Hola, querido público lector, les saludo a la vez que les dejo éste nuevo capítulo de la historia, y tengo una nota muy importante al final de la lectura, así que si gustan pasarse por ahí y leerla, será genial.

Declaración: Frozen ni ninguno de sus personajes me pertenece, tampoco ninguno otro que ustedes hayan visto en el cine antes, todos son de Disney.

Mis saludos a todos/as los/las lectores/as de éste fanfic, especialmente a quienes se han tomado la libertad de dejarme un comentario por ahí, al final saludo a cada uno/a individualmente.

Les dejo para que lean no sin antes agradecer tu follow y tu "me gusta" en ésta historia… ¡Muchas gracias!

¿Es cierto que Frozen Fever es de lo más gay? ¡Viva! \o/

Capítulo III

Un copo de nieve

Elsa jamás había experimentado el dulce calor que desprendía el cuerpo de otra persona pegado al suyo, era una sensación nueva y exquisitamente embriagadora. Anna olía a menta, como su loción refrescante para soportar las altas temperaturas del campo. La de los ojos azules se inclinó un poco y aspiró el aroma del cabello de la chica, que dormía plácidamente recostada sobre su pecho, con un rostro que parecía sonreír entre sueños. Agradecía a todo lo alto que Anna no hubiese llevado su tienda de campaña, de ese modo estaba ahí con ella, compartiendo su espacio más íntimo, y de ese modo por primera vez, Elsa pudo soportar el calor que normalmente siempre la afectaba al comienzo de las estaciones del año más difíciles para ella, experimentarlo de una forma que la hacía mantenerse en calma y no irritada como tantas veces. Ojalá sus padres se enteraran de eso. ¿Qué diría Oaken si lo supiera?

Los meses posteriores fueron los mejores en la vida de Anna, Elsa fue para ella lo que nunca hubiera imaginado, ni siquiera en sueños. La rubia se mostraba tan protectora hacia la joven, tan cariñosa, y eso hacía sentir a la pelirroja como una verdadera princesa o mejor que eso. Atrás quedaron esos años de indiferencia, el romance fortuito que habían comenzado superaba incluso a la amistad tan pura que habían llevado mucho antes. Cada vez que Elsa se sentaba al comedor de los Von Bjornson, Anna sonreía sabiendo que mantenía un secreto con ella, ese secreto tan particular, otro aparte de su magia, uno que la hacía mucho más feliz que hacer un muñeco de nieve. No quería pensar que pronto todo eso se terminaría.

—Mira, pero no me convence el color —le dijo a Elsa con un mohín en el rostro que a la rubia le hizo expresar una media sonrisa de lado.

—Es linda, y se te verá preciosa.

—¿Pero qué me dices del color? ¿Está bien? ¿Se ve bien?

—Anna, el color es muy bonito, me encanta cómo se te mira el verde; pero eso no importa, no importa de qué color sea, sabes que a mis ojos, aun te vistas en andrajos, estarás preciosa.

—Ese es el problema —dijo la chica sentándose a su lado a la orilla de la cama y acariciando al pequeño schnauzer que Elsa le había regalado en su segunda cita —, tienes que ser objetiva, para ti todo se me ve bien, pero yo sé que no siempre es así.

—Pues… deberías confiar en mí —le dijo la rubia, tomando sus pecosas mejillas entre sus fríos y pálidos dedos —Soy tu novia y por tanto no importa si no agradas a nadie más, importa cómo te miras tú, y cómo te miro yo, y yo te miro como la joya más hermosa que el joyero más prestigiado de toda Europa pueda crear. Hasta Sven piensa que eres la pelirroja más hermosa del mundo, ¿cierto, Sven? —alzó al cachorro hasta la línea de sus ojos y Anna sonrió tomándolo entre sus brazos.

—¿Elsa? ¿Estás aquí? —las dos chicas miraron hacia la puerta donde Rapunzel estaba llamando.

—Debo irme —la muchacha pálida se levantó y depósito un beso tierno en la mejilla de la más joven —Te veo más tarde.

La relación entre ambas la rubia y la pelirroja no representaba ningún problema para ninguna, todo el mundo las creía buenas amigas, así que nadie se atrevía a pensar que entre ellas había algo más que la amistad que se creía estaban volviendo a reconstruir.

Anna amaba ir al parque con Elsa, lo único malo es que estando al aire libre no podía besarla, si acaso, tomarse de las manos, pero no más que eso, porque siempre había que cuidarse, las dos eran hijas de dos de las familias más importantes en Arendelle, y Elsa tenía una línea de sangre que simplemente por su apellido, no podía pasar desapercibida por ninguna persona en todo el país.

La pelirroja estaba encantada con la forma tan gentil de ser de la rubia, la Elsa fría e indiferente se había quedado en aquella primera noche cuando la besó en el campo, ésta era una Elsa distinta, aunque aún se conservaba como la chica etérea que tanto sorprendía a las personas a su paso, con Anna simplemente era tan dulce, cariñosa y alegre, que a la joven pecosa no podía hacerla sentir más encantada.

Solo que, el día de la graduación llegó.

La semana antes Anna estuvo cabizbaja, y Elsa sabía por qué. A veces lloraba de repente pero nunca desistió de sus intentos por convencer a la rubia que se quedara, cada uno de los cuales, falló. Sin embargo no dejaba de hacer lo posible, en sus sueños más apremiantes, abrigaba la esperanza de escuchar a su novia decir que ya no le importaba marcharse, que se quedaba con ella, que si es posible se casarían y tendrían una familia de doce hijos y doce hijas… y a Sven.

—¿Ya te cansaste de llorar? —Preguntó Elsa, luego de que la pelirroja llevara así por más de dos horas, sollozando y limpiando su nariz cuando creía que Elsa no la estaba mirando.

—No quiero hablar con nadie.

—¿Ni siquiera conmigo?

—Contigo menos.

─Bueno… si quieres. Aunque creo que sería mejor que habláramos antes de que me marche, que aprovecháramos el tiempo, ¿no te parece? —Volvía a insistir la rubia muy cariñosa y comprensiva. La pelirroja emitió un puchero que hizo a la de los ojos azules sonreír muy grande, abrió sus brazos y recibió a una desconsolada Anna entre ellos.

—Tranquila, niñita, todo va a estar bien.

—No-quiero-que te-vayas —sollozó.

—Tengo qué hacerlo, pero ya te he dicho que volveré.

—¿Cuándo?

—Cuando sea posible.

—Eso no es una fecha.

La verdad es que Elsa no sabía una fecha, ni siquiera estaba segura si volvería alguna vez, pero no iba a decirle eso a la pelirroja, no rompería más su corazón de esa manera. Tal vez debió continuar con su estado indiferente, ignorarla, no darle esperanzas, así la joven Von Bjornson no tendría que sufrir por su partida, pero su cariño pudo más que su razón y terminó haciéndola parte de ella, demasiado parte de ella. La heredera de los Arendelle abrazó más el cuerpo de la pequeña y la meció, luchando por mostrarse tan estoica como le fue enseñado.

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—Nunca te había visto tan ruborizada, Anna, ¿estás bien?

—Sí, sí, ¿por qué? —Tomó su copa sin mucha elegancia y bebió de un trago todo su contenido —Solo tengo mucho calor, creo que estar encerrada aquí, con tanta gente, me perjudica.

—Todo eso me parece raro, mi hija pequeña jamás había mostrado tanta incomodidad, se supone que eres la más sana de la familia.

—A lo mejor los años me están comenzando a pesar, padre.

Rapunzel miró a su hermana con fastidio. Las cosas no le estaban resultando tan bien como esperaba. Era su baile de graduación, el último día que pisaría la escuela preparatoria y esperaba recibir todas las atenciones de la gente que ella pensaba la querían. Estaba muy guapa, ataviada con un largo vestido rosa que delineaba a la perfección sus esbeltas caderas, el cabello rubio dorado suelto sobre la espalda, como tanto le gustaba mostrarlo, era lo que más admiraba la gente de ella, tan largo y tan dorado; los ojos verde centelleantes y los labios con un tono rosa del mismo color que su vestido. Al principio de la velada la estaba pasando muy bien, hasta que a Anna se le ocurrió recordar a la singular rubia con la que indirectamente siempre competía, entonces su semblante cambió.

La rubia platinada había dicho que no estaba interesada en asistir al baile, y que solo iría si sus padres no prolongaban la reunión en Hordaland, —una ciudad cerca de Arendelle donde la familia estaba reproduciendo sus flamantes negocios—. Sólo alcanzaría a llegar si eso era posible pero como ya llevaban varias horas en el salón y la rubia no aparecía, entonces Anna no tenía muchos motivos para estar esperando en esa superficial celebración tan de etiqueta, de gente que no tenía mucho qué ver con los intereses de la pelirroja, chicas estiradas que no hacían más que presumir sus elegantes vestidos de gala y jóvenes más vanidosos que las mismas princesitas que se encontraban presentes. Había que destacar que estaban todos muy monos, pero hacía falta ella, le hacía falta Elsa; de alguna forma, esa rubia platinada siempre aplicaba el matiz diferente a todo lo que rodeaba a la pelirroja, rompía los esquemas, las reglas de cada regla, Elsa era la excepción a todo, así que por muchas hermosas lámparas que brillaran en esa fiesta, a Anna le faltaba su luz.

Cerca de las diez de la noche, cuando ya la pecosa se había resignado a que no iba a aparecer, la hija del hombre más poderoso de Arendelle hizo acto de presencia, con una entrada triunfal que acaparó las miradas de todos los presentes en esa reunión, incluidas las princesas.

Llevaba un largo vestido azul cobalto con una capa en la espalda de tela transparente, calzada en zapatillas del mismo tono y el rubio cabello trenzado y recogido todo hacia atrás, por delante le caía un corto flequillo. El vestido desprendía luces multicolores con base en los delicados estoperoles que adornaban la parte del corpiño; sus brazos estaban envueltos en mangas largas de la misma tela que la delgada capa que caía además a sus costados, dejando al descubierto la parte de sus hombros al cuello, pálido, pero delicadamente terso desde cualquier vista. Aún con toda esa elegancia mostrada tan solo en el atuendo que la glorificaba como un ente subliminalmente hermoso, lo que más había sorprendido y llamado la atención, era la abertura en el largo vestido que dejaba entrever su larga pierna derecha, tan pálida como el resto de su piel. Se veía impresionantemente bella.

Y como si de una reina se tratara, los caballeros se levantaron de sus asientos para celebrar su digna aparición, y Elsa se encaminó avergonzada pero con mucha clase hasta la mesa de los Von Bjornson.

—Hola —saludó a la familia, evitando mirar a la multitud que todavía permanecían pendiente de sus pasos.

—Buenas noches, Elsa, te ves muy hermosa.

—Gracias, señora Von Bjornson.

—¿Cómo es que estás aquí? ¿Y tus padres?

—No han podido librarse de la reunión a tiempo, se quedaron en Hordaland, yo también iba a quedarme pero mi madre ha insistido en que viniera, así que, aquí estoy —sonrió tímida y luego se dirigió a la pelirroja que continuaba con la boca abierta —. Hola, Anna.

—Te has perdido la mayor parte del evento, pero sí que ha valido la pena, ¿no? De verdad que estás muy hermosa.

—Muchas gracias, señor Von Bjornson —. Dijo tomando el asiento que el padre de Anna había dispuesto para ella —Mi madre lo ha escogido todo; estuvimos de compras en Hordaland ésta mañana antes de la reunión, ella tenía la esperanza de que regresáramos a tiempo, así que ubicó el traje, de verdad que ansiaba estar aquí, pero cuando la reunión se prolongaba dispuso el avión al menos para que yo pudiera volver a Arendelle, ellos no querían que me perdiera la graduación y bueno, cuando llegué aquí había todo un séquito de profesionistas esperando con la orden precisa de tenerme a tiempo para disfrutara la fiesta, aunque aun he llegado un poco tarde. ¿Es esto champán?

Anna se sobresaltó y asintió varias veces con un movimiento acelerado de cabeza, desde que vio a la rubia aparecer no le había quitado la vista de encima. Se dio cuenta que Elsa estaba tratando de hacerla volver a la realidad, o pronto se estaría viendo demasiado extraña y obvia.

El anfitrión interrumpió la charla para comunicar la coronación del rey y la reina del baile de fin de cursos y la pelirroja volvió los ojos en blanco cuando escuchó el chillido de las princesas presentes, no entendía cómo esas cosas las volvían tan locas, Anna era una cosa muy distinta de ellas, se podría decir que a pesar de que lucía muy femenina, ella era más bien una chica un tanto ruda, muy apta para los deportes, sea cual sea, así implicara llenarse de lodo.

Vio que Rapunzel cruzó los dedos discretamente emocionada y por un momento le pareció que estaba rezando. El anfitrión procedió a nombrar primero al rey, que resultó ser un atractivo muchacho de ojos azules y cabello azabache, mismo del que Rapunzel estaba colgada del brazo. Anna lo odió cuando vio que éste hizo un guiño coqueto a Elsa al pasar junto a la exclusiva mesa de los Von Bjornson. La rubia ofreció una galleta de nuez a la pelirroja para distraerla, pero el hecho no le pasó desapercibido, así que solo atinó a sonreír, divertida.

—A continuación, la dirección organizadora de ésta celebración anual se digna en presentar a la reina del baile.

Anna volvió a poner los ojos en blanco cuando todas las princesas cruzaron sus manos emocionadas, todas menos ella, su Elsa, quien solo prestaba atención.

—Y la reina del baile es… ¡Señorita Rapunzel Von Bjornson!

Los aplausos no se hicieron esperar, aun cuando fue evidente que varias cabezas se volvieron hacia la joven de Arendelle, que también aplaudía. Las amigas de la rubia dorada no tuvieron de otra más que aceptar la decisión del jurado, después de todo, Rapunzel pertenecía a su mismo grupo de princesas estiradas.

—Si hubieses llegado desde temprano, apuesto a que tú habrías obtenido el título —le susurró Anna a Elsa, la rubia sonrió con elegancia, ser reina de un evento tan superficial la tenía en el menor de los cuidados.

—Estoy segura que de tener nuestra edad y estar por el mismo motivo aquí, tú me habrías vencido fácilmente —Elsa le guiñó a la pecosa y ésta abrió mucho la boca y entornó los ojos, sorprendida por el cumplido de su novia. Se ruborizó.

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Los Von Bjornson se encargaron de llevar a Elsa a su casa. Rapunzel iba feliz por su título, pero no lo suficiente como para ignorar que la que había llamado la atención de todos esa noche, había sido la otra rubia al otro extremo del vehículo.

—¿Entonces el plan es vacacionar mañana?

—Así es, señor Von Bjornson, a mis padres les ha encantado la idea cuando les hablé de nuestro paseo por el campo, así que por ésta vez iremos a la montaña en verano.

—Me alegro, Elsa, unos padres tan comprometidos como los tuyos merecen la mejor de las vacaciones, tú de igual forma, resultaste ser el mejor promedio de la generación, chica inteligente.

La rubia se ruborizó por cuarta vez esa noche, mientras que la otra rubia crujía los dientes.

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Rapunzel fue la primera de toda la familia en entrar a la casa y subir a zancadas los escalones hacia su habitación.

—¿Todo bien? —Preguntó Olsen viéndola marchar lo más rápido que le era posible.

La ojiverde se detuvo a mitad de las escaleras y volvió su rostro iracundo hacia las personas que aguardaban abajo—¡No! No, padre, no está todo bien, ¡nada está bien!

—¿Qué sucede?

—¿Qué sucede? ¿Que qué sucede? ¡Todo! ¡Sucede todo!

Las tres personas al pie de la escalera se miraron entre ellos, Anna levantó las manos dejando entrever que no tenía una idea de lo que le pasaba a su enfadada hermana —Bien, pues, suéltalo.

—Es obvio ¿no? ¿Acaso no es obvio? ¡Ésta no ha sido la noche de su hija! Hoy me gradué, hoy se supone sería un día especial para mí ¿y qué es lo que han hecho? ¡Ignorarme! —Se respondió a sí misma.

—¿De qué hablas?

—¿De qué hablo? ¿Es que no se dan cuenta? Un día que debió ser especial para mí, ¿qué han hecho? ¡Pues que la han pasado elogiando a Elsa de Arendelle!

—¿Qué?

—¿Qué? —repitió ella, eufórica.

—Nada han valido mis esfuerzos y mi arreglo si ustedes, ¡todos ustedes! han decidido mimar a "la señorita perfección". ¡Incluso Anna no le quitó la vista de encima en toda la noche!

—¿Qué? –Pronunció la pelirroja, y con esto la ojiverde siguió subiendo a zancadas las escaleras.

—¿Se ha vuelto loca?

—Tal vez sí nos pasamos un poco con ella —dijo Eridan aun confundida.

—¿Y qué esperaba? —Anna habló, tomando el mismo rumbo que Rapunzel —Si se la pasó de boba toda la noche con ese tal Érick. Quizá si dejara de ser tan engreída y estirada obtendría más atención.

—Dejémosla respirar un momento, ya hablaremos con ella más tarde.

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¿Voy a verte mañana? —Escribió en el mensaje una pelirroja envuelta en su cómoda pijama de los teletubbies.

No lo creo, salimos temprano y regresamos tarde.

Hizo un mohín, luego suspiró decepcionada y volvió a enviar otro mensaje de texto, junto a una carita triste —¿Entonces cuándo voy a verte antes de que te vayas?

La respuesta le llegó de inmediato —El domingo, te busco por la noche, ¿está bien?

¿No fallas?

No, mi princesa, no fallo. Duérmete y buenas noches —. Antes de que pulsara 'enviar'a su último mensaje, recibió el emoji de un ramo de flores por parte de la otra línea, así que agregó una carita muy alegre.

Buenas noches, mi amada reina. No hace falta decirle lo hermosa que se veía usted hoy. Soñaré con su lindo vestido… y sus lindos ojos.

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Por más que quisiera ver a Elsa, Anna deseaba que el fin de semana fuera largo, solo faltaban escasas horas para que ellas tuvieran que despedirse, y Anna no quería, no quería que ese momento llegara.

Por su parte el enojo de Rapunzel no cedía, era patético, prácticamente ignoraba a todos, y aunque la situación era muy chusca y digna para mantenerse distraída todo el fin de semana, la pelirroja lo ignoró, estaba demasiado reflexiva con la partida de su reina que no tenía ánimo de burlarse de los desplantes de la ojiverde.

Elsa regresó el domingo, tal como le había dicho a Anna.

A las nueve de la noche la chica de Arendelle envió un mensaje de texto a una pelirroja impaciente que aún no se acomodaba la pijama.

¿Crees que tus padres te darían permiso para dar una caminata por tu jardín?

¿Quieres venir a mi casa?

Sólo si se puede y no te meto en problemas.

Elsa, mis padres te adoran, ellos estarán encantados de recibirte.

Pero ya es un poco tarde y mañana es lunes.

Son vacaciones, tonta, ¿lo olvidas?

Anna recibió una carita contenta seguida de otro mensaje de texto —Bien, entonces pregúntales por favor si me puedes recibir.

La pelirroja no lo pensó dos veces, saltó de la cama y se metió sin llamar a la puerta del despacho personal de su padre.

—¿Todo anda bien, mi inquieto saltamontes?

En otras circunstancias, Anna habría reído y saltado a los brazos de su padre, pero ahora le apremiaba otra situación —Elsa quiere saber si puede venir acá un momento, me dijo que te pidiera permiso porque bueno, ya es un poco tarde para recibir visitas.

—¿Viene a verte a ti?

—Sí —sonrió la pelirroja y no pudo evitar disimular la enorme alegría que responder a esa pregunta le causaba, hacía tan solo seis meses que las visitas de la rubia se debían a meras invitaciones por parte de Rapunzel, ahora Elsa solo quería verla a ella.

—Sabes que Elsa de Arendelle siempre es bienvenida aquí.

—¿Aunque ya sea tarde?

—Es una chica prudente, seguro tiene algo importante qué decirte y seguramente dejará que vayas a la cama temprano.

—¡Gracias, papi, eres el mejor! —gritó la pecosa y salió corriendo del despacho —¡Se lo diré ahora!

No era por presumir, pero Elsa ya sabía que los padres de Anna le dejarían ir a visitarla a esa hora, así que ya estaba de camino cuando recibió el eufórico mensaje de su pelirroja favorita anunciándole que Geiri, el guardia de la puerta, la dejaría pasar apenas llegara, y que ella la estaría esperando en la siguiente puerta.

Elsa se balanceó hacia atrás cuando unos efusivos brazos la envolvieron apenas llegando a pocos metros donde su anfitriona la esperaba. De inmediato notó que la pelirroja solo estaba esperando ese momento para soltarse a llorar, no era de desconsuelo, era como un llanto de resignación, silencioso pero cargado de un cúmulo de sentimientos que destrozaban la parte más congelada del corazón de Elsa, tuvo qué armarse de toda su fuerza de voluntad para no quebrarse junto con la pelirroja. Ella era, después de todo, más fuerte que la pequeña.

La dejó llorar, consciente de que en cualquier momento alguien de su familia podría asomarse por la ventana y verlas ahí, cuestionándose el porqué del llanto tan doloroso de la pequeña Anna, y la efusividad de la misma quien se supone era solo su amiga.

Cuando la rubia notó que la pelirroja se iba calmando la consoló, acariciando su cabello recogido en dos trenzas, luego se separó unos centímetros y le limpió los últimos rastros de lágrimas de las mejillas, su rostro apacible mostraba una sonrisa de medio lado y tomó la mano de Anna para comenzar a caminar hacia el jardín.

La casa de los Von Bjornson se prestaba a los planes que Elsa había mantenido durante ese día. Era una casa grande, rodeada de jardines que se perdían entre el comienzo de los bosques que eran usuales en las casas de las personas importantes, la de Elsa era muy parecida, solo que tenía su propio bosque. La rubia tuvo cuidado de alejarse lo más apropiado posible, sin exponer tampoco a la pelirroja a ningún peligro, después de todo, estando con ella, ¿qué podría resultar mal?

Había un tronco caído muy oportuno a mitad de camino, la chica de los ojos de hielo guio a la más joven hasta él y la hizo sentarse, se arrodilló delante de ella y notó que las lágrimas estaban cristalizando los ojos de su pelirroja de nuevo; se aclaró la garganta, ocultando sus emociones más desgarradoras y le habló, suave y con el cariño que le llevaba guardado de años.

—Te quiero Anna, ¿puedes captar eso ahora? Te quiero como no tienes una idea. Si yo hago esto… es por ti, y no sabes cómo me duele tener qué marcharme.

—No lo hagas —dijo apenas la niña Von Bjornson, en un tono que más bien parecía un susurro lanzado al viento.

Elsa reprimió un sentimiento que intentaba aflorar desde sus entrañas —Te traje algo —solo así consiguió que Anna alzara la cabeza y se interesara por ver algo más que el húmedo suelo.

Tomó el bolso que hasta entonces la pequeña notó que llevaba consigo, y la rubia sacó un envoltorio color oro y cerrado cuidadosamente en la parte de arriba con un moño azul que caía elegantemente por los lados.

—¿Qué es?

—Ábrelo.

Elsa volvió a reprimir sus emociones, pero ésta vez soltó una risita cuando escuchó a la pelirroja sorber lo que posiblemente eran mocos queriendo salir de su nariz. Anna se limpió las manos antes de abrirlo y con mucho cuidado rasgó el papel y miró a Elsa, la rubia casi podía sentir la emoción que Anna desprendía.

Su asombro fue más grande, como esperaba, Anna se llevó las manos a la boca y exhaló profundo.

—¿O-Olaf?

—Mandé que lo hicieran, hay muchos peluches de muñecos de nieve pero ninguno como Olaf, me basé en las caras graciosas que hacías para diseñarlo. Hala la cuerda.

Anna obedeció y dio cuerda al muñeco que enseguida comenzó a hablar.

—Hola, soy Olaf y adoro los abrazos… corrección, adoro tus abrazos —la pelirroja soltó una risa emocionada y aplaudió, había una inscripción en la etiqueta.

—El frío es parte también de mí… —suspiró hondamente —Es… muy lindo… Elsa —un brillo de lágrimas luchando por mantenerse dentro se asomó por sus ojos verde azules. La platinada sacudió la cabeza y le dio otra indicación.

—Ahora busca en su patita.

Anna alzó una patita del muñeco y rebuscó entre el pelaje para leer con avidez.

—¿Anna de… Arendelle? —alzó la vista y se topó con unos maravilloso ojos azules que brillaban expectantes.

—Me perteneces por siempre, Anna. Aunque yo no vaya a estar aquí, debes saber que tú y yo estamos conectadas por algo mucho más grande que nosotras y que la distancia.

—Elsa…

—Vas a estar bien, princesa, vamos a estar bien.

—¿Vas a enamorarte de una linda norteamericana?

Elsa no pudo evitar reír —Creo que me gustan las pelirrojas.

—Eso no ayuda —dijo Anna frunciendo las cejas.

—Sólo me gustas tú, es a ti a quien quiero —. Acarició una de sus trenzas, intentando no desbordar la ternura que la estaba haciendo presa en ese momento —. Pensé que nunca sería capaz de amar a alguien, Anna, pero ahí estabas tú, y me hiciste caer en un abismo profundo con tu forma de ser tan… particular. No hay nadie como tú, en todo el mundo.

Anna se dejó llevar por la caricia de Elsa en su mejilla, cerró los ojos y sintió cómo su vida se cernía sobre esa palma helada que la acariciaba.

—Yo también tengo algo para ti —saltó de su lugar, brillando de emoción.

—¿E-En serio?

—Sí —depositó con cuidado a Olaf en su regazo y extrajo una cajita larga de su pantalón, la extendió a Elsa.

La de los ojos azules tomó la caja con cuidado y giró la tapa. Dibujó una sonrisa encantadoramente hechizante cuando extrajo una pulsera hecha con una serie de aros de plata donde colgaba una especie de dije con una piedra parecida a un diamante en el centro.

—Es un copo de nieve —dijo Anna reprimiendo una timidez evidente en sus mejillas —Me pareció apropiado.

—Es… es muy bello —alzó la pulsera hasta que la tuvo delante de sus fríos y azules ojos que centellaban mientras lo veían —Mereces una cantidad prolongada de besos por toda la cara, señorita Von Bjornson.

Anna lanzó un gritito emocionado e hizo ademán de levantarse pero Elsa la detuvo en su lugar, y en cambio fue ella quien se puso de pie y volvió a buscar algo en su bolso.

—¿Has visto esas películas románticas donde una pareja va a admirar las estrellas a campo abierto mientras se abrazan recostados sobre una manta?

Anna no podía evitar sonreír mirando a su rubia extendiendo una gruesa manta sobre la hierba verde.

—Tenías un plan, eh.

—Toda la mañana. Ahora, señorita de Arendelle —la miró, haciendo énfasis en el apellido —no sé usted, pero yo estoy un poco deseosa de acostarme acá y mirar a las estrellas. Y si fuera abrazada de una persona con dos trenzas pelirrojas estaría mucho mejor —se recostó sobre la sábana cruzando los brazos por detrás de la cabeza.

Anna miró encantada a la rubia estirarse sobre el suelo, complacida, lanzó otro gritito emocionado y fue a echarse al lado de ella, Elsa estiró un brazo para que la pelirroja se acunara sobre él y la atrajo más hacia sí misma.

—Es nuestra última noche juntas —dijo Anna, con una tranquilidad más serena, abrazando a su platinada chica.

—Por eso estamos aquí, disfrutándola —. La pegó más a ella y besó sus pelirrojos cabellos —Siempre me han encantado las fresas, ¿sabes?

—Pensé que eras alérgica a las fresas.

—Lo soy, pero eso no evita que me guste su aroma, huelen a ti, o tú a ellas.

—No puedes comer fresas.

—Pero puedo comerte a ti, ¿no es cierto?

—Cada vez que quieras —dijo Anna y se estiró para besar delicadamente los labios de Elsa. La rubia la miró cuando Anna alejó su rostro del suyo.

—Eres muy hermosa, Anna, ¿lo sabes?

—Tal vez.

—Y estoy loca por ti.

—¿De veras? Eso nunca me lo habías dicho.

—¿Ah, no? Pues… estoy loca por ti… Anna de Arendelle.

Dicho esto la platinada la sostuvo de la mejilla y la besó otra vez, un beso único, moviendo sus delicados labios sobre los de ella con un vaivén de exquisito sabor a las fresas que había descrito anteriormente. Entonces la pelirroja dijo algo que hizo que un hielo frío que no era de Elsa le recorriera toda la piel.

—Quiero quedarme con algo más de ti.

—¿Algo más? ¿Algo como qué? —intentó ignorar lo que sus palabras le habían producido, convenciéndose de que podía tratarse de muchas cosas bizarras, viniendo de su particular novia.

—Algo que me recuerde a ti, que sea una marca tuya, en mí.

Los ojos azules la examinaron detalladamente, analíticos —. ¿Tiene usted alguna idea más precisa, señorita de Arendelle? ¿A qué se refiere con una marca personal? ¿Acaso piensa usted en un tatuaje? —Anna rio jovialmente y se incorporó, seguida de Elsa que la siguió mirando curiosa —. No me asustes, ¿en qué estás pensando?

—Un tatuaje no estaría mal.

—No hablas en serio.

—Sí lo hago.

—Tus padres me matan.

—No tienen que saberlo —Elsa la miró escrutadoramente, como esperando que de repente la chica se echara reír por su broma, pero al ver que Anna permanecía con su vista fija en ella, sin inmutarse un poco, continuó.

─¿Un tatuaje? ¿En serio? —la rubia pareció considerarlo, alzando una ceja —Una marca personal…

—Como un copo de nieve.

—Un como de nieve —repitió.

—Sí, bueno, creo que es lo más cercano a una marca personal. Es como una firma. Mira esto —. La pelirroja metió su mano al bolsillo de su pantalón pijama y extrajo un objeto parecido a un bolígrafo.

—¿Qué es eso?

—Lo compré ayer, es una pluma de tinta permanente.

—¿Y como para qué?

—¿Qué no es obvio, tonta? Quiero que me marques.

Elsa no terminaba de entender a qué exactamente se refería la pelirroja —¿Quieres que te haga un tatuaje?

—Sí. Había pensado en una inscripción un poco… ya sabes… romántica, algo así como… tu nombre.

La platinada se echó hacia atrás riendo a carcajadas, Anna la miró, frunciendo el ceño —No voy a tatuarte mi nombre, Anna; es más, no voy a tatuarte nada, tus padres me matarían.

—Ellos no tienen qué darse cuenta, ya te he dicho.

—Ellos se darían cuenta —se incorporó para observar a la pequeña dubitativamente —¿Lo estás diciendo en serio?

—Sí —. La niña bajó la vista y entrelazó sus dedos, sonrojada —Había pensado llevarlo aquí —señaló el lugar donde se ubican los latidos del corazón en el cuerpo de Elsa.

Esto hizo desfallecer de ternura a la rubia; observó a la más joven y le pareció que su rostro trataba de contener un puchero, sonrió de medio lado y tomó el bolígrafo.

—Está bien, pero opino que no sea en el pecho, sino aquí —tocó con la punta de su dedo índice en la espalda de Anna, justo debajo de su nuca —Si lo pones en tu pecho no te lucirán tan bien las blusas de corte bajo con una mancha ahí, como me gusta vértelas —Anna la miró, sonrojada, la rubia le hizo un guiño y continuó —Y si lo que quiere es una marca personal, entonces bien has dicho, que sea un copo de nieve —. Tomó su pulsera y le mostró —Éste, es el que tú has diseñado.

—Es tuyo —dijo Anna sonriendo —Es el copo de nieve que siempre se forma al inicio cuando empleas tu magia, ¿te has dado cuenta de eso?

Elsa le devolvió la sonrisa —Sí, es mi favorito. Entonces, ¿quieres un tatuaje de tinta permanente en la parte trasera de tu cuello? Nadie más tiene que saber que lo tienes, lo puedes cubrir con tu cabello y nadie, salvo que te observe con detalle, lo notará, la tinta es roja.

Anna se relamió los labios y dio la espalda a Elsa, levantando su cabello —Hazlo —ordenó y la rubia rozó suavemente con sus dedos la parte donde comenzaría a dibujar antes de besarle ahí mismo.

—Advierto que no soy buena dibujante, no respondo si en lugar de un copo de nieve, dibujo una estrella de mar.

—Comienza ya, Elsa de Arendelle.

Había una prolongada sonrisa dibujada en los rostros de las dos muchachas, la platinada esperó unos segundos y comenzó a realizar los finos trazos, con mucha concentración. A cada roce de los dedos fríos de su novia, la piel de la pelirroja se erizaba, sintiendo choques eléctricos que le corrían de arriba abajo. Ninguna dijo nada mientras el proceso duró, estaban en silencio, escuchando solo sus respiraciones entrecortadas entre los sonidos de la naturaleza del bosque.

Cuando Elsa terminó de dibujar, esperó unos segundos y sopló sobre la tinta, estaba seca. Luego tomó por los hombros a Anna y depositó un suave beso sobre el copo de nieve que acababa de dibujar en la piel de su querida pelirroja. La chica se estremeció, si ya de por sí la corriente eléctrica que sentía cada vez que los dedos de Elsa pasaban por sus poros abiertos, el contacto de sus labios hizo que cerrara los ojos y se perdiera entre millones de sensaciones emocionales que la debilitaban.

Se giró para quedar de frente con la rubia, mirándola a la cara, sobre todo a esos brillantes y profundos ojos azules que ahora parecían un mar embravecido, entonces la besó.

Un beso casto, puro, sin prisa, sabiendo que podría ser quizá, el último que recibiría de la rubia en mucho tiempo; se inclinó más sobre ella y se separó apenas unos milímetros de su boca —Quiero algo más —susurró, y a pesar de que la rubia lo había entendido perfectamente, su sorpresa fue tal que tuvo qué preguntarlo de nuevo.

—¿Qué otra cosa quieres, Anna Von Bjornson…? ¿Qué otra cosa más puedo darte que no sea sacarme el corazón para entregártelo aun latiendo por ti…? Te quedas con todo de mí. Te estoy entregando mis miedos, mi fe, mis pasiones más bajas… ¿qué otra cosa puedo darte?

La pelirroja lanzó un suspiro hondo, antes de poder siquiera pronunciar una palabra —Quiero tu cuerpo.

Los labios de Elsa temblaron, rozó su flequillo en la frente de Anna, apenas conteniendo las emociones que no podía controlar más —Pídeme otra cosa, Anna, no hagas que también en eso me pierda.

—Quiero eso —repitió la pelirroja siendo clara en cada letra —quiero todo de ti, Elsa de Arendelle, y es lo único que no me has entregado todavía.

—Anna… —susurró.

—Déjate ir, Elsa —murmuraba la más joven —siente cómo ninguna partícula de mí misma puede soportar tu lejanía. Quiero tu recuerdo, necesito tu recuerdo vivo, y lo tendré si dejas esa marca imborrable…

—Anna, por favor… por favor —suplicó la rubia, antes que la pelirroja la volviera a besar y con ese beso cayera presa de todas sus emociones juntas, envuelta en un frenesí de las bajas pasiones que había revelado tener por la pequeña.

Se echó sobre el cuerpo menudo de Anna y la besó, la besó y la amó como si no fuera a amanecer nunca más ante sus ojos.

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La cabeza pelirroja de Anna descansaba sobre el pecho de Elsa mientras que con su dedo índice seguía los trazos del copo de nieve que misteriosamente tenía tatuado la rubia justo en el lugar donde ella quería que la chica tatuara el suyo, como respuesta cuando le preguntó, la pecosa obtuvo algunas palabras vagas que no alcanzó a comprender con exactitud, pero la rubia había desviado el tema y Anna tuvo qué olvidarlo. Ahora se había quedado en silencio, la platinada le dejó tomar un descanso mientras sentía la cálida respiración de su chica quemar su piel desnuda, entonces la escuchó sollozar.

—Dime que todo anda bien —esbozó la platinada, serena. Anna no contestó, la de los ojos azules se tomó su tiempo para tomar el mentón de Anna y elevar sus ojos hasta los de ella —Vale, entonces dime que no estás llorando porque soy una mala amante —. De pronto la pelirroja comenzó a reír —¿Qué es tan gracioso, señorita Von Bjornson?

—¿Ahora soy señorita Von Bjornson? Antes era señorita de Arendelle.

—No lo sé, estás llorando y mi ego se siente herido —una carcajada salió del menudo cuerpecillo de Anna y se tuvo qué tapar la boca para hacerla menos sonora.

—¿Si te digo que estoy intrigada me dirás de dónde viene la risa? —Mientras más hablaba Elsa, más Anna se reía, lo que provocó que la rubia comenzara a hacer lo mismo.

—Ya basta, Anna Von Bjornson, explícame cuál es la gracia.

—Es que tú… tú… —y seguía tratando de contener la risa sin lograrlo —tú jamás podrías ser una mala amante, Elsa, eres perfecta.

—¿Ahora soy perfecta?

—Siempre me has parecido perfecta, por eso he estado detrás de ti todos estos años.

—¿Y cómo es que soy perfecta?

—¿Es una broma? —Dijo, levantándose para mirarla desde arriba, aun sentada a su lado sobre la manta —Estás hermosa; eres tan rubia, tienes los ojos más azules que el mismo mar y cielo juntos, tu piel es tan… blanca y tan suave, y tu aroma… —aspiró cerca de su cuello — es exquisito.

—¿Cómo el chocolate?

—Mucho mejor que el chocolate.

—No hay nada mejor que el chocolate.

—Créeme, eres mejor que el chocolate.

—Bueno... ¿Qué más? —preguntó en un tono arrogante la rubia.

—¿Quieres más, presumida?

—Soy una perfecta presumida —respondió; Anna suspiró profundamente y deslizando con suavidad sus dedos por el cuerpo desnudo de Elsa, desde el ombligo hasta sus mejillas y bajando otra vez a su vientre, la admiró.

—No estoy segura qué tanto de ti me ha enamorado, Elsa… solo sé que me pierdo en cada rincón de tu cuerpo, que me inundan cada una de tus palabras hasta ahogarme y clamar porque vengas a salvarme con un beso en los labios… tu perfección no se limita a lo que ven mis ojos, va más allá del tacto, es… algo que simplemente me atrapa hasta perder mis sentidos y mi cordura… eres tan buena, tan noble, tan inteligente y tan recta… a veces he pensado que no te merezco…

Sus palabras fueron interrumpidas por el brusco movimiento de la rubia que llegó hasta ella y le sujetó las manos por las muñecas para mirarla tan cerca a los ojos que sus perfiles se perdían en una sola sombra proyectada en la negrura de la noche —No soy perfecta, Anna, todo lo que has visto de mí, ha sido provocado por ti, así que si en algún lugar se encuentra mi verdadera belleza, es en ti misma, mi pequeña pelirroja.

Anna comenzó a soltar ese llanto silencioso, ese que tanto quebraba la voluntad de Elsa, y antes de que otra cosa pudiera suscitarse, tomó el muñeco de nieve y con mucho cuidado desprendió la cabeza del cuerpo, la pelirroja dio un respingo, confusa, pero Elsa le hizo una señal de que todo estaba bien.

—Te quiero, Anna, eres el amor que siempre va a estar presente en mi vida, cada uno de tus gestos, el color de tus ojos, tus pecas, esa parte ingenua de ti que tanto me enloquece… va a permanecer por siempre en mi memoria, en cualquier lugar en el que me encuentre. ¿Entiendes eso?

—Y yo voy a estarte esperando, mi reina de hielo… voy a estar aquí, aguardando a tu regreso.

Elsa le sonrió de medio lado, juntó su cabeza a la de ella y le dio un último beso, metió su mano dentro del cuerpo del muñeco de nieve y una luz azul salió apuñada en su mano. Elsa la llevó hasta la frente de Anna, los ojos de la pequeña vieron bailar a un alegre Olaf antes de cerrar los ojos y quedarse profundamente dormida.

Ella no sabía cómo es que se puso la pijama, de hecho no recordaba si antes de quedarse dormida la llevaba puesta, ni por qué esa mañana tenía tanto frío, solo abrió los ojos, asomó un momento a la ventana y vio que la nieve caía afuera de su habitación, cogió el edredón y se lo echó encima para calentarse del intenso frío a mitad de julio.

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¿Se irá Elsa? ¿Se quedará? ¿Qué cosa es eso luminoso que salió del cuerpo de Olaf? ¿Seguirá el amor andando? ¿Existe el chupacabras? XD ¿Me dejarás un comentario en la caja? ._. Todas las respuestas en el siguiente capítulo, así que no se lo pierda ;—) Ja, ja, XD

Eso es todo por ésta vez, chicos y chicas… y no tan chicos XD Si has llegado hasta aquí, debo darte las gracias, porque has seguido ésta historia hasta el momento, si te es bueno dejar un review en la caja sería grandioso, ya que tus comentarios nutren las historias y nos motivan para seguir publicando y hacer nuestro mejor esfuerzo por entregarte un trabajo que mereces leer.

Nota:lo que pedí vinieran a leer acá es que, es muy posible que no pueda actualizar el próximo viernes, porque si la reina Elsa se retira de mi país (ojalá no), estaré fuera, me voy de campamento —a menos que no siga cayendo más nieve por acá— y ustedes saben que en esos lugares está demás llevar computadoras porque no hay acceso a Internet, así que, si acaso me voy, regreso el domingo y enseguida me pongo a corregir el siguiente capítulo para postearlo en cuanto quede listo, probablemente el siguiente viernes, posterior al que debía de actualizar; pero si Elsa permanece usando sus poderes en México, entonces podré actualizar como prometí. Espero que no les sea molesto u_u

Ahora van mis agradecimientos especiales a mis críticos más oportunos de la red :— ) :

Kpopsnsd.- Bueee… espero que la relación en esos meses haya sido reconfortante, aunque poco se habla de eso, ¿verdad? Es que esa parte no es tan relevante en la historia, pero al menos no estuvo en "rompemos—volvemos, volvemo—rompemos", ¿no? ._. Muchas gracias por tu comentario :—D

Loreley.- ¿De verdad? ¿Y éste qué tal? A mí me ha gustado más éste que el anterior, ¿tú qué opinas? :—)

El chico V.- Ja, ja, ¡hola, chico V! Yo creo que no eres el único, estoy convencida que muchos estamos dando el reino por esa reina platinada *—* Y Anna es la chica suertuda :v ¿A poco no? ¿Cuántos no quisieran estar en su lugar? :v

Passenger.- ¿Tu reina del hielo? Me temo que vas a tener qué pelear conmigo por ella *levanta una ceja a modo retador, luego la baja porque es muy mala para los pleitos* XDD Muchas gracias, en serio que es tan motivador y súper guay que te lean y sobre todo, quieran comentar lo que haces, así que siempre es un honor para mí leer cada comentario en mi trabajo *—* A llorar :'I

Bants.- Ahmmm… ¿crees que se haya ido? ¿Le tendrá preparada una sorpresa a Anna? ¿Si se fue, se fue para nunca volver? Si se quedó, ¿se quedó para volver a sentir el rico calor de Anna? ¿Anna amanecerá alegre? ¿Triste? ¿Tú qué piensas? ._. Voy a pasarme a leer tus Jori fics cuando regrese de mi campamento (si me voy). Qué padre que escribas, te felicito y te mando abrazos :—D

Tasiakrood.- Tengo la teoría de que Anna no despide calor solo cuando de Elsa se trata, sino que Anna es el único calor que Elsa puede percibir y serle agradable, porque el calor en realidad le afecta, pero Anna no le afecta, y Anna le da calor, entonces, Anna calienta su alma… y no solo su alma XDD Muchas gracias por leer y comentar mi historia, espero que encuentres algo bueno en el romance poco convencional de Anna y Elsa, a ésta historia le falta mucho por ser contada :—)

Ahora sí, cuídense, estimado público lector. Nos leemos pronto… LindsayWest :—)