Capítulo 2
"Creando lazos"
30 de mayo, 1972. Primer año.
Cuando James, Sirius, y al final un obligado Peter, decidieron averiguar de una vez por todas qué era lo que hacía que su amigo Remus desapareciera una vez al mes, nunca imaginaron la repuesta que hallarían.
‒ Sirius, corrígeme si me equivoco pero, ¿no es ése Remus? ‒ masculló James, blanco como la cal, observando a una bestial criatura bípeda cubierta de pelo, parada apenas unos metros delante de él. Ya los había visto, pero estaba concentrada devorando quién sabe qué.
‒ No te equivocas‒ logró responder el moreno, igual de estático que su amigo. A continuación oyeron un alarido seguido de un golpe seco‒. Dime que Peter no acaba de desmayarse‒ se lamentó, sin atreverse a apartar la mirada del hombre lobo.
‒ Entonces no digo nada‒ replicó Potter, tragando con fuerza‒. Hay que huir de aquí.
Y, como si hubiese percibido que pretendían escapar, la bestia alzó la mirada. Ojos amarillentos, como los de su amigo, refulgieron en la penumbra de la Casa de los Gritos. James y Sirius intercambiaron una mirada y, como si se hubiesen puesto de acuerdo mentalmente, Black conjuró un levicorpus, y echaron a correr con el flotante cuerpo de Peter frente a ellos. El animal los siguió de inmediato, y James trató de hacer memoria, buscando en su mente algún hechizo que los salvara de morir descuartizados por uno de sus mejores amigos.
‒ ¡LÁNZALE ALGO! ‒ exclamó Sirius, espantado. Potter reaccionó de golpe, y conjuró lo primero que le vino a la mente.
‒ ¡PETRIFICUS TOTALUS!
Pareció funcionar. El humanoide quedó congelado en plena persecución, y ambos amigos soltaron un suspiro aliviado, sin dejar de correr. Cuando salieron del túnel subterráneo, esquivando los golpes del joven Sauce Boxeador, descubrieron que no es tan fácil detener a un hombre lobo.
‒ Mierda‒ soltó Sirius, y era la primera vez que James lo oía maldecir.
‒ Coincido‒ bisbiseó Potter, echando a correr una vez más, oyendo los aullidos desde el túnel a sus espaldas.
Pero Remus no salió del túnel. No supieron bien por qué, pero tampoco lo cuestionaron. La cuestión era que habían llegado al castillo, sanos y salvos, y que pudieron regresar a su dormitorio sin ser pillados por Filch.
Apenas consiguieron dormir aquél día, y sólo cuando el sol comenzaba a salir. Peter se despertó primero, a eso de las 10 de la mañana. Automáticamente despertó a James, y éste despertó a Sirius. Cuando fueron a desayunar, tardíamente por cierto, encontraron a Remus en su lugar de siempre, ojeroso y pálido, luciendo atormentado, con la vista fija en la superficie de su taza de té. Los muchachos intercambiaron miradas cómplices, y tomaron asiento alrededor del castaño.
‒ Hola‒ dijo James.
‒ Qué hay‒ dijo Sirius.
‒ Te vimos anoche‒ dijo Peter, y los otros dos lo fulminaron con la mirada. Cuando se ponía nervioso, el Pettigrew siempre soltaba todo sin pensarlo dos veces. Remus gimió.
‒ Lo sé‒ admitió, con voz algo quebrada. James fue quien decidió tomar la palabra, ante el silencio de los otros dos.
‒ No nos importa, ¿sabes? Es decir, no te juzgamos. No creo que sea algo que hayas elegido tú.
‒ No‒ replicó de inmediato Lupin, levantando la mirada por primera vez. Sí, "tormento" definía muy bien su estado. Suspiró‒. No, no lo elegí.
James le ofreció una sonrisa amigable. ‒ Está bien. De hecho, es genial que te conviertas en un animal feroz‒ admitió‒, es como el sueño de cada niño.
Remus alzó las cejas, sorprendido. ‒ ¿Hablas en serio? ‒ preguntó, tímidamente.
‒ Claro que sí, ojalá yo pudiera convertirme en un animal‒ chasqueó Potter, asintiendo.
‒ Lo mismo digo‒ suspiró Sirius‒. Algún día seré animago‒ añadió, sonriendo. Remus se relajó con la tranquilidad de sus amigos, que hablaban tan naturalmente del tema.
‒ ¿Y por qué no somos animagos ahora? ‒ aventuró Peter, dudoso. Todos lo miraron.
‒ Es ilegal‒ respondió automáticamente Remus.
‒ No seríamos capaces‒ acotó Sirius‒. A menos que…
‒ Oh, no‒ interrumpió Lupin‒. Ni siquiera lo pienses.
‒ A menos que nos pusiéramos con ello. ¿Por qué no? No es que haya una edad establecida para poder hacerlo‒ razonó Potter. Remus lo miró como si hubiera enloquecido.
‒ Nos llevaría algunos años, pero no es imposible‒ comentó Sirius, asintiendo.
‒ Así podríamos acompañarte en tus noches locas‒ determinó James, sonriendo.
‒ Merlín, están locos‒ susurró Lupin, pero sonreía tanto como sus amigos.
‒ Supongo que no me queda opción…‒ suspiró Peter. Y la decisión estuvo tomada.
3 de marzo, 1973. Segundo año.
‒ ¡Hey, Evans! ‒ gritó James al ver pasar a la pelirroja en dirección a los invernaderos acompañada por Keyra, Felicity, Mary, y Alice. Ésta última llevaba un llamativo adorno en su cabeza, con forma de mariposa, que de alguna manera combinaba con todo en ella.
‒ ¿Qué quieres, Potter? ‒ respondió la muchacha con sequedad, sin detenerse.
‒ ¿Qué le sucedió a tu cabello hoy? Creí que no había electricidad en Hogwarts‒ burló, haciendo reír a Sirius y Peter, y ganándose un chasqueo de Remus, además de una mirada fulminante de la pelirroja.
‒ Muy gracioso, Potter‒ bufó Keyra, defendiendo a su amiga‒. ¿Y tú qué? ¿Qué le sucedió a tu rostro? Creí que en Hogwarts no aceptaban trols.
Esto hizo reír a todos, Remus incluido, y la rubia obtuvo una mirada molesta del príncipe de las bromas en Hogwarts, líder del grupo conocido como "los merodeadores". Los muchachos siguieron a sus compañeras hasta los invernaderos, mientras James farfullaba algo sobre chistes malos.
Aquella clase fue sobre hongos de Dud, nombrados así en honor a uno de los ogros más famosos y temidos de la historia, así como el más oloroso. La profesora Sprout, orgullosa de haber podido traer los extraños hongos a sus invernaderos, les enseñó a neutralizar su olor y a pasarlos de la tierra a una maseta, y les dio la tarea de escribir un pergamino de veinte centímetros puntualizando sus utilidades. Felicity y Remus se hicieron con un par de puntos para Gryffindor por responder correctamente, Keyra lanzó otra broma respecto a James y los trols, y Peter logró terminar la clase con olor nauseabundo a causa de un tropezón y una huerta de hongos de Dud.
‒ Detesto herbología‒ masculló Keyra, arrugando la nariz a causa del hedor que despedía Peter a sus espaldas.
‒ Adoro herbología‒ alegó Felicity, arrugando la nariz también, sólo que como un gesto tierno que ella solía hacer cuando algo le parecía lindo, y al cual acompañaba con una sonrisa.
‒ Lo bueno es que sigue pociones con Slytherin ‒ comentó una entusiasta Lily mientras bajaban hacia las mazmorras.
‒ Ugh, Lily, debes de ser la única Gryffindor en la historia que se alegra de tener Pociones con Slytherin‒ dijo Alice, con los ojos parduzcos bien abiertos, enfatizando las palabras claves.
‒ A mí me gusta tener pociones con Slytherin‒ medio murmuró Mary, con sus trencitas de siempre bamboleándose mientras caminaba.
‒ Eso es porque el bobo de Lestrange te parece lindo‒ burló Key, con una sonrisa divertida ante el sonrojo de la castaña. Nunca sabía callar.
‒ Oh, déjala Key. Mac tiene derecho a interesarse en un chico. Y Lestrange no es tan bobo‒ fundamentó Lily, encogiéndose de hombros. La rubia rodó los ojos.
‒ Lils, tú siempre defiendes a todos, incluso aunque sean los más idiotas del universo. Tu opinión no cuenta‒ replicó con sencillez.
‒ Es que no creo que todos sean completamente malos. Y todos, absolutamente todos, merecen una segunda oportunidad. O una tercera. No podemos juzgar a las personas por ser como son, sólo porque no nos gusta el "como son" ‒ dijo la pelirroja con absoluta seguridad, sonriendo levemente.
‒ Eso significa que aún no has conocido a alguien verdaderamente malo‒ suspiró la rubia, con los ojos grises repentinamente gélidos‒. Y cabe aclarar que recordaré eso para molestarte la próxima vez que estés detestando a Potter‒ añadió entonces, con cierta picardía, dejando atrás el asunto de la seriedad.
‒ Vale, quizás Potter sea una excepción a la regla‒ farfulló Lily, ruborizada por haber caído en su propia trampa.
‒ ¿Excepción a qué, Evans? ‒ espetó James, quien junto a los demás merodeadores ya las había alcanzado. Lucía una de sus sonrisas, ésas que delataban travesuras hechas y por hacer.
‒ A la regla de considerar que todos tienen algo bueno en el fondo ‒ le contestó Alice con una gran sonrisa burlona adornándole el rostro.
‒ Oh, vamos, Lilith, no seas tan dura con Jamie‒ reprochó Sirius con tono socarrón, haciendo rodar los ojos a sus amigos.
‒ No me digas Lilith.
‒ No me llames Jamie.
Ambos habían hablado al unísono con profundos ceños fruncidos, haciendo reír a todos y ganándose un sonrojo para sí mismos.
‒ ¿Y Peter? ‒ cuestionó Mary de pronto, alertada por la falta del nauseabundo olor a hongos de Dud.
‒ Fue a la enfermería para quitarse el hedor. Se salteará el resto de las clases. Por lo que dijo la profesora Sprout, tomará un día entero lograr que deje de oler a aliento de ogro‒ replicó Remus con cierta preocupación, pero luciendo una sonrisita divertida.
‒ Pobre‒ pronunciaron todos a la vez, y echaron a reír de nuevo.
16 de octubre, 1973. Tercer año.
‒ ¡Por las barbas de Merlín! ‒ exclamó Lily, poniéndose de pie de un salto con los ojos esmeraldas abiertos de par en par.
‒ Wow, Lils. Eso fue muy mágico. Comienzas a aprender‒ felicitó Alice, aplaudiendo. Llevaban rato intentando que Evans dejara las exclamaciones muggles como "rayos", "recorcholis", "por todos los santos", y especialmente los "¡por mi abuela!", y en cambio adoptara las expresiones mágicas‒. La próxima podrías decir algo como "¡por las largas y piojosas barbas de Merlín!", eso lo haría aún más místico‒ añadió Fortescue, sonriendo al punto en que el hoyuelo en su mejilla derecha salía a la luz.
‒ ¡Es en serio, Alice, Keyra es realmente buena en esto! ‒ chilló la pelirroja, sin apartar la mirada del campo de quidditch, donde su amiga volaba en una escoba vieja, probándose como parte del equipo.
El capitán, un chico de sexto cuyo nombre era Gideon Prewett y cuya cabeza era casi tan roja como la de Lily, asentía en aprobación a sus jugadas. La muchacha había concretado 6 tantos de los 6 que le habían propuesto hasta el momento, y había robado la quaffle cada vez que alguien más la llevaba. Vale decir que jugaba con otros principiantes y algunos niños de segundo, pero igualmente era notable su habilidad en el juego. Acababa de meter un tanto excepcional, luego de confundir al guardián asignado en cuanto a qué aro apuntaría y terminar atravesando el de la derecha, medio colgando de su escoba tras esquivar una bludger enviada por uno de los chicos que se probaba como golpeador: Sirius Black. Éste, pese a su fallido tiro, sonrió cuando la muchacha acertó, y le dedicó un pulgar arriba cuando ella lo buscó con la mirada para jactarse de su triunfo, aunque también le sonreía.
‒ ¿Saben? Creo que Keyra y Sirius se están volviendo cercanos‒ comentó Alice, como siempre sin poder mantenerse callada.
‒ Son muy parecidos entre sí‒ concordó Felicity.
‒ Como dos gotas de agua‒ añadió Mary, riendo al ver el ceño fruncido que se había dibujado en la frente de Lily.
‒ Claro que Key no es como Black‒ bufó la muchacha, cruzándose de brazos‒. No digo que Black sea mal tipo, pero Key… Es decir, vale, pasamos mucho tiempo con los chicos pero ¿cómo no? Somos compañeros de casa, nos vemos en clases y entre estas. Incluso la pasamos bien, de acuerdo, pero eso no significa que… Aguarden, no, ¿somos amigas de Potter y su séquito? Merlín, ¿cómo no lo percibí antes? ¡Pero si es un imbécil! ‒ Lucía bastante exasperada por su descubrimiento.
Sus amigas se echaron a reír con ganas cuando la pelirroja terminó, y al final fue Alice quien le comunicó:
‒ Has llevado el asunto de Key siendo parecida a Sirius, a lo imbécil que es Potter‒ comentó con gracia, y Lily no supo excusarse‒. Te prohíbo que intervengas en su nueva amistad, ¿oíste Lillian Evans?
‒ No me llamo Lillian y lo sabes, Alice‒ murmuró la muchacha, resignada. Alice sonrió.
‒ Lo sé. Pero suena más severo. Es imposible sonar severa diciéndote "Lily". Hasta tu nombre es adorable. Tu madre obviamente quería que fueras buena. No puedes llamar "Lily" a alguien malo‒ razonó, recostándose hacia atrás en su asiento, con la espalda apoyada en la grada superior‒. Por otro lado, lo que acabas de decir sobre ser amigas de los chicos, es un hecho. Aunque tú y James no se lleven muy bien y no termines de digerir a Sirius, sabes que sí somos amigos. O algo así. Cuando tú y Key no discuten con ése par, la pasamos bien. Hay que aceptarlo.
‒ Remus es agradable‒ acotó Felicity, asintiendo casi para sí, ganándose miradas inquisitivas de sus amigas‒. Es decir, en comparación con James y Sirius‒ añadió rápidamente, con las mejillas ruborizadas‒. Y claro que Peter también me cae bien‒ acotó luego, como para terminar de reforzar su excusa. Mary soltó una risita, pero sus amigas decidieron no ahondar en el asunto.
‒ Ahora bien, eso de "no se llevan bien" es un eufemismo. Potter es un completo imbécil. Sabes que detesto lo que le hace a Severus y sus amigos, y que aborrezco su aptitud de creer ser el mejor del mundo sólo por ser un "Merodeador" y haber quedado en el equipo estando en segundo año. Es un idiota, y no podría considerar un amigo a alguien que creo que es un idiota‒ fundamentó, encogiéndose de hombros y regresando su atención a las pruebas.
Keyra anotó otro tanto durante el lapso de silencio que hubo a continuación.
‒ ¿Eso se debe a la broma de la ropa interior? ‒ cuestionó Alice de pronto. Lily enrojeció ante la mención del tema, pero pretendió no haber oído nada y permaneció con la vista al frente‒. Sí, es por la broma de la ropa interior‒ afirmó entonces la castaña, divertida, y volvió a permanecer en silencio.
Una semana atrás James se había ganado el odio jurado de Evans luego de haberle dado ranas de chocolate a un elfo para que bajara el baúl de la chica a la Sala Común, y entonces haber usado un recientemente aprendido Bombarda con él, provocando que la ropa interior de Lily quedara esparcida por todo el lugar. Ella no salió de su dormitorio excepto para ir a clases durante los últimos siete días, siendo las pruebas de Keyra la primera vez.
‒ Debes admitir que fue gracioso cuando un brasier quedó encima del rostro de Peter y él comenzó a correr hacia todos lados chillando como una niña, ‒habló Alice otra vez, inclinándose al costado para quedar más cerca de oído de Lily, y luego regresando a su posición.
‒ No, no fue nada gracioso que mi brasier volara sobre la cabeza de Peter‒ masculló la pelirroja, y su rostro comenzó a igualar a su cabello.
‒ Oh, vamos Lils, al menos tú ya usas brasier‒ insistió la castaña, con su habitual sonrisa divertida. Era cierto. Lily era una de las pocas niñas de trece años que había dejado de usar corpiños de tela para pasar a un brasier en toda letra. Su sonrojo aumentó.
‒ Alice‒ soltó Evans.
‒ ¿Sí?
‒ Cállate.
‒ Bueno.
Y el silenció regresó. Las pruebas duraron otros quince minutos, en los cuales Keyra terminó de sellar su espectacular actuación con dos tantos más. Había superado la mejor audición hasta el momento por dos puntos, instaurando un nuevo record. Cuando los hicieron aterrizar para anunciar los resultados Lily sintió los nervios de su amiga como si fueran suyos, y mantuvo los ojos ansiosos fijos en el capitán mientras éste deliberaba con el resto del equipo (del cual Potter formaba parte). Vio a la rubia conversar con Sirius, e incluso la vio reír de algo que él dijo. Y el pánico cosquilleó en su estómago unos momentos.
‒ Wilfred ha estado terrible‒ opinó Keyra, a varios metros de Lily, con una sonrisa divertida, algo jadeante. Se sentía pegajosa por el sudor y era consciente de que su coleta alta estaba hecha un asco, con cabellos rebeldes que se escapaban del moño y se pegaban a su rostro, pero se sentía tan enérgica y positiva luego de rendir tan bien que poco le importaba qué podrían opinar Black o los demás chicos en el campo‒. Es un hecho que quedarás en el equipo.
‒ Si no hubieses esquivado cada bendita bludger que te lancé ahora estaría seguro de eso, pero si ni siquiera puedo darle a una chica de tercero no creo que valga mucho si Wilfred estuvo pésimo o no‒ comentó Black, encogiéndose de hombros con actitud humilde aunque su sonrisa confiada daba a entender otra cosa‒. Aunque de cualquier manera estuve genial‒ asintió entonces, con confianza.
Keyra soltó una risotada, negando con la cabeza.
‒ Eres un presumido. Y, lo siento, pero no había manera de que te dejara darme con la bludger, Black‒ convino con una sonrisa condescendiente, pretendiendo verse culpable.
Sirius no comentó nada sobre el hecho de que no le había apuntado con verdadera fuerza, pues sería dar a conocer que de hecho él quería que ella quedara en el equipo y que, por lo tanto, en el fondo le agradaba.
‒ Bien, hemos llegado a una resolución‒ anunció la voz de Gideon Prewett, llamando la atención de todos y acallando las conversaciones al instante‒. Como saben, sólo necesitamos un golpeador y dos cazadores. ‒ Keyra exhaló fuertemente‒. Así que seré directo y no les haré perder más tiempo. Wilfred, tú entras. ‒ Keyra le lanzó una mirada a Sirius, sintiéndose preocupada. Pudo ver la respiración del muchacho cortarse‒. Gaunt, tú también. Y Black, a ti te queremos como cazador.
Inmediatamente hubo protestas, aunque la mayoría decidió dar media vuelta y marcharse entre murmullos resentidos. Key tenía los ojos ampliamente abiertos, y su pecho estaba a punto de estallar de felicidad. Volvió a mirar al Black, que parecía en estado de shock, y se dio cuenta de que era la primera vez que lo veía afectado por algo. Le dio un tirón a una de sus mangas para girarlo hacia ella y con una gran sonrisa exclamó:
‒ ¡Reacciona, Black, hemos entrado!
Él pareció reactivarse y pronto estuvo sonriendo con ganas. Entonces, de alguna manera, estaba abrazando a Keyra Gaunt, que recientemente ostentaba el alias de "Reina del hielo". La muchacha se tensó por el contacto en un principio. Siempre reaccionaba mal cuando un chico la tocaba, pero por primera vez en años no quiso salir corriendo a toda velocidad de allí, sino que luego de unos segundos de vacilar se encontró devolviéndole el abrazo. Fue corto, cuestión de unos pocos segundos, como solía ser toda reacción de victoria, pero para la rubia resultó un avance astronómico en su psiquis.
‒ ¡Felicitaciones, Canuto! ‒ exclamó James, quien se acababa de acercar al grupo. Los amigos intercambiaron otro abrazo triunfal, con una palmada en la espalda incluida, y Keyra salió finalmente de su estupor.
Entonces dos brazos se enredaron a su cuello desde atrás en un abrazo que casi la hace caer, y se encontró riendo, para luego voltear y devolverle a Lily el gesto.
‒ ¡Sabía que quedarías! ¡Eres genial, Key! ‒ chilló su amiga alegremente. Detrás de ellas venían Alice, Felicity y Mary, y entonces se hallaron todas enredadas en un abrazo grupal de celebración, que generó tantas risas que al separarse a todas les dolía el estómago.
‒ Las chicas son tan exageradas‒ comentó James, meneando la cabeza con evidente diversión‒. Felicitaciones, Gaunt, merecías quedar‒ asintió en su dirección, con una sonrisa amistosa. Entonces miró a la pelirroja‒. Realmente, Evans, tu cabello tiene vida propia‒ burló, observando con suficiencia la melena alborotada de la chica, quien se sonrojó.
‒ Métete en tus asuntos, Potter‒ le bufó.
‒ Esto hay que celebrarlo. No puedo esperar a ir a Hogsmeade para conocer Las Tres Escobas. Beberemos cerveza de mantequilla en tu honor‒ anunció Alice, sonriente, palmeando la espalda de su amiga.
‒ ¿Estamos seguras de que la cerveza de mantequilla no tiene alcohol? ‒ inquirió Evans, mordiéndose el labio inferior dudosa.
Todas rodaron los ojos.
‒ Eres tan McGonagall‒se rió James, y Black terminó por atragantarse con el agua que bebía por la carcajada que le provocó el comentario.
‒ Vale, momento de irnos‒ anunció Mary con sensatez, tirando del antebrazo de su amiga en dirección opuesta a Potter, mientras ella le gritaba cosas como "¡Eres un inmaduro!", "¡La comparación no me molesta!", "¡No te tolero!", que hacían que la amabilidad y comprensión que caracterizaban a Lily Evans dejaran de existir.
23 de noviembre, 1973. Tercer año.
‒ ¿Exactamente por qué escogí aplicar Adivinación? ‒ cuestionó Keyra a nadie en particular.
Sus compañeros en aquella clase eran Mary y Sirius, puesto que ningún otro gryffindor de su año había aplicado para la materia, ya que preferían mil veces estudios muggles antes que adivinación, que era la asignatura que coincidía con aquél horario. Al ser dos clases que prometían TIMO's y ÉXTASIS fáciles, la mayoría solía optar siempre por alguna de las dos, incluso aunque de hecho no les gustase ninguna.
‒ Porque estás, y cito, "hasta la gorra de los estúpidos muggles y sus estúpidas costumbres" ‒ respondió Mary, con una pequeña sonrisita. Ya no usaba dos trenzas sino que una sola puesta a un costado sobre su hombro, pero por lo demás seguía siendo la misma niña cara de ángel que en su primer año.
‒ Cierto‒ musitó la rubia, cruzando los brazos sobre la mesa. Miró al Black‒. ¿Y tú cómo demonios terminaste aquí?
‒ Una apuesta con Cornamenta‒ suspiró el moreno, igual de derrotado que ella.
‒ Eso tiene sentido‒ asintió, ladeando la cabeza.
‒ ¿Y tú, Macdonald? ‒ cuestionó Black. Mary lo miró con sorpresa.
‒ Huh, me sentiría más cómoda si me llamaras Mary, Sirius. O Mac. Hace tres años convivimos juntos, ¿sabes? Y, en realidad, a mí sí me gusta Adivinación‒ admitió, sonriendo levemente, como apenada.
El muchacho se sintió extrañamente avergonzado por el sutil reproche de la niña. Estaba acostumbrado a llamar a sus compañeras por su apellido, sobre todo a Lily y Keyra, pero nunca se detuvo a pensar si a alguna le molestaba. Y ni siquiera sabía, hasta ése momento, que le importaba si les molestaba o no.
‒ Oh‒ soltó Black‒. Lo siento, Mary.
‒ Wow‒ expresó Key, verdaderamente sorprendida‒. Acabas de disculparte. Es la primera vez que te oigo disculparte con alguien desde que… bueno, desde que te conozco.
‒ No te acostumbres, Gaunt‒ bufó Sirius en respuesta, pretendiendo leer la página del libro que le habían indicado, la cual hablaba sobre la interpretación de los sueños y más cosas aburridas y sin importancia.
‒ No te culpo. Mac causa eso en las personas‒ dijo la rubia, fijándose en su propio libro‒. Es como un ángel, siempre se lo hemos dicho.
‒ Eso es absurdo‒ chasqueó Mary.
‒ Es como una Virgen santa. Ya sabes, de las que los muggles religiosos adoran, ‒ prosiguió Keyra, sin prestarle atención al reproche de su amiga. Sirius rio.
‒ ¿Cómo la Virgen María, quieres decir? ‒ sugirió, divertido con la idea. Mary enrojeció.
‒ Oh, ya paren ustedes dos‒ volvió a mascullar, enfurruñada.
‒ Exacto, como la Virgen María. De hecho es gracioso, ya que ella se llama Mary. Es nuestra propia María, en carne y hueso‒ rió la rubia, intercambiando una mirada cómplice con Black.
‒ Creo que a partir de ahora te llamaré María‒ anunció Sirius, mirando a la aludida, quien tenía las mejillas al rojo vivo y lucía abochornada. Tanto él como Keyra se largaron a carcajear al ver su expresión.
‒ Oh, Merlín, ustedes dos son igual de imposibles‒ gruñó la muchacha, cruzándose de brazos, y las risas aumentaron.
‒ Es que luces graciosa‒ justificó Keyra con gracia.
‒ Como un gato mojado‒ añadió Sirius, y rieron más fuerte.
‒ Señor Black, señorita Gaunt, ¿quisieran compartir el motivo de su risa con el resto de la clase? ‒ espetó una mujer de largos cabellos anaranjados, parada frente a su mesa (o mesita, pues ésta tenía sólo un par de palmos de altura y debían sentarse en almohadones en el suelo para trabajar en ella).
Keyra y Sirius detuvieron sus risas, y Mary sonrió triunfal. Pero entonces el par intercambió una mirada elocuente, como si hablasen con la mente (algo que habían desarrollado con los entrenamientos de quidditch), y parecieron ponerse de acuerdo al decir:
‒ Le estaba comentando a la señorita Gaunt respecto a un sueño mío, profesora. ‒ Habló primero Sirius, con tono respetuoso y maduro, como cada vez que hablaba con un profesor. Keyra asintió, reprimiendo sus tontos impulsos de echarse a reír.
‒ El señor Black, al parecer, tuvo un sueño muy revelador‒ acotó la rubia, con pretendida seriedad. La profesora Cassandra enarcó una ceja, interesada.
‒ ¿Ah, sí? ¿Qué sueño, señor Black? ‒ increpó, mirando directamente al morocho, que lucía solemne.
‒ Soñé que la Virgen María se aparecía ante mí, y me daba un mensaje‒ replicó el muchacho, con absoluta seriedad. Mary tuvo que morderse la mejilla interna para no echarse a reír a causa de los nervios y la hilaridad de la situación.
‒ ¿La Virgen María? ‒ Al parecer, la profesora Cassandra Pepper no era una mujer de religión.
‒ Sí, ya sabe, una de las santas máximas del cristianismo muggle‒ explicó Keyra‒. Es la virgen que tuvo al hijo del espíritu santo en su vientre. Toda una leyenda.
Sirius asintió, como conforme con su explicación.
‒ Pues bien, María me dio un mensaje.
‒ ¿Qué mensaje? ‒ preguntó la profesora, oficialmente interesada. Bastaban las palabras "mensaje", "oscuridad", "tragedia", "destino", y "misterioso" para llamar su atención, Keyra podía afirmarlo, y tan sólo llevaban dos meses de clases.
Sirius y Keyra volvieron a intercambiar una mirada, como si estuviesen dudando si decirle o no. Esto aumentó la curiosidad de la profesora.
‒ ¿Y bien? ‒ incitó. A estas alturas, toda la clase estaba en silencio prestando atención a la escena.
‒ Es que… No creo que vaya a gustarle saber‒ murmuró Black, pretendiendo estar apenado, sin poder terminar de borrar la expresión altanera en su rostro, la cual ya venía en sus genes.
La profesora comenzó a impacientarse. ‒ Señor Black, ya déjese de rodeos‒ musitó con aspereza, mirándole con suprema seriedad. Sirius y Keyra volvieron a intercambiar una mirada.
‒ Vale, si usted insiste… ‒ cedió el muchacho, encogiéndose de hombros para dar a entender que no se responsabilizaba de lo que su mensaje diera a conocer‒. Yo estaba aquí mismo, sentado, y de repente un haz de luz aparecía en medio de la sala. De allí emergía la Virgen, que parecía muy preocupada. Me miró y dijo…
Keyra tomó el protagonismo esta vez, adoptando una pose regia y expresión de preocupación, como el relator había indicado. Habló con voz serena al decir: ‒ Oh, joven Black, me temo que tengo malas noticias para ti…‒ La profesora arqueó las cejas, expectante‒… ¿Ves esta sala, tan llena de magia y abierta al mundo interior?... Pues temo decirte que también está llena de humo, y morirás a temprana edad ahogado por el incienso, lo lamento mucho, así es la vida.
Y toda la sala, que miraba la escena con escepticismo, estalló en carcajadas, sobre todo por la expresión avergonzada de la profesora. Incluso Mary se unió al coro, y Sirius asintió con aprobación en dirección a Keyra, quien le sonrió con pedantería en respuesta. Por otro lado, a la profesora Pepper no parecía haberle hecho tanta gracia.
‒ Ustedes dos. Castigados‒ soltó con dureza la mujer, y apenas terminó de decirlo el timbre de cambio de clases sonó, por lo que el trío se apresuró a ponerse de pie‒. Los quiero el viernes a las 5 en mi oficina‒ añadió antes de que pudieran marcharse.
Una vez en el pasillo, los niños se siguieron riendo, incluso aunque Mary desaprobaba su actitud.
‒ Estarán castigados un viernes, ¿ni siquiera eso los hace reaccionar? ‒ chasqueó la muchachita, mientras terminaba de meter su libro de Adivinación en su bolso de cuero marrón.
‒ ¿Qué más da? Valió la pena‒ rió Keyra, sin dar muestras de estar afectada por el castigo.
‒ ¿Viste su cara? Por un momento creí que los ojos se le caerían de las cuencas‒ se mofó Sirius, realmente divertido, y volvieron a echarse a reír, acompañados por una resignada Mary.
‒ Por Merlín santísimo, ¿lo que ven mis ojos es real? ‒ exclamó una voz más adelante en el pasillo. Alice los observaba luciendo exageradamente pasmada, y sostenía el brazo de Lily como si fuese a desmayarse de un momento a otro‒. ¡Sirius Black riéndose con Keyra y Mary, y no de ellas! ‒ añadió entonces, y fingió un leve desvanecimiento que James, a sus espaldas, se apresuró a atajar, entre risas.
‒ No se imaginan lo que estos dos acaban de hacer‒ bufó Mary, una vez que estuvieron todos juntos.
‒ ¿Canuto y Gaunt? ‒ cuestionó James, confundido, preguntándose qué podrían hacer esos dos sin empezar a gritarse entre sí… Excepto por jugar al quidditch, pero dudaba que fuera eso.
‒ Sólo es un castigo, María, no es para tanto‒ desestimó Black, quien de hecho tenía cientos de castigos por año.
Todos, salvo Mary y Key, lo miraron confundidos, y Sirius procedió a explicarles el porqué del nuevo apodo de la castaña, lo cual inevitablemente derivó en relatar el porqué de su castigo. James no parecía tan feliz como antes al oír esto último. Se había encontrado sintiendo celos de Keyra por gastar bromas junto a su mejor amigo, y eso le pareció inmediatamente estúpido. Keyra era una chica. No era igual. Quizás Canuto sólo estaba interesado en ella y ya, no tenía por qué significar otra cosa… Sirius jamás lo cambiaría por una chica para gastar bromas. Mucho menos por KeyraGaunt.
‒ Suena como que no cursarán Adivinación el año entrante‒ comentó Remus, con cierta gracia.
‒ De hecho, creo que enfurruñar a la profesora Pepper es bastante entretenido‒ dijo la rubia, sonriendo.
‒ Concuerdo‒ asintió Sirius, y volvieron a intercambiar una mirada cómplice, de las que siempre lo veían tener con James, quien por cierto en ese momento estaba detestando la incipiente amistad entre su amigo y Gaunt.
Hola, qué tal. Me llamo Camila, me dicen Cam. Y lo comento recién en el segundo capítulo porque, bueno, técnicamente subí el primero y el segundo a la vez, y, no sé, despedidas al final ?
Besos y gracias por leer.
