Hola Hola! Si, volvi como prometi.

Gracias a todas las chicas que se dieron el tiempo de dejar un review, para una escritora es la manera de saber si les gusta o no. De nuevo repetir que este es un regalo para el Team sesshomaru & Rin.

Cariños, Yuki.

III Promesas.

El aroma a veneno de los demonios perro era tan escaso como suculento, siglos sin sentirlo y en un segundo; habían removido cada fibra de su abominable ser. En esas tierras; los demonios menores no conocían ese sabor ardiente que quedaba en la boca luego de triturar su carne, llegaban a considerarlo un mito. Pero él sí, aun recordaba lo intenso y adictivo que llegaba a ser esa presa.

Sacudiendo la tierra bajo y sobre sus pies, comenzó a desperezar su colosal cuerpo, se levantó lentamente, estirando uno a uno sus pasivos músculos. La caza de monstruos comunes lo mantenía activo, pero para cazar a la presa que rondaba su territorio, necesitaría de todo su poder, aunque bien lo valía.

Antorchas y gritos fueron la forma de informar entre las moradas de la emergencia, un demonio gigantesco atacaba su aldea y ellos no estaban acostumbrados a esas calamidades.

Entre fuego y destrucción, un abominable ser de cuerpo rojo, dientes filosos, y cuernos en su sien, arrasaba con un gran mazo, las casas que estaban en su camino al palacio. Kohaku montado en Kirara fue el primero en salir a su encuentro, evitando que aplastara a toda una familia que intentaba escapar.

— ¡Es muy peligroso! —Gritaba Rin hacia los aldeanos—, ¡crucen el puente y refúgiense en el bosque!

Sesshōmaru escuchó todos y cada uno de los gritos de pánico sin interesarse en ellos, humanos muertos no eran importantes, y Rin estaba con Kohaku, de seguro el monstruo no ameritaba su atención. Sin embargo, los estruendos se fueron acercando cada vez más al palacio, las llamas crecían con intensidad, el bosque se llenaba de humanos llorones, y él no veía que la lucha fuera menguando.

— ¡Crucen el puente y refúgiense entre los arboles! —Insistía en gritar Rin para salvaguardar a la gente — ¡Corran!

Los soldados con que contaba la aldea, lazaban flechas y atacaban con espadas sin resultados favorables.

—Puedo sentirlo…—Kohaku sintió la voz del demonio ante la poca distancia entre ellos —su veneno inunda mi olfato…

— Que demonio…—Preguntó el exterminador.

—El demonio blanco está aquí, —Kohaku abrió los ojos impresionado, justo para esquivar el mazo que caía sobre su cabeza — ¡lo devorare!

— ¡Rin! —fue el primer pensamiento del exterminador, Sesshōmaru no estaba; eso era obvio, de seguro había percibido en ella el aroma del demonio y era a quien buscaba.

—El demonio blanco no está aquí, ¡pero yo seré tu rival! —y Kohaku se lanzó contra el gigante monstruo una vez más, en conjunto con Kirara atacaban con fuego y su imponente Kusarigama.

Ayudando a los últimos aldeanos a ponerse a salvo, Rin, desde la seguridad del bosque, vio como la aldea ardía en llamas, la tristeza la invadió al borde de las lágrimas, reviviendo el dolor de la tierra de su infancia.

«El demonio blanco está aquí, ¡lo devoraré!»

Sesshōmaru bufo con desagrado cuando escuchó la irritante voz del demonio, él estaba ocupado para ir a destruirlo. Sin considerar su tamaño, el monstruo no era más que un mediocre ogro súper desarrollado.

Si Kohaku no podía con él, no debía llamarse a si mismo exterminador.

Dándole la espalda a la batalla en la aldea, un particular aroma a lágrimas llevó un recuerdo a su memoria.

Sesshōmaru-sama— llamó la pequeña entre lagrimas buscándolo.

Aquí estoy—sabia que esas simples palabras, podrían ayudarla a conciliar nuevamente el sueño. Al sentir sus pasos, supo que no sería tan sencillo. — ¿una pesadilla? —preguntó sin dejar de observar la llanura frente a él.

—…No es pesadilla si estuviste ahí…—comentó la pequeña sentándose en la hierba y abrazando su pequeño y frio cuerpo.

Honestamente a él no le interesaba saber a qué se refería, pero inconscientemente lo relacionó a su pasado.

No volverá a suceder… —ofreció al ver a la pequeña tan triste y desamparada.

Lo promete, Sesshōmaru-sama…

Lo prometo.

Lo había prometido, con esas simples palabras él calmaba la angustia de una niña pequeña. «Un ofrecimiento falso», ni siquiera él como demonio podía evitar el sufrimiento o la destrucción de vidas humanas o una aldea. Lo que si era cierto, a través de esa promesa, haría lo imposible por lograrlo.

Kirara estaba agotada de tanto esquivar el mazo, ante su respiración agitada y esfuerzo por mantener su gran forma, Kohaku prefirió descender de ella e intentar sacar al monstruo del pueblo, atrayendo su atención.

Los soldados que quedaban en pie, alcanzaron al exterminador transmitiéndole las órdenes del terrateniente, una vez informado Kohaku solo debía encontrar la manera de cumplir con su objetivo.

—Ve con Rin—ordenó el joven a la gatita y empuñando su Kusarigama regresó a la batalla.

Que frágiles parecían los humanos en esas condiciones, fácilmente los podía aplastar con un movimiento de su pie, o derrumbar su villa con un solo movimiento de su mazo.

El gigante ogro estaba disfrutando de la destrucción, cuando ese aroma tan suculento volvió a invadir su olfato.

— ¡Esta aquí! —Alegó una vez más— puedo sentirlo…—y sin prisas, decidió dejar la aldea, persiguiendo aquel apetitoso manjar.

Sesshōmaru lo esperaba en lo alto de un árbol, si seguía destruyendo la aldea, los humanos deberían instalarse en otro lugar, y aunque para él, verlos sufrir era un regocijo, las lágrimas de la joven eran una carga que no deseaba llevar.

Entre el bosque y la aldea en destrucción, el puente era la conexión clave, el terrateniente y sus hombres, apoyados por el exterminador; estaban listos para cuando el ogro pusiera un pie ahí abandonando la aldea. El plan era simple e infalible, empujar al monstruo hasta él y ahí estallar toda la pólvora que aun quedase en sus bodegas. Era la única forma de detenerlo.

Alivio fue para todos al ver que el monstruo sin mayores esfuerzos, daba la vuelta e intentaba huir de la aldea, dos soldados informaron al terrateniente que esperaban su señal para ejecutar el plan y sin poder hacer mas, quedaron a la espera del momento correcto.

Kirara corrió y corrió buscando a la joven entre los aldeanos escondidos en el bosque, sin poder dar con ella, la gatita maulló saltando en busca de altura hasta que al final la halló. Rin cruzaba el puente de vuelta a la aldea, en busca de unas personas escondidas en una casita destruida.

Haciendo uso de sus últimas fuerzas, Kirara se transformó nuevamente en un gran felino y con rapidez voló sobre la cabeza de la joven para llegar en su ayuda.

—Muchas gracias Kirara—correspondió Rin con una caricia, al terminar de subir en su lomo a las dos personas que encontraron —ponlos a salvo —pidió y la gatita emprendió el vuelo de vuelta al bosque.

Salvo algunos soldados corriendo de un lado para el otro, la aldea había sido completamente evacuada. Kohaku luchaba con el monstruo al otro extremo del pueblo y Kirara había sacado de ahí a las últimas personas. Era hora de retirarse también.

— ¡Corra!—alertó un soldado a Rin — ¡el monstruo ya viene, es peligroso quedarse aquí! —y sin esperarla, apresuró el paso y desapareció entre las casas.

«El bosque» fue su único pensamiento, su refugio siempre había sido ese y era donde se encontraba toda la gente del pueblo, observando por última vez la escena, dio media vuelta y corrió lo más rápido que pudo hacia el puente.

Desde la copa del árbol donde estaba de pie, Sesshōmaru vio como el ogro daba media vuelta y atraído por el aroma de su veneno, lo buscaba con gula. Al mismo tiempo, divisó a la joven corriendo hacia el puente, intentando escapar de la aldea y advirtió el repulsivo olor a pólvora depositado bajo el puente.

Tres situaciones que debían ser atendidas al mismo tiempo.