Aquí Arrghh otra vez, molestandoles -w- un nuevo cap arriba y disculpen la demora.
Capítulo III
Siete años llevaba Arthur tras las rejas, y ahora se encontraba sentado en el comedor de aquel lugar, sentado junto al que ahora era una especie de amante protector para él, Francis, y frente a él habían dos sujetos más, un albino con instintos asesinos de nombre Gilbert, y un español de apariencia alegre y desaliñado, de cabellos castaños llamado Antonio. Según lo que el rubio recordaba, el francés le había explicado que Gilbert y Antonio eran sus compañeros más cercanos en su época de libertad, el de ojos rojos era una especie de asesino a sueldo, ahí la explicación de esas ganas de matar que le carcomían siempre, y Antonio era, según Francis una especie de negociador, tenía una apariencia bastante tranquila y por sobre todo, parecía ser alguien con mucha paciencia. Aunque detrás de esa sonrisa despistada, de seguro había algo. A pesar de esos pequeños misterios que siempre estaban presentes, Arthur a sus ahora, 24 años se sentía conocedor de un mundo aún más duro que el de la calle.
-Gilbo, Toni, mañana es el gran día… -Habló Francis, empujando a un lado su bandeja, y apoyando los codos sobre la mesa -¿Están listos? –Preguntó con esa típica sonrisa pícara que solía llevar en el rostro. Arthur no quiso preguntar, hace días que estaban hablando de ese gran suceso, del cual no querían decirle nada.
-¿Y cuándo no? ¡Llevo años esperando, idiota! –Una de las cosas que solía hacer Gilbert era insultar cuando se emocionaba, ahora había golpeado su bandeja y un par de cosas fueron a dar a la cabeza a Antonio, quien siquiera movió un dedo.
-Cuando tú digas, Francis – Respondió el español mientras con suma tranquilidad limpiaba con una servilleta de papel, los restos de comida de su cabeza.
-Yo ni preguntaré –Finalizó Arthur, moviendo sin mucho ánimo un par de verduras picadas que habían en su plato.
-Exacto Arthie querido, después de todo no te nombré a ti – Francis le miraba con tal sonrisa, esperando un golpe por parte del inglés, y esa típica cara sonrojada por la ira, pero solo pudo ver a Arthur poniéndose de pie, indiferente- ¿A dónde vas, amour?- El francés levantó una ceja, pero el inglés no respondió nada y solo se fue.
-Creo que se enojó – Dijo Antonio sin más, sonriente aún mientras Gilbert le robaba toda la comida posible, aprovechando el "despiste" del otro.
Arthur caminaba por los pasillos en dirección a su celda, algunos reos le miraban en silencio, y otros sencillamente parecían sumidos en algo bastante sospechoso, era actitud ya no era solo en por parte de Francis y el resto, era algo a nivel de todo el lugar. Algo se tramaban, y quizás era él el único que no sabía nada. Habiendo llegado se sentó en su cama y tomó un libro que había sobre la misma, regalo de Francis para el aniversario de su encuentro. Sonrió para sí mismo, Francis había sido prácticamente el regalo para él, aunque tantas veces sentía que ese cariño era odio puro.
Un par de minutos después entró Francis, con el ceño fruncido, y se encontró a Arthur acostado y leyendo muy tranquilamente.
-Amour… Te ves apetecible como siempre… -Susurró el francés, quitándole el libro de las manos al menor, quién solo le lanzó una mirada de odio en cuanto Francis se posaba sobre él.
-Métete tus ganas por donde te quepan –Lanzó Arthur, golpeando firmemente con la rodilla en la entrepierna a su protector, quien abrió los ojos de par en par y cayó a un lado de la cama, quejándose de dolor.
-Eres un pequeño salvaje… Arthur –Exclamó Francis, revolcándose en el frío suelo de la celda.
-No nada hasta que me expliques que mierda es lo que están planeando entre todos ¿qué tanto pasará mañana? Yo no soy idiota, y tú me dirás ahora que… -El inglés fue interrumpido, con un dedo del francés sobre sus labios.
-Mañana haremos un motín, fue un acuerdo entre todos los presos – Dijo con simpleza. Nuevamente tenía esa actitud, estaba diciendo algo sumamente importante y hablaba como si se tratase de cualquier cosa.
-¿Por qué nunca me dijiste? – Preguntó Arthur indignado, apartando de un manotazo el contacto que Francis mantenía con su piel.
-Porque nunca me preguntaste – Contestó el mayor, viéndolo con falsa sorpresa- Además, de seguro te opondrías… no te mentí nunca, solo no te lo dije…
La discusión duró quien sabe cuánto, por una parte el de ojos verdes se oponía una estupidez como el motín, llevaban ya siete años ahí, otros tres no eran nada. Pero Francis por su parte solo quería quitarle el mal humor al inglés y poder pasar un "momento agradable" en la cama. Así duró hasta la noche, y terminaron ambos abrazados, al igual que cada noche.
Arthur fue despertado por una serie de sonidos que no reconocía, pero al abrir los ojos pudo ver la espalda desnuda de Francis, y en sus manos, a medias vio un arma de fuego, se sobresaltó un poco al darse cuenta de ello, mirando algo preocupado hacia su almohada.
-No pensé que iban tan en serio –Susurró el inglés, al tiempo que Francis se volteaba a verle con una sonrisa.
-No te preocupes, que tú no tendrás que hacer nada, te prometí que te protegería pase lo que pase… - Dijo el francés brindándole una sonrisa sincera, lo que extrañamente le dio un pequeño alivio a Arthur.
Lo que ocurrió después, para Arthur era difícil de explicar, solo se recordaba detrás de Francis, y a su lado iban armados de igual forma Antonio y Gilbert, lo que más le sorprendió tal vez fue el instante que Gilbert, sigiloso como un gato se acercaba por la espalda a un guardia en cosas de segundo sus manos, hábilmente torcían el cuello del gendarme, casi volteándolo por completo y dejándolo muerto en el suelo.
Antonio sonreía, disparándole a cuando guardia se le cruzaba, y Francis hábilmente derribaba a varios, de tiros certeros. Arthur dejó de oír por todo ese rato, estaba cegado por las balas, todo era silencio y las imágenes pasaban rápido, los presos corriendo con armas en alto, varios guardias muertos, y la espalda de Francis. En esos instantes un pensamiento cruzó su mente. Sería libre, libre por fin… entonces ¿podría ver a Alfred…? Era algo tan lejano pero, todo era posible ¿no? Nunca se imaginó encerrado y ahora estaba ahí, entre gente peligrosa, luchando por su supervivencia.
Se detuvieron en un pasillo largo, y tras de ellos Toni y Gilbo se acercaban, a trote ligero. El albino venía bañado de sangre, y sonriente. El español solo se limpiaba el sudor de la frente, con la misma sonrisa tranquila.
-Bien chicos- Habló Francis, sacando de su bolsillo un puñado de balas para recargar su arma – Queda la última puerta el resto debería venir atrás… Ahora apenas salgamos ustedes me siguen de cerca, habrá un par de autos esperándonos y saldremos prácticamente volando de aquí. Sin titubear chicos… -Siguió, ahora mirando a Arthur quién lucía como en otro mundo, prestándole atención a cualquier cosa menos a lo que el francés decía, luego su vista se fijó en el suelo, y su mano se alargó hasta aferrarse con fuerza a la camisa de Francis.
-Salgamos de aquí… Y que sea rápido, por favor – Suplicó el inglés, y el francés le vio con alivio, asintiendo con la cabeza y el resto hizo igual, así emprendieron nuevamente aquella carrera hacia la libertad. Cruzaron la enorme puerta, otros dos guardias caídos y finalmente la calle… ¿Cuánto tiempo había pasado que Arthur no había salido? Aún así todo le parecía tal como siempre, quizás porque se lo había imaginado así, en siete años nada podría cambiar del todo, solo su vida, pero aquello no influenciaba en absolutamente nada al resto del mundo.
Un automóvil, un par de palabras y el fuerte sonido de unas sirenas era lo último que aquel inglés de ojos verdes podía recordar de su huída, el motín había sido masivo, y ahora, una semana después del "incidente" y la policía solo se focalizaba en los más buscados, suerte para él que era solo un reo más, de Francis… No sabía que pensar.
Entonces se removió incómodo en el sofá en el que se encontraba sentado, la taza de té que tenía enfrente ya estaba del todo fría y su mente al contrario cada vez más atiborrada de cosas.
-¿Cuándo podré salir? – Cuestionó confundido, sus ojos esmeralda se dirigieron fugazmente a unos azules, que miraban fijos por la ventana.
-¿Y para qué quieres salir Arthur? ¿Para ver a ese niño? Deja de vivir por él, que ya es parte de tu pasado… - Francis suspiró con pesadez, todos los días era la misma pregunta, y se estaba hartando. Se esforzaba en lo que podía para hacer feliz al otro pero ¿qué recibía a cambio? Alfred aquí, Alfred allá… Si ese niño pensara en él lo habría visitado aunque sea una vez –Oye, Arthur… En un par de semanas iremos a un evento muy importante… -el mayor cambió de tema radicalmente, dibujando en su rostro una sonrisa satisfactoria.
-¿Importante por qué? – Soltó sin ánimos, hablar de Alfred con Francis era caso perdido, pero en parte le alegraba la idea de por fin salir de aquella casona, que si bien era amplia, cómoda y en ella eran bien atendidos, nada era como caminar nuevamente por las calles de Nueva York, ver las luces de noche, el ajetreo de siempre. Realmente lo extrañaba.
-Conocerás a mi peor enemigo, y felizmente él aún no me conoce… El hombre que me hizo terminar tras las rejas – Las manos de Francis se aferraron a la tela del sofá en el que yacía casi recostado, y se percató de una mirada temerosa de parte del inglés –Pero no te preocupes, no pasará nada malo, iremos a un evento tranquilo, de hecho, iremos a una fiesta donde su hijito preferido anunciará su boda ¿qué te parece? Mañana mismo vendrá un costurero a hacernos el traje.
Arthur sonrió de medio lado, no estaba del todo feliz, para nada de hecho, aunque fuese un evento normal, el ambiente que viviría ahí no sería muy ameno, sobre todo si estaba acompañando al peor enemigo del anfitrión. Lanzó un suspiro resignado y se puso de pie tomando la taza de té en sus manos, retirándose en silencio hacia la cocina, y finalmente yendo a parar en su habitación, necesitaba pensar, o hallar la forma de convencer al francés de que lo dejase ir en busca de Alfred.
Se movía incómodo de un lado a otro, quitándose los anteojos de vez en cuando para limpiarlos nerviosamente, Morello le estaba mirando con una ceja alzada y los brazos cruzados, desde su escritorio.
-¿A qué vienes con eso de que ahora no estás seguro de casarte, Alfred? – Hablaba severo, tal como siempre. Desde que Alfred le había hablado de casarse con aquella hermosa joven americana, había estado dudando. Primero, porque quería ver casado a su hijo con una italiana, y segundo porque aún estaba muy joven, aún así había accedido a llevar a cabo la fiesta, todo para consentir al joven.
-Lo sé papá, dijiste que debía estar seguro, ya no lo estoy, no sé qué hacer… No estoy seguro de formar una familia aún y por sobre todo… No estoy seguro de estar enamorado – El rubio tomó asiento frente al escritorio del otro hombre, sus manos ahora paseaban por su cabeza, despeinándolo aún más, y su camisa medio abierta le daba un toque aún más desaliñado. Tragó saliva y una gota de sudor terminó por caer de su barbilla.
-La fiesta irá sí o sí, Alfred, no me daré el gusto de cancelarla, mañana irás y pondrás tu mejor sonrisa, luego de ello, inventaremos algo que suene convincente para que todos se enteren de tu rompimiento con la chica- Ante aquellas palabras el rostro de Alfred se había iluminado en un gran "gracias papá", el hombre sin embargo alzó su mano, en gesto de que no era necesario decir nada – Solo vete, ahora debo atender otras cosas, y recuérdalo, esto es por tu felicidad, por nada más…
No dijo nada más, el joven ya estaba saliendo por la puerta con esa sonrisa de autosuficiencia que difícilmente se lograba borrar de su rostro, ahora lo único malo era terminar con la pobre de Anne, era hermosa, y de una buena familia pero, era solo eso, no era importante de y de hecho, en su vida nadie había llegado calar fondo, en su pecho había un vacío que difícilmente se podía llenar, y no tenía idea de porque, quizás ya estaba ocupado, o tal vez no… Se detuvo en medio de una de las grandes salas, apoyando la espalda contra la pared, su mano sobre su pecho, exactamente sobre su corazón. Cada vez que se cuestionaba que era lo que realmente quería una sola imagen se venía a su mente: Arthur. No, no lo quería a él en sí, estaba seguro que solo quería venganza, sí, venganza. Nadie podía hacerle ese tipo de cosas ¿no? El ahora era fuerte, e importante, alguien digno de envidias y admiraciones, pero ese idiota, ese inútil… aquel que le quitó la infancia seguía molestándole, como un mosquito revoloteando, un impedimento a su felicidad. Cerró los puños y cruzó el umbral de la puerta, camino a uno de sus tantos automóviles, y se subió en él camino a la casa de Anne, aún no iba a decirle acerca de su rompimiento, primero iba a darle una buena despedida, de esas que solo él sabía dar, porque nuevamente, al imaginarse el rostro de aquel inglés algo brotaba en él, una necesidad de desquite, y de posesión, algo que solo podía quitarse de encima con alguien más, sin importar quién.
Finalmente el día había llegado, y Arthur vestía un traje hecho perfectamente a su medida, con un corte italiano y de color gris oscuro, se hallaba en el asiento trasero de un automóvil junto a Francis, quien llevaba un traje café, y un sombrero del mismo color. Ambos iban impecables, claro, era una fiesta sumamente importante, o eso creyó el inglés al notar que se detenían ante una impotente mansión, demasiado grande para su gusto y llena de gente, todas muy bien vestidas, se paseaban incluso por el patio que estaba hermosamente decorado con flores y luces, el lugar estaba iluminado por completo a pesar que ya era de noche, eso le dio al asunto un toque aún más glamoroso.
-No sé qué hacemos aquí Francis, no sé qué debo hacer no debiste traerme – Murmuraba intranquilo Arthur, mientras ingresaba al lugar a un lado del francés, quien sonreía alegremente –Encima… ¿Dónde están Antonio y Gilbert? Prometiste que vendrían, así pudiese apoyarme en ellos…
-Ya te enseñé todo lo que debías saber Arthur tranquilo, ya quedamos en qué dirías si preguntan de dónde vienes y para qué, tómatelo con calma, hay tanta gente que pasarás desapercibido tranquilamente, sobre todo si es eso lo que deseas –Ambos se detuvieron, justo frente a ello estaban Toni y Gilbo, ambos haciéndoles una seña con la mano.
-Ya era hora par de señoritas, la fiesta empezó hace un buen rato –Escupió con sorna el albino, alzando la barbilla para darse un gesto de superioridad.
-Jajaja, yo por mi parte ya quería ir a ver si hay buena comida, si me disculpan… ¡Uh, miren eso! ¡Luce como un pastel gigante! –Antonio, tal como un niño pequeño lo haría, comenzó a correr hacia una mesa que había en medio del patio, lleno de toda clase de postres y pasteles. En el camino chocó con una que otra persona, y justo junto al pastel se hallaban dos jóvenes, muy similares entre sí, aunque uno de ellos tenía cara de pocos amigos, mientras el otro sonreía como un soberano idiota.
-Oye pedazo de imbécil fíjate por dónde vas – Exclamó molesto uno de los jóvenes, precisamente aquel del rostro apático, mientras el otro a su lado hacia una mueca de susto.
-Hermanito… No te enojes, solo fue un tropezón… -Habló tembloroso el otro chico, tomándole un brazo a su hermano.
-Ah Feliciano, si que eres un cobarde, yo no le tengo miedo a nadie, menos a este cara de tonto –Atacó nuevamente, apuntando con el dedo a Antonio. Entonces el aludido sonrió, y se quedó por un instante mirando algo que le llamaba la atención… Un riso de cabello que sobresalía de la cabeza de ambos hermanos, y con la sonrisa aún en la cara alargó su mano tocando el rizo de aquel que se hallaba en pose retadora.
-Oh… eres adorable, dime cómo te llamas – Antonio hablaba tranquilo, y con un sonrojo en el rostro mientras acariciaba aquel llamativo rizo, mientras el otro temblaba sin poder moverse, con la cara roja por completo, y casi comenzando a lagrimear.
-Lo-lovino Vargas, y por favor… s-sueltame… Basta ya…. ¡QUÉ TE DETENGAS HE DICHO! – El grito resonó por todo el patio, y a lo lejos, Francis, Arthur y Gilbert reían a carcajadas.
-Al menos la está pasando bien – Dijo el francés entre risas, parando luego cuando notó que la gente de afuera estaba entrando a la mansión – Creo que ya anunciarán el compromiso, venga, vamos –Animó Francis comenzando a andar, seguido del resto.
La casa por dentro era prácticamente un lujo, de esos que Arthur solo podía imaginar, o leer en libros, nada que hubiese pensado visitar alguna vez, lámparas de vidrio enormes colgaban del techo iluminando más que el mismo sol, el piso de mármol brillante, blanco, pulcro, los muebles eran hermosos y finos, casi todo era de cristal o plata, lo que hacía ver el lugar aún más brillante. Miró hacia el frente y toda la gente se estaba reuniendo ante una escalera de mármol blanco, y divisó a lo lejos a tres personas paradas allí, dos figuras esbeltas, un hombre y una mujer y a su lado alguien que lucía más adulto, otro hombre.
Se detuvieron, y un poco enceguecido por las luces del techo, el inglés entrecerró los ojos, focalizando las figuras que estaban captando la atención. Y en ese instante, en ese preciso instante su corazón se detuvo, o por lo menos esa fue su sensación. Allí, de pie… No, no podía ser alguien más ¿podría alguien más poseer aquellos hermosos ojos azules? ¿Esa presencia tan llena de vitalidad? Habían pasado siete años, pero no cambiarían esa aura que rodeaba a su querido, a su amado Alfred.
-Alfred… -Susurró con los ojos al borde de las lágrimas, feliz o triste, fuese lo que fuese, un pensamiento llegó a su mente. Era él quien se iba a casar, no podía comprender nada ¿Alfred el hijo del peor enemigo de Francis? Pero eso ya ni le importa… Por alguna razón estaba sintiendo que lo perdía por segunda vez, incluso antes de tener la oportunidad de recuperarlo.
-Bueno, bueno… Ya que por fin todos se encuentran aquí, junto a nosotros. Me parece que ya saben todos la razón de tanta celebración –La voz de Morello acalló a la multitud susurrante – Aquí, frente a ustedes se encuentra mi mayor orgullo, alguien que si bien no es mi sangre, es mi hijo, es quién he criado con orgullo y que el día de hoy frente a todos les dará un aviso con motivo de aún más celebración… Alfred, por favor.
-Gracias papá – Ahora se hizo notar la voz del menor, lo que hizo estremecer a Arthur, provocándole un temblor en las piernas – Ya todos me conocen a mí, y algunos a mi querida Anne, el día de hoy quiero darles a todos la noticia… Hace unas semanas hice aquella pregunta que toda mujer enamorada desea oír, y yo… recibí la respuesta que un hombre enamorado necesita oír… Me casaré –Dicho esto, Alfred alzó su copa- Me casaré con una mujer maravillosa y estoy feliz por ello, por eso quise compartir esta alegría… sin más que decir, sigan celebrando y ¡salud!
Arthur tuvo que sujetarse del hombro de Francis, quién alarmado volteó a verle. Sentía que iba a caer en cualquier momento. Bendita fuese su suerte, la brecha que le separaba de Alfred siempre había sido tan ancha, estaba tan grande, tan hermoso… tan lejano.
-¿Arthur? ¿Qué pasa? –Francis le sujetaba por la cintura, evitando que se desplomase en cualquier momento.
-Es Alfred… Mi Alfred… -Balbuceaba el menor, luchando por mantenerse consciente, ante la mirada atónita del francés. Cuando ya se sintió con fuerzas, logró soltarse del mayor, poniéndose una mano sobre el pecho –Necesito aire, y… estar solo, lo siento.
Caminaba con rapidez, esquivando a quien pudiese, provocando las miradas de algunos y de alguien por sobre todos, alguien que justo estaba hablando, apoyado contra la puerta que daba al patio y sonreía con una copa en mano, Alfred. Arthur miraba pero realmente no veía, un solo objetivo había en su cabeza, y era salir del lugar y el rostro del menor se alzó en ese instante fijándose en quién venía caminando de manera imponente, su rostro… algo había en su rostro… Algo que reconocía pero no quería asimilar. Ojos verdes, cabello rubio, cejas vistosas.
-Arthur… -Gruñó, su mirada se endureció y en completo silencio le vio atravesar la puerta, siguiendo al inglés, dejando tras de sí al grupo con el que estaba hablando con una mirada atónita.
Gracias por leer! El asunto se acaba de poner buenisimo! O: así que les recomiendo seguir leyendo, y por lo menos mandarme un review ;x; les agradecería un: "SIGUE!" de verdad!
Bueno, aprovechar de agradecer los otros reviews, creo que a partir del prox capitulo comenzaré a responder algunos *-* por cierto, esto está escrito en tiempo real asi que si quieren algunas parejas en especifico solo tienen que pedirlas!
Y bueno bueno, antes de despedirme... ¿qué creen que pasará, eh? Definitivamente el encuentro se puso feo, asi que preparen sus corazones para que sean destrozados. ;O;
Besos, Arrghh!! :D
