Disclaimer: Los personajes de Fire Emblem Sacred Stones no son de mi pertenencia.


La bandera de la frontera se asomó por encima de la colina, a pocos metros de su posición. Ella dio la orden de avanzar con precaución, y el resto obedeció continuando sin pereza.

El silencio incomodó a algunos pocos, ella se mantenía con la incertidumbre de qué habría sucedido con su caballero de plateada armadura.

Pasaron la bandera y sus sentidos se mantuvieron en la punta de la advertencia. Se detuvo, ordenando al resto por igual, bajó del caballo ignorando las súplicas del resto por mantenerse donde estaba, pero ella siguió, acercándose a donde una jabalina yacía clavada en el pasto; La sujetó y sacó de su prisión, leyendo la nota que se hallaba enredada en la punta, escuchó un leve tintineo, una ráfaga de aire rozó su rostro y cuando el sentimiento de miedo le ordenó soltar la jabalina, se giró justo cuando una presencia se encontraba a su espalda y la punta de otra jabalina apuntaba a su yugular.

Al igual que ella, el resto de su ejército se encontraban amenazados por el ejército alado de Frelia.

- Estás invadiendo la frontera de Frelia – Anunció la amenazante voz - ¿Cuáles son tus intenciones?

Eirika temió, pero hizo a un lado todo su miedo, mostrándose aún más valiente.

- Vengo a ver al Rey de James, por parte de la corona de Renais – Comenzó – Soy Eirika

- Habla con verdad

- Lo hago, déjame mostrarlo. Mis intenciones no son malas, sólo vengo en paz. Mi hermano ha caído víctima de un hechizo que sólo sus amigos son capaces de librar – Ella lució firme, quitándose la capucha de la cabeza liberando su celeste cabello de las sombras – Sólo cinco minutos pido.

- Buen disfraz – Dijo la otra – Pero no eres capaz de intimidar.

- ¡Alto!

A la fuerza y autoritaria voz, la amenazante la dejó, empujándola hacia adelante mientras soltaba su arma. El resto le imitó, dejando al ejército de Eirika en libertad.

Una bestia alada aterrizó y de ella, bajó una jinete de verdoso cabello trenzado. Sus guardias bajaron una rodilla en muestra de respeto a la prometida del Príncipe James, y Vanessa, avergonzada por sus acciones, les pidió levantase.

- ¡Vanessa! – Exclamó Eirika con alegría al ver cara tan conocida.

- Su majestad, hemos estado esperando su llegada desde que Renais cayó – Explicó – Pueden ir en paz, Frelia le abrirá las puertas

- Muchas gracias, en verdad.


- Lamento lo que los guardias pudieron ocasionarle – Vanessa suspiró – No ha sido la primera vez que la Princesa de Renais intenta cruzar la frontera

- ¿Y cómo es que…?

- Viaja con un número reducido y no visten como caballeros de Renais

Eirika se alegró entonces de gran casualidad.

James se presenció a paso veloz, sin llegar a correr, reconociendo a una de ambas mujeres y mostrando una sonrisa no común.

- ¡Vanessa! – Regañó - ¡Has desobedecido mi orden de no abandonar el palacio!

- Lamento la desobediencia, pero cuando llegó el mensaje de que la Princesa de Renais viajaba con un ejército pequeño, tuve que creerlo por cuenta propia.

- ¿Princesa de Renais?

Vanessa se movió hacia su prometido, revelando la apariencia de la joven princesa, quien le entregaba una sonrisa de vergüenza y cansancio, James entonces la abrazó, sorprendiéndola de su acto tan abierto.

Eirika se sentía tan feliz de tener un aliado en un estado tan bueno.

- Te hemos estado buscando desde que Ephraim impuso leyes tan absurdas sobre Renais – Explicó – Reforzamos la búsqueda cuando supimos que habías huido.

- Solamente lo hice – Confesó – No tenía opciones, no sabía qué hacer mi a quién acudir.

- Pero ahora estás a salvo – Le sonrió el Rey haciendo acto de presencia – En tu hogar

- Muchas gracias

James le ordenó a la servidumbre preparar los baños y mudas de ropa limpia a los recién llegados a la vez que otros cocinaban alimentos para los cansados.

- ¿Han sabido de L'Arachel? – Preguntó - ¿O de…Seth?

- Sobre eso…

Eirika tragó disimulando el miedo de las posibles malas noticias.

- Hay mucho que hablar – James suspiró – Apuesto a que están hambrientos y cansados.

- ¡Gracias, su majestad! – Aclamaron Forde y Kyle, quienes no se separaron de la Princesa

Con las heridas sanadas por completo, y la suciedad disipada de sus cuerpos, el ejército de Eirika se reunió en el gran comedor de Frelia, admirando los bellos y exquisitos manjares reposados en la larga y elegante mesa. Tomaron asiento, sirviéndose en su plato un poco de cada platillo.

Eirika no se sirvió mucho, pues sus pensamientos se hallan sobre su familia.

- Necesita comer para tener energías

Levantó la mirada hacia su lado izquierdo, correspondiendo a la sonrisa de la hermana mayor de Vanessa, Syrene.

- No puedo decir que comprendo su dolor – Siguió tomando asiento – Todos hemos sufrido, pero encerrarse no es la solución.

- Después de la tormenta viene la calma

- Ya verá que sí, tenga más confianza. El general Seth no cayó en batalla sabiendo que lo esperaba. – Tiene miedo, lo sé. Pero la única forma de que desaparezca, es confiando en que el mañana está cerca y las cosas serán diferentes al día anterior, ¿No?

Ella asintió.

- Gracias

- Un placer

Siguiendo las ordenes de su propio estómago, se sirvió aún más comida. Recibió con una sonrisa a los mejores amigos de su hermano quienes venían acompañados del joven Franz.

- ¿Se encuentra mejor, su majestad? – Preguntó Kyle

- Sí, gracias por ayudarme

- ¡No tiene que agradecer! – Siguió Forde - ¡Es más que nuestro deber de caballero!

Eirika intentó disipar su aura de pesadez, cansancio y tristeza, para sonreía y comportarse como la joven muchacha que era, lejos de su título de nobleza.

- James y Vanessa hacen bonita pareja, ¿No creen? – Rió

Los caballeros entendieron sus intenciones, y decidieron comportarse como lo que eran.

- A Vanessa siempre le gustó, ¿No? – Cuestionó Franz mirando a su hermano

- No me dijo nada explícito – Explicó Forde – Pero era muy notoria

- Algo así, como usted y el general Seth.

Las mejillas de Eirika se tiñeron de carmesí, picando un pedazo de carne con su tenedor.

- ¡Ah sí! – Franz siguió – Me confesó que admiraba a mi padre por sus grandes habilidades y actitudes, ahora entiendo por qué. Quería servir a la corona como él lo hizo, finalmente, el general Seth encontró su motivación más allá de que fuese de la corona.

- Todos sabemos que nuestro general cayó cautivado en cuando la vio – Kyle apoyó

- Amor a primera vista – Dijeron al unísono seguido de una risilla de confianza.

Eirika sonrió.


- ¿Ahora ya podemos hablar?

- ¿Necesitas algo más? ¿Tú ejército se encuentra mejor?

Ella tomó aire.

- James, de verdad, te agradezco todas las atenciones dadas a mi ejército. Pero por favor, dime lo que sabes.

James sabía que alargar la charla no serviría de nada si Eirika tenía la firme intención de conocer todo lo que se había perdido. Cruzó las manos por sobre la mesa con firmeza.

- Como ya te habrás enterado, mi hermana Tana y Cormag han recolectado información más privada. La información que nuestros espías no consiguen.

- ¿Y estarán bien?

- Cormag pertenece a Grado y Grado se encuentra bajo el gobierno de Renais, así que decidió unirse a las filas de su ejército una vez más. En cuanto logra reunir información entre sus soldados, pasa a manos de Tana

- ¿Qué hace ella? – Preguntó - ¿No la reconocen como la Princesa?

- No cuando se hace pasar por su esposa mientras viven en una casita en las fronteras.

Eirika temía por su mejor amiga, arriesgándose a ser descubierta por un poco de información.

- ¿Y qué…?

Le costaba formular el resto de la pregunta.

- L'Arachel sigue sin aparecer, el ejército de Grado sirve a Renais, Carcino rompió relaciones con nosotros para firmar con Renais y Jehanna dijo unirse.

- Entonces… ¿Sólo queda Frelia…?

Cuatro de las cinco naciones se encontraban apuntando el filo de sus armas hacia su esperanza, amenazando con destruirla por completo.

- Y… Hay algo más.

Eirika ya no quería escuchar.

- Ephraim le otorgó la corona a su mano derecha, Allistor. ¿Dónde está él? Nadie lo sabe, los rumores declaran que fue asesinado cuando Allistor fue declarado Rey.

Las piernas le amenazaron con doblarse y dejarla caer por el miedo y el horror, su vista se nubló y su respiración comenzó a cortarse.

- Pero no todas son malas noticias – Se levantó de su escritorio indicándole a Eirika seguirle

Ella ya no escuchó, sólo caminó por la larga alfombra rojiza que James indicó seguir, sus pies iban sin destino, su vista sólo notaba la borrosa apariencia del heredero quien se detuvo en una puerta.

- No quería decírtelo antes de que descansaras un poco, puedes dormir bien esta noche

Sus sentidos volvieron en cuando James abrió en par las puertas de la habitación.

Entró con el corazón latiéndole a tope, su respiración aumentó, y sus pupilas se dilataron.

- Mi ejército logró llegar a tiempo, por lo que las bajas fueron mínimas.

La curandera dejó de atender sus heridas y se hizo a un lado para hacerle espacio a la Princesa, él se levantó de la cama, y Eirika corrió hacia él con lágrimas en el parpado inferior a punto de caer.

- ¡Seth!

Eirika enredó sus brazos alrededor de su torso, al igual que Seth la abrazaba sujetando su delicada y fina cintura besando su celeste cabello, agradecido a los cielos verla bien.

James, junto con las curanderas que atendían a Seth, y Garcia, salieron para darles un momento de privacidad.

Eirika se apoyó sobre la punta de sus pies, olvidándose de todos sus pesares por algunos minutos.