Capítulo 3. Sin arrepentimientos

Quiero cometer mis propios errores. Quiero correr y golpearme con la pared, pero siempre sabiendo que fui yo quien lo eligió.

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Tres golpes repetitivos sobre la puerta la despertaron a primera hora de la mañana.

Su corazón saltó desbocado, pero su primer instinto fue fingir que seguía dormida. Escuchó la puerta abriéndose y luego unos pasos que recorrían la habitación. Luego sólo silencio.

— Sé que estás despierta. —Le habló Gray entre susurros. Juvia pudo notar la diversión en su voz.

Apenada y confundida, descubrió su rostro de debajo de las sábanas y miró al pelinegro. Se hallaba buscando algo en el armario.

— ¿Qué hora es? —Preguntó ella, patosa. A pesar de todo, estaba acostumbrada a dormir hasta tarde.

— Probablemente las cinco de la mañana. —Le respondió, encogiéndose de hombros. Se cambió la camiseta negra del día anterior por una blanca de manga larga. En el lapso de tiempo que al moreno le tomó llevar a cabo este cambio, Juvia pudo ver los músculos de su espalda y las pequeñas cicatrices que cubrían su piel.— No necesitas levantarte todavía. —Añadió cuando se giró y caminó hacia la cama. Se inclinó sobre Juvia para tomar el teléfono que había dejado en la mesita de noche, al otro lado. La joven detectó un aroma particular a nieve y pino.

— ¿Gray-sama saldrá? —Preguntó con tímida curiosidad.

Él despegó la vista de la pantalla de su móvil, claramente sorprendido.

— ¿Gray... sama? —Repitió.

Casi de inmediato, el rostro de Juvia se iluminó. Durante la noche se había quitado el maquillaje y su sonrisa limpia era incomparable.

— Sí. Gray-sama ayudó a Juvia y gracias a él Juvia tomó una buena decisión en su vida. Juvia le está infinitamente agradecida. —Se explicó ella con naturalidad. Gray, que no solía ser una persona muy expresiva respecto a sus emociones, no supo como coger la gratitud de la chica.

— Bueno... gracias, err... —Desvió la vista, alborotándose su cabello "recién peinado". Ella lo miró, ladeando la cabeza, como si no entendiera su vergüenza.

El sonido de cosas cayendo y rompiéndose los hizo dar un respingo. Juvia se reincorporó en la cama, asustada, pero Gray reaccionó con más molestia que preocupación. Abrió la puerta del cuarto y esquivó con facilidad un aparato electrónico de los muchos que tenía en la estancia, el cual había "salido volando" en dirección a su cabeza.

Juvia sufrió un deja vú de Alicia en el país de las maravillas.

— ¡Gray, maldito perezoso! —Gritó una voz masculina, ligeramente aguda e infantil. La muchacha intentó ver por debajo del brazo de Gray a la persona que de pronto había empezado a insultarlo, pero sólo pudo apreciar cables volando de un lado a otro.

— Natsu, joder, deja eso. —Le ordenó el dueño del departamento. Parecía acostumbrado a los ataques de furia del otro sujeto.— Rompes ese cable y no tendrás salario este mes. —Le advirtió con molestia. El tal Natsu se detuvo al instante, pero cuando Juvia pudo verlo por fin, parecía querer escupirle fuego a Gray.

— ¡Pues ninguno de los dos tendremos salario este mes si no mueves tu culo fuera de este nido de cables y chatarra! —Le replicó el joven. Se veía tan atlético como el pelinegro, sólo que sin el porte de éste último. Su rasgo más característico era el pelo rosado y los ojos enormes y expresivos.

— Te dije que sólo necesitaba encontrar mi teléfono y cambiarme de ropa. —Insistió Gray, saliendo de la habitación.— Si estuviera aquí, Erza te diría que tuvieras más paciencia.

— Si estuviera aquí, Erza te diría que dejases de ser un maldito retrasado que se levanta a la hora que quiere. —Contraatacó Natsu, que parecía tener otra sarta de insultos hacia su compañero, hasta que la figura de Juvia lo distrajo. Aunque la muchacha no estaba desnuda, verla vestida con una de las camisas de Gray insinuaba algo más... íntimo. Con los ojos como platos, el pelirosa la señaló.— ¿Y quién es ella?

Gray no respondió, pero podía sentirse su tensión a kilómetros. Ignoró a Natsu, preparando a toda prisa una mochila roída con cosas que Juvia no alcanzaba a ver. Nerviosa y con el sueño espantado, la chica pensó que era descortés quedarse ahí en la cama, así que saltó de ella y se aceró un poco al otro muchacho, deteniéndose en el marco de la puerta.

— Mi nombre es Juvia. Un gusto en conocerle, Natsu-san. —Se presentó con suavidad, extendiendo la mano hacia el pelirosa. Aunque él no era ningún bruto que no entendiera de buenos modales, parecía demasiado sorprendido para aceptar el gesto de la muchacha.

— ¿Eres la novia de Gray? —Fue lo primero que pudo preguntar.

Tanto Gray como Juvia volvieron a respingar, esta vez de un modo más violento.

— ¡No! —Dijeron al unisono, evitando mirarse entre sí. Natsu rió a carcajadas, tan fuerte, que tuvo que sujetarse a sí mismo por el estómago.

— De acuerdo, de acuerdo. Les creo. —Les dijo ente risas. Cuando pudo recuperar un poco la compostura, lanzó a Gray una mirada que Juvia no pudo entender.— Entonces, ¿por qué la trajiste?

— Es una historia complicada. —Dijo Gray con sequedad.

— Gray-sama ayudó a Juvia anoche. —Explicó la muchacha con una sonrisa cálida. El pelinegro la miró alarmado, como si no se esperase que ella hablara de eso. Sin embargo, ella lo tranquilizó con una mirada.— El ex-prometido de Juvia quiso hacerle daño y Gray-sama lo impidió. Y dejó que Juvia se quedase a descansar.

— Gray y su complejo de héroe. —Se burló Natsu, aunque no había malicia en sus palabras, provocando que su amigo se sonrojara y le lanzara una mirada asesina.

— Pues tu siempre eres así con Lucy.

— ¡Ah! ¡Pero eso es muy diferente! Lucy es mi mejor amiga. —Se excusó el pelirroja, cruzándose de brazos, aunque Juvia podía detectar el mismo rubor en sus mejillas.

— Disculpen. —Intercedió la joven de cabello azulado con cierta timidez, haciendo que ambos hombres la mirasen.— No quiero molestar, pero... ¿Natsu-san no había dicho que se les hacía tarde? —Les recordó.

Esta vez fue el pelirosa quien pegó un salto y volvió a su estado hiperactivo, apurando a Gray, quien intentaba meter todo en la dichosa mochila. Juvia no pudo evitar mirarles con una cálida sonrisa. Parecían buenos amigos, se decían cosas que otros tomarían como ofensas y no tenían pelos en la lengua; no aparentaban, no fingían.

Cuando Natsu se despidió efusivamente de la muchacha y salió al callejón, Gray se le acercó por la derecha.

— Lamento no haberte dicho que tenía que marcharme temprano. —Le dijo con seriedad. Ella negó con la cabeza.

— Está bien. Juvia no quisiera que Gray-sama cambie sus planes por ella. —Le respondió dulcemente. Gray pensó que ella podía ser de verdad honesta con sus sentimientos.— Sin embargo... —Juvia apartó la mirada con cierta timidez.— Juvia se pregunta en qué trabaja Gray-sama.

Gray hizo una pausa en la que se dedicó a mirar esos ojos azules tan cargados de inocencia, a pesar de que había pasado por cosas tan duras y amargas. Honesta, fuerte y con sentido del humor. ¿Podía confiar en ella?

A esas alturas, supuso que ya nada se trataba de confianza.

— Digamos que trabajo para un pequeño grupo de seguridad y sistemática que no es muy querido por los policías y la gente rica como tu padre.

Aunque aquello sonaba horrible, una sonrisa de oreja a oreja se pintó en los labios de la peliazul.

— ¿Piratas informáticos? —Intentó adivinar. Él le respondió con una sonrisa socarrona.— Entonces Gray-sama es un Robin Hood moderno.

— Podrías verlo de ese modo, pero... no te dejes llevar, nos gusta engordar nuestros propios bolsillos. —Le explicó, echándose la mochila al hombro cuando escuchó a Natsu encendiendo la Harleyl-Davison.— Nuestro verdadero trabajo es equilibrar un poco el juego. Intercedemos cuando personas como tu padre empiezan a recurrir a negocios sucios y corruptos.

— Entiendo. —Susurró. Y en verdad lo entendía. La gente como el señor Loxar o Bora vivían controlando a otros en todos los ámbitos de su vida, sin conformarse con nadar en dinero. Había sido parte de eso demasiado tiempo para ignorar las bajezas que éstos cometían. De pronto, una idea cruzó la mente de la muchacha, quien levantó la vista al pelinegro y lo detuvo antes de que éste saliera por la puerta, tomando su mano.— Gray-sama, ¿por qué estaba en la mansión Loxar anoche?

Gray se giró hacia ella, incómodo.

— Hacía un recuento del número de guardias, cámaras de vigilancia y sensores de seguridad. También debía hacer un plano de la casa, pero ya no me dio tiempo. —Le dijo con honestidad. No habría ganado nada al mentirle.

"Porque me rescató", pensó Juvia. Su expresión era una mezcla de sentimientos que intentaba convertir en palabras.

— Juvia puede hacer el plano por Gray-sama. —Le soltó en voz baja, con seriedad. Él la miró con asombro, sin entender.

— ¿Por qué me darías un plano de tu casa, Juvia? ¿Entiendes que nuestro siguiente objetivo es tu padre?

— Esa casa ya no es de Juvia. —Le replicó la joven, frunciendo el ceño.— Y el dueño de esa casa no es padre de Juvia. Nunca lo fue. Estuvo a punto de vender a Juvia como carne de primera calidad a un sujeto que le hacía daño constantemente. Además, Juvia está de acuerdo con Gray-sama. Hay ciertas cosas que no deberían seguir ocurriendo.

Gray la escuchó atentamente y la examinó con la mirada. Juvia Loxar parecía una princesa frágil que necesitaba constante vigilancia, pero después de lo que había vivido, el pelinegro no creía que fuera tan simple como eso. Suspiró y acarició su hombro con la mano.

— ¿Estás segura? —Insistió él con suavidad.

— Sí. —Le aseguró la chica, determinada.

El pelinegro asintió solemne y la incitó a salir con él del departamento. Ella, aunque confundida, lo siguió hasta volver con Natsu, el cual los miró expectante.

— Se unirá a nosotros. —Declaró Gray al pelirosa. Contra todo pronostico, Natsu recibió la noticia con una sonrisa de oreja a oreja, mostrando una dentadura blanca y un poco picuda, como si se tratase de un dragón.

— ¡Genial!

— Sí, bueno... pero antes de llevarla con Erza y los demás, ¿no crees que deberíamos llevarla a comprar un poco de ropa? —Sugirió el pelinegro, señalando la camisa que Juvia estaba usando. Aunque era larga, apenas le cubría los muslos. Natsu la observó y se encogió de hombros.

— No le veo nada de malo. Lucy usa ropa con menos tela que eso.

Gray le propinó un golpe en la parte trasera de la cabeza.

— ¡Pedazo de animal! —Se quejó Natsu, sobándose, adolorido.— Está bien, está bien. Vamos, estoy seguro que Evergreen tendrá algo decente para ella.