Capítulo 3 - "Un Doloroso Adiós"

Un rayo de mañana hizo que me despertara, no había podido conciliar un buen sueño, pero lo que mas recuerdo es a ver llorado en el, y por lo visto, también en la vida real. Me dirigí al baño a ducharme, después me puse lo de siempre y fui a ver a mis queridos padres; pero me encontré con un panorama diferente; mi madre no estaba y sobre la mesa descansaba una carta en la cual decía mi nombre, en ella había escrito lo que haría que me cayeran más lágrimas.

- "Querido Kenji: Lamento no haber podido despedirme de ti correctamente, no sabes lo cuan apenado me encuentro; ya sabrás en donde me encuentro ahora y me gustaría que no hicieses nada que le complicara a tu madre. No quiso aceptar el hecho de que tuviera que partir a primera ahora, y me imagino que a ti tampoco, pero la verdad es que yo no deseo tener que pasar nuevamente por esto; ya que es lo peor que le puede pasar a una persona; pero sabes que hijo mío, estoy dispuesto a arriesgarme las veces que sea necesario par que nunca tengas que pasar por esta terrible y aturdidora experiencia. No quiero que esto vuelva a ocurrir, pero algo me dice que la paz que vendrá, no durará mucho tiempo. Si algo llegase a pasarme, quiero que tomes a tu madre y a todos y te los lleves lejos del Japón, hasta que la guerra termine, luego podrán regresar y hacer una vida normal. Kenji, hijo mío, quiero que me prometas que pase lo que pase, no dejes que le pase nada malo a tu madre y cuídate muchísimo, no dejes que nada te quiebre y haga que tu pura alma se vea sucia, por favor, prométemelo; y por favor hazle caso en todo a Hiko, y no abandones sus enseñanzas como yo lo hice en el pasado. Recuerda Kenji, siempre te amare y protegeré desde donde quiera que esté."

No podía creerlo, mi padre ya se había ido a la guerra, y no había podido despedirse de el como debía ser; mis lagrimas comenzaron a caer con fuerzas. Empecé a buscar a mi madre, y la encontré en el patio trasero, en donde estaba llorando por la ida de mi padre; me rompía el corazón verla así, pero sabía que tenía que hacer algo para sacarla de ese estado, ya que si esto continuaba, tendría que llamar a Yahiko y a Tsubame para que pudieran tranquilizarla. Cuando me acerqué a ella, lo primero que hizo fue atraparme en sus brazos y llorar aun más; inmediatamente me susurro a mi oído.

- Hijo, tu padre acaba de irse, pero regresara, tarde o temprano regresara con nosotros, no te preocupes.

Al oír ello me hizo sollozar un poco por recordar el motivo del cual todos estábamos en ese estado, pero sin pensarlo dos veces, la abracé con más fuerza y le dije.

- No tienes que ponerte así, papá se fue, pero vendrá nuevamente, porque él nos quiere, y me prometió que volvería para seguir haciendo las cosas que más le gusta con todos nosotros.

Aun llorando, mi madre se separó unos pocos centímetros y me miro a los ojos; una radiante sonrisa fue lo que pude ver, y con ella me respondió.

- Gracias Kenji, muchas gracias.

Con esas pequeñas palabras, se la veía más feliz, pero por dentro yo sabía que se sentía fatal, por algún extraño motivo, ella sentía que mi padre no regresaría jamás.

Miraba las horas pasar con lentitud y rapidez a la ves, porque éste será el último día que pasaría con mi madre. Con la cabeza en otro lado, no me di cuenta de que alguien me estaba observando desde hace rato, al alzarla me di cuenta de que se trataba del hombre con el cual mis padres hablaban aquella noche, la cual fue lúgubre para mi y mis padres; nos miramos durante un momento y luego él rompió el silencio.

- Al fin puedo verte con claridad, pequeño Kenji.

- Usted debe de ser el señor Hiko, ¿Me equivoco?

- No, de seguro que ya sabes todos los detalles del porque estoy parado justo enfrente de ti, y el que también estaba escuchando detrás de la puerta el día en el que hable con tus padres.

- Si.

- A partir de hoy, yo seré tu nuevo Maestro, mi nombre es Hiko Seijuurou.

- Es un honor conocerlo, Maestro…

Esa platica no era de lo más cómoda que se podría ver, pero en ese instante, llegaba mi madre con unos te para nosotros.

Nos encontrábamos sentados en tomando el te, cuando este hombre irrumpió el silencio incómodo que se podía percibir.

- Kaoru, se que no estas en la mejor etapa, pero recuerda que Kenji se vendrá conmigo a entrenar por siete años.

- Esta bien Hiko, pero prométeme que cuidaras bien de él, que le enseñaras y prepararás correctamente al igual que Kenshin.

- Te lo prometo Kaoru.

- Kenji, préstale atención a Hiko y no le hagas cosas que le perjudiquen a nadie, y recuerda lo que tu padre y yo te hemos enseñado.

- No lo haré mamá, te lo prometo.

- Que tierno eres hijo. Bueno Hiko, ya pueden irse si lo deseas, solo cuídalo bien.

- No te preocupes, lo haré. Adiós Kaoru.

- Adiós mamá.

- Adiós Kenji.

Dicho esto, tuve que ir a empacar mis pertenencias y acto seguido, cuando ya todo estaba por acabar, me dirigí corriendo en busca del regazo de mi madre; al divisarla, mis ojos se llenaron de lágrimas y no pude contener mis ganas de ir tras ella y abrazarla con todas mis fuerzas. No podía creer que este día había llegado y estuviera por terminar de este manera; no solo mi padre, si no que también yo me iría hoy; no entendía como mi madre lo soportaría, pero entendí que si ella podía, yo también.

Mi madre me abrazo y mi llanto se profundizo a su contacto, los dos llorábamos, pero a los pocos segundos oí lo que me decía en medios de los sollozos.

- Kenji, hijo, no te preocupes por mi, preocúpate por ti. Tú tendrás más obstáculos que yo, así que no te limites a pensar en como estaré; lo único que tienes que hacer, es saber que ambos lograremos superarlo y seguiremos hacia delante, como lo hizo papá.

- ¡Pero no quiero irme y dejarte sola con papá ausente, no quiero que te pase nada malo!

- No pasa nada mi amor, solo piensa en lo que te dije y nunca lo olvides; ambos lo superaremos, y tampoco olvides lo muchos que te amo.

- No lo haré mamá.

- Así me gusta Kenji. Ahora ve, que Hiko te está esperando a fuera.

- Sí mamá.

Fui a coger mis cosas y llevarlas junto a Seijuurou; él me ayudo a recogerlas para que no me lastimara. Nos miramos con la intención de decirnos que ya era la hora de partir.

Nos encaminamos a la salida del Dojo; la salida estaba bastante lejos de la puerta de entrada; eche una última mirada hacia atrás con el fin de ver a mi madre, y eso fue lo que vi, ella nos despedía con su mana agitándola de un lado a otro y sus ojos se le podía notar a lo lejos que estaba llorando por nuestra ida. Se me partió el alma verla así, pero mi despedida fue con un grito.

- ¡Adiós mamá, te prometo que cuando vuelva seré como papá para poder protegerlos a todos, mientras tanto cuídate mucho! ¡Te quiero!

De esa forma, me fui de allí, con mis mejillas siendo surcadas por mis lágrimas y mis puños apretados por la decepción e ira de no poder estar con mi madre en un momento así.

Ese fue mi adiós, y la última ves que la vi.