De vuelta a casa

Finalmente terminaron las clases. Los Sparda se levantaron de sus asientos (Dante ligeramente entumido por la siesta en la última clase). Regresaron a casa caminando. La casa en la que residían en ese momento era una casa grande, con un lindo jardín que les recordaba un poco a la mansión Sparda en la que habían vivido buenos años con sus dos padres.

-Las clases parecen prometedoras ¿no crees V?- dijo finalmente Dante intentando iniciar conversación.

-¿Te refieres a los temas de clases o más bien a todas tus nuevas fans asombradas por tus exhibicionismos?

-Bueno V, debes saber que todo estudio no es completo si no tienes algo de vida social… es parte integral de un buen desarrollo. Además eso de ser un ratón de biblioteca creo que no es lo mío…

-De eso no hay duda. Sólo que no vengas como siempre a pedir que te pase la tarea…

-Me subestimas V. Puede que sea un rompecorazones fanático de la pizza pero siempre he de cumplir con mis compromisos con orden y puntualidad.

-ehhhhhhhh si Dante, y yo tengo completo el álbum de razas de gatitos que salió el mes pasado.

-¿En serio????

-no ¬¬

-ahhh, te iba decir que si me pasabas la número 55 T_T

-oook Dante. ¿Qué te parece si mejor guardamos silencio hasta que lleguemos a la casa- antes de que en verdad me hagas desear no haber nacido para no tener un gemelo como tu terminó pensando Vergil.

-Como quieras V. Tú te pierdes mi intrigante plática.

Después de 10 minutos de silencio legaron a la casa. Abrieron las rejas que llevaban a un jardín sencillo pero hermoso, con las rejas cubiertas de jazmines y diversos tipos de flores sembradas a lo largo del pasto logrando una ambiente relajante con un dulce olor. Caminaron a través de un sendero para por fin llegar a la puerta principal. Abrieron la puerta con las llaves de Dante y dejaron las mochilas al lado de un perchero.

-Ya llegamos ma- gritaron los dos al mismo tiempo

-Bienvenidos niños, vengan a la mesa. La comida está lista.

-¡¡Ya vamos!!- respondieron los niños. Subieron a sus respectivas habitaciones a cambiarse el uniforme. En el segundo piso se encontraba la habitación principal que le correspondía a Eva, las habitaciones de Vergil y Dante, una habitación para huespedes y un baño al fondo del pasillo. Después de unos minutos salieron. Vergil vestía ahora un pantalón de vestir con una camisa azul. Dante por el otro lado usaba un pantalón de mezclilla con una playera roja. Pasaron a lavarse las manos y bajaron al comedor, cada uno sentándose al lado del lugar de su madre. Anteriormente a Eva se le había ocurrido que sería una buena idea dejar que los gemelos se sentaran juntos pero al terminar ese intento en una guerra de puré de papa y de patadas en las espinillas por debajo de la mesa desistió en intentar hacer convivir a sus hijos en la comida.

Después de una deliciosa comida (y un nuevo discurso de Dante sobre lo magnífica que es la pizza), los niños recogieron los platos de la mesa. Dante fue directo a la consola de videojuegos mientras que Vergil sacaba los útiles de la mochila para empezar a hacer la tarea. El ruido del videojuego distraía a Vergil (ya no hablemos de las exclamaciones de alegría e ira que decía Dante cuando era derrotado o pasaba un nuevo nivel). Cada vez la gotita que apareció en la frente de Vergil se iba haciendo más y más grande hasta que era casi del tamaño de su cara. Tenía que hacer algo… -¿¿Dante no planeas hacer la tarea??- preguntó intentando hacer que al menos su hermano dejara de hacer ruido por un momento.

-ehhh ¿tarea?, ¿qué tarea?- contestó entre balbuceos mientras libraba una feroz batalla con el jefe del nivel.

-hacer el resumen del primer capítulo del libro de historia y los ejercicios de matemáticas de la página 12 a la 15, nada más… O_O

-ahh lo hago rápido, déjame paso el siguiente nivel y ya estudio.- dijo mientras que cargaba el menú una vez derrotado el jefe.

-si tú lo dices… sólo podrías hacer menos ruido por favor???

-si claro hermano- Dante tomó el control de la televisión y subió el volumen

En ese momento la enorme gota en el rosto de Vergil terminó por caerse. Tomó sus libros y salió en dirección a su habitación, no sin antes desconectar el enchufe en el que estaba conectada tanto la televisión como la consola. Sólo pudo oír al subir las escaleras un grito de Dante enojado por no haber guardado el juego. Vergil rió para sí mismo mientras cerraba la puerta del cuarto antes de que subiera un Dante molesto a reclamarle. Su habitación no era muy grande pero si práctica y siempre cuidaba que estuviera todo ordenado y limpio. Se sentó frente a una pequeña mesa que había frente a la ventana de su cuarto. Le agradaba esa ventana, tenía una vista hacia el jardín. Podía ver las flores y el cielo, aparte de que el olor combinado de tierra húmeda y flores llegaba hasta su ventana. Colocó sus libros y reinició sus labores. Se sentía un poco intrigado… para esos momentos Dante debería de estar golpeando la puerta como loco intentando hacerlo salir para reclamarle del juego u otra cosa similar. -Bueno ya me he de preocupar por eso después, por ahora lo mejor es terminar de una vez con esto.- Se dijo a sí mismo. Pasaron dos horas hasta que Vergil hubo terminado la tarea. Decidió salir de su habitación por un vaso de agua.

De camino a la cocina vio que Dante seguía sentado en el sofá jugando. -Bueno al menos no se rinde fácil- admitió. Si bien su hermano era muy infantil, llegando a ser insoportable muchas veces, reconocía que era perseverante en lo que quería y una vez decididas sus acciones nunca se doblegaba ante las dificultades que podía encontrar. Estaba feliz de saber que podía contar con alguien como él; un hermano que le apoyaría sin importar que tan difíciles fueran los enemigos a vencer o complicada fuera la situación. Sabía que muy en el fondo tenía un gran cariño a ese tonto de Dante, pese que le hiciera la vida imposible y sus actitudes parecieran ser más y más infantiles día con día en lugar de madurar.

De regreso al pasar por la sala notó que Dante ya no estaba jugando. Fue demasiada la tentación para soportarla. Se acercó a la consola, tomó el control y la encendió. Cuando hubo cargado el juego se encontró con una sorpresa… su partida había sido borrada

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DANTEEEEEEE!!!!!!!!!!!- gritó. Ese idiota la iba a pagar. Subió corriendo las escaleras para encontrar el cuarto de Dante cerrado con llave como él había hecho anteriormente. Al darse cuenta de lo irónico de la situación bajo a la sala de nuevo. Dante había exagerado enormemente esta ocasión… él solo había borrado una parte del juego pero Dante… Dante había borrado toda la partida y aunque le costara admitirlo su especialidad no eran los videojuegos así que tardaría en regresar al punto donde se había quedado. Enojado pero un poco resignado fue nuevamente a su habitación.

Cerró la puerta y se acostó en la cama intentado controlarse un poco más… no valía la pena enojarse por algo como un juego pero la exageración de Dante era imperdonable. Después de unos minutos, ya más calmado, se levantó y fue a una estantería llena de libros. Cuando dejaron la mansión Sparda se había llevado algunos libros de la biblioteca que le parecieron interesantes. Cada vez que tenía la oportunidad de regresar a la mansión, cambiaba los libros ya leídos por unos nuevos. De esta manera podía estudiar un poco de magia, por más básica que fuera. Tomó el primero a la derecha y comenzó a leerlo.

Pasadas una hora decidió bajar. Si iba a reiniciar el juego mejor empezarlo cuanto antes. Comenzó a jugar y fue de su agrado darse cuenta de que con la habilidad adquirida jugándolo por primera vez los niveles los pasaba con cierta facilidad. Vaya de seguir así en dos días volveré al punto en el que me había quedado, hasta resulta que tengo mejor puntuación. Después de todo quizá Dante me hizo un favor al tener que obligarme a jugar esto de nuevo pensó alegremente. Medio hora de juego después Vergil notó que su madre bajaba de las escaleras. Eva se sentó a su lado y vio a su hijo jugar por unos minutos. Vergil puso pausa al juego y esperó a que su madre le hablara.

-Hijo ¿podrías ayudar a Dante con su tarea?

Eso no era exactamente lo que esperaba, más aún contando la pelea ocurrida en la tarde. No definitivamente no lo haría.

-No, Dante actuó como un tonto en la tarde. No le voy a ayudar.

-Vergil sabes que tu hermano puede llegar a ser muy infantil pero debes apoyarlo. Sé lo qué paso en la tarde… de hecho fue imposible ignorarlo con los gritos de los dos. Pero tú al ser el más maduro de los dos deberías poner el ejemplo y hacer las paces.

-No lo haré, yo simplemente le jugué una broma no muy pesada y él contestó con algo el doble de pesado. Eso no es justo, de ninguna manera.

Eva suspiró y decidió que ya era momento de hablar más seriamente con su hijo-Vergil, te seré sincera… ¿sabes por qué nos mudamos regularmente, verdad?

-Por los enemigos de mi padre supongo.

-Supones bien. Ahora ésta es la cuestión… yo soy una humana, no tengo ninguno de los poderes de ustedes ni podré defenderlos como quisiera ya que mi vida como humana es demasiado corta y mis fuerzas son pocas. Sólo quiero que comprendas que me preocupo por lo que podría pasar cuando ya no esté aquí… ¿Qué harán ustedes cuando ya haya muerto?, quiero tener la seguridad de que realmente empiecen a apoyarse como hermanos para que cuando crezcan puedan confiar uno en el otro como si se tratara de mí o de su padre. Desde el momento de su nacimiento heredaron la carga de luchar contra demonios poderosos enemigos que los atacarán sin piedad ni tregua simplemente por ser hijos de Sparda.

Por respuesta Vergil se quedó pensativo. Si bien lo que su madre decía era cierto, su orgullo no le permitía dejar que ese tonto de Dante se saliera con la suya… aparte él era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a lo que fuera a venir, lo sentía, lo sabía, la fuerza de su padre estaba dentro de él y no consideraba necesaria la ayuda de Dante…

-Sé que eres fuerte y tu inteligencia puede que supere a la de tu hermano, pero eso mismo te lleva muchas veces a ser soberbio y excesivamente orgulloso, defectos que pueden llegar a ser fatales en malas circunstancias. Ahí necesitarás a tu hermano, el siempre podrá ayudarte cuando el camino se vuelva turbio y no estés seguro de tomar la decisión correcta. Vergil por favor prométeme una cosa: dime que siempre vas a estar ahí cuidando de tu hermano menor, que desde ahora hasta siempre estarás velando por su bien.

Vergil se quedó viendo a su madre. La quería mucho, desde que su padre se había ido ella había cuidado su bienestar y pese a su fragilidad humana luchaba con todas sus fuerzas por protegerlos. La conversación que acababan de tener le confirmaba que su madre tenía su confianza en él y que lo consideraba lo suficientemente maduro para poder entender las palabras que acababa de decirle. El quería además a su hermano que pese a sus tonterías no le parecía tan desagradable (aunque a veces si insoportable). No había razón por la que no pudiera cumplir su palabra ante la petición de su madre…

-Está bien- terminó por decir fingiendo una cara de resignación- sólo porque me lo has pedido cuidaré a ese tonto de Dante.

-Está bien, gracias Vergil. Puedo sentirme un poco más tranquila- Dijo mientras le daba un beso a su hijo en la frente y sonreía dulcemente (ésta imagen nunca se borraría de la mente de Vergil, sobreviviendo a todas las tragedias y malas experiencias venideras)- Bueno ahora ve a ayudarle a tu hermano.

-¡¿QUÉ?!, yo prometí que lo iba a mantener a salvo, no que iba a ser su nana particular. Él solito se lo buscó al no poner atención en clase y malgastar la tarde jugando videojuegos…

-Sabía que lo entenderías- contestó Eva tomándolo del cuello de la camisa y arrastrándolo por la sala y las escaleras en dirección al cuarto de Dante. Tocó a la puerta y llamó a Dante. Apenas Dante abrió la puerta empujó a Vergil a dentro de la habitación.

-Ahora ve y ayuda a tu hermano, y tú Dante creo que le debes una disculpa a Vergil que después de todo ha venido a ayudarte, ¿no lo crees?- Giró en dirección a la puerta pero antes de salir se volteó y le dijo a Vergil- Todo lo que acabamos de hablar fue en serio Vergil, confío en ti hijo. Sé que cumplirás tu palabra.- Y finalmente salió de la habitación dejando a sus hijos con una expresión mezclada de indignación, sorpresa y un poco de ira en la cara. Sabía que no era completamente bueno lo que había hecho pero al tener a dos mitad demonios pequeños como hijos tenía que emplear medidas drásticas si quería que las cosas salieran bien. Aparte había podido hablar con Vergil y el saber que protegería a su hermano le daba más seguridad.

Los hermanos se quedaron viendo por un rato sin saber que decir ni si moverse o que hacer. Finalmente Dante dijo- Esta bien, si quieres puedes irte, en verdad no tengo demasiados problemas con la tarea.

Vergil volteó a ver la mesita de su hermano y vio varias hojas gastadas de tanto haber sido borradas y los problemas de matemáticas al lado. -De todas maneras me gustaría ver que tanto llevas, a ver si podemos comparar resultados.- contestó como no queriendo la cosa.

-Bueno aquí esta lo que llevo hecho- respondió Dante invitando a Vergil a ver sus apuntes.

-Dante, éste ejercicio creo que no está bien. Te están preguntando por división de fracciones, no multiplicación. En la división se tienen que cruzar las multiplicaciones de los números…

-Ahhh ok, entonces este de abajo es de ésta manera ¿no?

-¡Exacto!, en serio que si pusieras un poco de más atención en clase no tendrías tantos problemas.

-Es que me cuesta trabajo concentrarme, es aburrido estar en una misma banca sentado por más de tres horas.

-Entre eso y todos los dibujos y papelitos que pasas en clase…

-Oye a veces si pongo atención…

-Como digas. ¿Qué tal te parece si corriges los ejercicios mientras leo qué tal te quedó el resumen de historia?

-Es que… no lo he hecho X)

-UU Está bien. Te presto mi libro de texto, ya esta subrayado así que solo lo tienes que transcribir con tus propias palabras… realmente me debes una con esta.

-Gracias Vergil... disculpa lo de la tarde.

-No te preocupes, creo que igual actué de manera tonta contigo.- Aparte ya estoy a punto de igualar tu puntuaje XD rio Vergil para si mismo.

-Bueno estamos a mano... ¿Seguimos con los demás ejercicios?

-Me parece bien

-Por cierto ¿a qué se refería mamá con lo último que te dijo?

-Nada importante en realidad…