Copyright: Candy Candy y todos sus personajes pertenecen a Kioko Misuki y Yumiko Igarashi así como a TOEI Animation 1976
Terry en Orión
Capítulo 2
Cazando tu corazón
Terrence y Candy se habían vuelto a ver al día siguiente como la diosa había deseado, pero no fue solamente ese día, ellos se vieron a escondidas durante muchos días y algunas veces durante varias noches con la luz de la luna como único testigo del amor que crecía y crecía irrefrenablemente en el interior de estos dos seres…
Con el paso del tiempo ellos habían llegado a conocerse muy bien y para su fortuna o desgracia sus almas se habían reconocido como un solo ser, ellos ahora estaban seguros de que ninguno de los dos podría volver a amar de esa manera a alguien más; era como si el destino hubiera decidido que el camino que ellos habrían de recorrer a partir del momento en que se conocieron tuviese que ir de la mano: forjado con hierro para no poder separarse pero también prohibido…
Terry y Candy estaban conscientes de que su amor jamás podría llegar a materializarse, ellos no podrían tocarse jamás como una pareja normal lo haría, ellos jamás podrían llegar a unir sus vidas con la bendición de los dioses, en este caso de Albert; ambos tendrían que conformarse con amarse sin tocarse, con admirarse y disfrutar de la compañía mutua, con tenerse sin poseerse…
Sin embargo Candy a pesar de sentir que nunca más en la eternidad podría llegar a olvidar a Terry, ella tampoco deseaba para él este tipo de amor, una parte de ella deseaba que la olvidara para poder hacer su vida como un mortal junto a alguien más y formar una familia, pero su otra parte, la más fuerte la que la hacía ser egoísta, vanidosa y cruel como la diosa que era se negaba rotundamente a compartir a Terry, ella pensaba que no sería capaz de verlo feliz con alguien más, antes que eso preferiría matar a quien osara posar sus ojos en su amor porque eso era, su amor.
OoOoOoOo
Candy querida –Dijo Neal llegando al lugar en donde estaba sentada su hermana- quiero que me cuentes como estás, hace tanto que has dejado de ser tu misma, mucho tiempo te encerraste alejándome de ti y ahora tu mirada brilla pero no logro descifrar el por qué.
Oh Neal, no tienes nada de que preocuparte –Le dijo Candy a su hermano viéndolo con sus expresivos ojos- estoy bien, es solo que quizás ha llegado el momento en que no puedo compartirte todo cuanto me sucede, pero quiero que estés seguro de que mi amor por ti no ha cambiado y jamás será distinto, tu eres mi hermano, mi pilar y te amo- Concluyo tomándole una mano a su apuesto hermano.
Bien Candy tu sabes que yo no soy tan paciente como debería y tampoco he querido acudir al oráculo para saber qué es lo que está sucediendo contigo, esperaba que tú me contaras lo que ha venido sucediéndote; el que no te vea no significa que no sepa que estás triste y ahora te veo feliz, hay una luz peculiar que te rodea pero también puedo ver algún tipo de angustia y no logro encontrar una razón- Concluyó Neal haciendo pequeños círculos en la palma de la mano de Candy –Yo te venero mi dulce hermana y deseo que sea lo que sea que atribula a tu corazón pase pronto y vuelvas a ser la misma de antes me duele saber que no puedo acompañarte en el sendero por el que ahora caminas pero cuando quieras aquí estaré…
¡Gracias Neal, no sé que haría sin ti! –Exclamó Candy abrazando a su hermano, eran muy pocas las veces en que habían compartido este tipo de caricia que era poco común entre los dioses.
Candy poco después se retiró dejando a Neal muy pensativo, pero ella estaba muy equivocada si creía que su mellizo se quedaría tranquilo sin saber cuál era el maldito motivo que había cambiado tanto a su hermana…
OoOoOoOo
Te estaba esperando Candy –Rompió el silencio de la noche una voz aterciopelada y varonil en medio del claro del bosque que tenía una hermosa vista al lago.
Lo sé –Respondió la rubia sentándose a su lado sin quitar la vista de las pequeñas figuras que hacía la luna al jugar con el agua -¿Qué has hecho hoy Terry? –Dijo Candy volteando a ver al aludido.
¿En verdad quieres saberlo Candy? –Respondió el ojiazul sonriendo de lado.
Si, ¿Por qué no habría de querer hacerlo? –Preguntó nuevamente Candy coqueta mientras se acercaba un poco a él. Este tipo de juegos eran peligrosos, hacían latir sus corazones muy rápido, les hacían sentir todo tipo de emociones pero no era nada sano puesto que estaban jugando con fuego y estaban a punto de quemarse
Porque tú podrías saber que hago en todo el día sin necesitar que yo te lo cuente –Sonrió el semidiós.
Oh si tienes razón –Murmuró Candy guiñándole un ojo y fingiendo aburrimiento.
¿No será mi querida diosa que deseas escuchar de mis propios labios que he pensado en ti todo el día? –Dijo acercándose peligrosamente a los rosados labios de la rubia, rompiendo el límite que estaba establecido- ¡Qué cada día que paso junto a ti voy desapareciendo porque dentro de mi poco a poco vas ocupando más espacio tú, mis días están repletos de pensamientos para ti, mi mortal corazón late solamente por ti, mi alma te necesita como el calor al sol, no puedo estar lejos de ti porque tu vives en mi Candy, no hay palabra alguna que me permita describir lo que tú provocas en mi!
Candy sentía el cálido aliento de Terry chocar en sus propios labios, y su voz había sido como el sonido de las olas golpeando una roca: hipnotizante, cautivadora, él había confesado que la amaba, por todos los dioses del Olimpo; ella sabía que si él intentaba besarla no podría moverse, no quería moverse, estaba deseando con toda su alma unir sus labios a los de él aunque fuese una sola vez, se sentía tan enamorada que en ese momento supo que sería capaz de rogarle a Annie por un poco de su ayuda, y a Albert por liberarla de aquél voto que ella había hecho hacía muchísimo tiempo atrás.
Dime mi amada Candy ¿Mis palabras te han halagado tanto que te has quedado muda o es que te han ofendido tanto que estás conteniendo tu ira? –Preguntó Terry temeroso, había un brillo en los ojos de Candy que él jamás había visto, había algo en su mirada que le hacía temer y a la vez desearla, algo acababa de cambiar en ella y él deseaba saber que era; él era un hombre soberbio, prepotente y orgulloso pero por ella daría hasta su vida… Por tener la fortuna de disfrutar su compañía, no le importaba que jamás pudiera tocarla, él sería feliz sabiendo que ella lo amaba, que entre todos lo había escogido a él, no importaba si él nunca tendría una familia como siempre soñó ahora todo lo que él deseaba era ella: Candy
Candy por un momento vio hacia el cielo y observó el firmamento, tan lleno de estrellas, brillantes bailarinas danzando alrededor de la luna, estiró una mano hacia el cielo y con un gesto hizo como si atrapara una estrella en la palma de su mano, a continuación bajo su mano a la altura del bello rostro de Terry y lo acaricio con el dorso de su mano aun cerrada y le dijo –Terry jamás podrías ofenderme, es sólo que con tus palabras sé que después de ti no habrá nadie más a quién pueda amar y adorar como lo hago contigo –Candy suspiró por lo que estaba confesando y observó como Terry parecía brillar con luz propia de felicidad- Si Terrence estoy profunda y eternamente enamorada de ti.
Terry sabía que probablemente él era el primer humano en recibir un trato así de un Dios, y más aún una confesión hecha con la pureza que un alma guarda y con la ternura que sólo el amor más puro puede brindar –Candy sé que no debería, pero no resisto más, me dejarías beber aunque fuese una vez el dulce néctar de tus labios y si así lo deseas matarme después por profanar tu boca con mi deseo –Preguntó Terry sabiendo cual sería la respuesta, ella podría ser una diosa pero era la mujer que amaba y la conocía muy bien.
Candy sonrió y movió la cabeza afirmativamente rompiendo así de alguna manera el voto que hizo con su padre muchas centurias atrás pero sintiéndose feliz, plena, amada.
Terry poco a poco acercó sus labios a los de ella, no cerró los ojos hasta que el contacto entre sus labios era completo, puesto que no deseaba perder ningún detalle del rostro de su amada. El beso comenzó como una dulce caricia que se prolongaba hasta el alma, Candy se entregó por completo al beso sin reservas, sin temores, él la besó con dulzura pero poco a poco la pasión que ambos llevaban en su interior comenzó a brotar haciendo el beso más y más apasionado. Terry exploró con su lengua la boca femenina hasta encontrarse con la de ella para iniciar una danza que ahora lejos de ser casta amenazaba con convertirse en un volcán en erupción; ella rodeo con sus brazos el cabello de Terry y con una mano acariciaba y revolvía sus cabellos mientras con la otra lo acercaba más a ella uniendo más la caricia, él había abrazado con ambos brazos a Candy por la cintura y sin saber cómo lentamente la fue atrayendo hacia si, hasta que él estaba recostado sobre la hierba con ella sobre su pecho abrazándolo, besándole, devolviéndole con la misma pasión cada una de sus caricias y desatando la pasión que ambos llevaban dentro, sin haberlo planeado ambos estaban tocando el cielo en los brazos del otro.
Tiempo después ambos estaban recostados boca arriba sobre la hierba tomados de la mano, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes por los momentos compartido; agradeciendo que el Olimpo no hubiese notado este desliz y hubieran mandado a las furias tras Terry.
Candy eres mi vida entera –Escuchó la rubia la voz de Terry haciéndole sentir esa extraña contracción en el estomago.
Tú eres mi vida Terry –Respondió Candy sin dejar de observar las estrellas.- Dime Terry, yo sé que alguna vez deseaste formar una familia, si tú aún deseas hacerlo te dejaré libre para que lo hagas, no tienes que estar conmigo, seré benevolente y te dejaré ir lo juro –Murmuró Candy con un tono sombrío.
Candy se lo duro que debió de ser para ti decir eso, te lo agradezco amor mío, pero ahora mi único deseo es vivir a tu lado –Respondió el dueño de la mirada azul.
Candy en un movimiento se puso de lado para observar a Terry sin soltarle la mano y su otra mano seguía estando en cerrada en un puño –Dime Terry ¿Sí hubieras tenido un hijo como le habrías llamado?
Nunca lo había pensado, pero ahora sería demasiado osado pensar en que ese sueño podría vivirlo junto a ti, mejor dime tú, con los años que llevas viviendo y los nombres que has de conocer que nombre le pondrías sí alguna vez tuviéramos un hijo Candy.
Candy sonrió dulcemente y respondió:- Le llamaría Orión, en honor a ti, tú eres el mejor cazador de Grecia, yo soy la diosa de la caza, tú eres el ser más perfecto que mis ojos ha visto y sé que él sería como tú, tendría lo mejor de ti, sería apuesto, talentoso, con un gran corazón, osado y valeroso, Orión porque su padre logró cazar el corazón de una diosa y Orión porque su madre se enamoró de un cazador.
Sí sería perfecto dijo Terry- La volteó a ver profundamente y le dijo honestamente:- pero sabes, no me importa, tú eres todo lo que deseo en mi vida y no pido más soy muy afortunado de tenerte a mi lado.
Candy acercó su rostro al de Terry y le dio un beso en la frente, otro en la nariz y nuevamente tomó sus labios permitiéndose una vez más deleitarse con el exquisito sabor de Terry, ella esa misma noche acababa de descubrir que sus besos sabían a gloria.
Sabes Terry estaba pensando -Dijo Candy separándose un poco de él, mientras veía como él levantaba una ceja con incredulidad, ella sonrió y continuó- me preguntaba si tu mirar sería lo más hermoso que yo he visto y si era mi imaginación o si tus ojos brillaban más que las estrellas…
¿Y a qué conclusión llegaste amor? –Preguntó Terry al ver que ella se quedaba callada.
Llegué a la conclusión de que tu mirar es especial, de que verme reflejada en tus ojos es el mayor goce que podré tener y de que tus ojos brillan con luz propia, aún mucho más que las mismas estrellas –Diciendo esto Candy abrió su mano mostrando lo que tan celosamente había guardado ahí, Terry se sentó de inmediato sintiéndose halagado y curioso por ver lo que tenía en la mano la hermosa chica de ojos verdes.
Ahí en la palma de la mano de la rubia estaba una Estrella que titilaba a juego con sus compañeras en el firmamento, lentamente acercó su mano al rostro de Terry, no perdiendo de su vista jamás la estrella y cuando al fin tuvo sus ojos y el pequeño astro a la misma altura sonrió y susurró –Lo sabía no hay nada más bello en la tierra ni en el firmamento que tus ojos.
Terry siguió con la mirada hasta donde pudo la pequeña estrella, se conmovió por las dulces palabras que Candy le había dedicado y le dijo- Te has equivocado mi pecosa diosa, tu eres lo más bello que ha pisado la tierra y nuevamente unieron sus labios en un beso apasionado.
Al terminar el beso Candy abrió la palma de su mano y la subió hacia el cielo dejando que la pequeña estrella volviera a tomar su lugar en el vasto firmamento.
Ellos decidieron quedarse juntos hasta ver el amanecer tomados de la mano, susurrándose las más dulces palabras de amor que Annie hubiera escuchado en todos sus años de existencia.
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No muy lejos de ahí se encontraba un apuesto dios de piel morena y ojos marrones viendo enfurecido a la distancia a una pareja sentados uno junto a otro a la orilla de un lago esperando el próximo amanecer.
Continuará
