Capítulo 3

A las 6:00 de la mañana del día siguiente...

Ariel abrió lentamente sus ojos y vio que apenas el sol iluminaba su cuarto. Recorrió con su mirada toda su recámara, hasta toparse con aquel animal anaranjado con rayas negras, que para su sorpresa estaba sentado sobre los cojines, con la mirada fija en el horizonte. Ariel se levantó y se hincó a su lado. – Eres madrugador, ¿eh? ¿Dormiste bien? – pero este tigre no emitía ningún sonido, no efectuaba ningún movimiento. – ¿Qué te pasa? ¿Te duele tu pata?

– este seguía sin dar alguna señal de si no se había convertido en piedra. Ariel se quedo viendo fijamente sus ojos y trato de seguir con su mirada a donde observaba tan atento. – ¿Extrañas el bosque? Es eso, ¿no? Sé qué quieres ir allá pero tu pata debe sanarse, cuando sane te prometo que te dejare en tu hogar. – Una vez más el silencio abundaba en la habitación, si alguien se pusiera a escuchar detrás de la puerta, pensarían que Ariel está loca de estar hablando sola; pero hablar sólo no es tan extraño, si no tienes con quien hablar y necesitas conversar con alguien, ¿quién mejor que tú mismo? Nadie te entiende mejor que tú. Es "relajante" hablar con uno mismo, sientes que puedes decir lo que quieras, sin temor a ser juzgado...bueno me estoy desviando un poco del tema, probablemente piensen que estoy loca por tener la mentalidad de "hablar sólo es bueno" pero no debo ser la única que piense así, o por lo menos eso espero...

En fin, Ariel estaba extrañada de que el tigre no reaccionara. Lo que pasa es que este animalito estaba deprimido, sí, deprimido...si más no recuerdan, John mató a su pareja y a su cachorro...digamos que este tigre sentía lo mismo que John, el mismo dolor, el mismo sufrimiento, la misma frustración y no sólo eso, si no que tenían un deseo en común...asesinar al culpable de haber asesinado a quien amaban. – Mmm ¿sabes algo? Ya que estaremos juntos por unos cuantos días, debería ponerte un nombre...así no te diría solo tigre o animal, ¿te parece? – por primera vez, el tigre movió ligeramente su cabeza para encarar a Ariel. Ella sonrió y continuó: – A ver, tiene que ser un nombre bonito y original...mmm... ¿¡qué tal Flounder!? – él la miro extrañado y negó levemente con su cabeza. – Lo sé, suena a nombre de pez...déjame pensar... ¿Sebastián? No, suena a cangrejo... no puede ser tan difícil darle un nombre a un tigre...tiene que ser rudo, pero tierno a la vez...mmm... ¡Lo tengo! ¡Rajah! ¡Tu nombre será Rajah! – este la miro una vez más y quedo bastante conforme con el nombre y se lo demostró pegando un pequeño y bajo rugido. Ariel entendió perfectamente y le sonrió. – ¡Perfecto! ¡De ahora en adelante serás Rajah!

– Ariel, ¿estás despierta? – dijo su padre desde el otro lado de la puerta. Ariel se alarmó y sus nervios comenzaron a invadirla, en vista de que no sabía qué hacer con Rajah. – ¡Oh, no! ¡No te puede ver! – le susurró a Rajah, mientras que este, apenas entendía lo que ocurría.

– ¿Ariel? – insistía su padre.

– ¡Amm dame un segundo, padre! – Ariel inquieta y estresada, trato de ir moviendo a Rajah hasta el armario. – ¡Coopera conmigo! ¡Muévete! – Rajah pegó un pequeño rugido y se metió dentro del closet, mientras que Ariel abría y seguidamente cerraba las puertas de este. Ariel terminó de ocultarlo bien y cerró las puertas del closet color crema con decoraciones doradas. Ariel se tiró en su cama, disimulando que todo estaba bien. – ¡Ya puedes pasar papá! – gritó Ariel. Tritón entró de inmediato y sonrió al ver a su hija. – Me alegra que ya te hayas despertado, ¿cómo dormiste?

– ¡Bien! ¡Súper bien! ¡Sí, sí! – Ariel no podía dejar de ver el armario, sólo deseaba que su padre se fuera rápido y que a Rajah no le diera un ataque de claustrofobia y saliera enfurecido de ahí.

– Jane me contó que fueron a dar una vuelta por Agrabah ayer.

– Ah, sí, ayer...

– ¿Y qué dices? Es muy bello, ¿no?

– Sí, bastaste...

– Que dicha que pienses así. ¿Y ya terminaste de desempacar tus cosas?

–Aja, sí, completamente.

– Perfecto, quiero ver tu closet a ver si te entro bien toda tu ropa.

– Sí, claro... ¡Espera! ¿¡Qué!?

– Voy a fijarme qué tal te acomodaste. – dijo Tritón mientras caminaba hacia las puertas color crema; pero Ariel se hizo tirada y bloqueo estas puertas, evitando que su padre las abriera.

– ¿Qué pasa, Ariel? – preguntó él extrañado.

– Es que...yo emm...yo... ¡no he ordenado todo! ¡Sí! ¡Eso! ¡Tengo algunas cosas desordenadas y no quiero que lo veas! – improvisó ella acelerada y nerviosa.

– Oh, está bien. Pero ordénalo rápido, recuerda tus clases con Jane.

– Sí, padre...

– Bien, me retiro, tengo trabajo que hacer. Hoy vendré tarde, pero en cuanto tenga un rato libre, vamos a cenar a algún lado.

– ¡De acuerdo! – Tritón le dio un beso en la frente a Ariel y salió de ahí. Al cerrar, él, la puerta del cuarto de su hija, Ariel dio un gran suspiro aliviado y abrió las puertas del armario, del cual al instante salió Rajah con una cara impaciente.

– Lo lamento, era mi padre y él no puede saber de tu existencia...lo bueno es que casi no está en casa, entonces no tendré muchos problemas con él. – Rajah se sentó y Ariel hizo lo mismo. – ¿Rajah, yo te agrado? – él volteo a verla directamente a los ojos por un gran rato y después asintió levemente con su cabeza; Ariel se podría decir que en ese momento se sintió demasiado feliz...yo también lo estaría si a un tigre le agrado, claro...desgraciadamente eso no va a pasar, pero la vida continúa, no le hagan caso a mis deseos extraños.

Ariel sentía unas ganas inmensas de abrazarlo, pero se contuvo y le acaricio la cabeza. – ¿Tienes hambre? – una vez más, Rajah asintió. – Ok, iré por algo de comer, iré rápido, ya sabes, no hagas nada loco. Vuelvo en un dos por tres. – sin decir más, ella salió, dejando a Rajah sólo. – Esta chica tiene algo que...que me hace sentirme seguro...feliz, no lo sé... ¿será que podremos hacernos amigos? – pensó Rajah; sí, el tigre estaba pensado en Ariel, claro que él no lo pensó en "humano", sus pensamientos eran en idioma tigrístico, pero yo, como soy buena, decidí traducirlo para ustedes, para que entendieran, de lo contrario sólo sería como: "Rawr, rawr, rawr".

Bueno, cambiemos un poco de ambiente y de gente.

Horas después en la Academia Kuzco...

Jim y Hércules estaban sentados a la par, haciendo garabatos en sus cuadernos y en la mesa de a la par estaban Kuzco, con la mirada fija en Hércules y Malina poniendo atención en clase, como siempre; y demás mesas y alumnos, que se irán conociendo poco a poco.

– Me estoy muriendo de sueño. – le dijo Hércules a Jim en tono adormilado.

– Lo sé, yo también me estoy durmiendo...este profesor sólo habla y habla...es tan aburrido...

– Totalmente de acuerdo...

– ¡Señor Hawkins! – exclamó el profesor Milo, dirigiéndose a Jim. Jim asustado por el repentino llamado, se enderezo y dijo: – ¿Si profesor?

– ¿Podría decirme lo que acabo de explicar?

– Ammm s-sí... mmm usted estaba hablando sobre...sobre... – no obstante, el timbre sonó para salir a recreo, a lo que Jim sonrió satisfactoriamente.

– Tendremos que dejarlo para después, profe! – Jim se levantó de su asiento, al igual que todos los demás estudiantes y fueron saliendo poco a poco.

– Salvado por la campana. – bromeó Hércules, golpeándolo levemente en el brazo.

– ¿Qué te diré? – Jim sonrió y le guiñó un ojo. Una vez que la clase quedo vacía, Milo suspiro y dijo para sí mismo: – Los jóvenes de hoy...

– ¿Jim, hiciste el ejercicio de matemática que te dije? – le preguntó Malina, mientras los cuatro (Jim, Hércules, Kuzco y Malina) de sentaban en una de las mesas que estaban afuera en la zona verde.

– ¡Oh! ¡Es cierto! Lo olvide, Malina...

– Mmm está bien, entonces tendré que estudiar más contigo.

– ¿Segura? Siento que te quito demasiado tiempo...

– ¡Para nada! ¡A mí me encanta estar contigo!... ¡Estudiando! ¡Obviamente!

– Sí, bueno, te lo agradezco.

– No me agradezcas nada.

– ¿¡Acaso no odian este clima!? – intervino Kuzco frustrado, tocándose la cabeza.

– ¿Por qué lo dices? – preguntó Hércules extrañado.

– ¡El exceso de calor hace que sude y mi cabello se espanta! – en ese momento todos voltearon a ver a Kuzco con cara de: "¿¡Me estas bromeando!?" y luego Jim con una cara maliciosa dijo: – ¿Awwnnn no quieres despeinarte Kuzquito?

– ¡No, no quiero!

– En ese caso...lo podemos arreglar...

– ¿Ah sí? ¿Cómo vas a...? – él se vio interrumpido porque Jim con sus dos manos comenzó a despeinarlo, mientras que pegaba gritos sumamente agudos, como los de una niña en una película de terror.

– ¡Para Jim! ¡Basta! ¡Nooo! – gritaba Kuzco. Jim se compadeció de él y decidió parar, pero no podía aguantar la risa, al igual que Hércules y Malina.

– ¡Eres malo! – le reclamó Kuzco con un puchero, mientras que trataba de acomodarse el cabello.

– Sí, lo soy. – le guiño un ojo y se rió nuevamente.

Días después... Rajah y Ariel cada vez se hacían más unidos, Rajah obedecía a la pelirroja en todo, se podría decir que lo había "domesticado".

Ariel metió a su amigo en el closet, otra vez, y salió de su habitación para ir a bañarse.

15 minutos después...

– Muy bien, ahora sigue la ropa de Ariel. – dijo Carlota, entrando en la habitación de Ariel con una canasta de ropa limpia. Se dirigió al armario y abrió las puertas. Rajah al ver que no era Ariel, trato de camuflares más con la ropa. Carlota empezó a acomodar la ropa y pudo ver al fondo una especie de abrigo anaranjado con rayas negras, ella pensó que se había caído, así que intento agarrarlo, pero al tocarlo, Rajah rugió y Carlota pegó un tremendo grito que se escucho por toda la casa. Ariel desde el baño, mientras se terminaba de vestir (andaba un jeans de mezclilla y una blusa blanca con sandalias blancas) y sólo pudo pensar en: – ¡Mierda, nos descubrieron! – ella salió corriendo desesperadamente a su cuarto y al entrar se topo con Carlota tirada en el suelo, temblando con tanto miedo que no podía ni hablar. Ariel vio que Rajah estaba sentado en frente de Carlota como si nada y corrió a ayudar a levantar al ama de llaves.

– Carlota, tranquilízate.

– ¡T-t-ti-tigre!

– Cálmate, no te hará daño.

– ¿¡A qué te refieres!? ¡Hay un tigre en tu habitación! ¡Debemos huir! ¡Corre Ariel! ¡Corre!

– ¡Carlota! ¡Rajah no te hará nada! ¡Él es bueno! ¡No grites más!

– ¿¡Rajah!? ¿¡De qué estás hablando!?

Prontamente Jane entró alarmada a la alcoba y con una cara preocupada dijo:

– ¿¡Qué sucedió!? ¿¡Quién grito!?

– Carlota...

– Oh...ya se enteró por lo que puedo ver...

– ¿¡Qué!? ¿¡Enterarme de qué!? ¿¡Ustedes sabían que aquí había un tigre!?

– Jane, cierra la puerta, tenemos que explicarle todo.

– ¿¡Explicarme qué!? – Jane cerró la puerta y entre las dos (Ariel y Jane) sentaron a Carlota en la cama.

– Quiero que te tranquilices, Carlota. Te explicaremos todo, pero debes mantener la calma...ese tigre no te hará nada, absolutamente nada. – dijo Ariel en tono calmado.

– Mmm e-está bien... – dijo Carlota, aún algo temblorosa.

– Verás, todo empezó cuando... – y así Ariel inició con la explicación de cómo ese polizón naranja había llegado a la mansión. Cuando terminó de contarle, Carlota estaba que no se lo creía, había quedado impactada con toda la historia y de cómo era que Ariel había estado ocultando, junto con Jane, a Rajah por varios días.

– Ahora, Carlota, te pediré que no le digas una palabra a mi padre, por favor.

– ¿¡Qué!? ¡No me puedes pedir eso! ¡Esto es una mentira muy grande! ¿¡Cómo no le voy a decir a tu padre que tienes un tigre de mascota!?

– ¡Porque jamás permitirá tenerlo aquí! ¡Lo enviara a un zoológico o algo así! Además…no lo tendré para siempre, simplemente será hasta que su pata sane, por eso no es necesario que papá se entere. ¡Por favor! – le suplicó Ariel con una sonrisa de oreja a oreja y sus ojos abiertos y llenos de brillo.

– Hace muchos años no te veía sonreír así, desde que tu madre aún estaba con nosotros… – dijo Carlota algo penosa con ojos llorosos. Athena, la madre de Ariel, había muerto cuando Ariel estaba muy pequeña y siempre era la que mantenía con alegría la casa, era de esas personas que con solo una sonrisa suya, te levantaban el ánimo de una forma increíble. – Guardare el secreto…solo espero que no se dé cuenta por sí solo, si no, estarás en graves problemas.

– ¡Muchas gracias, Carlota! ¡Y tampoco le puedes decir a Grimbsby!

– No lo hare. Por suerte hoy no está en la casa, si no se hubiera extrañado y asustado con mi grito y hubiera terminado dándose cuenta.

– Eso creo, pero lo importante es que ahora, nadie más lo sabrá.

– Espero… ¡Bueno! Yo seguiré con mis quehaceres, con permiso. – Carlota se levanto de la cama, vio repulsivamente a Rajah, rodeándolo, agarro la canasta de ropa que había terminado en el suelo y salió de allí.

– Jane, ¿te puedo preguntar algo?

– Por supuesto.

– ¿Es verdad que desde que mamá estaba viva no sonreía de la forma en que lo hice ahora? – Jane se sorprendió con la pregunta y bajo la cabeza. – Sí, es verdad. Hace mucho no sonreías tan…feliz, ilusionada…y de la forma en que tus ojos brillaban, era la misma forma en que brillaban cuando mirabas a tu madre, mientras te contaba un cuento para dormir. – Ariel sonrió y bajo la mirada, sin decir nada.

– La extrañas, ¿no? – preguntó Jane.

– Sí, a pesar de que estaba muy pequeña, era mi madre y me hace mucha falta… – Jane sin pensarlo dos veces abrazó a Ariel con todas sus fuerzas, mientras que a Ariel se le escapaban algunas lágrimas. Una vez terminado el abrazo Jane vio agua derramada en las mejillas de la pelirroja, por lo que, con sus manos le limpió la cara. – Bueno Ariel, se nos hace tarde, dale algo de comer a Rajah para que no muera de hambre y vamos a estudiar.

– Está bien. – Ariel salió de ahí por algo de comida y Jane se fue al jardín con varios libros, esperando a Ariel para comenzar su clase.

Al otro día, alrededor de las 3:00 de la tarde…

El grupo de amigos, se hallaban en clases, con uniforme deportivo (los hombres con pantaloneta blanca y camisa hombrera azul, con sus respectivos zapatos deportivos; y las mujeres con short azul y blusa blanca, de mangas cortas, pegada al cuerpo, junto con sus zapatos), es decir, estaban en educación física o clase de deportes.

– Muy bien, hemos finalizado la clase por hoy, felicito a algunos que se esforzaron mucho y a los que no tanto, les recomiendo que se pongan las pilas. – advirtió el profesor Li Shang. – ¡Ah! ¡Casi lo olvido! Mañana todos deben estar aquí en el colegio a las 6:30 de la mañana para la excursión que haremos. Ya pueden irse.

Todos los alumnos, corrección, todos los cansados y sudados alumnos, salieron del gimnasio y las chicas se dirigieron a su vestidor y los hombres al suyo.

– Oye Herc, que aburrida esa excursión de mañana, ¿no crees? – le dijo Jim.

– Demasiada, y tras de eso, es en el bosque, no habrá nada que hacer...

– Cierto... ¡escapémonos!

– Jim, si nos escapamos una vez más nos expulsaran...además ve el lado bueno, todas las chicas irán en shorts súper cortos y blusas de tirantes, no nos podemos perder eso. – dijo Hércules, con una mirada pícara.

– Eres un maldito pervertido...

– Yo prefiero el término fan del sexo femenino.

– Oh Dios...

– La pasaremos bien, ya verás...

– Eso espero...

En la mansión Tritón...

Ariel estaba en el suelo de su cuarto jugando con Rajah y se dio cuenta de que él estaba apoyado completamente en sus dos patas. – Oh, puedo ver que ya te puedes apoyar en ambas patas...echémosle una ojeada... – Ariel con sumo cuidado le quito la venda a Rajah y observó que ahora estaba como nueva, por lo que sonrió: – ¡Rajah! ¡Tu pata ya se curó! ¡Qué bien! ¡Ya podrás correr y volver a tu vida normal! ...Oh... – Ariel supo que era tiempo de dejar a su amigo ir, por lo que con voz quebradiza y ojos llorosos confesó: – Así que ya no me necesitas...ya podrás cuidarte por ti mismo, no tendrás que vivir aquí más... – Rajah vio a Ariel con ojos tristes y bajo su cara con dolor. – ¿Te digo algo? A pesar de que nos encontramos hace pocos días, eres el primer amigo que tengo y no sólo mi primer amigo, sino que mi mejor amigo... – la pelirroja se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza; Rajah algo sorprendido por el abrazo, rodeó con su pata izquierda la espalda de ella, devolviéndole el abrazo. – Será mejor que mañana temprano te deje en el bosque... – dijo metida en el suave y sedoso pelaje de Rajah.

Así que... Ariel y Jim por razones diferentes, irán el mismo día, al mismo lugar...

Mmmm...

Interesante...