Hola! Lo siento por el retraso, la Universidad me ha tenido muy ocupada y no he podido subir un nuevo capítulo hasta hoy. Pero ya estoy de vuelta!. Espero que os guste este capítulo.

Gracias de nuevo por todos los comentarios, me animan a seguir escribiendo. Gracias a: Alejandro, Stardust4 y liilamak! :)

"La guarida del mal"

Escrito por Rikku Burnside.


Capítulo 2: Otornor (Compañeros)

A 100 KM DE RACCON CITY, 21:40.

/-/

Un hombre de mediana edad, alto y corpulento, llamó a la puerta de la oficina de Chris Redfield, un antiguo miembro del grupo de fuerzas especiales S.T.A.R.S. Desde el incidente en aquella mansión de las montañas Arklay, Chris y algunos de los pocos supervivientes de la misión – entre ellos, Rebecca Chambers- se habían trasladado a una pequeña ciudad a unos 100 km de Raccon City, llamada Tearsville. Era una ciudad tranquila y apacible, ya que hasta ese momento no se había descubierto la presencia de nada relacionado con las turbulentas acciones de Umbrella.

Como él, todos habían empezado a trabajar en la comisaría situada en el centro de la ciudad. Ahora pertenecían a ese departamento de policía, pero algunos, como Chris, seguían investigando por su cuenta como en los viejos tiempos en los S.T.A.R.S.

Chris no pensaba ni mucho menos quedarse por mucho tiempo en ese lugar, pero tenía que buscar información sobre Umbrella y sobre Claire, su hermana. Había intentado buscar algo sobre su paradero, pero fue en vano. Era como buscar una aguja en un pajar.

Seguro que Claire no se ha quedado donde la dejé. Sin duda, habrá salido a buscarme, pensaba una y otra vez.

Volvieron a llamar a la puerta, esta vez más fuerte, y Chris por fin escuchó la llamada, reaccionando con un "Pase". La puerta se abrió lentamente, chirriando a cada centímetro, lo que le hizo pensar que ya era hora de engrasar las bisagras.

Aquel hombre de mirada serena cerró la puerta tras él y se acercó hacia el escritorio de Chris con paso firme y decidido. Cuando llegó hasta él, se paró en seco y sonrió.

- Hola Chris – dijo con tono solemne.

Chris frunció el ceño y le miró con cara de sorpresa. Al momento, sus ojos se abrieron aún más y exclamó:

- ¿…Barry?

- En persona, viejo amigo – le contestó sonriendo.

- ¿Pero cómo…? ¿De dónde has salido? ¡Hacía meses que no sabíamos nada de ti! ¿Dónde te habías metido?

- Es una larga historia, pero seré breve.

Chris escuchó con atención a su antiguo compañero, toda aquella historia sobre Raccon City, un monstruo llamado Némesis, y el helicóptero, y cuando nombró a Jill, no pudo evitar preguntar por ella.

- ¿Jill? – le interrumpió Chris - ¿Dónde está ahora?

- ¡Quieto, león! Deja que termine de explicarte. No sólo estaba Jill en Raccon City. Dos mercenarios de Umbrella iban con ella, pero uno no consiguió salir con vida de la infernal ciudad, así que sólo quedó uno, un tipo llamado Carlos.

- ¡¿Qué? ¡¿Mercenarios de Umbrella? ¿Qué hacía Jill con ellos?

Barry le miró con cara de impaciencia y Chris enseguida comprendió que había vuelto a interrumpirle.

- Lo siento. Sigue.

- Carlos era integrante del grupo U.B.C.S. Supuestamente habían ido a Raccon City a rescatar a los posibles supervivientes, pero Carlos descubrió que lo único que querían era borrar toda huella de lo que había sucedido en la ciudad.

Chris asintió, pero no se sentía muy cómodo con la idea de que un ex-miembro de alguna de las facciones de Umbrella se hubiese pasado ahora a su bando.

- Finalmente, conseguimos escapar de allí, y supongo que el resto de la historia ya la conoces.

- Sí, Raccon fue borrada del mapa.

- Exacto. Y nosotros por poco también – añadió Barry, frunciendo la cara en un gesto que indicaba lo consciente que era de ello- Después de eso – continuó-, empezamos a buscaros, a Rebecca y a ti. Por cierto, ¿dónde está? – preguntó mientras miraba a ambos lados esperando encontrarla.

- También trabaja en la comisaría. Se ha tomado el día libre; supongo que estará en su casa. Vive a dos manzanas de la mía.

- Ya veo – dijo Barry asintiendo. Se quedó un momento en silencio, y después comenzó a hablar de nuevo, esta vez sonriendo – Y sobre Jill… Querías saber dónde estaba, ¿no?

Chris rebobinó la conversión hacia atrás mentalmente y se paró en el punto: "Salimos de ahí con un tipo llamado Carlos".

Carlos…, pensó Chris con algo de desdén.

- ¿Chris? ¿Me estás escuchando?

La voz de Barry lo bajó de las nubes, y se sonrojó un poco al darse cuenta de que estaba divagando.

- Sí… Sí, claro. Habla – le contestó pretendiendo no haber dejado de prestarle atención.

- …Pues creo que te gustará saber que Jill también ha venido a esta ciudad para verte. Y…

- Con Carlos, ¿no? – volvió a interrumpirle Chris casi instintivamente. Un segundo después, se arrepintió de haber pronunciado esas palabras. Esta vez, Barry no se enojó, pero Chris advirtió en su rostro una risilla un tanto malévola y divertida.

- Ay, Chris, Chris… ¿El gran Chris está celoso? – le dijo medio riéndose-. No te preocupes, no es mal tipo. Ya lo verás. Y sí, sí que viene con nosotros.

Barry continuó riéndose un poco de la reacción de Chris, mientras éste buscaba una contestación adecuada para salir de esa incómoda situación.

- No es lo que tú piensas, Barry – le dijo Chris un poco molesto y girando la cabeza hacia un lado. Con sólo observar su gesto, Barry hubiese advertido perfectamente que mentía. Lo que no sabía es que aún así, lo sabía. Barry conocía a Chris desde hacía años, y sabía que siempre había sentido cierto feeling por su compañera de equipo. En alguna ocasión, había llegado a pensar, divertido, que si hubiese acercado un mechero mientras charlaba con Jill, hubiesen saltado chispas.

- Es que dudo mucho de la buena voluntad de alguien que trabajaba para Umbrella. Tengo mis razones para sospechar de él, ¿no crees? – terminó diciendo Chris, convencido de que esas palabras harían que Barry cambiase de opinión sobre sus supuestos celos.

- Supongo que sí, pero yo he tenido oportunidad de hablar con él largo y tendido, y te aseguro que es legal. ¿Desde cuándo a un perro viejo como a mi se le engaña?

Barry sonrió, y Chris tuvo que asentir y devolverle la sonrisa ante aquella evidencia. A veces parecía que Barry se comportaba como un padre para todos los ex-miembros del equipo Alpha. Al fin y al cabo, era el miembro más veterano del ya extinguido equipo, y no se podía negar que tenía capacidad para tratar con las personas y averiguar de qué pie cojeaban.

- ¿Y dónde iba a ir Jill… y Carlos? – preguntó, sintiendo de nuevo una punzada de lo que le parecía eran celos, al pronunciar el nombre del joven latino.

- Dijeron que se pasarían por tu casa – le contestó Barry, todavía medio riendo por la situación de hacía unos minutos.

- Y digo yo – comenzó a decir Chris con tono de burla -. ¿Cómo se supone que van a saber dónde vivo?

Barry se inclinó ligeramente hacia él y le miró como miraría una adivinadora a su cliente.

- Nosotros lo sabemos todo…

Chris frunció el entrecejo de nuevo, y Barry volvió a hablar en tono normal.

- No, ahora en serio. Hemos descubierto cosas que seguramente te interesará conocer. Entre ellas, algo sobre tu hermana, Claire.

- ¡¿Claire? – exclamó sorprendido- ¿Sabéis dónde está?

- Tranquilo… - le dijo Barry, sabiendo que iba a ser difícil contener el ansia de su amigo por conocer todos los detalles-. Esta tarde, en tu casa, te lo contaremos todo.

- Me queda una hora para terminar el turno – contestó Chris, apenas pudiendo contener el nerviosismo que recorría su cuerpo.

- De acuerdo. ¿Te importa si me quedo por aquí hasta que acabes? Será agradable irnos poniendo al día con las cosas generales. Hace un siglo que no te veía, y que yo recuerde, sigues siendo mi amigo.

Barry sonrió, y le puso la mano sobre el hombro a Chris, estrujándoselo, con ese gesto de humildad y serenidad en el rostro que caracterizaba a su viejo amigo. Chris sonrió, y en ese momento se dio cuenta de lo mucho que había echado de menos a su equipo…

- Por supuesto. ¿Por qué no me ayudas mientras con estos papeles?

- Como no – aceptó Barry-. Como en los viejos tiempos.

- Como en los viejos tiempos… - repitió Chris, sintiendo una oleada de nostalgia.

/-/

Barry y Chris bajaban del coche de éste último y se dirigían hacia su casa, cuando vieron que había dos personas vueltas de espaldas a ellos, esperando de pie en el porche de su casa. Iban vestidos de paisano, pero pudo advertir que una de ellas no había logrado con mucho éxito ocultar la pistolera que intentaba esconder bajo su sudadera.

- Genial… - dijo Chris murmurando, a la vez que desenfundaba su pistola reglamentaria-. ¿No me digas que son de Umbrella?

Más bien hablaba para sí mismo, pero en cuanto Barry le escuchó, le puso la mano sobre el cañón de la Beretta, obligándole a bajarla. Chris le miró algo confuso, pero esperó a que le diese una explicación sin replicar.

- Tranquilo, Chris. Son quienes esperábamos.

- ¿Jill…? – le preguntó en voz baja.

Barry asintió y se acercó hacia ellos. En un gesto amable, le puso la mano sobre el hombro a uno de ellos, a una joven. Ésta pareció sobresaltarse, y se volvió hacia él medio pálida. Sin embargo, pronto sonrió al ver de quién se trataba.

- ¡Barry! – exclamó-. Me has dado un buen susto…

- No era esa mi intención; perdona – se disculpó Barry sonriendo.

- ¿Vienes con Chris? ¿Dónde está? – le preguntó ella mirando por encima del hombro de su compañero.

En ese momento, apareció Chris, bordeando un gran todoterreno rojo aparcado junto a su casa.

- ¡Chris! – exclamó emocionada la joven. Corrió hacia él y le dio un fuerte abrazo, tanto que ambos se tambalearon y casi cayeron al suelo.

El joven que la acompañaba, que permanecía junto a Barry observando la escena, les miró con cara divertida y soltó una carcajada.

- ¡Jill! – le dijo Chris alegremente-. ¿Dónde te habías metido durante todo este tiempo? Creí… Bueno, creíamos que habías desaparecido.

- Es que soy un poco escurridiza, ¿sabes? – le contestó Jill como si se tratara de un chiste-. Yo también me alegro de que estés bien. ¿Y Rebecca?

- Vive cerca de aquí. Luego la llamaremos para quedar con ella. Se alegrará mucho.

Jill asintió con la cabeza y se volvió hacia Barry y su otro compañero.

- Ah… - comenzó a decir-. Éste es Carlos. Le conocí cuando intentaba escapar de Raccon City, y me salvó en varias ocasiones.

Jill le sonrío al terminar de pronunciar esta frase, y Carlos le devolvió una gran sonrisa de gato.

- Somos buenos amigos – terminó por decir, mientras se volvía de nuevo hacia Chris.

Demasiado…, pensó Chris.

Había estado dudando de Carlos desde el primer momento en que Barry le había hablado de él y le había contado para quién había trabajado. Tenía sus razones para odiar a Umbrella y a todos los que la rodeaban, pero sabía que no podía juzgar a una persona sin conocerla siquiera. Debía hacerle caso a Barry. Debía darle una oportunidad.

Chris se acercó hasta Carlos y les estrechó la mano.

- Encantado de conocerte. Yo soy Chris, Chris Redfield – dijo, intentando ser lo más agradable posible.

- Me han contado muchas cosas sobre ti, pero todas buenas. Debes de ser un gran tipo, ¿no? – le contestó Carlos con amabilidad-. Ahora entiendo por qué te ganas el respeto de todos – terminó, dirigiendo una rápida mirada hacia Jill y Barry, y señalándolos con el mentón.

Chris sonrió ante el halago, y después se giró hacia el resto del grupo.

- ¿Entramos? – preguntó-. Creo que teníais mucho de lo que hablarme.

Jill, Barry y Carlos se miraron entre ellos y siguieron a Chris, atravesando el umbral de la puerta.

Nadie lo advirtió, pero un enorme coche negro se encontraba sospechosamente cerda de ellos mientras habían estado hablando, y cuando desaparecieron tras la puerta, y ésta se cerró, arrancó rápidamente, dejando una estela de arena y polvo a su paso. Se dirigía hacia el norte, hacia las colinas junto a Tearsville…

/-/

- Bueno, comenzó a decir Chris, haciéndoles ademán de que se sentaran-. ¿Qué es eso tan importante de lo que teníais que hablarme? Sé que tiene algo que ver con mi hermana. Si es así…

Jill fue la primera en sentarse en un sillón frente a una modesta mesita de cristal sobre la que solamente había dos mandos y un libro en cuya tapa, de aspecto rústico, se leía "Rainbow Six", lo que le recordó lo aficionado que era Chris a todo tipo de literatura sobre aspectos militares.

Carlos y Barry siguieron los pasos de Jill y se sentaron en sendos sillones junto a la joven.

- No exactamente, pero sí a la vez – dijo Barry, contestando a las palabras de Chris. Este parecía confuso antes aquella respuesta.

- Explícate – le pidió Chris.

- Está bien. El caso es que, tras huir de Raccon City, no solamente nos dedicamos a buscaros a ti y a Rebecca, sino que también indagamos sobre el madito G-Virus; algo con lo que combatirlo. Pero algo no salió como lo esperábamos. Con la ayuda de Carlos, que conocía perfectamente muchos de los recovecos de la Umbrella, nos colamos en una de sus pequeñas instalaciones, en Brasil, y nos infiltramos en sus ordenadores para recopilar información. No encontramos nada que nos ayudara contra el T o el G-Virus, y además estuvieron apunto de matarnos, y el caso es que al fin y al cabo, lo que encontramos sólo era la punta del iceberg de todo lo malo. A partir de aquí, creo que Jill te lo explicará todo mejor.

Chris se encogió de hombros, pero interiormente estaba sobresaltado por las nuevas noticias. Jill y los demás se habían jugado la vida y él no había estado ahí para ayudarles… Dirigió su atención hacia su joven compañera y aguardó impaciente a que ella continuara.

- Chris – siguió Jill-, para no perder tiempo, creo que sólo hay algo que decir… Están, o ya han desarrollado un nuevo virus: el T-Veronica.

- El T… ¿qué? – preguntó él incapaz de creer lo que estaba oyendo. ¿Otro virus más? ¿No habían hecho ya suficiente daño?

- T-Veronica – repitió Jill-. Debe su nombre a la fundadora de la familia Ashford. Uno de sus descendientes, Alexander Ashford, fue uno de los creadores de Umbrella. Parece que en la síntesis del virus está implicado éste último y sus hijos: Alexia y Alfred.

- No había oído hablar de ellos – contestó Chris sin apenas palabras-. ¿Y qué más habéis descubierto?

- No mucho, porque estaba todo bien encriptado para que nadie pudiese entrometerse en sus proyectos. Esto es todo lo que encontramos.

Jill sacó una carpeta del interior de su bolso y comenzó a colocar sobre la mesa, de forma ordenada, informes, mapas, anotaciones… Todo lo que habían encontrado. Contenía información sobre el árbol genealógico de la familia Ashford, datos sobre algún que otro proyecto secundario, y tan sólo alguna pista de su nueva investigación: el virus T-Veronica.

Chris permaneció por un momento en silencio, y luego volvió a alzar la vista, con el nerviosismo reflejado en su mirada.

- Pero ahora que lo pienso… Y Claire, ¿qué tiene que ver con todo esto?

- Esto te resultará extraño – empezó a decir Carlos, participando por primera vez en la conversación-, pero ese tío… Albert Wesker, sigue vivo…

- ¡¿Qué me estás diciendo? – casi chilló Chris-. Ese traidor murió en la mansión de las montañas Arklay; yo mismo lo vi con mis propios ojos.

- Pues siento decirte que está vivito y coleando por alguna parte, puede que cerca de nosotros, y al parecer, la razón de que siga vivo tiene algo que ver con el virus T-Veronica. Si es cierto que Wesker está vivo, seguro que su principal objetivo es mataros, y en ese caso, incluso tu hermana corre peligro, porque sería una forma de llegar hasta a ti, o de atacarte indirectamente.

Chris se quedó pensativo, procesando incrédulo lo que Carlos le acababa de decir. Por fortuna o desgracia, conocía la verdadera cara de Albert Wesker. Sabía que no le temblaría el pulso para apretar el gatillo y matarlos a todos uno a uno. La verdadera pregunta era, ¿cómo era posible que siguiera vivo?

Claire corría un serio peligro por el simple hecho de ser su hermana, y al recordar que seguía sola por el mundo, buscándole, y que no le había dicho nada sobre su paradero para no ponerla en peligro – aunque estaba claro que no había servido de nada-, notó que un sentimiento de culpabilidad le invadía el alma. A su vez, su grado de nerviosismo iba en aumento, sentía la adrenalina fluir con rapidez por sus venas, y a su vez, notaba como su ira iba también en aumento.

- ¡Tengo que hacer algo!- exclamó con energía, levantándose de su asiento-. ¿Pero qué?

Empezó a caminar por el salón, trazando una y otra vez el mismo recorrido frente a los ojos de sus tres compañeros, y pasándose la mano por el pelo, en un intento por desahogar su angustia.

Jill le miró preocupada, y se apresuró a acercarse hasta él y agarrarle del brazo, obligándole a sentarse de nuevo junto a ella.

- Tranquilízate… - le dijo con suavidad-. Aquí es donde empieza la parte buena de la que todavía no te hemos hablado…

- ¿Qué? ¿Hay algo más? – preguntó él algo más sereno.

- Sí. Es sobre tu hermana.

Chris no contestó, y se limitó a mirarle con atención.

Por lo que hemos podido averiguar, Claire no se quedó esperándote, y en cuanto tardaste algo más de la cuenta en llamarle, salió sola en tu búsqueda. Desafortunadamente, llegó a Raccon City en pleno brote del virus y algunos de los zombis intentaron atacarla…

- Claire… - murmuró Chris con la cabeza gacha-. Lo sabía… Sabía que lo haría.

- Primero escucha; luego ya hablarás, porque esto no es todo. En fin… Tuvo muchísima suerte de no encontrarse sola: Leon S. Kennedy dio con ella justo antes de que…

- ¿Leon…?. Recuerdo que me hablaron de que iba a venir alguien nuevo a la comisaría de Raccon, un tal Leon, pero nunca llegué a conocerle. Me marché de la ciudad antes de que llegase a la ciudad.

- Bueno… - continuó Jill-. Parece ser que consiguieron salir de allí vivos, y no solos, sino con dos personas más: Sherry Birkin y Ada Wong, que consiguió escapar con una muestra del G-Virus.

- ¿Y cómo sabéis eso? – preguntó Chris sorprendido.

- Controlaron sus pasos al milímetro, estaba todo registrado. Todo figuraba en la base de datos de esa instalación. Es como si alguien les hubiera estado observando… Alguien que fácilmente podría ser Albert Wesker, pero de eso no estamos seguros. Lo que sí sabemos es que tenían tal cantidad de datos sobre tu hermana y sus compañeros que figuraban incluso algunos de los números de teléfono móvil. Y aquí viene la buena noticia de verdad: tenemos el número de Leon Kennedy. Si aún sigue con ella…

Los ojos de Chris se iluminaron ligeramente. Era esperanza.

Jill sonrió levemente, y sacó un trozo de papel del bolsillo del pantalón. En él figuraban nueve dígitos.

Chris tomó el papel de su mano, y se dirigió hacia la mesa sobre la que descansaba la base del teléfono inalámbrico. Lo cogió algo dubitativo, sin saber qué esperar, y, pulsando con cuidado las teclas del mismo, comenzó a marcar el número. Cuando terminó de hacerlo, se acercó el dispositivo a la oreja, y aguardó a que sonase el característico sonido de llamada, mientras contenía la respiración.

El salón se llenó de un profundo silencio, sólo roto por las respiraciones casi contenidas de las cuatro personas que lo ocupaban...


Espero que os haya gustado, y espero vuestros comentarios y/o sugerencias!. Un beso! :)