia el muy nerviosa.
"¡Discúlpeme señor!" Ella lo miro, las lágrimas amenazaban en extenderse hacia sus pestañas. "¿Podría decirme donde se encuentra la estación de policía?" Un hombre corrió junto a ella, poniéndole una mano en el hombro. El también miro a Alemania, no tan nervioso como su esposa, pero nervioso de todos modos.
El país les señalo el camino por donde venia. "Es por esta calle, si caminas unas tres cuadras abajo, la encontraras a la izquierda, al lado de una verdulería."
La mujer rápidamente empezó a correr calle abajo, apenas evitando a las demás personas en la acera. El hombre estrecho la mano de Alemania.
"Te lo agradezco, perdimos a nuestra hija y recibimos una llamada telefónica diciendo que estaba en la estación. De otro modo seriamos más amables." Con una inclinación de su cabeza, rápidamente corrió tras su esposa, dejando que Alemania los viera irse.
El país siguió a los padres de Ina con los ojos mientras desaparecían entre la multitud. Sintió como una sonrisa crecía en su cara normalmente seria y decidió dejarlos. Alemania siguió su camino. No había duda de que la pequeña niña que había conocido hace un rato seria bien cuidada. Con ese fuerte espíritu suyo y de sus amorosos padres, ella estaría bien. Después de todo, Ina era Alemana, por supuesto que la fuerza corría por sus venas. Esa era una de sus principales causas de orgullo: su gente nunca se rendía.
Espero que les haya gustado ! El Próximo capitulo se lo lleva Veneciano !
Yaya Romance !
