Nefertari Queen: Me agrada saber que mi elogio tuvo una buena consecuencia en ti, era lo menos que podía hacer con tantas lagrimas que me haz brotado con tus historias, es un verdadero honor saber que lees la mía.
Fankataang100: ¡Muchas gracias! Me halagas y me motivas a la vez, espero que este cap. también sea de tu agrado.
El mundo en el Avatar
Cap. La nobleza de la tierra
En una tarde, en el anillo superior, con el cielo anaranjado, con tonos rosados y colorados, y las aves camaredeando armónicamente el lugar, aprovechando de su migración.
Un hombre con una vida, ya alejada de los problemas y repercusiones estaba en una barra, bastante desesperado.
Hacia dos cosas a la vez; preparaba inteligentes recetas de te, por una millar de pedidos con su paciencia, atendiendo a la inflexible clientela, pero también observaba con curiosidad y recelo a la pequeña que se encontraba en la mesa del rincón.
Ella solo ocultaba su rostro, dejando libre su boca, para así mostrar las expresiones que pudiese dictar, y luego para no comerse con descuido su propio cabello si le diera el placer de hablar, una melena considerablemente larga si no estaba atada, y si no lo cortaste en meses por berrinchuda.
No estaba tratando de coinquinar su vista, seria insignificante, por que en realidad no tenía caso, ella ya no miraba nada.
La bandida ciega sabia que solo tenia que resignarse y acostumbrarse a la escena negrosa con los ruidos y voces ajenas, que atraían a sus oídos, al no saber ni por cerca de sus teorías, sus orígenes.
¿Cómo empezaban? ¿Quiénes los provocaban? ¿Con que objetos realizaban esos ruidos?, eran las preguntas que se hacia la niña, al curiosamente separar la unión de sus pies con el supedito suelo, había pensado seriamente en desarrollar otra habilidad con sus sentidos, no todo el tiempo dependería de sus pies, no todo el tiempo habrá tierra donde pararse, y definitivamente no todo le tiempo estaría el brazo de Sokka, para sostenerse. Recordando esos tiempos, ella en el fondo sabía que aprovechaba esos momentos, abusando del carácter altruista de su amigo; le agradaba tanta cercanía.
Ultimadamente, su abdomen se entumía al ritmo cuando se acrecentia un dolor agudo y punzante, bastante insoportable por sus definiciones.
Pero le irritaba las ridículas charlas de la gente adinerada, que se encontraba como vecina en las mesas del "Dragón de Jazmín", frases tan falsas, complaciendo la ignorancia de los demás y burlándose de la verdadera decencia.
La encolerizaba en especial una muchacha, en la mesa de alado que estaba siendo pretendida.
Se daba a presunciar solemnemente a si misma, y a miradas con diálogos en doble sentido, le adurgaba a entender a su muy atractiva cita, que su kimono verdoso no tenia el derecho a estar con su tela de estofa, de colores amarillentos y blancos de mas prestigio.
El muchacho solo se reprimía ante sus peticiones, mencionándole que su madre, quizás enferma tenia ahorrado un dispendio económico leve que le ayudaría a conseguir una ropa más elegante.
Realmente, estaba muy ilusionado de ella, enamorado de esa belleza tan afinada.
Muy en el fondo, le deprimía a la maestra tierra las obsoletas respuestas a las cuestiones presentes; ¿Qué se creía ella? Y ¿En que estupideces pensaba el, como para seguirla?
Al apoyarse bruscamente con la mesa para posesionarse de pie, atrajo la atención de todos sobre ella, gracias al rechinido de la silla arrastrada.
Pensaba en darle una paliza al joven, pero solo abandono su asiento resentida, dejando tres o cuatro tazas de te, bastante rancias, acompañadas de una diez muy deliciosas.
Le agradaba que el feliz Iroh, hiciera experimentos para innovantes recetas de te, la parte fea es que ella era la rata del laboratorio, debido a su mas constante presencia en el establecimiento, si se comparaba con la de sus amigos. El necesitaba una crítica honesta de alguien conocido, y ella no se negaría en dársela.
Ascendió a una de las habitaciones de huéspedes, haciendo una mueca de molestia decidiéndose a ignorar los comprometedores diálogos amorosos de Sokka y Suki, en el cuarto de la derecha, de seguro festejando su reencuentro.
En la recamara de la izquierda Aang estaba meditando en el corazón de su cama, en una posición de loto con una gran sonrisa sospechosa, rodeado de una infestación de sabanas muy disparatas.
Y finalmente en la habitación de al frente, estaba Katara tarareando una melodía pegajosa y peinando agraciadamente su cabello con un peine muy curioso con la ayuda de una de sus manos, cuando la otra sostenía un papel pequeño, que tenia un corazón disparejo, muy mal dibujado teniendo en medio los símbolos de los maestros aire y la de su tribu, consintiendo ese tierno obsequio ignoro que en una de sus orillas tenia una mancha de salsa.
Al cerrar la puerta lentamente, cerró sus ojos pesados, que caían junto con ella.
Dio un clavado en su cama, se escondió y bufo entre cobijas.
Su dolor estomacal parecía acontecerse conforme a su paciencia.
Entre el declive moral que tenia que ser espectadora desde su infancia, siempre en esos momentos tranquilos; cuando la paz prosperaba en su mente y la paciencia dominaba su rigidez, se divulgaba [como cualquier chica adolescente]ilusiones fantasiosas, en forma de deseos y aficiones en un mundo ficticio olvidando la realidad, le apenaba suspirar placenteramente incluso cuando le venia a la mente temas de muchachos, pero la apenaba aun mas tener que interpretarse como la guerrera Kyoshi en sus fantasías, escuchando claramente los arrumacos y coqueteos de la pareja a lado de la pared.
Y ahí cuando no escuchaba los alardeos de Katara, y entrometidos consejos de sus amigos, aclaraba su mente y mentalidad, y simplemente pensaba con seriedad ponerse el vestido que sus amigas le obsequiaron en su último cumpleaños, algo muy llamativo.
Aun era una niña, aun tenía su parte femenina, pero le aterraba representarlo. Su amiga, la maestra agua, al llegar y saludarla prometía que le iba a serle compañía y a la vez tomaría el papel de mentora en el tema de la cultura femenina.
No transmitir lo que quería, la desesperaba y por ende, le hacia doler su cabeza, y por culpa de Zuko le dolía su estomago también, la razón:
El Sr. Del fuego traslado sin contratiempos a Suki, a Ba sing se, y estuvo un considerable tiempo en el lugar, queriendo aprovechar su visita para reencontrarse con Sokka, e informarse del funeral pasado.
Con Suki, un poco extasiada y preocupada por su novio; su llegada y su estado, tras la situación anti alabante.Y el ex nombrado Dragón del oeste consolándola lejanamente entregando con velocidad los pedidos sobre las mesas, mientras sonreía, del grado del amorío de la chica y tiraba descuidadamente unas tazas de te sobre uno de sus clientes por tropezar con una pata de las mesas.
Zuko, con su soledad arrinconada no le quedo de otra que ayudar a su tío con el establecimiento. No tenía muchas ganas de pararse; su trasero se había moldeado perfectamente ala silla de maca, que al principio era incomoda, pero luego se amoldó a su cuerpo, sintiéndose verdaderamente relajado.
Pero el caía, el podía hacer lo que sea con esa tenue y contagiosa sonrisa de su querido pariente; si el pedía que enfrentara con un rinoceronte komodo, lo haría ahora ya sin pretextos ni dudas, sabiendo que las mas insignificantes tareas hasta las mas atrevidas e ilógicas actividades que el le diera, se convertían en lecciones de vida.
En realidad Iroh, le había dado esos deberes, para matar el tiempo, como medio de entretenimiento para que no fuese a retirarse, antes de la llegada de Aang y que conversaran.
El se enojaría, por el inteligente plan de Toph e Iroh, ya que ninguno de los dos querían enfrentarse al temperamento del señor del fuego, que se relucía actualmente en un tema: el traslado de las colonias.
No tenían miedo, podían hacerlo, eran valientes frente al rabioso. Pero necesitarían la pasividad, para controlarse y controlarlo a el, esa paciencia que podía tener el Avatar frente a su amigo, o cualquiera que se le pudiera en frente.
Aunque ellos no sabían, que el calvo también podía estar en un clieve de insultos si le ponían el rostro de Zuko ante sus ojos, el guardaba rencor ante su amigo por negarse en ultimo momento al movimiento de las colonias.
Sokka recibió la notificación del plan, por un halcón mensajero en la torre de control de la Nación del Fuego donde residían los mensajes más importantes a niveles políticos cerca del Polo Norte. Si un ave tan acostumbrada a la calidez cruzaba la tundra, pudiese morir, es por eso que la nación del fuego, la mas avanzada en el sistema tecnológico proporciono torres cercas de las dos tribus para que la mensajería fuese lo mas crepitada posible. Ubicadas en islas con un ambiente regular y estable, pero con su agua algo helada por su cercanía a los Polos.
El guerrero prometía regresar el halcón clandestinamente a las espaldas del Avatar y de Katara en cuanto el tiempo de llegada se acortara.
El gobernante de la Nación del Fuego, perdió su orgullo, teniendo puesto un mandil casero rosado estando en la cocineta preparando al azar, sin intenciones, ni razón de lo que hacia con sus tazas de te; revolvía hojas de plantas echadas a perder, y extracto de muchos contenedores que mas eran para otro tipo de comida, ni atención le ponía al servir a la olla su terminado te lucuoso al mirar un halcón en la ventanilla teniendo atado un mensaje.
Como ese tipo de mensajes se manejaban por seriedad, y tenia el escudo de su nación, reacciono preocupado.
Al leer el fugaz y preciso manuscrito, su cara se palideció, sus amigos predecían que se molestaría y encendería en sus llamas furioso, pero en realidad tenia angustia de volver a encontrarse al Avatar.
Entre un segundo intento de te incendiándose, Zuko abandono el establecimiento poniendo su taza en la barra entre el mohín de las tazas de Iroh a lado de una su rostro algo preocupado, apresurando su paso y dejando su femenino mandil colgado en el portón.
Toph despreocupada, bebía adictamente taza por taza, respirando el aroma antes de disfrutar su sabor, sus manos encontraron la taza de Zuko y al olerla, y saber que olía peor que los pies descalzos de Sokka, se asqueo, pero tubo en mente que a Iroh le gustaban los sabores exóticos y extraños, pero no malos.
Con un solo sorbo, su estomago gruño negando la propuesta del valiente y masculino cocinero Zuko.
Aquí es cuando se dirigió a la esquina, y sobaba circularmente con cariño su estomago.
Se escucho dos golpecillos atrás de la puerta de huéspedes, la bandida ciega ni se había percatado que quedo dormida y que habían transcurrido unas cuantas horas haciéndose de noche.
Se asusto por lo húmeda que estaban sus cobijas.
Katara abrió la puerta, preparada para pedir un préstamo, dejo la puerta un poco abierta para que no se escucharan un doble rechinido al abrir de nuevo cuando fuese a retirarse. Apreciando la poca visibilidad que tenia, noto que las sabanas no estaban de su color original, incluso de un tono noguerado y amargo y que Toph estaba en la arista de la cama empezando a llorar.
Su propósito original era pedir un par de almohadas, pero ahora una amiga la necesitaba.
Musillo desconcertada.
-Katara ¿Eres tu? ¿Verdad?...
-Si.-Titubio, deseando que fuera otra.
-Por favor, te lo suplico, no me digas las palabras que espero escuchar, mejor dime las que preferiría oír.
La maestra agua resoplo y a la vez trago su propio suspiro, quitándose lo hormada que estaba. No sabía exactamente por donde mirar, ni por donde comenzar sus entendimientos.
-Toph, lamento tanto decirte, que no puedo complacerte es esta petición, pero…-Soltó un bufido, tenia que explicárselo de la mejor manera, no, de la forma exacta, ella era fuerte pero en el fondo muy sensible.-Velo de esta forma-Se sentó junto con ella, guardando sus mechas por las orejas dejando visible su barbilla achicada y su nariz roja por el llanto.- ya no te trataran como una niña… Ya eres oficialmente una mujer.-Toph la golpearía si se diera cuenta de su rostro de satisfacción, no estaba orgullosa de lo que le paso, estaba orgullosa de estar con ella en ese momento tan importante en una mujer, aunque ella lo tenia que pasar por derecho con su madre, en el fondo apreciaba la debilidad de su amiga, sacando lo mas bello que ella le puede dar a negar sus constantes regaños; su cariño maternal.
En la tarde del siguiente día.
Caminaron, inquisitivos y algo cansados, por las cuadras de Ba sing se. Cruzaron las calles diciéndose pocas palabras directas, mas bien solo las utilizaban cuando en los abarrotes hallaban algo curioso que les apetecía adquirir, por eso Katara ya llevaba dos canastas repletas con la fruta de temporada.
Aang la ayudaría, aunque sea con una canasta, por que conteniendo las dos Katara ya se había caído en varias ocasiones, pero el monje hablaba con un trío de fanáticas que rodearon al monje cuadras atrás.
Estaban en la primavera de Ba sing se, domativa de su apoderó en la frescura; todo empezaba a sacar retoños y a crecer abruptamente, por eso los establecimientos de comida (tiendas, abarrotes y restaurantes) aprovecharon la época, desde los mas denigrantes establecimientos hasta los de la mas alta sociedad .En estos tiempos, todo crecía, todo maduraba, aunque no lo esperaras.
Pero también estaban en la primavera de su vida, y por lo tanto también sus nobelios, mentes y relaciones mundanas crecían en ese ritmo.
Aunque se querían, esta media cita era mas una obligación que un placer, ni Aang ni Katara modestaron, Iroh fue claro que quería ciertos alimentos para la comida de los próximos días.
Aunque a la maestra agua le molesto los arrumacos que le hacían, ignoro la escena separándose de el, aprovechando para comprar ciertas carnes.
A el no le hubiera gustado ver los cuerpos tendidos en el aire, listos para cortar con una gran hacha.
Al salir, el Avatar estaba estaba esperando a la chica sentado en una banca.
-Solo fui a preguntar por el precio, Sokka se alegrara que hay una tienda de carne cerca, aunque no le agrade los costos.
Rió un poco, pretextando.
-Despreocúpate… ¡Sigamos!
Aang estaba cabizbajo en todo el camino, y no noto que Katara en metros atrás se había detenido para observar un restaurante del anillo de la clase media, que no era ni muy sofisticado, pero era bastante digno de apreciar. Resaltaba la música que de seguro tocaba un banda allá adentro, y que de seguro tendría una pista de baile.
-Te miro muy interesada ¿Quieres entrar?
-Me gustaría, parece que no es muy caro, tal vez podríamos venir mañana, ahora… ni creo que nos alcance y ni tampoco creo que a Sokka le guste la hora que vayamos a regresar, esta anocheciendo.
Katara siguió caminando, haciéndose la desinteresada y muy ocupada en cargar su canasta, una de las canastas, ella le dejo la otra alado de Aang, para que el sin palabras se ocupara de cargarla.
¿Por qué el novio no hacia nada?
Era la más pesada de las dos, por lo tanto tenía que arrastrarse en el suelo. Pero nunca se escucho el arrastre.
Katara voltio, y noto que Aang ya estaba en la entrada, hablando con un guardia, dándole un costalito de monedas.
La maestra se espanto por dos cosas ¿De donde saco ese dinero? Y ¿Por qué rayos la canasta seguía en la calle?
Subió los escalones rápidamente.
-¡Aang! Te mire pagando la entrada pero… ¿De donde salio ese dinero?
-Sokka me lo dio.
-¿Sokka? ¿Mi hermano?... ¿Por qué?
-Ella ahora tiene una cita con Suki en el Dragón de Jazmín, y no quiere que lo molestemos.
-Oh…
La expresión de la morena cambio, era pasable.
Entraron, y se sentaron en las mesas de las orillas, en una la cual tenía una ventana larga, y se podía observar hasta el anillo superior, el monje juraría mirar la penumbra del Dragón de Jazmín. Sokka consentía en pocas ocasiones a su novia y pues era digno agregar velas por doquier, haciendo que se miraran luces parpadeando.
-¡Wow! Amigo, ahora no te gustaría que me burlara de tus ¿"Oogies"? –No dijo, mas bien murmuro para si mismo por la ironía.
-¿Qué? ¿Dijiste algo?
-No… nada.
Ellos miraron el alrededor, pocas parejas bailando, y la banda tocando rústicamente.
Al momento llego un muchacho larguirucho, reseco y de muy buena interpretación en su papel de mesero, el más convincente de todos, se diría, contando a los cocineros que daban una cara larga a cualquiera.
Les dio dos hojas cartillas, ofreciendo el menú, muy decoradas con el estílale de su nación.
Entre tantos escritos allí en la lista, Katara solo asentó interés para cierto platillo, que por lo menos se acercaba a la temática gastronómica que ella tenia acostumbrada a su paladar.
El dulce y extraño sabor del Sur.
Su novio, tapaba su rostro con la larga cartilla, curioseando el rostro de su novia, que parecía la debía decepcionar. Era ya casi un deber de hombre.
La amaba, pero no amaba las mirabas de los demás meseros sobre ella. No le agradaba el lugar¿Qué no se supone que es Ba sing se? ¿"La ciudad mas segura y civilizada del mundo"?
Que monomaníaca manera de demostrar tal titulaje.
Exasperado, se ponía a leer cada nombre de platillos, que no le apetecían, y sus cortos fragmentos para alagar a la comida.
Decían los ingredientes principales, y al final antes del siguiente platillo; una firma bóveda y pulcra. Demostrando la nombradía de los autores.
Ni que fueran obras de arte.
Ante todo sonrío ¿A quien querían engañar? Las firmas tenían grumos actuales, en la inicial y en la terminal. Obviamente apenas transcritas.
Elegante forma de promocionarse los chefs por medio del Avatar.
Leía cada platillo, deprimiéndose cada vez más; todos tenían alimentos que no le agradaban: carne de conejos canguro, de leones ornitorrinco, de tejones koala. Todos excepto de cualquier oso o híbrido de el, por respeto a su gobernante.
Muy en el fondo, casi como oculto se encontraba una sopa de vegetales, que al solo leer los ingredientes, babeo anhelando el alimento.
Cuando sus pedidos llegaron a su mesa, sus vecinos los miraron negativamente; ellos llevaban treinta minutos de espera y solo por ser el puente al mundo espiritual les dieron un trato más instantáneo. A ellos no les gustaba la idea.
Mientras que Katara acomodaba sus cubiertos, lista para comer, lo miro.
Aang prácticamente devoro su sopa, atrancándose de cucharones a su boca.
-Aang ¿No crees que… deber de comer mas despacio?
-Quizás, bueno no lo creo.-Dijo con su cara risueña, al límite de capacidad, escupiendo trozos de brócoli en su cara.
El monje no se molesto en continuar, esa sopa sabia muy bien, definitivamente una de las mejores que había probado en su vida.
Le encantaba ese sabor tan llamativo, el juraría que le hicieron algo a los vegetales, por que no tenían su sabor normal, ese tan común y natural.
Al fin, trago un poco. Si seguía así, se iba a ahogar.
Pero, puso una mirada labiosa al notar el contenido… tan blando y leniente.
Al solo descubrir lo que era, del asco, la comida se le vino encima y salio corriendo hacia uno de los pasillos pasando entre la muchedumbre.
Katara lo miro, asustada, ella le advirtió indirectamente que comiera con mas tranquilidad y el no la escucho.
Ella solo había alcanzado dar un bocado, se levanto, acomodo su prenda y lo siguió.
Cuando entro al sanitario masculino, un muchacho muy raro, corría hacia la salida con el cierre medio abierto, extrañado como si viera un monstruo.
-¡Ah! ¡Una chica!
Desechando esa rara actitud observo que los orinales eran sucios y decadentes, no simulaban la estética del lugar por fuera.
Ante esto, lo importante es que el no estaba.
Al salir del restaurante, bajo los escalones y lo miro agachado traspasado por un arbusto vomitando.
No lo interrumpió, solo se sentó alado de el.
-Toma te traje un poco de agua, para que se te quite ese mal sabor de boca.
-Gracias…-Menciono con una voz metálica, con los ojos saltados y rojizos.
Hizo gárgaras y escupió en el mismo arbusto.
¡Pobre arbusto! No era su culpa estar tan cerca del lugar.
-¡¿Cómo se les ocurre?!
-Ellos no lo sabían Aang…
-Visto como un nómada aire… ¡¿Qué mas señales quieren?!-Grito
Katara se encogió de hombros, siempre se aterraba cuando Aang gritaba. No era muy común.
-No me refería a eso, ellos no sabían eso sobre tu pueblo, no sabían que no comes carne, además ¿No leíste el menú?
¡Menuda pregunta! Cuando alguien se enoja de esa manera, lo peor es cuestionarlo.
-Pero ahí decía ¡"Sopa de verduras"! ¿Quién le agrega carne?... ¡Que horror! Hasta siento pedazos de piel entre mis dientes.
La maestra agua, analizo la situación. Ese humor tan repentino era extraño y eso que el era muy paciente y considerado. Se mataría por dentro al darle otra pregunta, echándole madera al fuego.
-Entonces… ¿Qué es exactamente lo que te molesta?
-¡¿Qué?! ¡¿No me estas escuchando?!
-Si, pero tu no mismo lo razonas. Comprendo, pero ¿Qué exactamente te molesto? Que le hayan echado dos o tres pedazos de carne a tu sopa, o que ellos incidentemente, sin querer hayan ofendido tu cultura haciendo comer carne.
Aang se quedo callado.
-¿Sabes? no me respondas. Es algo que tú solo tienes que analizar.
Ni siquiera recogieron las canastas que olvidaron en la calle al entrar, las frutas fueron robadas y la carne como era pesada, no corrió la misma suerte, ya siendo rodeada de insectos y tragada por mascotas de las viviendas cercanas.
¿Esto era Ba sing se?
Esto de los cólicos, no era algo muy fácil de ignorar.
Menos si se trataba de alguien que afrontaba con fuerza, todo.
Corrió escondiéndose entre un callejón sobre postales. Hasta que choco con alguien.
-''Mirando hacia al mar, extrañando tu velaría, ese ser tan femenino, esculpido y envidiando los espíritus, entre tanta ignorancia, me encuentro otra vez contigo, querida sifu…" – El que lo menciono, se hinco y le beso los pies, bastante dramático.
Toph bufo. Ese hombre no estaba en la última posición de la lista de las personas que quería ver, pero al menos no le agraciaba encontrárselo.
Les dio a sus estudiantes vacaciones, antes de ser parte de un equipo de élite para el rey Tierra (Propuesta personal que dio la niña ciega en la junta), se rumoreaban actividades clandestinas de los Dai Lee entre las sombras, tenían que prepararse aunque sea para estar al nivel de ese ejército corrupto en un enfrentamiento futurista.
-¿Qué pasa Mushi…?- Casi pronunciando el nombre completo.
-¡Si fu!
-¡Esta bien! Pero no te diré "oscuro" ¡Suena extraño! mucho más de lo que eres. Nos quedaremos con Mushi ¿Ok?
-Me agrada la idea.
-Ante esto ¿Qué haces tu solo en Ba sing se?
-En realidad, no vine solo, acompañe a Penga hasta aqui, su familia me puso como su escolta personal para protegerla.
La maestra tierra rio.
-Quisiera ver sus caras cuando vean, que ella solo se puede defender. Me recuerdan a algunos…
-Ella se va a reunir con su hermana mayor que esta aquí en la ciudad, le van a hacer un festín ¿Por qué no viene con nosotros? A Penga le encantara la visita, la alegrara reencontrarse con su maestra, después de tanto tiempo.
-No seas ridículo solo han pasado unos meses. Cuando se acabe la primavera volveré y por ese tremendo choque que me diste, por castigo tu tendrás tareas extras.
-Lo entiendo, y sobre el festín ¿Usted…?-Insinúo.
-Esta bien…iré ¿Cuándo es?
-Hoy
-¡¿Qué?!
Mushi ni la escucho, la jaloneaba del brazo llevándola al evento rápidamente. Había empezado hace una hora ya.
Entraron a un hogar, que mas bien era un palacio atascado de gente, con sus pies miro centenares de políticos y al fondo oyó la música clásica que se tocaba.
Agacho su cabeza para concentrarse en ver por las vibraciones.
Una muchacha que caminaba por detrás no se apeno por Toph, ella la noto cerca pero no se espero que la empujara dejándola en el suelo haciendo que muchas personas que pasaban, la pisaran dolorosamente, muchas de ellas mujeres con sus tacones.
Mushi después de momentos para reaccionar observo a su maestra tirada en el suelo. La levanto extrañado. Aunque seguía mirando otro objeto entre tanta gente, desde su llegada a la ciudad se hipnotizo por lo fina que era la hermana de Penga, que francamente rozaba su edad, ella era mucho mayor que el.
¡¿Si fu?! ¿Qué hace en el suelo?
-Bueno, quise ver lindamente los zapatos de todos…- Dijo con sarcasmo.- ¿Mushi?
Estaba preocupada, el corazón de su compañero se estaba acelerando demasiado.
-¡Mushi! ¿No me escuchas?
Se detuvo en preguntar, notando que otra desgraciada queriéndola tumbar se acercaba, ella ya estaba lista para la broma, preparándola para lanzarla por el techo.
-¡Taomi! Que gusto…- Saludo acelerado.
-¡Oh si! ¡Hola ¿amm…?!
-Dime Mushi.
-Claro… - Dijo con mal gusto.
Ella se calmo, porque al menos el la conocía. Aunque ella también la conocía un poco. Ese timbre de voz le era muy familiar. Luego la reconoció, trayéndole malos recuerdos.
-Toph, ella es Taomi la hermana mayor de Penga.
Ante la desgracia de sus oídos, al menos eso explica lo consentida que es Penga, y más con su obsesión de zapatos, algo superficial que parecía venir de familia.
-Dime señorita ¿Qué tanto visitas el Dragón de Jazmín?
-¿El "Dragón de Jazmín"? Es muy conocido, pero no lo he visitado. Mi padre todavía no confía en ese vil quinteto de héroes de guerra.-Con esto se retiro sin despedirse dejando furiosa a una jovencita, y suspirando a su compañero.
Ese comentario vaya que la enojo.
Fue una gran ofensa, primero; haberla llamado así sin darse cuenta de quien era ella.
Le molestaba también; que Mushi estaba a lo que parecía (estar enamorado) de esa muchacha tan superficial.
Pero en el fondo se reía con lo que dijo: "Mi padre todavía no confía en ese vil quinteto de héroes de guerra". Pasaron como estrellas fugaces alternativas muy buenas de que se enteraran sus padres que su hija entrenaba con la maestra personal del Avatar, persona que predecía que tal vez no le agradarían a los señores.
Pero se contuvo, pensando en el daño que le haría a Penga.
Reaccionaria igual, que como ella reacciono cuando Aang conoció a sus padres.
-No me digas que te gusta ella, Mushi.
-Pues si se lo digo sifu.
-Lamento oír eso.
-¿Por qué? El amor se interpreta diferente a veces, pero se que puedo llegar a ella ¿No tiene fe en mi?
-Consíguete la chica que quieras, como pareja. Pero no a ella.
-¿Por qué?
-Ella ya tiene novio.
Mushi río.
-No es motivo de risa, cabeza hueca.
-Si fu, apenas la conoces ¿Cómo lo sabes?
-Solo hazme caso y ya, créeme.
-Pues será la primera orden que desobedezca de usted.
-Entonces me temo que no serás parte del equipo.-Respondió retirándose, corriendo y remoliendo gente para irse.
Su amigo la siguió.
Aunque Mushi le contesto en broma, Toph iba en serio.
-¡¿Que?!No se le hace algo precipitado y ridiculo.
-En concreto no, necesito alguien que piense con la cabeza antes de mover metal y ya veo que no lo dejas llevar por sentimientos tontos.
-¡Por favor sifu! ¿Usted nunca se ha enamorado?
Toph se quedo parada. Recordando lluviamente que su amigo espadachín la había corrido sin malas intenciones del Dragón de Jazmín esa tarde, para tener una cita romántica con Suki.
Ella si estaba enamorada; al menos lo conocía y el a ella. El solo esta ilusionado.
-Hagamos un trato; cuando estés realmente enamorado de alguien más o esa alcahuete te rompa el corazón puedes regresar, lo que pase primero. Pero mientras tanto no te quiero cerca de mi escuela.
¡Gracias a todo aquel atrás del ordenador, por leer!
Hasta ahorita, es el mas largo, se los agradezco...
Me costo un poco formular el capitulo, por esa tangible personalidad de Toph, y mas por esa escena con Katara.
Dudaba mucho en agregarla, por que a la vez no me parecía poner un tema quizás tal vez polémico, con la privacidad femenina.
Me gustaría, que me mencionaran si realmente estuve en lo correcto o no, para no arriesgarme próximamente con ese tipo de contornos o temas, seria muy valioso para mi.
Siguiente capitulo...
"LA SANGRE FRÍA DEL FUEGO"
