Capítulo 3
Chantaje
¡Hola! Antes de cualquier mal entendido aclaro que la historia de "Rosco" un perro acá representado fue subida primeramente el 30 de Enero del 2017; hago la salvedad del caso porque no quiero mal interpretaciones y mucho menos dañar mi imagen ante ustedes- quienes me han brindado su apoyo en todo momento- además el can de mi historia no cumple un rol importante solo es mencionado porque fue un regalo de Mirai para Shikamaru. (Si no me creen lean el capítulo 2). Además jamás plagiaria el trabajo de otro escritor a sabiendas de las extensas horas de escribir, añadir, eliminar partes que esto conlleva; menos aun de alguien a quien admiro. ¡Gracias! Por su comprensión.
-¿Se lo habrá practicado?- canalizaba mentalmente la incógnita. – mientras en lapsos cortos echaba un vistazo hacia el área de juegos.
-¡Ojisan!- me gritaba una pequeña pelinegra y de ojos tan profundamente castaños que dependiendo del reflejo de la luz asimilaban al carmesí.
-¡OJISAAAAN!- gritó en desespero sacándome de mis pensamientos.
-¡Oe! Pequeñuela, que me has reventado el tímpano.- le dije haciendo un muy falso rostro de malhumorado.
-¡Toy abulida!- me dijo Mirai.
-¿Ya no quieres jugar más en los columpios?
-ella negó con su cabeza
-¿Segura?
-¡Sí!, ¡que lo vel a mi mami!
-¡Bien! – Ven acá para irnos- venía dando saltitos hacia mí al estilo Heidi.- cuando…
-¡Mila!, Tío Shika-kun- ¡un gatito!
-¡Oh no!... ese… ¡Shika-kun!- es una señal inequívoca de que algo se trae entre manos; algo que probablemente no será de mi agrado.
-¡Gatito!... ¡pis!, ¡pis!, ¡pis!- adoraba ver a mi ahijada tratando de hacer la onomatopeya para llamar al felino pero… la combinación Mirai + animales = "Shikamaru hazte cargo del paquete".
-Aupó al gatito delicadamente entre sus bracitos y dijo: "Sela el nuevo amiguito de Yosco".
-No creo que Rosco quiera de "amiguito" a un gato – y yo menos- no es que no me gusten los animales pero paso muy poco tiempo en mi apartamento como para dedicarme de lleno a ello.
-¡Él no pelo yo sí!
-Me lo imaginaba… ¡Elvira! (1) -O… O… ¡Oe! Que mi casa no es un zoológico.
-¡Pol fis!- Shikakun -Y como negarse ante esa mirada de cachorro.- ¡Mendokusai!... Mujer has de ser para ser tan problemática y manipuladora.- ¡Está bien!… trae al gato contigo.
-¿Me levas alzaba?, ¡Pol favol!- ¡maldición!, ella sabe que es mi punto débil – uno… dos… tres… ¡arriba, princesa! – Coloqué a Mirai en mis hombros y con la mano izquierda a mi nueva mascota-¡Listo!, ¡Andando!
-¡a!, ¡Hey!
-¡Genial! Que bajo he caído de médico a jumento (2) es mucha la diferencia.
-Llegué al estacionamiento, abrí la puerta trasera para sentar a Mirai en la silla de niños.
-¡ Shika-kun! -
-¡hmmm!
-¿Me complas un helado?
-¡Mendokusai!- ahora es mi billetera la que corre peligro- ¿De chocolate?
-¡Sí!... ¡De cocholate!
Lleve a la niña de mis ojos a su casa- su madre nos esperaba en el umbral de la puerta-
-¿Y eso?- exclamó con extrañeza, Kurenai.
-Un gatito pelo Shiakamalu no lo quiele. -¿Podemos dejálnoslo, mamá?
-¡Shikamalu!...cuando Mirai no me llama "oji-san" o "Tío Shika-kun" – era sinónimo de enojo- le rogué a Kurenai con mi mirada para que se lo dejase; cosa que capto a la brevedad.
-¡Sí!, cariño- el gatito puede quedarse acá porque en el condominio solo permiten mascotas pequeñas.
-¡Yei!- dijo Mirai aplaudiendo.
-¡Gracias! Moví mi boca gesticulando la palabra para que Mirai no se diera cuenta
-Kurenai, asintió
-Me despedí de ambas, para irme directamente a mi apartamento –Rosco salió a mi bienvenida- Le debes seguir siendo el mimado de esta casa a Kurenai- le dije acariciando su cabeza. Rápidamente, me preparé un emparedado y como habitualmente sorbí un poco de jugo de Naranja desde el cartón; procedí a bañarme, cambiarme de muda y salir disparado al consultorio.
Tomé el elevador para llegar al piso donde estaba mi consultorio, entré y sin detenerme saludé a mi recepcionista, la cual se levantó de su silla bordeando el escritorio para corretear hacia mí.
-¡Buen día, Señor Nara!-La Sra. Kimura aguarda por usted desde hace diez minutos.
-¡Demonios!, lo había olvidado- ¡Bien! No la haré esperar más- y con ello me adentré a mi cubículo.
- Pero Sr. Nara, también le ha llegado una notificación del juz…
─ Luego hablamos de eso, ahora si me permites tengo una paciente que atender; interrumpí a mi secretaría y cerré la puerta. Saludé con el debido decoro a mi paciente, ofreciéndole mil disculpas, disponiéndome hacerle sus respectivos chequeos.
Mientras hacía las preguntas de rigor, mis pensamientos estaban en otra parte, se centraban en aquella problemática peli rubia. ─ ¡El Shinigami de ojos verdes!─ afirmé mentalmente.
¡Quince días!... dos semanas sin saber absolutamente nada de la diosa del caos. Sé que lo que hice para provocar un encuentro con ella no es lo más ético ni sensato, incluso pueda que con ello me odie para el resto de su vida, pero debía hacer algo. Cualquier cosa. Incluso eso.
─ Sra. Kimura, necesito que tome posición en la camilla y coloque sus piernas en los descansa pies. Proseguí en mi labor de examinar a mi paciente, acerqué los respectivos utensilios, jalé el taburete para sentarme, me coloqué en medio de las piernas de la mujer, mi rostro enfrente de toda su femineidad; con mis manos cubiertas por los guantes quirúrgicos, palpé toda el área vaginal externa para evaluar posibles alteraciones.
─ ¡Bien ahora voy a insertar el espéculo! ─ le informé a mi paciente. Necesito que dé un pequeño pujo (para ayudar a adentrarse el espéculo y colocarlo en posición horizontal) ─ ¡Perfecto!, tomaré una pequeña muestra del cérvix. ─ Volví a indicar.
Sacaba el hisopo con la muestra cuando percibí un tremendo barullo proveniente de la sala de espera.
Escuché como el escándalo exterior se hacía más fuerte, como si viniera hacia… ¿mí?
─ Señorita por favor no puede entrar sin permiso y menos en ese estado.
─ ¡Suélteme!
El ruido cada vez se acercaba más y más, hasta que la puerta del consultorio se abrió de sopetón…
─ ¿Tú? ─ me señalaba con mirada desafiante una muy enojada rubia.
─ ¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaa! El grito de vergüenza y bochorno de mi paciente no se hizo esperar.
Giré mi cabeza para encontrarme a mi secretaria haciendo de referee ante una iracunda dama.
─ ¿Qué es todo este escándalo?─ exclamé.
─ ¿Qué?, que ¿Qué es todo este escándalo?... ¿Todavía tienes el descaro de preguntar?
Frente a mí estaba aquella mujer que tanto anhelaba volver a ver…
─ Si tan solo alguien se dignara a explicarme que está sucediendo, por si no lo notan estoy en medio de una consulta. ─ dije.
─ ¡Me importa un bledo! ─ replicó la rubia.
─ ¡Gomen ne, Sr. Nara!, he tratado de persuadir a la señorita pero he fallado.
Mi muy abochornada paciente se levantó despavorida y tiró tras de sí la puerta del tocador.
─ ¡Mendōksai!, ¿Te has dado cuenta de lo que has hecho?
─ ¿Qué yo hice?, ¿No será más bien lo que tu provocaste?
─ ¡No es el momento ni el lugar para discutir!
─ ¡Habla por ti, a mí me vale madre!
─ (Rasqué mi nuca) Por favor Srta. Sabaku no, espéreme en recepción. Hablaremos luego, ¿Sí?
─ ¡Pues claro que no!, usted me va escuchar "disque" Dr. Nara. ─ haciendo comillas con los dedos.
─ ¡Por favor Señorita!─ interfirió Akane ─el Dr. Nara se encuentra en medio de una consulta. Acompáñeme afuera y él pronto la atenderá.
─ No saldré de acá hasta que el señor aquí presente me explique, ¿Qué significa esto? ─ arrojándome al pecho un papel.
─ Le imploro que por favor controle su humor y me espere afuera─ repliqué.
─ ¡Por favor Srta. Sabaku no!, El Dr. Nara la atenderá apenas se desocupe. ─ suplicó mi recepcionista.
─ ¡De acuerdo!, ¡Pero me va a oír Dr. Nara!, ¿Nos entendemos?
─ ¡Solo tranquilícese!...
─ ¡Lo espero afuera!... "Doctorcillo"─ dijo la blonda despectivamente.
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Después de suplicar y pedir mil perdones, la Sra. Kimura desistió de elevar la queja ante el ente disciplinario del Colegio de Médicos. ─ Nada que la consulta ginecológica gratuita por un año no pudiera solucionar─ pensé.
Salí de mi despacho para enfrentarme a aquella fierecilla. En el sillón a mi diestra se situaba la histérica mujer, mirándome con odio y respirando agitadamente.
─ ¡Disculpe Dr. Nara! ─ intervino Akane. ─le dije a la señorita que usted se encontraba ocupado y que no podía atenderla… intenté que no ingresara pero me fue imposible detenerla.
─ ¡No se preocupe Sra. Hitama!─ ¡Sta. Sabaku no, por favor pase a mi despacho!
La altiva joven se levantó, acomodó una arruga inexistente de su falda y caminó hacia mí.
─ ¡Sra. Hitama!
─ ¿Dígame Dr. Nara?
─ Por favor mientras esté reunido con la señorita, no me pase llamadas y que nadie me moleste.
─ ¡Entendido Doctor!
Cerré con doble paso.
─ ¿Y bien?, ¿Se puede saber que vientos la traen por estos rumbos? ─ tirando por la borda las normas éticas.
─ ¿Se puede saber que carajos le pasa Sr. Nara?
─ ¿A mí?─ dije señalándome a mí mismo y con cara de ofendido.
─ ¡No veo a nadie más acá!
─ Mire señorita, tendrá que explicarme todo este revolú antes de que llame a la policía o al departamento de psiquiatría para que vengan a recogerla, porque no tengo ni idea de lo que me habla.
─ ¿Leyó el papel que le entregué?
─ Dirá más bien que me tiró casi a la cara
─ ¡Como sea!, ¿Lo leyó o no?
─ ¡No!, No lo he hecho. ¿Me permites unos minutos para leerla?
Abrió su cara pero al instante se arrepintió de lo que iba decir y solo asintió con su cabeza.
Hice la pantomima de estar leyendo la carta.
─ ¡Ah!, ¡Con que de eso trata!
─ ¿Le parece poco?
─ ¡En absoluto!, Solo estoy cobrando lo que se me debe.
─ ¿Qué dijo?
─ ¿No trate de hacerse la desentendida conmigo señorita?, me debe la consulta, los medicamentos que le suministré y el examen de sangre.
─ ¿Pero que me está cobrando?, ¿Hasta el nacimiento de un nonato?
─ No entiendo a qué se refiere
─ A que me está cobrando algo que yo no pedí. Le recuerdo que fue usted el que me sugirió hacerme una prueba de embarazo.
─ ¡Exacto!, Le propuse hacérsela, usted aceptó y esa es su cuenta por pagar.
─ ¡Sin vergüenza!
─ Agradezca que no le cobro intereses.
─ ¿Eh?, ¿Pero usted cobra como oro en polvo?
─ Es lo que cobra un profesional de renombre.
─ ¿Sabe qué?, Puede ir dándose una idea por donde se puede ir metiendo su renombre.
Me quedé estupefacto. No me esperaba una respuesta tan soez.
─ Le pagaré hasta el último centavo así demore toda la vida. ─ añadió, con la misma se levantó haciendo un aspaviento, pasando casi sobre mí y tironeando la puerta para salir.
Fui tras ella pero era tan rápida como una gacela. La perseguí por el pasillo pero el Shinigami de ojos verdes aceleró el paso ─ ¡Mendōksai!, está problemática mujer debería competir en los tres mil metros planos.
─ ¡Oe!, ¡Espera! ─ grité sin importar el espectáculo que estaba montando.
Giró su cabeza para mirarme de reojo, adentrándose al ascensor, sus ojos destilaban odio puro y unas cristalinas lágrimas se asomaban.
─ ¿QUÉ?, ¿Quiere humillarme más echándome en cara su título?─ aulló en cólera.
─ ¡Mendōksai!, ¡El tiro me salió por la culata!. Era mi turno de ser grosero… ¡La había cagado olímpicamente!─ No se vaya antes de aclararle todo podemos llegar a un acuerdo.
─ Ya le dije seudo obstetra. Pagaré mi deuda así tenga que vender un riñón en el mercado negro.
Las puertas del ascensor se cerraron, traté de impedirlo pero fue demasiado tarde, coloqué mi frente sobre y tomé carrera abajo por las escaleras para alcanzarla.
No lo pensé, solo actué creo que más que correr me saltaba los escalones. El maldito ascensor no se detuvo en ningún piso, llegó a la planta baja unos segundos antes que yo, vi como la rubia salía de él.
Logré alcanzarla, tomándola por el codo antes de subirse a un taxi.
─ ¡Suélteme!, me dijo dándome mil manotazos para zafarse.
─ ¡Necesita calmarse!. Por usted, por el bebé.
─ ¡Perdón por interrumpir la discusión marital!, pero el taxímetro está en curso, ¿Requiere de mi servicio? ─interrumpió el chofer del taxi.
─ ¡Sí!
─ ¡No!
─ A la calle 12 y suroeste. Acotó Temari.
─ Permíteme disculparme, hay un malentendido entre nosotros.
─ ¡No las quiero!
─ Dame una oportunidad de explicarte, cerca de aquí hay una cafetería. Allí podremos hablar más a gusto.
─ ¿Qué hago?, Llevo a la dama a esa dirección o ¿no?─ volvió a interrogar el taxista.
─ ¡Se queda!
─ ¡Me voy!
─ ¡Tenga!, ¡Guarde el cambio!
Tarde más en darle el billete de cien yenes al hombre, que él en pisar el acelerador del auto y marcharse.
─ Pero hoy es día de todos contra Temari o ¿qué?... refunfuñó entre dientes la rubia.
─ ¿Me acompañarás al café?, ¡Por favor!
─ ¿Seguirás comportándote como un idiota?
─ Si me comporto como tal, te doy permiso de arrojarme a la cabeza lo primero que encuentres.
─ Te tomo la palabra.
─ ¡Hecho!
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Ya en la cafetería le imploré para que ingiriera algo de comer, la noté un tanto pálida y eso en su estado podría ser contraproducente para el bebé.
─ ¡Oye!, Lo siento me extralimité contigo. ─ le dije.
─ ¡Lo que hiciste es deshonesto!
─ ¡No quiero tu dinero!
─ ¿Ahora no lo quiere?, ¿Qué te fumaste?, Primero me atosigas casi al punto de un cobro judicial para cancelar la cuenta de la maldita consulta y resulta que el niñito mimado ya no lo quiere. ¡Pues te jodes!... porque te pagaré hasta la mota de algodón que utilizaste.
─ ¿Puedes cancelarla trabajando como mi asistente?─ le sugerí.
─ ¿Y estar viendo vaginas todo el santo día?… ¡Paso!
─ ¿Tiene algo en contra de su mismo género?
─ ¡No!
─ ¿Entonces?
─ Con costos y me veo la mía. ─ murmuró más para sí misma y sonrojada.
Abrí los ojos desmesuradamente al escuchar tal confesión. ─ ¿Qué le parece trabajar desde mi apartamento?
─ ¿Otra vez con proposiciones indecorosas?
─ Hará de mi recepcionista personal, organizará mi agenda de conferencias ginecológicas, mis charlas universitarias, entre otras cosas.
─ ¡Ya tiene una!
─ La Sra. Hitama es la recepcionista de mi consultorio, no personal.
─ ¡No sé nada de secretariado!
─ ¿Qué estudia?
─ ¿Qué le importa?
─ ¡Qué culta!
─ Me importa poco su opinión.
Hubo un minuto de silencio.
─ ¿Cómo vas con los achaques?─ cambié el rumbo de la conversación.
─ ¡No los he sufrido aun!, Parece que bebé quiere comportarse bien conmigo.
─ ¿Lo tendrás?
─ ¡Obviamente sí!
─ ¡Me alegra escuchar eso!
Ella solo asintió cabizbaja.
─ ¡Debo irme!, acá está el dinero de mi café y el tostel.
─ ¡Yo invito!
─ De ninguna manera Dr. Nara.
─ ¡Shikamaru!
─ ¿?
─ Habíamos quedado en llamarnos por nuestros nombres de pila. ¿Lo recuerdas?
─ ¡No viene al caso!─ el sonido de entrada de mensaje repiqueteó en su móvil.
─ ¿Al menos puedo llevarte a casa?─ le pregunté.
─ ¡No!, ¡Nara!, ¡Dr. Nara!, ¡Shikamaru!, Como diantres te llames. ¡No! ─ se fue de la cafetería tan rápido como la brisa mañanera.
Esta vez no la seguí… ¡Huía de algo!, ¡de alguien!, Tal vez de… ¿mí?
Lo que ella no sabía y espero que viva en ese mundo de ignorancia por siempre o yo acabaría prontamente dentro de un ataúd, es que mi fallido plan era chantajearla con la deuda, ella al verse presionada por pagar, aceptaría trabajar a mi lado así podría saber más sobre su vida, el paradero del padre de la criatura… ¿Todavía estará con él?
Pero ya ven… la vida me lanzó una bola curva y nada salió como lo planeé. No anticipé que la chica aparte de brabucona, es orgullosa.
¡Debía planear otra estrategia cuanto antes!
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Los siguientes tres días fueron una tortura, hice autoboicot con la idea de ir hasta su casa y pedirle mil perdones. No lograba encontrarle razón a que esté tan atraído de esa mujer, una mujer que está embarazada de otro hombre.
-Sentía las llamas del infierno bordearme a cada paso; pero no tenía escapatoria. Mi nueva y aun más brutal estrategia estaba en marcha desde aquella vez que vi a la problemática en la cafetería.
Era Martes por la noche, mi última consulta acabó hace treinta minutos. Caminaba hacia el parqueo bajo techo dirigiéndome a mi coche mientras me fumaba un cigarrillo, saqué las llaves de este para desactivar la alarma. El cigarrillo se desprendió de mi boca cuando quedé boquiabierto.
Los neumáticos estaban estallados, dos halógenos quebrados y a lo largo del parabrisas estaba escrito con lápiz labial color carmesí la palabra "MALDITO."
No daba cabida a lo que mis ojos estaban viendo...
-¿Le gusta el recuerdito Dr. Nara?
-¿Estas demente, mujer?, ¿Qué demonios sucede contigo?
- ¡Menudo caradura resultaste!
- ¿De qué hablas?
- De que llevo tres días tratando buscando una cita con un obstetra y ninguno quiere atenderme.
- De seguro corrió tu fama de loca por todas clínicas médicas y por eso te niegan la entrada.
- ¡Pues fíjate que en eso te equivocas!
- ¿En serio?
- ¡Aja!
- En todo caso que tiene que ver el que no logres una cita en obstetricia con venir desmantelar me el auto. Si necesitas hacer catarsis, ve y hazlo con tus propias cosas o de las de quién sea, no con las mías.
- ¡Resulta que tu eres el autor intelectual!
- ¿Yo?
- ¡No te hagas el yo no fui! Me negarás que has llamado a tus colegas para pedirles que no me atiendan.
- ¡Ahhhhh es eso!... ¡Pues a uno que otro creo que le comenté!
-¿Por qué me hace esto?, ¿Qué te he hecho?
Sentí mi corazón hacerse añicos al ver como la dama enfrente de mi lloraba sin cesar. ¡Mierda, ¡mierda!, ¡mierda!. Mi padre siempre me lo ha dicho: "A una mujer nunca se le hace llorar", y menos una en gestación cuyas hormonas andan alocadas y las sensibiliza al máximo.
-¡Vamos mujer!, ¡No llores!, ¡Tú no!. Lo que pasa es que no quiero que nadie más lleve el proceso de tu embarazo. - Bien ya está he soltado toda la sopa, me dije mentalmente.
Ella me miró fijamente a la cara, llevé mis pulgares a sus mejillas para enjuagar sus lágrimas. ¡Wow!, ¡Tienes unos ojos increíblemente hermosos!. - le susurré.
- ¡Gracias!, me contestó apartándose de mí sonrojada. -No me cambie el tema... ¿Por qué quiere llevar mi ficha médica?, ¿Qué saca de todos esto?, Ya le dije que en cuanto tenga algo de dinero le pagaré. Es más, ¡Tenga! un abono. - Arrojándome unos billetes, los cuales cayeron al suelo.
- Y yo te dije que no quiero tu dinero.
- ¡No lo quiero de regreso!
-¡Bien!, lo donaré a la caridad.
- Haga con él lo que le plazca. A Sabaku no Temari no se le humilla... ¡Grávese eso!
- Y a Nara Shikamaru se le respeta.- espeté.
Nuestras miradas se cruzaban.
- Quiero llevar sus citas obstetras porque... ¡Por que sí!. Además, me gustaría que usted sea la portavoz de una fundación que ayuda a madres solteras.
La oji verde, permaneció en silencio un instante. - Sí lo que quería era hacerme esa proposición, nada le costaba preguntármelo.
- Contigo la sutileza es en vano.
- Nos hubiéramos ahorrado tantos contratiempos...
- Al menos yo tendría mi auto intacto.
-¡Correcto!, ¿También me cobraras el arreglo?
-¡Debería!, pero no. ¡Estamos a mano!
- ¡ Al menos eres honesto!
- Que dices mujer, ¿Aceptas?- le interrogué para saber su respuesta a mi proposición.
- ¡Lo pensaré! y de nuevo la vi marcharse...
¡Hey!, disculpen la tardanza pero las ideas para avanzar esta historia se fueron de parranda y hasta ahora han vuelto. XD
Quise hacer a Shikamaru un tanto vil, haciendo uso de algo tan bajo como el chantaje pero sin salirse con la suya porque… hasta un genio comete errores o ¿no?
Como siempre, les agradezco de ante mano sus reviews y su buena vibra, y para aquellos que leen mis relatos sin dejar un comentario; también les doy las gracias por ello.
(1) Elvira: Personaje animado de la Warner brothers, amante de las mascotas (pero ellos no de ella)
