The Peabody's Big History.

Chapter Two: The Peabody's Secret.

Un secreto, eso es que él tenía, estaba un 100% seguro de ello, ya que una vez le había ocultado algo, sabía cuándo estaba mintiendo, esta ocasión no era la excepción, tenía que encontrar las respuestas por sí mismo si él no quería dárselas, que mejor lugar para buscar que en la habitación de su padre, aprovechándose de que Peabody no estaba allí, se adentró en el cuarto.

Por suerte Peabody estaba en el séptimo piso de Peabody Industries trabajado con varias personas en un nuevo invento, aunque se había ido algo molesto y no tenía idea de porque su padre estaba de ese mal humor, le encantaba ayudar a los demás, decidió no pensar en eso por ahora, necesitaba encontrar algo, un diario, una carta, cualquier cosa, se dirigió al escritorio, donde encontró un dibujo a la mitad, una de las tantas habilidades de Peabody era dibujar y se le daba muy bien, ya que el año anterior dibujo a todos los trabajadores de la industria en la cena que se realiza cada fin de año.

Aunque el dibujo no estaba terminado, pudo distinguir que era una mujer, sus ojos miraban al frente, como si de verdad te estuviera observando, su cabello estaba trenzado y había una sonrisa en su rostro, Sherman se aseguró de repasar por su mente si él la había visto antes, pero por más familiar que le era, no recordaba haberla visto antes, quizá ella tenía que ver con la pregunta sin contestar, observó la parte inferior derecha de la hoja, con letras muy pequeñas, tenía escrito: 16 de noviembre del 2014, 3:54 am.

Ahora entendía, a esa hora se había dormido, por eso estaba de ese humor, lo llamaron a las 7:00 am para que les ayudara con el invento, aun cuando tenía sueño, no se quejó más y bajó a ayudarles, era algo inusual, salió del cuarto cerró la puerta asegurándose de que todo estaba cómo su padre lo dejó.

Suspiró con tristeza, una vez más su padre no confiaba en él lo suficiente como para decirle la verdad, se puso a pensar en varias posibilidades, varias razones que podía tener para seguirse negando a contestar la pregunta en los últimos tres años.

"¿Qué puede ser tan malo?" Se preguntó a sí mismo.

Debió ser algo muy malo para hacer que el beagle actuara de esa manera cada vez que la pregunta era formulada, pero; ¿Qué podía ser?

Sujetó en sus manos un libro blanco, con un copo de nieve plateado en la portada, eso sí lo recordaba, era una gran historia que el señor Peabody le había contado hace unos años, no había terminado de decirle lo que seguía, ni siquiera lo leyó, se limitaba a decirle de que se trataba, recordaba bien las palabras dichas por el beagle: Léelo cuando creas que estés listo para saber su contenido. Suspiró y abrió el libro, donde se sorprendió al encontrar una pequeña introducción escrita a mano.

A quién está leyendo esto…

Quiero advertirle que esta historia no es muy agradable, por más dolorosa que sea, por desgracia es la verdad, he querido tantas veces deshacer mis errores, pero con todo lo malo que he pasado, tengo a un hermoso niño aquí conmigo, ese niño ha crecido toda su vida sin darse cuenta de quién soy, el momento de que lo sepa ha llegado, aunque no sé con certeza si pueda obtener su perdón después de tantos engaños y mentiras.

Porque lo que amó más que la vida, es mi vida, es mi hijo, lo amo, no importa lo lejos que pueda parecer, yo siempre he estado a su lado…

Sherman miro la siguiente página descubriendo que también estaba escrito a mano y posiblemente el resto del libro también lo estaba.

Dedicatorias…

A mi madre, que no solamente me dio la vida, me dio lo que me hace diferente de los demás, una forma de recordarla y jamás olvidarla, porque aunque ya no esté a su lado, siempre está conmigo cada vez que la blanca nieve cae sobre la ciudad.

A mis tíos, que me dieron una pequeña secuaz en travesuras y aventuras, que me han dado su cariño.

A mi esposa, que he seguido amando y he extrañado todos estos años, que me dio amor y a quien más amo en la vida.

A mi hijo, del cual siempre he estado orgulloso y me ha querido sin importar que, no pueda decir que me siga queriendo después de que se enteré, pero yo sí lo haré, oh Sherman, cómo quisiera que me perdonaras…

El joven detuvo la lectura de manera súbita, ¿Había leído bien?, sus ojos volvieron al libro y a la pequeña oración; oh Sherman, cómo quisiera que me perdonaras. Sí, al parecer leyó bien, él sonrió, allí podría encontrar las respuestas de su origen y de su familia, después de todo una de esas preguntas sería contestada, se detuvo, Peabody sabía de la existencia de ese libro, entonces, ¿Por qué no le dijo antes?, debía ser algo que él mismo tenía que ver, paso a la siguiente página y se dispuso a saber la verdad.