Haciendo un acuerdo
- ¡¿Qué significa esto?! – gritaba Kotal furioso.
Él y sus colegas tuvieron que retroceder cuando veían la puerta de entrada congelándose, pronto la misma estalló en miles de fragmentos. El guerrero de apariencia azteca tomó su macuahuitl que colgaba en su espalda y la tomó con ambas manos, enfrentando al misterioso ninja.
- Hum, tenía razón. – hablaba el intruso. – Sentía la presencia de más guerreros de Shao Kahn en Outworld, parece que no los llevó a todos al Armageddon.
- El emperador nos confió defender su reino hasta su regreso triunfal. – contestó D'Vorah.
- Lamentablemente tendrán que seguir esperando… ahora está alimentando a los gusanos como la basura que siempre fue. – devolvía el muchacho indiferente.
_ ¡¿Qué es lo que has dicho, humano?! – preguntó Kotal furioso.
- Ya me oíste, está muerto. ¿Quieres que te lo dibuje? – respondía irónico. – Y puedes llamarme "Cold".
- No soportaré está insolencia tuya. – hablaba la mujer insecto. – Esta se encargará de ponerte en tu lugar.
- Dejame ayudarte D'Vorah. – agregaba su compañero azul de cuatro brazos. – Me gusta el medallón que tiene colgando, lo quiero.
- Si lo quieres Kollector, tendrás que matarme. – desafiaba el Lin Kuei. – El medallón del Dragón no es cualquier objeto.
No hizo falta más palabras, la bestia de cuatro brazos tomó usaba tres cuchillas en cada una y bola con cadena en la restante y atacó, el joven no tuvo problemas en bloquear los golpes. Un zumbido se oyó tras sus oídos y se movió rápido para eludir los aguijones de D'Vorah.
- Una kyttin y una naknadano, solo había oído sobre esas razas pero nunca los había visto en persona. – comentaba el Lin Kuei, curioso.
Le propinó a Kollector una patada que lo hizo caer y soltar la mochila de cuero que cargaba detrás, ahí se reveló que el naknadano tiene un par de brazos más pequeños en la espalda para cargar dicha mochila.
- Wow, seis brazos. – se sorprendía Cold.
- Solo necesito 4 para desmembrarte. – amenazó la horrible criatura.
- Entiendo que tu raza fue esclavizada por Shao Kahn para construir su horrendo coliseo.
- Así es, pero yo le dediqué mi vida al emperador y no te dejaré que destruyas este lugar.
- No es a lo que vengo, estúpido naknadano.
Furioso por el insulto, Kollector volvió a atacar pero su rival ya no quería seguir perdiendo el tiempo así que convirtió su brazo de hielo en una cuchilla y de un solo golpe lo decapitó. D'Vorah veía shockeada la cabeza cortada rodando por el suelo, Kotal y los demás no se inmutaban.
- Increíble, tienes un gran poder. – hablaba la kytinn. – Esta podrá usarte muy bien.
- Me siento halagado. – respondía irónico. – Pero no eres mi tipo.
- Prepárate para alimentar a mi enjambre. – amenazaba la mujer insecto. - ¡A él mis bebés!
El muchacho hizo una mueca de asco al ver como el abdomen de su enemiga se habría y de allí salían un gran enjambre de insectos que iban a atacarlo directamente. La sonrisa de D'Vorah se esfumó de sus labios al ver cómo sin esfuerzo, Cold lanzó una ligera ráfaga helada que congeló al enjambre en segundos.
- Esta cometió un error. – se lamentaba la kytinn. – Esta deberá matarte personalmente.
De la espalda de la criatura emergieron cuatro aguijones largos, el Lin Kuei no se movía, ni siquiera teniendo a su rival acercándose.
- ¡Prepárate a morir, humano! – gritó D'Vorah.
Dos de los aguijones iban en dirección hacia el pecho del joven, pero este con sus manos los bloqueó sin más. Por más que la kytinn lo intentaba no conseguía liberar sus "armas" de las manos frías del Gran Maestro, sus ojos negros de insectoide se abrieron alarmados al ver como sus aguijones se congelaban.
- Debo decirte que odio los insectos. – dijo Cold.
De un simple tirón le arrancó los aguijones congelados, chorros de sangre verde azulada caía de los restos, la kytinn chilló de dolor. El Lin Kuei usó sus nuevas "armas" y las clavó en las piernas de su enemiga.
D'Vorah cayó arrodillada, Cold lanzó un pequeño rayo que congeló su abdomen, impidiéndole liberar más insectos. Sin perder tiempo, el Gran Maestro tomó los dos aguijones restantes y los arrancó de cuajo también para agonía de la mujer.
- No… - pedía ella, dolorida.
- Respóndeme algo D'Vorah. – le preguntó el joven mirándola.
- ¿Eh? – preguntaba la mujer insecto confundida.
- Kitana me dijo una vez que se había enterado que una kytinn agresiva había asesinado a su padre, el rey de Edenia. – le decía. - ¿Fuiste tú?
Perpleja, ella no respondía, solo lanzaba ruidos con su boca, cosa que enojaba al Lin Kuei, quien le clavó uno de sus aguijones en un hombro, haciéndola gritar.
- Hombre helado lastima mujer insecto. – se quejaba Ferra. – Ve Torr, a matar enemigo.
Pero el general Kotal frenó a los simbiontes, por su parte Erron Black solo observaba todo. D'Vorah vomitó sangre, evidentemente su enemigo no estaba de buen humor.
- ¿Fuiste tú? – le repitió con más impaciencia.
- Sí… esta mató al rey Jerrod… - confesaba la agónica kytinn. – Era una amenaza para Shao Kahn.
Él no dijo nada más y sin ningún escrúpulo ensartó el último aguijón al costado de la cabeza con suficiente fuerza para atravesar piel, hueso y cerebro. Con un ojo desorbitado, la pobre mujer insecto quedó unos segundos haciendo ruidos de arcadas hasta finalmente caer al suelo, muerta.
- Eso fue por Jerrod. – sentenció.
El guerrero de Earthrealm se acercó a los tres habitantes de Outworld restantes. Erron Black llevaba sus manos sobre sus pistolas que descansaban a los costados de su cinturón.
- ¿Y bien? – preguntaba el Gran Maestro. - ¿Alguien más quiere pelear o van a escucharme?
El vaquero le echó una mirada al general Kotal, solo hizo falta un gesto de aprobación del Osh-Tekk para que desenfundara sus revólveres y abriera fuego. Con un resoplo, Cold se envolvió velozmente en su técnica de la armadura de hielo, tan gruesa que repelía cada disparo.
- Bueno, a la mierda. – se quejó el cowboy tras haber agotado sus balas. – Adiós.
- ¡¿Qué?! – exclamaba Kotal furioso. - ¡¿Te atreves a abandonarme, maldito mercenario?!
- No me pagan lo suficiente para esto. – respondió simplemente, retirándose del salón, de paso acercándose a Cold. – Es todo tuyo, chico.
- Antes de que te vayas quiero advertirte de algo, Black. – lo detuvo el Gran Maestro. – Sé que vives de matar y es tu naturaleza… pero si te metes con gente que me importa… te despedazaré de tal manera que tendrán que ir por cada rincón de cada reino para armarte de nuevo.
Erron Black no respondió a la amenaza y no hacía falta, se marchó. Solo quedaban Kotal y Ferra/Torr por enfrentar. Cold podía ver el como el osh-tekk desenvainaba su macuahuitl y el gigante tronaba sus dedos.
- ¡Alto! – los detuvo el Lin Kuei. – No quiero pelear contra ustedes.
- ¿Por qué? – Preguntaba el general-
- Puedo percibir tu temor, Kotal y aun así admiro que me enfrentes. – contestaba. – Pero no quiero pelear contigo por respeto.
- ¿Respeto a quién?
- A Jade.
El osh-tekk quedó paralizado al oír ese nombre, Ferra/Torr lo miraba con confusión. El Lin Kuei se acercó con tranquilidad.
- General Kotal, guerrero osh-tekk. – seguía Cold. – Sé que has tenido un romance con Jade y sé que su deserción te habrá lastimado más que nada.
- Me dolió verla partir, pero debía obedecer a Shao Kahn. – confesó el osh-tekk, guardando su arma. – Seguro ella me olvidó.
- Te equivocas, ella te siguió amando. – respondía el cryomancer. – Durante los entrenamientos de los protectores de Earthrealm, ella le dijo a mi maestro que soñaba con el día que tú te rebelaras también y te unieras a nosotros.
- Hablas con franqueza, joven de Eathrealm. Puedo notar el increíble poder que posees y sabía que no tendría oportunidad de vencer.
- Siéndote más sincero, solo quería matar a D'Vorah. No tengo nada contra Black y Ferra/Torr, si Kollector no hubiera atacado seguiría viviendo.
- No te preocupes, ese tonto naknadano solo obedece a Shao Kahn... y con él muerto…
- Tú lo serás ahora.
Una reacción de sorpresa vino del general y los simbiontes.
- Quiero traer equilibrio a los reinos y sé que puedes ser un buen emperador. – admitió Cold.
- ¿Por qué debería hacerte caso con eso? – preguntaba curioso.
- Te prometo que si gobiernas Outworld de manera justa y no como un vil tirano como Shao Kahn, te devolveré lo que más quieres.
- ¿Puedes hacerlo?
- Sinceramente no lo sé, pero necesito saber si puedo una vez que termine de limpiar los reinos.
- Hasta ahora te he creído, joven, espero que puedas cumplir tu palabra. – aceptaba Kotal.
- Así será… Kotal Kahn. – Dijo el Gran Maestro con una sonrisa pero luego volvió a ser severo. – Pero a cambio espero no oír de ninguna invasión por tu parte a otro reino. Respetarás a Edenia, a Earthrealm y cualquier otro.
- Si me traes a Jade de nuevo… lo haré, no me gusta que me mientan.
- Y a mí no me gusta mentir.
Con una reverencia el joven emprendió la marcha, ya había "limpiado" dos reinos pero aún le quedaban.
- El Orderrealm será sencillo, incluso quizás mi presencia no será necesaria. – pensaba. – Los verdaderos desafíos serán Chaosrealm y Earthrealm.
Cold se detuvo y con su poder creó un portal, cuando estaba por meter un pie dentro se detuvo.
- Mmmh, creo que Chaosrealm necesitará una limpieza completa. – decía en su mente.
Solo tardó unos minutos, el ninja recorría el lugar de una punta a la otra, satisfecho con el resultado.
- ¡Listo! – exclamaba.
Con sus ojos blancos, veía el recientemente congelado reino del Caos, el propio nombre indicaba que no había más solución que convertir en todo en hielo grueso que solo él puede derretir. Cada lugar, cada ser maligno, todo caos finalmente neutralizado. El joven se dio la vuelta y se dirigió a un puñado de guardianes seidan de Orderrealm.
- Como ven, ya no hay caos. – les explicaba triunfal.
Los guardianes lo veían atónitos pero pronto la sorpresa fue para él cuando ellos se arrodillaron.
- Estamos ante un dios. – decía uno de ellos.
- ¿Eh? No, no soy un dios. – contestaba Cold.
- Por favor, denos consejos para mantener el orden en nuestro reino. – preguntaba otro.
- Los rebeldes no han dejado de atacarnos incluso después de la muerte de Darrius. – agregaba un tercero.
- Ya, ya, ya. – los detenía. – Volveremos a Orderrealm, hablaremos, nombraremos al sucesor de Hotaru y veremos cómo lidiar con los rebeldes.
- Muchas gracias señor. – volvían a hacer una reverencia.
- Dejen eso, me están avergonzando. – los frenaba. – Vengan conmigo.
Todos desaparecieron dejando ese gélido lugar, la próxima parada de Cold sería su hogar: Eathrealm.
