Alguien aporrea la puerta del baño

- ¡Katniss! ¿Cuándo vas a terminar ahí dentro? ¡Prim tiene que ducharse aún!

- ¡Dije que ya voy! -digo, casi dándome por vencida con la trenza. Cuando estoy nerviosa nunca me salen bien.

Finalmente termino, después de cinco minutos y varias sesiones de porrazos en la puerta. Mamá gesticula nerviosa, diciendo a Prim que se apresure.

La casa es un caos. Mamá no sabe qué perfume ponerse y papá no puede opinar porque está demasiado ocupado planchando su pantalón. Paso a mi habitación ajena a todo y comienzo a elegir mi vestuario.

Si escojo un pantalón mamá se enfadará, lo cual no suena mal del todo. Al final me pongo un vestido blanco y negro y una rebeca blanca por encima, me maquillo un poco y salgo a esperarlos.

Papá llama a un taxi que nos deja en un lugar llamado "Restaurante Valentino", un sitio bastante elegante. Cuando entramos y el metre nos señala nuestra mesa, los Mellark ya están ahí.

Sigo estando nerviosa, porque no sé si funcionará mi estrategia diplomática. Pero no puedo permitir que mis padres se separen. ¡Debo detenerlos!

- Katniss, Primrose, éstos son Ian Mellark y su mujer Camila -dice papá.

- Y ésta es nuestra hija mayor Katniss, y nuestra hija pequeña Primrose.

- ¡Encantada de conocerlas a ambas! -dice la señora Mellark sonriendo dulcemente.

- Qué par de jovencitas tan lindas. Mucho gusto -dice el señor Mellark.

- Mucho gusto -repito. Se ven buenas personas, personas normales que no harían nada loco como divorciarse e intercambiar parejas con otro matrimonio-. Aún me resulta difícil de creer que ustedes vayan a ser mi madrastra y padrastro a partir de ahora. Ha sido todo tan repentino.

- ¡Cierto! -dice el señor Mellark-. Jamás hubiera creído el mes pasado que algo así nos iba a suceder.

- Seguro que nos llevaremos todos estupendamente -agrega su mujer.

Entrecierro los ojos. Retiro lo dicho. Éstos dos son igual que mis padres. Tal para cual.

Tras las presentaciones nos sentamos y el camarero trae los entrantes. Una sopa humeante que huele de maravilla.

- ¿Dónde está Peeta? -pregunta Prim.

- Ha surgido un imprevisto. Me mandó un mensaje diciendo que llegaría un poco tarde -dice el señor Mellark.

-El pobre no va a tener tiempo de arreglarse, va a venir directo de la escuela -dice Camila Mellark.

- ¿Peeta? ¿Quién es Peeta? -digo.

Y en ese momento me doy cuenta de que hay una silla vacía en la mesa.

- Peeta es el hijo de los Mellark, tiene dieciséis años igual que tú.

- ¿Y cómo es que Prim lo conoce?

- Mamá me lo dijo ayer -dice Prim avergonzada.

- ¿Y a mí no me dijiste nada? -digo molesta.

- Lo siento Katniss, ayer estabas... bueno muy afectada -dice mamá.

Le pongo mala cara y doy una cucharada a mi sopa. Está riquísima.

Entonces si los Mellark tienen un hijo, eso significa que voy a tener un aliado. Seguro que él ha pasado por lo mismo que pasé yo ayer. ¡Juntos evitaremos que nuestros padres se divorcien!

-Oh miren ya llegó. ¡Ese es Peeta!

La señora Mellark comienza a hacer señas a alguien y yo giro la cabeza hacia la entrada.

Cuando veo al tal Peeta, siento como que se me corta la respiración.

- Siento llegar tarde -dice.

Pelo rubio, ojos azules y la sonrisa más bonita que he visto en mi vida. ¿Él es Peeta? ¿Ese chico tan guapísimo?

Peeta se acerca a la mesa y le da un beso en la mejilla a su madre. Noto como me empiezo a sonrojar.

-No pasa nada Peeta, acabamos de empezar. Éstos son Jim y Romy Everdeen y sus hijas Katniss y Primrose.

-Buenas tardes -dice sonriendo.

-B-bu-buenas tardes -tartamudeo.

Me ha sonreído. ¡Ese chico tan guapo me ha sonreído! No puedo creer la suerte que tengo, todos mis compañeros de la escuela son del montón de abajo. ¿Dónde se esconden los chicos guapos? Cuando se lo cuente a Madge se va a morir de envidia.

Pero NO. ¡No he venido aquí a esto! Tengo un objetivo y tengo que centrarme.

Cuando Peeta se sienta en su silla y el camarero le trae su sopa, me aclaro la garganta.

- Me gustaría decir algo -las conversaciones y risas se cortan de golpe y todos me miran-. Ésta decisión que mis padres han tomado me está causando mucho sufrimiento. Me está costando mucho aceptar que mi hogar tal y como lo conocía se va a hacer pedazos. Y por ello quiero decir que me opongo a lo que van a hacer.

Tanto mis padres como el señor y la señora Mellark me miran confusos.

- Además, no sé si han pensado en nuestras familias a la hora de tomar una decisión así. ¿Qué van a decir los demás? -prosigo.

- Oh, si es por eso no te preocupes Katniss, ya hablamos con tus abuelos y tus tíos, todos nos han comprendido y nos han dado sus bendiciones -dice mamá.

¿Qué? ¿La abuela que es tan tradicional también?

- Nosotros pensamos que más gente se opondría a ello, pero igual todos nos están apoyando -dice el señor Mellark-. Mi madre dijo que debía escuchar la voz de mi corazón.

Los cuatro comienzan a reír. Otra vez siento ganas de golpear algo, pero no puedo armar un escándalo en este sitio tan fino delante de un chico tan guapo.

- ¿¡Y qué hay de nuestros sentimientos!? ¿Qué pasa conmigo y con Peeta y con Prim? ¿¡No han pensado en el impacto que sus decisiones van a tener en nuestras vidas?!

- A mí me da igual -murmura Peeta.

-¿Qué? -digo contrariada, esperaba que él estuviera de mi parte-. ¿Te da igual que tus padres decidan divorciarse de la noche a la mañana?

- Si ellos realmente están enamorados ¿Qué más da?

- Prim...

Miro a Prim suplicándole algo de apoyo. Ella tan solo aparta la mirada. Traidora.

- Debemos aceptar su decisión -prosigue Peeta-. ¿Acaso no te importa que tus padres sean felices? Ya déjalo estar y tómate la sopa. Se te va a enfriar.

¿Q-quién se cree que es hablándome así? ¿Y por qué está tan tranquilo cuando su familia está a punto de desmoronarse?

- Katniss hija... no pensé que te afectaría tanto -dice mamá.

- Bueno, acaba de conocer a los Mellark. Quizá con el tiempo se acabe acostumbrando y entendiendo por qué hemos tomado ésta decisión -dice papá.

Cuando me frustro mucho, normalmente golpeo algo para desahogarme, pero cuando llego al límite toda esa frustración sale hacia afuera en forma de lágrimas.

Y eso es precisamente lo que me sucede ahora. Lágrimas comienzan a brotar de mis ojos sin que pueda hacer nada por evitarlo. Todos me observan.

- Es cierto que mis padres son muy fiesteros y poco hogareños... cuando he sacado malas calificaciones en la escuela nunca me han regañado... además... odian cocinar... y la mayoría de las noches comemos pizza o comida a domicilio... nunca nos regañan si hacemos travesuras y a veces... nos consienten demasiado... pero a pesar de todo siguen siendo mis padres... y no quiero verlos separados... quiero que los cuatro juntos sigamos siendo una familia como hasta ahora... yo y Prim y mis padres... como siempre ha sido...

Mientras sollozo, todos están en silencio. Peeta me mira y no puedo ser capaz de adivinar lo que está pensando. Quizá se avergüence de mí pero me da igual, ya no me cae tan bien.

Cuando me calmo un poco, papá sonríe.

- Gracias Katniss por contarnos lo que sientes.

- Me has quitado un peso de encima. Si es la separación lo que te preocupa, no tienes por qué llorar más.

- ¿Qué? ¿Por qué? -digo limpiándome las lágrimas en una servilleta.

Esto me huele mal.

- ¡Porque vamos a comprar una casa más grande para vivir todos juntos en ella! -dicen los cuatro a la vez.

El shock es tal que no consigo ni articular palabra. Simplemente los miro incrédula, asimilando lo que acaban de decir.

- Ustedes dos son la cosa más importante para mí -dice mamá-. No podría estar separada de mis niñas ni tener que decidir quién se va a vivir con quién.

- ¿Ves Katniss? ¡Seguiras teniendo a tus padres a tu lado en todo momento! -dice el señor Mellark.

- ¿No es fabuloso? -dice la señora Mellark-. Además de éste modo ninguno de ustedes tendrá que cambiar de apellido.

Todos están entusiasmados. La señora Mellark le da un abrazo a papá, y mamá hace lo mismo con el señor Mellark.

- ¿Y por qué ustedes dos están tan calmados? -digo a Peeta y Prim.

-Yo ya lo sabía -dice Peeta.

- Yo... yo también lo sabía -dice Prim.

O sea que todo el mundo se ha vuelto loco, y yo soy la única que no lo sabe. La cabeza me da vueltas y me siento ligeramente mareada. Esto es increíble...

- ¿Qué dices a eso Katniss? -pregunta papá.

- ¡ME PARECE MUCHO PEOR QUE ANTES! ¡¿Y si alguien en la escuela se entera de que estoy viviendo en una casa con mis padres, sus nuevas parejas y su hijo? ¡Nunca lo voy a aceptar!

Entonces los cuatro me miran desesperanzados, con ojos de cachorrito triste. Parece que ahora sean ellos los que se van a echar a llorar de un momento a otro.

Yo solo quiero que entiendan cuanto me duele.

- ¿Por qué no te das por vencida de una vez? -dice Peeta, mientras agarra una loncha de queso de la cesta del centro y le da bocados tranquilamente.

Me molesta que esté tan tranquilo. Quiero abofetearlo, también a mi madre, y a mi padre y a los señores Mellark. Quiero abofetearlos a todos. Quizá a Prim no pero los demás no tienen perdón.

-Está bien -digo a la vez que doy un puñetazo a la mesa.

-¡SÍ! -dicen los cuatro juntos.

La señora Mellark y mamá comienzan a bailar y reír mientras en el resto de las mesas y los camareros todos nos miran. Papá y el señor Mellark me agarran cada uno de un brazo y me levantan y me ignoran cuando les grito que me bajen y me dejen en el suelo. Y Peeta y Prim se toman su sopa, en silencio. Como si todo el alboroto de alrededor estuviera pasando en otro lugar, en otro mundo a años luz de donde están.

No puedo creer que me esté pasando esto a mí.