And, yes, I ought to know better
And I thought it through
But I can't shake the need to please you
Tell me what you need
I'll give it to you

Y sí, debería saberlo mejor
Y lo pensé bien
Pero no puedo quitarme de encima la necesidad de complacerte
Dime qué necesitas
Te lo daré


Hacía bastante tiempo que Ogata no iba al trabajo a trabajar, al menos no con tanta determinación.

-Ogata -llamó Tsurumi.

El mencionado sólo se limitó a asomar la vista por encima de la pantalla de su computadora.

-Asuntos Legales está impresionado por el reporte que entregaste en la mañana. Más aun porque lo esperaban para la siguiente semana.

-De nada.

-Significa que no tienes nada qué hacer hasta la siguiente semana -continuó Tsurumi-. Entonces, ¿qué estás haciendo ahora? Llevas toda la mañana en tu escritorio y pareciera que estás trabajando. Y para colmo, trabajando duro.

-Siempre lo hago.

-Mentira -dijeron Koito, Tsukishima y los gemelos Nikaido.

-Escuché rumores que decían que Hanazawa estaba revisando los proyectos que el área de Legales había dejado congelados y que era probable que reviviese varios -informó Tsurumi-. Casualmente, la mayor parte de esos proyectos los estabas supervisando tú.

-¿El oído le alcanza para escuchar lo que sucede en el piso 13? -se burló Ogata.

-Más o menillo -rio Tsurumi-. He de suponer que los rumores son ciertos y estás avanzando.

-Quizás.

-Tanta productividad y devoción por el trabajo me hacen sospechar que vas a renunciar.

-Lo haré si Hanazawa solicita traslado a esta área.

-¡Por favor, director Tsurumi! ¡Consiga que Hanazawa venga! -pidió Koito.

-Hanazawa no ha solicitado nada -dijo Tsurumi.

-Aún -corrigió Ogata.

-Correcto. Aún no ha solicitado nada.

-Ya escribí mi carta de renuncia -anunció Ogata.

Ogata sacó una hoja de uno de los cajones de su escritorio y se la dio a Tsurumi.

-No está firmada -señaló Tsurumi después de leer el documento.

-Aún -indicó Ogata.

-Entonces es como si no existiera.

El director Tsurumi dobló la hoja una y otra vez hasta su mínima expresión y luego la rompió, lanzando al aire cientos de pequeños pedacitos a modo de confetti que quedó regado por toda la oficina. Sin perder tiempo, Koito comenzó a recolectar todos los pedazos. Con el poco cariño que todos sabían que le tenía a Ogata, era seguro que intentaría reconstruir la carta de renuncia y hacer que la firmara.

-Tenía entendido que Hanazawa sólo estaría en esta sede temporalmente -comentó Tsukishima.

-Así es -confirmó Tsurumi-. Pero escuché que pidió prolongar su estancia aquí.

-Qué buen oído tiene -dijo Ogata.

-Muy bueno -corroboró Tsurumi-. También alcancé a oírte cenar anoche con Sugimoto.

Toda el área de Innovación se quedó de piedra al escuchar aquello.

-No es cierto -negó Ogata.

En ese momento, Sugimoto entró en la oficina. Todos los presentes lo miraron con una atención sobrehumana, pero nadie dijo nada.

-No veo que estén haciendo nada, pero al mismo tiempo parece como si estuvieran jodidamente ocupados con algo -dijo al fin Sugimoto-. Así que hagan como si yo nunca hubiera estado aquí.

Antes de que pudiera huir, empero, el director Tsurumi lo detuvo.

-Sugimoto, ¿por qué la prisa? Siempre eres bienvenido en el área de Innovación. ¿No te interesa un traslado?

-No, gracias -negó de inmediato Sugimoto.

-Vaya, nunca me habían rechazado con tanta rapidez -rio Tsurumi-. ¿Al menos puedo saber por qué?

-Porque tiene al bastardo de Ogata en su equipo.

-Comprensible -corroboró Tsukishima.

-Qué feas palabras, Sugimoto -soltó con sorna Ogata-. Y eso que ayer me ofrecí a invitarte un par de cervezas en la cena.

-¡Dijiste que no habían cenado juntos! -reclamó Koito, quien seguía recolectando papelitos.

-Dije que no era cierto que el director Tsurumi pudiera escucharnos -corrigió Ogata.

Sugimoto se llevó una mano al rostro mientras una vena comenzaba a hincharse peligrosamente en su cabeza.

-Y, bueno, ¿qué tal la cena? -preguntó Tsurumi.

-Bien -dijo Ogata.

-Mal -dijo Sugimoto.

-Ogata, estoy seguro de que sabes que tu mitomanía te convierte en un ser sin credibilidad -señaló Tsurumi, apoyando implícitamente la versión de Sugimoto-. Espero que no haya intentado matarte durante la cena.

-A mí no, pero lo intentó con Shiraishi antes.

-Ah, sí, también escuché eso.

-Si aparezco muerto en alguna zanja con un tiro en la cabeza espero que sepan que fue Ogata -dijo Sugimoto-. Tsukishima, vine porque llamaste a Shiraishi y comprenderás que él no quiere bajar a verle la cara a Ogata.

-Hay muy pocos que querrían. De hecho, sólo se me ocurre un nombre -dijo Tsukishima-. Toma. Éste es el balance final de los datos del reporte de ayer. Gracias por el esfuerzo.

-De nada y adiós.

Tan pronto como Tsukishima le alcanzó los documentos y Sugimoto los tuvo entre las manos, salió huyendo del lugar.

-Ogata -recriminó Tsukishima-, Sugimoto me agrada. ¿Por qué estás intentando hacerle la vida miserable?

-Todos ustedes también me agradan -dijo Ogata, sonriendo-. Por eso quiero hacerles la vida miserable. Yo no tengo favoritos: los trato a todos mal por igual.


Sugimoto había escogido la terraza del piso 6 en vez de la cafetería para comer la hamburguesa que tenía como almuerzo porque estaba cansado de que lo bombardearan con preguntas sobre el chisme de que había cenado la noche anterior con Ogata. Lo cual era cierto a medias, pero de todas formas él no quería darse la molestia de explicar porqué. Además, sabía perfectamente que Ogata, por mucho que quisiera joderlo, no se arriesgaría a aparecerse en la terraza durante el refrigerio so peligro de cruzarse con su hermano.

-Hey, Sugimoto.

Sugimoto levantó la cabeza al escuchar que lo llamaban y reconoció con facilidad a Tanigaki acercándose a él. Era imposible no verlo.

-Tanigaki, hola. ¿Todo bien? He estado pasándome por Innovación últimamente y no te he visto.

-Sí, todo bien. Me ha tocado estar fuera en reuniones con proveedores y clientes externos.

-Suena a que has estado muy ocupado.

-Bastante -dijo Tanigaki, sentándose junto a Sugimoto-. En verdad, era trabajo para Ogata porque es quien tiene más tiempo libre, pero ya te imaginas cómo podría resultar enviarlo a él a una reunión.

-Me imagino.

-Cuando volví a la oficina me dijeron que ha estado especialmente jodido contigo.

-Es un dolor de culo.

-El director Tsurumi me ha pedido que alivie tu dolor.

-¿Te ha enviado a sobarme? -se burló Sugimoto.

-Ya quisieras -rio Tanigaki-. La siguiente vez que necesites algo de Innovación ya no tienes que ir en persona. Sólo llámame y yo subiré a buscarte -explicó, para alivio de Sugimoto-. No quiero ni imaginarme qué mierda te ha estado haciendo Ogata para que el director Tsurumi me haya pedido que te ayude con eso.

-Precisamente eso -corroboró Sugimoto-. Tú en verdad no quieres imaginártelo. Vivirás mejor así.

-Y éso que eres el único de Crédito y Cobranzas que puede trabajar con Ogata. No me sorprende que todos te pidan que bajes a vernos cuando alguien tiene un pendiente.

-Ushiyama también podía, pero se irá a fin de mes.

-Sí, me enteré. Lamento que el piso 7 pierda a Ushiyama -dijo Tanigaki-. Al menos, ya no tienes que aguantar a Ogata justamente ahora que está de peor humor. Ni idea de porqué está tan obsesionado con hacer todo el trabajo que se ha echado encima él solo si nadie se lo ha pedido.

-¿Tiene que ver con Asuntos Legales?

-Sí. ¿Cómo sabes?

-Porque odia a Hanazawa -explicó Sugimoto-. Seguramente el desgraciado de Ogata está haciendo el trabajo antes de que Hanazawa se lo pida para evitarse el tener que trabajar juntos.

-No sé si preguntarte porqué Ogata odia específicamente a Hanazawa si él ya detesta a todo el mundo.

-Hanazawa es su hermano.

-¿En serio? -se sorprendió Tanigaki-. Me dijo que su hermano había muerto de una enfermedad cuando eran niños.

-Ese idiota se la pasa matando a su hermano -se quejó Sugimoto.


El viernes por la noche Ogata fue el último en salir del piso 4. Llevaba toda la maldita semana trabajando en los reportes que estaba seguro Yuusaku iba a pedirle en cualquier momento y quería ahorrarse el esfuerzo de tener que pasar tiempo de calidad con él. Pero a pesar de todo, en su locura estaba un poco agradecido con su hermano porque le había dado algo en qué ocupar su mente y evitar así pensar en Sugimoto.

La última charla que habían tenido se resumía en que Sugimoto quería cortar la relación, pero Ogata se negaba a que aquello sucediera. Y si para evitarlo tenía que aceptar las condiciones de Sugimoto, entonces lo haría.

Ogata estaba dispuesto a complacerlo si a cambio podía tenerlo a su lado un poco más.

Mientras Ogata esperaba que el ascensor llegase hasta el sótano 2 -donde había estacionado su auto-, jugaba con el celular que tenía en las manos. Había querido llamar a Sugimoto las noches anteriores, pero de alguna manera pudo contenerse. Le había dicho que esperaría a que él lo buscara, aunque por supuesto que Ogata no tenía intención alguna de cumplir su palabra: lo único que lo detenía era la amenaza de Sugimoto de terminar la relación, palabras que Ogata se estaba tomando en serio.

Ya en el sótano 2 encontró un pequeño trozo de papel colocado en el parabrisas de su auto. Lo cogió sin demasiado interés, pero tras leer la nota se echó a reír. El mensaje sólo decía "no tengo tu puto número".

Ogata esperó hasta una luz roja para llamar a Sugimoto.

-¿Hola?

-Hola.

-Ah, tú -soltó Sugimoto, reconociendo la voz de inmediato.

-Sí, yo -confirmó él-. ¿Qué pasa? ¿Estabas esperando que alguien más te llamara?

-No. Desde que todos en la oficina creen que estás divirtiéndote haciéndome la vida miserable, nadie se me acerca. Gracias a ti ahora tengo lepra y estoy seguro de que el único que lo encuentra gracioso eres tú.

-Qué va.

-¿Dónde estás?

-Acabo de salir de la oficina.

-¿Tan tarde? Veo que Tanigaki no exageraba al decir que estabas trabajando duro.

-¿Él dijo eso?

-¿Qué? ¿No lo sabes? Tsurumi se compadeció de mi estado y mandó a Tanigaki a trabajar conmigo.

-Oh, de razón dejaste de ir a la oficina -comentó Ogata, atando cabos-. ¿Los prefieres altos y musculosos?

-Los prefiero sin intenciones de provocarme enfermedades infecciosas a distancia, gracias.

-¿Estás ocupado hoy?

-No.

-Llegaré a mi casa en unos 20 minutos -estimó Ogata-. A menos que quieras que pase por ti.

-No hace falta.

Sugimoto cortó la llamada y Ogata condujo el resto del trayecto que le faltaba ligeramente confundido. Le agradaba la idea de tener a Sugimoto en su cama aquella noche, pero le sorprendió que realmente hubiera terminado buscándolo. Algo dentro de él lo hacía sospechar que en verdad había cortado la relación.

Por más que Ogata dijese que aceptaba sus condiciones y que lo esperaría, se había quedado con un sabor amargo en la boca que no podía quitarse.

Sugimoto tocó a su puerta 20 minutos después de que él llegara.

-¿Acabas de llegar? -preguntó Sugimoto en cuanto Ogata le abrió.

-¿Quieres cronometrarme?

-Pasa que ni siquiera te has quitado la corbata.

-¿Esperabas encontrarme desnudo?

-¿Por qué no?

-Me da frío.

-Maldito gato.

-¿Y, entonces? -apuró Ogata-. ¿Qué cuenta Tanigaki? ¿Las cosas van bien?

-Las cosas van perfectamente bien cuando tú no estás involucrado en la ecuación.

-No lo había notado.

En la cocina, mientras Ogata terminaba de lavar el plato que había recogido de la mesa, Sugimoto se preguntó si en verdad lo había usado para comer algo, ya que le pareció que estaba completamente limpio. Luego de terminar con el trasto, Ogata preparó un poco de café y le ofreció una taza.

-¿Qué? -preguntó Ogata al notar que Sugimoto lo miraba con atención.

-¿Qué cosa comes?

-Comida.

-Nunca te he visto comer nada.

-Solo a ti.

Sugimoto se atoró con el café que estaba tomando.

-¿Por qué preguntas? -dijo Ogata, divertido viendo a Sugimoto ponerse rojo-. ¿Traes hambre?

-Estaba preguntando en serio.

-Y yo respondí en serio -reveló Ogata-. Sé que disfrutas verme cuando te la chupo.

-¡Basta! -gritó Sugimoto, totalmente rojo.

-Puedes continuar con tu café.

Desconfiado, Sugimoto procedió a tomar su café a sorbos muy pequeños y sin quitarle los ojos de encima a Ogata.

-¿Por qué preguntas sobre mis tendencias alimenticias?

-Porque nunca te he visto comer. ¡Comer comida! -especificó Sugimoto.

-Pues, hace unos días pudiste verme, pero no quisiste cenar conmigo.

-Te recuerdo que fuiste tú el que se paró y se largó del restaurante.

-En mi mente fuiste tú.

-Claramente estás mal de la cabeza.

-Un poquito.

-Hanazawa me buscó al día siguiente.

-¿Por qué?

-Porque escuchó que algún imbécil amenazó a Shiraishi para ir a cenar conmigo y luego me dejó tirado.

-En mi mente tú me dejaste tirado a mí.

-Está claro que tu mente no sintoniza con la misma realidad en la que el resto de todos nosotros existimos.

-¿Qué le dijiste a Yuusaku?

-La verdad -respondió Sugimoto-. La verdad de la realidad en la que todos vivimos, menos tú. -Ogata terminó de beberse su café, pero miraba su taza vacía como si estuviera esperando que algo apareciera en el fondo-. Me buscó en la cafetería a la hora del almuerzo y me preguntó por ti. Se presentó como tu hermano, aunque ya nos conocíamos porque trabajamos juntos en algunos proyectos. Pensaba que era algún tipo de secreto, pero él lo dijo despreocupadamente frente a un montón de gente.

-Yuusaku está muy orgulloso de su hermano mayor.

-Lo sé -dijo Sugimoto-. Y eso me preocupa.

-Quizás Yuusaku también viva en otra realidad.

-Una en donde tú eres igual de lindo que él.

-Oh, ¿así es como te gustan? -soltó Ogata con sorna-. ¿Lindos y perfectos?

-Sí, claro. Por eso estoy en tu casa ahora.

Ogata se abalanzó sobre Sugimoto en un movimiento tan ágil que este último sólo reaccionó cuando sintió la lengua de Ogata contra la suya. Sugimoto perdió el equilibrio y aunque trató de evitarlo, la taza que había estado sosteniendo cayó al suelo, rompiéndose. El estrépito hizo que Ogata interrumpiera su ataque sorpresa.

-Lo siento -se disculpó Sugimoto.

-No importa -dijo Ogata, colgándose del cuello de Sugimoto mientras le incrustaba las uñas encima-. Tengo frío -dijo, aferrándose a él-. Caliéntame.


Sugimoto se esforzó por realizar el mínimo de movimientos para salir de la cama sin despertar a Ogata, pero el muy maldito tenía el sueño jodidamente ligero. En verdad era un maldito gato.

-Es sábado -dijo Ogata-. No trabajas los sábados.

-Tú tampoco, así que vuelve a dormirte y si puedes, que sean 18 horas seguidas, como hacen todos los gatos.

-Quédate.

-Tengo algo que hacer.

-¿Todo el día? Porque no son ni las cuatro de la mañana.

-Sí, todo el día.

-Pues qué ocupado.

Sugimoto no respondió a las provocaciones de Ogata y continuó vistiéndose.

-Te escuché quedando con una mujer para hoy.

Con ese último comentario Ogata consiguió que Sugimoto se girara para verlo; aunque la habitación estaba a oscuras, el gato podía sentir la mirada irascible de su amante. Ogata no era estúpido, sabía cuánto callarse y tampoco quería que Sugimoto sacara el tema de terminar con la relación.

-Tranquilo, me quedaré aquí todo el día -dijo Ogata, acomodándose entre las sábanas-. No volveré a buscarte a tu casa.

Sugimoto no agregó nada más. Recogió toda su ropa, terminó de vestirse y se fue.


Era casi mediodía y Ogata estaba fumando el segundo cigarro frente a la casa de Sugimoto.

Ogata había prometido no volver a ir a su casa, pero él era un traidor y, por lo tanto, era culpa de Sugimoto por haberle creído. Y aunque parecía un simple capricho, él necesitaba estar ahí. Necesitaba saber. Ogata era consciente de que Sugimoto lo había buscado la noche anterior para tenerlo mínimamente tranquilo y así mantenerlo alejado de su casa todo el fin de semana. Le eran indiferente las razones por las cuales Sugimoto había terminado en su cama porque a él sólo le importaba el tenerlo ahí, pero los celos eran otro asunto: Ogata necesitaba saber quién era la mujer con la que tenía que compartir a Sugimoto.

Antes de que aquel segundo cigarro terminara de consumirse, la puerta de la casa de Sugimoto se abrió y salió una niña de cabello oscuro y ojos azules. Ogata la miró con interés y ella le devolvió la misma mirada.


Créditos
Agradecimientos a mi beta reader: Scyllua.


Reviews
ShadesOfThunder, hola, gracias por dejarme el comentario. Ogata también es mi personaje favorito, en verdad me costó decidirme porque me gustan mucho Hijikata y ¡Tsurumiiiiii-chuuuui! Siento una tremenda debilidad por los viejos homicidas de esta historia, pero el gato les ganó.