Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, aunque la historia si.
Lo que está escrito "entre comillas" con los pensamientos de la gente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones telefónicas o en la lejanía.
Pov Jacob.
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CAPÍTULO 3. Acomodándome.
Me senté en la cama de golpe, sudando.
Miré a mi lado. Estaba solo en la cama.
Busqué a Nessie por toda la habitación, pero no había ni rastro de ella.
Me levanté de la cama y fui a cambiarme de ropa, aunque no lo hice. Vi una nota encima de mi maleta.
Querido Jacob.
Lamento mucho haberme marchado tan repentinamente, pero es que no podía quedarme. He tenido que irme. Sé que es una locura, pero te dejo mi número de teléfono por si te apetece que hablemos o salgamos alguna noche.
De verdad que lamento haberme marchado sin despedirme.
Dejé caer la nota encima de la maleta y me senté en la cama. Había conocido a esa chica hacía apenas diez horas, pero había comenzado a sentir algo muy especial por ella. Algo que no dejaba que su rostro y su sonrisa abandonaran mi mente.
"Va, Jacob. Muévete. Tienes que irte."
Cuando al fin conseguí moverme y levantarme de la cama, fui a vestirme con un pantalón negro y camisa blanca. Recogí mis cosas y fui hacia mi coche.
Tardé cerca de hora y media en llegar al pueblo. Estuve dando vueltas por Forks hasta que vi a un par de personas y les pregunté donde estaba el hospital. Mira que el pueblo no era muy grande, pero aun así me costó bastante hubicarme.
Cuando me bajé del coche, tuve que ponerme las gafas de sol. Hacía un sol deslumbrante y eso que me habían dicho, repetidamente, que en ese pueblo siempre llovía y hacía frío. "Seguro que Seth solo me lo ha dicho para que se me quitaran las ganas de venir."
En la puerta del hospital me encontré con un chico moreno, que no debía de ser mucho mayor que yo.
- Buenos días. - dije, cuando llegué a su lado.
- Buenos días.
- Me llamo Jacob Black. - dije, tendiéndole mi mano. - ¿Sabe dond puedo encontrar al director del hospital?
- Lo tiene delante. - dijo, sonriendo. - Soy Emmett McCarty. ¿Estás preparado para empezar a trabajar?
- Por supuesto. Tengo muchas ganas de empezar.
- Por favor, acompáñeme a mi despacho.
Seguí al doctor McCarty hacia un pequeño despacho y ambos nos acomodamos en las butacas que había a sendos lados del escritorio.
- He leído tu ficha.
- Bien.
- Ya tienes dos carreras.
- Fui a la universidad un poco pronto. - dije, deseando que no ahondara en ese tema.
- Bueno, tengo una propuesta para ti. - dijo, poniéndose serio de golpe. - A parte de tener una consulta en el hospital, deberás hacer consultas a domicilio. A un domicilio en concreto.
- ¿Solo a uno?
- Así es.
- ¿Por qué?
- Porque es la única casa a la que ninguno de mis médicos quiere ir.
- No lo entiendo. ¿Es que son mala gente?
- No, no. Bueno, no lo sé. Verás... Se trata de una familia que vive en la casa que hay en la entrada del pueblo.
- Vi la casa al llegar. - dije, recordando la mansión. - Es impresionante.
- La hija del matrimonio está enferma.
- Lo veo lógico. Para eso me necesitan. - no entendía nada. O no se sabía explicar o no se atrevía a decirme el motivo. - Doctor McCarty, no entiendo a donde quiere llegar. ¿Qué pasa con esa gente?
- Solo salen de noche.
No me pude contener y me puse a reír a carcajada limpia, aunque se me cortó la risa en cuanto vi la sombría expresión de su rostro.
- Perdone, doctor McCarty, pero es que no creo en vampiros.
- Entonces irás tu a la casa de los Cullen.
- Vale. - dije, sorprendido ante tal cambio de actitud.
- Más tarde llamaré a la familia y les daré tu número de busca. - dijo, al tiempo que dejaba un busca frennte a mí. - Cuando te necesiten, te llamarán. ¿Te parece bien?
- Si, no hay problema.
- ¿Ya sabe donde va a hospedarse? - dijo, volviendo a cambiar su tono de voz. Volvía a ser el de antes.
- Pues no, acabo de llegar al pueblo. Ahora pensaba ir a buscar un motel.
- Ten. - me dio un papel, en el que habían anotados tres números de teléfono. - Puede que en uno de estos números encuentres un lugar en el que vivir.
- Gracias, doctor McCarty.
- Empezarás a trabajar mañana a las nueve.
Por su duro tono de voz, entendí que la conversación había terminado. Cogí el busca y el papel y me marché. "Hay que ver lo mal que le ha sentado que me haya reído de la historia de los vampiros."
Cuando me metí en el coche, llamé al primer número de la lista. Nadie me respondió ninguna de las tres veces que llamé. Marqué el segundo número y hablé con una señora que no se enteró de nada de lo que le dije. Ya me estaba deprimiendo cuando marqué el tercer número.
- Buenos días! - respondió con alegría la voz de una mujer.
- Buenos días. Me llamo Jacob Black. El doctor McCarty me ha dado este número.
- ¿Es usted el nuevo médico del pueblo?
- Así es.
- ¿Ya ha encontrado alojamiento?
- No. Por eso mismo la llamo. He llamado a otros dos números, pero ha sido inútil.
- De acuerdo. Quedemos en medio hora en la entrada del ùeblo. ¿Le parece bien?
- Claro. Me parece perfecto.
- Hasta ahora.
Colgué el teléfono y conduje con calma hacia la entrada del pueblo, lo que ya me costó unos veinte minutos. Me quedé dentro del coche, a resguardo del sol, hasta que vi aparecer un Mercedes negro con los cristales tintados. Salí del coche y, a su vez, una mujer de unos cuarenta y pocos años del Mercedes.
- ¿El doctor Black?
- Si.
- Soy Bella Cullen. - dijo, tendiéndome su mano, que estreché al momento. - ¿Como está? ¿Como ha ido el viaje?
- Muy bien, gracias. Largo pero bien.
- Me alegro. - dijo, sonriendo con sinceridad. - Verá, tenemos una pequeña casa cerca de la nuestra. - dijo, señalando la gran mansión de la que había hablado con McCarty.
- ¿Cuanto piden al mes por ella?
- ¿Cuanto está dispuesto a pagar?
- En realidad, tenía intención de buscar un apartamento pequeño porque no puedo pagar más de doscientos cincuenta.
- Perfecto entonces.
- ¿De verdad? - pregunté, alucinado. Era muy poco dinero por una casa. Ya por mi apartamento tenía que pagar trescientos, y eso que iba a medias con Seth. - Muchas gracias.
- ¿Cuando comienza a trabajar en el hospital?
- Mañana por la mañana.
- Entonces, ¿le parece bien que vayamos a ver ahora la casa?
- Me parece una idea perfecta. - miré hacia el Mercedes y me pareció ver algo de movimiento en el asiento trasero. - Gracias por ofrecerme alquilarme su casa. Y por ese precio, le estoy doblemente agradecido.
- No es nada. Apenas usamos esa casa. - dijo, sonriendo ampliamente. En ese momento me di cuenta de que era una mujer muy atractiva. - Ya que es posible que le llamemos a menudo, por lo de la enfermedad de mi hija, y es mejor que no tenga que venir desde muy lejos. Porque usted es quien tratará a Renesmee, no?
- Si. Me han asignado tratar a su hija.
- Perfecto entonces.
La señora Cullen se puso las gafas de sol y alzó la vista al cielo.
- Que raro. Parece que hoy va hacer buen tiempo. - comentó y, al momento, me miró a mí, que no había podido dejar de mirarla, recordando lo que me había dicho McCarty. - ¿He dicho algo raro?
- Ustedes son los vampiros, no? - dije, provocando que a la señora Cullen le diera la risa.
- ¿Has estado hablando con Emmett, verdad? - dijo, aun riendo. - Bueno, como puedes ver, no me he convertido en polvo.
- Así es.
- Venga, vayamos a ver la casa. Sígueme.
Me dio una leve palmada en el brazo y cada uno nos marchamos hacia nuestros respectivos coches.
La seguí hasta la pequeña casa de la que habíamos hablado. Bueno, ella había dicho que era pequeña, aunque a mi me pareció enorme. Era perfecta.
- ¿Que le parece la casa de momento? - dijo la señora Cullen, apareciendo a mi lado, mientras me bajaba del coche. - Sé que no es muy grande pero...
- ¿Que no es muy...? Es espectacular.
La señora Cullen sonrió y sacó las llaves de su bolso, que dejó en mi mano. La miré de nuevo y me fijé en que su sonrisa era muy parecida a la de... pero no... no podía ser. Bella no podía ser la madre de Nessie. Era muy joven. Tal vez fueran familia. O tal vez era simple coincidencia.
- ¿Cuando puedo instalarme?
- Cuando quieras. Ya tienes las llaves.
- Genial.
- Bueno, yo ya me marcho. Mi marido nos espera. - dijo, encaminándose hacia el coche. - Llámame ante cualquier cosa.
- De acuerdo, señora Cullen.
- Llámame Bella, por favor.
- Muchas gracias por todo, Bella.
- Nos vemos, Jacob.
Bella se montó en su coche y se marchó, despidiéndose de mí con la mano.
Cuando estube solo, fui hacia mi coche a coger mis maletas y entré en la casa.
Si por fuera ya era espectacular, por dentro era mucho más alucinante. Era como si acabara de entrar en el catálogo de una tienda de muebles. Era demasiado.
Recorrí la casa de arriba a bajo un par de veces y seguía igual de alucinado
Tras más de media hora dando vueltas, me acomodé en el único dormitorio que había en la planta baja, donde también había una gran cocina, el salón, un cuarto de baño e, incluso, una pequeña biblioteca. En esa planta tenía todo lo que necesitaba.
Decidí darme una ducha, me vestó con un simple pantalón de chandal y me dejé caer en el sofá, justo en el momento en que mi busca comenzó a sonar por el salón. Cogí mi móvil y llamé al número que marcaba.
- Lamento molestarte. - dijo la voz de Bella directamente al responder. - ¿Te ha dado tiempo a instalarte?
- Si, tranquila. ¿Que ocurre?
- Acabo de ver que Renesmee tiene una mancha cerca del cuello. ¿Podrías venir a echarle un ojo?
- Claro... Ahm... Ahora mismo voy.
- No hace falta que corras. Ahora está dándose un baño y puede pasarse horas allí metida.
- Entonces como alguna cosa y voy hacia allí.
- Gracias. Eres un cielo.
Colgué el teléfono y fui hacia la enorme cocina de mi nueva casa.
Mientras se me hacía la comida, fui en busca del número de teléfono de la hermosa Nessie. Marqué su número y esperé a que me responidera, pero no lo hizo. Saltó el buzón de voz. Estuve a punto de colgar, pero me lo pensé mejor.
- Hola, Nessie. Soy Jacob, el chico de anoche. He pensado que a lo mejor te apetecería salir esta noche. Bueno... dime algo. Nos vemos.
Colgué y volví a la cocina. Comí bastante deprisa, ya que quería ir a la casa de los Cullen cuanto antes. Aunque Bella me hubiera dicho que no me diera prisa, una mancha en el cuello no era para tomárselo con calma.
La casa... Bueno, la descomunal mansión de los Cullen, estaba cerca de mi nuevo hogar, pero aun así me costó un rato llegar a ella, ya que no se llegaba por la carretera, sino por un pequeño desvío.
Dejé el coche al lado del Mercedes de Bella y fui hacia la puerta.
No hizo falta que llamara a la puerta, esta se abrió cuando estaba subiendo el último escalón del porche.
- Ho-hola.
- ¿Es usted el doctor Black?
- Si, señor.
- Soy Edward Cullen.
- Encantado de conocerle. - dije, tendiéndole mi mano, que estrechó al momento. - Su esposa me ha llamado hace unos minutos.
- Si. Entremos en casa. - fui tras él hacia una sala en la que había un gran fuego a tierra y varias butacas. - Bella me ha dicho que le ha visto una mancha en el cuello a Renesmee y nos hemos preocupado.
- No se preocupe. - dije, intentando calmarle. - tal vez no se nada.
- ¿Le ha dicho ya el doctor McCarty qué enfermedad tiene mi hija?
- No. Supongo que mañana, que es cuando comienzo a trabajar en la consutla, me dará el informe. - me indicó con un gesto de la mano que me sentara en una de las butacas. - Aunque deduzco que se trata de una enfermedad de la piel.
- A Renesmee no le puede dar el sol.
- Vaya.
- Y, en ocasiones, le salen marcas en la piel al mínimo contacto.
- Ah.
- ¿Cree usted que ambas cosas pueden estar relacionadas?
- No lo sé, aunque pienso investigarlo.
- Tanto mi mujer como yo se lo agradeceríamos. - dijo, sonriendo, mucho más calmado. - ¿Que edad tiene?
- Veinticinco.
- Vaya. Tan joven y ya con dos carreras. Asombroso.
En cuanto dijo eso, me sonrojé. "¿Como lo sabe? O me ha estado investigando o McCarty se ha ido de la lengua."
- Papá, me dejas el móvil? Me he quedado sin saldo y tengo que hacer una llamada imp...
Me di la vuelta y miré a la chica que acababa de entrar en el salón. Era una chica muy hermosa y vestía con una simple toalla de baño. Me fijé en su cuello y en la mancha. La mancha del chupetón que yo le había hecho la noche anterior.
Un cúmulo de emociones invadieron mi cuerpo, al mismo tiempo que comenzaba a entender el motivo de su precipitada marcha. Se había ido antes de la salida del sol porque éste no podía tocarle la piel.
- ¿A quien tienes que llamar, cariño?
Nessie no respondió. No dejaba de mirarme. Yo tampoco podía dejar de mirarla, y ella se dio cuenta de lo alucinado que estaba. Salió corriendo del salón en el momento en que abrí la boca para saludarla.
- ¿Qué es lo que ha pasado? - preguntó Bella, entrando en el salón.
- No tengo ni idea. - murmuré, aunque me arrepentí al momento. Bella y su marido tenían sus ojos fijos en mí.
- Pues acaba de subir corriendo a su dormitorio y parecía avergonzada. ¿Es que ha ocurrido algo?
- Creo que... ejem... creo que no se esperaba que yo estuviera aquí y claro... ejem... ha entrado con... - empecé a farfullar, aun alucinado por haberme reecontrado con Nessie en aquel lugar.
- Claro, claro. - dijo Bella, aun sin apartar su mirada de mí. - Oye, Jacob. - se sentó en la butaca que había a mi lado. Su mirada estaba empezando a incomodarme. - Aunque ella crea que no nos enteramos, sabemos que a veces Renesmee se escapa por las noches.
- Ah si?
- Eso que tiene en el cuello es un chupetón, verdad?
- Mamá! ¿Le puedes decir al doctor que suba?
Bella suspiró.
- Vamos, Jacob. Te acompaño.
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Hola hola.
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