Buenas Buenas... llegaron los reyes atrasados :D, Debo decir que estoy muy agradecida por los comentarios y la recepcion de esta historia, debo darle muchisisismas gracias a las chicas de facebook y a todas las que dejaron un Reviews.

Como saben esta historia es rated M por: Escenas sexuales, contenido violento y lenguaje Soez.

ACLARACIONES: ESTA HISTORIA ES MÍA, LOS PERSONAJES SON DE S.M Y J.L. SMITH, yo solo me divierto con ellos.

ACLARACIONES: ESTAMOS TOMANDO LAS EDADES DE LOS SALVATORE DEL LIBRO, ES DECIR QUE DAMON TIENE 504 años y stefan tiene 500, ellos nacieron durante el renacimiento italiano y se mudaron a Mystic a los diez años cuando a penas se estaba formando, por eso son una de las familias fundadoras y por consiguiente, Mystic Fall se fundo hace muchos años antes, lo demas de la historia sigue igual.

Música: If i had a heart- Fever Fray

BETADO POR PATTO, I LOVE U GIRL, muchisisisismas gracias.


Capítulo beteado por Patto Moleres, beta FFAD.

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Algo viejo y… ¿Algo Nuevo?

Isabella POV:

Damon salió de la habitación después de dejarme al frente de la bañera.

¡Dios mío era tan patética que apenas salió no pude evitar llorar escandalosamente!

Me dolía todo el cuerpo. Las heridas no eran profundas, pero los golpes del accidente me hacían ver todo borroso.

Dejé caer el liguero y el brasier. Mis piernas temblaban y mi cuerpo se estremecía violentamente. Con cada sacudida brotaba mi dolor.

Con pasos débiles me dejé caer al suelo y sollocé por un rato. Las baldosas heladas empeoraban mi dolor físico pero no me importó, mi corazón dolía más, y yo… no podía seguir en pie. Simplemente era demasiado, incluso respirar.

Cerré los ojos por un segundo y mi mente comenzó a divagar.

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—Bella, yo no puedo vivir en un mundo donde tú no existas.

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Entonces le vi, y los últimos siete meses desaparecieron. Incluso sus palabras en el bosque perdieron significado. No importaba cuánto tiempo pudiera llegar a vivir; jamás podría querer a otro.

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—Si todo pereciera y él se salvara, yo podría seguir existiendo; y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo entero se convertiría en un desconocido totalmente extraño para mí.

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Cuando la vida te ofrece un sueño que supera con creces cualquiera de tus expectativas, no es razonable lamentarse de su conclusión.

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Bastaba con que creyera que él existía para que yo pudiera vivir. Podría soportar todo lo demás mientras supiera que existía Edward.

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—No estaba dispuesto a vivir sin ti —puso los ojos en blanco como si eso resultara algo evidente hasta para un niño.

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Era una forma muy dura de vivir: prohibiéndome recordar y aterrorizada por el olvido.

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—Será como si nunca hubiese existido.

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Yo era una luna perdida —una luna cuyo planeta había resultado destruido, que, sin embargo, había ignorado las leyes de la gravedad para seguir orbitando alrededor del espacio vacío que había quedado tras el desastre.

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Aquel sitio no tenía nada de especial sin él.

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Un jadeo ahogado me sacó de mi tan vívido letargo. Otra vez regresaban esos sentimientos tan conocidos, el pasado se había mezclado tan bien con el presente que ya no sabía diferenciar cual era mi realidad. Viejos y nuevos dolores… El vacío, el maldito vacío.

Las heridas físicas dolían, pero no tanto como el ardor de mi pecho, el maldito agujero que estaba entre mi caja torácica.

—¡Santo Cristo Isabella! —jadeó esa voz… Damon, lo había olvidado por completo. Me estremecí en el suelo, intentando cubrirme, pero no me importó mi desnudez, estaba cegada por el dolor.

Él me tomó en brazos de nuevo, yo comencé a forcejear[P1] . No, no, no, no, no por favor.

Era como forcejear contra una roca, pero yo no me cansé de golpearlo. Con los ojos fuertemente cerrados, no quería vivir. Mátame, mátame, rogaba en silencio.

Él me apretó tan fuerte entre sus brazos que no pude moverme ni un milímetro, entonces comencé a gritar, alaridos, gritos, gemidos, de dolor, de terror, de todo lo malo que tenía adentro.

—No. No. No. ¡Basta!, ¡Deja de lastimarte! —gruñó con la voz atragantada, entre dolido y molesto, sosteniéndome con fuerza entre sus brazos.

—Solo, para, para el dolor —jadeo yo con fuerza, ahogada entre lágrimas.

—Tranquila, yo estoy aquí pequeña. Ya deja de sufrir —susurró con voz suave, con dulzura. Y me rompí nuevamente.

Dejé de sollozar, me quedé tan quieta como pude, aferrándome a su agarre, intentando controlar las lágrimas y mi respiración.

El cansancio era demasiado. Demasiado para mi vida humana. Demasiado para el hueco que tenía en el pecho. Era simplemente demasiado.

—Por favor… yo… no…. puedo —susurré antes de caer a la inconsciencia.

Damon POV:

Se desvaneció en mis brazos tan rápido que no supe qué hacer con ella, con su dolor, con su vacío; pero yo lo sabía… dos corazones rotos no hacen uno entero…

Estuve varios segundos arrullándola en mis brazos, segundos tan relativos que parecieron años y años de eternidad.

Extendí su cuerpo en la tina, me remangué las mangas e intenté no mirar más de lo necesario, pero necesitaba que sus heridas se cerraran… Tuve que ver.

Era hermosa, como una pequeña muñeca de porcelana rota… rota.

Lavé su cuerpo con delicadeza. Sus brazos, su espalda, sus piernas, su cuerpo entero lo tallé despacio, con cuidado.

Cuando le quité la suciedad, la sangre dejó de correr por los cortes, y pude soltar la respiración que había contenido.

La saqué de la bañera con un brazo y con el otro sequé su cuerpo, centímetro a centímetro…

La dejé en mi cama. Dios, estaba tan dormida, tan ida que no sentía nada, se veía tan preciosa.

Busqué una ropa de Elena, cualquiera que haya dejado en la casa. No había nada en mi cuarto. Busqué en el de Stefan y encontré un vestido blanco de algodón.

Se lo puse a Isabella. Le quedaba algo grande, pero después podría buscarle algo de su talla. Ya vestida la arropé con las sábanas y apagué las luces.

Me marché de la habitación y la dejé descansar en paz hasta que despertara.

Tomé mi teléfono y llamé a la única persona que podía ayudarme en estos momentos…

—Klaus… necesito que me ayudes.

Isabella POV:

El prado estaba cubierto de nieve, los árboles habían perdido sus hojas, hacía tanto frío que me congelaba los huesos, pero no importaba. Me dolía la cabeza. Traía un vestido blanco de algodón, no era mío, no era mío.

Las flores habían desaparecido, la hierba ya no estaba, pero eso era lo de menos, el fuego que existía en su corazón se había extinguido. Se sentía como ese prado, fue tan hermoso una vez, pero ahora no era más que recuerdos y escombros congelados de un corazón.

De entre los árboles helados salió un espejismo, mi espejismo. Edward Cullen, me miraba desde las sombras y yo sabía que él no era real, que era mi imaginación.

—Estás viviendo la vida de otra persona, en la ropa de otra persona… regresa Isabella, regresa a mí, aléjate, huye, corre amor mío, corre antes de que sea tarde…

La voz aterciopelada me erizó la piel, me sentí tan fría, tan dolida, me sentí muerta.

—Sé lo que se siente Isabella. No regreses. Si vuelves, si retornas al recuerdo, a sus sombras, nunca saldrás. Piensa en Charlie, en mí… Quédate conmigo, aléjate de la oscuridad, de su oscuridad, él no te ama… nunca te amó, ¿lo recuerdas? —susurró una voz a mi lado… Cuando lo miré, me encontré a Damon. Sus eléctricos ojos azules me rogaban, su mirada me seducía…

Tenía razón, debía huir de Edward Cullen. Huir de Forks y de todo lo que Forks se llevó.

—¡No Isabella!, ¡Aléjate de él! —un enorme lobo corrió hacia mí, pero yo no retrocedí, yo no me moví ni un centímetro. Mi rostro se transformó, mis ojos se llenaron de sangre, y un sonido horrendo salió de mi garganta antes de arrancarle el corazón al lobo. El lobo era Jacob. Edward desapareció entre los árboles. Pero Damon se quedó.

Entonces lo entendí, yo ya no era humana.

Unos gritos, alaridos de terror, me despertaron violentamente, más la habitación estaba en silencio.

Eran mis gritos.

El sudor me cubría, y lo que supuse eran lágrimas salían de mis ojos, acompañados con los conocidos sollozos.

El agujero de mi pecho se estremecía, dolía. El dolor seguía allí, latente.

—¡Isabella!, ¿estás bien? —preguntó Damon entrando precipitadamente a la habitación, con el ceño fruncido. Entre las penumbras sus ojos eran como dos luceros, me estremecí de pies a cabeza y miré a todos lados, ¿en dónde estaba?

—Tranquila, estás en mi habitación… Te desmayaste, ¿lo recuerdas? Tuve que bañarte para curar tus heridas… Luego, bueno, busqué un vestido de mi… cuñada —susurró él sentándose en la cama a su lado—. Espero no te moleste.

—No, está bien… no sé cómo podré agradecerte todo lo que has hecho por mí Damon. Debes creer que sólo soy una chica llorona y patética —dije sonriendo, era más fácil burlarme de mí misma.

—Lo que te ha pasado no es… —Damon se detuvo al final de la frase y luego soltó…— fácil de procesar para un humano.

—Tú no eres un vampiro —susurré negando con la cabeza, cerrada a imaginar esa posibilidad.

—Soy un vampiro Isabella, solo que de otra clase… tu novio, era un frío… o como le decimos nosotros, una bola de discoteca —susurró sonriendo de lado y yo me estremecí. Él también sonreía de lado… Más flashes de su sonrisa diabólica aparecieron en mi mente.

—Puedo leerte la mente, estás pensando en su sonrisa porque la mía te recuerda a la suya —yo jadeé inevitablemente. ¿Era de verdad un vampiro? ¿Había más vampiros aparte de los de Forks? ¿En qué mundo vivo?

—Lo siento yo… —mi voz se rompió en el camino—. ¡Oh Dios mío! —más sollozos, más dolor.

—No lo sientas, no pudiste saberlo aunque quisieras —sus manos tomaron las mías entre las suyas y volví a estremecerme violentamente. No quería seguir respirando.

—Isabella, si Edward Cullen te abandonó es porque es un imbécil… un imbécil gay que brilla. Quiero ayudarte, déjame ayudarte… —su voz se convirtió en seda y chocolate, me dejé llevar por su voz.

—Yo no puedo, yo estoy rota… ¿Qué puedes querer de mí? Yo no tengo nada Damon… estoy vacía —siseé jugando con mis manos, conteniendo las lágrimas.

—Quédate conmigo, aquí. Déjame ayudarte a sanar, a volver a juntar los pedazos… No regreses a Forks —me dijo acariciando mis manos. Yo negué con la cabeza, tenía que volver, contuve las lágrimas.

—Yo no puedo entregarte nada a cambio Damon —dije severa—. Ni ganas de vivir, ni una vida tranquila, ni amor… Nunca volveré a enamorarme, nunca más —sentía que mi garganta estaba ardiendo en llamas, que mis ojos contenían un torrente que se derramaría de todas maneras.

—No quiero nada de eso Isabella. Quiero que vuelvas a sonreír; quiero que cuando vuelvas a encontrarte a Edward Cullen, lo patees en las bolas, que él se dé cuenta de lo que se perdió —susurros suaves me sedujeron, respiraciones agitadas me enloquecieron, y sus ojos me mataron lentamente. Mi alma se entregó. Ya no quería sentir, ya no quería volver a amar. Y Damon Salvatore me ayudaría a buscar la forma de matar a mi corazón.

—Quiero dejar de sentirme débil. Quiero, necesito dejar atrás todo lo que sucedió —mi voz apenas era audible.

—Y hay una manera Isabella. Tienes sólo una oportunidad, y yo voy a dártela —me dejé ir en su voz de nuevo—. ¿Quieres la oportunidad? —me preguntó y no lo dude.

—Sí —firmé un pacto con el diablo.

—¿Quieres ser un vampiro? ¿Quieres ser un despreciable monstruo sin humanidad? ¿Quieres dejar de sentir? —Oh Dios. Sí.

—Hazme ser como tú —mi voz sonó rasposa y desesperada.

Hizo algo que nunca esperé que hiciera. Me besó, se lanzó sobre mí, empujándome hacia atrás con tanta fuerza que dolió. Quedé estampada en la cama, con él sobre mí, moviendo sus labios sobre los míos, que le respondían con fuerza, intentando forcejar, para lastimarlo pero no pude, él era más fuerte.

Me rendí, dejé que hiciese conmigo lo que quisiera. Yo le respondí a cada caricia que me ofreció.

Sus manos recorrían mi cuerpo sin pudor; las mías intentaban aferrarse a su espalda, a lo que fuera.

Nunca había experimentado un beso así de pasional, de fuerte, lleno de tantos sentimientos.

Ésta era mi última oportunidad para sentir, lo sabía, la aprovecharía.

Porque después de esto, mi corazón quedaría sepultado miles de metros bajo tierra.

Sus manos subieron el vestido hasta mi vientre, dejando mi cuerpo al descubierto. Entonces lo noté, no traía ropa interior.

Jadeé con fuerza cuando nuestros cuerpos se rozaron de esa forma tan íntima. Una sensación fogosa me recorrió el cuerpo entero y gemí.

Nuestros labios se separaron y me permití inhalar con fuerza. Él me miró, sus ojos eran deseo líquido. Su mirada me enloquecía de una manera tan carnal que no me reconocía.

—¿Estás segura de lo que vas a hacer? —dijo con la voz ronca, mi cuerpo entero se sacudió de placer, yo asentí sin dudarlo pero luego recordé… Tenía algo importante que decir.

—¡Espera! —jadeé cuando empezó a quitar todo el vestido. Él me miró interrogante, mi garganta se secó.

—Yo… yo… nunca he… —las palabras salían confusas de mis labios.

—¿Tú qué? —susurró impaciente.

—Yo soy virgen —fue un susurro avergonzado.

—Tú y tú prometido nunca… —preguntó confundido.

—No, nunca tuve sexo con Edward, con nadie —dije perdiéndome en esa mirada azul eléctrica.

—¿De qué mundo saliste Isabella? —mi nombre en sus labios, sonaba tan atrevido, tan adictivo que me mataba por dentro—. Joder eres tan perfecta, cualquier hombre desearía tenerte… ¿Y entonces me dices que la bola de discoteca te dejó plantada? Es un completo imbécil de mierda.

Cerré los ojos y contuve las lágrimas de nuevo. Mordí mi lengua para contener el sollozo que luchaba desesperado por liberarse de su encierro.

—No llores —susurró secando mis húmedas mejillas; jadeé a su tacto, abrí los ojos, y me fundí en los suyos de nuevo—. No por él, no esta noche.

Yo asentí no muy segura de que hacer, él sonrió con su típica arrogancia que me hizo sonreír.

—Así está mejor —siseó antes de volver a atacar mis labios, mordiéndolos en el camino, grité en su boca. Cuando la sangre se mezcló entre nuestros labios, él la succionó y se sintió… bien.

Más que bien.

Fue el cielo.

Me miró confundido, y esta vez fui yo la que volvió a besarlo, atrayendo su cuerpo al mío, anhelando sensaciones y caricias. Anhelando todo, todo esta noche.

Hoy jugaría al azar.

Jugaría a ganar.

Sus manos hábiles sacaron el vestido en segundos, rompiéndolo por la mitad. Estaba completamente desnuda, pero la vergüenza se había quedado atrás.

Sus manos subieron curiosas por mi vientre plano, acariciando mis costillas, mis caderas, mi cintura estrecha.

Un gemido mío lo alentó, me tocó los senos con suavidad, pero a la vez con su actitud desafiante, y mi cuerpo quiso explotar con esas caricias. Se despertaron cosas que creía congeladas de tanto reprimirme con Edward.

Sus manos eran mágicas, ¡y oh Dios! Yo me había vuelto, en sólo minutos, adicta a él. Dependiente por completo.

—Damon por favor —jadeé retorciéndome debajo de él.

—Calma pequeña, esto… apenas comienza —gruñó besando mi cuello. Su peso cayó sobre mí, sin cuidado y lo amé. No fue delicado. Adoré eso, su brusquedad, su experiencia y su capacidad de ser completamente lo contrario a lo que estaba acostumbrada. Damon fue todo lo que yo necesité esa noche, para olvidar el dolor que me oprimida el pecho.

Sus besos húmedos me calentaban de una manera inhumana, jugó con mi piel como quiso.

Bajó por mi escote y mientras me acariciaba y apretaba el seno izquierdo, sus labios tomaron el derecho y ¡Jesús! Yo jadeé asombrada de la cantidad de sensaciones que recorrían mi cuerpo en esos instantes.

Él me miró a través de sus gruesas pestañas y sonrió, yo también me carcajeé. Volvió a tocarme, a besarme, a seguir tentando mis límites.

Bajó por mi vientre, llenándolo de besos, llegó a mis caderas y se detuvo por un momento. Yo lo miré interrogante y se sentó en la cama. Me di cuenta que estaba en medio de mis piernas, abiertas de par en par, desnuda, completamente desnuda. Me sonrojé y aparté la mirada.

—Mírame —susurró con aquel tono de voz suave y meloso.

Lo miré, sin dudarlo, sus ojos azules me quemaron el cuerpo entero.

—No te avergüences, eres hermosa Isabella, simplemente preciosa —susurró sacándose la camisa, dejándome ver su piel blanca, sus músculos bien formados, su abdomen ejercitado, sus entradas. Era perfecto, ermoso. Era Damon.

Sacó sus pantalones y volvió a besarme tan rápido que sólo vi un borrón moverse. Me sobresalté cuando me besó de nuevo, pero estaba tan ansiosa que no noté mi cuerpo temblar.

Éramos dos cuerpos entre las penumbras de una habitación uniéndose.

Sin compromisos.

Sin bodas de por medio.

Sin sentimientos.

¿Edward quería que viviera una vida humana lejos de la suya? Pues, esto es lo primero que quiero hacer.

Sus manos bajaron por mis caderas y tocaron esa parte tan íntima mía, gemí de nuevo, me estremecí. Él sabía justamente dónde tocar y cómo tocar.

Era perfecto.

Comencé a gemir sin parar, sintiendo un torrente en mi vientre, deseo, lujuria. Mis caderas tenían vida propia, se retorcían entre sus manos. Quería más, más.

—Damon, por favor —susurré entre beso y beso, entre caricia y caricia.

Él introdujo un dedo y oh, se sintió tan bien. Eché la cabeza para atrás y gemí.

Introdujo dos más.

Tres dedos y comenzó a bombear.

Y yo me aferré a las almohadas controlando mis gritos.

—Grita Isabella, grita todo lo que quieras, nadie va a oírte —otra estaría asustada por el doble sentido de esa oración, pero yo solté un grito de placer.

La antigua Bella también se asustaría, pero eso fue antes de que la dejaran plantada el día de su boda. De que la abandonaran por segunda vez.

Sus manos se movían tan rápido que sentía que me rompía entre sus brazos, entonces tan rápido como era él, se posicionó entre mis piernas y sentí su gran miembro en mi entrada, punzante.

Era enorme. No cabría.

—Damon… lo siento, pero no creo que eso quepa dentro de mí —susurré con miedo al dolor. Luego me reprendí, este dolor era una caricia comparado con los demás.

Lo curioso de mí, es que a pesar de mi miedo al dolor, parecía que siempre me esforzaba por lastimarme a mí misma.

—¡Jesús Isabella estás tan húmeda! —gruñó besándome con fuerza otra vez.

Me aferré de su espalda, y enrollé mis piernas en su cintura. Más unidos aun, pero quería más, lo quería dentro de mí.

Le miré a los ojos, y él a los míos. No hubo necesidad de palabras, ni de disculpas o lamentos.

Sólo una mirada confirmó todo lo que debíamos saber.

Y entró con fuerza, rápido y furioso, abriéndose paso sin detenerse.

Y yo dejé de respirar.

Y lloré.

Y me rompí ante él, por él. Pero este dolor me gustaba, era un dolor diferente.

Él jadeó, un jadeo ahogado. Enterró su rostro en mi cuello y su respiración se aceleró.

Su miembro crecía aún más. Más dolor.

Yo rasguñé su espalda, clavé mis uñas en su piel, mis piernas se movían contra sus caderas.

Besó mis labios con dulzura, le agradecí el gesto. El beso fue solo para distraerme, dio la primera embestida y oh, más dolor, más placer.

El nudo en mi vientre crecía más.

Mi cuerpo entero temblaba y yo quería más.

Él comenzó a moverse suavemente. Un vaivén de caderas, las mías eran torpes, intentando seguirle el ritmo sin que doliera, pero me sorprendí cuando la molestia desapareció. Sólo quedó un placer interminable, al sentirme entera, llena, dichosa.

Su mano izquierda se aferró al colchón y la derecha se aferró a mi cadera y él guiaba[P2] el movimiento.

Ya no era suave. Era agresivo, lleno de molestia, placer y su espontaneidad melancólica.

Lo amé.

Cada sensación, cada poro de mi cuerpo que tocó, cada embestida, cada beso.

El placer era tan grande y absorbente que mis gemidos, se confundían con los suyos, y las palabras, no eran claras.

Y explotó. Él gritó, fue un sonido ronco y espectacular. Yo solté pequeñas maldiciones incompletas, aturdida por lo que experimentaba mi cuerpo.

Cayó sobre mí con una sonrisa, siguió besándome dulcemente. Una sonrisa de orgullo puramente masculino surcaba su rostro. No me importó.

No había amor, ni sentimientos.

Pero nada nunca se sintió tan bien como Damon haciéndome el amor.

Incluso, si no me amaba, si no se comprometía conmigo.

Podía abandonarme mañana, pero yo nunca olvidaría al vampiro de ojos azules que me hizo suya por primera vez.

Damon Salvatore se clavó en mi ser, en lo más profundo, esa noche, con esa sonrisa diabólica, con su personalidad turbulenta y su alma oscura.


¿Que tal? espero sus comentarios, muchsiisismas gracias por tomarse el tiempo de leer aquí esta el link del grupo sin espacios: www . facebook groups / 422430421218640 /

Un beso desde Venezuela, Valentina Shaday.