¡Buenas! Perdón por la tardanza, pero exámenes y trabajos han sido los culpables de que no haya podido actualizar antes. Sin más, espero que os guste este capi (y que compense la espera :S)
Capítulo 3: La Jaula de Oro
Se detuvo frente a la puerta. Respiró hondo varias veces e intentó aclarar sus ideas. Quería respuestas concretas, y no se iría sin ellas. Llevó con decisión la mano hasta el picaporte, lo presionó y se aventuró al interior de la estancia. No le llevó mucho encontrar al moreno, y cuando lo hizo se quedó estático.
Itachi estaba sentado en uno de los sofás, con las manos unidas sobre sus piernas y la mirada gacha. Cuando escuchó el ruido de la puerta se levantó con rapidez. Enfocó con sus ojos hacia el rubio y se quedó extrañado, aunque no lo mostró en su rostro. En ese sitio había hombres que habían repetido varias noches con el mismo cliente, pero nunca había sido su caso. El único que había abusado de él cuantas veces había querido era su jefe, pero nunca un cliente. Se repuso rápidamente de sus pensamientos y avanzó una pierna con la intención de acercarse al rubio.
- Buenas no… -se detuvo a mitad de la frase al ver que el otro retrocedía, pegándose a la puerta.
Deidara también le miró sorprendido. Su cuerpo reaccionó solo al ver el avance del muchacho. ¿Acaso le tenía miedo? No, no era eso. Pero no le quedaba más remedio que reconocer que le asustaba la influencia que el Uchiha pudiese ejercer sobre él. Si no, ¿cómo se explicaba que no recordase nada? Avergonzado, se separó de la puerta.
- Yo… quiero decir tú… -¿por qué titubeaba ahora? Le miró con decisión- ¿Qué ocurrió el otro día? –Lo mejor era ser directo.
Itachi no comprendía lo que le pasaba al chico, pero podía hacerse una idea; y su instinto y la experiencia le decían que si el cliente pedía algo, lo mejor era complacerle de inmediato. Automáticamente comenzó a hablar.
- Cuando llegué nos presentamos, y después le ofrecí algo de bebida. Usted me pidió una cerveza y yo se la di –lo explicaba sin ninguna emoción en el tono- Nos sentamos en el sofá y charlamos. Pasado un rato dijo que sentía mucho calor, así que le alivié.
- ¿Cómo… que me aliviaste? – sus palabras habían salido entrecortadas, con temor.
- Estaba excitado –explicó sin rodeos- Por eso le alivié. Ese es mi trabajo.
- Entonces el condón –se llevó una mano a la frente y comenzó a sobársela- Fui yo quien te… -se tapó los ojos con la mano y musitó- Joder.
- Usted no hizo nada.
Deidara levantó el rostro como si estuviese impulsado por un resorte. Le miró con una mezcla de odio e incredulidad. ¿Acaso intentaba quitarle hierro al asunto? Lo que había hecho era despreciable… y para colmo de males con otro hombre. Sus manos cobraron vida y empezó a agitarlas mientras su voz salía más fuerte que antes.
- ¿Qué no hice nada? ¡Por el amor de Dios! ¡Te violé! ¿Lo entiendes? –estaba dejando que la ira le dominase, y no le molestaba. Al contrario, le hacía sentirse mejor desahogarse en voz alta- Y lo peor es que ni siquiera lo recuerdo. ¡Ni siquiera sé qué es lo que te hice, maldita sea!
- Le repito que no hizo nada –la voz calmada del moreno le estaba sacando de quicio. Deidara se estaba preparando para dejar salir una nueva sarta de réplicas, pero Itachi se le adelantó- Yo sólo he dicho la verdad. Estaba excitado y yo le bajé el calentón –tal vez así le entendiese- Le masturbé –puntualizó.
El ojiazul abrió la boca para replicar, pero tuvo que cerrarla. No sabía qué decir. ¿Sólo había sido eso? No tenía sentido.
- ¿Y cómo explicas lo del condón? –preguntó por fin, ya más calmado.
- Nuestros clientes siempre usan condón cuando están con nosotros. Es la única protección que tenemos para no coger ninguna enfermedad de transmisión sexual. Además, a ustedes no parece importarles ese pequeño detalle.
Deidara se quedó mirándole en silencio. Un silencio que Itachi no quiso romper. Sólo había sido un… ni siquiera sabía cómo llamarlo. ¿Un polvo rápido con la mano? No podía ser tan sencillo como eso, no era posible… Estaba siendo demasiado confiado al creerle, pero era su forma de ser. Nunca había desconfiado de nadie, y ya era tarde para cambiar sus hábitos. Aún así preguntó por última vez.
- ¿Me has mentido? –su voz era apenas un murmullo.
El ojinegro negó con la cabeza.
- Es la verdad.
De pronto toda la tensión abandonó su cuerpo. Sintió cómo la molesta presión de su cabeza le abandonaba y las piernas le flaquearon. Se acercó lentamente al sofá y se sentó en uno de los extremos. Apoyó la cabeza entre sus manos, mientras sus codos descansaban sobre sus rodillas. Vio cómo la sombra del moreno se acercaba a él, pero éste se colocó en el otro extremo, a una distancia prudencial. También se sentó.
- ¿Está bien? –le preguntó.
- Sí, es sólo… -levantó la cabeza para mirarle- Dame un minuto, ¿vale?
El moreno asintió en silencio y esperó. Deidara cerró los ojos y tomó aire. Era increíble lo bien que se sentía ahora. Se giró en el asiento, dejando la espalda semiapoyada sobre el reposabrazos, y subió una pierna sobre el sofá, doblándola. Así le sería más fácil encarar a Itachi.
- Gracias.
- No hay de qué –se quedó en silencio a la espera de que el rubio siguiese hablando, pero no fue así. Deidara se limitó a observarle con su cristalina mirada, pero no abrió la boca. Sería él quien tuviese que aceptarlo, entonces- Supongo que por eso ha venido esta noche, ¿no?
- Así es –reconoció avergonzado el rubio- Pero no me trates de usted. Ya te lo dije el otro día. Me hace sentir demasiado mayor.
- Está bien –miró pensativo sus manos antes de encarar de nuevo al cliente- Entonces, ¿deseas que lo hagamos aquí? ¿O prefieres que vayamos a la habitación?
- No te entiendo –dijo con el ceño fruncido.
- Me acabas de decir que por eso es por lo que has venido, ¿no? Por lo de la otra vez.
- Sí –afirmó de nuevo el rubio.
- Por eso. ¿Dónde prefieres que lo hagamos? ¿Aquí o en la habitación?
Deidara comprendió a lo que se refería y se alteró de inmediato.
- ¡No quiero hacer nada contigo! Es decir, no quiero decir que seas feo ni que no seas bueno haciendo eso, pero –Itachi enarcó una ceja. El rubio suspiró abatido- Lo que quiero decir es que he pasado las dos peores semanas de mi vida pensando en lo que podría haberte hecho o viceversa. Y ahora que por fin sé que no ocurrió nada… malo, por así decirlo, no pienso estropearlo –se explicó- Además de que no tengo ningún motivo para hacerlo. No te ofendas –le miró sinceramente- pero no me van los hombres, no es mi estilo.
- Entonces… ¿por qué viniste aquí? –no quería ser maleducado, pero quería saberlo por curiosidad.
- ¿Te refieres a la primera vez? –Itachi asintió- Sinceramente, no lo sé –reconoció- Desde fuera me pareció un lugar distinto, pero nunca pensé… -miró seriamente al otro- Todo lo que has dicho, cómo hablas de mí, de los clientes. Entonces es cierto, ¿no? Lo que es este lugar.
- Sí –afirmó devolviéndole la mirada a su acompañante- Esto es un burdel de hombres, por definirlo de una manera suave.
- Pero tú tendrás una casa a la que volver, familia… -se paró al ver que Itachi negaba con la cabeza.
- Yo vivo aquí, no tengo adónde ir. Además de que no tengo familia.
- Pero entraste voluntariamente, ¿no?
- No.
Itachi observó cómo Deidara le miraba con ¿lástima? Odiaba ver compasión en los ojos de la gente, como si fuese alguien de quien sentir pena. Prefería mil veces que le hicieran perversidades a su cuerpo antes que sentirse tan vulnerable ante los ojos de os demás.
- No tienes por qué sentir lástima por mí –contraatacó con voz dura.
- Lo siento. Yo no… no pretendía hacerte sentir mal –cerró los ojos al tiempo que negaba con la cabeza- Está bien –abrió los ojos- Aún tenemos toda la noche por delante para hablar, así que no lo estropeemos, ¿vale? Empezaremos de nuevo, como si nada – sonrió y le tendió su mano- Me llamo Deidara.
Itachi se relajó. Creía que ese chico estaba loco, pero no podía negar que le hacía gracia su actitud infantil. Estiró el brazo y apretó la mano del otro.
- Itachi –se presentó.
/-/
Horas más tarde, en una habitación del piso de arriba…
La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas. "Debe de estar amaneciendo" pensó Suigetsu. Giró de lado y se encontró con una respiración que chocaba contra su rostro. Abrió los ojos molesto, y entonces lo vio.
Sasuke descansaba a su lado. En algún momento de la noche el cansancio debió vencerle, haciéndole caer dormido. Aún seguía con las manos atadas entre sí y a la cama, y la venda seguía cubriendo sus ojos. El peliblanco le miró y un sentimiento de culpa le invadió. Le había parecido cruel dejarle con los ojos tapados mientras tenía sexo con él, su primer polvo… Pero realmente no estaba seguro de si deseaba o no que el muchacho le viese la cara.
Se fijó en el rostro del moreno. Su piel pálida resaltaba con los cabellos oscuros que la enmarcaban. Sus pómulos eran simplemente perfectos, y sus labios entreabiertos eran una tentación. En cuanto a sus ojos… Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad resistió el deseo de destaparle los ojos para verlos. Quizá así fuese mejor.
Suigetsu giró sobre sí y quedó tendido boca arriba. Realmente le había gustado lo que había hecho la noche anterior. La manera en que el cuerpo del otro le había hecho delirar, deseando que no acabase nunca. Había sido increíble, y le encantaría repetir la experiencia. Ese chico era realmente bueno y sabía lo que se hacía. Se mordió el labio y, cerrando los ojos, se dispuso a dormir un poco más.
/-/
- Vaya, se ha hecho muy tarde –se sorprendió el rubio al mirar su reloj- Será mejor que me vaya.
Se puso en pie e Itachi le imitó. Cogió la cazadora que había dejado en el respaldo del sofá y se la puso. Cuando estaba en la puerta se giró, quedando frente al otro muchacho.
- Bueno pues, hasta aquí ha dado de sí la noche.
- Eso parece –coincidió Itachi.
- Espero que todo te vaya bien –una sonrisa formal acompañó sus palabras. Después de lo que había escuchado esa noche dudaba que eso ocurriese, pero no sabía qué otra cosa decir.
- Lo mismo te digo –su rostro no mostró sonrisa alguna, pero el brillo de sus ojos reflejaba gratitud.
Se quedaron unos instantes mirándose en silencio. Realmente no hacía falta decir nada más. En cuanto Deidara traspasase esa puerta volverían a convertirse en dos anónimos que se habían conocido por casualidad, y que nunca más se volverían a ver. Ambos eran conscientes de ello, pero no había motivos para alargar ese momento más de la cuenta. El rubio volvió a girar sobre sus pies y abrió la puerta. Estaba a punto de perderse tras la pared cuando se detuvo. Miró de reojo a Itachi y en voz baja susurró.
- Cuídate.
Desapareció por el pasillo, dejando al Uchiha allí. Ese muchacho era lo más extraño a lo que jamás se había tenido que enfrentar, pero había disfrutado de su compañía. Habían pasado toda la noche hablando, y aunque el sueño les había tentado en más de una ocasión, se habían mantenido despiertos por el simple hecho de conocerse algo mejor. Había sido una estupidez, francamente. Pero a Itachi le había gustado. Era la primera vez en mucho tiempo que volvían a tratarle como a una persona, y no como a un objeto sexual. Sonrió mientras esperaba a que alguien del edificio viniese a recogerle.
/-/
- Ibiki, me recibes –se escuchó a través del walkie-talkie.
El aludido lo cogió y se lo llevó a los labios.
- Sí. Dime –contestó.
- ¿Ya has recogido a Uchiha?
- Sí, Itachi está conmigo –confirmó echando una ojeada al muchacho que le acompañaba.
- Pásate también por la 32 y recoge al otro Uchiha. Creo que su acompañante ya se ha marchado, así que no habrá problema.
- Está bien –contestó.
Se colgó el aparato del pantalón y guió a Itachi hacia las escaleras posteriores, las que usaba el personal del edificio. Cuando llegaron a la habitación Ibiki hizo esperar fuera al joven y se metió él solo en la sala.
- ¿¡Pero qué coño..!? –salió del interior de la habitación.
Sin pensárselo dos veces Itachi entró veloz en la habitación, quedándose petrificado con lo que se encontró.
- Itachi, sal de aquí –le ordenó el hombre.
- ¿Itachi? –preguntó temeroso el menor.
Su hermano reaccionó y se acercó a toda prisa a la cama.
- Estoy aquí, Sasuke –le acarició el cabello- No te preocupes.
- Vete –le pidió- Márchate de aquí –sentía la mitad de su cuerpo desnudo, y no quería que su hermano le viese de esa manera.
- Joder –se quejó Ibiki, quien desde que había llegado estaba forcejeando con el nudo de la sábana para desatar al chico- Si que han apretado esto fuerte.
- Déjame intentarlo –pidió el moreno- No puedo –se quejó tras fracasar en su intento.
- Márchate Itachi, no tienes nada que hacer aquí.
- Sasuke, no voy a hacerte nada –posó su mano sobre el hombro de su hermano, quien se estremeció con su tacto y se apartó de él- Estás helado –musitó.
- ¡No me toques, maldita sea, Itachi! –explotó el menor, alzando la cabeza.
El mayor de los Uchiha se quedó atónito. Sasuke había mantenido todo el tiempo la cabeza agachada, pero ahora podía ver que sus ojos estaban vendados. En ese momento la ira lo embargó. Sentía repugnancia por el ser humano. Le daba asco pensar que alguien pudiese disfrutar sometiendo a alguien de esa manera. A su propio hermano. Le quitó la venda con sumo cuidado, descubriendo que los ojos del pequeño estaban húmedos. Éste desvió la mirada, pero era demasiado tarde. El ojinegro se levantó de la cama y se acercó al armario. Sacó una pequeña manta y la pasó sobre la espalda de Sasuke.
- Ya está, ¿vale? Ya ha pasado todo –le frotó con fuerza, intentando que entrara en calor.
- ¡Listo! –exclamó Ibiki mientras guardaba la navaja en su bolsillo- No hay nada que el filo de un acero no pueda cortar –se acercó también al armario y cogió unos pantalones de uno de los cajones- Ponte esto, Sasuke.
El menor se vistió, enrollando su torso en la cálida manta. Los tres hombres salieron de allí y se encaminaron a las celdas de los chicos.
/-/
La vida de todos siguió como siempre. Suigetsu evitó todos los comentarios de sus amigos al día siguiente. Aún no se sentía predispuesto a contarles esa experiencia. Quizás algún día Jûgo sí que sabría lo que había ocurrido, pero no los demás; Deidara volvía a ser tan alegre y extrovertido como siempre, pero todo era apariencia. Desde pequeño había sido muy empático, y la historia de Itachi le había conmovido. Pero por más vueltas que le daba no veía la manera de ayudarle. Así que lo mejor, o al menos lo más fácil, sería olvidarse del tema y seguir con su vida; En cuanto a Itachi, éste prefería no pensar. No era bueno tener la cabeza llena de cosas cuando estabas a punto de complacer a otro cliente. Eso sólo podría distraerte. Se detuvo cuando el hombre que le acompañaba se paró ante la habitación donde pasaría la noche.
- Es aquí –le indicó.
Sin dirigirle una palabra el moreno se introdujo en la sala. Esta vez fue él quien se quedó estático, pero las palabras fluyeron solas.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó estupefacto.
- Venir a verte, ¿no es obvio? –sonrió el muchacho.
Deidara se levantó del sofá y se acercó a Itachi.
- El otro día dijiste algo que me hizo pensar –comentó cuando pasó al lado del muchacho y se inclinó sobre la silla que había al lado de la puerta de entrada. Allí había una mochila. La abrió- Y, claro, no podía permitir que siguieses viviendo en la ignorancia –explicó con fingido dolor mientras buscaba en la mochila- ¡Ah! Aquí está.
Sacó una pequeña cajita de su mochila y se la lanzó al moreno, quien la cogió al vuelo. Le dio la vuelta y leyó el envoltorio.
- No podía permitir que siguieses viviendo sin conocer los dangos- sonrió.
El ojinegro le miró boquiabierto.
- ¿Has venido para traerme esto?
- ¡Eh! ¡No lo llames "esto"! –le reprochó el rubio, indignado- Es lo más rico que vas a comer en tu vida, Itachi –sonrió mientras habría su cajita- Ya lo verás. En cuanto los pruebes te volverás adicto a ellos –se llevó una pequeña bolita a la boca y su cara se transformó en la viva imagen del placer- Riquísimo –murmuró. Miró a Itachi- Espero que estés preparado para este tipo de experiencias, porque no voy a parar en toda la noche hasta que los hayas probado –sonrió.
Jo, yo pagaría porque Deidara no parase de hacerme algo en toda la noche... Bueno, ¿qué tal? Espero no haberos decepcionado.
Antes de nada quería aclarar una cosita que creo que ha quedado bastante clara en los capis que ya he subido, pero lo digo por si acaso ya que se me olvidó comentarlo: los personajes son OoC, es decir, su forma de ser y/o actuar no es como la del manga. Pero bueno, a estas alturas supongo que a nadie le importa (espero). Creo que no tengo que comentar nada más del fic, pero como es muy probable que se me haya olvidado, ya lo diré cuando me acuerde :P
Y como ya dije anteriormente: mil gracias por los reviews que me enviáis. Me hacen muy feliz y me agrada saber que os está gustando la historia (aunque si no es así también podéis decírmelo sin problemas. Eso sí, con educación, por favor).
Hasta el capítulo 4.
¡Nos leemos!
